Desperté extrañando el calor del cuerpo de Christian a mi lado. Estiré mi mano buscando su calor al lado mío en la cama pero solo encontré un vacío. Abrí mis ojos y efectivamente él no estaba a mi lado, pero sentí a alguien riendo cerca de mí. Me senté en la cama y cuál fue mi sorpresa al verlo sentado a los pies de la cama vestido con unos jeans y una camisa gris ajustada. Su rostro tan radiante como de costumbre hoy lucía la barba de dos días que tanto me gustaba. Al fijarme en su mano traía una bandeja con el desayuno a la cual me le quedé mirando fijamente.

— ¿A qué se debe el desayuno hoy? —le dije mientras me sentaba en la cama y tomaba la bandeja de sus manos.

—Qué te parece si salimos en el yate y regresamos mañana, ya se lo he dicho a Kate y a Elliot y les ha parecido una genial idea. —dijo mientras deslizaba su mano por mi mejilla.

—Por mí está bien. —le dije mientras comenzaba a desayunar.

—Pues en cuanto termines de desayunar nos vamos. —me dijo mientras yo lo miraba fijamente por un momento deteniendo la tostada que llevaba hacia mi boca.

— ¿No vamos a llevar ropa?

—No es que vayamos a necesitar mucha, además pienso tenerte el mayor tiempo posible sin ella. —me contestó sonriéndome. —Solo lo que lleves puesto y el biquini. —me contestó mientras yo llevaba la tostada a mi boca.

Desayuné lo más rápido que pude mientras Christian no apartaba la mirada de mí. Terminé de desayunar y puse la bandeja a un lado mientras me levantaba desnuda de la cama rumbo al baño y Christian no dejaba de observarme sentado en la cama. Pero a pesar de lo que yo me imaginaba el no me siguió y se lo agradecí lo que más quería en ese momento era algo de privacidad. Me metí en la ducha para relajar mi cuerpo después de lo que había soñado anoche o más bien después de recordar algo del trágico suceso. El agua caliente relajó mi cuerpo al momento. Aproveché para afeitarme completa y después salí del baño envuelta en una toalla, pasando frente a Christian rumbo al armario para buscar la ropa. Saqué un biquini que puse sobre la cama, uno que nunca me había puesto, muy corto, cubría solo lo necesario. Busqué un short de mezclilla corto, desteñido y desflecado, una camiseta de tirantes blanca y unas converse negras de corte alto. Me quité la toalla tirándola al rostro de Christian haciéndolo reír. Cogí el biquini y me lo puse bajo su atenta y penetrante mirada gris, después terminé de vestirme con el resto de las prendas hasta recoger mi pelo en una trenza. Cuando terminé me paré frente a Christian que me miraba muy sonriente.

— ¿Me quieres matar de un infarto verdad? —me dijo mientras yo me acomodaba entre sus piernas y el ponía sus manos en mis nalgas.

Enredé mis manos en su cuello mientras acercaba mis labios a su oído.

—Esa es la idea. —le susurré mordiéndole el lóbulo de la oreja. Lo sentí gemir muy bajito. —Ya nos podemos marchar, estoy lista. —le dije mientras me separaba de él y caminaba rumbo a la puerta.

Christian tomó mi mano justo antes de abrir la puerta. Me giró hacia él y solo después de darme un delicioso y excitante beso salimos a la sala donde se encontraban Kate y Elliot esperándonos.

—Se demoraron mucho. ¿Qué estaban haciendo? —dijo Elliot mientras alzaba las cejas sugestivamente y Kate le daba por la cabeza. —Au. —dijo quejándose mientras se pasaba la mano por donde le había dado y miraba a Kate riendo.

—Nada que no hagas tú con Kate. ¿Ya nos podemos ir? —contestó Christian mientras me sonreía levemente y por un momento mis mejillas se teñían de rojo.

