A la mañana siguiente cuando salí del apartamento me encontré con Christian esperándome en el auto. Me abrió la puerta y condujo rumbo al museo. Esto también se convirtió en una rutina. Todos los días me esperaba en la mañana y me traía en la tarde. Así pasó una semana y la verdad que mi pierna se lo agradeció. El domingo me levanté temprano y salí a caminar por central park y la verdad fue que mi pierna no me dolió, llegué hasta el museo y regresé. Esto al menos era algo. Y aunque ya me había acostumbrado a Christian esperándome todos los días me gustaba más ir caminando al trabajo. Regresé al apartamento y me encontré con Kate que se quedó mirándome extrañada.

— ¿Qué haces despierta tan temprano?

—Fui a caminar un poco, llegué hasta el museo y regresé, y no me dolió la pierna. —le dije muy animada y ella sonrió junto conmigo.

—Cuanto me alegro, hay que celebrarlo.

—No me gustan tus celebraciones. —le dije enarcando una ceja.

—Pero esta te gustará, vamos a ir a un club que ya conoces muy bien.

En la noche nos montamos en el auto de Kate y nos dirigimos hacia el club nocturno que no era otro que el mismo al que habíamos ido a celebrar nuestra graduación. Al igual que aquella vez Elliot se encontró con nosotros y nos entró. El club continuaba siendo ruidos y las luces te cegaban por momentos, mientras la temperatura iba subiendo poco a poco. Elliot nos condujo hacia los VIP y después se despidió de nosotras.

—Nos vemos más tarde, tengo que atender unos asuntos por aquí. —dijo por encima de la música y después de darle un beso a Kate y traernos una jarra de margarita se fue.

Nos quedamos un rato allí, bebiendo y disfrutando de la música hasta que Kate se me quedó mirando fijamente.

—Vamos a bailar. —dijo mientras ambas nos levantábamos y nos dirigíamos hacia la pista.

Hacía calor y las luces hacían que se sintiera mucho más. A medida que bailábamos la temperatura iba aumentando. Y entre cada canción íbamos por otra margarita o una cerveza. Solo debía recordar no beber tanto. Llevábamos un rato bailando, habíamos regresado a la mesa a descansar un rato y a refrescarnos con una cerveza cuando Elliot regresó donde estábamos nosotras, pero no estaba solo.

—Espero que no les moleste más compañía. —dijo mientras yo miraba a su lado a Christian.

Vestía una camisa blanca con los dos botones superiores desabrochados, unos jeans ajustados y unas converse negras. Su cabello caía sobre su rostro mientras me sonreía de lado. Y como me sucedía siempre que lo observaba mi respiración comenzó a acelerarse. Tenía que admitir lo obvio lucía jodidamente sexy vestido de esa forma y mientras me sonreía de una forma arrebatadora. Christian estaba buenísimo y con esa camisa blanca ajustada me hacía pensar en cómo luciría sin ella puesta. Creo que el alcohol ya comenzaba a afectar mis pensamientos. Tenía que apartar esos pensamientos de mi mente. Christian era mi jefe, no lo creía correcto. Aunque sabía que habíamos estado juntos, para mí era como si lo estuviera conociendo.

—Vamos a bailar, necesito despejar mi mente. —le gritó Elliot a Kate mientras la arrastraba hacia la pista de baile.

Christian se sentó a mi lado y por un rato nos quedamos allí sin ninguno decir nada en absoluto.

— ¿Quieres bailar? —me preguntó haciendo que me girara hacia él.

Me miraba muy sonriente mientras se encontraba de pie a mi lado ofreciéndome su mano. Y no lo pensé. Quería tocar su mano nuevamente y ver si volvía a suceder lo mismo. Pero nada. Al tomar su mano me recorrió la conocida corriente eléctrica pero nada más, ningún recuerdo. Me llevó hacia la pista y bailamos al ritmo de la música house.

Era tarde cuando salíamos del club y para nuestra sorpresa al salir estaba lloviendo. Nos paramos debajo del toldo de la entrada del club mientras esperábamos que la lluvia amainara un poco ya que era muy intensa. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al soplan un poco de aire frío.

