Me voy de vacaciones, así que aquí les dejo dos capítulos para que los disfruten...
SI QUIEREN LEERLA EN INGLÉS BUSQUENLA POR EL MISMO SEUDÓNIMO POR EL NOMBRE DE "TWIST OF FATE"
Tras salir del museo fuimos caminando hasta una cafetería que había cerca de allí, la misma donde me había comido una hamburguesa el día de la entrevista. Pero esta vez a diferencia de la otra ocasión en que estaba demasiado nerviosa, si admiré completamente el lugar. El interior estaba decorado con colores claros y las mesas con manteles a cuadros rojos y blancos mientras el delicioso olor a comida inundaba el ambiente. Nos sentamos en una mesa en una esquina uno frente al otro y nos atendieron inmediatamente. En cuanto se fue el mesero Christian se enfrentó a mí.
— ¿Qué te ha parecido trabajar con nosotros en restauraciones?—Vaya no me esperaba una pregunta como esa.
—La verdad, un sueño hecho realidad. —le contesté honestamente.
— ¿Siempre quisiste trabajar en el MET?—preguntó curioso mientras ponía el dedo índice sobre sus labios.
—Si siempre he querido trabajar ahí. —le dije sonriendo como una idiota.
Que me estaba sucediendo, tan solo era una cena de negocios, no una cita, pero internamente me sentía como si lo fuera. Y la forma en que el me miraba, y sus gestos. ¡Oh Dios! Esto no estaba bien. Estaba comenzando a sentirme como cuando tenía 16 años otra vez. ¡Contrólate Ana! El no puede poner tu mundo de cabeza nuevamente. Al menos no ahora.
— ¡No sabía que te gustaba tanto restaurar obras!—dijo sacándome de mis cavilaciones y cruzando sus manos frente a mí en la mesa
—Me gusta más dibujar. —contesté tratando de evitar su mirada pero me fue imposible.
— ¿Y porque no seguiste esa línea?—esto era una encuesta o era solo curiosidad de él.
—Estuve indecisa por mucho tiempo, y al final me decidí por la restauración.
—Ya veo. —dijo apoyando un codo en la mesa y rascando su barbilla con la mano pensativo.
— ¿Pensaba que el almuerzo era de trabajo?—le pregunté con curiosidad y frustrada por no saber hacia dónde se dirigía la conversación.
—Es de trabajo, estoy tratando de conocer a una de mis subordinadas. —contestó muy sonriente.
—Ah, entonces es curiosidad. —le dije con sarcasmo.
—Si se puede decir que sí, quiero llegar a conocerte nuevamente Anastasia. —dijo mientras apoyaba ambos codos en la mesa y descansaba el mentón en sus manos.
Se quedó observándome fijamente como si con su penetrante mirada pudiera traspasar mi mente y saber lo que estaba pensando. Pero por suerte para mí, mis pensamientos se encontraban a salvo dentro de mi cabeza. Lo miré fijamente a los ojos también durante un momento hasta que nuestras miradas fueron interrumpidas por nuestro pedido. Almorzábamos tranquilamente nuestras hamburguesa doble y una soda cuando se me escapó una risa.
—Algo que quieras compartir. — dijo enarcando una ceja mientras yo lo miraba por un momento.
—Cuando me dijiste que íbamos a almorzar pensé que me ibas a llevar a un restaurante. — le dije aún sonriendo. La hamburguesa se detuvo a medio camino de su boca en cuanto dije eso y me miró sonriendo levemente.
—Aún podemos ir al restaurante. —acaso se estaba burlando de mi.
—No gracias, además a mi jefe no le gustaría que llegara tarde de mi horario de almuerzo. —le dije sonriendo y continuando con mi almuerzo.
—Eso se puede arreglar. —dijo él mientras se inclinaba hacia adelante.
—En otra ocasión será. —le dije dándole otra mordida a mi hamburguesa.
—No lo olvides porque te voy a tomar la palabra. —dijo mientras continuábamos con nuestro almuerzo.
