7: ¿Sueño o Realidad?
Amanecer al ritmo del tambor, luz cegadora y miles de verdades volando alrededor…
Sunset despertó algo bruscamente. Había soñado la noche anterior cosas intensas que ya en la mañana eran un recuerdo lejano, de otra dimensión, pero que le habían dejado una sensación de como si se hubiera drogado con algo fuerte, en un viaje a través de un mundo caótico y lleno de retazos de realidad mezclados con delirios sacados de los más retorcidos cuentos de fantasía.
Salía de una clase en Everton como cualquier día normal; por alguna razón se dirigió a la ciudad para visitar la casa de Moondancer. El tráfico en las calles se veía de lo más normal, y arriba en el cielo despuntaba un sol brillante… Lo raro comenzó de improviso, cuando Sunset dobló por una esquina que la condujo a una avenida llena de jugueterías, cuyos escaparates rebasaban de peluches de criaturas de fantasía, especialmente ponis. De repente, la luna apareció de la nada y bloqueó el sol, de modo que toda la avenida cayó en penumbra a medida que unas inexplicables nubes de color rosa iban cubriendo el cielo. Sunset contempló el fenómeno con incredulidad y bastante temor, por eso no se dio cuenta de que estaba completamente sola en aquel espectáculo. La luz del eclipse pareció dar vida a los muñecos, que saltaron rompiendo los vidrios de las jugueterías y coparon en cuestión de segundos toda la avenida. Ponis de colores, unicornios, ponis con alas y demás correteaban sin sentido aparente, al tiempo que caía una lluvia de cristales de colores que al tocarlos, los convertía en seres humanos.
Sin quedarse a cuestionar lo que sucedía, Sunset echó a correr. En una breve mirada a su alrededor, notó que todos llevaban uniformes de preparatoria, y huían de lo que más atrás era una especie de demonio con apariencia femenina y colores púrpuras. Detrás de ella venía una horda de adolescentes endemoniados. Por el lado izquierdo, como si fuera poco, tres criaturas reptiloides se arrastraban cantando, tres puntos rojos las identificaban; y por el lado derecho unas enredaderas tétricas marcaban el camino de una especie de bruja del bosque. Parecía que todas estas apariciones confluirían en el mismo punto: un edificio con fachada de escuela secundaria, donde había un pedestal con una estatua de caballo quebrada. Su base brillaba con intensidad.
Por alguna extraña razón, Sunset no podía correr hacia otra dirección que no fuera hacia aquella estatua, por más que deseara ir para otro lado y resguardarse de semejante carnaval. Pero antes de que llegara, siete luces surgieron delante del pedestal, adoptando la forma de seres aparentemente angelicales, cuyos rostros no alcanzó a ver. Una voz que hablaba de magia y de amistad fue lo que escuchó antes de que un destello cubriera la ciudad…
"Sunset… Sunset…". Alguien la llamaba, no tenía idea de dónde estaba o quien la sostenía en brazos, pero su visión borrosa apenas reconocía un rostro humano delante de su cara, que se disolvió antes de que ella pudiera identificarlo del todo.
Un aire frío le pasó por la cara, era el ventilador de una habitación. Adormilada, miró hacia uno u otro lado, sin entender por qué estaba allí. Dio un largo suspiro, desperezándose largamente. De a poco, su mente se iba reactivando, mientras reconocía su entorno. En la cama contra la pared opuesta dormía Moondancer, desparramada, y las cobijas estaban más en el suelo que cubriendola. Dormía de costado, su cabello estaba revuelto y un hilo de baba caía de su boca hacia la almohada, unas manchas en la misma daban cuenta de que había olvidado quitarse el maquillaje. Tenía corrido el delineado de tal manera que sus ojos parecían ojeras de un emo. Apenas se oían sus ronquidos.
—¿Moondancer…? — llamó, su garganta seca produjo una voz enronquecida. Tosió y se levantó, bostezando largamente, y haciendo tronar su cuello. Al restregarse los ojos comprendió que ella tampoco se había desmaquillado. Cuando llegaron a su cuarto simplemente se bajó de los tacones y revoleó la ropa a un costado de la cama para meterse entre las sábanas. —Vaya, qué noche… — se paró y fue a sacudir a su compañera — Oye, Moonz, despierta, vamos por el desayuno…
Por toda respuesta, Sun-mer recibió un inentendible gorgorito de palabras. Evidentemente, Moonz ya iba por el décimo sueño. La pelifuego sonrió para sus adentros. Fue al baño, se aseó, se cambió, y volvió a llamarla, esta vez consiguiendo que la chica se moviera y entreabriera los ojos. Cuando Moonz consiguió vencer a la modorra, Sunset ya estaba lista, esperándola para ir a desayunar al café del hotel. Fue cuando se fijó en su celular, y en el mensaje que le había dejado a Stargazer. Al comprobar que él no lo había leído, un súbito impulso la llevó a borrarlo. Sabía en qué condiciones se lo había enviado, y aunque la causa fuera un estado de ánimo genuino, realmente no estaba dispuesta a afrontar lo que ocurría en su corazón.
