Capítulo 35

Christian se separó de mí y fue hacia el armario de donde regresó diez minutos más tarde con un libro en la mano y me lo ofreció. El libro era viejo y la cubierta aunque cuidada estaba algo desgastada, debía tener muchos años. Nunca me había imaginado a Christian leyendo novelas, y mucho menos "Orgullo y Prejuicio" de Jane Austen. Pero para que me la daba. ¿Quería que me pusiera a leer ahora?

— ¿Para qué es el libro? —le pregunté con curiosidad.

—Quiero pintarte de forma natural, y pensé que te gustaría leer una novela. Al menos recuerdo que te gustaba hacerlo. —me contestó mientras yo le sonreía y abría el libro en la primera página deslizando mis dedos por las letras.

Sí, me gustaba y mucho, pero a veces el deseo de dibujar opacaba el de leer. Y últimamente dibujaba mucho.

—No te había imaginado nunca leyendo una novela. —le contesté mientras reía.

—En realidad no la he leído nunca, es un recuerdo. —me contestó mientras yo dejaba de sonreír y lo miraba fijamente a los ojos.

Christian ahora no sonreía como hacía apenas unos minutos. Creo que lo mejor era no seguir tocando el tema de la novela.

— ¿Ya leíste esa novela? —me preguntó con curiosidad.

—Hace mucho tiempo, casi no la recuerdo, lo que más recuerdo es la película.

—Mucho mejor. —me contestó

—Entonces donde me pongo. —le pregunté mientras el sonreía levemente.

—Recuéstate en la cama como si fueras a leer, o mejor dicho recuéstate en la cama a leer la novela. —me contestó mientras yo lo miraba asombrada.

— ¿En serio? —pero por la cara con la que me miraba imaginaba que estaba hablando en serio.

—Ponte de frente a mí. —me dijo mientras lo miraba y él me sonreía.

Así que me subí en la cama y me acosté boca abajo apoyándome en los codos mientras abría el libro para comenzar a leer.

Christian fue hasta el caballete y lo movió más cerca de la cama. El lienzo que tenía preparado era grande. Y pude ver como acomodó las pinturas y los pinceles a su lado antes de tomar un lápiz en la mano.

—Cuando dijiste que me ibas a dibujar pensé en lápiz y cartulina, no oleo y lienzo. —le dije levantando brevemente la vista de la lectura.

—Quiero que perdure mucho más. —dijo mientras salía un momento de atrás del lienzo. —Ahora a leer. —dijo mientras me señalaba con el lápiz y volvía a esconderse.

Y me puse a leer. La verdad era que a medida que leía, iba recordando fragmentos de la novela. A cada rato levantaba brevemente la vista para ver si lo veía cuando me mirara. Pero casi en ningún momento sacaba la cabeza fuera del lienzo para mirarme, lo que me hacía cuestionarme si me estaba pintando o no.

— ¿No necesitas mirarme para pintarme? —le pregunté mientras el asomaba su rostro sonriente por un costado del lienzo.

—No mucho. Además en estos momentos si te miro mucho lo que menos voy a hacer es pintarte. No sabes cómo tengo que controlarme para no dejar el cuadro a la mitad, ir donde estas, arrojar el libro a un lado y hacerte el amor. —dijo mientras mi respiración se aceleraba con solo escucharlo decir eso.

Eso sonaba tan tentador, que estaba dispuesta a pedirle que dejara de pintarme.

—Pero no lo haré, por mucho que me ruegues vas a tener que esperar a que termine de pintarte. —dijo mientras desaparecía detrás del cuadro nuevamente.

Así que me concentré en leer mi novela. Y el tiempo comenzó a correr. Ni siquiera miraba hacia donde estaba Christian. Cuando leía me metía de lleno en la historia y a veces olvidaba todo lo que me rodeaba. Me gustaban mucho las novelas de época sobre todo las de Amanda Quick, eran mis favoritas, pero últimamente no leía mucho. Creo que la última novela que había leído había sido la de Lena Valenti.

