—Discutí fuertemente con mis padres, en realidad no recuerdo bien el motivo por el que lo hice, solo recuerdo que no estaban de acuerdo con mi comportamiento, mis llegadas tarde y el hecho de que iba a la casa con una mujer diferente cada día. Recuerdo que estaba nevando, cogí las llaves de mi auto y conduje hacia la casa de Elliot. No quería estar allí en la casa después de la discusión. Mi teléfono sonó a las 4:00 am. Era la policía. Al parecer mis padres salieron a buscarme a casa de Elliot y tuvieron un accidente en la carretera con un camión. No llegaron al hospital. El día del funeral prometí sobre la tumba de mis padres que iba a cambiar. Me impuse una serie de reglas que juré jamás romper bajó ninguna circunstancia. A pesar de todo lo que había hecho en la universidad estudié como nunca lo había hecho y terminé la carrera como uno de los mejores. Al heredarlo todo tuve que quedarme un año allá y en cuanto se cumplió el plazo pedí un traslado en el museo donde trabajaba y me dieron el cargo de supervisor aquí. Y bueno ya conoces un poco del resto. Me instalé en el apartamento, compre un club que poco a poco se convirtió en el más prestigioso de New York, y poco a poco he ido adquiriendo otros. Elliot es el que se encarga mayormente de ellos, tiene mejor ideas que yo sobre cómo administrarlos, aunque con el tiempo he ido aprendiendo algo. Él fue el de la idea cuando estábamos en Londres y yo acepté en poner el dinero pero solo con la condición de que fuera en New York. Y él aceptó.

Creo que iba entendiendo algo, si no me equivocaba él se sentía culpable por la muerte de sus padres. Eso era lo que lo había vuelto tan controlador con los horarios y tan estricto con las normas. Entonces recordé lo que me dijo en el ascensor.

— ¿Qué reglas fueron las que te impusiste? —le pregunté recordando lo que me dijo en el ascensor el día que me apretó por los brazos después del almuerzo.

Christian me miró entrecerrando los ojos, como pensando si contármelo o no.

—No salgo con nadie que trabaje conmigo. —me dijo mirándome fijamente a los ojos mientras sonreía levemente.

—No te ha ido muy bien con esa. —le dije sonriendo.

—No. No llegar tarde bajo ninguna circunstancia. —me dijo mientras daba un trago a su copa.

—El almuerzo se extendió más de la cuenta. —le contesté mientras ambos reíamos.

—Sí, pero valió la pena, lo que más recuerdo es lo que sucedió después. —dijo sonriéndome de lado.

—Me acuerdo cada vez que miro hacia tu oficina. —le contesté mientras ambos reíamos.

—Nunca me emborracho. —era cierto en todas las veces que hemos tomado nunca lo he visto pasado de tragos. —No hablo de mi pasado en especial de Londres. —dijo muy serio.

— ¿Porque lo has hecho entonces?

—Porque sentía que era necesario, además solo son unas estúpidas reglas que me implanté para controlarme a mí mismo.

— ¿Alguna más?

—No confiar en todo el mundo. No tener más de una mujer al mismo tiempo. —me contestó.

— ¿Eras muy mujeriego? —le pregunté con curiosidad, si lo había sido tenía miedo de que continuara siendo así.

—Eso quedó en el pasado. Desde que me mudé a New York solo he tenido una pareja y rompí con ella unos días antes de reencontrarnos. —me contestó aunque en realidad yo no quería saberlo. — Y en estos momentos, solo tengo ojos para ti. — me dijo robándome un beso que me hizo estremecer.

Y entonces me puse a pensar brevemente en todo lo que me había contado y llegué a una conclusión.

—Sabes que no es culpa tuya el accidente de tus padres. —le dije mientras él me miraba esta vez serio.

—Lo sé, pero de cierta forma me siento responsable, si yo no hubiera discutido con ellos…si no los hubiera desafiado todo ese tiempo como lo hice…tal vez…solo tal vez estuvieran vivos. —me contestó nuevamente con la mirada perdida.

—Y no te has puesto a pensar que las cosas suceden por un motivo. —le dije mientras él me miraba fijamente. —Y si hubieras obedecido y hubieran tenido el accidente igualmente aunque otro día, también te sentirías culpable. Como mismo tu dijiste no puedes cambiar el pasado, así que para que vas a seguir culpándote por eso. Hiciste lo correcto, cambiaste, terminaste la carrera, tienes varios negocios exitosos y solo tienes cuanto, 25 años. Acaso no crees que tus padres estarían orgullosos de lo que has logrado, del hombre en el que te has convertido. —le dije mientras él me miraba sin apartar la vista de mis ojos y yo sostenía una de sus manos sin darme cuenta.

