Creo que había hablado más de la cuenta. En ese momento miré a Christian a los ojos y este me miraba con una sonrisa malévola en su rostro, que estaría tramando.

—Ahora voy entendiendo algo. —dijo mientras deslizaba sus manos hasta mis senos y los masajeaba suavemente haciéndome gemir.

— ¿No íbamos a bañarnos?—le pregunté mientras sus labios se deslizaban en ese momento por mi cuello.

—Cierto, por un breve momento lo había olvidado. —me giró y mientras daba besos por mi cuello caminaba conmigo hasta el baño.

En cuanto llegamos al baño continuó acariciándome, deslizando sus manos por mi cuerpo hasta llegar a los jeans, zafar el botón y deslizar una mano dentro haciéndome gemir.

—Mmm…—gimió en mi oído mientras mordía el lóbulo de mi oreja haciéndome estremecer completamente.

Me giró para quedar de frente a mí y metió ambas manos por mis jeans acariciándome las nalgas. En esos momentos me miraba de una forma traviesa, con una descarada sonrisa torcida en sus labios que se encontraban a solo unos milímetros de los míos, apenas rozándose.

—Nos vamos a bañar o estas planeando algún método de tortura nuevo mientras rozas levemente tus labios con los mío. —le susurré contra sus labios mientras lo sentía reírse.

Sabía que no era yo la que hablaba en esos momentos, sino el alcohol en mi organismo, pero no le podía hacer nada en ese momento. Era muy tarde para arrepentirme por haber bebido.

—Nos vamos a bañar, y sí, estoy planeando un nuevo método de tortura. —dijo mientras bajaba mis jeans poco a poco junto con mis bragas.

Se desvistió rápidamente y ambos entramos en la ducha. Christian se frotaba las manos con gel de baño mientras me miraba seductoramente. A diferencia de lo que yo me imaginaba y esperaba no me bañó, ni siquiera rozó sus manos por mi cuerpo. ¿Acaso había sucedido algo para que el cambiara de idea? Bueno no estaba serio, por el contrario, me sonreía pícaramente. Tomé gel en mis manos y me bañé rápidamente y al igual que él lo ignoré completamente, por mucho que quería tocarlo no lo hice. Salí del baño y comencé a secarme y entonces me sorprendieron sus manos sobre las mías quitándome la toalla. Y entonces comenzó a secar mi cuerpo, recorriendo cada milímetro de este. Cerré mis ojos mientras el recorría mi cuerpo, dejándome llevar. Y entonces sentí sus manos cálidas recorriéndome. Abrí mis ojos, había soltado la toalla y sus labios se dirigieron hacia los míos devorándome mientras me cargaba y me llevaba hacia la cama y me bajaba allí. Entonces me sonrió nuevamente mientras caminaba hacia un lado de la cama.

— ¿Guardaste las esposas?—me preguntó frunciendo el ceño.

—Si en la última gaveta del armario. —le conteste sonriéndole como una idiota.

Pero muy tarde comprendí que no debí haberle dicho donde estaban. Todas esas preguntas que había hecho y ahora preguntando por las esposas, ¡oh no!, esto no iba salir nada bien. Sacó las esposas de la gaveta y se dirigió nuevamente hacia la cama, las puso en la mesita de noche y se inclinó sobre mí para besarme. Su lengua recorría cada milímetro de mi boca haciéndome gemir mientras sus manos se deslizaban por mi cuerpo caliente, desnudo y excitado. Se sentó sobre mí mientras deslizaba su lengua caliente por mi cuello haciendo que se me erizara el cuerpo completamente mientras continuaba bajando. Cuando estaba llegando a mis senos se detuvo y se incorporó mirándome fijamente sentado a horcajadas sobre mí. Su miembro imponente ante mi mirada. Se inclinó sobre mí y estiró una de sus manos hasta la mesita de noche de donde tomó las esposas. ¡Oh dios!

—Entonces supongo que en alguna parte del libro el ata a la muchacha a la cama con unas esposas. —me dijo sensualmente mientras yo tragaba en seco.

Debo decir que todo parece muy excitante en el libro, pero no al punto de querer experimentarlo por ti misma. Pero cuando te encuentras en esta situación por tu mente pasan muchas cosas y te llegas a preguntar si las sensaciones serían las mismas que describen en el libro. Christian continuaba mirándome mientras sostenía las esposas en la mano, imaginaba que estaba esperando una respuesta mía.

—Sí. —le contesté cuando encontré mi voz y esta me salió mas como un chillido.

Estaba nerviosa en ese momento y no tenía idea de por qué…bueno si la tenía, no me imaginaba atada a la cama mientras Christian me poseía violentamente.

—Aunque aún no entiendo porque necesitaba esto. —dijo muy pensativo.

—Porque le gusta el control.—le contesté automáticamente. Cuando voy a aprender a no pensar en voz alta. ¡Cállate Ana!

—A mí también me gusta el control. —dijo mirándome fijamente inclinado sobre mi y con sus labios cerca de los míos. —Pero me gusta que me toques.

—A mí también me gusta tocarte. —le contesté mientras mis manos se deslizaban por su pecho y sus hombros.

En eso Christian me sonrió, al parecer se había acordado de algo..

—Quieres compartir el chiste conmigo. —le pedí mientras él me miraba fijamente.

—Bueno más bien es una demostración. —me dijo mientras yo no lo entendía.

—Te explicas mejor. —le pedí intrigada.

—Recuerdas el mensaje de la mañana, el de las tres x. —me dijo alzando una ceja sugestivamente.

—Sí. —le dije mientras me reía recordándolo.

—Bueno, creo que ahora te voy a demostrar lo que significan para mí. —dijo mientras juntaba sus labios con los míos.

