Disclaimer: Invasor Zim ni sus personajes me pertenecen. Todos los derechos y personajes son propiedad de Jhonen Vázquez.
Capítulo 10: Conspiraciones
Desde que era niño Dib había visto lo que nadie más podía ver. Sabía que los alienígenas, los fantasmas e incluso pie grande eran reales. Había levantado a los muertos de sus tumbas, luchado contra extraterrestres, salvado a su clase de un horrible destino con un alce, invocado demonios pero en ese momento se consideraba estúpido.
Descubrió una verdad que debería alegrarlo pero no fue así pues lo que eso implicaba era más que la certeza de tener la razón. Una conspiración se había dado frente a él durante todo ese tiempo y él ni enterado.
Muchas veces lo habían llamado loco, demente, incluso en una ocasión en lo internaron en un siquiatra y a pesar de ser un niño ya había estado en la cárcel pero nada de eso lo había afectado de esa manera.
A pesar de que el profesor Membrana era su padre no sabía mucho sobre él. Cuando intentó entrar al estudio de su padre las únicas preguntas que falló eran las referentes a las suya. No sabía nada de su madre, incluso llegó a pensar que él y Gaz eran clones pero aunque seguía ignorando sus orígenes lo que descubrió era algo peor, tanto que prefería ser resultado de un experimento de clonación.
No era que odiara a su hermana o a su padre. Tal vez su familia no podría considerarse como la más funcional y aunque cambiaría algunos detalles no los cambiaría a ellos, era que todo eso le resultaba difícil de asimilar, más cuando su padre lo decía con tanta calma.
Ese día había ido con Gaz a los laboratorios Membrana. Era el día de llevar al padre a la escuela, como el de ellos no podía ir, el nuevo director les había cedido el permiso de grabar uno de sus días laborales.
Hubiera deseado quedarse y desenmascarar a Zim frente a todos pero sabía que él no iría a clases. Ese irken había encontrado la manera de evitarlo. Eso sin contar que era una de las pocas oportunidades en que podrían pasar todo un día con su padre, no podía quedarle mal a Gaz.
Gaz había llevado su Game Slave 3, durante todo el recorrido no despegó su vista de la pantalla, nada fuera de lo normal. Pocas cosas alteraban a su hermana y sin lugar a dudas lo que descubrieron ese día no era una de ellas.
Él llevaba la cámara, micrófonos, una grabadora y varias herramientas que le permitiera obtener todo el material necesario para el trabajo. Gaz no llevaba nada, solo su consola de videojuegos, como en años anteriores sería él quien se encargaría de ambos trabajos.
Al principio no tuvieron ningún problema. Pudieron hacerle algunas preguntas a su padre y observar cómo le hacía unos implantes mecánicos a una ardilla. Esa tarea era una de las pocas ocasiones en las que podían pasar algo de tiempo juntos sin que su padre se encerrara en el laboratorio o les hablara a través de un monitor.
Incluso hicieron una pequeña pausa para ir a comer pizza al lugar favorito de Gaz. Dib notó algo diferente en su hermana, tenía el ceño fruncido, su rostro no mostraba ninguna emoción pero él lo sabía, ella estaba feliz.
—¿Qué clases de ingredientes tiene esta porción de comida? —preguntó el profesor Membrana mientras veía con desconfianza la pizza que les habían servido.
—Cartón, pegamento y algo de queso.
—No suena muy apetitoso —comentó el profesor Membrana dejando la porción de lado.
—El cerdo de la pizza quiere que comas pizza —respondió Gaz mirándolo fijamente.
Contrario a lo que Dib esperaba, su padre sí probó aquella mezcla de cartón, queso y pegamento que llamaban pizza. Él también lo hizo, no era la primera vez que la probaba y de cierta manera se había acostumbrado a su sabor.
—¿Algo que reportar?
—Disecamos una rana —respondió Gaz sin ningún rastro de emoción, aquello provocó una sonrisa en el mayor.
—Mi princesita es toda una científica.
—Seguía parpadeando después de que le sacara sus órganos, incluso cuando le implanté una segunda cabeza.
—¿Qué hay de ti, Dib?
Dib dejó la porción de pizza sobre la caja, no se esperaba esa pregunta de su padre pues la mayoría de las veces que se reunían hablaban poco y era Gaz la que respondía las preguntas de su padre.
—No he sido arrestado —respondió Dib colocando sus manos frente a él como fingiendo inocencia. No había vuelto a la cárcel, era cierto pero poco le había faltado para hacerlo. La última vez que Zim salió de su casa lo persiguió en varias tiendas del mal. Si se salvó fue porque hackeo las cámaras del lugar, desde la última vez que estuvo en la cárcel no deseaba repetir dicha experiencia.