Christian me miró por un rato sin apartar la mirada de la mía. Sus ojos grises me miraba con ternura podía decir. Entonces me sonrió levemente.

—Tengo 24, y tienes algo de razón. La verdad nunca nadie me había hablado de la forma que lo has hecho tú. Creo que es la primera vez que entiendo bien la situación y no siento tanto remordimiento. —dijo haciendo una pausa y poniendo la copa en el suelo subió la mano para acariciar mi rostro lentamente. — ¿Dónde has estado todo este tiempo Ana?

—Aquí en New York. —le contesté mientras él se echaba a reír y yo también.

—No entiendo porque nunca nos hemos cruzado. —me dijo mientras yo lo pensaba.

—Ahora que lo pienso, yo tampoco, iba casi todos los días al museo hasta casi la hora del cierre.

—En serio. —preguntó asombrado. —Bueno al final terminamos reencontrándonos. —me dijo apretándome contra él y dándome un beso.

Entonces Christian miró su reloj brevemente y sonrió.

—Vamos, es hora de que te enseñe el cuadro. —dijo levantándose y ayudándome a levantarme también.

Caminamos rumbo a la habitación hasta pararme frente al cuadro aún cubierto con la tela.

—Ahora cierra los ojos, no espíes. —dije señalándome con un dedo y después yo cerraba los ojos.

Lo sentí caminar lejos de mí y luego regresar nuevamente abrazándome por detrás y pegando sus labios en mi oído.

—Ahora sí. ¡Feliz Cumpleaños! Puedes abrir los ojos. —he hice lo que él me dijo.

Abrí mis ojos y delante de mí se encontraba el lienzo donde estaba pintada leyendo el libro, sonrojada, con una sonrisa en mi rostro mientras tenía la mirada fija en la página del libro. Se podía ver algo de piel por el cuello de la camisa ligeramente abierto, pero no pasaba más allá de donde comenzaban mis senos. En muchas ocasiones me había imaginado como quedaría si alguien me dibujara, pero cuando ves el resultado te das cuenta que nunca es como te lo imaginaste que sería, es mucho mejor…un momento; el dijo ¡Feliz cumpleaños!

— ¿Feliz cumpleaños? —le pregunte intrigada.

Me zafé de sus brazos y me giré de frente a él, el cuadro me había dejado tan impresionada que no había escuchado lo que le había dicho.

— ¿Acaso hoy no es tu cumpleaños? —preguntó pasándose una mano por el pelo.

— ¿A como estamos hoy? —le pregunté perdida, en realidad ni siquiera recordaba a como estábamos.

Desde que había comenzado con Christian había perdido la noción del tiempo. No existía nada cuando estaba con él.

—Bueno exactamente son las 12:10 am del 9 de junio. —me contestó mirando su reloj mientras yo me quedaba sorprendida con la boca abierta.

—Sí, tienes razón. Es mi cumpleaños ¿Cómo es que lo sabes cuándo ni siquiera yo lo he recordado? —le pregunté con curiosidad.

—Elliot me lo dijo, creo que Kate le mencionó algo. —me contestó sonriendo.

—Es increíble, como se me pudo olvidar mi propio cumpleaños. —dije pensativa mientras negaba con la cabeza.

—Entonces te gustó tu primer regalo de cumpleaños. —me preguntó mientras me miraba fijamente.

—Me encantó, gracias. —le dije mientras me acercaba a él y le daba un rápido beso en los labios. —Dijiste el primero. ¿Acaso hay más? —le pregunté mientras él me sonreía ladinamente apretándome contra su cuerpo.

—Ahora te voy a mostrar el segundo. —dijo mientras devoraba mis labios sensualmente.

En un rápido movimiento me levantó y me cargó en sus brazos para llevarme hacia la cama donde me bajó suavemente e hicimos el amor hasta caer ambos exhaustos rendidos de placer.

Al despertar me percaté de algo, Christian estaba abrazado a mí, ambos completamente desnudos y no se había atado la noche anterior. Era extraño que con lo que ya había sucedido en una ocasión no lo hubiéramos recordado. Sus manos se apretaron más a mí alrededor mientras comenzaba a dar besos por mi espalda desnuda y su miembro se presionaba contra mis nalgas.

— ¿No estás cansado? —le pregunté mientras lo sentía reír detrás de mí.

—De ti, nunca. —dijo mientras continuaba con sus besos.

— ¿Entonces tienes planeado pasarnos todo el día en la cama? —le pregunté girándome hacia él.

—En realidad no, tengo otros planes. —dijo buscando su reloj en la mesita de noche. —Y al parecer tengo que hacer algunos reajustes en los horarios. —dijo mientras miraba la hora en el reloj y lo volvía a poner en la mesita.

