El Campamento Everfree y las Shadowbolts, parte 2

Moondancer recorrió cuanto pudo del campamento, las carpas organizadas de acuerdo a gemas, el muelle, el merendero, todo. Aprovechó algunos senderos internos y tuvo la oportunidad de encontrarse con algunos animales, a los que fotografió cautelosamente. Ya estaba por volver, dado que se había alejado mucho, pero entonces, vio lo que parecía la entrada de una cueva un poco más adelante. Deliberó entre seguir o no, pero la curiosidad fue más fuerte. Intentaría echarle un vistazo rápido y luego regresaría enseguida al campamento, no vaya a ser que el transporte se marchara sin ella (aunque por su parte, no tenía problema en quedarse unos días).

Fue con pasos silenciosos, amparándose como podía para evitar ser descubierta por algún animal o persona que anduviese por allí. Pero evidentemente, ella era la única criatura viviente en la zona. Vista mucho más de cerca, la cueva no era de esas típicas cavernas de piedra, oscuras, húmedas y con un vaho maloliente saliendo de ellas. No parecía ser el hogar de un oso o alguna otra bestia. Podía apreciarse un débil brillo saliendo de ella, y al entrar, la chica pelirroja descubrió que era una mina de cristal, o al menos eso le pareció al principio. Había formaciones de un cristal poco común, muchos puntitos de luz bailaban arremolinados como motas de polvo, y el ambiente se sentía misterioso, con un aire a desconocido, que la joven nunca había experimentado.

—Wow… esto es hermoso.

Trató de tomarle fotografías lo más panorámicas posible. Hasta hubiera recogido muestras materiales de haber tenido los utensilios necesarios. Todo el interior despedía un brillo casi mágico, y en el centro había una curiosa formación, como un pedestal. Siete huecos sugerían que había habido algo allí (¿piedras preciosas, quizá?), sin embargo estaban vacíos. Moondancer los examinó de cerca, y concluyó que no podían haberse formado naturalmente.

—Es como si hubieran sacado este lugar de un cuento de hadas. Por lo menos… se siente como uno — dijo para sí misma. Efectivamente, podía sentir la energía que manaba en la cueva, era armoniosa, reconfortante, y daba ganas de quedarse allí todo el tiempo. Casi lamentó tener que marcharse, pero Sun-mer probablemente se enojaría si llegaba tarde y el transporte se les iba.

Mientras caminaba de regreso al campamento, fue revisando las fotografías y calculando cuánta memoria le quedaba a la cámara. Tenía la tentación de subirlas a Magebook, no obstante la señal era casi nula allí, lo que era una suerte para su misión. Venía tan concentrada que casi no vio el montículo de leña delante suyo, trastabillando con un tronco que estaba suelto. De no ser porque alguien la alcanzó rápidamente antes de caer al suelo, lo más seguro era que en la caída su cámara se hubiera dañado.

—Oye, oye, cuidado por donde caminas… ¿Estás bien?

—Sí… uno se tropieza con cada cosa… — respondió Moondancer, mirando el tronco con el que su pie había rodado — Oh, lo siento.

Ante ella había un muchacho moreno de cabello verde, traía una remera roja y unas bermudas. Al lado de éste había una carreta rebosante de leños, además del montículo, y Moonz lo hubiera tomado por un campista de no ser por ese detalle.

—No pasa nada, supongo que has tomado unas capturas muy buenas y querías volver a verlas —. comentó, guiñándole un ojo — Por cierto, mi nombre es Timber Spruce, mucho gusto.

—El gusto es mío, me llamo Moondancer.

Luego de estrecharse la mano, Timber preguntó:

—¿Has venido con los campistas? No te había visto por aquí.

—¿Los campistas? — Moonz echó una mirada al bus que acababa de entrar al predio — Eh, no, soy periodista. Vengo a… venimos con mi compañera a recolectar información para… ¡para escribir un artículo sobre el Campamento Everfree! Lo publicaremos en el Everton Gazette cuando lo tengamos listo.

—¿En serio? ¡Genial! — exclamó el joven con entusiasmo — Daisy, mi hermana, se pondrá muy feliz de saberlo, nos vendría bien algo de publicidad ya que… bueno, estamos atravesando algunas complicaciones económicas, aunque por suerte ya estamos recibiendo ayuda. ¿Quieres que te lleve con mi hermana antes de que…?

—Oh, no, no, gracias. — lo cortó Moonz, nerviosa — Es que mi compañera... Sunrise, ya debe estar hablando con ella, jeje. Yo me encargo de las fotografías y eso, jeje.

—Está bien. ¿Y qué te ha parecido nuestro campamento? ¿Verdad que es una maravilla natural?

—Pues sí, me ha encantado. Además es un lugar muy relajante, y tan alejado del bullicio y la locura de la ciudad… — aquí, Moondancer aprovechó a exponer sus pareceres sobre el lugar, de una manera que sólo una apasionada de la aventura lo haría.