No era mayor de edad, ni siquiera tenía quince años pero ya había ido a prisión en repetidas ocasiones, la mayoría de ellas por culpa de Zim. El extraterrestre era quien ocasionaba los daños pero él quien pagaba los platos rotos. En la minoría de los casos tratando de contactar con un ente paranormal o en situaciones un tanto vergonzosas como la vez que tuvo que entrar a los vestuarios de mujeres mas no lo hizo por ser un pervertido.
Gaz sonrió, probablemente ella sabía de su último incidente pues ella fue la principal responsable. Le dijo que había visto fantasmas en el baño y él le creyó. Podía ser uno de los más inteligentes de la Tierra, Tak lo había reconocido, pero también era muy ingenuo, se creía todas sus mentiras.
Terminaron de comer y se dirigieron al laboratorio de nuevo. El profesor Membrana tenía mucho trabajo pendiente y ellos no habían terminado con la tarea. Se dirigieron a la sala de experimentos biológicos y allí les dio una demostración de su más reciente trabajo.
—Cuando termine de reemplazar las partes dañadas continuaré trabajando con la Súper tostada. Dib, ya es hora de que te intereses por los negocios familiares.
—No puedo dejar a Zim suelto, hay muchos entes paranormales que descubrir.
—Dib, cállate —murmuró Gaz con un tono que no aceptaba replicas.
El profesor Membrana continuó hablando mientras conectaba los cables a las terminaciones nerviosas de la ardilla. Tanto Gaz como Dib prestaban atención a lo que hacía el profesor Membrana, el mayor de los hermanos era el que documentaba el trabajo.
Sin embargo no duró demasiado, hubo una explosión en uno de los laboratorios en el ala oeste y el profesor Membrana tuvo que encargarse personalmente de la situación, no sin antes asegurarle que regresaría para continuar con la entrevista.
Ambos decidieron esperar. Gaz no perdería una oportunidad de compartir con su padre y él no tenía nada mejor que hacer. Zim se había encerrado en su casa, anunciaron una epidemia de gripe y el alien estaba demasiado aterrorizado como para hacer algo. Ocasionalmente lo vigilaba pero no encontraba nada interesante.
—No hagas nada estúpido —le dijo Gaz con expresión amenazante. Dib la ignoró y se acercó a la ardilla en la que minutos antes trabajaba su padre. De todas las veces en las que lo había visto tratar con animales esa era la única que llamaba su atención pero a la vez le incomodaba, era como si en otra vida o línea de tiempo hubieran reemplazado todo su cuerpo por uno robótico.
—Si haces algo extraño necesitaras implantes metálicos como ese animal que tanto ves —agregó Gaz —. Haz algo útil y tráeme una gaseosa.
Su hermano decidió sacar su Game Slave y terminar la partida. Él decidió repasar toda la evidencia que tenía en el celular sobre actividad paranormal, esperaba encontrar algo que sirviera como material para su programa favorito "Misterios Misteriosos".
Dib le llevó una gaseosa. Él tenía sed y aprovechó para llevarla una a su hermana. Los laboratorios de su padre eran muy completos por lo que no fue ningún desafío encontrar una máquina expendedora.
Pasó media hora y el profesor Membrana no había llegado. La batería del videojuego de Gaz se había agotado y ella estaba determinada a conseguir un reemplazo para la misma. Y Dib decidió seguirla. Estaba demasiado aburrido para seguir esperando.
Ambos conocían las instalaciones del lugar pero terminaron tomando un camino completamente diferente. Llegaron a un ala completamente desconocida, esta era diferente a todas las conocidas. A diferencia de las demás habitaciones solo podía encontrarse papeles, varias torres acumuladas.
Gaz se dirigió a uno de los ficheros buscando la batería que necesitaba, Dib decidió leer algunos de los muchos documentos que había en el lugar. En la primera torre no había nada extraño, documentos sobre la Súper tostada, algunos implantes robóticos y experimentos hechos en animales, algo que no aprobaba.
Continuó revisando los documentos. Informes científicos, bitácoras de experimentos y los análisis de la nueva Súper Tostada, nada de lo que estuviera enterado. Era extraño el que tuviera tanto documento en papel dentro de uno de los laboratorios con mayor tecnología.
Gaz encontró una batería pero esta no coincidía con la de su consola. Continuó buscando entre los papeles, leía los papeles que llamaban su atención y seguía buscando, o al menos fingió hacerlo, no quería hacer enojar a su hermana.
Al encontrar una computadora sintió que el orden natural de las cosas regresaba. Se acercó a la misma y comenzó a investigar. La información que estaba contenida en ella estaba protegida, demasiado incluso para tratarse de alguien tan paranoico. Tomó su teléfono y después de varios minutos logró ingresar al sistema, era la primera vez que tardaba tanto en hackear un equipo.
