Disclaimer: Invasor Zim ni sus personajes me pertenecen. Todos los derechos y personajes son propiedad de Jhonen Vázquez. Alendarkstar solo escribe fics.
Capítulo 5: La marcha de la Perdición
No debería estar ahí, él lo sabía. Podía ver los relámpagos caer pero eso no lo asustaba, no era la primera vez que estaba fuera de casa a deshoras. No había dicho que saldría, de hecho dudaba que alguien notara que había salido, nunca lo hacían. Aquel no era lugar para que un niño de su edad estuviera pero no le importaba. Aquella era una oportunidad única, no todos los días los planetas se alineaban de esa forma.
Sacó de su mochila aquel pesado y viejo libro. No tenía idea del motivo del porqué su padre lo guardaba pero tampoco le interesaba, mientras pudiera serle de utilidad, lo demás salía sobrando.
Tomó una pequeña navaja e hizo un corte sobre su dedo. Espero a que la sangre comenzara a brotar y con ella comenzó a dibujar los extraños símbolos impresos en las páginas del libro.
Pequeños tornados comenzaron a formarse en torno al pequeño niño. Varias manchas verdes flotaban alrededor de las tumbas reanimando a los muertos dentro de estas. Pero ninguno era a quien buscaba, era tan molesto.
Sentía como sus energías se gastaban pero no planeaba detenerse, no hasta que pudiera verla. No planeaba obligarla a quedarse en el mundo de los vivos, solo deseaba hablar con ella una vez más.
A pesar de casi no tener recuerdos de ella sabía que era real. Quizás la única "prueba" que tenía, si es que así se le podía llamar era un sueño recurrente de cuando era demasiado pequeño para poder recordarlo.
En su sueño una mujer a la cual no podía ver su rostro, le cantaba una canción de canción para dormir mientras mecía la cuna en que Gaz y él dormían. Solo el recuerdo de su voz lograba calmarlo.
Recordaba cuando tenía cinco años y las tormentas lo hacían correr hasta la habitación de su hermana menor. Le decía que era porque tenía miedo de los rayos, Gaz, al principio se negaba a dejarlo quedarse pero después de llamarlo cobarde lo invitaba a pasar y no tardaba en quedarse dormida.
El profesor Membrana permanecía en el laboratorio y su madre, no sabían si quiera si existía. Gaz podía llegar a ser cruel pero Dib sabía que odiaba los rayos y el decir que tenía miedo era la única forma de que lo dejara cuidar de ella.
Si quería tratar de volver a ver a su madre no era por él, tenía la idea de que si regresaba Gaz sería un poco más dulce… y no debería preocuparse por su vida todos los días.
Las lápidas comenzaron a romperse y de la tierra salieron las manos putrefactas de los cadáveres. Los muertos caminaban de manera torpe, con la mirada perdida. Por alguna extraña razón pasaron lejos del joven de lentes, quizás el haberlos invocado le daba cierta protección.
_ Dib_ le dijo la pelimorada molesta quien acababa de llegar_ tengo hambre y por tu culpa el dispensador de comida no me deja comer.
_ Estoy en medio de algo importante, la comida puede esperar.
Una figura apareció frente a los dos hermanos, vestía una capucha negra que le cubría por completo, incluyendo su rostro, del que solo se mostraba una sombra y unos brillantes ojos afilados. Sus pasos eran seguros y firmes, a diferencia de los otros muertos. Rodeado de neblina y un olor a azufre.
_ Detente_ le dijo_ las barreras no deben ser rotas.
_ Pero necesito…
_ Sé con quién deseas hablar pero no puedes verla, ella no pertenece al mundo de los muertos, es por eso que todos ellos han escapado, usando la puerta que has abierto.
_ Deberás usar algo mejor para convencerme.
Una hoz apareció en el lugar donde deberían estar las manos de esa criatura. El espectro tomó aquella arma y la usó para aparecer un portal que reflejaba lo que parecía ser una ciudad.
