Era extraño haber ido a atrabajar en él auto, todos los días íbamos y veníamos caminando. Pero lo más extraño, y no sabía si eran ideas mías, era que sentía como si nos estuviera vigilando alguien. Miraba disimuladamente en todas direcciones pero nunca veía a nadie sospechoso. Tal vez solo era paranoia mía, así que no le comenté nada a Christian, no quería que se preocupara por gusto. Cerca de las 6:20 pm estaba parqueando el auto en la casa de mis padres. Apagué el motor y me giré hacia Christian.

— ¿Estás listo? —le pregunté ansiosa mientras él me sonreía seductoramente antes de robarme un beso.

—Contigo estoy listo para lo que sea, además no es como si fueran extraños para mí. —Contestó mientras se giraba al asiento de atrás y cogía la maleta.

—Pero no creo que te recuerden, has cambiado mucho. —le dije mientras ambos reíamos y salíamos del auto.

Al dar la vuelta al auto, tomó mi mano mientras llevaba la maleta en la otra y juntos caminamos hacia la puerta. Saqué la llave del bolsillo de mis jeans y abrí la puerta haciéndolo pasar.

—Mamá, ya llegamos. —grité mientras cerraba la puerta detrás de Christian.

Mi madre salió de la cocina y llegó donde estábamos. Por un momento se quedó mirando a Christian detenidamente. Suponía que trataba de acordarse si lo conocía o no y si lo conocía de donde.

— ¿Cómo estás mamá? —le pregunté llegando donde ella estaba y abrazándola.

— ¿De dónde me resultas familiar? —le preguntó mientras ambos reíamos.

—Mamá, recuerdas a Christian, el hijo de nuestros vecinos. —le dije mientras ella lo miraba asombrada y estupefacta.

—Cómo has cambiado, te recordaba más flaco. —dijo mientras nosotros nos reíamos. —Ahora luces como todo un hombre. Y tus padres, aún viven en Londres. —le preguntó mi madre y yo en ese momento me le quedé mirando fijamente a Christian esperando que iba a contestar.

—Mis padres fallecieron hace 3 años. —le contestó el dejando de reír por un momento.

—Cuanto lo siento, no lo sabía, perdón. —dijo mi madre apenada.

—No se preocupe Sra. Stelle, fue hace mucho. —le contestó el sonriéndole levemente.

—Por favor no me llames así, puedes llamarme Elisa. —le pidió mi madre mientras le sonreía.

—De acuerdo, Elisa.

—Entonces eres el novio de Anastasia…nuevamente. —le preguntó mi madre mientras nos dirigíamos hacia la sala y nos sentábamos, Christian y yo en el sofá y ella en una butaca frente a nosotros.

—Sí. —contestó dándome una sonrisa torcida mientras apretaba ligeramente mi mano, ni siquiera me había percatado que la tenía entrelazada con la de él.

— ¿Y cómo se conocieron nuevamente? —preguntó mi madre mirándome fijamente con mucha curiosidad.

—Trabajamos juntos. —le contesté mientras le sonreía levemente a Christian.

El me miró levemente sonriendo antes de mirar a mi madre.

—Yo soy su jefe. —Contestó el mientras yo me quedaba como piedra y apretaba su mano fuertemente.

De todas las cosas que pudo haber contestado porque le dijo a mi madre que era mi jefe. ¿Cómo reaccionaría ella ante este descubrimiento? Si algo había aprendido era que mi madre nunca reaccionaba de la forma que uno se imaginaba.

—Me alegro tanto por los dos. —contestó mientras Christian sonreía. —porque no sueltan las cosas hacia tu habitación y se van bañando en lo que yo termino de preparar la cena. —dijo mi madre levantándose de la butaca y dirigiéndose hacia la cocina cambiando completamente el tema de conversación y dejándonos solos.

—Esta conversación fue extraña. —me dijo sonriéndome mientras yo lo miraba fijamente.

—Muy extraña, vamos te voy a mostrar la habitación. —dije tirando de su mano rumbo a las escaleras y hacia mi habitación.

Al entrar dejó la maleta en una de las camas mientras miraba todo alrededor y yo iba hacia las ventanas para abrirlas.

—Hacía mucho tiempo que no entraba a tu habitación. —dijo sentándose en el borde de mi cama. —Veo que no ha cambiado mucho desde que estuve aquí por última vez. —dijo sonriéndome mientras yo me quedaba de pie frente a la ventana que daba hacia su antigua casa.

—No me gusta recordar mucho eso, la última vez que estuviste aquí fue cuando te marchaste. —le dije mirándolo fijamente mientras me cruzaba de brazos.

—Prometo no marcharme esta vez. — me dijo mientras se levantaba de la cama y se acercaba a mí. —No sin antes avisar. —dijo sonriéndome mientras descruzaba mis brazos para después abrazarme tiernamente.

