Esta no era la reacción que me esperaba.

—Entonces creo que te puedo contar porque nunca he pintado a ninguna mujer antes. —me dijo de repente sin yo entender a que venía el cambio en la conversación. —Nunca he pintado a ninguna mujer antes porque me dije a mi mismo que solo pintaría a la mujer que amara realmente. Y esa eres tu Anastasia. He sido un tonto todo este tiempo negando lo que estaba frente a mis narices y ha estado ahí a pesar del tiempo y la distancia. —me decía mientras podía sentir como de mis ojos escapaban lágrimas de felicidad ante lo que me estaba diciendo.

Jamás me había imaginado que Christian estuviera enamorado de mí y ahora con certeza lo sabía.

—Te amo Ana y ahora para demostrártelo y para probármelo a mí mismo una vez más, te voy a hacer el amor. —dijo mientras ponía las manos en mi cintura y me giraba para recostarme a la bañadera y el sobre mí.

Y entonces comenzó a entrar y salir de mí al mismo tiempo que devoraba mis labios. Ambos gemíamos con cada envestida que el daba, lo sentía plenamente en mi interior, aumentando cada vez más sus movimientos mientras nuestras respiraciones eran cada vez más agitadas.

Aún no podía creer lo que él me había dicho hacía apenas unos minutos, mi mente no acababa de procesarlo. Christian me amaba, me lo había dicho y a pesar de todas las veces que habíamos tenido sexo, esta era en realidad la primera vez que verdaderamente me hacía el amor. Mi cuerpo poco a poco comenzó a convulsionar alrededor de él. Y mientras mis manos se aferraban fuertemente a sus hombros exploté en un maravilloso orgasmo gritando su nombre contra sus labios y entonces lo sentí dentro de mí llenándome mientras gritaba mi nombre también. Y unas envestidas después se desplomó sobre mí bajando sus labios dando besos por mi mejilla, mi cuello hasta descansar su cabeza sobre mi pecho sin salir de mí.

—Te amo Anastasia y nunca me cansaré de decírtelo. —dijo mientras mi respiración se calmaba un poco y mi corazón se aceleraba al oírlo decir nuevamente esas palabras.

—Y yo a ti Chris, y yo a ti. —le dije mientras acariciaba su cabello.

—Hacía mucho tiempo que nadie me llamaba así. —me contestó mientras levantaba brevemente la cabeza para mirarme a los ojos.

—Si te molesta lo dejo de hacer. —le dije sinceramente.

—No, no me molesta me gusta que me digas así. —dijo mientras su mirada gris penetrante traspasaba la mía.

—Entonces te seguiré diciendo Chris. —le dije mientras el sonreía.

—Dilo una vez más. —me pidió.

—Chris…mi Chris. —le dije mientras acariciaba su rostro.

—Sí, todo tuyo. —dijo acercando sus labios a los míos para darme un rápido beso. —Se que estamos muy cómodos y la verdad yo no quiero estar en otra parte que no sea en tu interior pero no almorzamos así que creo que debemos cenar, no crees. —dijo separándose un poco de mí para mirarme fijamente.

—Sí, creo que deberíamos cenar, estoy hambrienta. — le contesté mientras el sonreía y se separaba más saliendo de mi interior.

Y era cierto lo que él decía, donde él pertenecía era dentro de mí y en cuanto salió sentí su ausencia. Se levantó y me tendió la mano para ayudarme a levantar. Salió de la tina, tomó una toalla y la puso sobre mí y después tomó otra y tras secarse un poco la enredó en su cintura haciendo que yo me le quedara mirando.

—Nunca me voy a cansar de mirarte. —le dije sonriendo como una idiota mientras él me sonreía de regreso.

—Yo tampoco. —dijo acercándose y robándome un beso. —Ahora vamos a poneros algo de ropa para ordenar o preparar algo para cenar.

Christian salió del baño y yo me demoré un rato más. Tenía el pelo mojado y no quería enfermarme así que me demoré secándomelo bien. Después enredé la toalla en mi cuerpo y salí hacia la habitación. Las cortinas de las ventanas estaban corridas y la toalla de Christian estaba sobre la cama.

— ¡Chris! —lo llamé

—En el armario. —y me dirigí hacia allí.

En estos momentos tenía un pequeño problema. Que ropa me ponía. De la boda habíamos salido directo hacia aquí, no habíamos pasado por mi apartamento para recoger ropa, así que solamente tenía la ropa de la boda, ni siquiera tenía ropa interior limpia. Christian estaba en el armario con unos jeans ajustados puestos mientras se ponía una camiseta sin mangas y se giraba hacia mí.

—De casualidad no tendrás ropa como para mi verdad. —le pregunté con curiosidad mientras él me miraba de arriba abajo.

—Veamos. —dijo mientras llegaba a donde yo estaba y tiraba de la toalla dejándome desnuda. —Mmm... —dijo pensativo mientras me miraba y levemente sonreía. —Debería haber algo por aquí que te sirva. —me dijo mientras buscaba en el armario y sacaba una camiseta y me la ofrecía. —Creo que con esto será suficiente. —dijo mientras yo tomaba la camiseta y me la ponía.

Me llegaba por la mitad de los muslos, el tenía razón, pero no podía andar sin bragas por todo el apartamento.

—No tendrás unas bragas de casualidad.

—No me molesta que andes así, pero si lo prefieres busca en una de esas gavetas, voy a ver qué preparo de cenar. —dijo mientras me señalaba las gavetas del armario y salía de allí.

Y después de buscar en sus gavetas donde solamente había bóxers decidí no ponerme nada, en un final solo estábamos nosotros dos. Salí del armario y busque por la habitación las bragas y el sujetador que tenía puesto ayer. Fui hacia el baño, los lavé y después me dirigí hacia la cocina donde me encontré con Christian detrás de la encimera preparando algo y me acerqué a él para ayudarlo.