Salimos los cuatro del apartamento cerrando la puerta tras nosotros y encaminándonos hacia el ascensor que nos llevó hacia el parqueo subterráneo desde donde partimos rumbo a la marina.

Íbamos en autos por separado, Kate y Elliot en un auto y nosotros en otro ya que Christian y yo el domingo íbamos hacia su apartamento. Era una hermosa mañana de domingo, muy soleada, excelente para pasarse el día en un yate. Tras zarpar Kate y yo nos metimos de lleno en la cocina y preparamos unos macarrones con jamón y queso mientras escuchábamos música y bailábamos en la cocina. Estábamos muy concentradas hasta que sentimos a alguien riéndose.

Christian y Elliot se encontraban parados ambos en la puerta de la cocina riendo.

—Veo que están muy animadas. —dijo Christian cruzado de brazos.

—Creo que deberíamos hacer esto más a menudo. —dijo Elliot girándose hacia Christian.

—Ya podemos almorzar, terminamos ahora mismo.

—Era hora, tengo hambre. —dijo Elliot riendo.

—Tú siempre tienes hambre. —le dijo Christian mientras le pasaba un brazo por los hombros y ambos caminaban rumbo a la barra para sentarse.

En cuanto terminamos de almorzar salimos a cubierta.

—Vamos a bañarnos. —me dijo Christian mientras se sacaba la camisa y los jeans rápidamente.

—Voy a coger un poco de sol. —le dije mientras me sacaba la camiseta, el short y las converse y me disponía a acostarme en una tumbona.

—Sí, pero lo vas a coger conmigo en el agua. —me dijo y sin darme tiempo a reaccionar me cargaba en sus brazos saltando conmigo hacia el agua mientras yo daba un grito.

—Christian eso no es gracioso. —le grité cuando saqué mi cabeza del agua, pero él no estaba por ninguna parte. —Ya no tiene gracia. —le gritaba mientras continuaba buscándolo, ya comenzaba a preocuparme. — ¡Christian! —volví a gritar.

—No es necesario que grites. —dijo una voz detrás de mí.

Me giré y me encontré con Christian detrás de mí.

—No me hagas más eso, me has asustado. —le grité mientras arrojaba agua en su rostro y el reía.

—Lo siento amor perdóname.

—Lo pensaré. —le contesté mientras lo miraba fijamente sin reír.

—Cuidado que voy. —gritó Elliot antes de saltar al clavado desde el yate y empaparnos a todos.

Kate se unió a nosotros y estuvimos un rato bañándonos y disfrutando del agua salada y el calor del sol sobre nuestros cuerpos.

—Voy por algo de beber. —dije mientras salía y me dirigía rumbo a la cocina tras haberme secado con una toalla y enredarla en mi cuerpo.

—Esa toalla no va contigo.

— ¡Mierda! —dije soltando el vaso que tenía en las manos que terminó en el suelo hecho añicos. —Debes dejar de hacer eso. —le dije golpeándolo en el pecho con la mano.

—Y tú debes deshacerte de esa toalla. —me dijo sonriendo tratando de zafarla pero yo le quité la mano dándole un manotazo.

—Aún no te he perdonado. —le dije caminando lejos de su alcance.

— ¿Y qué tengo que hacer para que me perdones? —dijo mientras sentía sus pasos detrás de mí siguiéndome.

—No lo sé aún lo estoy pensando. —continué caminando rumbo a los camerinos.

—Pues ya yo tengo pensada una forma en que me perdones. —dijo mientras yo me giraba brevemente y lo veía sonriéndome de la forma que tanto me gustaba.

—No creo que logres convencerme. —le contesté mientras llegaba al camarote principal y entraba.

—Pues yo creo que sí. —me dijo mientras cerraba la puerta después de entrar él y venía rápidamente sobre mí atacando mis labios y deshaciéndose de la toalla.