No estaba seguro, pero cuanto más la miraba, Timber se daba cuenta de que aquella muchacha aparecida del bosque le hacía recordar a alguien. Quizá por el estilo de su cabello, que además de ser rojo tenía dos franjas de color púrpura, uno más claro y el otro más oscuro. Además de que tenía unos bonitos ojos de color lavanda, al igual que Twilight… Sólo le faltaban los anteojos e invertir los colores de su cabello. Pero se quitó rápidamente esas ideas de la cabeza, aunque no podía negar que extrañaba a Twilight pese a que habían pasado un par de días desde que se había ido. Moonz notó que él no le prestaba atención y detuvo un momento su discurso.

—Eh… ¿oye, estás?

Timber despertó de repente de su ensimismamiento.

—¿Qué…? Ah, sí, disculpa, es que tienes un look que me recuerda a alguien.

—¿En serio? — preguntó Moonz levantando una ceja — ¿A quién?

—Pues, es una chica muy amigable y muy inteligente. Su pelo es como el tuyo pero con los colores invertidos. Se llama Twilight Sparkle, es una de las chicas que ayudó a salvar el Campamento la semana pasada, y de hecho están ayudándonos a reunir dinero…

—Espera, ¿conoces a Sci-Twi?

Moondancer no pudo evitarlo, la mención del nombre de Sci-Twi había provocado en ella una reacción casi instantánea. Se dio cuenta muy tarde de su error, pero ahora sólo le quedaba mentir diciendo algo que no entrara en contradicción con su supuesto trabajo de reportera. Sin embargo, se dijo que eso podía ser una ventaja si todo le salía bien.

—¿Sci-Twi? — preguntó Timber, desconcertado — Oh, ¿de dónde la conoces tú?

—Bueno… yo la conozco de Magebook. Ése es su nick en esa red social. — respondió Moonz. Pero por la cara del chico leñador, supuso que allí o no tenían mucha conexión a la web o simplemente desconocían las redes sociales, por lo que se apresuró a agregar — Ah, eh… Magebook es… una página para postear fotos y compartirlas con tus amigos. Para hacerte una cuenta allí tienes que tener un correo electrónico. Por supuesto, no conozco personalmente a Twilight, pero veo que tú sí has tenido esa suerte.

Aquello tomó por sorpresa a Timber, que se ruborizó inmediatamente y desvió la mirada, dando una risita nerviosa. Moonz aprovechó ese momento para cambiar un poco el tema de conversación y evitar seguir metiendo la pata.

—¿Y cómo es ella? ¿Cómo hizo para salvar este campamento?

—Jeje, no lo hizo sola — respondió Timber, sonriente —. Tuvo ayuda de sus amigas: Pinkie Pie, Sunset Shimmer, Rainbow Dash, Rarity, Applejack y Fluttershy, lástima que ya se hayan marchado, te las podría haber presentado. Y a decir verdad, lo que pasó fue… un poco extraño — haciendo una pausa, el muchacho pensó en la forma más adecuada de relatar los hechos —. ¿Has escuchado la leyenda de Gaia Everfree?

Ante la respuesta negativa de la reportera, el chico le resumió la historia pero sin todo el acompañamiento gestual que solía darle cuando la relataba a los campistas, para infundir terror. Esta vez se trataba de algo serio.

—...Creo que la leyenda de Gaia Everfree era tan fuerte que se volvió realidad, salvo por el detalle de que poseyó a mi hermana Gloriosa Daisy. Pero no pienses mal, todo salió bien. Verás… mi hermana encontró unos cristales mágicos en una cueva, y descubrió que podía controlar las plantas con ellos. Estaba muy tensionada por las presiones económicas, y al final no se pudo controlar... Casi nos convierte a todos en parte del bosque, fue bastante aterrador. Por suerte, estaban Twilight Sparkle y sus seis amigas, ellas consiguieron controlar la magia de los cristales y nos salvaron a todos, incluso a Daisy. Aunque ella todavía se siente mal por lo ocurrido, pero ya lo superará.

"Así que sí había algo en esa cueva después de todo", pensó Moondancer, tomando nota de aquello, a pesar de que Timber pudiera no reaccionar bien a aquello. Su mente había conectado de manera instantánea lo que había visto en la cueva y el relato del chico, y a menos que hubiera alguna explicación dada por un detalle que a ella se le hubiera perdido, había grandes posibilidades de que fuera verdadero. Eso podría impresionar a Sun-mer, que se mostraba muy escéptica a todo lo que no fuera científicamente comprobable.

—Ah, pero… ¿esto saldrá en el artículo? — preguntó Spruce, preocupado.

—Yo… no, no creo que lo escribamos. Si Sunm… Sunrise no me comenta nada de ello, yo no se lo diré. Supongo que querrán mantenerlo en secreto, ¿no?

