SI QUIEREN LEERLA EN INGLÉS BUSQUENLA POR EL MISMO SEUDÓNIMO POR EL NOMBRE DE "TWIST OF FATE"
A la mañana siguiente desperté con mucho dolor de cabeza, no debía haber bebido tanto, apenas recordaba haber llegado a la habitación. La tenue luz que entraba por una de las ventanillas me molestaba en los ojos y entre eso y el dolor de cabeza apenas los podía abrir. Me senté en la cama después de un momento para que mis ojos se adaptaran a la luz y en cuanto lo hice examiné la habitación. Me encontraba sentada en una enorme cama, la habitación era demasiado grande y según podía observar no era compartida lo que solo suponía una cosa, era la habitación principal. A mi derecha había una enorme encimera revestida de mármol con muchas gavetas debajo y con un enorme espejo. Habían dos butacas una frente a la encimera y la otra frente a la cama donde se encontraba mi mochila. A ambos lados de la cama había dos mesitas cada una con una elegante lamparita sobre esta. Todo era demasiado elegante, demasiado irreal para ser verdad. Me levante con un poco de trabajo y tras buscar las cosas de aseo en la mochila me dirigí al baño que quedaba a la izquierda de la cama.
Debo decir que el baño era tan amplio como la habitación, y este tenía hasta una tina. Me di una relajante ducha de agua caliente que alivió un poco mi cabeza, pero no del todo. Me vestí con un short corto, una camiseta y cuando estaba terminando de arreglarme tocaron a la puerta.
— ¿Ana estas despierta?—esa no podía ser otra que Kate.
—Si entra. — le dije sentándome en la cama mientras entrecerraba un poco los ojos por el dolor de cabeza.
— ¿Como amaneciste?—preguntó preocupada.
—Con una resaca de mil demonios. —dije masajeando mi frente con una mano.
—Discúlpame por abandonarte anoche, ya sabes Elliot se puso demasiado cariñoso con la película, y eso que era una comedia. —dijo sonriendo y sentándose a mi lado en la cama.
—No recuerdo nada de eso. —dije frunciendo el seño.
—Me imagino que no.
—Espera, si te fuiste durante la película… ¿Cómo sabías en que habitación estaba?—le pregunté intrigada.
—Christian me lo dijo. —contestó sin mirarme.
— ¡Eh!—exclamé impresionada.
—Christian te cargó anoche hasta aquí, dice que te desmayaste. —dijo muy preocupada.
— ¡Mierda no recuerdo nada de eso!—dije escondiendo la cabeza entre las manos.
—No te preocupes por eso, nos ha pasado a todos alguna vez en la vida al menos. —dijo apartándome las manos de la cara.
—Tengo que disculparme con él. ¿Dónde está?—le pregunté levantándome de la cama.
—Creo que en la cubierta superior, pero vamos a desayunar primero. —dijo tirando de mi.
Al llegar al comedor el desayuno estaba completamente preparado en la mesa, me senté y pude ver un pomo de Advil en la mesa. Me serví un vaso de jugo y tomé unas tostadas.
—Muchas gracias por ser tan considerada. — le dije a Kate mientras tomaba dos Advil con un poco de jugo.
—No las merezco, Christian fue quien preparó el desayuno. — me dijo mientras yo casi me atragantaba con el jugo.
— ¡De veras!— le dije mientras comenzaba a comerme las tostadas que estaban deliciosas.
—Sí, la verdad que no encaja con la descripción que tú me habías hecho de él. —dijo ella meneando la cabeza a ambos lados.
—La verdad es que ya no lo conozco, no sé en realidad cómo es, ha cambiado mucho. —le dije mientras miraba pensativa la tostada que tenía en la mano.
—Creo que esta es una buena oportunidad para conocerlo no crees. — me dijo ella alentándome.
—Sí y para disculparme con el por lo de anoche. —le dije continuando con el desayuno.
Después de terminar de desayunar fuimos hacia la cubierta superior del yate donde había un enorme sofá y dos tumbonas bajo un enorme toldo donde el sol no daba con mucha intensidad. Christian y Elliot se encontraban allí de espalda a nosotras, cada uno con una gorra puesta y una vara en la mano, pescando. Christian traía puesta una camiseta y unos short cargo, mientras que Elliot traía un pulóver y un short de bañarse. Me acerqué a ellos para saludar.
—Buenos días chicos. —les dije a ambos con mi mejor sonrisa.
—Buenos días Ana. —contestó Elliot con una enorme sonrisa en su rostro girándose por un momento hacia mí.
—Igualmente Anastasia. —contestó Christian girándose brevemente hacia mí. Tenía unas gafas oscuras puestas evitando así que viera sus ojos.
