Unos minutos más tarde Kate y Elliot entraban y ambos se quedaron mirándome intrigados.
— ¿Qué sucedió? —preguntó Kate sentándose a mi lado.
—Lo siento mucho, se que todos intentan que yo recuerde a Christian, pero no lo soporto más. No sabe lo que es verlo todos los días preguntándome que es lo que tenemos él y yo en común, verlo aquí solamente hacía que me doliera la cabeza, le pedí que dejara de venir. —le dije mientras ella me miraba fijamente.
—Sí, creo que eso será lo mejor. —me dijo dudando por un momento y mientras miraba brevemente a Elliot.
—Sí, eso será lo mejor. —le contesté mientras le sonreía levemente.
Y así comenzaron a pasar los días nuevamente. Christian no regresó más por el apartamento y se lo agradecí. Me sentía mucho mejor de esta forma. Sabía que él llamaba para saber de mí, lo sabía porque cuando Kate contestaba el teléfono se quedaba mirando hacia mí. Así pasaron dos semanas y al fin me quitaron el yeso. Y una semana de rehabilitación después ya era domingo por la noche, mañana comenzaba a trabajar nuevamente. No veía la hora de salir del apartamento y caminar nuevamente por central park respirando y disfrutando del aire fresco. Ahora tenía un motivo diferente para ir caminando. Mi auto había quedado destrozado en el accidente, al igual que mi teléfono. Al menos el cuaderno de bocetos no se había estropeado tanto al estar metido en un sobre plástico, aunque no lo había abierto desde el accidente, la verdad era que no tenía muchas ganas de dibujar. Me recosté en la cama y tras poner el despertador en hora recosté mi cabeza en la almohada y me quedé dormida al instante.
Era extraño que me despertara sin haber sonado el despertador. Cuando miré hacia la mesita de noche el reloj marcaba cerca de las 7:30 am. ¡Mierda! No otra vez, porqué ese despertador me hacía esto. Me levanté de la cama y pasé rápidamente por el baño, bueno tan rápido como me permitía mi pierna. Aún no está al ciento por ciento de mi capacidad. Salí del baño y pasé por la nevera de donde cogí un yogurt.
—Kate me voy, se me hizo tarde. —grité un minuto antes de salir por la puerta del apartamento y llamar el ascensor que llegó rápidamente.
Cinco minutos más tarde me encontraba parando un taxi frente al apartamento. Me bajé del taxi 15 minutos más tarde y caminé lo más rápido que pude. Me había recuperado bien, pero aún no podía correr. Saludé en la entrada y me dirigí rumbo al ascensor que me llevó rápidamente al sótano. Tras abrirse las puertas me dirigí hacia donde se encontraba Mia y Ethan.
— ¿Cómo te encuentras?
— ¿Estás bien? —me preguntaron ambos mirándome preocupados.
—Estoy bien, solo que me cogió un poco tarde. —dije mientras miraba brevemente hacia la oficina del supervisor donde las ventanas se encontraban cerradas.
No otra vez no. Si había algo que recordaba perfectamente era lo que me había contado Mia acerca del supervisor y de lo estricto que era con los horarios.
—Será mejor que vaya a explicarle porque llegué tarde. —dije mientras ellos me miraban sin decir nada mientras yo me dirigía rumbo a la oficina.
Toqué a la puerta y tras escuchar una voz pidiéndome que entrara hice girar el pomo de la puerta abriéndola y entrando en la oficina con la cabeza gacha.
—Disculpe Sr. Grey. —dije mientras cerraba la puerta detrás de mi aún mirándome los pies.
—Buenos días Anastasia. —y fue entonces cuando levanté la vista.
Christian se encontraba sentado detrás del escritorio y me miraba fijamente. Había pasado mucho tiempo desde que no lo veía, pero continuaba luciendo exactamente como yo lo recordaba. Traía puesta una camisa blanca y una americana negra, sin corbata. Pero algo continuaba sin tener sentido. ¿Qué hacía el aquí?
— ¡Tú! —fue lo único que se me ocurrió decir mientras el continuaba mirándome fijamente.
—Veo que a Kate se le olvidó decírtelo. —dijo pasándose una mano por el pelo.
— ¿Decirme que?
—No es obvio. Que soy tu jefe. —dijo mientras yo me quedaba mirándolo embobada.
—En realidad no recuerdo nada aún. —le expliqué.
—Sí, ya veo. Pero esta situación me resulta familiar. —dijo el levemente sonriendo.
—Eso sí lo recuerdo. —le contesté mientras él me miraba asombrado y esperanzado. —Recuerdo llegar tarde el primer día de trabajo, pero no recuerdo nada más. —le contesté mientras él me miraba decepcionado.
—Pero siéntate, así me explicas mejor porque llegaste tarde. —me dijo señalando una butaca frente a su escritorio.
