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SI QUIEREN LEERLA EN INGLÉS BUSQUENLA POR EL MISMO SEUDÓNIMO POR EL NOMBRE DE "TWIST OF FATE"

Tal vez me había quedado dormida en el baño y esto era un sueño. Me pellizqué solamente para comprobar que no era un sueño y que Christian si se encontraba de pié delante de mí, vestido con un elegante traje negro. La habitación completa alumbrada a media luz y cientos de pétalos por todo el suelo de la habitación completaban la absoluta y fabulosa vista mientras imaginaba que yo estaba con la boca abierta completamente, sorprendida y choqueada. En solo 45 minutos él había preparado todo esto. Pero porque lo había hecho, yo en ningún momento le había exigido nada.

— ¿Por qué?—fue lo único que se me ocurrió preguntarle en ese momento.

—Porque quiero que tengas tu noche especial, y romántica como siempre has deseado, aunque no estemos enamorados. —dijo mientras yo salía del baño.

Pero el estaba equivocado en una cosa, el tal vez no estaba enamorado de mi, pero yo si lo estaba de él, aunque aún no estaba preparada para confesárselo. Así que por el momento esto sería un secreto solo mío.

Y mientras lo miraba parado vestido de traje, con su pelo mojado cayéndole sensualmente en la frente, y sus ojos grises mirándome tiernamente, comencé a sentirme ridícula con los jeans que traía y la camisa de lino blanca.

—No creo estar tan elegante como tú. —le dije mientras señalaba mi ropa.

—Estás preciosa así, vamos. —dijo tendiéndome una mano.

Tras tomar su mano me condujo por todo el pasillo que al igual que la habitación tenía cientos de pétalos en el suelo y las luces tenues. Al llegar a la cocina casi mi corazón sale disparado por mi boca. Toda la cocina y la sala de estar estaban decoradas con velas pequeñas y de diferentes tamaños como única iluminación de la estancia. Sobre la barra de la cocina había una botella de vino, dos copas y nuestra cena junto con dos velas también.

—Esto es…— me había quedado sin palabras literalmente.

Jamás me había imaginado una cena así ni siquiera en mis mejores fantasías.

—Porque no cenamos. —dijo señalando hacia la barra.

Me senté en la barra mientras él se sentaba a mi lado y vertía vino en ambas copas. No podía dejar de mirarlo ni siquiera por un momento, a cada momento me asombraba más con todo lo que desconocía de Christian.

—Cabernet Sauvignon. — le dije mientras el sonriendo me miraba dejando la botella a un lado.

—Veo que aprendes rápido. —dijo sensualmente haciendo que me mordiera el labio y riera.

—No solo leí la etiqueta. — le contesté mientras el reía y yo tomaba un sorbo del vino.

Se suponía que no estuviera nerviosa, pero no lo podía evitar y hacer chistes era mi mecanismo de defensa, solía hacerlos cuando estaba muy nerviosa y no entendía porque lo estaba en ese momento. Ya había pasado por esto cientos de veces, esto no debía suponer nada, solo era una cena, aunque con muy poca iluminación. Ahora entendía porque el simple roce de su mano en la mía enviaba deliciosas descargas eléctricas por toda mi piel, y su sonrisa de lado de chico malo planeando una travesura hacia que mi respiración se acelerara. Christian poco a poco y sin saberlo se estaba ganando una parte de mi corazón. Hacía apenas una hora estábamos casi desnudos en su cama besándonos y acariciándonos y en ningún momento había estado nerviosa. Pero ahora sentada junto a él, en una cena a la luz de las velas sentía mis piernas débiles y ligeramente temblando. De no estar sentada imaginaba que me estaría tambaleando.

En mi estómago, cientos de mariposas ocupaban todo el lugar, así que me iba a ser imposible comer en ese momento, y si lo hacía creo que iba a terminar haciéndome daño la comida. Christian había preparado enchilado de camarones, acompañado de arroz blanco y judías verdes. Me quedé mirando a mi plato sin saber qué hacer, solamente tenía dos opciones, comer o no comer.