— ¿Por qué no la llamas Ana, no le gusta que la llamen Anastasia sabías? —le dijo Elliot a Christian regañándolo mientras el fruncía el seño.
—No te preocupes, no importa. —le dije a Elliot y me giré hacia Christian. —Quiero pedirte disculpas por lo de anoche.
—No te preocupes, nos sucede a todos. —dijo sin darle importancia mirando hacia el frente.
—Gracias. —le dije sinceramente.
—No hay de que, cualquiera hubiera hecho lo mismo que yo. —dijo girando brevemente el rostro hacia mí y pude ver un destello de una leve sonrisa en su rostro, o eso me pareció.
Me dirigí nuevamente hacia donde estaba Kate y nos acostamos en las tumbonas mientras veíamos a los chicos pescar y cogíamos aunque no mucho un poco de sol. Cerré mis ojos por un breve momento y para cuando los abrí todo a mí alrededor había cambiado.
—No juegues conmigo Christian. —le dije muy seria.
—No estoy jugando contigo. —dijo sonriendo seductoramente.
Me encontraba acostada en la enorme cama de la cual me acababa de levantar hacía apenas una hora. Estaba completamente inmóvil, con solamente mi biquini puesto mientras Christian con una mano inmovilizaba mis brazos por encima de mi cabeza y con los pies inmovilizaba mi cuerpo evitando que me moviera. En la otra mano tenía una botella de sirope que lentamente fue inclinando y vertiendo sobre mi mí vientre mientras me estremecía. Puso la botella a un lado y se inclinó sobre mí lamiendo todo rastro del sirope de mi cuerpo haciéndome estremecer.
—Creo que me puedo acostumbrar a esto. —dijo sonriendo malévolamente contra mi cuerpo.
—Christian suéltame. —le dije muy seria mientras forcejeaba con mis manos tratando de soltarme. Esto estaba mal, muy mal.
—Cuanto más te muevas, mas me demoraré. —dijo maliciosamente.
Cogió nuevamente la botella y la inclinó sobre mí vertiendo más sirope esta vez desde mi cuello hasta mi pecho que subía y bajaba por la excitación. Colocó la botella nuevamente a un lado, se inclinó sobre mí y comenzó nuevamente a lamer el sirope llegando hasta el nacimiento de mis senos. Mi respiración cada vez se aceleraba más mientras sentía su lengua caliente recorrer lentamente mi cuerpo. Si volvía a hacerlo no sabía si iba a poder aguantar aquella dulce tortura una vez más sin poder tocarlo. Nuevamente echó sirope esta vez en todo mi vientre y yo cerré mis ojos mientras él dirigía su boca hacia mi cuerpo y comenzaba a lamer nuevamente…
Abrí mis ojos y me senté de golpe con la respiración acelerada y el pulso corriéndome rápido en las venas. Pero qué coño había sido eso. Había sido el sueño más extraño que jamás había tenido.
A mi lado todavía se encontraba Kate acostada, cuando miré hacia donde se encontraban los chicos me encontré con Christian mirándome hacia mí con las gafas puestas. Estaba sentado en una silla con ambos brazos cruzados sobre el pecho y una ligera sonrisa en su rostro. Era muy frustrante no poder ver hacia donde estaba mirando con las gafas esas.
—Cogieron algo. —le pregunté con mucha curiosidad y tratando de calmar mi respiración acelerada.
—No nada, solamente un poco de sol, ya el almuerzo está listo. — contestó con la mirada fija en mi suponía.
— ¿Cuánto llevo dormida?—le pregunté con curiosidad.
—Un poco más de una hora. —dijo mientras se levantaba de la silla y se dirigía hacia las escaleras.
—Vaya, que extraño. —pero antes de bajar las escaleras se giró hacia mí.
—Espero que el sueño no haya sido de terror. — dijo quitándose sus gafas y sonriéndome antes de perderse por las escaleras.
¿Por qué lo habrá dicho? Bueno no tenía importancia al final aquello solamente había sido un sueño, y dudaba mucho que se realizara, solamente era mi mente jugando conmigo. El fin de semana pasó rápidamente y para cuando me di cuenta era domingo y estábamos regresando a New York. La verdad no había sido tan malo el viaje, habíamos cogido algo de sol, nos habíamos bañado y habíamos disfrutado la vista del amanecer en el mar. Después de despedirnos de Christian y de Elliot en el parqueo, montamos en mi auto y nos dirigimos a la casa. La verdad era que no había sido tan malo como yo pensaba, solo esperaba que Christian no cambiara mañana cuando lo volviera a ver.
