Este capítulo es clave en la historia, por fin se desvela el motivo de la reunión de todos los atracadores! En serio, este cap es importante y me ha costado un poquito conseguir definirlo, así que espero que me comentéis qué os ha parecido y, si consideráis que se puede mejorar en algo, ¡bienvenido sea!

Empiezo con los saltos en el tiempo, ¡que nadie se me pierda! Intentaré poner un trocito del capítulo que va justo antes para que no nos perdamos. Decidme también qué os parece esto.

¡Gracias por leer!


- Raquel, lo siento, pero no podía hacer otra cosa. -noto como me coge suavemente de la muñeca, solo un toque, que hace que me detenga -. Vamos, por favor, háblame.

- ¿Qué coño quieres que te diga? – le pregunto, mirándole, con los ojos hinchados y la cara llena de lágrimas-. ¿Qué pasa, que quieres morirte? ¿O mejor, pudrirte en una cárcel?

- Todo lo contrario. Nunca he deseado más poder vivir. Libre, a tu lado. – noto cómo se acerca, son sus ojos fijos en los míos-. Nunca he tenido tanto que perder, Raquel, y no me refiero al dinero.

- Entonces, ¿por qué quieres arriesgarte? – intento comprenderlo, pero el riesgo al que se somete es demasiado grande.

- Ya lo hemos hablado -es cierto, ayer me explicó toda su historia con Andrés y cómo era de importante en su vida- Sé que a ti no tengo que explicarte por qué no voy a dejar a mi sobrino solo en el mundo. Su madre se está muriendo. Y también te he contado lo que hizo Andrés por mí cuando yo me quedé solo. No puedo dejar a su hijo a su propia suerte.

- Seguro que tiene más familia y, si no, el Estado se encargará de él...- intento aportar soluciones, intentar evitar la conclusión a la que sé que llegaremos: hay que intervenir.

- Por desgracia para él, no tiene más familia que yo, ya me he asegurado de eso.

- Es verdad, se me olvidaba que tú siempre te aseguras de todo y lo sabes todo acerca de todo el mundo.

- Lo siento, pero voy a ignorar tus comentarios envenenados. – me coge de la mano mientras habla, el mar ruge calmado a nuestro lado y el olor tropical es tan característico que sé que este es uno de los momentos que no olvidaré: el momento en el que se volvió a derrumbar todo- Amor, no voy a dejar que mi sobrino esté dando tumbos entre casas de acogida cuando tiene familia, que soy yo. Y tú, si quieres serlo.

- Sí, tu situación es ideal. Fugitivo de la justicia, en busca y captura por todos los organismos internacionales. ¿Y la idea es presentarte en España a buscar a tu sobrino? ¿O mejor, raptarlo?

- Raquel, ¡no tengo plan! -noto como la desesperación va creciendo en él. Él, que representa el control más absoluto. Gotas de sudor caen por su frente mientras se ajusta las gafas. Sé que hay pocas cosas en el mundo que le hagan perder la paciencia, pero, definitivamente, una de ellas soy yo- ¿No lo ves? Ayúdame. Nos hemos reunido todos para ver qué hacemos.

- Odio las situaciones por las que me haces pasar, Sergio, de verdad. Las odio profundamente -derrotada, comprendo por fin que, efectivamente, Sergio tiene que traer a ese niño. Pienso en mi hija, en que yo no tengo la oportunidad de traerla conmigo.

- ¿Y si fuera Paula?

- Si fuera Paula, ¿qué? -pregunto, a la defensiva, sintiéndome como si pudiera leerme la mente.

- ¿Qué pensarías de todo esto si fuera para traer a Paula con nosotros? Porque puede serlo.

- ¿Ahora me estás sobornando con aprovechar la situación para traer también a Paula? ¿Hacemos 2x1 en secuestro infantil? ¡Maravilloso! -respondo, claramente agobiada, pero, en el fondo, esperanzada con la idea. Tener a mi hija conmigo de nuevo, poder vivir en calma, lejos de todos los peligros.

- Me resulta muy difícil hablar contigo si no dejas de ser irónica.