Durante el desayuno, Sun-mer estuvo pensando más en su loco sueño que cuestionándose lo que había hecho. Pensaba que era poco probable que cinco cervezas de medio litro le produjeran los efectos de un cajón entero de botellas de litro. Recordaba estar lúcida durante la extraña charla que había sostenido a la salida de Búfalo's Club, pero le costaba aceptar que todo lo que había hablado con las "Dazzlings" fuera realmente cierto. A pesar de que a esa altura nada debería sorprenderle, nada de lo que sabía sobre la impostora era lo que esperaba saber. Se imaginaba que sería una chica huérfana, sin padres, que pretendiendo obtener una vida nueva sin esfuerzo, de alguna manera decidió imitar su aspecto y robar su nombre, entrar a la secundaria con documentos falsos y forjarse una identidad totalmente distinta. En cambio, se trataba de una criatura mágica de un mundo paralelo, traída por alguna especie de evento cósmico canalizado en un objeto particular y burdo, como la base de una estatua, acarreando así consigo toda clase de fenómenos mágicos.
"Veo que estás deseosa de saber sobre cosas que no entiendes" le había dicho Adagio en la madrugada, "y se te hace difícil entender que aquella que crees, está robando tu identidad, en realidad tiene una identidad legítima pero no pertenece a este mundo. Nosotras podemos ayudarte a atraparla, y no sólo eso, sino comprender su mundo, acceder a secretos y maravillas que nadie antes había descubierto. Y a la vez, tú puedes ayudarnos a volver allá, a nuestro hogar, y te lo recompensaremos muy bien. ¿Qué dices? ¿No te interesaría descubrir un mundo nuevo?". Tal era el ofrecimiento que la cantante le había hecho. Sonaba muy tentador, y era capaz de despertar la ambición de cualquier estudioso: hacerse reconocido y legitimado por la comunidad científica, estar en boca de todos por ganar un nuevo terreno de conocimiento para la ciencia. Pero Sun-mer no estaba muy convencida, veía algo en esas tres chicas que no le inspiraba buenas vibras. No es como si Sun-mer prestara mucha atención a esas cosas; sin embargo su instinto primitivo, esa fuerza inconsciente difícil de racionalizar, le insistía en que no debía fiarse de Adagio y sus hermanas. Además, ¿cómo podía confiar que ellas cumplirían con su palabra? Eran criaturas mágicas deseosas de volver a su mundo, pero eso no las hacía realmente "buenas", pues por algo debían estar allí si sus motivos no eran claros para venir en primer lugar. "Lo pensaré" fue lo único que respondió después de mirar a cada una de las dazzlings, y se marchó sin agregar nada más, arrastrando a Moonz, quien por su parte se moría de ganas por saber más.
Afuera de la cafetería se desplegaba una mañana nublada y húmeda, aunque el aire que corría era más o menos fresco e invitaba a disfrutar del desayuno en las mesas del exterior. Para acompañar su café amargo, Sun-mer eligió una porción de pastel de chocolate con dulce de leche (solía antojarse de dulces cuando se le pasaba la resaca), mientras que Moonz acompañó el suyo con tres rodajas de pan tostado untados de mermelada. La ciudad de Dodgebay despertaba a su alrededor.
—¿Qué habrá sido de Braeburn y Trouble Shoes? — inquirió Moonz, pensativa.
—No lo sé, probablemente se pasaron toda la noche buscándonos o buscaron otras chicas con quienes entretenerse. — respondió Sun-mer, mirando su reflejo ennegrecido en el café.
—Me da un poco de pena haberlos dejado así, pero era necesario…
—Sólo espero que no se hayan encontrado con alguna de las empleadas y que ésta les haya dicho algo sobre nosotras.
—No lo creo… Oye, ¿y has pensado sobre lo que Adagio nos ofreció?
Sunset la miró fijo. Obviamente Moonz iba a tocar el tema, pero Shimmer no tenía en realidad ni ganas de considerarlo. En parte porque pretendía continuar con su plan original y en parte porque no quería involucrar a otros terceros en su búsqueda. Además, no le parecía que las Dazzlings le ofrecieran algo de suficiente valor como para aceptar su trato. Ni siquiera parecían considerar lo que Sun-mer les había propuesto sobre demandar a la impostora y dar un salto en su carrera como banda musical. La expresión ansiosa de Moonz vaticinaba otra posible discusión entre las estudiantes de Equustrópolis.
—¿Y tú qué piensas? — preguntó Sun-mer, para saber si no estaba errada en su pensamiento de que Moonz sí se interesaba por el ofrecimiento.
—Pues… debo decir que llegamos a un punto interesante. Aunque todavía no estamos seguras de cómo llegó la otra Sunset aquí, creo que estamos de acuerdo en que usó un canal de conexión entre su mundo y el nuestro; no sabemos si fue por elección propia o por obligación.
—Pudo haberlo hecho por su propia voluntad, a mi parecer. ¿Ayer intentabas decirme que ella podría estar buscando la forma de volver a su hogar antes de que tuviéramos que escapar de los muchachos? — comentó Sun-mer, revolviendo el café con la cuchara.
