Este es el final de la historia, espero que les haya gustado.
BirdsandStars
ANASTASIA POV
Tenía los ojos vendados y una mordaza en la boca mientras me encontraba sentada en una silla con mis manos atadas atrás y los pies cada uno a una pata de la silla. La mayor parte del tiempo estaba a oscuras completamente, solo visualizaba algo de claridad cuando abrían la puerta, y eso solo lo hacían tres veces al día. En cada ocasión solo era para darme agua y comida, y nuevamente colocaban la mordaza evitando que gritara. Nada más. Después la puerta se volvía a cerrar. Nadie hablaba. Al principio contaba las comidas para así saber cuánto tiempo había pasado. Pero al pasar los días dejé de hacerlo y comencé a perder las esperanzas...
La puerta continuaba abriéndose tres veces al día pero ya no me importaba, ni le prestaba atención. Dormir era imposible en aquella posición, y por más que lo intentaba no lograba conciliar el sueño. Lo único que me hacía resistir era pensar en Christian y en que lo volvería a ver. Eso era por lo único que trataba de luchar. Por volver a verlo...
No sabía qué día era hoy, apenas tenía fuerzas para nada. La falta de sueño me estaba pasando factura. Había momentos en los que perdía la noción del mundo y al rato volvía en si nuevamente. Pero hoy a diferencia de los demás días en que continuaban abriendo la puerta, algo cambió. La puerta se abrió y sentí los pasos dirigirse hacia mí pero en lugar de quitarme la mordaza me golpearon fuertemente en las costillas y después en la cara.
No podía respirar, el aire me faltaba y sentía como que me ahogaba. No sabía el motivo por el que me estaban dando aquella golpiza, aunque bien podía ser sin motivo ninguno, solo por puro placer y diversión. Alguien que le gustaba verme sufrir de aquella manera. Volvieron a golpearme en las costillas y mientras me doblaba en la silla sentí la respiración de alguien en mi oído.
—Espero que te pudras aquí, perra. —me dijo una voz de mujer en mi oído.
Y en ese momento sentí la voz de un hombre.
—Tenemos que irnos.
Los pasos volvieron a escucharse, pero esta vez la puerta no se cerró. Yo no tenía fuerzas para levantar mi cabeza. Pronto sentí que todo me daba vueltas, mientras escuchaba voces en el fondo.
—Nadie se va a ninguna parte, levanten las manos y suelten el arma.
— ¿Está bien?
—Tenemos que llevarla urgente al hospital.
Eso fue lo último que escuché mientras sentía como me desataban las piernas y las manos y me derrumbaba en los brazos de alguien perdiendo completamente el conocimiento.
La luz en la habitación era muy intensa, molestaba mis ojos y los volví a cerrar en varias ocasiones hasta acostumbrarme nuevamente a la luz en lugar de la oscuridad que había reinado mi mundo en los últimos días. Ni siquiera sabía cuántos días habían pasado. Mi cuerpo dolía un poco y recordé la paliza que me habían dado.
Miré a mí alrededor para ubicarme. Al parecer estaba en la sala de un hospital. En mi brazo derecho tenía una intravenosa que bombeaba fluidos hacia mi organismo. No recordaba cómo había llegado aquí. Al mirar hacia un lado de la cama donde había una butaca vi a alguien allí. Estaba recostado durmiendo. Me incorporé un poco en la cama y pude divisar bien quién era. Christian se encontraba tan sereno allí durmiendo. Su rostro lucía cansado como si llevara días sin dormir. Creo que así mismo debía de lucir el mío. Se removió en la butaca y abrió los ojos al tiempo que se pasaba las manos por la cara.
—Hasta así cansado luces muy sexy.
Levantó la vista y sus ojos se encontraron con los míos. Se paró rápidamente y se acercó a mí.
—Me alegra que hayas despertado, pero deberías recostarte. —dijo mientras me daba un beso en la frente, me empujaba de regreso a la cama y me cubría con la sábana.
