Capítulo editado

Capítulo 2: En la bodega


Dib y Gaz se encontraban en la sala viendo la televisión. El programa era malo, un reality show más, dos equipos representados por un color compitiendo en retos y en quién conseguía más llamadas sin embargo cada vez que eliminaban a un participante traían a más.

Podrían cambiar de canal pero el control se había roto y ninguno tenía intenciones de levantarse. Permanecieron en el mismo lugar, Gaz jugando videojuegos y Dib revisando los libros que tenía a mano, estaba haciendo un reporte para la prueba de ingreso a la universidad.

Si bien no tenía la edad para ingresar, había optado por adelantar algunos grados. Su padre le había dicho que debía enfocarse más en la ciencia real pero ese no era su principal motivo. En la universidad en la que aplicaba tenían uno de los mejores observatorios a nivel mundial sin contar que contaba con un departamento dedicado a lo paranormal, algo que solo los más conocedores del tema sabían.

Gaz también estaba haciendo la prueba. La universidad no le interesaba pero según sus propias palabras, estaba cansada de estar rodeada de tanto idiota mas no había negado el interés que sentía por conocer la Productora de videojuegos que había en la sede.

Después de revisar por tercera vez el material bibliográfico que tenía a mano decidió que debería buscar en otro sitio, como en la bodega. Sabía que a su padre no le gustaba que entraran a ese lugar pero consideró que lo dejaría pasar tomando en cuenta que lo necesitaba para terminar el reporte que lo ayudaría a ingresar a la universidad.

Apagó el televisor. Ciertamente lo último que deseaba era seguir viendo ese entendía por qué seguía al aire después de tanto tiempo, si estaba loco porque no le gustaba prefería seguir estándolo.

A Gaz no le molestó lo que había hecho, toda su atención se encontraba en el videojuego y ciertamente ese programa no estaba en la lista de sus favoritos.

El sótano no tenía nada de especial, entre tantas torres de papeles era difícil caminar pero sencillo perderse. También había una computadora y varios inventos, más que una bodega parecía un laboratorio. La temperatura del lugar era más baja, esto era para proteger la documentación. Era un altar a la ciencia real.

La ciencia real, como la llamaba su padre, le resultaba aburrida, lo suyo era lo paranormal. Pero debía hacerlo, su padre le había dicho que de no darle una oportunidad a la ciencia real consideraría el internarlo en elpsiquiatra y eso era lo último que deseaba.

Aquello no era excusa suficiente para que se esforzara tanto en entrar a la universidad pero debía hacerlo, debía admitirlo, estaba aburrido. Todavía seguía interesado en lo paranormal pero quedaban pocos casos por investigar, o al menos que llamaran su atención. Casos como el de Pie Pollo eran los que más frecuentaba y eso le quitaba emoción a ser un investigador paranormal.

Sabía que la universidad consumiría gran parte de su tiempo, más al tratarse de alguien que se estaba saltando años aunque no era algo que le preocupaba. Desde pequeño su padre intentó que él y Gaz se interesaran por la ciencia real. No tuvo éxito con ninguno pero era su hermana la que pasaba más tiempo en el laboratorio.

Zim ya no era una amenaza, o al menos eso creía. Varios meses atrás había dejado la Tierra. No tenía idea de cuál había sido el motivo aunque sospechaba que se debía a un encargo de los Más Altos. Tampoco se podía decir que le interesara, mientras el planeta estuviera a salvo no tendría de que preocuparse.

Debía admitir que era extraño. Por mucho tiempo su vida había girado en torno a Zim y en desenmascararlo. Debía sentirse aliviado de que desapareciera pero no lo estaba, aunque odiara admitirlo, el invasor irken era una constante en su vida, algo a lo que se acostumbró pero por el que nunca tuvo sentimientos del tipo romántico.

Era aburrido. Se sentía atado a ese planeta junto a todas esas personas ignorantes que se negaban a ver lo que sucedía alrededor. Zim era la mayor prueba de ello, un extraterrestre con un disfraz tan mala que parecía absurdo el que nadie lo hubiera descubierto antes.

Aún conservaba la nave de Tak, si bien el riesgo de una invasión Irken no era latente aquella nave era especial para él, algo así como un trofeo de guerra y evidencia de que o estaba loco, que nunca fue un insano. Esta permanecía oculta, donde nadie pudiera encontrarla.

Su padre se encontraba en el laboratorio, aquello no era una novedad pero era la oportunidad perfecta para poder visitar la bodega. No había nada fuera de lo ordinario, de hecho había visto cosas más peligrosas en el laboratorio de su padre, el cual había explotado la semana anterior.

Continuó observando el lugar, buscando algún archivo sobre la teoría de los hilos. Solo un frasco parecía fuera de lugar, en él había una etiqueta con la siguiente palabra escrita: "MAMÁ" nada más. No pudo identificar el contenido del mismo pero sabía que lo había visto en una ocasión antes en el laboratorio de su padre, fue él quien le colocó esa etiqueta, no lograba entender porqué lo había hecho y ciertamente tampoco le interesaban sus motivos, en ese momento algo más rondaba por su mente.

