Capítulo 15: El demonio vino a la ciudad
Cuando Dib encontró aquel diario creyó que era lo mejor que había pasado en su vida. No era solo la información que se encontraba contenida en su interior lo era también el hecho de que alguien a parte de él se había dedicado a recopilar información sobre el mundo paranormal. Dib deseó poder conocer al autor o a la autora de dicho diario, ansioso de poder intercambiar información y ayudarse mutuamente con las exploraciones.
Lo que más llamaba su atención era la sección de hechizos. No era la primera vez que se relacionaba con magia, la última vez que lo había hecho terminó haciendo que todo lo que Gaz probara tuviera sabor a cerdo, no había terminado bien. Los hechizos de ese libro no necesitaban de espacio de memoria, podía emplearlos mediante el dibujo de runas antiguas.
Hubiera continuado con su investigación de no ser por la llegada de Gaz. Lo primero que notó fue su rostro más serio de lo normal y la lata de soda en su mano. No recordaba haberse tomado una en los últimos días por lo que consideraba poco probable que ese fuera el motivo por el que su hermana se encontraba en su habitación.
—Toma tu computadora y sal en cinco minutos, tenemos una misión que cumplir.
—¿Qué planeas, Gaz?
—Entrar a Murkoff. La próxima semana sacaran un videojuego pero debo tenerlo ahora.
—¿Por qué? ¿Es alguna clase de experimento de control mental?
—Es necesario que tenga en mis manos ese videojuego cuanto antes.
Dib se apresuró en guardar dentro de su mochila varias cosas que creía, podrían llegar a servirle, incluyendo el libro que segundos antes estaba consultando. No comprendía gran parte del mismo y había nombres que ni siquiera era capaz de pronunciar pero los conjuros escritos allí parecían ser algo que necesitaría en su misión.
Cuando salió de su casa, lo primero que Dib vio fue un taxi. Por la forma en que le hablaba a Gaz, sospechó que su hermana lo había llamado antes de contarle a él acerca de sus planes. Se sentó al lado de su hermana, en la parte de atrás. El viaje duró más de una hora pero ninguno dijo una palabra durante el recorrido.
En cuanto llegaron a las instalaciones de Murkoff, Gaz le indicó a Dib con un gesto que debía pagar el taxi. Bajó del vehículo con rapidez y antes de que Dib pudiera decir algo se encontraba en la recepción de la empresa. Cuando Dib logró alcanzarla estaba hablando con la secretaria. No supo qué le dijo pero sí que los dejó entrar a ambos sin poner ningún tipo de resistencia.
No hizo ninguna pregunta. Pocas veces realizaba una investigación con Gaz y el que su hermana fuera quien lo buscara hacía que resultara más emocionante. Tomó el gafete que la secretaria le ofreció y siguió a su hermana. Grande fue su sorpresa cuando la vio quitarle su gafete y ponérselo, junto al de ella a uno de los muñecos que tenía en su habitación.
—El presidente de la compañía está dando un discurso con los empleados, debes asegurarte que ninguno salga de la sala de actos hasta que pueda conseguir uno de los ejemplares del nuevo videojuego. Arruínalo y date por muerto.
Sin esperar a que Dib respondiera o darle alguna instrucción, Gaz se introdujo en una de las tuberías. Ninguno de sus pasos resultó audible.
Para Dib encontrar el lugar en donde se encontraban los trabajadores no fue especialmente complicado. Pero eso le dio un mal presentimiento. No porque creyera que Gaz le había mentido sino porque la seguridad era más baja. Dib había creído que tratándose de una empresa más grande, infiltrarse en la red de la misma sería mucho más complicado.
Al escuchar unos pasos, se escondió de inmediato. No tenía su gafete y dudaba que pudiera ayudarle en algo. Se había alejado demasiado de la zona de turistas y se estaba adentrando cada vez más en áreas exclusivas para los empleados. En cuanto se alejaron, sacó una cámara de video de su mochila, quería documentar todo lo que pudiera ocurrir en ese lugar, varias teorías en internet decían que tenían al fundador congelado, esperando a que pudiera descubrirse una cura para su enfermedad. Dib no confiaba totalmente en esa teoría pues sabía que su padre había descubierto dicha cura, pero tampoco la descartaba del todo pues creía que Murkoff estaba involucrada en negocios oscuros.
En cuanto estuvo seguro de que no había nadie cerca de su escondite, Dib salió de su escondite y usando su computadora portátil se encargó de bloquear la entrada. También hackeó las cámaras de seguridad para poder observar lo que hacían, convencido de que esa acción no sería suficiente para asegurarse que los trabajadores de la empresa se quedaran en esa habitación durante el tiempo en que Gaz se encargaba de obtener el videojuego que los había llevado a ambos hasta ese lugar.
