Disclaimer: Invasor Zim ni sus personajes me pertenecen. Todos los derechos y personajes son propiedad de Jhonen Vázquez.

Capítulo 11: Mis dulce dieciséis


Después de que las clases terminaran, Gaz se dirigió a su casa, estaba ansiosa por jugar su nuevo videojuego. Lo había comprado cuatro días antes en internet y ese día lo recibiría.

Lo primero que hizo fue dirigirse al refrigerador y tomar una gaseosa. Se dirigió a la alacena y tomó una sopa instantánea. Mientras esperaba a que estuviera lista escuchó a alguien llamar a la puerta.

Solo respondió a la llamada porque pensaba que se trataba de correos pero al ver que estaba equivocada se sintió tentada a cerrar la puerta.

—Deja que me presente, soy FabriccioDelaCourt, organizador de bodas, fiestas de dieciséis años, cumpleaños, graduaciones, funerales.

Gaz cerró la puerta de golpe sin importarle lo que pudiera pensar de ella, no estaba de humor para fiestas. Sin embargo eso cambio cuando apareció una pantalla flotante con el conocido rostro de su padre.

—¿Ya llegó el organizador de fiestas? Dijo que llegaría pronto para la organización de tu cumpleaños.

—Iré a revisar —respondió Gaz antes de abrir la puerta.

Si el organizador de bodas planeaba decirle a su padre no podría decirlo con certeza, parecía más interesado en su trabajo además que acostumbraba esquivarle la mirada.

Cuando Dib llegó ya había anochecido. Llegó cubierto de una sustancia de color verde y con un olor sumamente desagradable. Lo escuchó maldecir a Zim y a sus intentos por conquistar el mundo antes de ingresar al baño.

Ella lo ignoró, en ese momento tenía otro asunto más importante por resolver. El organizador de eventos le había dicho que debía escribir una lista de invitados pero hasta el momento estaba en blanco.

Nunca había sido la persona más sociable del mundo. Con excepción de su padre, odiaba a todo el mundo y trataba de evitarlos lo mayor posible. En el colegio solo hablaba con su hermano y cuando era absolutamente necesario. Muchos le tenían miedo y ciertamente ella lo prefería de ese modo.

Al final optó por invitar a todos sus compañeros de clases. Solo necesitaba ofrecerles buena comida y música para que se presentaran sin oponerse. Eran tan patéticos y tan manipulables.

El día siguiente el organizador regresó, demasiado temprano para su gusto. Le mostró la lista y lo observó fruncir el ceño, alegó que eran demasiadas pocas personas y optó por invitar a todos en la ciudad, sin excepción.

Tuvo que repetirse varias veces que solo lo hacía por su padre para detenerse y no convertir a ese hombre en cenizas. No había hecho planes sobre lo que esperaba para su cumpleaños pero ciertamente ese hombre se estaba encargando de hacer todo lo opuesto a lo que le hubiera gustado.

La pantalla de su padre apareció. El científico se mostraba sonriente y eso logró tranquilizarla. Era la primera vez que se dejaba ver en un lapso tan corto.

—No te olvides de practicar algunos pasos de baile, iniciaremos la fiesta con el tradicional vals de padre e hija.

—El vals es al final —comentó Fabriccio notablemente molesto.

—Tendrá que ser diferente, no cuento con mucho tiempo, el mundo me necesita.

Aquello hizo que Gaz experimentara un sentimiento cercano a la felicidad. No era solo el ver como de cierta manera había humillado a Fabriccio sino el que su padre realmente estaba dispuesto a participar en toda esa locura, aunque fuera por unos minutos ella sería su prioridad.

—En ese caso mañana comenzaremos a ensayar el vals.

—Imposible, mañana aplicaremos nano-bots en las marionetas, como comprenderá es un asunto de suma importancia.

—Entiendo, pero en ese caso deberemos buscar aun reemplazo.

—Yo me encargo de eso.

Después de pronunciadas esas palabras la pantalla con el rostro de su padre desapareció para reaparecer minutos después con Dib atado a una pinza robótica. Si esto no era suficientemente vergonzoso debía sumar el hecho de que no usaba camisa y aún tenía el cabello mojado, lo habían sacado del baño antes de que terminara de vestirse, lo bueno, ya no apestaba.

—¿De dónde salió tan encantador jovencito? —comentó Fabriccio con un tono de voz que a Gazle pareció coqueto.

—Es Dib, mi hijo mayor, él te ayudará.

—¿Qué? — respondió Dib notablemente incómodo.

—Me parece perfecto.

—¿Alguien me puede explicar qué demonios sucede aquí? —preguntóDib exasperado poco antes de liberarse del agarre de su padre —¿acaso no podían esperar a que terminara de vestirme?

—No —respondió el organizador de fiestas.

—Pronto será el cumpleaños de tu hermana y ella necesita ensayar su vals.

—Pero debo detener a Zim, últimamente ha estado más activo de lo normal.

—Dib, muchas veces te he dejado seguir con ese tonto juego pero esta vez tendrá que esperar, tu hermana cumplirá dieciséis años y deberás ayudarla a ensayar su vals —le dijo el profesor Membrana en un tono de voz tan serio que no aceptaba un no por respuesta.