— ¿No tienes apetito? —me preguntó mirándome fijamente.

—La verdad es que lo he perdido, y eso que es mi plato preferido, pero presiento que si como algo va a caerme mal. —le dije mientras lo miraba fijamente a los ojos.

—Bueno no te recomiendo tomar vino entonces si no vas a comer nada. —dijo quitándome la copa de la mano y poniéndola en la encimera nuevamente.

Y ahora que hacía, pensaba que al menos si bebía el vino se me quitaría un poco el nerviosismo que tenía en ese momento. El extendió su mano tomando la mía, haciendo que lo mirara mientras posaba sus grises ojos en los míos. Sentía como si me estuviera examinando internamente, como si de esa forma pudiera ver en mi interior.

—No tienes porque estar nerviosa Anastasia. —dijo mientras me sonreía. —te sentirías más cómoda si enciendo las luces y apago las velas.

—Si puede ser, pero no lo hagas. — le contesté rápidamente. — me gustan las velas encendidas, nunca nadie había hecho esto por mí antes. —le contesté sonrojándome y bajando la cabeza.

Lentamente sentí como su mano se deslizaba por mi mejilla y me levantaba el mentón para mirarlo a los ojos.

—Entonces te tengo una solución mejor, imagina que no hay electricidad y tenemos que alumbrarnos con velas. —contestó sonriendo.

Wau a él se le ocurrían cada cosa.

—Eso es un poco difícil sabes, jamás he visto la ciudad de New York sin electricidad.

—Pues en este momento estamos sin electricidad, acaso vez algún edificio alumbrado. —dijo enarcando una ceja.

Y miré en todas direcciones pero él tenía razón, no veía nada, todas las ventanas estaban cerradas. Prácticamente se podía acabar el mundo afuera y no nos enteraríamos.

—Tienes razón, todo está oscuro. —dije devolviéndole la mirada.

—Ves, no hay electricidad, que tal si comemos entonces esperando que llegue. —dijo mientras yo sonreía.

La verdad que mientras el conversaba conmigo las mariposas poco a poco iban abandonando mi cuerpo. Ya no me sentía tan nerviosa. Además no tenía ningún motivo para estarlo, solamente estábamos cenando. Eso ya lo habíamos hecho antes.

—Creo que comeré algo entonces. — le sonreí y él me sonrió de vuelta mientras me disponía a comer.

La cena se terminó rápidamente y para mi sorpresa había estado exquisita. En algún momento tenía que averiguar cómo sabía que esta era mi comida favorita, pero sería en otra ocasión. Me dispuse a levantarme para recoger los platos y él me detuvo.

—Deja los platos y ven conmigo. —dijo tirando de mi mano rumbo a la azotea. —creo que ya regresó la electricidad. —dijo mientras abría la puerta y salíamos a la terraza.

Y allí estuvimos por no sé qué tiempo mientras él me abrazaba por detrás. Creo que nunca me iba a cansar de esto, la mejor vista de la ciudad. Aunque comparándola con la vista de Christian semidesnudo, creo que la vista de New York se tornaba completamente aburrida. New York no tenía abdominales marcados, piel caliente, ni músculos que se tensaban ante un simple toque. Me estremecí solamente con recordar el cuerpo de Christian desnudo y él lo notó.

— ¿Tienes frío?—preguntó en mi oído haciéndome estremecer aún más.

—No, no tengo frío. — le contesté negando con la cabeza mientras él se apretaba más contra mí y yo me estremecía nuevamente.

—Entremos, está haciendo mucho aire ya. —dijo mientras me conducía dentro del apartamento.

