SI QUIEREN LEERLA EN INGLÉS BUSQUENLA POR EL MISMO SEUDÓNIMO POR EL NOMBRE DE "TWIST OF FATE"
Hacía calor en la habitación, un calor abrazador a mí alrededor, era como un intenso fuego que se extendía por todo mi cuerpo. Para el lado que me moviera sentía el mismo calor abrazador. Abrí mis ojos y me vi a mi misma en una habitación completamente en llamas sin poder escapar a ninguna parte. Yo no gritaba, solamente estaba en medio de la habitación de pie. En un momento todo cambió, la habitación dejó de estar en llamas, no sentía frío pero tampoco sentía el mismo calor que antes. Entonces Christian se materializó frente a mí. Llegó donde yo estaba y comenzó a acariciarme mientras llenaba mi cuello de besos y me apretaba contra él, entonces comencé a sentir calor nuevamente.
Desperté con la misma sensación de hacía unos minutos cuando estaba soñando, sentía mucho calor a mi lado, algo sobre pecho me apretaba y me quemaba. Me giré y cuál fue mi sorpresa al encontrarme a Christian durmiendo a mi lado, con su brazo sobre mí. ¡Mierda! ¿Qué hace él durmiendo aquí? En mi mente volví a memorizar la noche anterior y la verdad era que después de llegar a mi habitación y cambiarme de ropa me había quedado dormida al instante. ¿En qué momento Christian había llegado a mi cama? ¡Rayos! Estoy solamente en bragas y una camisa. Lo moví un poco para que despertara y me explicara que hacía en mi habitación.
—Mmm…— se le escapó un gemido mientras yo lo movía.
—Christian, despierta. — le dije mientras continuaba moviéndolo.
—Sabía que al final vendrías a mi habitación. — me dijo aún con los ojos cerrados mientras sonreía y su brazo se apretaba más contra mí.
Esto estaba a punto de salirse de control, tenía que lograr despertarlo de la forma que fuera.
—No estoy en tu habitación Christian. — le dije fuertemente y en cuanto lo hice el abrió sus ojos de par en par y se sentó en la cama.
Christian miró en todas direcciones comprobando que en verdad no estaba en su habitación sino en la mía. Y mientras tanto yo dejaba de respirar y me quedaba embobada mirándolo. Se encontraba sin camisa, sus brazos descansando sobre sus piernas, y me percaté que era la primera vez que lo veía así. El fin de semana en el yate no se había quitado en ningún momento la camiseta.
Pero en estos momentos lo tenía a mi lado y pude observarlo bien. Sus músculos se marcaban perfectamente en todo su cuerpo, era como ver una escultura griega del museo, no la verdad esto era mucho mejor. Las esculturas no estaban vivas y mucho menos tenían la piel caliente. Ana concéntrate en lo importante, me regañé a mí misma. Estaba serio, su cabello revuelto cayendo sexymente en su rostro y entonces recordé nuevamente que estaba medio desnuda.
— ¡Rayos! No otra vez. — dijo mientras se ponía las manos en la cabeza haciendo que su pelo se regara aún más de lo que ya estaba.
— ¿Que sucede? Me puedes contestar que haces en mi habitación. — y me arrepentí en el mismo momento en que se lo pregunté.
Se me quedó mirando muy serio mientras retiraba sus manos de su cabeza y apoyándolas en la cama se levantaba. Y en ese momento dejé de respirar por segunda vez en lo que iba de mañana. El tiempo se detuvo, era como si todo fuera en cámara lenta, mis ojos siguieron todos los movimientos que hizo su cuerpo, como sus músculos se tensaban al levantarse de la cama y caminar rumbo a la puerta. Traía unos pantalones de color gris que le caían provocativamente en la cadera, al llegar a la puerta se giró hacia mí.
—Voy preparando el desayuno, después podemos conversar. —dijo mientras salía de la habitación.
Y yo me quedé allí embobada sentada mirando por donde él se había marchado. Esto no tenía sentido, lo mejor sería que me vistiera rápido y saliera, solo así podría saber bien que había sucedido anoche. Antes de salir de la habitación miré el celular en busca de alguna llamada perdida o un mensaje de Kate pero no había nada. En la pantalla de este solamente estaba el reloj marcando un poco más de las 10:00 am. Me levanté de la cama y tras pasar rápidamente por el baño, asearme y cepillarme los dientes me vestí decentemente y fui hacia la cocina.
Christian se encontraba delante da la cocina, exactamente cómo mismo había salido de mi habitación.
—Siéntate por favor. — me dijo y sin apenas dudarlo me senté en la barra.
Delante de mí puso un plato con waffles una botella de miel de maple, un plato con huevos con tocino, dos vasos, sacó una caja de jugo de la nevera y se sentó después a mi lado. ¿Qué debía hacer? Le preguntaba ahora o cuando terminara de desayunar. Creo que mejor cuando terminara de desayunar.
