ESCANDALO

"Una tempestad de amor"

Terrific de época

Por:

Josie & Fabiola

Exclusivo para ART-G

Ángeles Rebeldes de Terry Grandchester

Solo para público adulto y de amplio criterio


CAPITULO 3

Por Josie

"Situaciones extremas nos hacen preguntarnos cuál es la misión que tenemos en el mundo"

Por centésima vez en menos de una hora volví a acercarme al lecho donde yacía la desconocida que rescate del mar. Ella seguía sumergida en su letargo, aquél que el mismo alcohol le había provocado.

La piel del rostro seguía manteniendo su palidez mortecina y si no fuera por el rítmico movimiento de su pecho al momento de respirar habría jurado que todo esfuerzo por salvarla de una muerte segura no habría valido la pena.

Con lentitud, tome lugar a los pies de la cama mientras me preguntaba si era mejor llamar a un médico, aunque estaba seguro que el único efecto que tendría la joven al despertarse sería un gran dolor de cabeza, además estaría en entredicho el qué hacía una mujer desnuda en mis habitaciones, suponiendo que en realidad hubiese virtud en ella qué defender.

Por otra parte, estaba la disyuntiva que había comenzado a crecer en mí dejándome por completo sorprendido. No deseaba compartirla con nadie y el hecho de que alguien más la viera en el estado de desnudes como la había rescatado me llenaba de pensamientos nada propios, pero por desgracia tenía que poner en sobre aviso a los familiares de ella, los cuales irremediablemente también se encontraban hospedados en ese lugar.

¿Estaría acaso casada? O por el contrario ¿sería una de las tantas solteronas que viajaban a las colonias en busca de un hombre con quién desposarse?

A pesar mío, reconozco que el segundo cuestionamiento se encontraba fuera de toda lógica. Milady poseía una belleza excepcional que al mismo tiempo atraparía en su manto de embrujo a cualquier hombre, aunado a su cuerpo maduro y perfecto.

¿Quién era ella? ¿Cuál era su nombre? ¿A qué familia pertenecía?

La verdad no la sabría hasta que ella despertara y reconociendo que no tenía mayor opción, me vi en la tarea de tomar ropa limpia y desechar las aun húmedas del mar para salir en busca de Sir Dave, quién también se alojaba en la misma posada en espera a que La Aurora fuera cargada con la mercancía proveniente de Santa María de Todos los Cielos y partiera rumbo al viejo continente.

Posiblemente el administrador pudiera responder algunas de las preguntas que taladraban mi mente, y sintiéndome más seguro, salí de la habitación para cruzar el pasillo.

Llamé a la puerta con golpes fuertes y concisos. No estaba en mí actuar con prudencia. Fue necesario esperar varios segundos para escuchar la voz adormilada del hombre al abrir la pesada madera.

- ¿Ocurre algo, Milord? – preguntó, tratando de ocultar la sorpresa.

Asentí.

- Necesito su ayuda – fue mi tosca respuesta – Hace unos minutos me vi envuelto en una situación de lo más sorprendente y se con seguridad que usted ha de saber de un médico que pueda venir con urgencia.

Suponiendo que algo grave sucedía, el administrador recorrió con la mirada mi cuerpo. Tuve la sensación de qué él creía que estaba enfermo o herido.

- No es para mí – aclaré con voz grave – Si gusta acompañarme a mis habitaciones comprenderá enseguida cuál es el problema.

- Por supuesto, Milord – respondió antes de regresar al interior de la habitación para recoger su chaqueta. Poco después, ambos nos dirigimos a mi suite.

- ¡Oh Dios! – exclamó Sir Dave al acercarse al lecho donde la desconocida dormía. La sorpresa en su voz me indicaba que conocía la identidad de la mujer.

- ¿La reconoce? – cuestione, sin apartar los ojos del rostro del administrador, quién asintió varias veces sin ocultar el nerviosismo que lo embargada.

Note como tragaba saliva antes de hablar.

- Todos en Puerto Príncipe sabe quién es… - torció la boca al tiempo que se daba un par de pasos hacia atrás, después se giró y me enfrento – Aunque no está en mi preguntarle qué hace Lady Candice White-DuPont en sus habitaciones, creo que tengo la obligación de advertirle que no le traerá nada bueno a su reputación – terminó con voz fría.

- ¿A qué se refiere? – levanté la barbilla. El instinto de caballero que poseía me ponía en posición de defender a la dama.

- Será mejor que salgamos de la habitación para no correr el riesgo de que Lady Candice nos escuche.

Cruce los brazos, con la firme intensión de no moverme de ahí.

