Capítulo 13: Larga vida a la reina
Por muchos años Dib trató de proteger a la Tierra pero eso solo le trajo sufrimiento. Fue ridiculizado en innumerables ocasiones por ver lo que nadie más podía ver y etiquetado como un demente por defender lo que creía. En su cuerpo se encontraban las marcas de años de sufrimiento, cicatrices provocadas por deslices al tratar de obtener información o de personas que lo atacaban al no entender lo que hacía o mal interpretar la situación, estas últimas era las que tenía en mayor cantidad.
A Dib eso le afectaba. Deseaba ser un héroe, que la gente supiera que decía la verdad y era él quien tenía la razón. Pero lo que más deseaba era que su padre y Gaz lo notaran y que lo miraran con cariño. A Dib no le gustaba estar solo y sin embargo eso era todo lo que conocía. No se rindió, luchó hasta el final esperando que eso algún día cambiara.
Y sin embargo fracasó.
El Presidente Humano fue derrocado. Miles de personas vieron como fue asesinado frente a las cámaras. El mundo presenció como la cabeza del Presidente Humano fue separada de su cuerpo y rodó desaparecer de la pantalla. Miles de personas fueron testigos del momento en que el mundo fue conquistado pero nadie pudo evitarlo.
No fue Zim como temió durante varios años. Tampoco fue uno de los entes paranormales que desde pequeño había investigado. Fue una humana aunque la maldad en su interior podría compararse con la de un demonio y que era tan aterradora como uno.
Fue Gaz.
Y él nunca lo vio venir.
Sabía que podía hacer aterradora. Dib había visto a Gaz enojada en muchas ocasiones, más veces de las que la había visto feliz y esto último solo era causado por su padre, por la pizza o los videojuegos. Dib había crecido junto a Gaz, era su hermana pero en ese momento sentía que nunca llegó a conocerla.
A pesar de que no le era difícil creer en la existencia de Pie Grande o de los extraterrestres no podía creer lo que Gaz había hecho. Le era imposible reconocer a la mujer frente a él, creer que ella era su tierna e inocente hermanita pero la evidencia estaba frente a él y Gaz no tenía problema en admitir lo que había hecho. No tenía sentido que se negara, había logrado lo que otros intentaron tiempo atrás, conquistar el mundo.
Gaz no usó un ejército, solo contó con su astucia. Logró infiltrarse en la Casa Presidencial, nadie sospecharía de una niña. Dib pensó que él debió sospechar que Gaz planeaba algo, salió de la casa con un uniforme de niña exploradora y Gaz odiaba a las niñas exploradoras, incluso las había llamado estúpidas. De haberlo hecho habría tenido una oportunidad de evitar lo que ocurrió pero prefirió vigilar a Zim y detener un plan que estaba destinado a fracasar, interviniera o no.
G.I.R le había dicho lo que Zim planeaba cuando le ofreció un taco. En cuando supo de sus planes se dirigió al centro comercial convencido de que debía detenerlo. Evitar que liberara a las cucarachas en el Centro Comercial era su prioridad en ese momento y algo que consideraba de vital importancia.
Dib lo había encontrado antes de que Zim cumpliera con su objetivo. Aprovechó el factor sorpresa para atacarlo por la espalda. Una patada bastó para hacer que soltara la caja pero no pudo tomarla pues Zim le había devuelto el ataque cuando se encontraba a pocos centímetros de las cucarachas.
Ambos forcejearon durante varios minutos, olvidándose de la caja de cucarachas que se encontraba a pocos centímetros. Ambos querían hacerse el mayor daño posible. Únicamente se detuvieron cuando un fuerte grito los distrajo. Había muchas personas en el centro comercial pero la mayoría solo le prestaban atención a la pantalla que se encontraba en el centro de la zona comedor.
La cabeza del Presidente Humano se encontraba rodando en el suelo.
—Ahora soy yo la que manda aquí —fueron las palabras que Gaz dijo en el momento en que se paró delante de la cámara. En su rostro se encontraba su acostumbrada expresión fría pero había algo en ella que la hacía aún más amenazante. No era solo la sangre que la cubría, era algo más que no podía describir.
—¡Apestosa hermana del Dib-gusano! —se quejó Zim mientras agitaba su mano frente a él como si Gaz pudiera escucharlo —. ¡Disfruta de tu victoria mientras puedas porque muy pronto este planeta será de los más Altos! ¡Zim ganará! ¡Zim vencerá!
Zim se marchó, probablemente a planear alguna estrategia que le permitiera obtener el dominio mundial. Quizás, por primera vez, a Dib no le importó lo que hiciera su némesis. En ese momento solo quería entender cuándo fue que su hermana menor se propuso conquistar el mundo y por qué no lo había notado. Mentalmente se reprochó por no haberle dedicado más tiempo.
Sin querer creer que lo que había visto fuera real se dirigió a la Casa Presidencial. Las imágenes en el televisor habían sido claras pero no podía creer en eso hasta que lo pudiera comprobar por sí mismo. A su alrededor nadie parecía notar lo que había ocurrido, todos actuaban como si nada pasara, mientras no los afectara directamente podrían ignorarlo sin sentir el menor remordimiento.
Entrar a la Casa Presidencial fue difícil. No había muchas personas tratando de entrar, incluso los encargados de seguridad parecían aceptar con naturalidad el que una niña tomara el control total y ese era precisamente el problema, Gaz había dejado órdenes claras para impedirle la entrada.
Utilizó las tuberías. No era algo de lo que estaba orgulloso pero tenía experiencia adentrándose en lugares donde no era permitido, los cuáles eran mucho más de lo que le gustaría admitir. Contar con un mapa le hubiera sido de mucha ayuda pero solo contaba con su instinto.
Encontró a Gaz sentada en el escritorio que perteneció al Presidente Humano. Las cámaras de video se encontraban frente a ella y por la manera en que hablaba supo que se estaba dirigiendo a todos los habitantes de la Tierra. Incluso tenía una corona en la cabeza, un rápido vistazo bastó para comprobar que eso no había sido idea suya.
A pesar de que Dib no estaba de acuerdo con lo que Gaz había hecho debía admitir que estaba sorprendido. No solo había logrado tomar el control del lugar, en poco tiempo había conseguido la aprobación de todos los trabajadores de la Casa Presidencial y sabía que era cuestión de tiempo para que Gaz fuera considerada una reina, tal y como ella se había proclamado.
Espero a que Gaz estuviera sola antes de salir de su escondite. No era porque temiera la forma en que tomaran su oposición, eso nunca lo había detenido. Quería hablar seriamente con ella y no quería ser interrumpido.
No resultó como esperaba.
Gaz lo estaba esperando. O al menos eso fue lo que le pareció. Las emociones que su hermana mostraba solían ser limitadas.
—¿Crees que papá lo aprobaría? —le preguntó Dib en un intento por hacerla reaccionar.
—Él ya lo sabe y está de acuerdo —le dijo Gaz, su rostro permanecía libre de emociones —. Dice que este mundo necesita una reforma y apreciar más la ciencia real.
Dib no agregó nada, eso sonaba como algo que el profesor Membrana diría. Todos sus intentos fracasaron, su hermana estaba determinada a mantenerse como la reina. A pesar de que su rostro mostraba pocas emociones, una pequeña sonrisa en su rostro delataba lo mucho que disfrutaba el poder adquirido.
—Larga vida a la reina —fueron las últimas palabras que Dib escuchó de Gaz.