—Sé que te dije que no hablo de mi pasado pero creo que hay algo que debes saber. — me dijo sin apenas darme tiempo a probar bocado.
—Al menos puedo desayunar antes de conversar. —le pregunté mientras miraba mi desayuno intacto delante de mí.
—No creo que haga mucha diferencia, pero si lo deseas así. —dijo mientras yo comenzaba a desayunar.
El desayuno estaba delicioso y prácticamente me comí todo lo que Christian había puesto delante de mí. En cuanto terminé de desayunar me giré hacia él y la verdad fue que por un momento se me olvidó porque estaba allí sentada. El aún se encontraba a mi lado sentado sin camisa. Ya había terminado de desayunar también y me estaba observando con mucha curiosidad.
— ¿Ya podemos hablar?—me dijo en tono calmado.
—Cuando quieras. —le dije alentándolo.
—Lo que sucedió anoche no me sucedía desde hacía años y no sé porque exactamente ocurrió anoche. —me dijo mientras me miraba muy serio pendiente a mi reacción.
— ¿Y qué fue lo que sucedió?—inquirí con curiosidad.
—Cuando tenía 12 años me diagnosticaron sonambulismo y terrores nocturnos. A veces los tenía no siempre y alrededor de los 18 años desaparecieron, no había tenido ningún episodio más, pensé que habían desaparecido permanentemente. —decía mientras pasaba una mano frustrado por su pelo.
Nunca me había enterado de eso, aunque lo más lógico era que como aparentemente había desaparecido, no tenía porque haberlo sabido, hasta hoy.
— ¿Terrores nocturnos? Es lo mismo que las pesadillas. —le pregunté con preocupación.
—No, no se parece en nada a las pesadillas. —dijo con la mirada perdida imaginaba que en algún recuerdo del pasado.
—Me explicas eso. —le pedí mientras él me miraba.
—En una pesadilla solamente sientes miedo y ansiedad al punto que te despiertas, y en los terrores nocturnos sientes un terror extremo, pierdes el control de los movimientos, gritas fuertemente, no puedes moverte, no recuperas la conciencia completamente y cuando lo haces estas agitado, sudoroso y no recuerdas nada de lo que soñaste.
Mierda eso era peor de lo que yo me imaginaba.
—Al menos anoche no tuviste ninguno, solo fuiste hasta mi habitación. —le dije mientras lo miraba fijamente.
—Si al menos es algo, pero temo por lo peor. —me dijo con mucha preocupación.
— ¿Qué es lo peor?—le pregunté preocupada.
—Anoche al parecer solamente fui hacia tu cama, pero no sé qué haré la próxima vez que camine dormido, creo que voy a tener que tomar ciertas medidas. —me dijo con la preocupación marcada en su rostro.
Y no era para menos, lo mismo podía abrir la puerta del balcón o quien sabe lo que se le ocurriría hacer. Me estremecí con la sola idea de que le sucediera algo en una de esas caminatas nocturnas.
— ¿Y qué medidas son las que tienes que tomar? —le pregunté firmemente.
—No creo que quieras saber eso. — me dijo muy serio mirándome fijamente a los ojos.
—Créeme en estos momentos quiero saberlo. —le dije mientras le tocaba ligeramente el brazo que descansaba en la barra.
Christian miró mi mano tocando la suya y después volvió a mirarme a los ojos fijamente.
—Me esposaba a la cama. —para que pregunté por supuesto que tenía que atarse a la cama.
—Y porque con esposas, no podía ser con alguna cinta, o algo. —le pregunté curiosa.
—Las cintas y las correas las zafaba. —me dijo mientras ponía una mano sobre la mía y me acariciaba lentamente.
—Entonces necesitamos un par de esposas para esta noche, será mejor que salgamos a buscarlas. —le dije mientras me levantaba de la banqueta pero él me sujetó la mano.
—Eso no será necesario, creo que las tengo guardadas en alguna parte del armario. —me dijo mientras yo lo miraba extrañada frunciendo el ceño.
Eso sí que era extraño, si no había padecido de más sonambulismo como dice él desde los 18, porque las tenía aún guardadas.
—No sé porque nunca me deshice de ellas a pesar de no haber vuelto a caminar dormido. — dijo contestando lo mismo que yo me estaba preguntando en ese momento.
Y ahora que se suponía que debía hacer. Alejarme de él después de descubrir algo de su pasado del cual al parecer no conozco casi nada. O quedarme y ayudarlo a sobrepasar su situación. Porque en estos momento lo que más necesitaba era alguien a su lado, alguien que velara por él y que estuviera las 24 horas del día a su lado. ¿Acaso yo podía convertirme en esa persona? Podría disponer de mi tiempo para ocuparme de él en las noches o en cualquier momento que me necesitara. Bueno solo había una forma de saberlo y esa era intentándolo al menos, ya veríamos más adelante como iban las cosas.
