Se montó en el taxi y este arrancó mientras Christian se despedía de mí lanzándome un beso. Me quedé mirando el taxi mientras este desaparecía en la carretera. El resto de la tarde pasó terriblemente lenta. A cada rato miraba mi reloj, deseando que él me llamara, o el tiempo avanzara más rápido. Pero cuanto más miraba el reloj este caminaba menos. Solamente había pasado media hora desde que Christian se había marchado. Decidí darme una ducha para relajarme, pero antes de hacerlo tomé el celular conmigo y lo puse en la encimera del baño. Me metí en la ducha y el agua caliente poco a poco comenzó a relajar todos los músculos de mi cuerpo. Llevaba cerca de 15 minutos en la ducha cuando sonó el celular avisando de un mensaje. Salí rápidamente de la ducha y tras secarme las manos cogí el celular, era un mensaje de Christian.
—"Ya llegué a New York, no te preocupes. Te amo, un beso".
Rápidamente teclee una respuesta.
—"Espero que soluciones rápido el problema. Te amo también, otro beso. Espero tu llamada en la noche". —y le di enviar.
Al menos ahora estaba un poco más tranquila pero no del todo, solo lo estaría cuando escuchara su voz. Terminé de bañarme y bajé a cenar con mis padres quienes preguntaron muy preocupados si había recibido noticias de Christian. Les conté brevemente que había ocurrido un problema en unos de los clubs de los que él era dueño y ambos se quedaron literalmente con la boca abierta. Tras terminar la cena subí hacia mi habitación, cogí el cuaderno de bocetos que había traído y me puse a dibujar para ver si el tiempo pasaba más rápido. Y así pasaron las 9:00pm, 9:30 pm, 10:00 pm, 10:30 pm y nada, no había señales de Christian. Si a las 12 no me había llamado saldría rumbo a New York. Cerca de las 11:00 pm sonó el celular. Miré la pantalla aunque por el tono ya sabía quién era…Christian.
—Estaba a punto de salir hacia New York. —le contesté mientras lo sentía reírse del otro lado de la línea.
—No lo dudo. —dijo haciendo una pausa. —No sabes lo que me gustaría estar ahí contigo en estos momentos. —dijo haciéndome sonreír.
— ¿Resolviste el problema? —le pregunté mientras se hacía un silencio en el otro lado de la línea.
—Sí, disculpa, no aún no he resuelto el problema. —contestó pero lo notaba distraído, como si estuviera pensando en otra cosa.
— ¿Me contarás que sucedió? —le pedí esperando que me contara algo.
—No quiero que te preocupes.
—Ya eso no tiene remedio, estoy preocupada. Ahora cuenta que sucedió o tengo que llamar a Elliot para que me conteste. —le dije mientras por un momento lo sentía reír.
—No tienes que llamarlo. —dijo haciendo una pausa. — ¿Recuerdas el club donde bailamos juntos? —me preguntó mientras yo recordaba ese día que estaba muy fresco en mi memoria, después de salir de allí fue cuando me besó por primera vez.
—Sí, lo recuerdo. —le contesté
—Hubo un incendio. —dijo mientras yo escuchaba alarmada.
— ¿Algún herido? —pregunté preocupada.
—No por suerte todos salieron rápido, pero el club quedó destrozado. —me contestó mientras podía sentir de fondo como sonaba una sirena.
— ¿Estás en el club?
—Sí, quiero ver se resuelve este asunto lo más rápido posible.
— ¿Y cómo fue el incendio? —le pregunté con mucha curiosidad.
—Aún están investigando, los bomberos están apagando los restos del fuego, la policía también está aquí.
— ¿Estas solo?
—No, Elliot está conmigo, no te preocupes.
—Es imposible no hacerlo.
—Piensa en otra cosa, que tal si piensas en mi, así mantienes tu mente ocupada. —me pidió haciéndome reír.
—Eso puedo hacerlo.
—Entonces piensa en mí, que yo pensaré en ti.
—Lo haré.
—Te tengo que dejar amor, la policía me está llamando, nos vemos mañana en tu apartamento cuando regreses.
