SI QUIEREN LEERLA EN INGLÉS BUSQUENLA POR EL MISMO SEUDÓNIMO POR EL NOMBRE DE "TWIST OF FATE"
Salí de la habitación rumbo a la cocina para ayudar a Christian en lo que hiciera falta y casi me da un infarto cuando lo vi. Su pelo estaba mojado, completamente revuelto mientras le caía seductoramente en la frente. Se encontraba de frente al fogón, traía una camiseta puesta y un short cargo mientras que sus pies se encontraban descalzos. Estaba muy concentrado en lo que fuera que estaba haciendo en el fogón mientras sostenía la sartén en una mano y con la otra revolvía lo que estuviera haciendo.
—Te puedo ayudar en algo. — le dije mientras me aclaraba la garganta.
—Sí, alcánzame la taza con el caldo. — me dijo mientras yo me acercaba hasta a encimera y le pasaba la taza con el caldo que había allí.
Me llamaba mucho la curiosidad sobre lo que estaba haciendo. La verdad era que nunca había imaginado a Christian cocinando, pero verlo era aún mejor todavía.
—Espero que te guste el Risotto11. — me dijo mientras brevemente se giraba hacia mí. Bueno al menos ahora sabía lo que estaba cocinando. —Pásame la pasta de tomate. — dijo nuevamente mientras yo cogía el frasco y se lo pasaba.
—La verdad no lo sé, nunca lo he probado. — le contesté encogiéndome de hombros.
Y así terminamos de cocinar el pidiendo cosas y yo alcanzándoselas. La verdad era que a pesar de nunca haber probado el risotto estaba deseosa de hacerlo ya que el aroma que exhalaba era delicioso. En cuanto terminamos de preparar la cena Christian la tapó y se giró hacia mí mirando su reloj.
—Justo a tiempo, vamos. — dijo mientras me tendía su mano.
— ¿A dónde?— es que acaso el pensaba salir ahora.
—Estás a punto de ver lo mejor del apartamento. —dijo mientras sonreía.
Tomé dudando su mano y como tantas otras veces ya, cada vez que nuestras manos se tocaban, volví a sentir esa deliciosa corriente recorrer mi cuerpo. Me condujo hacia donde se encontraba la cortina oscura y se detuvo allí.
—Cierra los ojos. — me pidió en un leve susurro y mientras yo lo hacía el ponía una de sus manos en mi rostro.
— ¿No confías en que mantendré los ojos cerrados?—le pregunté.
—No mucho la verdad. — dijo mientras sentía algo deslizarse. — Cuidado con los escalones. — dijo mientras me tapaba los ojos con ambas manos y me guiaba.
Después de subir tres escalones continuamos caminando varios metros mientras un fuerte aire daba contra nosotros, por lo que imaginaba que estábamos en un balcón. Se tardó un momento allí tapándome los ojos mientras yo estaba cada vez más ansiosa.
—Falta mucho. — le dije mientras lo sentía reírse detrás de mi pegando su cuerpo al mío.
—Abre los ojos. — me susurró al oído mientras me quitaba las manos de los ojos y yo los abría en ese momento.
Y entonces me quede maravillada ante lo que vi. Ante mi se encontraba la mejor vista de todo New York bañada por tonos naranjas y azules que daban paso al anochecer mientras el sol se iba poniendo lentamente en la distancia a lo lejos sobre el río Hudson. Frente a mí se alzaba el One World Trade Center12reflejando en sus cristales los restos del sol que ya iba desapareciendo. Nunca había visto algo tan hermoso, había admirado las más diversas vistas de la ciudad, pero jamás nada igual a esto. Es uno de esos momentos en los que más deseas tener una cámara para sacar una foto. ¡Eso era! Salí corriendo hacia la habitación mientras oía a Christian decir algo tras de mí que no escuché. Busqué mi celular y regresé rápidamente donde Christian que me miraba preocupado preguntándose a que se debía mi carrera. En cuanto vio mi celular en la mano en seguida comprendió. Activé la cámara y capté la maravillosa escena varias veces, hasta que el sol ya se había metido completamente. La verdad era que me había quedado literalmente sin palabras ante lo que había visto, nunca antes me había quedado sin palabras ante nada, ni siquiera cuando había subido por primera vez al mirador del Empire State13.
— ¿No vas a decir nada?— me preguntó Christian ante mi cara aún de asombro.
—En este momento no soy capaz de encontrar una frase para describir lo que acabo de ver. — le dije mientras sonreía tontamente.
—Créeme a mi me pasó lo mismo la primera vez que lo vi, y tengo una que lo resume perfectamente.
—Y esa sería…
—La Perfección se puede encontrar hasta en algo tan sencillo como un atardecer.