Este lunes a diferencia de la semana pasada llegué temprano, debo decir que más temprano que de costumbre, Ethan y Mia aún no llegaban, pero Christian ya estaba en su oficina, aunque al parecer no me vio llegar. Me senté en mi mesa de trabajo a terminar con unos bocetos que había hecho el otro día en el parque.
—Me gusta mucho el del anciano. —dijo una dulce y aterciopelada voz en mi oído.
— ¡Mierda me has asustado!— dije mientras brincaba en mi asiento y me agarraba el pecho donde mi corazón latía desenfrenadamente producto del susto.
Christian se encontraba parado detrás de mí observando cómo dibujaba. La verdad era que después de haberlo visto todo un fin de semana aún no me había acostumbrado a su cercanía. Continuaba poniéndome nerviosa a su lado.
—Disculpa esa no era mi intención, es que estabas muy concentrada, solo quería darte los buenos días. —dijo sonriendo.
No sabía porque pero últimamente me gustaba verlo sonreír, me hacía sentir diferente.
—Buenos días para ti también. — dije mientras continuaba con el dibujo tratando de sacar la imagen de el sonriéndome de mi cabeza.
Christian regresó a su oficina pero incluso después de que lo hizo mi corazón continuaba latiendo desbocado en mi pecho. Al poco rato llegaron Ethan y Mia quien me ofreció un café que traía en la mano y comencé a beberlo.
—Veo que cogiste un poco de sol, que tal el fin de semana. —dijo al ver mi rostro ligeramente bronceado.
Y por un momento lo pensé. La verdad que no había sido tan malo el fin de semana. Christian se había portado muy bien conmigo. En lo que quedó de fin de semana no volví a tomar, no quería que alguien tuviera que cargarme nuevamente hacia la cama. Lo habíamos pasado genial, nos bañamos en el mar, cogimos sol y nos divertimos.
—Bien, estuvo bien. —dije apartando mis recuerdos a un lado. —Y el tuyo.
—Ya sabes un poco de lo mismo, Ethan me llevó a cenar y ayer fuimos a un parque de diversiones. —dijo muy emocionada sonriéndole a Ethan que se encontraba a unos metros de nosotras.
—Me alegra que lo pasaras bien. —le dije muy contenta. Y no sé porque mientras bebía mi café mis ojos fueron hacia la oficina de Christian donde él me devolvió la mirada sonriendo.
—Son ideas mías o aún te gusta. — me dijo Mia haciendo que me ahogara con el café. Mia rápidamente me golpeó la espalda mientras yo tosía. — ¿Estás bien?—dijo asustada.
—Si estoy bien solo se me fue por el camino equivocado. —le dije mientras limpiaba las lágrimas de mis ojos.
—Ahora puedes contestarme o no lo harás. —dijo enarcando una ceja.
—Hubo un tiempo en que lo hacía, pero en estos momentos eso solo es cuestión del pasado. —le contesté sentándome en la banqueta.
—Ya pero eso no explica porque continúa mirándote fijamente desde su oficina. —Me giré hacia allí y nuestros ojos se encontraron, nos miramos fijamente por unos breves segundos antes de él sonreír y dirigirse hacia su escritorio.
—No me molesta que mire. —le dije encogiéndome de hombros.
Pero mientras lo decía sabía perfectamente que lo que estaba diciendo no era cierto. Su mirada me inquietaba mucho. Hacía que me preguntara y me planteara cosas que hasta ahora no había pensado. Más tarde mientras íbamos saliendo a almorzar Christian me hizo señas desde su oficina.
— ¿Qué quiere?—dijo Mia muy bajo a mi lado.
—No lo sé, adelántense, ahora los alcanzo. —Mia y Ethan salieron rumbo al ascensor mientras yo me dirigía hacia la oficina de Christian. Abrí la puerta pero no entré. No sabía porque pero no quería entrar en la oficina de él hoy. No me sentía segura estando sola con él en la misma habitación.
—Sí. — dije sosteniendo la puerta con una mano.
—Me preguntaba si te gustaría almorzar conmigo hoy. —dijo mirándome fijamente, a que venía esto.
—Disculpa, pero no creo que sea una buena idea. —dije mientras negaba con mi cabeza.
—La verdad yo tampoco, era solamente para comentar algunas cosas del trabajo, así que sería más un almuerzo de negocios. —Ana tú siempre pensando lo peor.
—De acuerdo entonces. —le dije viendo que no me iba a poder escapar de esta por mucho que quisiera.
—Vamos. — dijo mientras se levantaba de la silla y me señalaba la puerta.
Le envié un rápido mensaje a Mia avisándole que no me esperaran y salí con Christian de la oficina.