—Sip, aunque… es una teoría débil. Lo que hemos escuchado sobre ella apunta más a que se acostumbró a nuestro mundo, de hecho, es como que se ha puesto en rol de heroína o protectora. Como si no tuviera interés de encontrar el portal de regreso aunque lo tuviera a mano, ni que esperara que se volviera a abrir.
Ese comentario de Moonz hizo un chispazo en la mente de Sun-mer, recordándole la penúltima escena de su loco sueño: la escuela, el pedestal, las siete chicas…
—A menos que estuviera protegiendo el portal para que nada más saliera… o entrara. Eso explicaría que viniera a este mundo para quedarse, involucrara a seis chicas humanas, comunes y corrientes, y de esta forma se convirtieran todas en protectoras del portal, que se encuentra en un lugar tan accesible como una escuela secundaria.
—Vaya, Sun-mer, esa explicación tiene sentido aunque suene tan a una película o serie para niñas preadolescentes, tal vez no al nivel de los animes de chicas mágicas... al menos creo que si lo que dices es cierto, tienen trajes que las hacen parecer heroínas, y no mujerzuelas salidas de un cabaret.
Sunset sonrió. Sabía lo mucho que Moondancer odiaba los animes de chicas mágicas, sus innecesariamente largas transformaciones y sus poderes tan superfluos, y los villanos o villanas con menos cerebro que un pato. Y planes muy ridículos a veces.
—¿Pero qué pasa con Adagio, Aria y Sonata? Ellas no vinieron aquí por voluntad propia, — retomó Moonz — y al parecer, recién anoche se enteraron del portal. ¿Recuerdas que mencionaron a un tal barbado, que las desterró? Él debe haber sido quien lo creó… desde el lado de Equestria, claro.
—Y supongamos que la otra Sunset lo halló, y cruzó. — agregó Sun-mer.
—Claro, lo que no sabemos es si con magia o a través de un espejo. Quizá sea un portal de entrada, pero no de salida, y la otra Sunset tal vez lo descubrió, y se tuvo que resignar a quedarse. — razonó Moonz.
—Una puerta de no retorno, como esas puertas que se cierran desde afuera. Te quedas encerrado, y no hay nada que puedas hacer. ¿Y entonces para qué querrían las dazzlings volver, si no es posible?
—Hmmm…
—Bueno, sea como sea, lo mejor fue no haber accedido a su trato. Puede ser que el portal exista, pero que no se pueda cruzar de aquí para allá, o bien está cerrado hasta quién sabe cuándo, si es acertada tu teoría de que se abre por influencia de un evento cósmico. Nos habríamos arriesgado innecesariamente...
—¿Pero no te da curiosidad conocer Equestria? — la interrumpió Moonz —¡Podría ser un descubrimiento increíble, imagina todo lo que veríamos! La magia existe, ¡y está entre nosotros!
—Por favor, Moonz, no te dejes llevar tan fácil. Ni siquiera sabemos si ese lugar es accesible ni nos imaginamos los peligros que podría desatar. Sus leyes pueden ser muy distintas a las nuestras, y no creo que se tomen a bien que alguien de otro mundo cruce al suyo así sin más. Seguro lo tomarían como una invasión, y quién sabe qué resultados podría provocar eso. Además, esas tres chicas no me inspiraban ninguna confianza, no pienso colaborar con ellas en nada, y punto.
—¿O sea que asumes que ellas son malas y que la otra Sunset es buena? No tenemos pruebas que nos muestren eso o lo contrario, Sun-mer.
—Yo no asumo nada, Moonz, simplemente trato de usar el razonamiento lógico… incluso intento encontrar la lógica en esto… una nueva lógica, si se quiere. Una lógica absurda.
—Sigues sin creer nada sobre las aventuras de la otra Sunset en nuestro mundo, ¿verdad? ¿Qué más quieres? ¿No hemos visto suficiente como para admitir que existe la magia en un lugar remoto del universo?
—¡Esto no se trata de la magia, maldita sea! — gritó Sun-mer, golpeando tan fuerte la mesa con ambos puños que hizo saltar las tazas ruidosamente, incluso la rebanada de pan que Moonz tenía en su mano cayó al piso cuando ésta se sobresaltó — ¿Acaso no entiendes que estamos perdiendo el foco de nuestra investigación? ¡Se trata sobre mí! ¡Se trata sobre mi identidad! Entiende que no estamos investigando un fenómeno mágico o cazando brujas, hadas o monstruos de fantasía, sino averiguando quién se está haciendo pasar por mí en esa ciudad. ¿No entiendes que si no la detengo a tiempo, cualquier cosa que haga puede perjudicarme a mí severamente?
—¡Claro que lo entiendo, no necesitas ponerte así! — contestó Moonz, y acto seguido se paró tan bruscamente de la mesa que la hizo tambalear. No quería volver a discutir con Sun-mer, no de nuevo.
Cuando entró al hotel, iba a dirigirse al cuarto para enfurruñarse allí hasta que se hiciera la hora de ir a la terminal para tomar el autobús a Canterlot City, pero se percató de que no tenía la llave magnética, por lo que cambió su rumbo a la salida de servicio. Necesitaba pensar, tomar aire, olvidarse de la necia incredulidad de su amiga.
