SI QUIEREN LEERLA EN INGLÉS BUSQUENLA POR EL MISMO SEUDÓNIMO POR EL NOMBRE DE "TWIST OF FATE"
—A mi jefe no le va a gustar que llegue tarde. —Christian me miró entrecerrando los ojos mientras levemente sonreía.
Subíamos lentamente las escaleras de la entrada del museo. Nos habíamos demorado más de lo que debíamos en el almuerzo. Había sido tan agradable y entretenido que el tiempo pasó rápidamente sin darnos cuenta. Miré mi reloj nuevamente como si así fuera a evitar que las manecillas caminaran. Era la 1:10 pm y ambos entrábamos juntos al museo. No sabía cómo enfocar la pregunta que quería hacerle desde hacía unos minutos.
—Me dirás que te sucede, todavía no se leer mentes sabes. —su comentario me hizo sonreír.
— ¿Que harás con respecto a mi llegada tarde?—le dije mientras nos deteníamos frente a las puertas del ascensor y Christian presionaba el botón de llamar.
—Nos encontramos en la entrada y yo te pedí que fueras directo a mi oficina. —dijo sonriendo mientras las puertas del ascensor se abrían y ambos entrábamos.
—Entonces tengo que ir a tu oficina para que me regañes por llegar tarde del almuerzo. —le dije enarcando una ceja mientras las puertas se cerraban rápidamente.
Christian presionó el botón del sótano y se giró hacia mí sonriendo de la forma que hacía que yo me derritiera completamente. Se acercó a mí y me dio un rápido y sensual beso en los labios y se separó apenas unos centímetros de mí sonriendo.
—Bien, ahora voy a entrar muy serio. — dijo cambiando completamente su rostro antes sexy y sonriente por uno frío y muy serio.
En ese momento las puertas del ascensor se abrieron y Christian salió caminando rumbo a su oficina con paso firme. Yo intenté hacer lo mismo que él y cambiar mi cara a una de estoy metida en un gran lío. Caminé hacia mí puesto de trabajo y al parecer funcionó la cara que llevaba puesta porque Mia se acercó a mí rápidamente y con cara de preocupación.
— ¿Qué te sucedió? ¿Por qué llegas tarde?— me preguntó Mia preocupada.
—Me cogió un poco tarde almorzando y cuando estaba subiendo los escalones de la entrada me lo encontré. —le dije fingiendo lo mejor que pude.
— ¿Y qué te dijo?—preguntó nuevamente mientras miraba brevemente hacia la oficina de Christian donde las ventanas se encontraban cerradas.
—Que fuera hacia su oficina. —le dije poniendo cara de angustia.
—Buena suerte. —me dijo Mia mientras yo caminaba rumbo a la oficina de Christian.
—Gracias. —le dije antes de tocar a la puerta y entrar.
Me quedé recostada a la puerta mirándolo fijamente, se encontraba detrás de su escritorio sentado en su silla mirándome fijamente. Se había sacado la americana y se había recogido la camisa a la altura de los codos.
—Cierra la puerta por favor. —dijo mientras yo lo obedecía rápidamente y cerraba la puerta detrás de mí.
Pero aún no me atrevía a moverme de donde estaba. Estaba nerviosa y no sabía cuál era el motivo, en realidad él no me iba a regañar. Pero por más que quería no podía evitar que mi respiración se acelerara haciendo que mi corazón golpeara fuertemente en mi pecho. No encontraba palabras para hablar, y cuando lo hice estas salieron casi susurradas de mis labios.
—Y bien, me vas a regañar. —le dije unos minutos después de solamente ambos mirarnos fijamente.
El me miraba sonriendo, con los brazos cruzados sobre su pecho, los dos botones superiores de la camisa abiertos.
—No. —dijo mientras se levantaba de su silla y caminaba hacia mí.
A cada paso mi respiración se aceleraba un poco más y pude sentir como el respiraba pesadamente también cuando su rostro se encontró a unos centímetros del mío.
—Más bien te voy a castigar. —dijo mientras deslizaba su nariz por mi cuello. —O torturar si así lo prefieres. —dijo deslizando su lengua por mi cuello, saboreándome.
—Creo que me quedo con el castigo. —le dije con la respiración entrecortada.