—Bueno… no hay riesgos de que algo así pueda volver a pasar. Ellas se llevaron los cristales, creo que ahora les pertenecen…

—¿Y por qué? No creo que ellas tuvieran ningún derecho que reclamar sobre las joyas. Es más, creo que pertenecen al Campamento, deberían estar aquí.

—Entiendo lo que quieres decir, pero ellas se los ganaron, porque tienen… como una especie de conexión mágica. Sé que te sonará algo muy loco, pero es la verdad. No sé por qué, pero es como si cada uno de los siete cristales hubiera sido hecho para cada una de ellas.

—¿Y no sería peligroso que ellas los tuvieran? Si tu hermana Daisy perdió el control, ¿qué seguridad tenemos de que esas chicas no? — Moonz intentó no sonar muy brusca o desconsiderada, mas a como ella entendía las cosas, no veía razón para que los dueños del campamento hubieran dejado pasar la oportunidad de poseer objetos de tanto valor allí.

—Pues… no si usan sus poderes para el bien. No pensarías lo mismo si las hubieras visto con la magia de los cristales. Creo que ahora los habitantes de la ciudad donde viven serán muy afortunados, ¡tendrán siete superheroínas para defenderlos! — Timber acompañó estas palabras con una pantomima, la clásica pose del héroe listo para la acción.

Cuando Moondancer estaba por replicar, dos voces femeninas los llamaron al unísono, una era la de Sun-mer que venía caminando hacia ellos, y otra era la de Gloriosa Daisy requiriendo a su hermano para atender al grupo de estudiantes recién llegados. El muchacho salió tan apurado que no llegó a ver a la doble de Sunset Shimmer, lo cual fue un alivio incluso para la compañera de esta. Tenía muchísima información para compartir, aunque probablemente no fuera del agrado de la joven pelifuego.

Permanecieron un poco apartadas y en silencio mientras Daisy daba oficialmente la bienvenida a los jóvenes y a sus tutores, la directora Cadence y su esposo Shining Armor. A primera vista se podía notar el enlace matrimonial entre ambos, y además el incipiente vientre de la directora daba a entender que pronto serían tres. En una observación más minuciosa al autobús, era notable que se trataba de un modelo muy por encima del estándar, y desde afuera podían verse todas las comodidades que poseía. Eso, y la vestimenta de sus pasajeros, eran notorios índices de su poder adquisitivo. Los alumnos no parecían escuchar con mucho entusiasmo a la regente del Campamento, o simplemente se trataba de mera apatía, típica de miembros de una escuela privada.

Pronto se realizó el sorteo en el cual se repartían los campistas entre las cabañas de acuerdo a la gema que les tocaba. Sun-mer y Moonz no tenían mucho que hacer allí, de modo que se dispusieron a buscar a la mujer de los fletes para volver a Greentown, y una vez en el hotel, asearse, comer algo, y compartir lo que habían investigado. Sin embargo, fueron vistas por cinco chicas, que se encontraban juntas pese a que les habían tocado distintas cabañas. La voz de una de ellas tomó por sorpresa a las reporteras.

—¡Oye, tú! ¿Qué se supone que haces aquí?

La que había hablado era una chica de cabello fucsia con unas pocas líneas color verde, y lo llevaba recogido en una cola de caballo. Tenía algunas pecas en sus mejillas y una mirada que parecía expresar fastidio e interés. De hecho, su aspecto era el típico de una persona cuyo humor variaba a cada minuto.

—Me refiero a ti, cabellos de flamas — puntualizó la muchacha, con un tono dulce pero áspero, señalando a Sun-mer.

—¿Yo? — preguntó la aludida, pero ya sospechaba por qué había llamado la atención. ¿Era posible que hasta un grupo de desconocidas pudiera reconocerla?

—No, si Sour Sweet se está refiriendo a tu amiga la de cabello rojo y bandas moradas que casualmente se parece mucho a otra chica que conocemos pero con una inversión de los colores. — replicó una chica con dos coletas de pelo plateado y unos anteojos de marco escarlata que le daban un aire de soberbia intelectual, reforzado por su ceño fruncido y su expresión despectiva. Además, pronunció sus palabras tan rápido que casi pasaron desapercibidas para sus interlocutoras.

—Jaja, buena esa, Sugarcoat. — Una chica de porte atlético y cabello azul muy corto se unió al grupo, con un gesto de camaradería hacia la de lentes.

—Lo que digas, Índigo Zap. — correspondió la otra, indiferente.

—¿Acaso te aburriste de ese grupo de simplonas de Canterlot High? — preguntó otra joven, piel celestina muy pálida y pelo lila cortado casi al ras. Hablaba como desinteresadamente, mirándose las uñas.