—Comencemos ahora, observa cómo se hace jovencita.

El organizador se acercó a Dib y trató de tomarlo de la mano, lo hubiera logrado de no ser por los reflejos del adolescente que lo derribaron al instante. Cuando la mirada de su padre se posó en él se justificó diciendo que lo habían tomado por sorpresa. En todos esos años no había dejado su obsesión por lo paranormal, al contrario, se había vuelto más paranoico con el paso del tiempo.

Contrario a lo que Gaz esperaba, el organizador no estaba molesto, al contrario, parecía sonreír. Se pudo de pie mientras murmuraba algunas palabras que no logró entender, le parecía tan raro y no era solo por su extravagante ropa o su colorido cabello rosa.

A pesar de que Dib cumplió ayudándola a ensayar el vals solía desaparecerse a mitad de los ensayos alegando que Zim estaba haciendo de las suyas aunque sospechaba que tenía relación con Fabriccio, él solía actuar extraño cuando su hermano estaba cerca.

Gaz se encontraba en el salón de belleza, nunca había sido coqueta y ciertamente no empezaría a hacerlo pero ese día era especial, cumplía dieciséis años. En unas horas iniciaría su fiesta de cumpleaños y su padre le había prometido acompañarla en el vals.

Su padre había contratado a uno de los mejores organizadores de fiestas y para la comida el servicio de su pizzería favorita. Si bien no pudo estar presente en el proceso de preparación de la fiesta había procurado que le entregaran un informe de lo que se hacía y deshacía.

—Será difícil trabajar con este cabello tan corto —comentó el estilista de mal humor mientras tiraba de los mechones de su cabello —. Traigan las extensiones.

Esa fue la cuarta vez que Gaz sintió el deseo de asesinar al estilista. Solo se contenía por tratarse de una situación especial, quería verse bonita para el momento en que bailara el vals con su padre.

No entendía por qué las mujeres hacían eso tan seguido. Las extensiones eran dolorosas, las uñas postizas incómodas, el maquillaje le daba alergia y la depilación era tortura.

Los masajes no eran malos, la ayudaron a olvidar la tortura que experimentó minutos antes pero no era algo que diría en voz alta.

Al principio no la dejaron usar el vestido que quería. El organizador de fiestas quería uno rosa chillón y ella uno morado. Al final usó el que ella eligió ya que el otro "accidentalmente" terminó devorado por termitas.

No cedió en la música. El organizador de fiestas quería llevar a uno de esos cantantes de momento pero ella los odiaba. Le provocó un temor tan grande que a partir de ese momento no volvió a tomar decisiones si antes consultárselas primero.

El vals no le preocupaba, semanas antes había tomado clases. Como su padre no podía dejar el laboratorio le había delegado esa tarea a su principio tuvieron problemas de coordinación, cuando ella no le estaba pisando los talones era él quien lo hacía.

Lo amenazó en repetidas ocasiones, y lo golpeó más veces, no estaba dispuesta a permitir las torpezas de su hermano.

Pocos días antes lograron coordinarse y sincronizar sus pasos. Solo era cuestión de relajarse un poco y dejarse llevar por el sonido de aquel vals. Un día antes los ensayos se detuvieron por completo.

Cuando terminó de vestirse se dirigió a la salida pero el organizador de fiestas la detuvo. Le dedicó una de esas miradas amenazantes que hacían a cualquiera temblar como gelatina. Entre tartamudeos le dijo que había una carrosa esperando por ella.

Subió al vehículo y comenzó a jugar uno de los videojuegos que le habían regalado para su cumpleaños. En teoría debería esperar a que terminará la fiesta antes de abrirlo pero era un videojuego y ella llevada varias horas sin tocar uno.

De las nueve noches que conformaba el videojuego ya había terminado cinco y el final no se veía cerca. Le habían dicho que era de terror pero apartando a los monstruos que seguían a su personaje, matar a corderos le parecía sumamente divertido.

Llegaron al lugar del evento y puso el juego en pausa, lo pondría a cargar mientras duraba la fiesta, esperaba que terminara pronto. Escuchó la música de fondo, las palomas volaron en torno a ella pero no vio a su padre.

Varias miradas se posaron sobre ella y lo odiaba No le importaba lo que pensaran los demás pero el saberse el centro de atención de esas miradas mal intencionadas, el que la vieran sola en su gran día.

Pero lo que más le molestaba era el que su padre no se presentara. Por un momento creyó que sería su prioridad pero nuevamente le había fallado.

Pasados unos minutos fue Dib quien salió a recibirla, no tenía buenas noticias como había esperado.

—Hubo una explosión en el laboratorio, papá no podrá venir. Sé que no es lo mismo pero como tu hermano haré de tu cumpleaños algo inolvidable.

—Eso no cambia nada —le dijo antes de tomar su mano.

Pelear, discutir, compartir, apoyarse en los momentos difíciles, decir lo que nadie más se anima a decir, cosas de hermanos. Quizás no eran una familia normal pero se tenían mutuamente y eso era suficiente.


Notas autora:

El juego al que hace referencia Gaz es Catherine.

Pido disculpas por el atraso en la actualización. Gracias por leer.