—Buena elección. —dijo mientras se apretaba contra mi dejándome sentir lo excitado que estaba en esos momentos.
—Y en qué consiste el castigo, tengo que hacer horas extras. —le dije mientras él sonreía contra mi cuello.
—No nada de eso, es muy sencillo. —dijo parándose frente a mí muy serio mirándome fijamente. —Solo tienes que darme un beso. —dijo con sus labios a escasos centímetros de los míos.
—Y si no quiero. —le dije mirándolo fijamente a los ojos. Desafiándolo.
— ¿Vas a desafiarme?—me dijo burlón alzando una ceja.
— ¿Y si lo hiciera?—le dije mordiendo ligeramente mi labio inferior mientras él me miraba con una leve sonrisa en sus labios.
—No creo que te atrevas a hacerlo. —contestó con mucha confianza.
— ¿Porque lo dices?—le pregunté mientras una de sus manos acariciaba mi rostro suavemente.
En ese momento la confianza y seguridad que tenía un minuto antes cuando lo había desafiado a no besarlo estaba flaqueando mientras él enviaba con sus caricias cientos de descargas eléctricas por mi piel.
—Porque siempre puedo obligarte. —dijo tomando mi rostro entre sus manos. Me miró fijamente por unos escasos segundos y juntó sus labios con los míos para besarme ferozmente.
No sabía si era el hecho de que estábamos en su oficina o el aroma a gel de baño y menta que me había embriagado desde esta mañana, pero sentía todo más intenso, más excitante. Christian me besaba introduciendo su lengua en mi boca mientras con sus manos me apretaba por la cintura.
—No me canso de saborear tu piel. —dijo mientras bajaba dando besos por mi cuello hasta llegar al primer botón de mi camisa.
Alzó los ojos hacia mí pidiendo permiso de esta forma para continuar o detenerse. Pero en esos momentos no lo podía detener. En esos momentos la sangre hervía en mis venas y mi piel estaba sobrecalentada por sus roces y sus caricias. En esos momentos lo que más necesitaba era enfriar mi cuerpo sediento de su calor. Y solo conocía dos formas de hacerlo, con una relajante ducha o sexo desenfrenado aquí en su oficina. Y la primera, en esos momentos, ni aunque tuviera la ducha, era una opción.
Nos besábamos desesperadamente mientras caminábamos sin rumbo en su oficina. Sus manos rápidamente zafaron mi camisa y yo hice lo mismo con la suya quedando él en camiseta y yo en sujetador. Christian puso ambas en el respaldo de la butaca para que no se arrugaran. Desabotonó rápidamente su jean y yo hice lo mismo con el mío. Vino sobre mí y me acorraló contra una pared de la oficina mientras continuaba besándome salvajemente. Enredé mis manos en su cuello y su cabello y en un rápido movimiento me cargó por las nalgas sin dejar de besarme y caminó conmigo hasta acostarme en el sofá. Se acostó sobre mí y mientras sus manos recorrían mi cuerpo lentamente sus labios se deslizaban una vez más por mi cuerpo caliente y excitado. Cuando llegó a mis jeans los bajó solo un poco y junto a ellos las bragas. Se separó de mí solo lo suficiente para bajar un poco los de él, los bóxers y ponerse rápidamente un preservativo. Se acercó nuevamente a mí, ahora sus labios a centímetros de los míos, apenas rozándome, su respiración tan acelerada como la mía.
—No nos podemos demorar mucho, ya nos hemos demorado bastante. —me dijo acariciando mi rostro.
—De acuerdo. —le contesté con la respiración entrecortada.
Christian entró en mí de una sola envestida y no pude evitar que un gemido involuntario escapara de mis labios cuando lo sentí completamente dentro de mí invadiéndome fuertemente.
—Shhh. —no querrás que nos escuchen verdad. —me dijo sonriendo mientras salía y volvía a entrar en mí haciéndome gemir nuevamente.
—No lo puedo evitar. —le dije entre gemidos con mi respiración acelerada.
—Pues vamos a ver si podemos hacer algo. —dijo con su respiración entrecortada mientras juntaba sus labios con los míos callando así de esa forma los gemidos involuntarios que se nos escapaban a ambos.