—Sigues siendo muy mandón. —le dije mientras él me sonreía.
—Has pasado por mucho, deberías descansar. ¿Cómo te sientes?
—Bien, solo un poco adolorida.
—Si, los malditos te dieron una buena paliza. —dijo mientras se dirigía hacia la puerta. —Ahora regreso, voy a avisarle al médico que despertaste.
Christian regresó con el médico un minuto más tarde quien me hizo preguntas y me revisó para ver cómo me encontraba. Después de ver que me encontraba bien salió de la habitación dejándome a solas nuevamente con Christian.
— ¿Cuánto tiempo llevo aquí en el hospital?
—Tres días. Todos estábamos preocupados por tí. Hubo que ponerte sedantes para que descansaras. —dijo mientras se sentaba en una butaca a mi lado.
—Si el doctor mencionó algo de eso.
No recordaba cuanto tiempo había estado secuestrada, había perdido la cuenta.
— ¿Cuánto tiempo estuve secuestrada?
—Doce días. —dijo mientras me miraba fijamente. —Siento que no te hayamos podido encontrar antes.
— ¿Encontrarme? Acaso ustedes fueron a rescatarme.
—Sí, aunque la policía también fue.
— ¿Cómo me encontraron? ¿Cogieron a los secuestradores?
—Es una historia complicada.
— ¿Qué hora es?—le pregunté mientras el miraba su reloj.
—Las 10:20pm.
—Te tocó quedarte hoy entonces.
—Sí, todos vienen en la mañana.
—Entonces porqué no me cuentas lo que sucedió, creo que no tenemos nada mejor que hacer.
—De acuerdo. Todo comenzó una semana después de tu secuestro. Recuerdas a rebeca, mi ex. —me dijo mientras yo asentía. — Pues ella se apareció en el museo porque se había enterado de tu secuestro y quería ver como yo estaba.
—Esperó que yo no estuviera para acercarse a ti nuevamente.
—Hubo algo en la forma en que se enteró de tu secuestro que me hizo sospechar, así que mandé a Elliot a seguirla. Primero la siguió hasta un hotel cerca de mi apartamento y después hacia uno cerca del tuyo.
—No lo puedo creer, por eso a veces tenía la sensación de que nos seguían.
—Decidimos turnarnos la vigilancia hasta que un día la seguimos hasta unos almacenes abandonados cerca del muelle donde se encontró con un hombre y ambos entraron juntos. Bajamos del auto y miramos por una ventana rota que tenía el almacén y pudimos escuchar la conversación que tenían donde hablaban de ti y señalaban hacia una zona lejana del almacén. Entonces llamamos a los detectives a cargo de la investigación y ellos llegaron con refuerzos. No nos dejaron entrar y te sacaron desmayada.
— ¿Entonces tu ex fue la que me secuestró?
—Sí, pero eso no es todo. En el almacén encontraron unos acelerantes químicos, los mismos que usaron en el incendio del club. Y había un auto allí, golpeado por un costado y la matrícula coincide con él de tu accidente.
— ¿Ella planeo todo?
—Pero no lo hizo sola. Recuerdas que te mencioné que se encontró con un hombre en el almacén. Pues era su hermano. La policía me llamó hoy en la mañana que ambos habían confesado, el fue el que provocó el accidente mientras que ella incendió el club. No te preocupes ambos estarán presos durante largo tiempo.
—Genial, una psicópata menos de la que ocuparme. Espero que no tengas mas ex psicópatas rondando por ahí. —le dije mientras él me sonreía.
—No creo que esa era la única. —me dijo sonriéndome tiernamente.
Había algo diferente en la forma que me sonreía que era diferente, aunque bien podía ser cosa mía, hacía mucho tiempo que no lo veía sonreír.
—Te veo muy feliz. ¿Algo que yo no sepa?
—Estoy feliz porque estas viva y a salvo.
—Si yo también estoy feliz por eso. —le contesté mientras el reía a carcajadas.