—De acuerdo, te llamo cuando salga de aquí.
—Muy bien, un beso, sabes que te amo verdad.
—Lo sé, y yo a ti, nos vemos mañana, un beso. —y colgué le teléfono.
Al menos dormiría más tranquila sabiendo que todo estaba bien. Bueno casi todo. Era una lástima lo del club. Pero por otro lado tenía una sonrisa de idiota en mi rostro. Esta era la primera vez que el me decía "amor" y no veía el momento de escucharlo decirlo nuevamente. Me recosté en la cama y me quedé dormida casi al instante.
El domingo a diferencia del sábado había amanecido nublado, presentía que hoy comenzaría a llover temprano. Así que decidí marcharme, no quería pasar una tormenta en medio de la autopista. El día a cada momento empeoraba y la lluvia pronto estaría cayendo. Me despedí de mis padres puse la maleta en el asiento de atrás y me monté arrancando el auto rumbo a casa.
Miré brevemente hacia el asiento del copiloto extrañando que Christian no fuera a mi lado. Allí solo estaba la carpeta de dibujos que a último momento se me había olvidado guardarla. Encendí el reproductor mientras la lluvia comenzaba a caer y lo puse en modo aleatorio para ir escuchando música por el camino. Fue una coincidencia que la canción que comenzara a sonar fuera Sunday Morning de Maroon 5. Muy conveniente en ese momento. Acababa de tomar la autopista cuando recordé que no había llamado a Christian al salir de la casa. Tomé el celular poniéndolo en manos libres y le timbré.
— ¿Ya saliste hacia acá? —me preguntó extrañado.
—Si no quiero que me coja la lluvia fuerte en la carretera.
—Sí, el tiempo se está poniendo feo, aquí está lloviendo fuertemente. —me dijo mientras casi no lo escuchaba.
—Aquí es solo un poco, pero veo que me dirijo hacia la lluvia fuerte. —le contesté mientras miraba hacia adelante donde las nubes negras cubrían todo el cielo y los truenos resonaban en la distancia.
—No te apresures, yo voy saliendo hacia tu apartamento.
—De acuerdo. —le dije mientras miraba brevemente por el retrovisor.
Desde hacía unos días estaba paranoica y hoy no era la excepción. Desde que había salido de la casa de mis padres sentía como si me estuvieran siguiendo y ahora lo confirmaba. El auto que venía detrás de mí era el mismo desde hacía 10 minutos cuando me había alejado de casa de mis padres y había tomado la autopista. No venía muy rápido por miedo a la carretera mojada, los carros pasaban a mi lado, pero ese continuaba detrás de mí lo que solo me confirmaba más mi temor.
— ¿Anastasia me estas escuchando?
—No, lo siento, que decías. —le pregunté a Christian aún en el otro lado del teléfono.
— ¿Sucede algo?
—Nada. —le contesté nerviosa mientras aceleraba un poco más el auto.
—Ana te conozco bien, y ese no es tu tono normal de voz. ¿Qué sucede? —preguntó ahora preocupado, lo podía sentir en su voz.
—Creo que hay un auto siguiéndome. —le contesté mirando nuevamente por el retrovisor.
— ¿Estás segura? —me preguntó mientras yo miraba hacia la carretera.
Había aumentado la lluvia, llovía cada vez más fuerte. Los limpiaparabrisas apenas daban a basto limpiando el cristal. El auto que me seguía por lo que podía ver era negro, con cristales tintados por lo que no podía ver quién iba conduciendo. Y ahora que había aumentado la lluvia, menos podía verlo.
— ¿Puedes ver la matrícula?
—Apenas puedo distinguirla. —le contesté mientras miraba el retrovisor fijamente.
—Anota lo que puedas y también si ves el modelo del auto. —me contestó mientras yo cogía el cuaderno de dibujo a mi lado.
Lo abrí en una de las últimas páginas y anoté lo poco que pude visualizar de la matrícula y el modelo del auto.
—Ya anoté lo que pude ver del auto. —le dije mientras continuaba mirando brevemente por el retrovisor.
— ¿Está lloviendo mucho?
—Está lloviendo bastante, a medida que conduzco aumenta la intensidad de la lluvia.
