Continuamos caminando hasta el otro entoldado que al igual que el anterior estaba decorado con ramilletes de flores que caían desde el techo pero bajo este había muchas mesas acomodadas tanto para cuatro personas como para seis y ocho. Justo en la entrada dimos nuestros nombres y nos indicaron nuestra mesa. Y no fue casualidad que nos sentáramos juntos en la misma mesa con Kate y Elliot.
—Hola Christian. —lo saludo Elliot sonriendo.
— ¿Qué te pareció el vestido? —le preguntó Kate mirándome a mí.
— ¿Te tengo que contestar ahora? —preguntó enarcando una ceja. —Perfecto. —dijo mirándome a mí y haciendo que me sonrojara una vez más.
Me concentré en la decoración de la mesa para tratar de alejar de mi mente a Christian sonriéndome.
La mesa estaba decorada con un finísimo mantel de encaje, en el centro de la mesa un hermoso aunque sencillo arreglo floral. En un extremo de la mesa había una cubitera con hielo y una botella de champagne. Frente a cada uno de nosotros había un juego de cubiertos y una copa. Todos los invitados poco a poco se iban acomodando en las mesas. En un extremo había una plataforma donde un conjunto tocaba una suave melodía. Al poco rato se nos pidió abrir la botella de champagne para el brindis. Christian abrió la botella y llenó nuestras copas. Tras el discurso del padrino felicitando a los novios todos levantamos nuestras copas, las chocamos y después bebimos el delicioso y frío champagne. Al poco rato comenzaron a servir el buffet, donde colocaron frente a cada uno de nosotros un plato. Suponía que era salmón, pero no me atreví ni siquiera a preguntar que era.
—Es salmón escalfado con salsa de champán, espárragos a la parrilla y patatas fingerling. —me contestó Christian en mi oído mientras yo miraba mi plato primero y después a él.
— ¿Acaso conoces el nombre de la comida con solo verla? —le pregunté enarcando una ceja.
—No, lo dice la tarjeta sobre la mesa. —dijo mientras miraba hacia la mesa donde en una tarjeta que no había leído decía nuestro menú.
Lo miré nuevamente sonriéndole.
—Ya sabía yo que no eras tan inteligente. —le contesté mientras ambos reíamos y comenzábamos a comer.
De fondo sonaba una suave y hermosa melodía la verdad era que la comida estaba deliciosa. Entonces sentí algo sobre mi pierna, un toque cálido enviando cientos de descargas eléctricas por todo mi cuerpo, haciendo que casi soltara los cubiertos de las manos. Miré a Christian que se encontraba sentado a mi derecha y este comía tan tranquilamente como si no estuviera haciendo nada. Con la única diferencia que solo lo hacía con una mano, la otra estaba escondida debajo del mantel y sobre mi pierna sin moverse. Continué con mi comida pero en cuanto me metí un bocado a la boca Christian comenzó a mover suavemente su mano sobre mi muslo, haciendo que yo me estremeciera ligeramente. ¿Acaso el pensaba que yo iba a poder comer algo de esta forma? Lo miré nuevamente y esta vez el me devolvió la mirada muy sonriente.
— ¿Sucede algo? —me preguntó mientras se metía otro bocado de comida en la boca.
— ¿Se supone que debo poder comer de esta forma? —le pregunté muy bajito para que Kate y Elliot no escucharan.
—No sé a qué te refieres. — dijo mientras movía la mano más arriba en mi muslo y yo comenzaba a respirar pesadamente.
— ¿Por favor? —le pedí mirándolo seriamente.
Me miró fijamente y después de sonreírme apartó su mano de mi muslo haciendo que dejara de sentir el calor abrazador de su mano en mi pierna.
—Tú comenzaste al ponerte este vestido, espero que conozcas las consecuencias. —dijo mientras me sonreía levemente y sacaba la mano de debajo de la mesa.
Así que decidí tratar de concentrarme en la comida, aunque me costó un poco de trabajo. Tomé un largo sorbo de champagne que comenzó a relajar mi cuerpo tenso ante las caricias de Christian y solo entonces pude continuar con la comida. La verdad era que me encantaba cuando él me tocaba. Mi cuerpo se había vuelto adicto al calor de su cuerpo, a su toque. Tomé otro sorbo de champagne que bajó por mi garganta calentando mi cuerpo como mismo lo había hecho la mano de Christian.
—No deberías beber tanto. —me susurró Christian en el oído. —Ambos sabemos que tienes muy poca resistencia al alcohol. —me dijo mientras yo lo miraba de reojo.
—Necesito relajarme. —le contesté mientras le ponía la copa vacía delante y él me la rellenaba.