— ¿Tienes frío? —me preguntó Christian que se encontraba a mi lado

Y antes de contestarle estaba pasando el brazo sobre mis hombros y pegándome más a su cuerpo. Y yo por más que lo intenté no pude resistirme. Su cuerpo era cálido y yo me sentía a gusto allí. El agua continuaba cayendo fuertemente, al parecer no dejaría de llover en toda la noche.

—Será mejor ir por los autos. —dijo Elliot mientras le tendía la mano a Kate para que le diera las llaves.

Tras ella dársela Elliot y Christian salieron corriendo bajo la lluvia en busca de los autos.

—Se que sería mucho pedir, pero puedes regresar con Christian. —me pidió Kate cuando ellos se marcharon.

Y no lo pensé mucho. No podía negarme a su petición. Ella había hecho tanto por mí desde el accidente, que casi no había tenido tiempo a solas con Elliot. Así que lo más justo sería complacerla...

—No hay problema ninguno Kate. —le dije mientras ella me abrazaba feliz.

En eso llegaron los autos y tras despedirme de Kate salí corriendo rumbo al auto de Christian. En cuanto entré en este él se me quedó mirando sorprendido por mi presencia.

— ¿Te molestaría llevarme a casa? —le pedí mientras el levemente sonreía.

—No, en lo absoluto. — dijo mientras aceleraba el auto rumbo a mi apartamento.

Christian encendió la calefacción del auto y al momento comencé a entrar en calor. Al llegar a mi apartamento aún continuaba lloviendo fuertemente así que Christian entró el auto hasta el parqueo del garaje subterráneo. Me giré a observarlo mientras parqueaba el auto. Estaba completamente mojado. Su pelo estaba echado hacia atrás, mojado completamente, aunque algunos mechones estaban pegados en su rostro. No podía dejar que se marchara así.

—Vamos para que te quites esa ropa mojada.

—No es necesario Anastasia, ya lo haré cuando llegue a casa.

—No quiero que te resfríes por mi culpa, además ya llevas mucho tiempo con esa ropa mojada encima. —le dije quitando la llave del contacto y saliendo del auto para evitar que se marchara así.

A Christian no le quedó más remedio que subir conmigo a mi apartamento. Intenté apartar la mirada de él mientras caminábamos rumbo al ascensor, pero me fue imposible. El ascensor llegó y entramos cerrándose las puertas con solo nosotros dos dentro. Su camisa estaba completamente pegada a su cuerpo como una segunda piel haciendo que sus músculos resaltaran debajo de esta. Christian atrapó mi mirada con la suya y me sonrió un momento antes de yo apartar mi mirada de su cuerpo.

—No me molesta que mires. —me dijo haciendo que yo volviera a mirar hacia el esta vez a su rostro.

— ¿Por qué no? —le pregunté perdiéndome por un momento en su mirada penetrante y de un gris intenso.

—Porque a mí también me gusta mirarte, además, aunque no lo recuerdes, has visto todo lo que hay debajo de la camisa. —me dijo mientras yo me sonrojaba.

Entonces tuve curiosidad por su comentario, sabía que éramos novios-aunque no lo recordaba- pero había algo que no le había preguntado nunca y que tampoco me habían hablado de ello. Solo recordaba que nunca había podido acostarme con nadie. Así que tenía que saberlo, tenía que salir de la duda. Aunque todo debe de continuar igual que siempre, era imposible que hubiera sido diferente con él.

— ¿Puedo preguntarte algo? —le dije mientras salíamos del ascensor.

—Lo que quieras. —me dijo mientras llegábamos a la puerta de mi apartamento y yo la abría.

—Espera voy a buscarte ropa. —le dije cuando estábamos en la sala mientras me dirigía hacia mi habitación.

Saqué del armario una camisa que suponía era de él, y cogí una toalla del baño para que se secara. Después regresé a la sala donde Christian se encontraba exactamente en el mismo lugar en que lo había dejado. Le ofrecí la toalla y le di la camisa. No podía darle muchas vueltas más a lo que quería preguntarle, o nunca lo haría, allá iba eso.

—Como sabes no recuerdo nada de nuestra relación. —le dije mientras lo observaba quitarse la camisa y comenzar a secarse con la toalla.

