Christian POV

Media hora más tarde estábamos saliendo por la puerta del frente mientras yo llevaba las dos maletas que puse en el maletero del auto. Hoy habíamos ido al trabajo en el Mustang. Era una suerte ya que en el Porshe no hubiéramos cabido. Nos montamos en el auto y conduje a toda prisa hacia New York como si al hacerlo de esta forma Anastasia fuera a aparecer más rápido.

Los padres de Anastasia se quedaron con Kate en el apartamento mientras yo me fui al mío.

Y lentamente comenzaron a pasar los minutos, que se convirtieron en horas y a su vez en días. Días sin noticias, días donde no comía ni dormía pensando en Anastasia y que le abría sucedido. Los chicos venían y trataban de animarme pero eso no ocurría.

Mis ánimos se levantaron un poco cuando la policía nos dijo que habían localizado la camioneta del secuestro. Pero todo fue un callejón sin salida. La habían abandonado desde hacía días y completamente limpia, no pudieron encontrar nada en ella.

Todos esperábamos que pidieran un rescate. Yo iba a dar lo que pidieran a cambio de que me la devolvieran con vida sana y salva. A medida que pasaban los días las esperanzas de encontrarla iban desapareciendo poco a poco.

Había pasado ya una semana desde el secuestro y entonces recibí una llamada a mi celular de un número desconocido. Todos se encontraban allí conmigo y me miraban fijamente esperando que contestara el celular.

Después de mirarlo por lo que me pareció una eternidad me puse de pie y decidí contestar.

—Oigo.

—Si quieres ver con vida a tu novia harás exactamente lo que te diga, pronto te volveré a llamar. —y colgó.

— ¿Quién era? —preguntó Elliot mientras examinaba mi rostro.

—Por lo que dijo asumo que era el secuestrador. —dije mientras me pasaba una mano por el pelo, frustrado.

— ¿Y qué dijo?

—Nada, solamente que volvería a llamar, y que si la quería ver con vida debía hacer lo que él me dijera. —dije mientras me dejaba caer en el sofá.

—No te preocupes Christian, todo se solucionará, ya verás que la vamos a encontrar. —me dijo Elliot mientras me ponía una mano en el hombro.

—Lo sé, pero cuando. —dije mientras me cubría el rostro con las manos.

A la mañana siguiente salí como era costumbre ya del apartamento e hice mi camino rumbo al museo como lo hacía con Anastasia, atravesando Central Park. Creo que esto era lo único que hacía que no perdiera las esperanzas.

Eran pasadas las 10:00 am cuando sonó el teléfono, pero no era mi celular, era el de la oficina. Aún no había asumido el cargo de Director de Restauraciones me habían dado dos semanas para recoger mis cosas antes de ocupar el cargo. Me encontraba recogiendo las cosas en la oficina cuando el sonido me había sobresaltado. Me senté en la silla detrás del escritorio y al ver el identificador de llamadas pude ver que venía de recepción.

—Diga.

—Disculpe Sr. Grey, lo buscan aquí en la recepción.

—Lo siento pero no tengo ganas de recibir a nadie, que llame a mi oficina si necesita hablar conmigo.

—Ella insiste en hablar con usted en persona.

Ella...solo de pensar que podía ser Anastasia mi corazón comenzó a latir frenéticamente.

—Voy enseguida. —dije mientras colgaba el teléfono y salía de la oficina a toda velocidad.

Pero ya en el ascensor me di cuenta que no podía ser ella, y al llegar a recepción lo confirmé al ver a Rebeca esperando allí.

— ¿Podemos hablar?

Por un momento pensé en decirle que no, pero no quería que montara una escena en el museo. Así que la tomé de la mano la guié a la cafetería donde solía almorzar con Anastasia. Nos sentamos después de yo ordenar un café y ella solo agua decidí enfrentarla.

— ¿Que quieres?

—Cielos Christian que brusco, como has cambiado, ya se te olvidaron los modales.

—No, no se me han olvidado, pero contigo no creo que tenga motivos para usarlos.

—Solo quería saber cómo estabas después de enterarme de lo del secuestro de tu novia.

Y ella como se había enterado de eso. No es que sea un secreto, pero solo los que trabajan en el museo y los que nos conocen lo saben.

— ¿Y como te enteraste?—le pregunté con curiosidad.

—Lo escuché cuando alguien lo comentó en uno de tu clubs al que fui la otra noche.

Si, ella pudo haber escuchado el comentario. ¿Pero cómo ella sabía que era uno de mis clubs? Eso no lo sabía mucha gente, son contadas las personas que conocen los nombres de mis clubs. Aquí había algo raro. En eso sonó mi teléfono, y era Elliot. Que oportuno.

—Lo siento, debo atender esta llamada. —dije mientras me ponía de pie para retirarme de la mesa, necesitaba hablar en privado con él.

—No te preocupes, atiende tu llamada, yo necesito ir al baño. —dijo mientras se levantaba de la mesa.

Me senté nuevamente y contesté mientras ella se alejaba rumbo al baño.

—Elliot. ¿Ocurrió algo?

—No nada, solo llamaba para ver si querías que almorzáramos junto, hace tiempo que no lo hacemos.

— ¿Estás en tu auto?

—Sí, estoy cerca del museo, te recojo.

—No, necesito un favor y no hagas preguntas te lo explicaré más tarde.

—Dime.

—Conoces la cafetería cruzando el MET.