Un poderoso dolor de cabeza se encendió bajo la cabellera con apariencia flameante, al mismo tiempo que la portadora sintió arder el interior de su estómago.
-.-.-.-.-
"Mensaje eliminado" -
Ster frunció el ceño. Sentado en su auto casi a la hora del mediodía, espiaba desde una calle perpendicular el patio de la secundaria Canterlot High, más que nada la zona del estacionamiento, donde la otra Shimmer, junto a sus seis amigas, se encontraba lavando una camioneta. No había revisado su teléfono desde que habló con la señora Cinch. Sabía que tenía un mensaje de Sun-mer pero no lo había leído enseguida, y ahora no sabría qué le había comunicado ella. Eso le parecía muy raro, aunque al ver la hora de envío, sospechó que algo andaba mal. ¿Por qué le enviaría un mensaje a las cinco de la mañana para eliminarlo después? Le invadió cierta preocupación, sobre todo porque no había recibido otra comunicación de la pelifuego.
El cielo se nublaba paulatinamente, lo que era ciertamente un alivio para el calor. Stargazer observaba a esas chicas, pensando cómo era posible que se vieran totalmente normales, pasando tiempo juntas sin mayores preocupaciones, y al mismo tiempo ser capaces de enfrentar sucesos para los que no cualquiera estaría preparado. Sobre todo la otra Sunset Shimmer, que parecía, en su estilo, tan auténtica como Sun-mer. Muchas preguntas rondaban por su mente acerca de ella, a raíz de lo que la señora Cinch le había dicho respecto a los incidentes en los Juegos de la Amistad. Intentó imaginársela como la ex directora se la había descrito.
La visualizó en su mente con unas alas de demonio, la cabellera prendida fuego y ojos rojos, y aquella visualización no le pareció tan amenazante, o bien su imaginación era muy pobre. De hecho, su imaginación era pobre, lo admitía. ¿Por qué no era capaz de verla como algo más que una estudiante de secundaria? ¿Por qué era difícil entender que ella no era una persona normal? ¿En qué circunstancias podía transformarse? Al parecer, no era a voluntad, sino que requería que las seis le dieran su poder. ¿Pero de dónde salía todo ese poder? ¿Cómo era posible que pudieran estar lavando coches en el estacionamiento de su escuela sin que nadie las estuviera vigilando, o de plano, que pudieran continuar yendo a clases y andar por la ciudad como si nada? ¿Sería que la comunidad estaba acostumbrada a ellas? ¿O les tendría confianza porque usaban ese poder para el bien? Sonaba bastante gracioso, a decir verdad, como si fuera una serie para niñas destinada a vender muñecas. ¿Sería como esa clase de animes que Moondancer despreciaba profundamente? Ster sintió un hondo escalofrío…
¿Qué camino tomar ahora? Se sentía extraño mirando a aquella Sunset, aunque se esforzó por ignorar esos sentimientos. Estaba en una dura diatriba interior, porque por un lado ya no quería involucrarse más en ese asunto, y por otro, deseaba saber la verdad detrás de todo eso. No tanto por darle el gusto a Shimmer, sino para resolver el misterio latente en la personalidad de la supuesta impostora. Hacia todo lo posible para superar la confusión que eso le producía, al tiempo que resolvía qué opción escoger en su diatriba. A pesar de la forma en que lo trataba, aún le quedaba un poco de fidelidad a Sun-mer. En algún lugar de su alma, sobrevivía un poco de amor, y una nueva parte de él le incitaba a entregarlo a la nueva Sunset y olvidarse de los caprichos de la vieja.
Tirar la toalla sería fácil si no fuera porque Sun-mer aparecería en Canterlot City hoy, mañana o en cualquier momento. Razonado así, traicionarla era lo más estúpido que podía hacer. Quizá desaparecer era lo más conveniente, o continuar la investigación por sus propios medios. A menos que ella le diera un motivo fuerte para continuar pasándole información.
"Oye, Ster, ¿tienes algo nuevo?" -
¿Coincidencia o destino? No esperaba un mensaje de Sunset a esa hora, y todavía no se le había ocurrido escribirle él. Era el momento de disipar sus dudas. Sin vacilar, redactó su respuesta.
"Hola, sí, hoy tuve un encuentro interesante. Tengo algunos datos sobre eso de los Juegos de la Amistad." -
Mientras esperaba contestación, Ster notó algo raro en el mensaje de Sun-mer, fuera intuición o simple desvarío. No sabía por qué, pues parecía muy de su estilo.
"Muy bien." -
¿Por qué una respuesta tan escueta? Sonaba como si Sun-mer no tuviera muchas ganas de hablar, o en su defecto, escribir. Tal vez estaba de mal humor por algo, llamarla podía exasperarla más o, al contrario, mejorar su estado de ánimo. Pero tenía que intentarlo.
"Bueno… ¿puedo llamarte?" -
"Eh… sí, bueno, adelante." -
"Hoy de verdad está rara" pensó Stargazer mientras le marcaba.