Reemplazó las dispositivas con información de la empresa que debían estar observando con videos de animales tiernos jugando. Dib no había visto ninguno de los videos que le mostró al personal de la empresa pues todos ellos los había elegido basado en la popularidad que tenían en internet, siendo los gatos los protagonistas de la mayoría.
Si a alguien le pareció extraño el cambio en la agenda de la reunión, nadie dijo nada. Dib no necesitaba observarlos a través de la cámara para saber que su estrategia funcionó. Podría haber colocado audio en uno de esos videos ordenándoles que se asesinaran mutuamente y sabía que obedecerían sin siquiera oponer resistencia.
Los pasos nuevamente se escucharon pero en esa ocasión, Dib tuvo la certeza de que lo estaban buscando y que, peor aún, el dueño de esas pisadas, sabía el lugar en el que se encontraba y que lo estaba buscando. Conforme el sonido de los pasos se hacía más fuerte, sus sospechas se incrementaban.
Usando los pocos segundos con los que contaba y su computadora personal, activó la alarma que se encontraba en uno de los pasillos laterales. Hubiera querido enviar al guardia mucho más lejos pero tenía la sospecha que de hacerlo perdería credibilidad. Salió de su escondite y se detuvo detrás del primer basurero que encontró. Usando su computadora personal envió otra señal falsa para alejar al guardia que se había acercado a él y verificó lo que los trabajadores permanecieran encerrados. Continuaban viendo videos de animales tiernos por lo que asumió que no habían notado la señal de intruso o habían preferido ignorarla.
Un fuerte dolor en su cabeza le hizo saber que su posición había sido descubierta. Después solo hubo oscuridad.
Despertó en una celda. Dib ignoraba si habían pasado minutos u horas desde que perdió la conciencia pero no quiso descubrirlo. Al principio se reprochó por haberse dejado atrapar pero ese pensamiento fue sustituido por otro, uno que le decía que había algo extraño. No solo por el hecho de que no se había dado cuenta de la presencia del guardia hasta que fue demasiado tarde sino la sospecha de que sabía su ubicación porque alguien lo había delatado.
Descartó ese pensamiento. Dib consideró que era más probable el que fuera un golpe de mala suerte. En teoría Gaz debía ser la única que supiera de su presencia en ese lugar y consideraba que no tenía sentido el que lo delatara siendo que ambos estaban juntos en la misma misión y que la misma había surgido porque ella la había empezado.
Sintió una humedad recorrer el lado izquierdo de su rostro. Llevó su mano hasta esa zona. Después de observar sus dedos pudo comprobar que lo que brotaba de su cabeza era sangre. Buscó en su mochila algo que pudiera servirle para cerrar la herida pero no encontró nada, ni siquiera su bolso.
La información en su portátil le dolía. No por el hecho de que no pudiera recuperarla, tenía varias copias de seguridad, sino por el hecho de quienes la tenían. En su computadora personal tenía pruebas de que Zim era un extraterrestre y de la existencia de varias creaturas paranormales. No había nada sobre Murkoff pero Dib no dudaba que dicha compañía pudiera utilizar la información que había reunido con ruines y nefastos propósitos.
Se puso de pie con rapidez. Un pequeño mareo lo recorrió pero lo descartó al instante. Necesitaba su computadora cuanto antes. Tenía la necesidad de enterarse de lo que ocurría en ese lugar y de saber qué había sido de Gaz durante el tiempo que estuvo inconsciente. Después del golpe que recibió, tenía varios motivos para desconfiar.
Al encontrar su mochila sintió una falsa sensación de seguridad invadirlo. Al abrirla comprobó que su computadora portátil no estaba, lo único que habían dejado era el libro que había estado leyendo antes de infiltrarse en las instalaciones de Murkoff. El escuchar a los guardas hablar acerca de una posible infiltración lo hacían sentir paranoico. No podía permitir que atraparan a Gaz.
Si es que no lo habían hecho.
Tomó su libro y abrió una de las páginas al azar. Pasó su dedo por las mismas, buscando algo que pudiera servirle, se detuvo al encontrar algo que parecía poder sacarlo de allí. Al no tener ningún objeto punzo-cortante, mordió su dedo hasta hacerlo sangrar. Escuchar los pasos de alguien acercándose hizo que dibujara el pentagrama que se mostraba en el libro con más rapidez. Si antes tuvo dudas acerca de lo que hacía, en ese momento fueron sustituidas por un instinto de supervivencia.
