Mucho más tarde, esa noche y mientras estábamos abrazados en la cama recordé algo.
—Necesito un auto nuevo. —y Christian se me quedó mirando pensativo. —Me gustaba mucho el que tenía pero creo que ahora no servirá para mucho. —le dije mientras él me sonreía.
—Eso se puede solucionar. —y yo lo miré entrecerrando los ojos.
—Sé que eres millonario, pero ni se te ocurra comprarme un auto. —le dije muy seria mientras lo señalaba con un dedo.
—No pensaba hacerlo. —me contestó sonriéndome de lado.
— ¿No me digas que tienes otro auto? —le pregunté con curiosidad.
—Está bien, no te lo digo, que tal si te lo muestro el miércoles cuando vayamos a mi apartamento.
—No quiero que te molestes por mi causa. —le dije pero él me silenció besándome.
—No es ninguna molestia, además hace mucho que no lo utilizo, imagino que te debe gustar. —me dijo sonriéndome.
— ¿Qué modelo es? —le pregunté con mucha curiosidad.
—Tendrás que esperar al miércoles para verlo. —me dijo mientras yo me inclinaba sobre él.
—Y no puedo hacer nada para convencerte que me lo digas. —le dije deslizando mi mano por su torso desnudo.
—Puedes hacer todo lo que quieras. —me contestó riendo. —Al final no te lo diré. —contestó mientras me robaba un beso.
—Ya veremos. —le dije mientras comenzaba a dar besos y por su cuello y después bajaba por su torso, sintiendo como se estremecía su cuerpo y se le escapaba un gemido.
Recorrí su cuerpo lentamente, haciéndolo gemir y estremecerse ante mis caricias. Besé cada centímetro de su esculpido cuerpo hasta que él no aguantó más y me hizo el amor dulce y tiernamente, sin prisas, tomándonos todo nuestro tiempo, haciéndome gemir de diversas formas hasta caer exhausta acostada sobre su pecho tratando de normalizar mi respiración acelerada al igual que la de él. Christian acariciaba mi cabello mientras mis ojos poco a poco se iban cerrando.
—Te voy a dar una pista, es negro y te va a gustar mucho. —me dijo mientras yo sonreía levemente y me quedaba dormida abrazada a su pecho.
Caminábamos tomados de la mano por el pasillo del museo rumbo al ascensor. Christian me miraba muy sonriente mientras entrábamos en el ascensor y las puertas se cerraban. Me robó un beso antes de que las puertas se abrieran y el saliera rumbo a su oficina y yo hacia mi caballete.
— ¿Todo bien con el jefe? —me preguntó Mia mientras llegaba a mi lado.
—Más que bien. —le contesté con una sonrisa mientras ella me miraba entrecerrando los ojos intrigada.
—Te veo feliz. ¿Qué sucedió? —me preguntó con curiosidad mientras yo le sonreía como una idiota antes de contestarle.
—He recordado todo. —le contesté mientras Mia gritaba emocionada.
—No sabes cuánto me alegro por ti. —dijo abrazándome.
—Gracias. —contesté sinceramente.
—Sabes he querido preguntarte algo desde hace tiempo, pero con lo del accidente y la pérdida de tu memoria no lo hice.
—Pues pregunta. —la animé mientras ella me miraba con la curiosidad marcada en su rostro.
—Sabes, me quedé impactada cuando los vi besándose en mi boda y desde ese momento tengo mucha curiosidad. Sé que no es de mi incumEthancia pero me gustaría saberlo.
—Pregunta.
— ¿Desde cuándo están juntos? ¿No es desde la boda verdad? —me preguntó mientras yo le sonreía.
—No Mia, no es desde la boda, ya llevábamos juntos unas semanas, solo no quería hacerlo público, ya sabes por los comentarios de la nueva saliendo con el jefe. —le contesté mientras ella me sonreía.
—Te entiendo, tampoco me gustarían esos comentarios. Y que te hizo cambiar de idea.
—Pues yo no había cambiado de idea, pero cuando estoy cerca de él me olvido de todo. —le dije perdiéndome en el recuerdo del beso en la boda.
—Sí, me he percatado de eso. —me contestó sacándome de mis recuerdos.
—Será mejor que nos pongamos a trabajar, Christian nos está mirando desde su oficina. —le dije a Mia mientras le sonreía a Christian y el me sonreía devuelta.
Mia se separó de mi y fue hacia su puesto de trabajo y yo me concentré de lleno en el mío tratando de olvidar completamente que Christian estaba a solo unos metros de mí en su oficina. El día pasó rápidamente y así llegó el ansiado miércoles. Deseaba que acabara rápidamente la jornada de trabajo ya que estaba ansiosa por ver el auto que me prestaría Christian. Al medio día salimos a almorzar los cuatro juntos. Era algo extraño a lo que poco a poco empezaba a acostumbrarme. En la tarde, minutos antes de la hora de irnos Mia se acercó a mí.
—Es muy diferente.
— ¡Eh! —le contesté despistada por su pregunta.
—El jefe. —dijo mirando brevemente hacia la oficina donde se encontraba Christian sentado detrás del escritorio.
— ¿Christian?
—Sí, Christian, lo has cambiado.
—No lo he cambiado, el era así, solo necesitaba a alguien que lo quisiera, nada más. —le contesté sonriéndole.
—La bestia ha desaparecido.
—Ya ves, el león no es tan fiero como lo pintan.
—No solo necesitaba ser domado.
—No creo que esté domado totalmente. —le dije mientras caminábamos rumbo al ascensor.
Al pasar frente a la oficina de Christian me despedí de Mia y entré para recogerlo.