Después de terminar y discutir por la cuenta que al final Christian no me dejó pagar regresamos al museo. Subimos las escaleras y nos dirigimos hacia el ascensor. Subimos y en el momento en que las puertas se cerraron Christian pulsó el botón de emergencia haciendo que sonara una sirena y el ascensor se detuviera con una sacudida, haciendo que se encendiera una luz naranja intermitente. ¡Mierda! ¿Qué iba a hacer? Se giró hacia mí y me miró de una forma que hizo que todo mi cuerpo temblara, que mi corazón se acelerara y casi no pudiera respirar.
Se acercó a mí, me sujetó por ambos brazos y me presionó contra la fría pared del ascensor pero sin pegarse a mí. Solo su rostro se encontraba a escasos centímetros del mío, esto no estaba bien, yo lo sabía, pero mi cuerpo se negaba a reaccionar y mis ojos se cerraron esperando que me besara…pero eso no sucedió. Abrí nuevamente mis ojos y observé a Christian que respiraba pesadamente con sus ojos cerrados también. Sus brazos me apretaban fuertemente hasta casi hacerme daño pero no me quejé. Entonces el abrió sus ojos, su mirada fija la mía. Respiró profundamente y aflojó un poco su agarre.
—Me juré a mi mismo no romper una de mis reglas, y casi he estado a punto de hacerlo contigo por segunda vez. Debes mantenerte alejada de mí, la próxima vez que te tenga así tan cerca, no sé si me pueda controlar y romper una de las reglas que me impuse hace tres años.
Se separó de mí bruscamente soltándome los brazos, presionó nuevamente el botón de emergencia y el ascensor continuó su descenso hacia el sótano mientras el recobraba nuevamente su compostura. Pasando al parecer frustrado una mano por su pelo ¿Qué demonios había sucedido?
¿Acaso me había vuelto loca como para haber deseado que él me besara? Y luego estaba lo que había dicho. Todo esto era muy extraño, pero sabía que en el fondo él tenía razón, debía mantenerme alejada de él, y no exactamente por qué él lo había dicho, sino para proteger a mi corazón que se aceleraba con solo tenerlo cerca. El ascensor se detuvo en el sótano y ambos salimos, Christian salió rápidamente hacia su oficina, cerró la puerta y las cortinas. Mia se me acercó mientras yo llegaba a mi mesa.
— ¿Que bicho le picó?—preguntó intrigada.
—No tengo idea Mia, no tengo idea. —dije moviendo mi cabeza a ambos lados.
Y la verdad era esa, lo que más quería en esos momentos era tratar de descifrar el misterio en que se había convertido Christian. Pero sobre todo entender lo que me había dicho en el ascensor. La tarde pasó muy rápido y prácticamente la pasé pensando en lo sucedido con Christian, al final decidí no darle más vueltas al asunto y tratar de alejarme de él, aunque iba a ser un poco complicado teniéndolo todo el día tan cerca de mí.
El resto de la semana pasó rápidamente sin siquiera darme cuenta, llegaba temprano y me metía de lleno en mi trabajo, tratando por todos los medios de evitar a Christian, aunque en alguna que otra ocasión nuestras miradas se cruzaban. Era una suerte que al menos no nos cruzábamos ni en el ascensor ni a la hora de salir. Llegó el viernes y para cuando llegué al apartamento me encontré con Kate sentada frente a la TV quitando sus tacones, al parecer acababa de llegar al igual que yo.
— ¿Estas muy cansada?—me dijo mientras tiraba sus tacones al suelo.
—Bueno la verdad es que ha sido una semana muy estresante. — le dije sentándome a su lado en el sofá.
— ¿Te ha dicho algo más?—preguntó con mucha curiosidad.
—No, no nos hemos cruzado mucho en el trabajo, creo que lo que necesito es despejar mi mente de él. — dije mientras me quitaba las zapatillas.
Y era cierto, solamente algún buenos días y nada más. Le había contado todo a Kate y ella había llegado a la misma conclusión que yo, Christian era un cabrón gilipollas. El maldito cambiaba muy rápido de personalidad, tal vez tenía algún desorden del que yo desconocía y no quería averiguar. Al menos no por el momento.
—Y yo tengo la solución a nuestros problemas. — dijo mientras buscaba algo en su bolso.