En ese momento tragué en seco al verlo sin camisa. Suponía que era musculoso, pero verlo ahora frente a mí mientras se secaba el pelo y después comenzaba a secarse el cuerpo, era algo completamente diferente. En esos momentos no lograba coordinar las palabras. Aparté mi mirada de él para lograr concentrarme.

—Quisiera saber si nos hemos acostado. —le pregunté mientras él me miraba fijamente aún sin camisa y levemente sonreía.

Tomó la camisa seca y se la comenzó a poner al mismo tiempo que me contestaba.

—Sí, nos hemos acostado. —me contestó mientras terminaba de ponerse la camisa aún sin abrochar.

Ahora que el me había aclarado la duda estaba mucho más nerviosa que antes cuando lo desconocía.

—Voy a preparar un chocolate caliente. —le dije mientras me dirigía rumbo a la cocina para tratar de apartar de mis pensamientos la imagen de Christian sin camisa y aclarar mi mente por lo que acababa de saber.

Acababa de descubrir que no era virgen y no lo recordaba. No recordaba cómo había sido mi primera vez. Eso era algo que me hubiera gustado recordar. Tras preparar las jarras de chocolate me dirigí hacia la sala donde Christian estaba sentado en el sofá. Me senté a su lado aunque un poco separada de él mientras le ofrecía una taza.

—Gracias. — me dijo mientras tomaba la taza de mis manos rozando levemente sus dedos con los míos.

Pero esta vez tampoco sucedió nada, solamente esa corriente recorriendo mi cuerpo. Me miraba fijamente mientras tomaba el chocolate y yo tuve que apartar mi mirada de él. Su gris mirada me perturbaba mucho.

— ¿No has recordado nada más? — me preguntó de repente.

—No. — le contesté mientras ponía mi jarra sobre la mesita para que se enfriara un poco el chocolate y él se me quedaba mirando con curiosidad e intriga.

—Cuando recordaste fue cuando tomaste mi mano verdad. —me preguntó mientras yo asentía. — ¿Puedo intentar algo? —me dijo mientras se sentaba junto a mí.

— ¿Qué vas a hacer? —le pregunté, mientras mi respiración se aceleraba por su proximidad.

Podía sentir el magnetismo entre nosotros, la atracción física, la química.

—Solo quiero probar una cosa. —dijo tomando mis manos entre las suyas.

Su toque era cálido y comencé a sentir esa corriente comenzar a recorrer mi cuerpo expandiéndose lentamente en todas direcciones.

— ¿Recuerdas algo? —me dijo mientras yo miraba nuestras manos juntas.

—No, nada. —le contesté mientras el comenzaba a deslizar sus dedos por la palma de mi mano.

— ¿Y ahora? —me dijo mientras la sangre en mis venas comenzaba a calentarse. Pero aún no sucedía nada.

—Nada, lo siento. —le contesté mientras lo miraba a los ojos fijamente.

Y él se quedó mirándome, sus ojos fijos en los míos.

—Tal vez debo hacer otra cosa. ¿Puedo intentar algo más? —me dijo mientras mi corazón martilleaba fuertemente en mi pecho.

— ¿Crees que recordaré algo?

—No lo sé, pero quisiera intentarlo. —me contestó sinceramente.

—Si no funciona…—pero él me interrumpió.

—Si no funciona entonces no intentaré nada más. —dijo mientras subía una mano y acariciaba mi mejilla haciendo que cerrara mis ojos ante el cálido toque de su mano.

Cuando abrí mis ojos su rostro estaba a escasos centímetros del mío.

— ¿Qué vas a hacer? —le pregunté nerviosa mientras me perdía en sus ojos grises.

—Un último intento porque me recuerdes, si no recuerdas nada con un beso, entonces desapareceré de tu vida. No quiero estar cerca de ti, no cuando no recuerdas nada de nosotros. —me dijo mientras a cada momento acercaba más sus labios a los míos.

Y por muy extraño que me pareció en ese momento cerré mis ojos esperando su beso. Podía sentir su respiración a medida que se acercaban más a los míos, podía sentir su calor. En cuanto sus labios tocaron los míos fue un cortocircuito directo a mi cerebro, entonces recordé…