Me había asustado mucho cuando desperté y no lo vi a mi lado, pero por suerte el susto pasó rápidamente después de una relajante ducha donde Christian me abrazó hasta convencerme que era real y estaba junto a mí. El resto de la semana había pasado muy rápido y el día de la boda de Mia y Ethan había llegado precipitadamente. Habíamos acordado ir por separado, no quería llegar junto a Christian a la boda. Aunque sabía que en algún momento todos se enterarían que estábamos juntos, no quería que fuera hoy.

No nos habíamos bañado juntos y ni siquiera lo había visto vestirse ya que Kate me secuestró hacia su habitación dejándolo a él y a Elliot en la mía. Iríamos en el auto de Kate mientras Elliot manejaba y Christian iría en el de él. Al final Kate había cumplido y me había buscado un vestido en su armario. Y aunque Christian había insistido mucho en ver el vestido le había dicho que tendría que esperar hasta que llegara a la boda, ni siquiera le había dicho el color. Por eso insistí en que se marchara primero y nosotros después. Me había sacado la cadenita con la llave de las esposas del cuello, no creo que me hiciera mucha falta en una boda, además no combinaba con el vestido. La dejé en la mesita de noche justo al lado de las esposas.

— ¿Estás segura de que él no está molesto? —me preguntó Kate después de ver con la cara que Christian se había marchado.

—Espero que se le pase cuando vea el vestido, si es que se le puede llamar así a la cantidad de tela que llevo puesta. —le dije mientras me miraba por decimotercera vez en 10 minutos.

El vestido era de color dorado muy claro y se ajustaba perfectamente a mi cuerpo cayendo como había dicho Kate hacía apenas unos minuto "sensualmente por mi cuerpo". Traía la espalda completamente afuera, solamente una banda de tela muy fina atravesaba la espalda. El vestido me quedaba muy ajustado en los senos, cayendo elegantemente por mi cuerpo mientras que en el lado derecho el vestido se abría desde el muslo hasta el suelo. Kate también me había prestado unos tacones de los que esperaba no caerme. Hoy no me había dejado ni siquiera maquillarme. Y para cuando había terminado conmigo había quedado irreconocible. La persona que me devolvía la mirada en el espejo no era yo. Mis ojos lucían más grandes y suponía que debía ser por el maquillaje que hacía resaltar más mis rasgos faciales. No me había maquillado mucho, pero había quedado completamente diferente a cuando lo hacía yo. El pelo me lo había recogido dejando caer algunos mechones en mi rostro.

Kate ya había terminado y Elliot esperaba en la sala, creo que ya iba siendo hora de salir hacia la ceremonia.

—Deberíamos ir saliendo no crees. —le pregunté mientras miraba el reloj que marcaba casi las 7:00 pm.

La boda era a las 8:00 pm, pero era a las afueras de Manhattan, así que teníamos un tramo por delante.

—Sí, será mejor si llegamos con tiempo de sobra. —me dijo mientras tomaba una pequeña cartera.

Cogí la que ella me había prestado a juego con el vestido, metí mi celular y las pastillas y después salimos hacia la sala. No sabía porque lo había hecho pero imaginaba que nos iríamos directo al apartamento de Christian desde la boda. A Elliot casi se le sale la baba cuando nos vio.

—Creo que voy a ser el más afortunado al llegar con tan hermosas mujeres a la boda. — dijo mientras sonreía hacia nosotras mientras salíamos del apartamento.

—Será mejor que no nos demoremos entonces. —le contesté mientras entrábamos al ascensor.

El tráfico había estado un poco pesado y el viaje que duraría aproximadamente 20 minutos, se había extendido a 40 minutos. Y en esos momentos entrábamos en una zona residencial donde solamente había enormes casas a ambos lados de la carretera. Elliot se detuvo frente a una enorme casa donde se podía visualizar que había muchos autos parqueados en el frente y otros llegaban en ese momento.

— ¿Estás seguro de que es aquí? —le pregunté mientras miraba hacia la enorme estancia que parecía una mansión.