—De acuerdo, ahora que tal si nos bañamos para cenar.

No me dejó salir de sus brazos, se quedó abrazándome por detrás mientras yo caminaba rumbo a la cama para buscar la ropa para bañarnos.

Veinte minutos más tarde estábamos bajando las escaleras y nos dirigíamos hacia la cocina donde mi madre terminaba la cena.

— ¿Te podemos ayudar en algo? —le pregunté desde la puerta.

—Pueden ir poniendo la mesa. —nos dijo mientras yo cogía los platos y se los pasaba a Christian para después coger los cubiertos.

Estábamos terminado de poner la mesa cuando sentí un auto parquear afuera, debía ser mi padre. La puerta del frente se abrió y unos minutos más tarde el entraba en el comedor.

—Hola papá. —dije mientras iba hacia donde él estaba y lo abrazaba.

— ¿Cómo estas hija? —me preguntó mientras se quedaba mirando a Christian.

—Papá este es Christian, mi novio. —le dije mientras Christian se acercaba a él y le daba la mano.

— ¿Cómo está Sr Stelle? —dijo mientras ambos se estrechaban las manos.

—Muy bien. —dijo mirándolo pensativo por un momento. — ¿De qué me suena tu rostro? —le preguntó mientras yo sonreía.

— ¿Recuerdas al hijo de nuestros vecinos? —le pregunté mientras él asentía con la cabeza. —Es él, por eso te parece tan conocido. —le contesté aún riendo.

—Como has cambiado muchacho. —dijo dándole una palmada en el hombro.

— ¿Anastasia me puedes ayudar? —dijo mamá desde la cocina.

—Vamos para la sala a conversar un poco. —le dijo mi padre a Christian mientras yo iba rumbo a la cocina.

—Lo siento. —le articulé con los labios mientras lo veía irse con mi padre. Lo último que vi fue que me sonreía levemente.

—Ve llevando esos platos hacia la mesa. —me dijo señalando unos platos de ensalada. — ¿Y Christian?

—En la sala conversando con papá. —le contesté mientras cogía los platos y los llevaba hacia la mesa.

Diez minutos más tarde ya la mesa estaba completamente lista. Fui hacia la sala a llamar a mi padre y rescatar a Christian de lo que imaginaba fuera un interrogatorio. Pero al llegar allí me llevé una sorpresa. Christian y mi padre reían y conversaban animadamente.

—Ya está la cena. —dije anunciando mi presencia haciendo que ambos me miraran.

Se levantaron del sofá y caminaron hacia donde yo estaba. Christian llegó a mi lado y me pasó una mano por la cintura.

—Prométeme que algún día me mostrarás ese auto.

—La próxima vez será. —le contestó mientras mi padre desaparecía rumbo a la cocina.

— ¡Le contaste del porshe! —exclamé asombrada.

—Tuve que hacerlo, comenzamos a hablar sobre autos y al final me preguntó que conducía.

—Al menos no le contaste que eras millonario, y tenías varios clubs y restaurantes, no imagino cual sería su reacción. —le contesté mientras el reía y me apretaba más contra él.

—No, no llegamos a hablar de tanto.

—Vamos a cenar. —le dije mientras caminábamos rumbo al comedor.

Allí nos sentamos uno al lado del otro. Las piernas de Christian rozaban ligeramente las mías, lo que solo hizo que lo mirara fijamente por un momento y el no hizo otra cosa más que sonreír. Mamá había preparado espagueti a la boloñesa y Christian por un momento se había quedado mirando fijamente hacia la mesa.

— ¿No te gusta la comida? —le pregunté muy bajito.

—No es eso, esta es mi comida favorita, bueno lo era hace mucho tiempo. —dijo mientras yo le sonreía.

—Entonces porque tienes esa cara. —le pregunté mientras comenzaba a servir la comida en mi plato.

—Hace mucho tiempo que no la comía preparada casera. —me contestó pensativo.

—Pues entonces sírvete y come todo lo que quieras. —le contesté mientras él me sonreía y comenzaba servirse la comida.

Terminamos de cenar y Christian se ofreció a ayudarme a recoger la mesa.

—Yo termino de fregar, vayan a dar una vuelta. —dijo mi madre mientras me quitaba el paño de fregar de la mano y me sonreía.

Salimos de la casa y dimos una vuelta por la ciudad mientras nos tomábamos de la mano o Christian me abrazaba. Al regresar no había señales de mis padres, así que supuse que estarían durmiendo. Subimos hacia mi habitación y cuando fui a buscar la ropa para cambiarme Christian me detuvo.

—Déjame desnudarte. —me susurró mientras me abrazaba por detrás.