— No vas a comer nada.

En cuanto escuché su voz dejé de leer el libro y miré hacia mi lado en la cama donde se encontraba Christian sentado con una pequeña fuente en una mano y dos copas en la otra. En la fuente había fresas, uvas y manzana picada en trozos. Puso la fuente en la cama justo delante de mí mientras me ofrecía una copa de la mano. Me senté en la cama mientras cogía la copa de su mano.

—Yo estoy hambriento. —dijo mientras cogía una uva.

Y en ese momento mis ojos siguieron el movimiento de su mano desde la fuente hasta sus labios y mientras él se comía la uva. Me quedé mirando fascinada sus labios, creo que era la primera vez que lo hacía. Sus labios eran sensuales y yo sabía lo que era capaz de hacer con ellos sobre mi cuerpo.

—Me encantan tus labios. —le dije mientras cogía una fresa y le daba una mordida.

En realidad no sabía porque le había dicho aquello, nunca solía expresar tan abiertamente lo que me gustaba de una persona. Pero con Christian sentía que podía decirle todo. El me miraba sonriendo, de esa forma tan sexy que hacía que mi respiración se acelerara poco a poco.

—A mí también me gustan los tuyos. —dijo mientras con la mano libre agarraba la mía que tenía la fresa y la metía en su boca chupando mis dedos al final y después dándome un beso en los labios.

Se separó de mí sonriendo mientras yo lo miraba asombrada. Ese gesto envió descargas de corriente por mi cuerpo que se alojaron en lo más bajo de mi vientre.

—Me gustan tus besos. —le dije mientras el daba un sorbo a su copa sonriendo.

—Por lo que veo solo te gusta mi boca y lo que hago con ella. —me dijo alzando una ceja mientras yo me ruborizaba.

—En realidad me gusta mucho más que tu boca. —le contesté sinceramente mientras tomaba un trozo de manzana y lo mordía.

— ¿Me dirás que más te gusta de mí? —me preguntó mientras cogía una fresa y la llevaba a sus labios.

Me quedé mirándolo pensativa mientras ponía un dedo en mis labios.

—No. —le contesté después de un momento y le di un trago a mi copa.

Para mi sorpresa estábamos bebiendo champagne.

— ¿Acaso estamos celebrando algo? —le pregunté mientras cogía esta vez una uva.

—Sí, se puede decir que sí. —me contestó dando un sorbo a su copa y mirándome por encima de esta.

— ¿Es un secreto? —le pregunté intrigada mientras él me miraba sonriendo.

—No, tal vez más tarde te lo diga, ahora terminemos de comer que estoy ansioso por continuar. —me dijo mientras continuaba cogiendo diferentes frutas.

Y no hablamos más, me dediqué a terminar con la fuente de frutas que había traído Christian junto al resto que quedaba en mi copa de champagne que no era mucho. En cuanto terminé Christian se llevó la fuente y las copas y en cuanto regresó, desapareció detrás del lienzo nuevamente y yo me concentré una vez más en la novela.

Y nuevamente sin siquiera darme cuenta, el tiempo pasó volando. Pero esta vez Christian asomaba la cabeza a cada rato por un costado del lienzo. Y en esos breves momentos en que me percataba de lo que él hacía yo me deleitaba perdiéndome en su mirada gris mientras el cabello le caía en el rostro y él lo acomodaba hacia atrás nuevamente. Llegó un momento en que Christian se levantó y encendió las luces de la habitación. Cuando miré hacia el ventanal me percaté que estaba atardeciendo. Ni siquiera habíamos almorzado, y al menos yo no me había dado ni cuenta de la hora que era. Sabía que nos habíamos levantado tarde, pero no imaginé que había sido cerca del mediodía. Al menos Christian si se había percatado y había traído la fuente con frutas que comimos entre los dos junto con la copa de champagne.

— ¿Le falta mucho al cuadro? —le pregunté levantando la vista del libro.