—Hey, Ster, ¿qué tal? — sonó la voz de Sun-mer sin ganas.
—Hola Sunny, ¿cómo estás?
—Más o menos bien, pero no quiero hablar de eso — respondió Sun-mer, ignorando el apelativo —. Cuéntame qué sabes…
—A ver, por dónde empiezo… esta mañana, durante el desayuno, leí un artículo de periódico que hablaba sobre el despido de la directora de la Preparatoria Cristal, Abacus Cinch, por acusar a Canterlot High de hacer trampa en los Juegos de la Amistad, sin pruebas muy contundentes. Creo que el principal motivo de que la removieran de su cargo era que… alegaba un intento de ataque con magia por parte de una alumna de Canterlot High, supongo que ya sabes quién.
—Oh, vaya… ¿Puedes pasarme una foto de ese artículo?
—Por supuesto. Y eso no es todo. Casualmente, la ex directora en cuestión apareció en el café donde yo estaba.
—¿En serio? Qué casualidad, supongo que pudiste escuchar su versión de la historia. En el Campamento Everfree nos encontramos con algunas estudiantes de esa preparatoria, y mencionaron incidentes durante la competencia entre las dos escuelas. No me quedó demasiado claro a que se refirieron, pero dieron a entender que una de sus compañeras, una tal Twilight Sparkle, se involucró con el uso de la magia. No sólo eso, sino que parecía simpatizar más con el grupo de la impostora.
—No me sorprende. La señora Cinch me dijo que esa chica era la alumna más destacada de la escuela, y que era candidata a entrar en Everton, pero luego de los Juegos de la Amistad solicitó pase a Canterlot High. ¿Esas estudiantes de las que me hablaste, también mencionaron un aparato capaz de "acumular magia"?
—Pues... no recuerdo mucho, pero creo que sí.
—No sé muy bien para qué lo inventó, pero es posible que Twilight Sparkle estuviera investigando los fenómenos ocurridos en Canterlot High, o que simplemente, no sé, quisiera experimentar…
—Y cuéntame, ¿qué pasó después? ¿Hubo algún enfrentamiento con la impostora?
—No vas a creerlo… Cinch me dijo que cuando se enteró de lo que Sparkle tenía en su poder, la convenció de utilizarlo para beneficio de sus compañeros, dado que los del bando contrario habían estado usando magia también.
—Eso debió ser culpa de la impostora y su grupo, seguramente. No sé cómo pudieron hacerlo sin los cristales…
—Si viviéramos en otro siglo, esas chicas ya habían ardido en una hoguera. Especialmente al saber lo que pasó con Sparkle y Shimmer.
—¿A qué te refieres?
—Cuando Twilight liberó la magia… digamos que fue "poseída" por esta, convirtiéndola en una especie de súcubo o demonio alado, estaba completamente fuera de sí, y lo primero que hizo fue destruir una estatua de caballo que había en la entrada.
—¿Una estatua de caballo?
"¿Habrá intentado destruir el portal?" pensó Sun-mer, sin saber de dónde le salía ese pensamiento. El pedestal… si sólo la estatua fue destruida, el pedestal tal vez seguía en pie. También recordó la criatura morada que la perseguía… ¿se trataría de Twilight Sparkle?
—Exacto. Te enviaré una foto de lo que quedó, sólo la base.
Stargazer había ido directamente de la cafetería a la escuela secundaria, y se había detenido unas cuadras al otro lado, para ver la fachada de la misma. Tomó un par de fotos disimuladamente; para su suerte, la temporada de vacaciones le permitía deambular por allí sin muchos riesgos de ser visto por estudiantes o profesores que pudieran hacerle preguntas incómodas. Luego procedió a examinar los restos de estatua: sólo quedaba la base cuadrada, con una grieta en la cara superior. Estuvo tanteando la superficie, lisa y extrañamente cálida, y su contacto le produjo una sensación extraña, como si tocara un artefacto dentro del cual fluyera una extraña energía. El graduado pensó que debía ser por la acumulación de calor y/o alguna propiedad inusual del material. No se quedó demasiado tiempo a seguir examinando por temor a que apareciera alguien, por eso no alcanzó a mirar la cara posterior, la que daba frente a frente con la entrada de la escuela. Y fue por eso que no consideró relevante comentarle a Sun-mer sobre el pedestal, aunque este era más importante de lo que él creía.
—Y bueno… después, según testimonio de la señora Cinch, comenzó a… abrir portales a otro mundo, de tal forma que algunos alumnos casi fueron absorbidos por estos.
Un espeso silencio se sintió desde el otro punto de la línea. Escuchar eso fue para Sun-mer como un cachetazo, no lo podía creer. ¿Cómo era posible? ¿Entonces es tan fácil crear vórtices dimensionales si uno se hace con la magia necesaria, aunque sea una simple chica? Eso lo cambiaba todo, pero también lo complicaba aún más.
—¿Sunset? Hey, Sunset, ¿estás ahí?
—Eh, sí, sí… lo siento. ¿En serio esa mujer dijo eso? ¿No le habrás entendido mal?