No tengo ni idea de donde cayó la toalla solo sé que sus manos me apretaban por la cintura mientras el devoraba mis labios y me conducía hacia algún lugar. Solo supe donde me encontraba cuando sentí el agua caliente caer sobre mi cuerpo. Mis ojos se encontraban cerrados mientras absorbía todas las sensaciones. Sus cálidos labios mordiendo ligeramente los míos mientras su lengua experta exploraba mi boca haciéndome gemir. Su cuerpo me aprisionó contra la pared dejándome sentir lo excitado que estaba. Sus manos bajaron rápidamente la parte de debajo de mi biquini y tras deshacerse de su short comenzó a rozarse contra mi sexo.

— ¿Estás segura que no puedes perdonarme? —dijo bajando sus labios calientes por mi piel, besando y mordiendo mi cuello.

—Todavía…lo estoy…pensando. —le contesté entre gemidos mientras enredaba mis manos en su cuello y el levantaba una de mis piernas para entrar solo un poco en mi y luego retroceder.

—Voy a hacer que no lo pienses mucho más. —me contestó mientras tomaba mi otra pierna y levantándome mientras me recostaba a la pared y yo enredaba mis piernas en su cintura entró de una sola vez en mí

Y comenzó a entrar y salir de mí, una y otra vez, cada vez más rápido, con más energía. Con movimientos controlados y envestidas fuertes y rápidas que nos hacían gemir a ambos. Christian había cerrado el agua antes de cargarme y ahora lo único que había en el baño era el calor que escapaba de nuestros cuerpos con cada envestida de él. Los labios de Christian no dejaban los míos conteniendo nuestros gemidos.

— ¡Dios! —exclamé contra sus labios mientras lo sentía muy profundo en mi interior.

— ¿Ya me perdonas? —me preguntó entre gemidos mientras detenía sus envestidas y ambos nos mirábamos fijamente a los ojos.

— ¿Vas a continuar con esta tortura? —le pregunté mientras apretaba mis piernas más en su cintura.

—Solo hasta que digas que me perdonas. —dijo mientras comenzaba a moverse lentamente.

— ¡Chris!—exclamé en un gemido—Ya te perdoné desde el momento en que me sonreíste en el corredor.

Y entonces mordió levemente mi labio inferior y comenzó a envestirme rápidamente haciendo que mis paredes se contraerán alrededor de su miembro caliente y palpitante en mi interior. Entonces se detuvo, salió de mí, me bajó y me giró. Y yo apoyé mis manos en la pared mientras él me inclinaba hacia adelante y separando mis piernas entraba en mí. Esta vez entraba más profundo en mí mientras se movía deliciosamente lento. Sus manos estaban en mi cintura apretándome fuertemente a medida que aumentaba sus envestidas. A cada segundo mis paredes se apretaban más a su alrededor y nuestros gemidos se intensificaban cada vez más. Christian subió una de sus manos desde mi cintura por toda mi espalda hasta mi hombro para entrar más rápido y más profundo en mí. Su mano en mi hombro lanzó una descarga eléctrica por toda mi columna y entonces no pude contenerme más, exploté en un intenso orgasmo mientras gemía fuertemente sintiendo como Christian gemía también y me llenaba completamente con unas cuantas envestidas más.

Mi cuerpo que había soportado tanto no aguantó más y mis piernas se doblaron haciendo que cayera en el suelo extasiada de tanto placer. Christian se agachó a mi lado y tiró de mí hacia su pecho donde su corazón latía desenfrenadamente como si quisiera escapar de ahí.

—Esto ha sido… ¡Wau! —dije con la respiración entrecortada tratando de encontrar las palabras para describir lo intenso que había sido.

—Sabes, es la primera vez que me quedo sin aire. —dijo haciéndome reír.

—Esto ha sido intenso, muy intenso. —le dije mientras el deslizaba la mano por mi cabello.

—Creo que la palabra que buscas es alucinante. —me dijo mientras yo lo miraba sonriendo.

—Tienes razón, ha sido alucinante. —le dije mientras le robaba un beso.