Una mujer de cabellos morados apareció frente a ellos. Estaba en un supermercado y sostenía una lata de melocotones en conserva. El parecido que tenía con Gaz era asombroso, nadie podría negar el parentesco que existía entre ambas mujeres.
_ Ella está en el mundo de los vivos, los ha abandonado y no la culpó, ustedes son insoportables. Si devuelven a todos los muertos los llevare con ella.
_ Es un trato_ le dijo la pelimorada abriendo un ojo_ Dib, toma tu libro y devuelve a esos cadáveres al podrido lugar al que pertenecen.
La figura desapareció y ambos hermanos se pusieron en marcha. Unos gritos en la ciudad les hicieron saber que ya habían notado a los muertos caminantes. Era eso o el cerdo de la pizza había lanzado una nueva pizza.
_ Más te vale que no pierda el estreno de una pizza, nunca lo he hecho y tampoco planeo hacerlo.
Ni zombis ni pizza, era un maratón de descuentos en el Centro Comercial. Aunque Gaz y Dib habían devolver a los muertos a su lugar de origen no dejaron pasar esa oportunidad. Él necesitaba una nueva capa y su hermana unas medias.
_ Quieren mi sangre dulce_ gritó un extraterrestre verde que se les hacía conocido a ambos hermanos.
Gaz sonrío al ver al extraterrestre en apuros siendo seguido por varios muertos. Dib no se quedo atrás, le resultaba divertido ver a su némesis en problemas. Comenzaba a lamentar el tener que ser él quien acabara con todo eso.
_ ¿Debemos ayudarlo?
_ Podemos esperar, tenemos toda la noche.
_ Cállate Dib, tu voz es estúpida.
Zim siguió corriendo y dando vueltas por varios minutos antes de que el par de hermanos intervinieran. Nadie lo notó pero aquello no era ninguna novedad. Esto era un gran inconveniente para Dib, razón por la que fue tachado de loco y le causó problemas en muchas ocasiones.
Cuando Zim chocó contra uno de los basureros Dib decidió intervenir. Usó su libro para abrir el portal aunque esto no hizo que los muertos regresaran. Lo único que logró fue molestar a Gaz.
_ Entren a ese portal o lo pagaran.
Ninguno puso resistencia, todos en fila ordenada ingresaron al portal, incluyendo a los que se encontraban lejos. Zim salió de su estado de inconsciencia, gritando una y otra vez que "querían su sangre dulce" ganándose una mirada amenazante de Gaz.
_ Estoy tan cerca de enviarte a la sala de disección, Zim.
_ Lo mismo dices siempre.
El espectro hizo acto de aparición, era el mismo que vieron antes. A pesar de que no se le veía el rostro se podía percibir una profunda rabia. Evidentemente no esperaba que lograran corregir el daño hecho.
_ Es hora de que cumplas tu trato.
_ Ustedes son despreciables.
_ Como sea, cumple tu parte del trato.
La hoz volvió a aparecer en la mano del espectro, los apuntó con ella y antes de que alguno pudiera decir "Bloatys Pizza" aparecieron en el lugar señalado por la anterior visión.
_ ¿Mamá?_ preguntaron Gaz y Dib al unísono cuando vieron a la mujer que buscaban.
Ella volteó al instante, al principio incrédula, luego sorprendida para acabar abrazándolos. Ninguno podía verle el rostro pero estaban casi seguros de que lloraba.
_ Perdónenme niños, fui una tonta al dejarlos.
_ ¿Por qué no nos buscaste?
_ Lo siento tanto, de verdad que lo hago pero tenía miedo.
Dib y Gaz comenzaron a desaparecer, el tiempo que se les había dado terminó, era el momento de regresar. Ninguno quería hacerlo pero era el momento.
_ ¿Nos volveremos a ver?
_ Los buscare, es una promesa.
