—No me interesa lo que haya ocurrido, nada de lo que digas o hagas hará que me aleje de ti, necesitas a alguien a tu lado. —y mientras le decía esto me solté de sus manos y acuné su rostro entre mis manos.
—Crees que podrás soportar todo lo que me suceda, estás dispuesta a esposarme por las noches, compartir mi cama para velar mi sueño y despertarme cuando sea y como sea necesario. —dijo muy serio mientras yo acariciaba su rostro.
—No lo sé, pero quiero intentarlo. —le dije sinceramente.
Por un momento nos miramos fijamente sin decir nada y solo después de él evaluarme completamente con su mirada escrutadora y respirar profundamente habló.
—Creo que deben estar en una de las cajas del fondo del armario. —dijo rindiéndose y separándose un poco de mi. —No estoy aceptando esto de buena gana, aún creo que es una mala idea. —dijo exhalando fuertemente.
Y diciendo esto ambos nos dirigimos hacia allí. El final del armario estaba lleno de cajas cada una marcada por fuera con un rotulador identificando lo que había en ellas. Se podían contar más de 10 cajas, por donde comenzábamos a buscar.
— ¿Por dónde comenzamos? —le pregunté mientras miraba hacia las cajas.
—Debe estar en una que dice Londres. — me dijo mientras yo miraba en todas partes del armario.
—Allí. —le dije señalando la caja en lo más alto del armario. — como la vamos a coger ninguno de los dos llega. —le pregunté mientras miraba fijamente la caja como si por arte de magia esta fuera a bajar sola.
—Eso es fácil. —dijo acercándose a mí y agachándose a mi lado me cargó por las piernas haciéndome gritar.
Y por segunda vez volví a sentir su calor abrazador quemando contra mi piel, se sentía tan bien. Pero tenía que lograr que me bajara.
—Christian bájame. — le dije mientras me movía tratando que me soltara.
—Te bajaré después de que cojas la caja. —y me acercó al armario donde se encontraba la caja.
La verdad que de esta forma llegué perfectamente y la caja no era muy pesada, a pesar de ser grande. En cuanto la cogí Christian me bajo hasta el suelo mientras sonreía.
—Ves no fue tan difícil. —dijo abriendo la caja y sentándose en el suelo.
Hice lo mismo que él y me senté por el otro lado y entre los dos comenzamos a sacar las cosas de la caja hasta encontrar las esposas. Cuando me había dicho esposas me había imaginado automáticamente a las de acero de color plateado de la policía. Pero estas ni remotamente se parecían. Básicamente eran las mismas, con la diferencia que la cadena entre ellas era más larga y estas estaban forradas y parecían acolchonadas. Enganchada en ellas estaba la pequeña llave enganchada en una cadenita fina y larga. Christian retiró la llave y comprobó los cierres.
—Bueno al parecer está en perfectas condiciones. —dijo mientras las ponía a un lado y comenzaba a meter las cosas en la caja nuevamente.
Yo no dije nada simplemente me quedé observándolas, ni siquiera me atreví a tocarlas. Comencé a guardar las cosas en las cajas al igual que él hasta que pude visualizar una foto que guardó de sus padres y eso llamó mi atención, aunque no se lo dije a Christian. ¿Por qué tenía una foto de sus padres en una caja y no en un cuadro? ¿Acaso les había sucedido algo? Pero el me dijo que no le preguntara nada de su pasado. ¿Qué debía hacer?
— ¿Qué te sucede? Estas con cara de haber visto un fantasma desde hace unos minutos. —dijo muy serio.
—Nada. — le mentí bajando mi cabeza mientras continuaba guardando las cosas en la caja.
—Anastasia, mírame. — dijo obligándome a mirarlo a los ojos. — ¿Que sucede?—preguntó preocupado.
—Me dijiste que no preguntara nada de tu pasado, así que no lo haré. —dije mientras continuaba guardando cosas.
Por un momento el miró hacia la caja y después me miró nuevamente como adivinando lo que me sucedía.
—No puedes evitar la curiosidad verdad. —me dijo dejando de recoger y haciendo una mueca de disgusto y por un momento lo miré fijamente. — Están muertos, fin del asunto. — dijo volviendo a recoger las cosas
¡Muertos! Sus padres estaban muertos y él lo decía así como así. Pero eso no era motivo para que la foto estuviera allí en una caja. Había algo más de la historia que él no me estaba contando, pero por el momento no lo iba a averiguar.
Terminamos de recoger las cosas y dejamos la caja en el suelo en un espacio vacío del armario.
—Será mejor que preparemos algo para almorzar. — dijo mientras miraba su reloj. — ¿Te gustan los macarrones con queso?— me preguntó mientras inclinaba la cabeza de lado.