Si hubiera descubierto que era un clon del profesor Membrana hubiera sido sorprendido, lo hubiera podido tolerar pues no conocía a su madre, nunca había visto una fotografía, era como si nunca existiera pero no fue el caso, lo que encontró fue algo completamente diferente.
Si bien cuando hackeo la computadora de Zim le sorprendió el que tuvieran el mismo sistema operativo nunca se había detenido a pensar en lo que eso significaba, en ese momento se arrepentía de ello.
Su padre siempre le decía que todo en lo que creía era mentira, en incontables ocasiones le había dicho que Zim solo era un niño raro y que debería usar toda esa energía que desperdiciaba tratando de probar que Zim era un alien en algo de más provecho, como la ciencia real pero lo que había en ese equipo mostraba lo contrario.
—¿Y esa cara? Le preguntó Gaz —. Te ves más estúpido que de costumbre.
Dib no respondió, se limitó a mostrar la pantalla del monitor. Gaz desconectó el cable del celular y lo conectó a su Game Slave. Eso le sería útil durante algo de tiempo.
—¿Sabes que a papá no le gusta que uses sus cosas para hacer tus estupideces?
—No es mío —fue lo único que respondió.
Debió sospechar de la comida chatarra. Los irken la amaban y en la Tierra se producía a grandes cantidades. Pero toda su información se limitaba a la que llegaba a él, aún con la nave de Tak no había encontrado la manera de salir del planeta.
—Creo que es hora de que sepan la verdad.
Dib y Gaz voltearon al escuchar a su padre. Al estar su rostro cubierto era casi imposible deducir si estaba enojado por lo ocurrido, probablemente así era ya que información ultra clasificada había sido abierta.
—¿Me vas a negar la existencia de vida extraterrestre? —preguntó Dib, estaba demasiado molesto como para pensar en la posibilidad de un castigo.
—No y debía habérselos dicho antes, los dos son muy listos y tarde o temprano lo descubrirían.
Las pistas estuvieron frente a él todo el tiempo. La comida con altas cantidades de azúcar, el sistema operativo. Entre más lo pensaba, más evidente se volvía.
—Puedo vivir con ello —respondió Gaz con aburrimiento.
—Hace años los extraterrestres llegaron a la Tierra, más específicamente los irkens, en ese entonces no había nacido, no pudieron quedarse pues eran demasiadas las condiciones adversas para ellos, planearon destruir el planeta pero mi abuelo logró negociar con su líder, ellos la llamaron la Más Alta Miyuki. Originalmente una vez al año los soldados reunían provisiones para que los visitantes se mantuvieran al margen.
—¿Hablas de Hallowen?
—Sí, ese es el verdadero origen de Hallowen, es un recordatorio de los soldados que detuvieron una guerra inminente entre planetas. Con el tiempo su bisabuelo llegó a un acuerdo con la más alta Miyuki, nosotros les daríamos una gran provisión de dulces a cambio de que se olvidaran de nuestro planeta, quizás hayas encontrado otras pruebas de la existencia alíen en algunos elementos de la vida cotidiana.
—Pero Zim ¿Cómo explicas su presencia? Los más altos Rojo Y Purpura lo enviaron a conquistar este planeta.
—Zim es un estúpido —comentó Gaz quien era la que más calmada estaba —. No conquistaría ningún planeta ni aunque se lo entregaran envuelto en papel de regalo.
—Los dos son solo marionetas de los verdaderos líderes, Los Cerebros. Por eso no les dije nada, querían mantener a Zim alejado y es nuestro deber que así sea. Dib, Gaz, han hecho un buen trabajo manteniéndolo al margen.
Tanto Dib como Gaz estaban sorprendidos por la información descubierta. Ambos sabían que el profesor Membrana estaba involucrado en asuntos de gran importancia pero nunca imaginaron que formara parte de una conspiración tan grande como esa.
Y sin embargo nada cambiaría. Sabrían la verdad pero deberían callar pues de ello dependía la seguridad de todo un planeta. Al día siguiente irían a clases, Dib seguiría arruinando los planes de Zim y Gaz continuaría con sus videojuegos.
Nada cambiaría o al menos eso sería a simple vista… Porque una conspiración como la que descubrieron no era algo que se pudiera ignorar fácilmente. En un mundo donde reina la locura, aquellos que poseen la suficiente cordura para no ser engañados son etiquetados como locos.
Notas autora:
Si llegaste hasta aquí, gracias por leer.
Después de mucho he regresado con este fic. Los capítulos anteriores serán editados para corregir algunos errores como el uso del guión, la historia sigue siendo la misma pero con algunos cambios menores =3