La poca luz que había en esa habitación fue apagándose poco a poco hasta que el lugar fue sumergiéndose en la oscuridad total pero Dib no lo notó pues toda su atención se encontraba en el conjuro que estaba recitando, sus ojos cerrados eran señal del estado de concentración en el que se encontraba sumergido. La temperatura disminuyó considerablemente. Si Dib no hubiera estado tan concentrado en lo que hacía, habría notado el vapor que salía de su boca cada vez que hablaba. El libro de conjuros no estaba dispuesto a permitir que Dib estuviera consciente de lo que hacía hasta que fuera demasiado tarde para retroceder.
Cuando Dib abrió los ojos, la luz había regresado. Aparte del pentagrama que había dibujado, no había nada que evidenciara el ritual que se había realizado. Al principio Dib se sintió desilusionado y consideró buscar en el libro algo más que pudiera servirle. Recordó que días antes había visto una película en la que el conjuro liberaba a fantasmas lejos del lugar en el que se encontraban los protagonistas pero lo descartó al considerarlo demasiado absurdo, no encontraba utilidad a un conjuro que liberara fantasmas en lugares aleatorios.
Aunque había varios que quería probar, Dib no realizó ninguno. Guardó su libro y comenzó a recorrer la celda, buscando un lugar por donde pudiera escapar. A los pocos segundos su caminata se convirtió en una carrera y únicamente se detuvo cuando escuchó pasos acercarse. Dib deseó tener su cámara de video consigo.
Los minutos pasaron y nadie llegó. El sonido de los pasos simplemente se detuvo. Dib no le dio importancia, en ese momento su prioridad era salir de ese lugar. No sabía qué planeaban hacer con él pero sí estaba seguro de algo, quedarse no era buena idea. En una ocasión se había quedado atorado en un edificio mientras buscaba evidencia de la existencia de duendes. En esa ocasión creyeron que era un espía y lo sometieron a un duro interrogatorio. Debajo de su hombro había varias cicatrices como recordatorio de esa experiencia.
Escapar le tomó más tiempo del que había imaginado en un principio. Al no tener ninguna herramienta a su alcance se vio obligado a improvisar. Como investigador paranormal varias veces había tenido que hacer uso de ese recurso, especialmente cuando se trataba de explorar edificios abandonados.
Escuchó un ruido. Parecía provenir del final del pasillo pero también de las tuberías, parecía provenir de todos los lugares al mismo tiempo. Era una sinfonía infernal, el grito de muchas almas torturadas que suplicaban por piedad. Los gritos que Dib escuchaba eran desgarradores, unidos de tal manera que parecían uno solo, un sonido que más de un director desearía poder incluir en sus películas de terror, que muchos habían intentado imitar pero ninguno lo había logrado.
Del mismo modo en que apareció, desapareció. En su lugar solo quedó un silencio que no resultaba más alentador. Dib consideraba que ese silencio no era normal, era demasiado, más tratándose de un lugar tan concurrido. Probablemente la reunión ya habría terminado pero Dib tenía la sensación de que solo estaba él en ese lugar.
Dib inició la búsqueda de Gaz y de una computadora que permitiera localizarla. Escuchó gritos, lamentos que parecían taladrar sus oídos, gritos que desgarraban pero en esa ocasión si podía percibir el lugar de donde provenían, demasiado cerca de mismo sitio en el que se encontraba. Vio a personas explotar frente a él pero nadie lo atacó. La sombra que vio devorar a varios de los guardas no parecía tener ningún interés en él.
Conforme más avanzaba, más desalentador resultaba el escenario. Los pasillos estaban cubiertos de sangre e incluso de restos de cadáveres. No todos llevaban el uniforme de seguridad por lo que las sospechas de Dib acerca de que la reunión había terminado se hicieron más fuertes.
Al entrar al ascensor comprobó que se encontraba en uno de los pisos subterráneos. Presionó el botón que lo llevaría a la cabina de las cámaras. Su plan era distraer a los guardas el tiempo suficiente para localizar a Gaz y encontrar a quien fuera responsable de la masacre ocurrida en ese edificio. Las cosas no resultaron como había planeado. Ni siquiera tuvo la necesidad de crear una distracción. Solo había un hombre en dicha habitación pero estaba muerto.
Dib no tuvo que acercarse para verificarlo. Era imposible que un humano pudiera sobrevivir cuando su cuerpo prácticamente había sido divido en dos, unos pocos tendones eran lo único que mantenía ambas mitades unidas pero parecía que esa conexión se rompería en cualquier momento.