— ¿Nos vamos ya? —le pregunté mientras el alzaba la mirada y me sonreía haciendo que mi respiración comenzara a acelerarse.
— ¿Estas ansiosa por irnos? —preguntó mientras cogía la americana del espaldar de la silla.
—No mucho. —le contesté sonriéndole, aunque la verdad era que si estaba ansiosa, aunque no lo demostrara.
—Vámonos entonces. —dijo tirando de mi mano y arrastrándome fuera de su oficina.
El viaje hacia su apartamento hoy me pareció más largo que de costumbre y en cuanto parqueó el auto y nos bajamos el me sonrió.
— ¿Te gusta el auto? —me preguntó enarcando una ceja.
—Aún no me has dicho cual es. —le dije mientras miraba alternadamente todos los autos parqueados allí.
Por lo que él me había dicho era negro y allí había varios autos de color negro, aunque solo uno estaba parqueado junto al porshe.
—Creo que es este. —dije mientras me acercaba al elegante Ford Mustang negro y plateado parqueado junto a nosotros.
— ¿Estás segura que es ese? —me preguntó parándose a mi lado.
— Estoy segura, tiene tu estilo. —le dije pasando la mano suavemente por el capó.
—Pues este es tu nuevo auto. —me dijo mientras yo me giraba hacia él y lo miraba frunciendo el seño.
—Prestado. —le dije señalándolo con un dedo.
Pero el solamente me sonrió y se acercó a mí acorralándome contra el capó del auto, poniendo sus manos en mi cintura.
—Y no puedo convencerte para que te quedes con él, al final yo no lo uso. —dijo mientras sus labios se acercaban a los míos.
—No creo que puedas hacer nada para convencerme.
— ¿Dudas de mis capacidades de convencimiento? —me preguntó enarcando una ceja y separando su rostro un poco del mío.
—Sí. —le contesté firmemente mientras él me sonreía pícaramente y acercaba sus labios hacia mi cuello mientras me apretaba por la cintura contra su cuerpo.
—No me tientes Anastasia, no sabes lo que soy capaz de hacer. —susurró en mi oído.
—No lo hago, solo digo que no puedes convencerme para que me quede con el auto. —le contesté sonriéndole.
— ¡No! ¿Estás segura? —dijo mientras deslizaba una mano lentamente por mi mejilla. —puedo lograr que hagas muchas cosas sin siquiera darte cuenta. —me dijo besando lentamente mi cuello haciendo que yo cerrara mis ojos e inclinara mi cabeza hacia atrás.
Sus labios recorrían lentamente mi cuello, mi mejilla, hasta suaves y persuasivos sentirlos sobre mis labios. Se sentían calientes, tentadores, incitándome con suaves movimientos, encendiendo mi cuerpo poco a poco. Excitándome. Sus labios se separaron de los míos tirando de mi labio inferior y abrí mis ojos para encontrarlo muy sonriente frente a mí.
—Ves, puedo lograr con solo un beso que hagas lo que yo deseo, sin apenas darte cuenta. —me dijo mientras yo lo miraba fijamente sin entender nada.
Y entonces comprendí rápidamente a que se refería. No sabía cómo pero en esos momentos me encontraba sentada sobre el capó del auto mientras tenía mis piernas entorno a la cintura de Christian. ¿En qué momento había sucedido todo esto?
— ¿Cómo llegué yo hasta aquí? —le pregunté intrigada.
—Veo que mis besos hacen que te olvides de todo. —dijo sonriéndome tiernamente.
Y él tenía razón, sus besos me hacían olvidar todo, el tiempo y el lugar. Solamente existía él y el calor de su cuerpo quemando contra el mío.
—Siempre has tenido ese efecto sobre mí, no lo voy a negar, cuando estoy contigo me olvido de todo. —le dije mientras él me sonreía sexymente y yo me mordía el labio inferior.
—Pues entonces olvidémonos del tiempo y de todo, olvidemos que existe un mañana y existe un después, solo existe el ahora…—me decía mientras deslizaba una mano por mi mejilla y la otra la apretaba en mi cintura. —Y el ahora…es para amarnos eternamente. —dijo con sus labios pegados a los míos mientras me daba un beso lento y sensual.
Sus recientes palabras resonaban en mi mente nublando todos mis sentidos. Sus labios se separaron lentamente de los míos y tras tomarme de la mano y yo bajarme del auto subimos hacia el apartamento.
—Yo preparo la cena hoy. —le dije en cuanto entramos al apartamento.
—Está bien no me voy a oponer, sobre todo porque me gusta verte cuando estas cocinando.
Una hora y media más tarde yo estaba terminando la cena al igual que la botella de vino que Christian había abierto.
—Creo que es la hora del postre. —dijo en mi oído sorprendiéndome por detrás mientras se pegaba a mi apretando sus manos en mi cintura.
—No he preparado postre, además creo que se come después de cenar, no antes. —le contesté girándome entre sus brazos.
—Pero el que yo necesito lo voy a disfrutar en este momento. —y en un rápido movimiento me cargó en sus brazos y comenzó a caminar conmigo.
— ¿A dónde vamos?
—No es obvio, vamos a bañarnos. —dijo caminando rumbo al baño de su habitación.
Al entrar y para mi sorpresa había llenado la tina del baño de la cual exhalaba un aroma delicioso. Me bajó y lentamente, sin separa sus manos ni por un momento de mi cuerpo comenzó a desnudarme, recorriendo mi cuerpo tanto con sus manos como con sus labios. Tras sumergirme en la tina él se desvistió rápidamente y se metió también detrás de mí y comenzó a echar agua sobre mi cuerpo mientras besaba mi cuello y susurraba palabras de amor en mi oído.