Christian entraba y salía de mí mientras mis gemidos eran atrapados por sus labios que me besaban fervientemente. Mi liberación estaba cerca, podía sentirla. Podía sentir como todo mi cuerpo iba convulsionando poco a poco, como todas mis barreras caían y me dejaba arrastrar por esa deliciosa sensación cada vez más familiar. Todo mi cuerpo se estremecía mientras el continuaba envistiendo una y otra vez. Mis paredes se apretaban cada vez más alrededor de su miembro hasta hacerme explotar en un intenso orgasmo gimiendo su nombre contra sus labios. Y en ese momento Christian se derrumbó sobre mí, gimiendo contra mis labios y descansando su cabeza contra mi cuello.
Podía sentir los latidos desenfrenados de su corazón golpeando en su pecho mientras se encontraba recostado sobre mí completamente inmóvil. Nos quedamos así por un rato hasta que nuestras respiraciones comenzaron a normalizarse y Christian se separó un poco de mí. Se me quedó mirando fijamente a los ojos mientras se apoyaba en sus brazos a ambos lados del sofá. En esos momentos su mirada era muy intensa y sus ojos tenían un brillo malicioso.
—Vas a tener que llegar tarde del almuerzo más seguido. —me dijo haciéndome reír, solo a él se le podía ocurrir algo así.
Aún no puedo creer que hayamos tenido sexo en su oficina, ahora me parecía tan vergonzoso. Nunca había hecho esto en mi vida. Podía sentir mis mejillas arder. Pero en realidad no me arrepentía de nada. Había sido una experiencia nueva y excitante.
Se separó saliendo de mí y se sentó en el borde del sofá mientras continuaba mirándome con una sexy y deslumbrante sonrisa en sus labios. Me subí mis bragas y los jeans y me senté a su lado en el sofá. Por un momento lo miré pensativa y entrecerrando los ojos y después le contesté.
—Veremos qué puedo hacer. —le contesté sonriendo mientras me levantaba del sofá para acomodar bien mi ropa y abrochar mis jeans.
—Será mejor vestirnos entonces, creo que ya te he regañado suficiente por el momento. —dijo mientras se levantaba del sofá.
Se sacó el preservativo le hizo un nudo y después de subirse los bóxers y los jeans lo metió en un bolsillo del pantalón. Fui hacia la butaca y cogí mi camisa para ponérmela. Cuando estaba punto de abotonarla Christian me detuvo.
—Déjame hacerlo a mí. —pidió mientras sus manos iban hacia los botones de mi camisa.
Mientras lo hacía él sonreía levemente, era como si estuviera planeando o pensando algo perverso.
— ¿Qué estás pensando?—le dije mientras el continuaba abotonando lentamente mi camisa.
—Debería estar desabrochándola no lo contrario. —dijo mientras terminaba con el último botón y buscaba la de él.
—Ya tendrás tiempo de hacerlo en la noche. —le dije mientras el abrochaba su camisa y yo acomodaba un poco mi ropa y mi cabello que imaginaba estaba hecho un desastre.
—Creo que vas a tener un problema cuando salgas. —me dijo acercándose a mi sonriendo.
— ¿Por qué lo dices?—le pregunté frunciendo el ceño.
—Porque tienes el clásico look de acabada de follar. —me dijo riendo.
— ¡Eh!
—Pelo medio ondulado y revuelto. —dijo acariciándome el cabello. — piel caliente. —dijo deslizando sus labios por mi cuello. —y mejilla sonrosadas. —dijo mientras deslizaba la mano lentamente por mi rostro haciendo que me ruborizara aún más.
—Es tu culpa. —le dije mientras me separaba de él tratando de acomodar mi pelo que sabía iba a ser imposible.
—Lo admito, pero que dirás cuando te vean así ahora. —dijo mientras se dirigía hacia su silla y se sentaba.
—Que el regaño fue fuerte, las mejillas son solo un síntoma de que estoy apenada y el pelo creo que ya hice algo por él. —le contesté sonriendo mientras me encaminaba hacia la puerta.
—Sí pero hay una diferencia. —me dijo cuando llegaba a la puerta.
— ¿Cuál es?—pregunté con curiosidad.
—Que imagino que pasarás la tarde ruborizada recordando lo sucedido aquí en la oficina cada vez que mires hacia aquí. —me dijo con una deslumbrante sonrisa en su rostro y en ese momento abrí la puerta y salí.