Ambos estábamos en el suelo del baño abrazados mientras el agua caía sobre nosotros relajando nuestros cuerpos. No recuerdo en qué momento el había abierto la ducha nuevamente, solamente recordaba lo que era sentirlo en mi interior, y no pude evitar que se me escapara un gemido de mis labios mientras mi cuerpo se estremecía tan solo con pensar en sentirlo en mi interior una vez más.

—Sabes que te amo verdad. —me dijo haciendo que yo volviera a la realidad y me girara para mirarlo sonriéndome tiernamente.

—Lo sé, yo también te amo. —le contesté mientras él me besaba lentamente.

—Y ahora qué tal si vamos a preparar algo para cenar. —me dijo levantándose del suelo y ayudándome a levantar también.

—Cierto, la cena, lo había olvidado. —le contesté sonriéndole mientras el cerraba la ducha.

Adoraba estos momentos en que estábamos juntos, cada uno era único. Salimos de la ducha y Christian comenzó a secarme con una toalla mientras apretaba mi cuerpo y yo sonreía. Entonces sentimos un celular sonando y claramente no era el mío.

—Debo atender la llamada. —dijo mientras se enredaba una toalla en la cintura y salía del baño.

Terminé de secarme y entonces recordé que la ropa la había dejado arriba en la cubierta. ¿Ahora que me ponía? Enredé la toalla en mi cuerpo y estaba dispuesta a salir cuando escuché a Christian discutiendo con alguien. Me asomé lentamente abriendo solo un poco la puerta y escuché parte de la conversación.

— ¿Cómo conseguiste este número?...no, no me interesa nada de lo que tengas que decir… ¿Cómo dices?... —a cada momento Christian se enfadaba más y más. —…si le tocas un pelo o te le acercas, te juro que te encontraré, seas quien seas, estés donde estés y lo pagarás…oigo…oigo…—y después de eso arrojó el celular fuertemente contra la pared.

— ¡Joder! —gritó mientras se ponía las manos en la cabeza y daba vueltas por la habitación, frustrado y yo cerraba lentamente la puerta.

Decidí salir y hacer como que no había escuchado nada. Respiré varias veces fuertemente y después abrí nuevamente la puerta. Christian se encontraba sentado en la cama con la cabeza entre las manos. Pude divisar los restos del celular esparcidos en el suelo.

— ¿Qué sucedió con el celular? —le pregunté mientras señalaba hacia los restos en el suelo y el levantaba la cabeza.

Pero no me dijo nada solamente me miró y volvió a colocar su cabeza entre las manos. Me senté a su lado y lo miré fijamente.

— ¿Tal vez si me cuentas podría ayudarte? —le pedí mientras el levantaba la cabeza y me miraba.

—No creo que puedas la verdad. —me contestó mientras yo lo miraba entrecerrando los ojos.

—Si no me lo cuentas no sabrás. —le pedí mientras él me miraba entrecerrando los ojos.

—Como están las cosas solo veo dos opciones, una es buscarte guardaespaldas. —me dijo mientras yo arrugaba las cejas ante la idea de tener a alguien todo el tiempo vigilando mis pasos.

— ¿Y la otra opción cual es? La verdad no me gusta mucho la primera.

—Mantenerte todo el tiempo junto a mí. —me contestó mientras sonreía levemente pero volvía a ponerse serio rápidamente.

—Me gusta más esta opción. —le dije mientras reía, pero él se mantenía serio lo cual me daba a entender que el problema era más serio de lo que yo me imaginaba.

—Supongo que todo esto tiene que ver con la persona que llamó por teléfono. ¿No me dirás quien fue verdad?

Pensé que no me lo diría. Por un momento se me quedó mirando fijamente a los ojos hasta que exhaló el aire de sus pulmones.

—Creo que la mejor forma de protegerte es contándotelo. —me dijo mientras tomaba mis manos entre las suyas y me miraba a los ojos. —El desgraciado que llamó por teléfono es el que incendió el club.