—Oye, Sunny Flare, tampoco eran tan pésimas. Algunas de ellas sí eran muy chidas — comentó otra chica, de piel de tono salmón y cuyo cabello tenía distintos tonos de verde, llevaba unos auriculares al cuello, y se comportaba de manera suelta aunque muy brusca a la vez. Su voz era algo rasposa —, además en los Juegos de la Amistad, de no ser por ellas habríamos terminado en quién sabe qué dimensión. ¡Órale que se descontroló la nerd de Twilight en ese momento! Pero fue muy chevere cuando la detuviste y te convertiste en un súcubo de fuego…

—A ver, a ver, a ver… creo que me están confundiendo con alguien más — interrumpió Sun-mer, fastidiada, agitando los brazos como si quisiera parar a una multitud. No tenía tiempo ni ganas de seguir allí, no quería oír incoherencias ni historias fantásticas. Mientras tanto, Moonz las miraba con curiosidad e incomprensión.

—Aahh… ¿en serio? — dijo Sour Sweet con voz en falsete, que cambió de inmediato a una más hostil — ¿Crees que no te reconoceríamos en cualquier lado?

—Es cierto, ¿qué pretendes, tú… ? — inquirió Índigo Zap, pero se detuvo en seco — Ay, no recuerdo tu nombre… bueno, como sea, ¿qué haces aquí, vienes a espiarnos o qué?

—Creo que se llamaba Shimmer o algo así. — dijo Sunny Flare, rodando los ojos.

—Algo tenía que ver con el verano o el calor y todo eso — agregó Lemon Zest —. Pero la tipa tiene toda la onda, no creí que la volviéramos a ver, sin embargo, ha sido una pena que los Juegos de la Amistad terminaran tan desastrosamente.

—Sí, ha sido una lástima, pero aquí no hay ninguna competencia que Twilight pueda arruinar — comentó Sugarcoat, algo que molestó bastante a Moonz —. En cierto modo, es mucho más seguro para Crystal Prep que se haya mudado a Canterlot High, por mucho que eso signifique bajar de nivel.

—Bueno, siempre tendremos los Juegos del próximo año para volver a aplastar a esos insectos. — Índigo resaltó lo dicho aplastando una mosca que pasaba.

Toda esa charla colmó la paciencia de Sun-mer. Generalmente, desde que había egresado de secundaria y se había inscripto en el programa Everton, había empezado a ver a los estudiantes de secundaria de una manera altiva, considerándolos poco más que alumnos de primaria. Era tal vez por su crecimiento y maduración personal, por esa sensación de altivez que daba tener estudios superiores. En otras palabras, no los soportaba por su superficialidad, su poca preocupación por las cosas importantes, o por tomarse todo a la ligera. No le importaba en lo más mínimo los hechos que estaban comentando, pero Moondancer trataba de retenerlos, porque había algo raro respecto a eso.

Algo era cierto, Sun-mer empezaba a tener apuro por marcharse de allí, y antes de arrastrar a su compañera lejos de allí para buscar a su transporte, decidió dejar las cosas bien en claro.

—Escúchenme una cosa, no sé qué delirios estén teniendo, pero no nos metan en ellos. Yo me llamo Sunrise, y ella es mi compañera Moondancer, somos reporteras del Everton Gazette y hemos venido para hacer un artículo sobre este campamento, nada más. Que yo me parezca a alguna desquiciada que haya hecho no sé qué en no sé dónde, no es mi problema. No sé quién diablos sea Sunset Shimmer pero no tengo nada que ver con ella, buenos días.

Ya se había dado la vuelta, llevando a Moonz de la muñeca, quien apenas llegó a susurrarle que se detuviera. No sabía cómo convencerla de que irse era un error, de que tal vez podrían obtener más información sobre su doble o las amigas de su doble a través de esas chicas. Sólo se le ocurrió plantarse y hacer que la otra se detuviera.

—¿Y qué? — dijo Sour Sweet, retadoramente — Si no eres Sunset Shimmer, seguro debes ser su hermana gemela. Una más… mundana, al parecer.

Sun-mer se giró rápidamente. Sus ojos verde claro casi echaban chispas, y podían verse apenas por lo fruncido que estaba su rostro. Pero hizo un esfuerzo para tranquilizar al ver la expresión suplicante y atemorizada de Moonz.

—Hmm — Sunny Flare observó a la pelifuego de arriba abajo, con minucia y un dejo de soberbia —. ¿Saben? Es posible que ella realmente no sea Shimmer. Creo que la original tenía una piel mucho más clara, un cabello más iluminado, y ésta tiene un lunar en la frente.

—Ahora que la veo mejor, creo que es cierto. — Secundó Índigo Zap.

—¡Oye, qué padre, podrían ser hermanas gemelas! — exclamó Lemon Zest, dejando sus auriculares momentáneamente, ya que se había puesto a escuchar música y a zarandear la cabeza.

—No lo creo. — Espetó Sun-mer.

—Claro, podrían ser hermanas gemelas que fueron separadas en circunstancias desconocidas al nacer y que terminaron en ciudades muy lejanas por lo que crecieron en total desconocimiento una de la otra y ahora por un hecho fortuito te enteras de su existencia — comentó Sugarcoat, y agregó de inmediato —. No me sorprendería saber que todo eso de que quieres escribir un artículo sobre este campamento no sea más que una mera excusa para venir a investigar acerca de tu hermana, pues al parecer las de Canterlot High han estado aquí antes.

