SI QUIEREN LEERLA EN INGLÉS BUSQUENLA POR EL MISMO SEUDÓNIMO POR EL NOMBRE DE "TWIST OF FATE"

En cuanto salí del ascensor miré hacia la oficina de Christian donde este me devolvió la mirada con ansiedad marcada en su rostro. El se creía que le daría mi respuesta ahora, pero estaba equivocado. Me dirigí hacia mi mesa de trabajo mientras veía por el rabillo del ojo como el cambiaba su rostro a uno ahora muy serio mientras yo aguantaba las ganas de reírme. Me concentré en mi trabajo y la verdad fue que Christian no me molestó en toda la mañana. Al medio día me llegó un mensaje de él.

"Estoy ansioso por saber tu respuesta, almuerza conmigo". — le contesté rápidamente.

"Lo siento ya tengo un compromiso para almorzar, en otra ocasión será". — y era cierto ya Mia me había preguntado si iba a almorzar con ellos hoy.

Para cuando regresé de almorzar y revisé mi celular, el cual había olvidado sobre la mesa, tenía un mensaje de Christian.

"No sabes que tan duro es esto para mí". —y su mensaje no sé porque me hizo sonreír. En realidad no sé si se refería a la espera o a otra cosa.

Decidí no contestarle y seguir con mi trabajo. A las 5:20 pm y después de que Mia y Ethan se marcharan, me levanté de mi mesa, recogí mis cosas y fui hacia la oficina de Christian, había llegado la hora de acabar con su tortura, bueno al menos solo le faltaría un poco. Toqué a su puerta y tras el decir un entre en voz grave entré. Se encontraba sentado detrás de su escritorio con la cabeza entre sus manos, mientras estas se encontraban apoyadas sobre la mesa. Levantó su cabeza y sus ojos se posaron en los míos mientras su rostro lucía más serio que de costumbre.

— ¿Necesitas algo?— preguntó sin apartar sus ojos de los míos.

Estaba muy serio, y su voz no era la misma de otras ocasiones, era fría, sin sentimiento alguno en sus palabras. Creo que se me había ido la mano en la broma, solo esperaba que el me perdonara.

—Me preguntaba si me podrías llevar hasta el apartamento, no me siento bien y no sé si caminando logre llegar. —le dije fingiendo lo mejor que pude que me sentía mal.

La cara de Christian al momento cambió a preocupación y me contestó rápidamente levantándose de la silla. Al parecer se había creído que me sentía mal.

—Sí, no hay problema, vamos. — dijo mientras me señalaba la puerta.

Salimos del museo y tras montarnos en su auto condujo hasta mi apartamento en apenas 5 minutos. Al llegar allí se detuvo frente a mi edificio, ahora solo debía hacerlo esperar.

—Gracias por traerme Christian. — le dije mientras me giraba hacia el aun fingiendo que me sentía mal.

—No hay de qué. —dijo aún preocupado.

—Ah, olvidé darte un recado, Elliot dejó una mochila pidió que se la recogieras si podías, si esperas un momento te la alcanzo para que se la lleves.

—De acuerdo. —contestó dudando y salí del auto mientras él me miraba fijamente. Y muy pensativo.

—Al final no me has contestado. — me gritó mientras yo me detenía frente a la puerta del edificio

— ¡Ah! Lo había olvidado, déjame ir por lo de Elliot.

No pude aguantar más las ganas de reír cuando crucé las puertas del edificio donde Christian no me veía. Subí rápidamente a mi apartamento, cogí la mochila y bajé nuevamente hacia donde me esperaba Christian sentado en el auto. Llegué al auto y tras abrir la puerta me monté y me senté nuevamente en el lujoso asiento del Porshe poniendo la mochila en mis piernas mientras Christian me miraba entrecerrando los ojos.

— ¿Hay algo que quieras decirme?—dijo mientras me sonreía de medio lado.

—Sí, ya nos podemos ir. — dije mirándolo a los ojos fijamente y viendo como su rostro cambiaba rápidamente a sorpresa.

—No recuerdo que tuviera que llevarte a algún lado. —dijo frunciendo el ceño.

—Yo creo que sí. —le contesté sonriendo.

— ¿Y a donde sí se puede saber?— preguntó mientras sonreía de lado.

—A tu apartamento. —le dije devolviéndole la sonrisa.

—Oh, y decidiste esperar hasta ahora para decírmelo. —me dijo mientras yo me reía y lo miraba a los ojos.

—Lo siento mucho. — le dije aunque no era verdad, había disfrutado mucho torturándolo toda la semana.

—Con un hombre no se juega de esa forma. —dijo muy serio.

—Lo siento. —conteste aún riendo.

—Yo lo siento más. — me dijo mientras arrancaba el auto y salíamos rumbo a su apartamento fuera donde fuera.