- No se preocupe Sir Dave, la dama en cuestión se encuentra durmiendo pesadamente a causa de la gran cantidad de alcohol que ingirió antes de que la rescatara de una muerte inminente en el océano.

El semblante de mi interlocutor no mostro sorpresa alguna. Eso me intrigo.

- ¡Vaya! Al parecer, la fiesta se le fue de las manos de nuevo – fue el único comentario que recibí del administrador.

- ¿Acaso está sugiriendo que esta dama es propensa a cometer actos suicidas? – no pude evitar elevar la voz.

Como reacción, Sir Dave se llevo un dedo a la boca indicándome que guardara silencio. Así lo hice. Solo se escuchaba la respiración de las tres personas que nos encontrábamos ahí.

- No podemos arriesgarnos a que despierte… Usted, Milord dudo mucho que quiera enfrentarse con el mal humor de Lady Candice.

Derrotado por comprender que Sir Dave mantenía un profundo temor por la dama, me vi en la necesidad de seguirlo al pasillo. Con cuidado cerré la puerta tras nosotros.

Para ese momento, me percate de las manos de Sir Dave que buscaban un pañuelo dentro de los bolsillos de la chaqueta.

- Milord, confiando en mi palabra solo puedo decirle que se deshaga de Lady Candice lo más pronto posible, a menos que quiera ser señalado como el último de sus amantes – se limpio la frente con la fina tela – Ella… no goza de una buena reputación… y mucho menos desde que Lord Charles la dejara plantada en el altar. Su comportamiento desde antes era escandaloso y desde hace poco este ha ido de más a más… que ha hecho imposible de ignorarla.

Mientras hablaba, una furia irracional comenzaba apoderarse de mí. Jamás había permitido que ante mi alguien le faltara el respeto a una dama. Jamás.

- Sus palabras están fuera de toda caballerosidad, Sir Dave – respondí apretando los labios.

- Lo entiendo, Milord – respondió mostrando un poco de vergüenza –. Pero seamos claros… como señor y amo de Santa María de Todos los Cielos usted no puede verse inmiscuido en un escándalo a solo varias horas de su llegada a la isla. ¡Es impensable! Además, Lady Candice se encuentra en perfectas condiciones… y alguien de sus empleados puede hacerse cargo de la situación sin que usted este de por medio.

Un silencio abrumador se hizo presente entre nosotros. Estaba más que claro que tener a Lady Candice durmiendo en mi habitación sería motivos suficientes para despertar habladurías entre los pobladores de la isla, pero yo como caballero ¿estaría dispuesto a lavarme las manos y trasladar la responsabilidad que había adquirido al momento de rescatarla a manos de unos empleados que bajo amenaza tuvieron la desfachatez de dejarla sola en condiciones reprochables y con riesgo de que atentara contra su vida misma? Para ser franco yo no era una persona de ese tipo.

- Independientemente de las circunstancias que han hecho que Lady Candice se comporte como se ha comportado, me siento responsable de su persona, por lo que le pido que de forma rápida y con la confianza de que usted conoce a todos los habitantes "respetables de la isla" consiga un médico con urgencia. Necesito estar seguro que mi invitada de "honor" tenga la mejor de las atenciones.

Conteniendo el aire, Sir Dave no tuvo más remedió que asentir.

- Por supuesto, Milord. Hablaré enseguida con el gerente del recinto.

Permanecí parado en el mismo lugar hasta que la figura del administrador desapareció en el pasillo. Ansioso de ver si la joven ya había recuperado el conocimiento, entre de nuevo a la habitación. Para desgracia mía, ella seguía igual, envuelta en el manto que Morfeo le había tendido.

Observándola con detenimiento, me acerque al lecho. Con la mano frente a su rostro me di cuenta que seguía dormida plácidamente. Para desgracia mía sentía que la conocía de hacía mucho tiempo. Quizá esa sensación estaba siendo incrementada por el hecho de que ella estuviera por completo desnuda bajo las mantas de mi cama.

Entonces, algo extraordinario sucedió. Ella entre sueños se movió lo suficiente como para dejar al descubierto uno de sus senos. Irremediablemente contuve el aire, asombrado de ver esa parte de la anatomía femenina.

Blanca… rosada… erguida… gritaba que la tocara…

Extendí una mano y a un centímetro la detuve… temblaba de forma incontrolable.

¿Qué pasaría si la tocaba por una fracción del tiempo? ¿Acaso ella despertaría y me propinaría una tremenda bofetada? Si fuese así, eso no me molestaría en absoluto porque bien ganado me lo tendría al profanar su cuerpo sin su permiso.