—Pero no es todo. Tengo varias noticias que darte, empezaré por la más vieja y después te daré la más reciente.
—De acuerdo, empieza.
—Adivina quién es el nuevo Director de Restauración de obras. —me dijo sonriendo como idiota.
— ¡De verdad!
—Si para eso era la reunión el día que sucedió lo que sucedió.
—Felicidades entonces, imagino que no has podido celebrarlo.
—No, creo que eres a la primera que se lo cuento, no creo que se lo haya comentado a nadie más. Con todo lo sucedido, eso quedó en segundo plano.
—Pues tenemos que celebrar cuando salga de aquí con una buena botella de champagne.
—Eso me recuerda la otra noticia, le pedí al doctor que no te dijera nada, que quería hacerlo yo. —dijo mientras se levantaba de la butaca y se sentaba a mi lado en la cama mientras tomaba la mano que no tenía el suero entre sus manos y me sonreía como un idiota.
—Acaba de decirlo, me estás asustando.
—Estas embarazada. —me dijo mientras yo gritaba y reía. —Tienes 6 semanas. Nos enteramos el mismo día que te rescatamos después de que te examinaran.
— ¿Pero cómo?
—De verás tengo que explicarte cómo. —me dijo mientras alzaba una ceja.
—No, es que no entiendo como sucedió, yo siempre me tomaba la pild...olvídalo, después del accidente creo que olvidé que la tomaba.
—La verdad es que es mi responsabilidad también, nunca se me ocurrió pensar si la continuabas tomando. —lo miré fijamente buscando algún indicio de que estuviera molesto, pero por el contrario estaba feliz.
— ¿No estás molesto?
—Porque habría de estarlo. Hay una vida creciendo en ti formada por el amor que ambos nos tenemos. En este momento soy el hombre más feliz del mundo. —Dijo mientras me daba un ligero beso en los labios. —Ya yo había pensado en formar una familia contigo y al parecer ya vamos adelantados. —dijo mientras yo reía y el metía una mano en el bolsillo de sus jeans buscando algo.
Después de pararse para buscar lo que estuviera buscando se volvió a sentar a mi lado mientras sostenía una cajita de terciopelo negro entre sus manos. En ese momento se me secó la boca y mi respiración se aceleró mientras mi corazón golpeteaba frenético en mi pecho. Christian abrió la cajita dejando ver el hermoso y sencillo anillo que había dentro. Una alianza con una sencilla piedra encima que enviaba destellos en todas direcciones.
—Sabes, sé que debería hacer esto de otra forma, pero ya he esperado suficiente. Tengo este anillo conmigo desde el día en que te secuestraron y me juré que no lo iba a sacar de mi bolsillo hasta que no te encontrara. Y que cuando lo hiciera no iba a perder la oportunidad de pedirte que fueras mi esposa. Así que, Anastasia Stelle, ¿Quieres casarte conmigo?
Me había quedado fría, mientras el sostenía el anillo en su mano delante de mí. No había sido la propuesta que yo me imaginaba, pero era Christian, el hombre que yo amaba, no importaba nada más.
— ¿Puedo pensarlo?—le pregunté enarcando una ceja mientras el fruncía el ceño y me miraba fijamente.
— ¿Tienes que pensarlo?—me contestó con otra pregunta mientras acercaba su rostro al mío.
— ¿Me vas a contestar con otra pregunta?—le dije sin poder evitar sonreír.
—Solo hasta que me des una respuesta.
—No te voy a torturar esta vez, te voy a dar la respuesta ahora mismo, pero primero... —le dije mientras tiraba con mi mano libre de él para besarlo.
Había extrañado mucho sus besos, y no quería que este terminara nunca.
—Tómatelo con calma. —me dijo mientras separaba sus labios levemente de los míos. —Eso quiere decir que sí. —me preguntó mientras yo sonreía como una idiota.
—Sí, quiero casarme contigo. —le dije mientras él me besaba intensamente devorando mis labios.
—Tómatelo con calma. —le dije separando nuestros labios levemente.