—Bueno esta es la dirección. —dijo mientras volvía a mirar nuevamente la dirección en la invitación.

—Pues entonces es aquí. —le dije mientras el arrancaba el auto nuevamente y entrábamos.

Elliot parqueó el auto y nos ayudó a salir a ambas como todo un caballero. Se podían contar más de 40 autos parqueados allí, pero había uno que resaltaba a la vista de todos y mis ojos fueron directamente hacia él. El auto de Christian estaba allí parqueado y todo el que estaba entrando en ese momento lo miraba al igual que lo estaba haciendo yo, aunque por motivos diferentes. Ellos simplemente admirando la belleza del auto y yo, pues buscando al dueño, pero para mi decepción, este no estaba por ninguna parte.

— ¿Entramos? —preguntó Elliot mientras nos ofrecía un brazo a cada una.

—Sí, creo que será lo mejor. —dije mientras tomaba su brazo.

Aunque en esos momentos y por mucho que le había dicho a Christian que se fuera primero, lo que más deseaba era estar tomada de su brazo. Solamente me tomaba del brazo de Elliot para evitar caerme con los tacones que llevaba puesto. Aunque por otra parte, mientras entrábamos todos nos miraban y Elliot sonreía. Y eso solo hizo que yo sonriera también.

Caminamos del brazo de Elliot hasta que llegamos a la enorme fila de sillas a ambos lados de una alfombra blanca cubierta de cientos de pétalos de rosas. Todo estaba debajo de un enorme entoldado del que colgaban ramilletes de flores blancas de todas partes. Nos acomodaron en la tercera fila donde quedaban aún unas sillas más vacías. En cuanto me senté acomodé mi vestido para que no se abriera completamente sobre mi pierna. Si, así estaba mejor, no quería que todo el que pasara girara la vista automáticamente hacia mi pierna.

Todo era completamente irreal. Estaba decorado hermosamente y donde terminaba la alfombra blanca había unos escalones por los que se subía hacia una plataforma en forma de óvalo. Justo en el centro había un enorme arco decorado con una enredadera de flores blancas al igual que las que colgaban del techo del entoldado. Allí arriba y luciendo muy nervioso se encontraba Ethan. A su lado y conversando con él estaban los padrinos. El magistrado también se encontraba allí aunque un poco más alejado.

Ethan miró en mi dirección e intercambiamos una rápida mirada y un breve saludo para después el continuar conversando. Aún continuaba llegando gente, a nuestro lado quedaban aún varias sillas vacías. Kate conversaba con Elliot muy animadamente y se giró hacia mi cuando este se levantó de la silla.

— ¿A dónde va? —le pregunté con curiosidad.

—Al baño, esto está hermoso. —me dijo mientras admiraba la decoración.

—Sí. —le contesté. La verdad era que aún estaba maravillada por la elegancia y la sencillez con la que habían preparado todo.

Cada vez llegaba más gente así que imaginaba que la boda estaría a punto de comenzar. Elliot regresó y se sentó nuevamente al lado de Kate haciendo que ella prestara su atención nuevamente hacia él, dejándome nuevamente sola con mis pensamientos. Y en ese momento no pensaba en otra cosa que en Christian.

En ese momento un delicioso olor invadió mis fosas nasales. ¡Oh dios! Ese olor. Crema de afeitar de menta…gel de baño y perfume caro. Christian. Mi cuerpo lentamente comenzó a convulsionar ante su presencia y mi corazón comenzó a acelerarse. Me giré lentamente hacia mi izquierda y me encontré con la resplandeciente y lujuriosa mirada gris de Christian. Traía el pelo completamente peinado hacia un lado y atrás, mientras unos mechones caían en su rostro dándole un aire sexy y seductor. Se había afeitado, se podía notar en el delicioso olor que escapaba de su rostro. Me había quedado muda en ese momento mientras lo miraba hipnotizada y completamente seducida por su mirada. Christian me miraba fijamente, levemente sonriendo. Sus ojos me recorrían completamente, iban por todo mi rostro, desde mis ojos hasta mis labios y regresaban nuevamente a los ojos mientras tenía sus labios levemente entreabiertos.