Christian condujo por la ciudad rumbo al distrito financiero. ¿Acaso él vivía aquí? Bueno nunca se me había ocurrido preguntarle donde vivía. Entró en el parqueo subterráneo de un edificio, parqueando el auto en una plaza vacía justo al lado de un Hummer y lo que me pareció un Ford Mustang. En cuanto apagó el auto me giré hacia él para observarlo.

— ¿Vives aquí?— le pregunté mientras él me sonreía.

—Sí, fue un regalo, vamos. — dijo cogiendo la mochila de mis piernas y saliendo del auto.

Después de caballerosamente ayudarme a salir del auto y ponerle la alarma al mismo, me condujo hasta un ascensor. En cuanto entramos introdujo un código numérico y apretó un botón donde se leía 50—PH mientras las puertas se cerraban. Esto no me lo esperaba, una cosa era vivir en esta zona y otra era que viviera en un pent-house. Christian puso la mochila en el suelo y se recostó a una pared del ascensor, exactamente la opuesta a la que me encontraba yo. El ascensor subía lentamente, el silencio que había solamente era interrumpido por las leves y casi imperceptibles campanas del ascensor cada vez que subía un piso y nuestras respiraciones. Christian se cruzó de brazos y se me quedó observando.

—Sabes, hoy no me has dado un beso. — me dijo mientras inclinaba su cabeza ligeramente hacia un lado.

Y yo no le contesté, simplemente me encogí de hombros mientras lo observaba deslizar la lengua por sus labios y acercarse a mí. El me deseaba lo podía ver en su mirada, y en sus movimientos mientras llegaba donde yo estaba. Se acercó a mi tanto como pudo y le permitió la pared del ascensor, presionándome contra está. Lentamente una de sus manos fue hacia mi cintura mientras la otra lentamente me recorría el rostro y su boca se apoderaba de la mía. Mis labios deseosos recibieron los suyos, la verdad era que había extrañado mucho sus labios tentadores y sus besos persuasivos. Mis manos se enredaron en su pelo mientras él deslizaba las suyas por mi cuerpo, apretándome más contra él. Podía sentir el calor de su piel quemando en la mía por encima de la ropa. El sonido de las puertas del ascensor abriéndose hizo que nos separáramos ambos respirando con dificultad. Christian se me quedó mirando a los ojos por un momento antes de sonreír levemente.

—Bienvenida a mi apartamento. — dijo mientras cogía mi mochila y salíamos del ascensor.

A diferencia de lo que yo pensaba las puertas se abrían directamente dentro de su piso, y de repente me encontré parada en el medio de la sala mirando un enorme y hermoso cuadro que se encontraba colgado en la pared justo frente a mí. La verdad que eso había sido lo que más había llamado mi atención. Era una asombrosa vista de New York atardeciendo.

—Veo que te ha gustado el cuadro. — me dijo desde atrás de mí.

—Sí, es muy hermoso. — le contesté aún asombrada por la belleza del enorme cuadro. — ¿Algún pintor conocido?—pregunté con curiosidad.

—Puede ser. — dijo mientras yo me acercaba al cuadro para ver más detalladamente las pinceladas.

Estaba hecho con mucha paciencia, se podía notar la calma con la que se habían hecho las pinceladas. Se podía decir que el autor era alguien realmente sorprendente y de un talento único. Cada pincelada era diferente a la otra pero entre todas en conjunto completaban la hermosa vista. Mis ojos giraron hacia el borde inferior derecho buscando automáticamente el nombre del autor para ver si lo conocía. Y cuál fue mi sorpresa al ver las siglas CTR junto al año 2013 al lado.

— ¿Lo pintaste tú?— le pregunté asombrada.

—Por supuesto. — todos los cuadros con los que está decorado el apartamento son míos. —dijo muy orgulloso de sí mismo.

— ¿Puedo verlos?— le pregunté con mucha curiosidad.

—Qué tal si te enseño primero el apartamento.

—De acuerdo. —le contesté alejándome del cuadro y acercándome a él que se encontraba junto a las puertas del ascensor aún.

—Bueno esta es la sala como puedes ver. — me dijo señalando la enorme estancia.

Y esta vez mis ojos recogieron todos los detalles del apartamento a medida que él me lo iba enseñando. La sala era enorme justo frente a mí y debajo del cuadro había un enorme sofá de cuero de color blanco con varios cojines negros y a cada lado de este una mesita con una lámpara de mesa estilo moderno de color negro también. En el extremo izquierdo justo al lado del sofá, había dos butacas separadas por una lámpara de mesa también del mismo color que las otras. En el extremo más alejado de la pared había una Tv con varias butacas sobre una alfombra, un estéreo y un videojuego por lo que pude divisar. Al final unas cortinas de color oscuro que cubrían la pared completamente.

Frente al sofá una elegante mesita de centro en forma oval, todo esto se encontraba sobre una elegante alfombra de color blanco y negro que resaltaba sobre el pulido piso de madera tan oscura que parecía negra.

—La cocina. — me dijo señalando hacia mi derecha.