El champagne calentaba mi cuerpo poco a poco y me relajaba completamente. La noche avanzaba lentamente mientras la música cambiaba de una canción a otra y remplazábamos nuestras copas por los tragos que preparaban en una barra dispuesta en un extremo del salón.
—Creo que necesitamos unas margaritas. — me dijo Kate a mi lado sonriendo.
—No más para mí. —le contesté.
La verdad era que no me sentía con deseos de continuar bebiendo. La bebida ya comenzaba a alterar mis sentidos al igual que lo hacía la proximidad de Christian. Y en esos momentos deseaba más sentir los labios de Christian sobre los míos, calentando mi piel que el alcohol recorriendo mi organismo hasta hacerme perder el conocimiento. Si iba a perder el conocimiento prefería que fuera por los besos y las caricias de Christian. Elliot se llevó a Kate hacia la pista a bailar al ritmo de una canción movida y pegajosa y yo simplemente me les quedé mirando mientras se alejaban de nosotros hacia la pista.
— ¿Quieres bailar? —a mi lado Christian de pie me ofrecía su mano.
Y no tuve que pensarlo dos veces, tomé su mano rápidamente y él me condujo hacia la pista. Al llegar allí la música cambió a una lenta, sensual y romántica. Christian me miró sonriendo. Colocó sus manos en mi cintura rozando la piel desnuda de mi espalda, enviando cientos de descargas eléctricas por todo mi cuerpo. Me pegó a él y mientras yo colocaba mis manos en su cuello comenzamos a movernos al ritmo de la música. Nos mirábamos fijamente sin apartar la mirada uno del otro. Podía ver el deseo en su mirada, y yo lo deseaba también. En esos momentos, mientras nuestras miradas se cruzaban con nuestros rostros casi pegados uno del otro lo que más quería era sentir sus labios sobre los míos. Podía sentir nuevamente su delicioso olor embriagador y en esos momentos ya comenzaba a afectarme. Entreabrí mis labios solo un poco para respirar mejor y la mirada de Christian se quedó fija en ellos. Y un segundo después estaba separando la distancia entre nosotros y besándome lentamente. Sus labios calientes y tentadores se sentían tan bien, había extrañado mucho sus besos. Su lengua invadía mi boca presurosa haciendo que yo apretara más mi agarre en su cuello tirando levemente de su cabello, haciéndolo gemir contra mis labios. Sus manos acariciaban mi espalda baja y una de ellas estaba casi en mis nalgas. Su ardiente toque junto a sus labios seductores me excitaba completamente. En esos momentos no existía nada más. Solamente éramos nosotros dos, todo había desaparecido; la música, la gente. Solamente escuchaba los desenfrenados latidos de mi corazón, nuestras respiraciones agitadas, algún gemido silenciado por él beso. Nada importaba en esos momentos, solamente que sus labios nunca dejaran los míos.
— ¡Dios! Te deseo tanto en estos momentos. —dijo aún contra mis labios.
—Y yo a ti. —contesté en un suspiro con sus labios casi pegados a los míos.
Los ojos de Christian se clavaron en los míos en ese momento y me sonrió levemente.
—No necesito nada más entonces, vamos. —dijo mientras tiraba de mi fuera de la pista de baile.
— ¿A dónde vamos? —le pregunté mientras me conducía rumbo a la salida.
—No aguanto ni un minuto más sin sentir tu cuerpo debajo del mío. — dijo mientras salíamos al parqueo y caminábamos rumbo a su auto.
El auto rugió en cuanto metió la llave en el contacto y la giró. Nos pusimos los cinturones de seguridad y Christian salió a toda velocidad de allí. Iba conduciendo rápido, muy rápido, ni siquiera me atrevía a mirar él cuenta millas a ver cuánto marcaba. Solamente veía los autos pasar como una mancha borrosa a nuestro lado en la otra senda.
— ¿Estás apurado? —le pregunté mientras él me miraba brevemente y poniendo otra velocidad en el timón fijaba los ojos nuevamente en la carretera.
Era la primera vez que me fijaba donde se ponían las velocidades. Ni siquiera sabía que tuviera tantas velocidades, por cual iba ya 5ta, o era 6ta, no tenía idea, solo sabía que todo pasaba a nuestro lado como un borrón.
—Necesito llegar rápido. —dijo mientras continuaba con la mirada fija en la carretera.
— ¿Por algo en particular? —le pregunté sonriendo aunque ya me imaginaba la respuesta.
—Si no llego rápidamente al apartamento voy a tener que parquear a un lado de la carretera, pues no sé si aguante mucho tiempo sin tocarte. —dijo apretando fuertemente el timón y mirando brevemente hacia mi pierna derecha donde se veía la piel desde donde comenzaba la abertura del vestido.