—Solo un detalle. —me dijo saliendo de atrás del cuadro y caminando hacia donde yo estaba.

Tenía pintura por todo el torso y los brazos, pero donde más se le notaba era en la cara, se sentó a mi lado muy sonriente mirándome fijamente. Su mano fue hacia mi rostro y tiró de él para juntar nuestros labios en un beso ardiente su otra mano fue hacia mi cintura y tiró de mi para pegarme a su cuerpo. Me giró y me recostó en la cama y el sobre mí deslizando su mano por mi cuerpo. Poco a poco comenzaba a excitarme mientras su lengua invadía mi boca y sentía mis mejillas arder ante su frenético ataque apasionado. Entonces se me escapó un leve gemido y él se separó de mí sonriendo.

—Ahora, mira hacia mí. —dijo levantándose de la cama y dirigiéndose nuevamente hacia el cuadro.

Y lo había hecho una vez más. Me había excitado y se había separado de mí. ¿Pero porque lo había hecho? No tenía sentido alguno. Solamente sentía mis mejillas arder ante su tórrido beso mientras mi corazón latía desenfrenado en mi pecho. ¿Acaso me estaba pintando ruborizada?

—Creo que he terminado. —dijo regresando donde yo estaba unos minutos más tarde.

— ¿Necesitabas que me ruborizara para pintarme? —le pregunté mientras el sonreía.

—Sí, me encanta verte de esa forma, pero también necesitaba él beso. —dijo juntando sus labios con los míos una vez más cuando llegó a mi lado.

—En realidad lo que necesitas es un baño. —le dije tras separar nuestros labios y pasando una mano por su mejilla para tratar de quitar un poco de pintura de su rostro.

—Creo que voy a necesitar ayuda. —dijo tomándome por las manos para levantarme de la cama.

— ¿Puedo verlo? —le pregunté señalando el cuadro.

—No, de eso nada. —dijo tomando una tela y cubriendo el cuadro para que no lo viera. —El cuadro te lo enseño más tarde, tengo muchas cosas planeadas, pero primero como dijiste, vamos a bañarnos. —dijo tirando de mi mano hacia el baño.

No sabía porque no quería que viera el cuadro, pero no lo iba a forzar a enseñármelo, tarde o temprano lo vería.

—Vas a necesitar un buen baño, tienes pintura por todas partes. —le dije mientras le quitaba pintura del brazo y el cuello.

—Soy todo tuyo. —me dijo dándome la esponja con gel para que lo bañara.

Y con mucho gusto cogí la esponja de su mano y comencé muy lentamente —y cuidando de no dejarme ningún sitio— a quitar la pintura de todo su cuerpo, comenzando por sus hombros. Christian había llenado la tina del baño con agua caliente, sales aromáticas y burbujas. En esos momentos me encontraba sentada entre sus piernas mientras deslizaba mi mano por su cuerpo quitando los restos de la pintura que aún el agua no se había llevado. Dejé la esponja a un lado y deslicé mi mano por todo su torso bajando hasta rosar su miembro y tomarlo en mi mano.

—No creo que eso tenga mucha pintura. —me dijo en el oído mientras me mordía el lóbulo de la oreja.

—Nunca especificaste que tenía que lavarte, creo recordar que me dijiste que eras todo mío. —le dije mientras lo masajeaba un poco.

—Si…eso dije. —contestó con un gemido sonriendo.

—Pues déjame terminar de bañarte. —le dije mientras continuaba bañándolo completamente bajando hacia sus piernas, después una vez más por su torso y finalmente su cara.

Para cuando terminé me le quedé sonriendo mientras lo miraba fijamente a los ojos y él me devolvía la mirada.

—Creo que ya estás bien limpio. —le dije pasando la mano por la última mancha de pintura sobre su ceja.

—Bien, creo que es momento de ensuciarnos entonces. —dijo mientras me sonreía perversamente.