— ¿Pero como sabes que fue él?

—El mismo me lo dijo, pero eso no es todo. —me dijo mientras ahora se ponía mucho más serio. —Amenazó con secuestrarte. —me dijo mientras yo ponía cara de horror.

— ¡Que! —exclamé asustada. — ¿Pero porque?

—No lo sé. ¿No has tenido ningún problema con nadie verdad?

—No la verdad, no sé porque alguien querría hacerme daño.

—No te preocupes amor, no dejaré que nada te ocurra.

— ¿Y cómo piensas protegerme? No creo que puedas enfrentarte a un maniático, te vi pelear en la escuela y recuerdo que te dieron tremenda paliza. —le dije exasperada pero al mirar su rostro el sonreía. — ¿Qué es lo que no me estás contando? —pregunté ahora intrigada.

—Estudié Aikido en Inglaterra. —me contestó mientras yo lo miraba asombrada.

—Por eso Elliot te tiene miedo. —le dije riendo mientras el asentía con la cabeza.

—En Inglaterra me buscaba muchos problemas, sobre todo cuando me emborrachaba en algún bar, así que comprenderás que después de varias golpizas decidí no dejar que me apalearan otra vez y decidí aprender algún arte marcial para defenderme.

—Creo que ahora me siento mucho mejor al saber que tengo a alguien protegiéndome. —le dije mientras él me sonreía e inclinaba sus labios hasta los míos para besarme.

—Lo que más me intriga es cómo consiguió mi número. —me dijo pensativo mientras buscaba una ropa en el armario para ponerse.

— ¿Y que se supone que me ponga yo? —le pregunté mientras él se giraba brevemente a mirarme envuelta en la toalla y sentada a los pies de la cama.

—Creo que puedo ayudarte en eso. —dijo mientras abría el armario y después de buscar dentro me tiraba un short y una camiseta.

Me quedé asombrada al ver que eran de mi talla y lo miré entrecerrando los ojos.

— ¿En qué momento compraste esto? —le pregunté mientras sostenía la ropa en mis manos.

—Unos días después que nos besáramos frente a tu apartamento. —me dijo caminando en mi dirección. —Cuando te invité a pasar el fin de semana a mi apartamento. Te demorabas tanto en contestarme que tenía la intención de secuestrarte y tenerte completamente a mi merced por unos días si no aceptabas. —me dijo mientras llegaba donde yo estaba y me deslizaba la mano por la mejilla haciendo que yo cerrara mis ojos. —Así que te compre un poco de ropa y la traje para aquí. —me dijo como si fuera la cosa más natural del mundo. Abrí mis ojos y me encontré con un Christian sonriente.

— ¿Y en qué momento pensabas secuestrarme?

—Cuando bajaras con la maleta de Elliot del apartamento.

—Te puedo confesar algo. —le dije mientras el asentía y yo me acercaba a su oído para susurrarle. —No tuve que pensar mucho tu invitación, al otro día cuando te vi en la mañana me decidí, solo que quería torturarte un poco. —le contesté mientras me separaba de él y me miraba sonriendo pícaramente.

—Entonces todo fue para divertirte un poco verdad. —me dijo mientras me quitaba la ropa de las manos, la tiraba para la cama y ponía sus manos en mi cintura aún cubierta por la toalla. —Sabes yo también se divertirme. —me dijo mientras me empujaba en la cama y me abría la toalla.

Entonces comenzó a besarme desde el cuello, lentamente, estaba llegando a mis senos cuando tocaron a la puerta del camarote.

—Los tortolos, la cena está casi lista, cuando quieran salen, bueno si quieren. —dijo Elliot del otro lado.

Christian y yo nos miramos y nos echamos a reír mientras ambos nos sentábamos en la cama.

—Creo que será mejor ir a cenar. —dijo mientras iba nuevamente al armario y sacaba una ropa para vestirse él.