—Sí, me encantan los macarrones con queso. —dije muy efusiva, la verdad era que tenía mucha hambre.
—Nunca había visto a nadie tan ansioso por un plato de macarrones con queso. —dijo en tono de broma mientras sonreía.
—Ya ves, estás viendo a la primera persona. —dije mientras reíamos y ambos salíamos del armario rumbo a la cocina.
—Y cómo vamos a hacer, te mudas a mi casa o yo a la tuya. —dijo mientras entraba a la terraza con otra botella de vino.
Era entrada la tarde, Christian se había cambiado de ropa, por suerte para mí, tenía una camisa y unos jeans desgastados. Después de los macarrones del almuerzo, que habían quedado delicioso, nos sentamos en la mesa de la terraza toda la tarde, con una botella de vino. La verdad que era algo increíble la vista que se tenía desde aquí en todas direcciones, hacía que te relajaras y te olvidaras de todo. Pero yo no podía olvidarme de todo, por más que lo intentaba, aún no sabía cómo iba a lidiar con Christian. Durante el almuerzo había meditado algo sobre el asunto pero lo dejé correr. Ahora que estaba aquí afuera, mientras el aire me daba en el rostro estaba pensando en cómo iba a compartir mi tiempo, ya que iba a pasar las noches con él, cuidándolo. ¿En qué momento mi vida se había complicado tanto? Desde que te reencontraste con Christian, me dijo mi subconsciente en modo sarcástico. Claro, él era el culpable de todo lo que me sucedía.
No veía muchas opciones, era mudarme a su apartamento o él al mío. Aunque en el nivel que estaba nuestra relación…bueno no es que tuviéramos una, aún no sabía qué era lo que quería Christian de mi, bueno si lo sabía, pero yo no sabía aún lo que yo quería de él, así que la descarté, no lo creía correcto. Tendríamos que buscar otras opciones para que esto funcionara. Y entonces se me ocurrió algo.
—Y si nos dividimos. —le dije mientras tomaba mi copa y por un momento el se me quedaba mirando meditándolo.
— ¿Tienes pensado cómo lo haremos?—dijo enarcando una ceja.
—Sí que tal los fines de semana para tu casa y entre semana para la mía, queda más cerca del trabajo. — la verdad que se me acababa de ocurrir pero hasta ahora era lo mejor.
—Me gusta pero con un pequeño cambio, los miércoles y fin de semana aquí, así no tendremos que mudarnos con toda la ropa. —dijo y mientras yo lo pensaba me di cuenta que tenía razón. Con el miércoles por el medio el podría venir y recoger ropa.
—Si me gusta tu versión. — le dije sonriendo y dándole un trago a mí vino. — Está delicioso, es el mismo de la otra vez.
—No, este es un Chardonay. — me dijo mirándome por encima de su copa mientras daba un trago también.
—Ah, creo que a esto me puedo acostumbrar, vino y la mejor vista de todo New York. —contesté sonriendo mientras mi mirada se perdía sobre el río Hudson.
—Sí, yo también me puedo acostumbrar a esto. —dijo mirándome fijamente mientras yo le devolvía la mirada sonriendo.
Para cuando el sol comenzó a ponerse me levanté de la silla cogiendo mi copa y me apoyé en el borde del balcón para admirar mejor la vista y la verdad era exactamente como la del día anterior. Te dejaba sin aliento.
—Qué tal si nos bañamos para cenar. — me dijo mientras me abrazaba por detrás mientras los restos del sol se perdían en el horizonte.
— ¿En qué momento preparaste la cena?—le pregunté sin girarme sintiendo sus cálidos brazos a mi alrededor.
—En los momentos en que he ido a por las botellas de vino y en otras ocasiones que al parecer no me viste. — me contestó descansando su cabeza en mi cuello.
Su aliento en mi cuello hizo que mi cuerpo se erizara completamente. Su suave respiración hacía que mi cuerpo se estremeciera haciéndome perder la cordura.
—Si vamos a bañarnos. —le contesté mientras me giraba haciendo que se separara de mi.
— ¿En el mío que es más espacioso?—me preguntó mientras yo enarcaba una ceja confusa por su pregunta hasta que me di cuenta de a lo que él se refería.
En ese momento me imaginaba que estaba de color escarlata, al menos imaginaba que por la poca iluminación el no me hubiera visto.
—Tú en el tuyo y yo en el mío. — le contesté mientras cogía su copa de la mesa y entraba al apartamento.
Fui hacia la cocina, podía sentir a Christian detrás de mí, puse las copas en el fregadero y estaba por encaminarme a la habitación cuando él me interceptó frente a mí.
