Capítulo 8: Epidemia

Si había algo de lo que Dib podía estar orgulloso era de su capacidad de observación, gracias a esta habilidad había notado que Zim era un extraterrestre y otros fenómenos paranormales que ocurrían a su alrededor pero también le había causado incontables problemas entre ellos la reputación de haber perdido el juicio.

Ese día había notado que muchos de sus compañeros estaban ausentes, algo que se había repetido en los últimos días con demasiada frecuencia para tratarse de algo normal, algo que nadie más parecía notar. Su mirada se posó en Zim quien aparentaba normalidad pero fallando como siempre, para él era sospechoso. No tenía ninguna prueba de que realmente fuera él quien estaba detrás de todo eso pero planeaba vigilarlo de cerca.

Pensar en ello le hizo reflexionar sobre otro detalle. El irken llevaba mucho tiempo en la Tierra, dos años y sin embargo hasta ese momento no había pedido refuerzos ni había intentado abandonar el planeta, sospechoso, era la única palabra que se le ocurría para describirlo.

Su atención se posó nuevamente en el pizarrón de clases. Entendía todo lo que estaba escrito y sabía que no tendría problemas con el examen por lo que después de tomar unos cuantos apuntes volvió a lo que más le interesaba: su plan de infiltración al laboratorio de Zim.

Las clases terminaron sin ningún contratiempo, aparte de los alumnos faltantes no sucedió nada que pudiera calificarse como extraño. Inmediatamente pasó por Gaz a su salón como hacia todos los días.

Antes de que emprendieran el camino a su casa una limosina les impidió el paso. La puerta se abrió y pudieron ver al chofer de su padre, Gaz estaba sorprendida, el que apartara la mirada de su videojuego era prueba de ello. Aquello era extraño, Toto únicamente se dedicaba al transporte de su padre, especialmente cuando se trataba de los asuntos oficiales del laboratorio.

—Suban pronto, su padre los está esperando.

Ninguno quiso hacer alguna pregunta, ya tendrían tiempo de hacerlo cuando llegaran al laboratorio. Durante el camino Dib se dedicó a observar las calles, estas se encontraban inusualmente vacías.

El día anterior había visto las noticias esperando encontrar respuestas, nada que llamara su atención, chismes de la farándula y una que otra noticia poco relevante. Esa era la razón por la que nunca veía las noticias, más que informar parecían fomentar el nivel de estupidez.

Intentó hablar con Gaz pero rápidamente desistió de la idea, ella estaba demasiado ocupada tratando de obtener la mayor puntuación en su videojuego como para prestarle atención al mundo que la rodeaba.

Nuevamente su mirada se posó en la carretera, las líneas amarillas lo mareaban pero estaba demasiado aburrido como para apartar la vista. Algo llamó su atención, una mujer y un hombre corrían por la carretera.

De los dos era ella quien más llamaba su atención. No era por la ropa desgastada que llevaba ni la palidez extrema de su piel, era la profunda herida de su abdomen. Él tenía un aspecto de lo más normal, algo desalineado y con algunos raspones pero nada de gravedad.

Vio al hombre caer tropezar y caer varias veces antes de que ella finalmente lograra atraparlo. No podía creer lo que había visto, la mujer herida abrió el estomago de su víctima y devoró su interior. Lo último que vio antes de desaparecer fue como el que creía muerto se levantaba y acompañaba al otro, probablemente en busca de una nueva víctima.

"¿De dónde salió ese zombi?" se preguntó Dib pues después de lo que había visto ya tenía claro lo que estaba ocurriendo. Como investigador paranormal y como cualquier persona con sentido común sabía que no era normal en que las personas se devoraran entre sí y menos que la víctima, después de ser el bocadillo principal se uniera en aquella perturbadora cacería.

No tardaron en llegar al laboratorio del profesor Membrana. Inmediatamente fueron dirigidos a los pisos subterráneos. La gran cantidad de puertas por las que pasaron y las claves que fueron digitadas les hicieron saber a ambos hermanos la gravedad del asunto.

— ¿Sabes algo sobre los zombis? —le preguntó a su padre en el momento en que lo vio, sin rodeos, el que su padre lo hubiera llamado era señal de que pasaba algo extraño.

— ¿Zombis? No digas algo tan absurdo, los zombis no existen.

—Vi a un hombre comerse a otro y luego a un muerto caminar como un vivo, solo los zombis hacen algo así, quizás los vampiros pero ellos no salen de día y se alimentan exclusivamente de sangre.

—Mi pobre e insano hijo. La ciencia real puede explicar lo que sucede, es la rabia—respondió el Profesor Membrana—hubieron complicaciones en el laboratorio y un virus ha sido esparcido, hasta ahora los infectados caían en un sueño profundo parecido a la muerte pero en las últimas horas han atacado a todo ser vivo que encuentran a su paso convirtiéndolo en uno de ellos.

—A eso se le llama zombis, no hay otra explicación.

—Lo mejor será que se queden aquí por un tiempo, hay suficientes provisiones para el tiempo en que se controlara este virus—continuó hablando el profesor Membrana ignorando las palabras de su hijo mayor—será algo temporal, en el laboratorio trabajamos en el antídoto.

— ¿Hay videojuegos?

—Toto se encargo de reunir los de la nueva temporada.

—Genial—respondió Gaz, el brillo en sus ojos era lo único que evidenciaba la emoción que sentía.

...