—Llegué tarde porque el despertador no sonó. —le dije mientras me sentaba y él se echaba a reír. —Siento que esto te dé mucha gracia pero la verdad es que a mí no me causa ninguna, no me gusta llegar tarde y mucho menos que me regañen. —le dije mientras yo lo miraba fijamente y el intentaba dejar de reír.
—Lo siento, no fue mi intención, es que esto ya ocurrió una vez, aunque tú no lo recuerdes. Solo que ahora me parece más gracioso. —contestó aún riendo y haciéndome reír a mí también.
Nos reímos por un rato hasta que él se me quedó mirando fijamente.
—Extrañaba mucho verte sonreír. —me dijo mientras yo apartaba la vista de su perturbadora mirada gris.
— ¿Entonces me regañarás? —le pregunté mientras él se ponía serio nuevamente.
—No, no te voy a regañar. —me contestó mientras yo respiraba aliviada.
—Gracias. —le contesté sinceramente.
—Puedes regresar al trabajo. — me dijo mientras yo asentía y me levantaba de la butaca dirigiéndome hacia la puerta y saliendo de allí.
Y entonces comenzaron a rondarme cientos de interrogantes por mi mente. ¿Cómo era la relación que teníamos? ¿Cómo había llegado a enamorarme de él? -que imaginaba que lo había estado aunque no lo recordara-¿Cómo podía hacer para recordarlo todo?
A pesar de no recordar nada de él cada vez que estaba en su presencia me ponía nerviosa y no sabía porque. Su penetrante mirada de un profundo gris me perturbaba. Tenía que lograr apartarlo de mi mente y no forzar las cosas para intentar aunque fuera recordar algo de él. Sonreí para mis adentros mientras negaba con la cabeza. Era algo totalmente ilógico querer sacarlo de mi mente para no pensar en él, solo para tratar de recordarlo más tarde.
La verdad era que no sabía porque había querido venir caminando hoy cuando aún me dolía un poco la pierna, creo que regresaría a casa en taxi. Al mediodía salí a almorzar con Mia y Ethan. Al regresar salíamos riéndonos del ascensor y se me ocurrió mirar hacia la oficina de Christian y este me hizo señas de que fuera allí. Me dirigí hacia su oficina tratando de no apoyarme mucho en el pie. El solo hecho de salir a almorzar al parecer había sido suficiente por hoy. Toqué en su oficina antes de entrar y después pasé cerrando la puerta tras de mí. Christian se me quedó mirando fijamente antes de ofrecerme asiento.
—Siéntate por favor. —caminé tratando de que no notara que me dolía la pierna y me senté frente a él.
—Tú dirás.
— ¿En qué viniste hoy? —me preguntó mientras yo lo miraba extrañada.
—Iba a venir caminando pero me cogió tarde y tomé un taxi. —le contesté mientras él me miraba fijamente.
— ¿Piensas regresar caminando? —a que venía tantas preguntas.
—Tal vez, no lo sé. —le contesté mientras el continuaba sin apartar la mirada de mí.
— ¿Te duele mucho la pierna?
— ¿Cómo sabes que me duele la pierna? —inquirí con curiosidad
—Te he estado observando. ¿Por qué no dijiste nada?
—No me dolía mucho. —le contesté mientras el continuaba mirándome muy serio.
—Cuando terminemos te voy a llevar a tu casa. — me dijo mientras yo lo miraba asombrada y estupefacta.
—No tienes que molestarte. — le pedí tratando de evitar que me llevara a casa.
—No es ninguna molestia, por favor, insisto, quiero asegurarme de que llegues bien a la casa. —me dijo mientras me miraba tiernamente.
Y por un momento le sostuve la mirada y no pude negarme a su petición, no cuando me miraba de esa forma que hacía que mi corazón se acelerara en mi pecho. Su manera de mirarme no sabía porque pero hacía que me pusiera nerviosa y no lo entendía. Llegaron las 5:30 pm y después de despedirme de de Mia y Ethan explicándoles que Christian me iba a llevar fui hacia su oficina.
—Nos podemos ir cuando quieras. —le dije abriendo la puerta de su oficina.
No sabía porque había aceptado su oferta de llevarme a casa, pero por un lado era mi jefe y no quería desafiarlo.
—Vamos entonces. —dijo levantándose de su silla y saliendo de la oficina.
Bajé con mucho cuidado las escaleras de la entrada del museo y de allí nos dirigimos hacia su auto. Me quedé literalmente con la boca abierta al verlo. Christian me abrió la puerta y después de yo subir dio la vuelta al auto y se montó él. El viaje a mi apartamento fue rápido y al parquear el auto se giró hacia mí.
—Espera que te abro la puerta. —dijo saliendo del auto y dando la vuelta.
Llegó a mi lado y abrió la puerta ofreciéndome su mano para salir. Por un momento lo pensé, pero al final decidí tomar su mano para bajar del auto así no forzaba mucho la pierna.