No era algo de lo que pudiera sentirse orgulloso pero que en ese momento consideró necesario. Empujó el cadáver del hombre para poder tomar su asiento. Ignorando la sangre que cubría el equipo de seguridad, utilizó el equipo para poder localizar a Gaz y alguna evidencia de lo que había causado tanta destrucción. No era humano, de eso estaba seguro, incluso si no hubiera visto a esa sombra no hubiera considerado el que fuera uno o más humanos los responsables.
No encontró a la Sombra pero sí a Gaz. El lugar en el que ella se encontraba era diferente a los demás, parecía encontrarse protegido con una barrera especial. Había una gran cantidad de cajas apiladas una sobre otra, con un número de registro que por sí solo carecía de significado. En el centro, en el piso, se encontraba Gaz. No había rastro de sangre en su cuerpo, ni siquiera estaba herida. Solo estaba sentada, jugando como si afuera de esas paredes nada extraño ocurriera.
Dib dio un rápido vistazo a las instalaciones del lugar antes de salir en búsqueda de su hermana. Volvió a encontrarse con la sombra. Se encontraba sobre el cuerpo de una de las recepcionistas, devorando su cuerpo. Dib no necesitó activar el sonido de esa habitación para saber que estaba viva, al menos durante los primeros minutos, la forma en que intentaba salvarse lo delataba.
Siguiendo el camino que había memorizado, logró llegar hasta donde Gaz se encontraba. Cerró la puerta y usó varias de las cajas para bloquearla. Dudaba que realmente pudiera servir pero era lo único que podía hacer y prefería aferrarse a eso antes que no hacer nada. Sacó el libro del que había sacado el conjuro pero no encontró nada más aparte de lo que había leído en un principio. Podría ser mala suerte, él y Gaz podrían haber llegado minutos antes de que uno de los experimentos de Murkoff escapara pero Dib sabía que eso no explicaría por qué la sombra no hizo ningún intento por atacarlo.
—¡Debemos llamar a los Ojos Hinchados cuanto antes! Ellos sabran como deshacer todo esto.
—Tu voz es molesta ¡Cállate!
—¡No lo entiendes, Gaz! ¡Hay un demonio suelto, asesinó a todos los trabajadores de Murkoff y hará lo mismo en cuanto nos encuentre!
—Si llego a perder por tu culpa desearas que sea ese demonio el que te destruya antes de que yo lo haga.
El sonido de un pitido logró hacer que ambos se pusieran en estado de alerta. Dib al desconocer el origen del mismo y Gaz por lo contrario. Intentó conectar su consola a un cargador pero para su mala fortuna no había electricidad en esa habitación. La instalación eléctrica había dejado de funcionar en todo el edificio.
—Tú ganas, saldremos de aquí y buscaremos un lugar donde pueda cargar este juego antes de que la partida se borre.
A pesar de la prisa que Gaz tenía, Dib no salió de esa habitación hasta que tuvo la total seguridad de que la sombra no se encontraba cerca. No escuchó ningún ruido pero era difícil asegurar que eso era una buena señal, de ese demonio lo único que había escuchado era el sonido de sus víctimas al ser torturadas.
A Gaz no le afectaron las muertes del lugar. Incluso llegó a pisar varios cadáveres sin que su rostro mostrara alguna señal de remordimiento. Estaba más preocupada por cargar su videojuego que por la masacre ocurrida en ese edificio. Tampoco le dio importancia a la sombra que pasó rozando su brazo, una de las creaturas que había torturado y asesinado a todo el personal en Murkoff.
Dib le quitó la pistola a uno de los cadáveres y la usó para disparar a la sombra pero la bala la atravesó sin causarle ningún tipo de daño. No tenía ojos ni ninguna característica que le permitiera reconocer alguna expresión, pero Dib tuvo la sensación de que ese demonio lo había observado y que lejos de estar molesto, le resultaba divertido su intento por detenerle. El que el demonio se alejara sin que intentar detenerlo, hizo que las sospechas de Dib acerca de que lo veía únicamente como a una molestia aumentaran.
—Supongo que necesitare bendecir algunas armas —se dijo Dib en voz alta —, o buscar un libro de sellado, lo que sea más rápido… y también dejar de hablar en voz alta.
—¿Por qué harías algo así? —escuchó una voz provenir del cuerpo sin vida de una mujer —. Es lo que siempre has querido.
—En el fondo sabes que se lo merecen —en esa ocasión la voz provenía del cuerpo mutilado de un hombre — Por años te han maltratado, insultado, humillado. Es justo que paguen.
—El demonio vino a la ciudad. El demonio quiere jugar. Cuando el demonio se marche, solo dejara muerte y desolación.