—Estas muy hermosa hoy, más que de costumbre. —me dijo sonriendo mientras yo no pude evitar el ruborizarme ante su cumplido.

—Gracias. —le contesté sonriendo.

En ese momento comenzaron a sonar las primeras notas de la marcha nupcial y aparté mi mirada de Christian para enfocarla en donde comenzaba la alfombra blanca por la que entraba Mia del brazo del que suponía era su padre. Se veía realmente hermosa en el vestido blanco. Caminaban lentamente hasta llegara al altar donde la entregó a Ethan. La ceremonia pasó rápidamente y después del intercambio de anillos y el beso tras el cual todo el mundo se levantó aplaudiendo, se nos pidió que pasáramos hacia otro entoldado donde sería la recepción. En cuanto me levanté de la silla pude sentir a Christian toser detrás de mí. Me giré brevemente hacia él y este me miraba de arriba abajo con los labios entreabiertos, como si le costara trabajo respirar. Me miraba con lujuria en su mirada y aún no me había tocado. Me recorría lentamente con su mirada escrutadora haciendo que yo sonriera para mis adentros. El vestido de Kate al parecer había sido todo un éxito.

— ¡Jesús ese vestido…!—dijo mientras pasaba la lengua por sus labios. —me encanta como te queda ese vestido. —dijo mientras terminaba de examinarme con su mirada y sus ojos se posaban en los míos.

—Acuérdame agradecerle a Kate que me lo prestó. —le contesté sonriendo.

—Pero sabes qué. —dijo inclinándose hacia mí, sus labios a centímetros de los míos. —Creo que me va a gustar más cuando te lo quite. —me dijo muy bajito sonriéndome mientras mi corazón se aceleraba y sus simples y sencillas palabras me excitaban completamente.

—Sabes, no es justo. —le dije cuando él separó su rostro del mío.

— ¿Qué cosa? —preguntó sonriendo de lado.

—Que tu cercanía me altere de esta forma. —le contesté mientras él me miraba alzando una ceja.

—Pues creo que debería decir lo mismo. —me contestó mientras yo lo miraba asombrada.

Acaso mi cercanía lo trastornaba de la misma forma que él a mí.

—Ahora si me lo permites, quisiera acompañarte hasta la mesa. —dijo mientras me brindaba su brazo que tomé sin dudar.

Kate y Elliot se habían adelantado, salieron sin siquiera percatarse que yo me había quedado detrás y cuando lo hicieron se giraron buscándome y me encontraron del brazo de Christian. En ese momento me sonrieron y continuaron caminando. La verdad no me preocupaba lo que pensaran los que trabajaban con nosotros —que no eran muchos —que estaban presentes en la boda, solamente me estaba tomando de su brazo. Además para mi justificación necesitaba un soporte para caminar dos pasos seguidos sin caerme. Miré de reojo a Christian mientras caminábamos y este vestía uno de sus elegantes trajes negros ajustados y hechos a la medida, y para mi sorpresa la corbata era del mismo color que mi vestido, dorada. Lo miré por un momento frunciendo el ceño, preguntándome si acaso el había adivinado de qué color era mi vestido, o si Kate se lo abría dicho en algún momento sin yo enterarme.

— ¿Sucede algo? —preguntó frunciendo el ceño.

— ¿Sabías de qué color era mi vestido? —le pregunté con curiosidad mientras él me miraba aún preguntándose a que venía mi pregunta. Al parecer no se había percatado aún.

—No, no lo sabía. ¿Por qué lo preguntas? —contestó intrigado.

—Por la corbata. —le contesté mientras él se percataba que era del mismo color que mi vestido y sonreía.

—Creo que es una coincidencia, o es cosa del destino. —contestó riendo y haciéndome reír también.

Si Kate estuviera aquí diría que estábamos predestinados y que no había sido ninguna coincidencia.