—No, no le entendí mal. También dijo que Shimmer, "por no ser menos", cito, tomó ese artefacto y sustrajo magia del mismo para encarar a Sparkle, que ambas sostuvieron un breve combate que acabó en un gran destello de luz, y al final estaban las dos, abrazadas. Te juro que cuando trato de imaginarme todo eso, me acuerdo de las series de superhéroes y de animes que miraba de niño… Podría creer que estaban filmando una película si no fuera porque no había cámaras ni nada de eso.
—Esto es una locura, verdaderamente una locura…
Tras unos segundos en los que ninguno supo qué más agregar, Stargazer le preguntó si tenía alguna novedad, si ella y Moondancer estaban bien, y si quería que hiciera algo más a continuación. Sun-mer le comentó, muy sintéticamente, lo que había hablado con Moonz sobre el origen de su homónima, omitiendo todo lo acontecido en Búfalo's Club, inclusive la charla con las Dazzlings. Stargazer no se mostró muy sorprendido, comentando que parecía una trama de cuento infantil, pero reconoció que visto desde la lógica fantástica, tenía algo de sentido. A pesar de eso, el graduado intuyó que ella le ocultaba algo, pero antes de que pudiera indagar más sobre eso, ella lo cortó diciéndole que por la tarde estaría viajando a Canterlot City, y que por ahora no hiciera nada más que pasar desapercibido, que luego se reunirían para hablar cuando ellas llegaran a la ciudad.
La tensión empezó cuando Ster abordó el punto que más le interesaba.
—Oye, Sun-mer, necesito preguntarte algo antes de que me cortes.
En su cuarto de hotel en Dodgebay, la pelifuego se mordió el labio. Durante la conversación, pasaba de sentarse en la cama, a pararse y dar vueltas y vueltas, mirando nerviosamente por la ventana en busca de algún signo vital de Moonz. Agradecía que hablar por teléfono no pudiera poner en evidencia la preocupación que sentía por su amiga. Se había ido hacía rato y no tenía noticias de ella. No obstante, hacía un esfuerzo por concentrarse en la llamada, solo que ahora tenía la enorme tentación de presionar el botón para finalizar la llamada, y apagar su móvil. Sin embargo, eso sólo serviría para delatarse a sí misma, por lo que resistió dicho impulso, mientras elaboraba una explicación verosímil sobre el mensaje eliminado.
—¿Qué? — preguntó secamente.
—¿Pasó algo anoche? Te noto bastante rara…
—No es nada, no pasa nada, sólo estoy un poco cansada.
"Me pregunto de qué estará cansada" se dijo Stargazer para sus adentros.
—¿Segura? Porque recibí un mensaje tuyo como a las cinco de la madrugada. Vi la notificación cuando me desperté por la mañana, pero cuando lo abrí, me figuró que había sido eliminado.
—Ah… ¿eso? Fue un mensaje que te envié por error, por eso lo borré. No era para ti — Sun-mer intentó sonar convincente, disimulando sus nervios.
—¿A las cinco de la mañana? ¿Con quién hablabas a esa hora?
—¿Por qué te importa eso?
—Por nada, porque sé que te pasa algo, y porque no habrías borrado el mensaje si simplemente fuera un error.
—¿Y por qué no, tú qué sabes? ¿Acaso me estás haciendo una escena de celos?
—Eso es ridículo, Sun-mer, terminamos hace meses. No he sabido nada de ti hasta que te escribí el sábado, ¿por qué me iba a poner celoso al saber que estás saliendo con alguien más?
—Oye, tú no asumas que estoy saliendo con alguien. Simplemente se me dio la gana por borrar ese mensaje y ya, no me molestes más con este tema por favor, que no estoy de humor.
—Sé que no lo borraste enseguida, tuviste tiempo para despertarte y fijarte lo que decía. ¿Qué habría pasado si yo lo hubiera leído?
—¡Nada, no habría pasado nada!
—¿Y por qué te pones así, Sun-mer? No estarías tan nerviosa si fuera una banalidad.
—¡Es que tú me pones nerviosa, Stargazer! — la histeria de la pelifuego se desató en toda su furia, tal así que la más brutal y ácida mentira salió de su boca — ¡Y es que sí, ese mensaje no era para ti, sino para Braeburn, un campesino! ¡Anoche me fui a una disco, me emborraché hasta la coronilla y me llevé a la cama al primer idiota que me crucé! ¡Fue la hora más excitante de toda mi vida, y cuando Braeburn se fue, le envié un mensaje de despedida! ¡¿ESTÁS CONTENTO AHORA?!
Un frío helado endureció su columna, la faringe se cerró bruscamente mientras su diafragma se paralizaba impidiéndole respirar, los nervios se le endurecieron. Sus dedos se cerraron más alrededor del teléfono, tanto que lo podrían partir al medio. Stargazer no recordaba otro momento en que se hubiera enojado tanto. Pero así y todo, con toda esa bronca encima, le quedaba algo de cordura para no cometer una locura. Dio un suspiro profundo, que se escuchó desde el otro lado, y juntando una entereza solemne, con una voz que no reconoció como suya, quiso preguntar una última cosa.