- Lo siento, pero verme a mí misma planeando otro delito me resulta bastante irónico. -lo digo de verdad, siento mi reacción desmedida, el haberle dejado en evidencia delante de todos- No sé qué pienso de todo esto, Sergio. No te voy a mentir, me gusta la idea de huir contigo y dejarlo todo atrás. Pero es muy arriesgado.

- No te estoy pidiendo que planees nada. Raquel, solo vuelve dentro conmigo y sentémonos con los demás. Necesito hablarlo con ellos porque también les afecta. Solo te pido que escuches. Solo acerca de mi sobrino. Nada más. El resto, lo pensamos tú y yo después. ¿Por favor? -me ofrece su mano, esperando a que tome la decisión.

- Sergio, si te pillan, se acaba todo. Y son muchos y están muy interesados en ello. – le cojo la mano mientras caminamos hacia la casa.

- Pero yo tengo más suerte que ellos. Estoy contigo, y ellos no.

Cuando Sergio y yo entramos en casa, los encontramos a todos perfectamente cómodos y charlando, con una tranquilidad pasmosa, mientras bebían cerveza y comían. No tenía ni idea de dónde habían salido esas cervezas, pero no era lo que más me preocupaba. Me sentía intimidada, ajena a todo aquello.

- ¡Así que es verdad! – gritó de pronto Nairobi, mientras saltaba el sofá por encima del respaldo para sentarse- El profesor y la inspectora son la nueva pareja de moda.

- Profesor, ¿esto es en serio? – siento la mirada de Tokio sobre mí, con desconfianza y cierto instinto protector sobre los suyos.

- Muy en serio, Tokio – le contesta con tono serio pero con cariño, de un modo casi paternal, mientras aprieta mi mano y me mira- Y, ahora, si no os importa, vamos a dejar de hablar de mi vida personal para hablar sobre lo importante.

Denver se acerca a Sergio, alegre, mientras le abraza por los hombros. Instintivamente, retiro mi mano de la suya, para dejarle libertad.

- Ay, profesor, yo sé lo que es enamorarse en el momento menos adecuado -dice mientras siguen abrazados. No reconozco esta faceta tan desenfadada de Sergio. Pero no puedo decir que me disguste, pese a que sigo completamente descolocada.

- Y que lo digas, amigo -se escucha por detrás decir a la que intuyo que es Mónica, o Estocolmo, como había escuchado a Sergio referirse a ella.

- Encantado, soy Denver. No nos habíamos conocido antes – siento como se acerca a mí, abrazándome de una manera tan natural que me hace sentir cómoda.

- Yo soy Raquel – consigo decir, con un hilo de voz.

De repente, todos toman la iniciativa y se van acercando, uno a uno, saludándome y presentándose. Todos excepto Tokio, que sigue sentada en la silla, desafiándome con la mirada. Veo a Sergio a mi lado, riendo, divertido con la situación y con mi cara de póker mientras intercambia muestras de cariño con todos.

- Bueno, presentaciones hechas. Sentaos, por favor. Hay algo más que tengo que compartir con vosotros.

Todos van tomando asiento, algunos en el sofá, otros en sillas que han ido repartiendo por toda la planta baja, que se ve demasiado llena con tanta gente.

- Como he podido hablar con algunos de vosotros: Nairobi, Tokio, Denver -señala con la cabeza a cada uno de sus compañeros mientras sigue relatando, completamente concentrado- Ha surgido un tema importante que debíamos tratar todos juntos. El motivo de que todos nos reunamos hoy aquí es que, sorprendentemente, Berlín tenía un hijo. Un hijo, Miguel, del que ninguno de nosotros sabíamos hasta hace bien poco. El hecho es que su madre está muy enferma y, si no conseguimos sacarle a tiempo del país, este niño va a estar yendo de hogar de acogida en hogar de acogida.

- ¿Y qué tiene eso de malo? Quiero decir, no podemos hacernos cargo de todos los familiares de cada uno de nosotros -apunta Rio, que hasta entonces había estado callado, sentado al lado de su novia.

- El problema es que ese niño sí tiene una familia. Me tiene a mí. Andrés era mi hermano.