Pero en cuanto estiré mi mano para tomar la suya algo extraño sucedió. Lo primero fue la descarga eléctrica que recorrió mi cuerpo en cuanto nuestras manos se tocaron y después fue lo más extraño. En ese momento en que nos tocamos me quedé congelada parada frente a él aún sosteniendo su mano y por mi mente comenzaron a pasar imágenes de nosotros dos, ocasiones en que él me había dado la mano. La primera imagen fue ayudándome a levantar del suelo tras haberme caído al chocar con él. Y la última que vi fue nuestras manos entrelazadas mientras caminábamos de noche hacia la casa de mis padres. No sabía cuánto tiempo había estado sosteniendo su mano, entonces la solté rápidamente y perdí el equilibrio, pero no me caí. Christian rápidamente me sujetó con ambas manos. Me le quedé mirando preguntándome que había sido todo eso. Christian me miraba extrañado.
— ¿Estás bien?
— ¿Qué fue eso? —le pregunté mientras él me miraba preocupado.
— ¿Qué cosa? ¿Qué sucedió? —me preguntó intrigado.
—No lo sé, creo que recordé algunas cosas. —le dije mientras él me miraba ahora con curiosidad.
— ¿Qué recordaste? —me preguntó intrigado.
—Solo algunos flashes de nosotros tomados de las manos. —le contesté resumiendo lo que había recordado.
— ¿Nada más?
—No, lo siento.
—Al menos es un comienzo. —dijo mientras me soltaba.
—Gracias por traerme.
— ¿Te puedo recoger mañana? —me pidió mirándome fijamente.
—No lo sé, no creo que sea buena idea.
—No quiero que vayas caminando al trabajo, al menos déjame hacer esto por ti, solo así me aseguro que no fuerzas la pierna. —me dijo mientras yo lo miraba brevemente sin saber que contestar.
Sabía que no era una buena idea, pero me dolía un poco la pierna y no quería caminar, mucho menos estar cogiendo taxi todos los días. Además había recordado algo, que aunque no era mucho me mostraron muchas cosas. Me mostraron su forma de mirarme, de sonreírme cuando rozaba la palma de mi mano o cuando entrelazaba sus dedos con los míos. Me hacía sentir que nuestra relación había sido profunda. La mirada de él en esos recuerdos parecía de amor.
—Está bien. —acepté y por un momento el me sonrió de la misma forma que lo hacía en los breves recuerdos que acababa de recuperar.
Me despedí de él y subí hacia mi apartamento. Kate estaba en la cocina preparando la cena y se giró en cuanto sintió la puerta cerrarse.
—Ya estás aquí, te fuiste tan rápido en la mañana que no me diste tiempo a decirte algo.
—No te molestes, si es que Christian es mi jefe ya lo sé. —le dije mientras me sentaba en una banqueta.
— ¿Y cómo te fue?
—Bien. —le contesté mientras sonreía brevemente.
—Estás contenta o son ideas mías. —dijo mientras me miraba entrecerrando los ojos.
—No vas a creer lo que sucedió. —le conté mientras ella dejaba la cena y prestaba toda su atención hacia mí.
—Cuéntamelo todo.
—Christian me trajo, me dolía un poco la pierna. —le expliqué mientras ella me miraba un poco extrañada.
—No sabía que te dolía.
—No lo hacía, comenzó a dolerme un poco al regresar de almorzar.
—Pensé que no querías saber de Christian.
—El insistió en traerme al notar que me dolía el pie.
—Muy amable de su parte.
—Sí, muy amable. En fin lo más extraño sucedió cuando él me ayudó a bajar del auto.
— ¿Qué sucedió? —preguntó intrigada con mucha curiosidad.
—Cuando tomé su mano para bajar del auto recordé algunas cosas.
— ¿Que recordaste? —preguntó entusiasmada.
—No mucho solo algunos recuerdos de él ayudándome a levantarme del suelo, o tomando mi mano, ahora que lo pienso, todos los recuerdos son de él tomando mi mano. —le dije tras pensarlo un poco.
—Qué extraño, pero cuanto me alegro por ti, al menos es un comienzo. —me dijo mientras se giraba hacia la cocina nuevamente.
—Te ayudo en algo ahí. —le dije mientras me levantaba de la banqueta.
—No, ve a descansar el pie. —me dijo mirándome fijamente y señalándome con el dedo.
—De acuerdo. —y no se me ocurrió discutir.
Me dirigí hacia mi habitación y después hacia el baño donde me di una rápida y relajante ducha. Me recosté en la cama un rato mientras escuchaba música y salí de la habitación al cabo de una hora. Al salir hacia la sala Kate estaba allí y con ella Elliot. Casi todas las noches cenábamos juntos los tres. Eso se había convertido en una rutina.