— ¿Planes?

—Sí, no creerás que nos pasaremos tu cumpleaños aquí en la cama. —me dijo pegándose más a mí. —Por muy tentador que parece la idea en estos momentos. —me contestó sonriendo contra mis labios antes de darme un beso y salir de la cama.

Fuimos hacia el baño y nos dimos una rápida ducha de donde Christian salió hacia el armario y yo me quedé sentada en la cama pensando que ropa me iba poner.

—No tengo ropa aquí. —le grité sentada en la cama en ropa interior.

—Creo que el vestido estará bien. —me contestó asomándose brevemente con unos jeans puesto aún sin abrochar.

Mi vestido estaba acomodado en una silla. Lo había recogido del suelo a la mañana después de la boda.

— ¿Dónde quedaron los zapatos? —creía recordar que me los había quitado en el ascensor pero tal vez el los había recogido.

—Veamos si están donde los dejamos. —contestó mientras salía de la habitación sin zapatos y con una camisa blanca aún sin abrochar.

Regresó unos minutos más tarde con los zapatos de ambos en las manos y sonriendo.

—Es una de las ventajas de tener un ascensor privado. — dijo dándome mis zapatos y caminado rumbo al armario nuevamente.

Después de ponerme el vestido y los zapatos fui hacia el baño para acomodar un poco mi pelo. Al regresar me puse a buscar la cartera que no recordaba donde había dejado. La encontré en el suelo debajo de la cama. Saqué mi celular y tenía varias llamadas perdidas de Kate. También tenía dos mensajes, el primero era de Kate.

—"Imagino que te fuiste con Christian así que no me preocupo más, nos vemos cuando regresen".

El segundo mensaje era de mis padres.

"Felicidades por tu cumpleaños, esperamos que lo estés pasando bien, un beso te quieren mamá y papá.

Qué extraño, Kate no se había acordado de mi cumpleaños, aunque ni siquiera yo lo había hecho. Christian salió del armario haciendo que yo levantara mi vista del celular. Se había puesto una americana negra desabrochada y unos zapatos negros también. Traía los dos botones superiores de la camisa desabrochados, los jeans le quedaban perfectos, ajustados a su cuerpo. Lucía sexy e informal. Ahora me estaba preguntando qué era lo que había preparado para hoy.

—Ya te lo dije en una ocasión pero te lo diré nuevamente. —dijo mientras se acercaba a mí. —Estás hermosa con ese vestido. —dijo llegando a mi lado y robándome un beso que terminó quitándome el aliento. —Ahora qué tal si vamos saliendo, no quiero tener que hacer más cambios. —dijo mientras entrelazaba sus dedos son los míos.

Era la primera vez que lo hacía y al igual que en las incontables ocasiones en que sus dedos rozaban mi piel, una corriente comenzó a recorrer todo mi cuerpo. El viaje en el ascensor fue en silencio, solamente intercambiábamos una que otra mirada mientras lentamente descendíamos hasta el parqueo. Salimos del ascensor sonriéndonos uno al otro como dos tontos enamorados y nos montamos en el auto. Christian arrancó y salimos del parqueo mientras él encendía el reproductor y comenzaba a sonar una música que yo conocí.

— ¿Lifehouse? —le pregunté con curiosidad.

No conocía mucho al grupo, solo algunas canciones como la que estábamos escuchando en ese momento en el auto.

—Sí. —me contestó sonriendo mientras se giraba brevemente hacia mí. —Me gusta mucho esta canción.

—Puedes subirle el volumen. —le pedí mientras él me sonreía.

—Por supuesto. —dijo mientras los acordes de "You and Me" inundaban el auto.

Condujo el auto por la ciudad mientras el reproductor cambiaba de una canción a otra y llegábamos a la marina.

— ¿Vamos a salir en el yate? —le pregunté con curiosidad mientras bajaba del auto.

—Sí. —me contestó apretando brevemente mi mano mientras comenzábamos a caminar por el muelle entre los yates.

El yate continuaba siendo tan espléndido como yo recordaba. Subimos y después de Christian soltar las amarras me condujo hacia la cabina. Después de realizar unas comprobaciones y apretar botones que no sabía para que eran arrancó el yate con un leve zumbido del motor y suavemente fuimos saliendo del muelle. Era increíble con la destreza que lo manejaba y yo lo miraba embobada sentada a su lado mientras el sonreía. Cerca de una hora más tarde y lejos de la ciudad detuvo el yate y se giró hacia mí sonriendo.

—Ahora, te tengo una sorpresa, cierra los ojos. —me pidió mientras yo obedientemente los cerraba.