Entonces, unos pasos afuera de la habitación me indicaron que Sir Dave estaba de vuelta.

Con rapidez coloque la manta en su lugar y me levante inmediatamente. Sin evitarlo pasé una mano temblorosa entre mi cabello. Necesitaba controlarme en forma urgente, para que no notaran el efecto embriagador que la presencia femenina provocaba en mí.

- Ya está todo arreglado – anunció el administrador en cuanto entro. Su rostro no revelo que se diera cuenta de mi estado alterado – Tenemos la suerte de contar entre los huéspedes a Sir Alec Danford el más prominente doctor de la isla… además de ser una persona sumamente discreta.

Asentí en agradecimiento.

Pocos minutos más tarde, tocaron a la puerta.

Un hombre de mediana edad, que a vistas se mostraba que había sido sacado de la cama entro tratando de hacer el menor ruido posible. Las presentaciones se dieron y en cuanto se acerco a la joven, movió la cabeza de un lado a otro.

- Toda una pena… Lord Alan debió poner en cintura a esta niña desde pequeña – abrió el pequeño maletín que llevaba consigo y saco un aparato para escuchar el corazón -. Necesito que alguien me haga el favor de levantarla.

Sir Dave movió la cabeza de un lado a otro, contrariado.

- Yo lo haré – no tuve más remedio que ofrecerme.

Colocándome junto a ella, pasé un brazo por debajo de su espalda para así alzarla en vilo. Por desgracia mía, la calidez que emanaba de su cuerpo entro por mi piel y recorrió cada fibra de mi ser con ayuda del torrente sanguíneo.

Irremediablemente con la acción, la manta que hasta ese momento había cubierto su desnudes se deslizo hasta su cintura, volviendo a dejar al descubierto sus turgentes senos. El rostro del médico no se inmuto, en cambio con el rabillo del ojo me percate que Sir Dave se vio en la necesidad de girar la cabeza hacia un lado.

Después, Sir Alec colocó el aparato en medio de los senos de la chica para así colocar el oído en el otro extremo. Por varios segundos nadie hablo y puedo aventurar a decir que ninguno de los tres hombres presentes respiro.

- Su corazón palpita con normalidad – comento el galeno al levantar la cabeza.

Respiré aliviado, porque eso indicaba que podía volver a recostarla sobre la cama. Y eso hice inmediatamente.

El siguiente paso del hombre fue revisarle las pupilas con los reflejos de esta al acercar la llama de la vela al rostro.

- Responden bastante bien – volvió a comentar – En realidad, Lady Candice se encuentra bien, con excepción de su alto estado de embriaguez… - movió la cabeza de un lado a otro – Por la tarde, mi señora esposa me comento que la había visto en el salón de té bebiendo café con ron… pero por su aliento juraría que lo último que tomo fue champaña… Lamentable… que una joven tan bella tenga este tipo de comportamientos.

Al parecer, todos los habitantes de la isla ya tenían a la joven muy bien catalogada – pensé con un poco de pena. Aun así, eso me hacía preguntarme qué era lo que ella quería conseguir con sus provocaciones.

- Mi única recomendación sería… - prosiguió el galeno – que le diera agua cada vez que la solicite… ya que despertará con una gran jaqueca.

Asentí. Poco después acompañe a ambos hombres a la puerta no sin antes haber pagado los honorarios del médico.

- Mil gracias por atender mi llamado a altas horas de la noche – agradecí antes de echar el cerrojo.

Bajo la tenue luz de las velas, ambos hombres desaparecieron por el pasillo.

El resto de la noche traté de permanecer en vela, cuidando a la joven, pero por desgracia el sueño me domino y en una posición no muy cómoda para mi, dormí sentado en una de las pocas sillas que tenía la habitación hasta que un ruido ensordecedor me despertó.

- ¿Quién es usted y que hago en esta habitación? ¡Exijo una explicación inmediatamente!

Al abrir los ojos, me encontré con un par de color verdes como los pinos de Gran Bretaña que con furia me miraban. Haciendo omiso a la exigencia de la joven, me levante.

- Veo que se encuentra ya repuesta – señale, entrecerrando los ojos. La visión de ella envuelta con solo la sábana altero mis sentidos. Descalza ella me llegaba al hombro. Demasiado menuda para mí.

- ¿Y a usted que le importa? – dio varios pasos atrás con cautela dibujada en el rostro – Le exigí una explicación y aun la estoy esperando.

Solté una carcajada, parte en burla, parte por los nervios que me provocaba.