Caminábamos lentamente, el abrazándome por detrás mientras regaba besos por mi cuello, sus manos en mi vientre acariciándome. De pronto me giró y sus labios se apoderaron de los míos. Aún en sus labios había un ligero y delicioso sabor a vino. Sus besos adictivos y tentadores me hacían desear más de él. Nos besábamos mientras caminábamos rumbo a la habitación y al llegar allí se detuvo. Se me quedó mirando y tras sonreír sus manos se dirigieron hacia mi camisa zafando los botones pero no me la quitó, solamente se quedó parado frente a mi mirándome con esa sonrisa ladina en su rostro.

—Eres hermosa Anastasia. —dijo acercándose a mí y besándome nuevamente.

Sus manos se deslizaban lentamente por mi cuerpo hasta llegar a mis jeans y zafar el botón, mientras las mías iban a sus hombros y sacaban su chaqueta dejándola caer al suelo. Zafé su corbata y comencé a zafar su camisa lentamente al igual que lo había hecho él. Y en cuanto estuvo desabrochada mis manos recorrieron su cuerpo desnudo, mientras Christian se estremecía ante mi contacto.

—Me encanta ver como se estremece tu cuerpo ante el toque de mis manos. —le dije mientras el sonreía mordiéndome el labio inferior.

Creo que el vino tenía un efecto de veracidad en mí, me hacía decir cosas que estando sobria jamás en la vida diría.

—Creo que nunca me cansaré de desnudarte. — dijo mientras me empujaba sensualmente hasta que mis pies dieron con la cama.

Besándome me empujó hasta que quedé sentada en la cama. Se arrodilló frente a mí y entonces muy lenta y sensualmente comenzó a sacar mi pantalón mientras besaba mis piernas por el camino. Así lo hizo con ambas piernas, sentía como mi cuerpo se tensaba a cada beso que el daba, mientras una deliciosa sensación de placer iba creciendo cada vez más en mi interior. Cuando terminó de sacar mis jeans, tiré del cuello de su camisa hasta que lo tuve de pie frente a mí y sonriéndome de lado.

—Mi turno. —le dije un poco nerviosa mientras su rostro estaba a escasos centímetros del mío.

—Estás muy ansiosa. —dijo enarcando una ceja.

—Mis manos queman por tocarte nuevamente. —le contesté mientras el continuaba sonriendo.

—Pues tócame. —me dijo tomando mis manos y colocándolas en su pecho.

Mis manos recorrieron cada terso músculo de su cuerpo, gravando esa sensación en mi mente. Deslicé mis manos hasta llegar al pantalón y comenzar a zafar el cinto, pero entonces me detuvo.

—Espera. —dijo mientras se sacaba los zapatos y las medias y volvía a pararse frente a mí. —Ya puedes continuar.

Coloqué mis manos nuevamente en su pantalón y con mucha agilidad saque el cinto tirándolo al suelo. Christian no decía nada simplemente me observaba, tal vez lo había asombrado con mis habilidades. Zafé con mucha destreza su pantalón y entonces hice algo sin pensar, introduje mi mano dentro del pantalón tocando su miembro duro y listo por encima de los bóxers. En cuanto mi mano lo tocó, Christian gruño sensualmente. Me sentía tan poderosa en ese momento que esto me hizo sonreír. Lo acaricié lentamente por encima de los bóxers hasta que él retiró mi mano. Su mirada se quedó fija en la mía, sus ojos ahora más oscuros me hacían derretir por dentro mientras me sonreía y me miraba de esa forma, desarmándome completamente. Lentamente me empujó hasta quedar acostada en la cama. Rápidamente se quitó los pantalones y la camisa y se acostó a mi lado en la cama pasando una pierna por encima de las mías, inmovilizándome.

Y entonces comenzó a besarme desde mi cuello. Lentamente calentando todo mi cuerpo mientras descendía cada vez más. Con mucha destreza sacó mi camisa y el ajustador para después continuar descendiendo por mi cuerpo. En estos momentos solo una pieza de ropa nos separaba de estar ambos desnudos, una sola pieza de ropa y estaría por primera vez completamente desnuda ante alguien.