—Entonces, sobre el tema anterior, tenemos un acuerdo no. — me dijo el enarcando una ceja mientras ponía las botellas vacías en la encimera.
—Si tenemos un trato. —le contesté mientras él me miraba fijamente con una leve sonrisa en sus labios.
Esa sonrisa ya estaba a empezando a conocérsela, era la misma que ponía cuando estaba tramando algo.
—Podemos sellar el acuerdo con un beso. — dijo sugestivamente con su mirada fija en la mía.
—Sabes, solo conozco dos personas que sellaron un trato con un beso, y ambos están muertos. —le dije mientras el sonreía.
—Sí, se que Romeo y Julieta acabó en tragedia, pero lo nuestro no tiene porque terminar así cuando apenas ha comenzado. —me dijo mientras se acercaba peligrosamente a mí.
Solamente a mí se me había ocurrido hacer un trato con Christian. Un trato que hacía que me quedara en una habitación a solas con un chico. Y no con cualquiera, uno con el cual tenía un pasado y por el cual comenzaba a tener sentimientos nuevamente. Esto no iba a salir muy bien, lo podía presentir. Comencé a retroceder a medida que él se acercaba cada vez más a mí. Su sola presencia me trastornaba completamente, hacía que perdiera la capacidad de pensar coherentemente, y que mi respiración se acelerara. Y ahora mientras el avanzaba peligrosamente hacia mi estaba mucho más alterada.
— ¿Por qué huyes de mi? ¿No quieres un beso?— me dijo con sus ojos fijos en mi mientras yo retrocedía de espalda cada vez más saliendo de la cocina rumbo a la sala.
A quien iba a mentir, si quería un beso suyo, pero en ese momento encontraba muy emocionante que Christian me persiguiera por el apartamento para conseguirlo. Continué retrocediendo hasta que mis pies toparon con algo y me quedé inmóvil con Christian frente a mí.
—Ya no tienes a donde huir. — me dijo mientras se acercaba más a mí.
Mi corazón latía en mi pecho como si quisiera salirse, sus ojos se posaron en los míos y su mirada caliente me traspasó completamente, derritiéndome más de lo que ya me encontraba en ese momento. Me sentía deseada, caliente y excitada bajo su intensa mirada. Su mano subió hasta mi rostro y me acarició la cara mientras yo cerraba mis ojos ante su suave caricia. Y creo que se me escapó un leve gemido.
—Al parecer tu cuerpo no está de acuerdo con tu mente. — dijo haciendo que yo abriera los ojos y nuestras miradas se fundieran en una sola —Quieres un beso. — dijo mientras deslizaba un dedo por mis labios entreabiertos, lo que solo hizo que yo respirara con más dificultad. —Pero también quieres más que un beso, quieres caricias. — dijo mientras deslizaba su otra mano por mi cintura, y mi cuerpo comenzaba a reaccionar ante su toque. —Quieres sentir mi cuerpo caliente junto al tuyo. — dijo mientras me pegaba contra él dejándome sentir que tan excitado estaba en esos momentos. —Pero por el momento, creo que te tendrás que conformar con un beso. — dijo mientras su labios se apoderaban de los míos.
Había extrañado mucho sus labios sobre los míos, sus manos deslizándose por mi cuerpo, su cuerpo caliente, él tenía razón, a quien iba a engañar, por mucho que mi cerebro me dijera que no, mi cuerpo lo deseaba completamente. Nunca había deseado tanto a alguien como ahora en estos momentos cuando nuestros labios y cuerpos se fundían uno con el otro hasta caer sobre el sofá, él sobre mí explorando mi cuerpo con sus manos. Mis manos fueron hacia su camisa e inconscientemente comencé a zafarle los botones. No sabía porque pero esta escena me parecía que ya la había vivido hace mucho tiempo atrás, aunque había una enorme diferencia. Al menos ahora yo no estaba tan nerviosa y sabía lo que tenía que hacer, al menos hasta cierto punto. Tras terminar de zafar los botones saqué su camisa por encima de su cabeza. Y nos quedamos mirándonos a los ojos. Y sus palabras de 6 años atrás regresaron a mí en ese momento.
—Estás segura de querer hacer esto, ya rompí una de mis reglas y estoy punto de romper otra, si continuamos no habrá marcha atrás. —dijo mientras sus ojos más oscuros que de costumbre me miraban fijamente.
Su respiración estaba acelerada al igual que la mía mientras él se encontraba sobre mí en el sofá. No sabía que había querido decir con eso pero en ese momento no me interesaba. En esos momentos lo que más quería era sentir su piel caliente sobre la mía.