Me tomó por la cintura y me sentó sobre sus piernas. Subió una mano hacia mi rostro deslizándola por mi mejilla lentamente, haciendo que yo involuntariamente cerrara los ojos ante las descargas que comenzaron a recorrer mi piel, y entonces sentí sus labios sobre los míos devorándome lentamente. Su otra mano aún en mi cintura me apretaba más contra él. Podía sentir su erección debajo de mí, aumentando a cada momento. Mis manos se enredaron en su cuello atrayéndolo más cerca de mí. Su lengua invadió mi boca buscando la mía presurosa y ambas se encontraron para comenzar a batallar por recorrer la boca del otro. Tiré levemente del cabello de Christian y se le escapó un gemido contra mis labios que me hizo estremecer y sonreír.

—Yo también puedo hacer eso, aunque de otra forma. —dijo mientras me levantaba y de una vez se introducía en mi haciéndome gemir audiblemente mientras me agarraba de sus hombros y el sonreía. —Ves. —y se quedó así muy quieto dentro de mí.

No se movía, solamente me miraba fijamente a los ojos. Su mirada normalmente gris en esos momentos estaba oscurecida por la lujuria. Estaba esperando que lo hiciera yo. Sus manos fueron hacia mi cintura y unió nuevamente sus labios con los míos.

—He disfrutado de ti toda la tarde, ahora soy todo tuyo, has conmigo lo que desees. —dijo mientras me mordía los labios.

Puse las manos en sus hombros y comencé a moverme lentamente sobre su miembro mientras el cerraba los ojos, sintiendo como entraba y salía de mi en cada movimiento. Esto se sentía más carnal. Podía sentirlo mucho más plenamente dentro de mí, el calor de su miembro quemando en mi interior sin la cubierta de un preservativo por el medio. Era la primera vez que no lo usábamos y la verdad era que no estaba preocupada. En la visita al médico el martes y después de una larga charla, había optado por la píldora. Pero con lo del sonambulismo de Christian y la boda había olvidado completamente mencionárselo. En realidad me había acordado ahora porque no se había puesto nada. Al menos tenía buena memoria para recordar el horario de la pastilla. A Christian se le escapó otro gemido y abrió los ojos de golpe mirándome fijamente.

—Espera…espera, no me he puesto preservativo. —dijo tomándome por las manos haciendo que detuviera mis movimientos.

—Lo sé, no te preocupes, olvide mencionarte que estoy tomando la píldora. —le contesté mientras él me miraba extrañado como preguntándose porque no lo sabía.

— ¿Desde cuándo? —preguntó inquisitivamente.

—Desde el martes, olvidé mencionarte que en la tarde fui al médico. —le contesté mientras él se relajaba algo debajo de mí.

—Me alivia algo eso, pero hay otras coas que…—pero lo interrumpí.

— ¿Tienes alguna ITS? —le pregunté enarcando una ceja.

—No, siempre he usado preservativo, además me hago chequeos periódicamente. —contestó muy serio.

—Entonces no hay problema porque creo que tienes conocimiento que solo me he acostado contigo. —le contesté sonriéndole.

—Sí, pero quiero demostrarte que…—lo silencié una vez más poniendo un dedo sobre sus labios.

—Confió en ti Chris, se que nunca me harías daño de ninguna forma. —le dije tomando su rostro entre mis manos.

—No sé porque depositas tanta confianza en mí, nunca nadie lo ha hecho. —dijo mientras subía una de sus manos hacia mi rostro y acariciaba mi mejilla lentamente.

Era ahora el momento para decírselo, ya más tarde afrontaría las consecuencias de mi decisión.

—Porque te amo Christian, y cuando amas a alguien confías en esa persona plenamente al punto de entregarle tu vida de ser necesario. —Christian se me quedó mirando sorprendido por lo que le había dicho.

Pero entonces me sonrió, una sonrisa deslumbrante iluminaba completamente su rostro, una sonrisa que nunca le había visto. Podía decir que estaba feliz.