—¡Tú sí que sabes! — gritó Lemon Zest, que había vuelto a sus auriculares.

—Ajá, ¿quién eres, Sherlock Holmes? — dijo Sun-mer, cruzándose de brazos.

—No, simplemente observo la realidad a mi alrededor y saco mis propias conclusiones.

Ya no quedaba casi nadie en la zona, y estaba llegando el momento de que las chicas fueran a reunirse con sus compañeros de tienda. La mujer de los fletes se preparaba para partir, entonces Moonz fue consciente de que les quedaba poco tiempo, y decidió resolver una última duda antes.

—Oigan, ustedes mencionaron algo de unos Juegos de la Amistad, ¿qué son exactamente?

—¿Qué, no hacían competencias deportivas en tu escuela? — preguntó Zap, la chica de cabellos azules — Los Juegos de la Amistad son la mejor competencia del año, que incluye deportes y todo tipo de pruebas, siempre les ganamos a esos torpes de Canterlot High en todo, y cuando digo todo, es todo.

—Bueno, casi todo. Sólo nos faltaría encontrar a alguien que sepa manejar la magia. — Comentó Sour Sweet, pensativa.

—¿Manejar la magia?

—Sí, flecos de tocino, eso dije. Fue durante el último juego, la búsqueda de las banderas, que la directora Cinch obligó a la tonta de Sparkle a usar su extraño collar. Pretendía hacer trampa con ella, y era justo porque nosotros nunca habíamos usado magia para nuestro beneficio en las competencias.

—Fue todo un desastre, sobre todo la carrera de motocicletas — se quejó Índigo Zap, con mucha rabia — ¡Si no hubiera sido por esas malditas plantas trepadoras…!

—¡O en arquería! — secundó Sour Sweet — ¡No sé a quien se le ocurrió la magnífica idea de poner a la nerd en arquería!

—Seguimos sin entender nada, y ya nos tenemos que ir. — anunció Sun-mer. Sentía que toda esa charla era una reverenda pérdida de tiempo.

Desde su camioneta, la conductora les hacía señas de que ya estaba por irse. De modo que no les quedó otra opción que dejar allí la charla, pese a que aún les quedaban varias dudas, especialmente a Moondancer. La mención de que Twilight tenía un collar que al parecer guardaba magia le producía un interés inusitado.

Se disculparon con la fletera por la gran demora, pero ella les dijo que no se preocuparan, porque ya podría ir directamente a su casa a almorzar.

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Canterlot City era una ciudad simple, pintoresca, con variedad de paisajes urbanos y sitios de recreación. Claro que algunas zonas habían alcanzado mayor desarrollo urbanístico que otras, y que cada barrio poseía su encanto. La parte más céntrica de la ciudad era la que concentraba una parte importante del sector financiero, comercial y turístico, al igual que viviendas de rentas elevadas. Buscar una cafetería ideal para un buen desayuno era una excusa perfecta para dar un recorrido, pese al inevitable tránsito de la hora pico matutina. Aunque eso no era problema para Stargazer, pues no debía cumplir horarios y no había un lugar específico en el que debiera estar a una determinada hora. Manejaba a velocidad regular y mantenía ojos en todos los puntos de la calle, aunque era inevitable recibir un bocinazo de un conductor apresurado y distraído de vez en cuando.

Finalmente, divisó una llamativa cafetería y confitería llamada "Sugar Cube Corner". Su exterior configuraba un estilo similar al que tendría la casita de jengibre de la bruja que aparecía en el cuento de Hansel y Gretel. Era un toque atractivo y sobrio, que no se sentía demasiado ridículo o pueril. No se encontraba muy llena y un olor dulzón salía de allí y entraba por la ventana abierta del auto. Stargazer no era un amante de los dulces, pero a pesar de eso, vio detrás del mostrador algo que lo decidió a detenerse y estacionar en el primer sitio que vio libre. De hecho, se lo ganó a un auto pequeño y algo achacado, y el conductor, un tipo encorvado y con un peluquín rubio que no le iba mucho, le hizo un gesto de desprecio y siguió su camino.

El egresado tomó su billetera y su abrigo. Sacó las llaves del auto y activó la alarma, dirigiéndose enseguida hacia el local. Una campanilla resonó cuando traspuso la puerta, y los aromas de la repostería lo invadieron por completo. Por suerte no había muchas mesas ocupadas, pero él se fue a sentar en la que estuviera más cerca del mostrador. En una mesa al lado de la ventana, cuatro chicas lo miraban de reojo y susurraban, una tenía cabellos aguamarina con unos mechones blancos, otra tenía el cabello a dos colores: rosa y azul, la tercera era de cabello negro y vestía pulcramente, y la cuarta tenía mechas a dos tonos de azul, un par de lentes y unos auriculares. Casi todas parecían estar relacionadas con algún instrumento musical. Del otro lado, una joven de pelo rubio y ojos desviados devoraba felizmente unos muffins, aunque cada tanto se detenía para echar un ojo a un muchacho castaño de otra mesa, que conversaba con uno de lentes. Había otros clientes adultos, más concentrados en sus desayunos.