—¿Para qué me llamaste? ¿Para qué me metiste en este embrollo? Si tú puedes manejarte sola, no necesitas de nadie más.
—Tú me enviaste esa foto en primer lugar. Pero de haber sabido todo lo que sé ahora, lo hubiera ignorado…
—¡Hubieras hecho bien!
—¡Y tú podrías haberme dicho que no, y listo, tú elegiste meterte en este asunto! Y eres libre de largarte si quieres, ya no te necesito. Iré allá y me encargaré yo sola de la impostora, ¡con o sin magia de por medio! Más te vale que te alejes de ella, y de mí.
—Vete a la mierda — masculló Ster, fuera de sí.
—¡¿Qué dices?!
—¡VETE A LA MIERDA, SUNSET SHIMMER!
Aquella imprecación salió de lo más hondo del alma de Stargazer. Sin querer oír nada más, cortó la llamada abruptamente y lanzó su teléfono al asiento del acompañante, rebotando contra el vidrio, sin destruirse por puro milagro. De repente, el cuerpo se aflojó, y las extremidades le temblaban como si de un ataque de Parkinson se tratase. Estaba sudando como si volviera de correr cuatro manzanas, y empezó a sentirse mareado, lívido, como si la presión sanguínea se hubiera desplomado. Un zumbido en los oídos absorbía todo ruido proveniente del exterior, hasta que fue cortado por una voz a lo lejos.
—...creo que vino de por allá…
Una reacción abrupta, al ver a las siete chicas mirando en dirección a su auto, sacó a Stargazer de su lapsus. Nunca había encendido tan rápido el motor del auto, para salir a las picadas doblando en la primera esquina. Jamás había sido pistero, no era de los que andaban a las carreras, y pudo haberse estrellado con el camión que salió en la siguiente bocacalle de no ser porque su pie se hundió más en el acelerador en vez de retirarse al freno. Su corazón retumbaba como un tambor dentro de su pecho, y en su nuca también sentía el tum-tum de las arterias llevando sangre al cerebro. Tuvo suerte de no cruzarse con ningún patrullero, y cuando estuvo más calmado, bajó la velocidad, yendo por una calle solitaria…
Saliendo ya de la zona urbanizada, abrió la ventanilla a tope para dejar entrar la corriente de aire, y superar la sensación de asfixia que tenía. No le importó mucho que entrara polvo o más calor. Necesitaba respirar otro aire. Los verdes campos a su alrededor despedían un perfume a naturaleza, a libertad, a paz, su vista relajaba y deleitaba. Ster encendió la radio, buscando una emisora que transmitiera alguna música serena. Entonces, antes de que su mente acabara de reordenarse, el coche dio un sacudón y el motor empezó a fallar; se apagó justo cuando su conductor lo sacaba del camino, quedando mitad en la carretera de ripio, mitad en la banquina de pasto.
Mascullando una maldición, Stargazer se bajó del auto y lo examinó alrededor, levantando el capó y mirando qué le podía haber ocurrido al auto. A simple vista, el motor no presentaba daño alguno, seguro era una rotura interna, y lamentablemente, Ster no tenía las herramientas adecuadas para desarmarlo, sólo lo necesario para cambiar un neumático pinchado. Permaneció un rato apoyado sobre la trompa, lamentándose de no haber completado ese curso de mecánica básica en la Universidad Tecnológica de Equustrópolis. La teoría se la sabía bárbaro, pero le costaba mucho la técnica, además de que los automóviles no dejaban de parecerle máquinas complejas. Ahora estaba en medio del campo, sin posibilidad de arreglar su problema y continuar camino, y muy lejos de la ciudad como para regresar caminando a pedir ayuda.
"Nadie va a pasar por aquí a esta hora". Quedarse esperando a que pasara alguien significaba una larga espera, bajo un sol abrasador. Stargazer se metió en el auto, buscó entre sus cosas para ver si tenía una botella de agua, y halló una que estaba por la mitad. Bebió un sorbo y la guardó. Tomó su celular del asiento del acompañante. 60% de batería, pero una señal muy débil como para lograr llamar a un auxilio. Entonces, volvió a bajarse y caminó unos pasos para ver si la señal aumentaba, sin mucho éxito, y ahí fue cuando casi se lo chocó de frente...
Un cartel de madera un poco desvencijado que anunciaba: "Sweet Apple Acres, ½ km".
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Tres golpes en la puerta. Nada. Tres golpes más. De nuevo, ninguna respuesta. Otro golpe y una voz llamando fuerte.
Sun-mer abrió los ojos lentamente, había estado a punto de quedarse dormida. Tenía los labios secos y los ojos húmedos. El cuerpo agarrotado. Una pierna cruzada, y la otra extendida sobre el colchón, su teléfono a escasos centímetros de su mano izquierda, que asía con fuerza un objeto metálico y frío, mientras la derecha apretaba contra su pecho una tableta de pastillas. Sobre la mesita de noche aguardaban una botella de agua y una cartera. No sabía si soñaba o no cuando guardó aquellas cosas apresuradamente en su bolso, o cuando balbuceó algo para avisar a la persona que esperaba detrás de la puerta que ella seguía viva.