- No sé porque pensé que sus primeras palabras serían de agradecimiento, pero veo que no tiene la educación suficiente para externarlas – comencé a caminar alrededor de ella como si fuera un felino tras su presa. Sabía que eso la pondría nerviosa.

Pero por muy contrario a mi pensamiento, la joven levantó la barbilla en señal de reto.

- ¡Maldito inglés engreído! – escupió con furia.

- Usted también es inglesa, Milady – cruce los brazos sobre el pecho, al tiempo que torcía la boca – Varias personas me advirtieron que tuviera cuidado con su mal genio, pero veo que se quedaron cortos al no explicar que tiene la educación menos refinada que hubiese esperado de alguien con la belleza de usted.

Una carcajada llena de sarcasmo salió de la garganta femenina.

- Un comentario digno de un ser bruto.

- Un comportamiento digno de un ser salvaje – moví la cabeza de un lado a otro fingiendo pena y lastima – Primera lección de ética… Soy Lord Terrence Graham de Grandchester, Duque de Grandchester a sus pies – hice una reverencia que fue recibida con sorpresa, una sorpresa que pronto dio cabida a una mueca de hastío en el rostro de la joven.

- Créame, para mí no es ningún gusto conocerlo… - se dio la media vuelta y comenzó a dirigirse a la puerta.

Mi agilidad hizo que llegara más pronto que ella, haciendo que mi mano quedara sobre el pomo de la puerta.

- Ante todo un caballero – incline la cabeza al tiempo que abría la puerta a la joven – Solo una última cosa… - llamé su atención al levantar el dedo índice y señalar la sábana con la que envolvía su cuerpo desnudo – Espero que tenga el recato y la decencia de devolverla más tarde.

La boca femenina de torció en una mueca de disgusto, pero inmediatamente después reconocí en su mirada un brillo de rebeldía que me dejó helado.

- Para mí no es problema entregársela en este momento…

Y así fue. Lady Candice White-DuPont con una lentitud abrumadora desenredó la sábana blanca que protegía su cuerpo desnudo de mi ávida mirada.

Orgullosa de su esplendorosa desnudes, la "dama" me hizo entrega del pedazo de tela con no muy buenos modales. En pocas palabras me la aventó a la cara, causando con ese gesto que reaccionará y la atrapara en el aire.

- Por lo menos tiene buenos reflejos – comentó con desdén y levantando la barbilla en un gesto lleno de dignidad, cruzo bajo el marco de la puerta.

De pronto se giró y sus ojos se entrecerraron al ver del gesto de sorpresa que en nada podía yo disimular.

- Para ser un hombre… usted no actúa bajo los estándares de todos.

¿Acaso eso era un cumplido?

Anonadado de tener a la mujer desnuda ante mí, hablando como si en realidad estuviera recatadamente vestida, dije lo primero que se me vino a la mente.

- ¿A qué se refiere? – la voz sonó demasiado ronca para mis oídos.

- Qué cualquier otro ya abría brincado arriba de mi – sin vergüenza alguna, la rubia poso las manos en las caderas haciendo que la redondez de los senos sobresaliera aun más -. Pero no se engañe… yo no se lo hubiera permitido.

Habiendo dicho la última palabra, Lady Candice White-DuPont cerró la puerta tras de sí, como si fuera la mismísima Reina de Inglaterra y mi pecho, por desgracia se desinflo al sacar todo el aire que había contenido al tenerla por completo desnuda ante mí e irremediablemente una parte de mi ser me dijo que esta mujer me causaría muchísimos dolores de cabeza.

Y comenzando a sentir unas pulsaciones sobre la sien, me dirigí al mismo escritorio, donde horas antes había plasmado las primeras palabras que escribí en Puerto Príncipe. Y como fue la vez anterior, me volví a ver en la necesidad de escribir la idea que de forma incesante se repetía en la mente.

"Cansado de vivir en medio del aburrimiento, emprendí este viaje en busca de aventuras sin igual. No sé si sea en desgracia o en beneficio, pero el haber conocido a Lady Candice White-DuPont me hace asegurar que ya nada volverá a ser igual.

Solo pido fuerza, templanza, seguridad, tolerancia y sabiduría para entender, comprender y actuar en el futuro"

Terrence.

Continuará…

Escrito por:

Josie

Habiendo descubierto que no existe poder más grande que la misma capacidad de expresar lo que quieres, como quieres y cuando quieres sin dejar atrás tu esencia, presentamos…

ESCANDALO

"Una tempestad de amor"


Gracias por acompañarnos en esta nueva aventura. Estaremos publicando cada Lunes, sin falta, prometido :D

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Josie & Fabs