Apenas Stargazer se fijó en la clientela, se disponía a echar una mirada al mostrador cuando lo sorprendió una lluvia de confeti de la nada. Entonces apareció una entusiasta y saltarina chica con un abultado cabello rosa, ojos azules, y un delantal rosado con tres globos estampados en él.

—¡Buenos días, buenos días, buenos días! ¡Bienvenido a Canterlot City, amigo! Te preguntarás cómo lo sé, bueno, es que me di cuenta de que no eras de por aquí, porque yo conozco a todos, y entonces supuse que habías venido de visita a la ciudad. ¡Y Sugar Cube Corner es la mejor opción para empezar a hacer amigos! Me llamo Pinkie Pie, mucho gusto, ¿y tú?

Ese abordaje repentino hizo que Stargazer tardara en reaccionar, pero eso no detuvo a la efusiva Pinkie.

—Oky, oky, ya me lo dirás luego. Supongo que debes tener mucha hambre, y ya sabes lo que dicen, con hambre no se puede pensar, jeje. ¿Ya has mirado la carta? Hay muchas opciones, ¡tantas que nadie puede decidirse! Pero puedo recomendarte el menú del día, que son Hotcakes con miel y/o mermelada, media docena de muffins con chips de chocolate y un expresso espumante, pastel de fresas y crema…

—Eh, gracias… — la interrumpió Stargazer, mirando el menú y pidiendo lo primero que se le ocurrió — ¿Podrían ser unos… crepes de manzana y canela con… un café negro? Sólo eso, nada más.

—¿Seguro que no quieres…? — comenzó Pinkie, pero su nuevo cliente reafirmó su pedido con un gesto amable — Bueno, siempre puedes volver a pedir lo que quieras si te quedas con hambre. ¡Volveré en menos de lo que el semáforo de la esquina cambia a verde!

Sin poder evitar mirar hacia afuera como si desde allí pudiera ver el mencionado semáforo, aunque sólo podía ver la fila de autos detenidos, Stargazer aprovechó para procesar lo ocurrido en menos de cinco minutos. Era indudable que esa chica tenía una personalidad enérgica, y quizá un tanto extraña. ¿Cómo podía haber sabido que él era un forastero? Viéndolo desde el punto de vista racional, era probable que la tal Pinkie Pie fuera una observadora muy suspicaz, además de veloz para sacar conclusiones sobre la gente. Era poco probable que realmente conociera a todos los habitantes de la ciudad, no obstante era plausible que tuviera cierto conocimiento sobre las personas, trabajando en una cafetería. Se la podía catalogar como una especie de Sherlock Holmes en versión femenina… además hiperactiva.

Al mismo tiempo que Stargazer anotaba en su celular lo que había razonado, los autos en la calle comenzaron a moverse y Pinkie llegó con el pedido, tal como ella había predicho. "Vaya, qué rápido. Parece una chica de palabra" pensó, alucinado ante la generosa porción de crepes y la gran taza de café humeante que ella le había traído. Casi podría ser una cantidad para dos personas. ¿Cómo había preparado eso tan rápido? Ster-G dudó, pero al probar tan peculiar desayuno desechó toda suposición sobre la calidad de la comida. Era bastante buena, y en ese momento Pinkie le preguntó a gritos desde el otro lado de la confitería si le gustaba, a lo que él se limitó a asentir sin mucha ceremonia.

Lo único que le desagradaba con ese accionar de la moza era ser centro de atención de los demás comensales. Si bien Sunset no se lo había dicho explícitamente, se deducía por lógica que debía pasar desapercibido. Por suerte, Pinkie Pie estuvo muy ocupada con otros clientes.

Hablando de Shimmer, su última conexión en Magebook había sido a las 4:45. ¿Qué estaría haciendo a esa hora? ¿Había trasnochado o había madrugado? ¿Estaría de viaje, pasando por una zona sin nada de señal? Sólo esperaba que no le hubiera ocurrido nada… Por otro lado, la última conexión de Moondancer era cerca de las cinco de la madrugada. No solía escribirle, generalmente era ella la que lo hacía, y como Ster-G sabía que era muy cercana a Sunset, no le daba mucha cabida.