Lo miré de reojo, pero al final lo dejé, me gustaba sentir sus manos deslizarse lentamente por mi cuerpo. Me quitó la ropa lentamente hasta quedar con solo la ropa interior. Me giré hacia él que aún me sonreía con los jeans y la camisa puestos.

— ¿Puedo? —le pregunté señalado su ropa.

—Todo lo que quieras. —me contestó mientras yo me acercaba y comenzaba a zafarle la ropa lentamente como mismo lo había hecho él hasta dejarlo con solo los bóxers.

— ¿Ya terminaste? —me preguntó pegándose a mí. —Porque ahora lo que más quiero es hacerte el amor en tu cama. —me dijo mientras yo reía ante sus ocurrencias.

Comenzó a besarme lánguidamente mientras me cargaba y me llevaba hacia la cama donde recorrió con sus labios mi cuerpo lentamente. Hicimos el amor lentamente, sin prisas hasta terminar abrazados y ambos caer completamente dormidos.

El sábado hizo un día espléndido con mucho sol. Papá y Christian se pusieron a asar en el patio mientras nosotras preparábamos el resto de la comida.

Era entrada la tarde, nos encontrábamos los cuatro sentados con una cerveza cada uno en la mano mientras conversábamos. En ese momento comenzó a sonar el celular de Christian y este lo cogió aún sonriendo mientras miraba quien llamaba y fruncía el ceño.

—Dime Elliot. —respondió mientras me miraba fijamente. —Espera, espera, un poco más despacio. —dijo mientras ponía la cerveza en el suelo y se ponía de repente muy serio levantándose del asiento. — ¿Cómo fue que sucedió? —lo escuché preguntar mientras se alejaba un poco de mí.

¿Qué habría sucedido? No entendía a que se debía la llamada de Elliot. Algo malo debía de haber ocurrido para que él se pusiera tan serio como estaba en esos momentos. Podía decir que estaba nervioso, ya que se pasaba la mano libre por la cabeza, parecía preocupado incluso. Intenté escuchar lo que decía.

—No, no te preocupes…que no toquen nada hasta que yo llegue. —dijo mientras miraba el reloj. —Sí, salgo para allá rápidamente. —dijo mientras me miraba fijamente y regresaba a mi lado. —Nos vemos allí. —contestó antes de colgar.

— ¿Qué sucedió? —preguntó mi madre preocupada sin darme tiempo a hacer la pregunta yo.

—Solo un pequeño problema, siento no poder quedarme más tiempo pero debo regresar a New York. —dijo mirándome fijamente.

Pero la respuesta que el acababa de dar a mi no me había convencido, sabía que el problema era mucho peor de lo que él estaba diciendo.

—Vamos a recoger las cosas. —le dije mientras ambos salíamos rumbo a mí habitación.

Ya había recogido sus cosas e iba a comenzar a recoger las mías cuando él me detuvo.

—No tienes que regresar conmigo, viniste a ver a tus padres, creo que no sería justo. —me dijo tomándome por las manos.

— ¿Qué sucedió? —le pregunté intrigada por saber lo sucedido.

—Un problema en uno de los clubs, nada importante. —me contestó sin mirarme a los ojos.

—Parecía importante mientras hablabas por teléfono, no quieres contarme. —le pedí mientras él me miraba a los ojos y negaba con la cabeza.

—Te lo contaré en cuanto esté pendiente de la situación, Elliot no me contó mucho por teléfono. —me dijo mientras deslizaba una mano por mi mejilla.

—Llévate mi auto, yo me iré mañana en taxi. —le dije tendiéndole las llaves.

—No te preocupes, yo me voy en taxi, así sé que mañana llegarás segura en tu auto. —dijo mientras cogiendo el celular llamaba a un taxi.

—Me llamas cuando llegues. —le pedí mientras salíamos de la casa unos minutos más tarde.

El taxi estaba parqueado frente a la casa. La verdad era que no quería que se marchara pero por la cara de preocupación que tenía en ese momento imaginaba que estaba muy preocupado por lo que fuera que hubiese sucedido.

—Te llamo en la noche. —dijo dándome un rápido beso en los labios.

—Espero tu llamada, si no lo haces puedes estar seguro que saldré para allá a la hora que sea. —le contesté mientras él me sonreía.

—Gracias por recibirme en su casa Elisa. —dijo despidiéndose de mi madre.

—Ha sido un placer, puedes venir siempre que quieras. —contestó ella sonriéndole.

—Prometo traer el auto la próxima vez John. —dijo mientras le daba la mano a mi padre.

Regresó donde yo estaba y me miró fijamente a los ojos.

—Nos vemos mañana, conduce con cuidado, te llamaré en la noche. —dijo deslizando una mano por mi mejilla y dándome otro rápido beso.