—No estoy de ánimos para ir al cine Kate. — le dije mientras tiraba mis zapatillas al suelo y masajeaba mis pies.
—No son para el cine, son para un club, me las dieron en el trabajo. — dijo mientras me mostraba dos entradas.
—Porque no vas con Elliot. —la animé.
—Porque necesito una noche de chicas, bueno necesitamos una noche alejada de los hombres y además tenía un negocio esta noche. — dijo mientras ambas reíamos.
—De acuerdo, pero vamos en tu auto.
El ambiente en el club era igual que en cualquier otro local de New York, la música alta, luces intermitentes y humo en el centro de la pista donde la gente bailaba al ritmo de una mezcla que no reconocí. Nos dirigimos hacia la barra y después de varias cervezas y unos tragos de color rojo cuyo nombre no recuerdo, nos dirigimos hacia la pista de baile. El ambiente en la pista era cálido y en esos momentos sonaba de fondo un tema que desconocía pero de ritmo pegajoso. Balábamos al ritmo de la música mientras me dejaba llevar por esa sensación de no tener que pensar en nada mientras la música sonaba muy dentro de mí. Al menos no tenía que preocuparme por el regreso, Kate y yo nos habíamos puesto de acuerdo y a ella le tocaba manejar de regreso. Según ella yo no tenía buena resistencia a las bebidas alcohólicas en general. Aunque ahora que lo pensaba bien creo que hoy yo he bebido menos que ella. Debía ser porque la última vez que había bebido mucho me había desmayado y Christian me había cargado hasta el camarote. No quería que eso me sucediera nuevamente y mucho menos en un lugar donde no conocía a nadie, no imaginaba a Kate cargándome hasta el auto.
Me había vestido con una falda de mezclilla, unos tacones negros y una camisa de hilo blanco. Estábamos disfrutando mucho de aquello hasta que algo llamó mi atención y era que había alguien bailando con Kate. Bailaba muy sexualmente con aquella persona, como si la conociera. Cuando mis ojos lograron enfocarse bien entre las luces intermitentes y los flashes pude notar quien era, Elliot. ¡Qué extraño! Ella no le había dicho donde estábamos. Me acerqué a saludar.
— ¡Hola Elliot! —le grité por encima de la ruidosa música.
—Que coincidencia encontrarles aquí, no sabía que vendrían a este sitio. —me gritó a mi lado.
—Estamos relajándonos. — le grité de vuelta mientras me movía al ritmo de la música.
—Ya veo solo vinimos por negocios, estamos pensando comprar este club. —me gritó y entonces mi cerebro reaccionó.
Estamos. ¿Acaso había venido acompañado? Pero eso solo significaba una cosa. Solamente podía venir acompañado de una persona. Entonces sentí esa corriente correr por mi cuerpo mientras el vello del cuello se me erizaba. Tenía un mal presentimiento. Me giré lentamente y a unos metros de mí con una camisa blanca desabotonada en la parte superior y unos jeans ajustados se encontraba Christian. Se veía hermosísimo, mucho más que de costumbre, con su pelo cayendo sobre su rostro y sonriendo ligeramente. Me había quedado en esos momentos sin habla, y lo peor era que con el nivel de alcohol que tenía en esos momentos lo más probable era que cometiera, dijera una estupidez o hiciera algo indebido. Se acercó hasta donde yo estaba sonriendo.
— ¿Bailamos? —y por la forma en que lo dijo y la manera en que me miró no le pude decir que no.
En ese momento comenzaba a sonar un tema de The Wanted que conocía bien, Drunk of Love. Christian bailaba pegado a mí, sus ojos nunca abandonaban los míos. Se movía sensualmente contra mi cuerpo mientras yo me dejaba llevar por la canción y sus sensuales movimientos. No sabía si era el alcohol que me desinhibía o era su cercanía que hacía estragos en mí. Sabía que mañana me iba a arrepentir de esto, pero en este momento me daba igual. Muy dentro de mí sentí profundamente la letra. No podía negar más lo que mi cuerpo sentía cuando estaba a su lado, estaba borracha de amor como mismo decía la letra de la canción, Christian aún me gustaba y esto solamente iba a complicar las cosas.