—Nunca te pediría esto y menos si está lloviendo fuertemente. —me dijo mientras yo escuchaba atentamente.
—Dime. —le pedí.
—Tienes que perder el auto, pero para eso vas a tener que acelerar. —me dijo con un poco de miedo en su voz.
—Lo intentaré. — le contesté mientras aceleraba el auto por la autopista tratando de perder a mi perseguidor.
El auto detrás de mi aceleró también, estaba pegado atrás de mí. Aceleré aún más y comencé a pasarle por el lado a los autos que habían aminorado la velocidad con la lluvia para ver si de esa forma podía perderlo. Pero el auto continuaba detrás de mí y la lluvia no disminuía.
— ¡Mierda! —exclamé frustrada.
— ¿Lograste perderlo? —me preguntó Christian mientras yo miraba nuevamente el retrovisor.
Pero para mi sorpresa el auto no estaba detrás de mí.
—No lo veo. —le dije mientras continuaba mirando por el retrovisor con la esperanza de haber logrado perderlo.
Pero no sé porque se me ocurrió mirar hacia mi derecha y nuevamente lo vi, ahora a mi lado. Entonces el auto se pegó al mío haciendo que metiera un corte evitando que chocara conmigo.
— ¡Mierda! —grité mientras estabilizaba el auto en la carretera.
— ¿Qué sucedió? —me preguntó asustado.
—Está tratando de chocarme. —grité mientras intentaba que él auto no chocara contra el mío.
Pero por mucho que intenté evadirlo volvió a colocarse a mi lado y esta vez me chocó haciéndome estremecer y que soltara brevemente el timón con un grito.
— ¡Ana! ¿Estás bien?
—Me acaba de chocar por un costado.
— ¿Por dónde vas? —me preguntó mientras yo trataba de ubicarme en la autopista pero la lluvia y el auto a mi lado no me dejaban concentrarme.
—Estoy aún en la I-95 S. —grité mientras el auto volvía a chocarme esta vez más fuerte rompiendo la ventanilla del lado derecho.
— ¡Christian! —grité frustrada de no poder hacer nada en ese momento que no fuera conducir.
Podía parar pero miles de imágenes pasaron por mi mente y en todas terminaba baleada en un lado de la autopista con el auto incendiado en llamas. El auto me chocó una vez más y entonces se retrasó para chocarme por detrás rompiendo el parabrisas trasero. Entonces me golpeó una vez más y todo se puso en cámara lenta. Perdí el control del auto y esté dio un gran giro antes de girarse y dar una vuelta. Estaba de cabeza en el auto. No sé cuantas vueltas dio por el aire antes de caer en la carretera completamente volcado.
En algún momento en que el auto me chocó por detrás y antes de volcarme perdí el teléfono y la comunicación con Christian y unos momentos después de haber volcado el conocimiento. No sé qué tiempo pasó exactamente, me encontraba cabeza abajo sujetada por el cinturón de seguridad del auto mientras sentía como algo caliente bajaba por mi rostro. Me dolía todo el cuerpo, no sabía exactamente que me dolía menos. Zafé el cinturón cayendo sobre el techo del auto con un grito de dolor.
— ¡Auuu! —grité mientras me agarraba la pierna derecha.
Intenté girarme mientras aguantaba el dolor tanto en mi pierna como en la cabeza. Y como pude, poco a poco salí del auto. Pasé mi mano por la frente y entonces vi la sangre en mi mano. Eso era lo que corría por mi cabeza. Todo me dolía. La lluvia continuaba cayendo fuertemente haciendo que la sangre de mi cabeza comenzara a caer sobre la carretera. Del auto que me había perseguido y volcado no había señales por ningún lado. Entonces todo comenzó a girar a mí alrededor. Traté como pude de alejarme lo que más podía del auto hasta que no aguanté más el dolor y todo comenzó a desaparecer a mí alrededor. Podía escuchar las sirenas a lo lejos sonando. Todo comenzó a ponerse borroso y a encerrarme en una nebulosa blanca. Lo último que vino a mi mente fue el rostro sonriente de Christian.