—No te lo voy a negar, tienes toda la razón en eso. — le dije mientras admiraba la vista en las otras direcciones.
A la distancia se podía observar el resto de la ciudad comenzando a iluminarse ante la noche que ya se aproximaba cayendo rápidamente. Entre todos los rascacielos resaltaba el segundo más alto de la ciudad, el Empire State hoy con sus luces de color blanco. En la terraza en un extremo que no me había fijado había una mesa con dos sillas debajo de un entoldado. De repente un escalofrío me recorrió completamente, la verdad era que había mucho más aire ahora.
—Vamos a cenar antes de que se enfríe. — me dijo Christian mientras ambos entrábamos al apartamento y el cerraba la puerta detrás de mí.
Christian no me dejó hacer nada, me pidió que me sentara en la barra que el serviría la comida. Y así lo hizo. Sirvió ambos platos y tras poner dos copas en la encimera y traer una botella de vino se sentó a mi lado.
— ¿Cabernet Sauvignon14?— me preguntó mostrándome la botella.
—No sé nada de vinos. — le dije sinceramente la verdad era que no sabía de muchas cosas.
—Yo tampoco, solo conozco los que me gustan, este está bueno. — dijo mientras vertía vino en ambas copas.
Comimos tranquilamente, la verdad era que la cena estaba buenísima. Jamás imaginaba que las cosas nuevas fueran tan deliciosas.
—Gracias por la cena, estaba exquisita. — le dije mientras le sonreía sinceramente.
—No hay de qué. — dijo mientras se levantaba de la barra recogiendo los platos, dispuesto a fregar.
—No, déjame a mí, tu cocinaste lo más justo es que yo friegue. — le contesté levantándome también y recogiendo las copas.
—Tú me ayudaste. — me dijo mientras enarcaba una ceja e inclinaba la cabeza de lado.
— ¿Nos pondremos de acuerdo en algo?—le pregunté mientras ambos sonreíamos.
—Qué tal si lo hacemos entre los dos. — me dijo y al final decidí aceptar. —yo friego y tu secas. — y diciendo esto nos pusimos manos a la obra
Christian iba fregando los platos, los cubiertos, y la sartén y me los iba pasando para yo ir secándolos. La verdad que así terminamos más rápido de lo que yo pensaba. En cuanto terminamos cogió nuevamente las copas y la botella de vino que aún estaba mediada.
—Vamos a sentarnos así podremos conversar. — me dijo mientras me señalaba hacia la sala.
Salí delante de él y me senté en el sofá mientras él se sentaba a mi lado dejando un espacio entre nosotros. La verdad que le agradecía ese gesto. Aunque una pequeña parte de mi lo deseaba lo más cerca posible, la otra me decía que tomara las cosas con calma. Vertió un poco más de vino en ambas copas y tras pasarme una comenzamos a conversar haciendo él la primera pregunta.
— ¿Desde cuándo vives en New York?— esa pregunta era fácil de responder.
—Desde que me otorgaron la Universidad ya hace casi 4 años. — le dije dando un trago a mi vino.
—Veo que te has adaptado bien a la vida de la ciudad. —dijo dándole vueltas al vino en su copa.
—Si la verdad sí, me gusta New York. — le contesté recostándome al espaldar del sofá mientras esta vez le daba un largo trago de vino a mi copa.
Por un momento Christian se me quedó mirando por encima de su copa mientras daba un trago también.
— ¿Y tú?— le pregunté con mucha curiosidad.
— ¿Yo?— repitió el.
—Tengo entendido que te mudaste hace 2 años. — le dije mientras él me miraba asombrado.
—Veo que estás bien informada, si llevo dos años viviendo aquí. — me dijo sonriendo enloquecedoramente haciendo que mi respiración se acelerara.
— ¿Y te gusta New York?—le pregunté con curiosidad, quería conocer que había sucedido en su vida todo este tiempo.
—No me desagrada, pero preferiría un lugar más tranquilo, con menos ruido.
—Si aquí siempre hay movimiento ya sean las 7 o las 2 am. —contesté sonriendo.
—La ciudad que nunca duerme, por eso me gusta tanto este apartamento, hay mucha paz y tranquilidad. —dijo mientras se recostaba en el sofá.
—Si aquí arriba estás alejado de todo sonido. —dije mientras lo observaba entrecerrando los ojos.
Y por un momento nos quedamos mirándonos a los ojos. La verdad era que me sentía muy cómoda con Christian, eso no había cambiado. Siempre que me encontraba a su lado me sentía de la misma forma. Y había tanta paz, tanto silencio. Por un momento dude en si debía o no preguntarle donde había estado antes de venir a New York, pero respiré profundamente y se lo pregunté.