Disfrutando de los crepes y el café, al ver la foto del perfil de Shimmer, le volvían los recuerdos de aquellos tiempos cuando iban al buffet del campus a estudiar juntos y a pedir algo de comer. Los mejores momentos eran esas noches semi-veraniegas, cuando los temas de conversación sobre cuestiones académicas se desviaban a otros más mundanos, más cotidianos, de la realidad del día a día. Eran esas charlas las que los habían unido en un principio…

La mente del graduado de Everton se detuvo en la recreación de aquella mañana en que los dos se habían levantado muy tarde después de pasar una noche importante, en el departamento de Stargazer, y se recorrieron todo el barrio, era domingo y el campus estaba muy lejos. Había un pequeño restó cerca del puerto, con una terraza que tenía muy buena vista. No hubo ningún otro día en que Sunset hubiera estado más hermosa, con un solero turquesa con tiritas que dejaban ver sus hombros, unos shorts negros que en realidad eran de Ster, y unas zapatillas blancas. Sin olvidar su cabello mal recogido, que sin embargo le sentaba muy bien a su estilo. Sencillamente, aquel fin de semana había conocido una faceta distinta de ella. Incluso, tal vez aún guardaba en su teléfono la foto que le había tomado de refilón, la silueta de su cuerpo se recortaba contra el azul del río.

¿Acaso no había pedido crepes de manzana aquella vez…?

Una vocecita chillona lo regresó a la realidad. Era Pinkie Pie preguntándole si iba a pedir algo más, ya que había dejado vacío el plato, y a la taza le quedaban unos sorbos de café. Lo miraba con curiosidad y extrañeza, probablemente preocupada por su estado de taciturnidad, hasta inquirió si algo andaba mal con su desayuno, a lo que Stargazer respondió que no, que estaba excelente, sólo que… lo había puesto a recordar cosas.

—¡Oh, entiendo, entiendo! Muchas veces los clientes me cuentan que comer aquí les trae recuerdos de cómo se las preparaban sus madres, o de encuentros familiares, o con amigos o parejas, o momentos de los que uno nunca se olvida pero no sólo por la buena comida sino por lo especiales que son… —Pinkie se detuvo de repente y agregó — ¿Pero eran recuerdos buenos o recuerdos malos?

—Recuerdos buenos, por supuesto… — respondió rápidamente Stargazer, casi sonriendo —, aunque no lo parezca. — Intentó mantener la vista en la moza, ya que podía estar seguro de que todos lo observaban, y prefería no corroborar eso.

Después de un incómodo instante en que pagó y dio media vuelta para abandonar Sugar Cube Corner y volver frente al volante de su coche, notó que se había sonrojado levemente gracias a su reflejo en el retrovisor. Dio un suspiro. Encendió la radio y sintonizó cualquier emisora que estuviera transmitiendo cualquier tipo de música o lo que fuese, mientras reiniciaba su tren de pensamiento, su respiración se normalizaba, y se enfocaba en su misión. Pasaron unos cuantos minutos hasta que al fin giró la llave, despertando al motor de su letargo.

Condujo sin rumbo por un cuarto de hora, hasta que estacionó cerca de una plaza. Quería estirar un poco las piernas y tomar aire, así que deambuló por el parque, con las manos en los bolsillos. No había nada demasiado interesante a esa hora, a excepción de un par de chicas que repartían volantes a los transeúntes. Algo llamativo eran los dos perros que las acompañaban: uno era pequeño, de color morado y orejas verdes, y el otro era más grande, de color marrón con blanco. Lucían muy bien cuidados y además tenían puestos collares muy vistosos.

—Te lo digo, querida Fluttershy — decía una, de vestimenta elegante, cabello púrpura estilizado y ojos azules, despedía un leve aroma a perfume francés, por el tono de su voz parecía salida de una academia de refinamiento —, el desfile de mascotas será todo un éxito, y podremos recaudar fondos para salvar el Campamento Everfree.

—Estoy muy emocionada, apenas puedo imaginarme lo lindos que se verán esos tiernos animalitos. — dijo la otra, poseía una voz suave y serena, lo que iba a tono con su cabellera de un rosa muy claro, igual que su piel. Llevaba puesta una remera blanca y una falda verde, con tres mariposas bordadas.

Entonces, Stargazer cayó en la cuenta de que eran dos de las chicas que habían dado el concierto en el evento de beneficencia, lo mismo que la moza del Sugar Cube Corner. Pensó si era conveniente acercarse a hablar con ellas o no, y resolvió quedarse a cierta distancia, porque quizá podrían reconocerlo de la fiesta de hacía unos días. Entendiendo, claro, que tuvieran una memoria muy precisa de todos los asistentes.

—Twilight y Applejack fueron muy buenas al permitir que Winona y Spike nos acompañen, ¡se ven tan felices…! — Fluttershy se agachó, poniéndose a la altura de ambos perros, y acarició sus cabezas, a lo que respondieron moviendo las colas.

—Además, su comportamiento es más que excelente. Bueno, especialmente el de Spikey-Wikey. — comentó Rarity, enviándole un guiño al perrito, que enseguida fue a recostarse a sus pies, y la chica le recompensó con unas cosquillas en la panza.