Por varios días Dib permaneció frente a su portátil, se había conectado al satélite del gobierno y tenía una vista panorámica del lugar. A pesar de estar encerrado en ese laboratorio podía ver todo lo que ocurría en la ciudad y eso incluía cómo los zombis devoraban a sus habitantes.

Quería salir de allí y tomar unas muestras. Estaba seguro de que con algunas investigaciones podría encontrar el antídoto. Ya había pasado demasiado tiempo en ese lugar y deseaba salir cuanto antes, quizás para Gaz no hubiera ningún problema, tenía pizza y videojuegos pero él necesitaba hacer lo que un investigador paranormal debía hacer.

— ¿Qué haces? —preguntó Gaz en cuanto lo vio intentar colarse por el sistema de ventilación.

—Salgo por muestras—respondió Dib quien se había quedado atorado—o al menos eso intento.

—No me extraña, con lo cabezón que eres es imposible que salieras por ese lugar.

—No estoy cabezón—respondió Dib sin disimular su molestia pero sin lograr sacar su cabeza de los ductos de ventilación—quizás un poco pero muy poquito.

—Puedo ayudarte a salir—comentó Gaz sin dejar su videojuego—el día en que papá me trajo aquí recibiría un paquete importante, debes traerlo hasta aquí, no puedo irme hasta que derrote a este jefe.

—Trato—respondió Dib quien finalmente había logrado salir de su cautiverio temporal.

—Pero si fallas, desearas convertirte en el alimento de esas cosas.

—Sí, sí, lo que sea—respondió Dib restándole importancia a lo que decía.

Gaz pausó su juego y se dirigió a la mesa detrás de ella. Movió el retrato dando lugar a un escáner de manos. Colocó su mano derecha y una puerta se abrió.

— ¿En serio creíste que papá no dejaría una salida en caso de emergencia?

—Pero ¿Cómo?

—No es la primera vez que vengo.

...

De la ciudad que conocía ya no quedaba nada. Los edificios estaban destruidos, eran pocos los que conservaban un buen estado. Podía apreciar los cadáveres en el lugar, algunos en estado de descomposición antes de levantarse y buscar a algún desafortunado humano al que devorarían.

Usando las escaleras de emergencia en el primer edificio que encontró pudo subir al techo. Los zombis no podían trepar así que estaría seguro de momento.

No tardó en llegar a su casa. La ventaja de vivir en una ciudad es que las casas solían estar conectadas. Abajo podía escucha los gruñidos de aquellas criaturas y a algunas personas ser devoradas, aquello era realmente perturbador.

Esperó a que los zombis se alejaran y bajó de su escondite. Tenía poco tiempo antes de que aquel hombre exhalara sus últimos suspiros de vida y se levantara como un zombi. Tomó la muestra que necesitaba y rompió el cráneo de la víctima, una vez mordido ya no había marcha atrás, lo que hizo era un acto de caridad. Regresó al techo, ya no tenía nada más que hacer.

Continuó caminando, seguía asegurándose de no producir ningún ruido. Era difícil pero sabía que el ruido atraía a los zombis y de momento no deseaba enfrentarse a ninguno.

Llegó a su casa y se dirigió a su cuarto. A excepción de las manchas de sangre y algunas partes que se habían deteriorado, quizás por las masacres que había presenciado. Se dirigió a su cuarto y tomó algunas armas. Gaz no era la única con un sistema de seguridad en su cuarto. Se dirigió al buzón y tomó el paquete del que hablaba su hermana, ese día fue el día en el que apocalipsis zombi se desató.

Observó un autobús abandonado en la cercanía. Aprovechando que la zona se encontraba desalojada y corrió hasta él. Cuando llegó descubrió que no estaba tan abandonado como había pensado en un principio.

—Zim—gritó provocando que el extraterrestre cubriera su boca.

—Callate, Dib- larva—susurró el irken molesto— ¿quieres que nos encuentren?

— ¿Qué haces aquí? —preguntó Dib una vez estuvo libre del agarre de Zim—¿no deberías estar de regreso en tu planeta?

—Lo haría si pudiera pero esas cosas destruyeron mi laboratorio.

El investigador paranormal decidió ignorar a su compañero. Había visto las llaves y estas llamaron su atención, tenía un plan. Cerró las puertas antes de encender el vehículo, temía que el sonido del vehículo atrajera a los muertos vivientes.

— ¿Qué haces? —gritó Zim—esas cosas quieren la dulce sangre de Zim.

—Salvarnos—fue la respuesta de Dib—además se manejar.

En el camino encontraron varios zombis a los que Dib no dudó en atropellar pero cuando encontró a varios vivos para sorpresa del irken frenó y los invitó a pasar.

—Estás demente—comentó Zim a la vez que intentaba sacar a los recién llegados, sin embargo Dib lo detuvo.

—En esta ocasión es mejor tener aliados, si ellos se convierten en zombis podían ser nuestros enemigos.

—No mientas, solo quieres que te vean como a un héroe.

Como Zim no estaba dispuesto a ceder, Dib decidió amarrarlo. Muchos allí lo veían como a un héroe por lo que decidieron ayudarlo en el momento que lo vieron luchar contra el irken a quien consideraban un humano normal.

Debía regresar pronto, había hecho un trato con Gaz y ella debía estar molesta. Pero primero debía llevar a esa gente hasta un refugio. Luego de ello se encargaría de convencer a su padre de dejarlo participar en esa investigación, esperaba que con aquellas muestras fuera suficiente.