Allí se encontraban cuatro banquetas de color blanco con una enorme encimera de acero inoxidable detrás sobre la que había un cuenco con frutas. En la parte de atrás de la encimera había varias puertas y gavetas que imaginaba fuera para los platos y cubiertos. Separada de esta, se encontraba la imponente cocina completamente de acero inoxidable. Con compuertas tanto en la parte superior como inferior de esta. Justo en el centro se encontraba una cafetera pero lo que no veía por ninguna parte era la nevera.

—Disculpa mi ignorancia pero, ¿Dónde está la nevera?— le pregunté mientras él me sonreía y caminaba hacia la cocina donde yo estaba.

Y para mi sorpresa justo en la parte izquierda tras presionar una compuerta esta se abrió.

—Esta es la nevera, todas las compuertas se abren a presión. —dijo mientras yo lo miraba con la boca abierta.

—Ah. — fue lo único que se me ocurrió decir.

—Ven te mostraré tu habitación. — me dijo mientras me conducía por el pasillo hacia la izquierda.

Tras pasar la cocina habían dos puertas una a cada lado del pasillo. Después de abrir la puerta de la izquierda entramos.

Era una habitación sencilla, compuesta por una cama que predominaba en la habitación. Era de madera oscura mientras que las sábanas eran blancas con una especie de flores en negro al igual que los cojines que había en la cabecera. A ambos lados de la cama había una mesita de noche cada una con una lámpara que al igual que las de la sala eran de color negro. En un extremo de la habitación había una silla justo debajo de otro hermoso cuadro y al lado del enorme ventanal panorámico donde se podía admirar la vista de la ciudad.

—Puedes dormir en esta habitación. — me dijo mientras dejaba la mochila en la silla.

—Es más grande que la mía. —le contesté asombrada.

—Vamos a terminar de enseñarte el apartamento, aún no has visto lo mejor. — dijo mientras salíamos de la habitación.

—Puedes usar este baño. — Dijo mientras abría la puerta que estaba justo frente al cuarto.

El baño era sencillo pero muy elegante. Constaba de un lavamanos montado sobre una elegante meseta de color negro, una ducha de puerta corrediza transparente y la taza. A diferencia del resto del apartamento, el piso y las paredes eran de mármol oscuro.

—Las toallas están ahí. —dijo señalando bajo la meseta donde se encontraban acomodadas unas cuatro toallas sobre una cesta.

Seguimos recorriendo el apartamento por todo el pasillo, el cual estaba decorado a ambos lados con pequeños cuadros, hasta llegar a una doble puerta completamente de cristal que daba paso a la habitación principal. La mía era grande, pero esta lo era aún más. Al igual que el resto del apartamento, todas las paredes y el techo eran blancos. Al igual que en la mía lo que más predominaba en la habitación era la enorme cama, mientras que en el extremo izquierdo había una caballete y un montón de pintura todos localizados frente a las ventanas panorámicas de la habitación.

—Esta es mi habitación, puedes dormir aquí si quieres. — me dijo sonriendo pícaramente.

—Ya, por eso me la estás mostrando. —le dije tratando de no reír.

—Siempre puedes cambiar de opinión. — dijo mientras yo sonreía también.

—Lo pensaré. —le dije poniendo un dedo en mis labios.

—Bueno para que no te pierdas, ese es el baño. — dijo señalando hacia la izquierda. — Y el armario. —dijo mientras señalaba hacia la derecha de la habitación.

—Hay una hermosa vista desde aquí. —dije mientras me asomaba a las ventanas panorámicas.

—Sí, muy hermosa. —pero cuando me giré él me estaba observando a mí sentado en el borde de la cama.

—Voy a cambiarme de ropa y a darme una ducha. — le dije caminando hacia la puerta.

—Estás en tu casa. — me dijo mientras yo salía de la habitación.

Me encaminé hacia mi habitación y tras entrar cerré la puerta y me tiré en la cama, tenía mucho que procesar. El apartamento donde vivía Christian era muy lujoso, debía costar una fortuna. Pero creo que lo mejor era procesarlo en el baño. Cogí mi mochila que estaba en la silla y después de buscar la ropa y las cosas necesarias salí rumbo al baño que estaba cruzando el pasillo. Me desnudé y me metí en la ducha y la cálida agua enseguida hizo que me olvidara de todo. Lo que más quería era quedarme toda la tarde metida bajo la cálida cascada de agua, pero tenía que salir en algún momento.

Cogí una de las toallas y me sequé el pelo lo más que pude para después secarme completamente el cuerpo. Me vestí con un short, no muy corto, una camisa blanca de manga corta y unas sandalias bajitas. Salí del baño hacia mi habitación y sentí un ruido venir desde la cocina, al parecer Christian se encontraba allí. Al entrar en la habitación y mirar la hora del reloj, para mi sorpresa me había pasado media hora en el baño, con razón había sido tan relajante.