Era increíble como habían cambiado las cosas en tan poco tiempo, ahora ya no amaba a Christian en silencio, se lo había confesado y el también me amaba, me lo había dicho en varias ocasiones y me lo había demostrado. Lo podía ver en su rostro cada vez que me sonreía o me robaba un beso mientras cocinaba. Ahora no tenía miedo a nada, sabía que él no me dejaría nuevamente, bueno al menos eso esperaba.

Lo que más sobresalía en la cena era la botella de champagne sobre la encimera, ya que la cena había sido rápida y sencilla; macarrones con queso y pollo frito. Después nos habíamos sentados en la alfombra de la sala, abrazados y recostados al sofá, terminando lo que quedaba de la botella de champagne.

— ¿Me contarás más cosas de Londres? —le pregunté mientras él me miraba brevemente pensativo antes de contestarme.

— ¿Qué quieres saber? —me contestó sin siquiera titubear.

Desde la noche anterior en que me había confesado que me amaba había cambiado mucho, ahora se mostraba más abierto a hablar del pasado. Tal vez eso era todo lo que él tenía. Los fantasmas del pasado atormentándolo. Tal vez hablando todo desaparecería, los terrores nocturnos, el sonambulismo. Ahora sabía con seguridad que él me amaba. Me lo había demostrado al hacerme dulcemente el amor, y me lo estaba demostrando ahora cuando estaba dispuesto a hablar del pasado.

— ¿Cómo fue tu estancia en Londres? — le pregunté girándome hacia él mientras me acurrucaba más en su pecho.

—No muy buena, hice cosas de las que no quiero recordarme. —dijo mirándome fijamente. —digamos que solía andar de fiesta en fiesta y de cama en cama, no iba mucho a clases. —contestó mientras yo lo miraba sorprendida.

—Creo recordar que me dijiste eso mismo en tu oficina. —le dije mientras sonreía.

—Sí y de verdad lo siento mucho, nunca debí haber dicho eso, no sin antes conocerte. —dijo mientras me sonreía levemente.

—No entiendo algo, como te graduaste entonces.

—Elliot me ayudó y mucho, para mi es mucho más que mi mejor amigo, es mi hermano. —dijo mientras yo lo miraba asombrada.

Nunca había imaginado que la relación que tenía con Elliot fuera tan profunda.

—Imagino entonces que conoce todo lo sucedido.

—Sí, y también me ayudó a superarlo, en parte por eso le pedí que fuera mi socio de negocios era una forma de agradecerle lo que hizo por mí. Además en aquel tiempo no confiaba en nadie. —me dijo mientras daba un trago a su copa.

No era que confiara mucho ahora, recuerdo fragmentos de conversaciones de Christian y algunas interrogantes más surgieron en mi mente.

—Son ideas mías o desconfías mucho de las mujeres. —le pregunté con mucha curiosidad.

— ¿Cómo has llegado a esa conclusión? —preguntó enarcando una ceja mientras yo bebía de mi copa.

— ¿Estoy equivocada? —le pregunté enarcando una ceja.

—No. He tenido muy malas experiencias con las mujeres, de ahí que desconfíe tanto. —contestó pensativo.

—Cuando dices malas experiencias, a que te refieres. —pregunté con curiosidad.

—Digamos que la mayoría estaban conmigo por mi dinero y no en realidad por la persona que soy.

— ¿La mayoría?

—Creo que tú eres la única excepción. Eres la única que me ha preguntado si soy millonario y se ha sorprendido al saberlo.

—Cuando te conocí no lo eras, nunca imaginé que en seis años las cosas hubieran cambiado tanto. Por cierto nunca me has contado esa historia.

— ¿Cuál historia?

—Como te volviste millonario.

—Esa es una larga historia. —me contestó mirándome pensativo mientras daba un sorbo a su copa nuevamente y la rellenaba.

—Tenemos tiempo de sobra. —le contesté mientras le ponía mi copa para que la rellenara.

—Digamos que lo soy por herencia, el millonario era mi abuelo. Falleció unas semanas después de llegar nosotros a Londres y mi madre al ser única hija heredó todo. —contestó después de un rato mientras yo lo miraba sorprendida.

Esto era mucho más de lo que me había contado antes. Pero tenía que preguntarle, tenía que saberlo.

— ¿Cómo fallecieron tus padres?

—No he terminado la historia, ya llegaremos ahí.

—Continúa entonces. —lo alenté, estaba ansiosa por escucharlo todo.

—Después de fallecer mi abuelo supuse que podríamos regresar, que no habían motivos para quedarnos allá en Londres. Pero en realidad había uno. En el testamento había una cláusula donde el heredero debía residir un año en Londres para heredar todos los bienes…

— ¿Pero porque no regresaste al cabo del año? —lo interrumpí mientras él se me quedaba mirando. —Está bien. —le dije mientras hacía silencio nuevamente para que el continuara.

—Al pasar el año ellos querían regresar, incluso me compraron este apartamento y me lo regalaron para cuando regresáramos. Pero yo comencé a llevarles la contraria, a desobedecerlos y les decía que no quería dejar Londres. Salía hasta tarde, me emborrachaba, a veces no regresaba a la casa…hasta la noche de la discusión. —entonces lo interrumpí nuevamente.

Christian miraba fijamente hacia el frente, tenía la mirada perdida en los recuerdos y sentía como si los estuviera reviviendo nuevamente. No quería que el pasaraa nuevamente por eso.

—Si no quieres continuar no lo hagas, se que debe ser muy difícil para ti recordar todo esto.

—No, quiero contártelo, no quiero secretos entre nosotros. —dijo mientras hacía una pausa antes de continuar.