Sentí un ruido metálico contra el suelo he imaginé que había soltado las esposas. Al menos no tenía que preocuparme por algo mientras el comenzaba a devorar mi cuerpo lentamente haciéndome perder poco a poco la cordura y la conciencia. Christian no se parecía para nada a Christian Grey.

—Necesito un vestido para la boda de Ethan y Mia. — exclamé frustrada mientras me dejaba caer en el sofá.

Era martes por la noche los chicos no estaban, habían salido por negocios, así que estábamos disfrutando de una noche de chicas. Teníamos el apartamento completamente solo para nosotras. Era raro que Christian no estuviera a mi lado, me había acostumbrado tanto a su presencia que me resultaba extraño. Hoy Christian no había ido a trabajar, por lo que era doblemente frustrante estar separada de él tanto tiempo. Así que había aprovechado y en la tarde salí un momento para hacerle una rápida visita al médico. Ahora nos encontrábamos ambas solas en el apartamento hablando sobre lo que nos pondríamos para la boda de Mia y Ethan.

—Seguro podemos encontrar algo en mi armario, no tienes porque gastarte dinero. —me decía Kate mientras se metía unas rositas en la boca y se sentaba a mi lado.

Esta era una de esas típicas noches de chicas donde nos quedábamos hasta altas horas de la noche viendo series mientras comíamos montones de comida chatarra y juzgábamos que actor lucía mejor sin camisa

—No quiero molestarte, mañana salgo un momento y seguro…

— ¡Anastasia Stelle!—exclamó al borde de la furia haciéndome casi saltar del sofá. — Como te gastes un centavo en un vestido que solo te pondrás una vez y que lo más probable es que no llegue a la altura de los que están en mi armario, te juro que la vas a pasar mal. —me dijo mientras me apuntaba con un dedo. Esta era la Kate furiosa y mandona. Cuando se ponía de esta forma lo mejor era hacerle caso y no desobedecerla.

—De acuerdo. —contesté resignada.

—Bien. —dijo ahora sonriendo.

Sus cambios tan rápidos de humor me recordaban a alguien. Alguien que en estos momentos estaba por la ciudad de club en club. Miré mi reloj y me percaté que era bastante tarde, creo que lo mejor era acostarme. Me levanté del sofá y comencé a caminar rumbo a mi habitación.

— ¿No vas a esperar a Christian? —Me preguntó Kate mientras yo me giraba brevemente hacia ella.

—No, le di mi llave para que entrara, me dijo que no sabía a qué hora regresarían. —me giré y continué caminado hasta la habitación.

Me acosté en la cama y por mucho que traté permanecer despierta otro rato a ver si el llegaba, me fue imposible. Mis ojos fueron cerrándose poco a poco hasta quedarme completamente dormida.

El despertador sonaba insistentemente. Estiré mi mano y lo apagué pero me quedé acostada en la cama otro rato. Me giré hacia el otro lado y entonces me senté de golpe en la cama. ¿Dónde estaba Christian? ¿Acaso había regresado anoche? Las esposas estaban en el suelo, exactamente donde las había dejado antes de acostarme a dormir anoche y la cadenita aún estaba en mi cuello. ¡Mierda! ¿Le abría sucedido algo? Me levanté rápidamente, me puse un short, cogí las llaves del auto y salí corriendo de la habitación. Si no había venido a dormir anoche tal vez se había quedado en su apartamento. Solo esperaba que no lo hubiera sucedido nada.

— ¿Vas a alguna parte?

Y entonces paré en seco. Christian estaba en la cocina y me miraba frunciendo el ceño, preocupado. Mis ojos no creían lo que estaban viendo, aún no me convencía de que él estuviera allí. Entonces respiré nuevamente, no me había dado cuenta de que estaba aguantando la respiración. Y en ese momento salí corriendo hacia donde él estaba y me abracé fuertemente tomándolo por sorpresa. Christian me devolvió el abrazo después de un instante y me quedé allí por no sé qué tiempo, hasta que la angustia y la ansiedad que había sentido al despertar sin él a mi lado fue desapareciendo poco a poco. Ahora ya me sentía un poco mejor mientras el aún me abrazaba.

— ¿Sucedió algo? —me preguntó mientras yo alzaba la cabeza. — ¿Estas llorando? —dijo mientras me limpiaba una lágrima de mi mejilla.

Ni siquiera me había percatado que lo estaba haciendo.

—Me has asustado, pensé que no habías regresado anoche. —contesté aún un poco afligida.

—Eso no es motivo para asustarse. —me dijo mientras yo lo miraba fijamente y en ese momento decidí confesarle mi mayor miedo al despertar esa mañana.

—Pensé que te había sucedido algo. —le contesté mientras él me miraba y me sonreía levemente.

—Pues no me sucedió nada, regresé muy tarde y no quise despertarte, disculpa si te preocupé. —dijo mientras tomaba mi rostro entre sus manos obligándome a mirarlo fijamente y quedando sus labios a solo centímetros de los míos.

— ¿Dormiste sin las esposas?

—No, me las puse y me las quité esta mañana, al parecer no te percataste en el momento que lo hice. —me dijo mientras me daba un suave beso en los labios haciendo que me calmara un poco.

—Ahora estoy un poco mejor, gracias. —le dije sonriéndole levemente.

—Eso es bueno, ya está listo el desayuno. —me dijo mientras me apretaba entre sus brazos.

—Bien, solo necesito una rápida ducha. —le dije tratando de zafarme de sus brazos pero me lo impidió.

—Creo que en este momento yo también necesito una. —dijo mientras me sonreía malévolamente y ambos salíamos hacia el baño.