—Entonces vamos a buscar esas esposas. — le dije tirando de su mano haciéndolo levantarse de la banqueta
Era la segunda vez que nuestras manos se encontraban entrelazadas mientras lo conducía hacia su habitación y después hacia el armario que como él me había mostrado quedaba a la derecha en cuanto entrabas.
Y me quedé asombrada cuando llegué allí. El armario, más que un armario parecía una habitación. Era del mismo tamaño o más grande que mi habitación.
—Puedes verlo si lo deseas. —dijo Christian ante mi cara de sorpresa.
A mano derecha y hasta el fondo se extendían los percheros con jeans y trajes de diferentes modelos al igual que las camisas. A mano derecha un enorme espejo de cuerpo completo, siguiendo a mano derecha estaban las gavetas donde imaginaban que iban las medias y la ropa interior, porque al final y doblando hacia la derecha continuaba el armario con cientos de pares de zapatos y más al final se encontraba la ropa de invierno y muchas cajas. Regresé donde estaba Christian quien se encontraba recostado a uno de los armarios con los brazos cruzados sobre su pecho y sonriendo.
— ¿Algo interesante?—preguntó ante mi cara de asombro
—Creo que si Kate ve este armario le da una cosa, como has llegado a tener tanta ropa, el mío apenas y llega a la mitad de este. —dije señalando todo el espacio.
—La mayoría son regalos, recuerda que soy el dueño de uno de los clubes más prestigiosos de New York, tengo que lucir bien, los demás son hechos por encargo. —dijo sin darle importancia.
—Wau, me maravilla la forma de vivir tuya, entonces nunca has ido de compras. —le pregunté intrigada.
—No la verdad es que hace mucho que no lo hago. —dijo pasando una mano por su pelo.
— ¿Y quién abastece la nevera?—pregunté con curiosidad.
—El ama de llaves, limpia tres veces por semana excepto los fines de semana y rellena la nevera todos los lunes. —dijo encogiéndose de hombros.
—Creo que nunca me podría adaptar a tu nivel de vida. —dije mientras pasaba una mano por los jeans colgados en los percheros.
—Yo decía lo mismo y ya me ves, con el tiempo llegas a acostumbrarte a cosas que jamás creías. —dijo sonriendo mientras yo lo miraba brevemente.
—Genial, bien por ti. Entonces por donde empezamos a buscar. — le dije mientras lo miraba parada en medio del armario a unos metros de él.
Su cercanía aun continuaba perturbándome como la primera vez, y si lo tenía medio desnudo frente a mí, era mucho peor.
—Ana…no quiero meterte en mis problemas. —dijo mientras descruzaba los brazos.
Caminó hacia donde yo estaba y agarró mis manos suavemente mientras me miraba fijamente a los ojos. Y nuevamente sentí esa corriente recorrer mi cuerpo. ¡Dios! Y por poco me derrito en el suelo cuando lo escuche decir mi nombre de aquella forma. Era la primera vez que me llamaba así, no por mi nombre sino como mismo lo hacían mis amistades, y la verdad era que sonaba completamente diferente. Mi nombre en sus labios sonaba sexy y excitante. Su lengua acariciaba mi nombre haciéndome estremecer y casi perder el equilibrio. Por un momento me había desconcentrado del tema en cuestión, pero rápidamente volví a enfocarme en el asunto.
— ¿Por qué no? —le pregunté frunciendo el ceño.
—Porque puedo ver en tu rostro que tienes miedo. — dijo mirándome fijamente.
Acaso mi rostro reflejaba todas mis emociones o el podía leer las mentes. Si era cierto que estaba aterrada. Aterrada de que le sucediera algo si se quedaba solo de noche en el apartamento. Sin que nadie velara por su seguridad.
—No lo voy a negar, tengo miedo, pero no de ti. —le dije mientras el fruncía el seño.
—Deberías tener miedo de mí, recoger tus cosas y marcharte, no sabes lo que pueda suceder cuando tenga algún terror nocturno...no tienes idea de lo que he hecho en otras ocasiones. —dijo deteniendo su rostro a escasos centímetros del mío mientras apretaba un poco mis manos.
En esos momento el estaba enfadado. Podía notarlo en su forma de hablar y en sus manos tensas apretando las mías, aunque sin llegar a hacerme daño. Su voz sonaba fría y distante, pero yo sabía que en realidad el lo decía por mi bien, porque no me pasara nada. Intentaba cuidarme a su forma, alejándome de él, solo que yo no lo iba a hacer. Sabía que él lo que estaba era enfadado consigo mismo, así que no me quedaba más remedio que ayudarlo.