—Entonces, me dirás donde estuviste antes de mudarte a New York. —y diciendo esto el me miró muy serio. Su semblante cambió completamente de alegre y sonriente a serio y frío. Acaso había dicho algo que no debía?
En ese momento la sonrisa que hacía tan solo unos minutos había en su rostro desapareció completamente y fue remplazada por una firme y dura línea y una mirada fija y penetrante. ¿Qué había sucedido? Solamente le había preguntado donde había estado todo este tiempo. Después de mirarme de esa forma por un buen tiempo, le dio un trago a su copa de vino antes de contestar.
—En Londres. — dijo mientras me miraba sin sonreír.
Y no sabía si debía o no hacerle la pregunta que tanto había rondado mi cabeza durante mucho tiempo.
— ¿Te puedo preguntar algo?—el dudó antes de contestar con un asentimiento de cabeza.
Eso me dio el valor que necesitaba para hacerle la pregunta.
— ¿Porque nunca te comunicaste conmigo cuando te marchaste?
El no contestó nada, simplemente se me quedó mirando fijamente, cogió la botella de vino y rellenó ambas copas, dio un trago a la de él y después me miró fijamente muy serio.
—Anastasia, por favor no hagas preguntas del pasado, no me gusta hablar de él y mucho menos de mi estancia en Londres. —todo esto lo dijo muy serio tan serio que parecía que estaba enfadado conmigo.
¿Qué era lo que había sucedido en Londres para que el no quisiera hablar de ese tema? Sería mejor no tratar de indagar en ese asunto entonces, no quería que me mirara como lo estaba haciendo en esos momentos. Lo mejor era cambiar de tema por mucha curiosidad que yo tuviera. Ya vería con el tiempo si lograba sacarle alguna información más detallada.
—Entonces estudiaste bellas artes. — le pregunté y pude ver un atisbo de sonrisa en su rostro.
—Sí. — dijo mientras me miraba fijamente a los ojos pero esta vez no lucía serio ni disgustado.
—No sabía que supieras pintar. —le dije con mucha curiosidad.
—Hay muchas cosas que desconoces de mi Anastasia, y esa es una de ellas al parecer. —dijo sonriendo.
—Recuerdo que ibas a estudiar medicina. —eso al menos era algo que recordaba del pasado.
Recordaba nuestras conversaciones sentados en el portal de la casa, recordaba su forma de reír, la forma de mirarme y como me hacía sentir, eso no había cambiado mucho.
—Ya ves, las cosas cambian. — dijo mientras daba un trago a su copa y la ponía en la mesita.
—Sí, tienes razón. — le dije mientras le sonreía levemente y nos mirábamos a los ojos.
Pero no sabía hasta que punto había cambiado Christian y eso era algo que iba a tener que descubrir poco a poco. Ahora estaba más convencida que antes que algo había sucedido en Londres, algo de lo que a él no le gustaba hablar. Dejé mi copa en la mesita al igual que él y decidí acostarme, la verdad que estaba agotada, necesitaba descansar y la cantidad de vino que había bebido me tenía medio achispada y eso no era muy bueno que digamos.
—Si no te importa Christian voy a acostarme, estoy exhausta. —le dije mientras me levantaba del sofá.
—No, está bien, ve a descansar. — me dijo mientras se incorporaba en el sofá.
—Buenas noches. — le dije mientras me giraba para marcharme.
— ¿No me vas a dar un beso de buenas noches?—y me giré en ese momento para observarlo.
Christian me miraba my risueño, con una leve sonrisa en sus labios.
—No sé si te lo merezcas. —le dije sonriéndole también mientras lo miraba fijamente.
—Al menos uno en la mejilla no crees. — dijo mientras señalaba su mejilla para que le diera un beso.
Me acerqué donde estaba, incliné mis labios hacia su mejilla y en el último momento cuando mis labios estaban muy cerca de su rostro él se giró uniendo sus labios con los míos. Nuestros labios se rozaron levemente y tras separarme pude ver como él se reía como un niño travieso cuando hace una maldad.
—Buenas noches Anastasia. — me dijo mientras se recostaba en el sofá nuevamente y yo salía de la sala rumbo a la habitación.
En cuanto entré en la habitación me quité toda la ropa quedando en bragas y poniéndome una camiseta larga que me llegaba por encima de la rodilla, esta no era la misma con la que dormía en casa, era nueva, en realidad no me imaginaba parada delante de Christian con mi vieja camiseta. Me acosté en la cama y cogí mi celular para ver nuevamente las imágenes que había tomado del atardecer. La verdad que era una vista espléndida. Revisé por alguna llamada perdida o un mensaje pero no había nada. Puse el celular en una de las mesitas de noche, recosté mi cabeza en la almohada, cerré los ojos y al momento me quedé dormida.