—Disculpa, tienes razón. Es que me has hecho el hombre más feliz del mundo, otra vez.
—Dos veces en menos de cinco minutos, creo que hemos roto algún record. —le dije mientras ambos reíamos.
—Sabes que te amo verdad. —me dijo mientras acariciaba mi rostro dulcemente.
—Lo sé, yo también te amo Chris. —le dije mientras le robaba un beso.
—Los amo. —dijo mientras acariciaba mi barriga donde secretamente se estaba formando una nueva vida fruto del amor que nos teníamos.
FIN
Epílogo
5 años después
Las cosas podían cambiar mucho en poco tiempo, lo decía por experiencia propia. El tiempo había pasado rápidamente y ya habían pasado cinco años desde que nos habíamos casado. Aun no creía todo lo que había sucedido...
Christian me había dado una gran sorpresa cuando me enteré que la casa al lado de la de mis padres era de él, que la había comprado cuando regresó de Londres. Así que decidimos mudarnos. Había que hacer muchos cambios en nuestra vida a partir de ahora. Ya se me notaba bastante la barriga, faltaba poco tiempo para dar a luz. Así que nos habíamos instalado permanentemente aquí.
Christian le había dejado su apartamento en el distrito financiero a Elliot después de este haberse comprometido con Kate. La verdad era que se habían tardado bastante en hacerlo. Ha hora con el nuevo cargo de Christian como Director de Restauración estaba muy ocupado y no tenía mucho tiempo para atender sus negocios por lo que ese era el trabajo a tiempo completo de Elliot.
La verdad era que no me podía quejar de mi vida. Bueno, solo tenía unas pequeñas quejas, el accidente, la pérdida de memoria, el secuestro. Pero al final todo me condujo nuevamente a Christian. Así que la verdad era que no me lamentaba por nada.
Nuestra hija nació el día de la boda de Elliot con Kate. No se si fue coincidencia o algo del destino que lo quiso así, pero en medio de la boda mientras bailaba con Christian se me presento el parto y nuestra hija nació dos horas más tarde.
Decidimos que si era niño el escogía el nombre, y si era niña lo escogía yo. Así que no le había quedado mas remedio que conformarse con el nombre que escogiera. Pero no le dije el nombre que había elegido hasta el día que nació.
Grace.
Christian lloro cuando le dije el nombre que había escogido para nuestra hija. El nombre de su yate. El nombre de su mamá. Y después me abrazo mientras me sonreía y le daba un beso en la frente a nuestra hija que estaba en mis brazos...
Nos encontrábamos sentados los tres frente a la chimenea. Grace estaba dormida sobre la alfombra mientras recostaba la cabeza sobre las piernas de Christian y este le acariciaba la cabeza.
—Voy a acostar a Grace.—dijo mientras se levantaba del suelo cargando a nuestra hija hacia su cuarto.
La verdad era que no sabía que había hecho para ser tan feliz. Christian regreso un minuto más tarde y se sentó nuevamente a mi lado, esta vez abrazándome a mí en lugar de a nuestra hija.
—¿Sabes que te amo verdad?—me dijo mientras deslizaba sus manos por mi cintura y sus labios por mi cuello.
—Lo se, me lo dices en cada oportunidad que tienes.—le dije mientras se me escapaba un gemido de mis labios.—Yo también te amo.—le dije mientras acariciaba su cuello y tiraba de su cabello para que me mirara.
—Si pero en estos momento te amo aun mas.—me dijo mientras deslizaba una mano por mi vientre. Sabía muy bien a lo que se refería.
—Vamos a ver si esta ves te toca ponerle el nombre.—le dije mientras reía contra sus labios.
—Eso espero, o habrá que intentarlo otra vez.—me dijo mientras silenciaba mis labios con un beso.
Y no dijimos mas nada por esa noche, solo nos besamos he hicimos el amor como solo nosotros sabíamos hacerlo, poniendo todos nuestros sentimientos de por medio.