—Sí.

—Recuerdas a Rebeca de Londres.

—La rubia que estaba loca por ti.

—Por mi dinero, si esa misma, está aquí conmigo, necesito que la sigas sin que ella se dé cuenta.

— ¿Que sucedió?

—Te lo explico más tarde, no puedo continuar hablando, aquí regresa ella, nos vemos después.

—Deja todo en mis manos hermano. —me dijo antes de cortar la llamada justo cuando ella llegaba y se sentaba nuevamente frente a mí.

— ¿Todo bien con la llamada?—me preguntó ella mientras yo sin haberme dado cuenta continuaba mirando el celular. Aparté mi mirada de este y la dirigí hacia ella.

—Sí, solo unos problemas de los que debo ocuparme más tarde. —le contesté sin emoción ninguna mientras terminaba mi café. —Ahora si me disculpas, debo regresar al trabajo. —dije mientras me ponía de pie dejando sobre la mesa un billete para pagar el café.

Salimos de la cafetería y cuando estábamos afuera ella me detuvo con la mano.

— ¿Te puedo llamar un día de estos?—me dijo mientras yo la miraba seriamente.

Acaso ella se creía que íbamos a volver a salir después de todo lo que había hecho. Además, que la mujer que amo esté desaparecida no quiere decir que voy a salir con la primera que se me cruce delante, y mucho menos con ella.

—Lo siento Rebeca pero en estos momentos no estoy de ánimos para nada. —le contesté mientras ella levemente sonreía y yo apartaba su mano de la mía.

La verdad era que no iba a salir con ella nuevamente ni aunque fuera la última mujer sobre la tierra.

—Disculpa, debo marcharme. —le dije mientras caminaba rumbo al museo sin mirar atrás.

Antes de cruzar la calle me percaté del auto de Elliot parqueado justo a mi lado. Lo bueno de su auto era que tenía cristales oscuros y no lo verían. Sonreí para mis adentros mientras continuaba mi camino. Si ella tenía algo que ver con el secuestro de Anastasia me iba a asegurar que lo pagara bien caro.

No salí a almorzar, la verdad era que desde que Anastasia había desaparecido no me apetecía hacer casi nada. La vida había perdido el sentido sin ella a mi lado. Cerca de las 2:00 pm recibí una llamada de Elliot.

— ¿Dónde estás?—le pregunté desesperado.

—La seguí hasta un hotel cerca de tu apartamento, lleva ahí cerca de una hora. —Elliot me hablaba extraño, lo entendía, pero aún así era un poco difícil.

— ¿Estas comiendo?—le pregunté con curiosidad.

Ya me lo podía imaginar sentado en el auto devorando una hamburguesa, y eso me hizo sonreír.

—Recuerda que no me dejaste almorzar, creo que me merezco estas hamburguesas. —entonces eran varias.

—Yo no he dicho nada.

—Chris, te tengo que dejar, está saliendo del hotel en estos momentos, te llamo más tarde.

—Suerte con la persecución. —le dije mientras colgaba el teléfono.

Después de lo que me había dicho Elliot que estaba en un hotel cerca de mi apartamento mis sospechas se volvieron más certeras. No dudaba ni por un momento que ella nos hubiera seguido en alguna ocasión, ahora tenía más seguridad que antes de que tuviera algo que ver con el secuestro. Pero sabía que ella no había podido hacerlo sola, así que debía de tener un cómplice.

Para cuando miré el reloj eran casi las 6:00 pm. Ni cuenta me había dado de la hora que era ya. Todos se habían marchado ya. Recogí mis cosas y antes de marcharme le eché una mirada a la oficina. Ya había recogido todas las coas, solo me quedaba trasladarme. Apagué las luces y me marché rumbo al apartamento de Anastasia. No pensaba regresar más al mío hasta que ella apareciera. Kate ya estaba allí cuando yo llegué.

— ¿De casualidad has visto a Elliot hoy?—me preguntó mientras yo cerraba la puerta detrás de mí.

—No lo he visto, pero hable con él por teléfono.

—Me dijo que iba a almorzar contigo y me recogía en la tarde, pero nunca llegó. —dijo mientras se sentaba en el sofá.

—Creo que eso es culpa mía. —le contesté mientras ella me miraba cruzada de brazos y con una expresión de furia en su mirada.

— ¿Que hiciste esta vez?—dijo mientras me miraba fijamente.

—No me mires así, es algo importante.

—Ah sí.

—Sí, lo mandé a seguir a Rebeca mi ex, creo que tiene algo que ver con el secuestro.

— ¿Estás seguro? ¿Cómo lo sabes?

—Fue algo que dijo. ¿Te puedo preguntar algo?—ella me miró fijamente. — ¿Conoces el nombre de mis clubs?

—Solo a los que hemos ido, acaso son más.

—Si tú no los conoces, es imposible que ella lo supiera, a menos que nos estuviera siguiendo desde hace tiempo.

— ¿Que quieres decir?

—Es probable que Rebeca, mi ex, nos haya estado siguiendo desde hace tiempo, lo que me hace preguntarme si habrá tenido algo que ver con el incendio en el club, y mucho más si estará involucrada en el accidente de Anastasia.

—Tú crees. De casualidad esa ex tuya es una psicópata.

—Estoy empezando a creer que sí, ahora debemos esperar a que Elliot regrese o llame para confirmar mis sospechas.