Continuó buscando. Necesitaba de los borradores de su padre si quería terminar ese proyecto. Sin embargo no podía dejar de pensar en aquel frasco, más precisamente en la palabra escrita en él. No tenía ningún recuerdo de su madre, ni siquiera una fotografía, era como si nunca hubiera existido. Cada vez que le preguntaba a su padre por ella este se ponía nerviosa y daba por terminada la conversación. Era extraño que un hombre de ciencia como él no tuviera una respuesta, más cuando trataba sobre su vida personal, la cual no parecía interesarle mucho, el examen para formar parte del público en su programa era prueba de ello.

Dos cajas llamaron su atención. En ellas podía leerse claramente "PROYECTO D.I.B" y "PROYECTO G.A.Z". Eso era demasiado sospechoso como para ignorarlo. Aunque también existía la probabilidad de que se trataran de viejas fotografías familiares, algo extraño tomando en cuenta el lugar en el que se encontraban.

No debería abrirlo, lo tenía claro pero quería hacerlo. Como si algo lo estuviera llamando no podía apartar la mirada de aquellas cajas. Lo que más deseaba era encontrar una evidencia de la existencia de su madre, algo que le dijera que ella realmente existió.

Abrió la primera caja y encontró todo lo que imaginó. Fotografías desde que era un bebé hasta su entrada a la escuela primaria. Eso era normal, todos los padres tenían fotografías de sus hijos, no era algo que debería extrañarle pero lo hacía, no entendía por qué estaban ocultas y por qué tenía la sensación de estar leyendo un diario de campo.

Continuó revisando el contenido de esas cajas, no tenía nada que le hiciera ser digno de tener un sitio en ese lugar. Sin embargo una fotografía llamó su atención. En ella se encontraba dentro de un tubo, parecido a los que había visto una ocasión que se había infiltrado al laboratorio de Zim.

Lo que más le preocupaba es que ese tubo estaba presente en una de sus pesadillas más recurrentes y en uno de los recuerdos que lo habían interesado en lo paranormal, cuando creyó haber sido secuestrado por aliens.

Continuó revisando, su redacción había quedado en el olvido pues sentía que debía haber una razón de peso para que su padre lo mantuviera allí, la caja de Gaz encontró algo similar, las mismas fotografías pero eran sobre Gaz, incluso la del tubo.

Continuó buscando. Ya no eran fotografías, sino folletos. Todos escritos en lenguaje científico, no fue difícil de entender lo que decía. La mayoría eran estudios científicos, gráficos e información sobre genética, el profesor Membrana había estado investigando sobre el proceso de clonación, no necesitaba ser un genio para saber que lo había logrado, clones tan perfectos que pudieran ser confundidos con personas ordinarias.

La evidencia estaba frente a él, no podía negarlo. Él y Gaz eran clones de su padre, por eso nunca conoció a su madre, nunca tuvo una. Quiso buscar al profesor Membrana y reclamarle por el tiempo en que le oculto la verdad de su naturaleza pero no pudo. No era capaz de mover ningún musculo de su cuerpo.

Su proyecto ya no importaba, no podía dejar de pensar en lo que había descubierto. Era molesto saber que por mucho tiempo le ocultaron sobre su verdadero origen. Las piezas estaban frente a él, una verdad se estaba revelando pero le era tan difícil aceptar la realidad.

La puerta se abrió dando lugar a Gaz. Ella lo ignoró y se dirigió a una pequeña nevera al fondo de la bodega. Iba a salir cuando notó la presencia de Dib.

—A papá no le gustará que toques esas cajas.

—¿Sabes lo que hay dentro?

Gaz mantuvo su ceño fruncido. Ver a Dib callado era algo nuevo para ella ¿Cuántas veces lo habían humillado? ¿Cuántas veces lo había golpeado? Muchas, tantas que no podía recordarlo y sin embargo nunca lo había visto de esa manera. Era tan extraño.

—Desde hace mucho, con esa cabezota debiste haberlo sospechado al menos.

—¿Cómo lo puedes tomar con tanta calma?

— ¿Qué diferencia hay? Sigues siendo el mismo estúpido fracasado obsesionado con lo paranormal de siempre.

—No te molesta ser un clon.

—¿Debería? Es absurdo. Aunque en tu caso es diferente, eres un intento fallido y cabezón de un clon.

—Mi cabeza es normal.

—Tal vez tu cabeza sea normal, pero tu cuerpo es demasiado pequeño y la hace ver más grande de lo que realmente eso puede explicar tu interés en cosas tan absurdas en especial tu fijación por Zim.

—Zim no…

—No me interesa lo que digas, yo me voy antes de que papá llegue y deberías apurarte, hoy es nuestra cena semestral.

Cuando llegó la cena, Dib no hizo ninguna pregunta, no tuvo la oportunidad de hacerlo, el profesor Membrana nunca llegó, hubo un incidente en el laboratorio que requería su presencia. Ambos encargaron varias pizzas y bebidas, no es como si tuvieran mucho por hacer.