Sus conclusiones sobre ambas eran muy generales y estaban basados exclusivamente en lo directamente observable de sus comportamientos. En primera instancia, Rarity era a las claras toda una joven dama, con un fuerte sentido de la moda y del lujo, lo que se podía deducir de los tres diamantes dibujados en su falda. Era muy probable que tuviera dotes de costura, teniendo en cuentas sus descripciones sobre la ropa que haría para las mascotas que desfilaran. Y lo más curioso de todo era que se mostrara dispuesta a hacerlo sin cobrar un centavo, y no manifestaba interés en sacar provecho personal del desfile. Por lo menos, eso parecía.

Por otro lado, en comparación a su extrovertida amiga, Fluttershy era más tranquila y sus conductas evidenciaban un carácter más contemplativo, de temple amable y actitud tímida. Se notaba que no estaba acostumbrada a ser el centro de atención y prefería quedarse al margen, no porque fuera antipática sino tal vez porque era algo temerosa de la gente. No sucedía lo mismo con los animales, por la forma en que hablaba de ellos, debía tener un espíritu muy inclinado al amor hacia la fauna.

Pasó una media hora en la que todo marchó tranquilamente. Mientras tanto, Stargazer permaneció sentado en un banco bajo la sombra de un árbol, fingiendo que enviaba mensajes o hacía llamadas. Hubiera deseado que Sun-mer se conectara, para comunicarle sus descubrimientos, pero volvía esa imagen que había tenido en la confitería y entonces prefería que no. Sin embargo, su principal temor era que alguno de los canes viniera a olisquearlo, y eso lo obligara a interactuar con sus objetivos. No se atrevía a sacar fotos ni hacer nada que lo delatara.

Ya cerca del mediodía, Stargazer había decidido retirarse ya que Fluttershy y Rarity harían lo mismo. Todo había salido perfectamente, y el joven se retiraba caminando sin inconvenientes, con las manos en los bolsillos, dando la espalda a las chicas. No había oído que otras dos se acercaban por la otra punta del parque, ni tampoco llegó a ver el balón de fútbol que lo golpeó por detrás. Sólo sintió el tremendo empujón y la caída hacia adelante, dándose de bruces con la acera. El mundo dejó de existir por unos instantes, y todo se volvió negrura y dolor mientras varias voces se entremezclaban en una cacofonía inentendible.

—Lo siento, en serio. Le juro que no lo vi, señor, yo sólo quería mostrarle mi último movimiento a Applejack pero no me di cuenta hacia dónde había apuntado…

Apenas unos segundos antes, Ster había despertado rodeado por cuatro chicas, dos de las cuales, pese a que no las conocía bien, las recordaba del concierto. La que le ofrecía sus disculpas era una de cabello multicolor, ojos fucsia y ropa deportiva. Tenía una voz algo rasposa y por su modo de hablar, respondía al perfil de chica atlética, ruda y fuerte, pese a que su nombre, Rainbow Dash, contrastara mucho con su modo de ser. Ahora se mostraba amable porque sus amigas le habían echado un sermón de campeonato. La cuarta integrante era rubia y pecosa, traía ropas más informales, campestres, y un viejo sombrero, no podía ser otra que la tal Applejack, ya que la perrita marrón estaba con ella. Debía provenir de la campiña, a juzgar por su acento y sus modismos. También demostraba competitividad y rudeza, pero era mucho más humilde que Rainbow.

Más allá de unos cuantos raspones en las manos y en la cara, además de una nariz sangrante, Stargazer no tenía heridas de gravedad. Las primeras en reaccionar fueron Fluttershy y Rarity, de hecho, utilizaron el botiquín de emergencias que traían, porque antes habían pasado por un refugio de animales. Todas insistieron en acompañarlo al hospital, pero se negó, diciendo que estaba bien, y que sólo necesitaba ir a su casa a hacer reposo. La verdad era que quería irse cuanto antes, porque ya se sentía de mal humor y prefería evitar ser grosero con ninguna de ellas.

Por fin, luego de un largo rato de recomendaciones, insistencias y negativas, se despidió del cuarteto sin haber dado su nombre, y una vez que llegó a su auto, salió a las carreras para el hotel. Inventaría otra historia antes de pasar por la enfermería. Después subiría a su habitación y se echaría una siesta, y san se acabó por ese día.

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Quiero agradecer de corazón a CSR Stories por ayudarme en la revisión del capítulo.

Estaré actualizando esta historia más o menos cada dos semanas, no tengo planeado hacerla muy extensa, ya que sus principales ejes serán las películas. Por el momento, no voy a tener en cuenta aquí los últimos tres cortos que salieron de Equestria Girls, pero tengo una idea reservada en relación a ellos, y que de alguna manera podría cerrar este ciclo como una trilogía. Sólo dependo de mi inspiración.

Un gran saludo y agradecimiento a todas las personas que leen y comentan el fic, nos vemos en el próximo capítulo.