Moondancer creyó que era un abrazo, la verdad era que Sunset no se sentía bien. Rodeó a su compañera con los brazos para no perder el equilibrio, la otra tuvo que soltar los paquetes que traía para ayudarla a entrar de vuelta en el cuarto y sentarla en la cama. Estaba pálida y afiebrada, y respondía más o menos bien a lo que Moonz le decía, por lo que esta decidió prepararle un baño tibio. Sun-mer no se negó, y se metió en la tina del baño, quedándose parcialmente sumergida en el agua hasta que se sintió recuperada. Al salir del baño, a Sun-mer sólo le quedaban el dolor de cabeza y la acidez de la mañana. Había un denso silencio, y hacía calor. Dentro del cuarto, no se había percatado del paso del tiempo. Parecía de esos sueños en los que uno soñaba despertar.
—¿Cómo te sientes, Sun-mer?
—Bien, gracias.
—Lo siento…
—Olvídalo… ¿tienes aspirinas y antiácido por ahí?
—Tengo algunas en mi cartera. También traje antiácido cuando fui de compras luego de… dar una vuelta, porque imaginé que ese pastel de chocolate no te sentaría bien.
—¿A dónde fuiste? — preguntó Sun-mer mientras se servía un vaso con agua para tomar los remedios.
—Necesitaba pensar y despejarme, así que me fui a caminar por la playa. Y de regreso compré unas hamburguesas para almorzar. La tuya la pedí con tocino, porque sé que te gusta.
—Y veo que pediste una gaseosa light. Para mí, es el mismo veneno, sea light, sin azúcar o lo que sea.
—De todas formas, es rica y refrescante. ¿Podemos ir por helado antes de marcharnos?
—Dile eso a tu dieta, Moonz. — dijo Sun-mer con una sonrisa.
Aquella era una sonrisa triste, y Moonz veía algo distinto en la pelifuego, pero no sabía exactamente qué. No parecía guardarle resentimientos por la discusión en el desayuno. Más era extraño verla en ese estado al llegar, pues en condiciones normales, su compañera ya estaría regañándola o preguntándole dónde había estado, sin embargo, solamente se quedaba así, sin hacer preguntas, sin hacer comentarios, sin muchas ganas de hablar. Somnolienta, distraída y con apariencia de haber llorado… Moondancer podía estar segura de que eso no era por la discusión que tuvieron. Sunset era orgullosa, no se pondría tan mal por algo así. Lo normal era que se calmara y luego arreglara las cosas, sin mucho drama. "¿Habrá ocurrido algo mientras yo no estuve?" pensó preocupada, mirándola fijamente. Entonces el nombre de Stargazer apareció en su mente, y tuvo una poderosa certeza, aunque decidió esperar un poco para preguntarle si había recibido noticias de él.
Después de un rato, en que no dijeron palabra alguna, Moondancer se arriesgó.
—Oye… ¿cómo estás?
—Bien, sólo algo cansada. Estuve… muy preocupada por ti. Temí que no aparecieras.
—Lo sé, lo lamento. No debí irme así.
—Ya está, en unas horas saldremos para Canterlot City.
—Oh, bien… ¿tienes alguna novedad de allá? ¿Hablaste con Ster? — Moonz cruzó los dedos, con la esperanza de no desatar otra tormenta. Para su suerte, Sun-mer suspiró, y se mantuvo calmada aunque muy distante.
—Sí. — contestó secamente — Tengo más información sobre los Juegos de la Amistad. Es algo bizarro, como sacado de un animé.
—Ay, no… por favor, no me digas que…
—No, no, no es tan drástico. Te lo resumiré en dos o tres puntos: uno, Twilight Sparkle creó un aparato capaz de recepcionar magia y almacenarla, dos, los cristales no fueron quienes les dieron poderes a esas chicas, todo apunta a que fue la otra Sunset, y tres: aún siendo una criatura no mágica, puedes acceder a la magia utilizando un objeto especial, pero si no eres capaz de controlarla, te puede trastornar.
—¿Qué? ¡¿En serio?! — Moonz estaba bebiendo gaseosa en ese momento, y al tragar bruscamente el sorbo que había dado, eructó — Perdón…
—Y eso que no te he dicho lo mejor: es posible crear portales si tienes magia suficiente.
Era increíble, era fascinante. No sabía si era realmente verdad o no, pero luego de oír el relato de cómo se dieron los hechos, y teniendo en cuenta sus hipótesis, algunas cosas encajaban y otras no. Sun-mer se recuperaba lentamente de su estupor mientras compartía nuevas suposiciones con Moonz, quien estaba emocionada por esos descubrimientos, aunque también un poco perturbada. Pensado con mucha seriedad, lo que había ocurrido era de una magnitud terrible. Y constituía una enorme negligencia por parte de las autoridades no haber hecho nada, no haber intervenido, ni siquiera investigado nada. Que la escuela continuara funcionando, y sus alumnos asistiendo, sin preocuparse de que ocurriera alguna calamidad. Moonz no podía creer que Sci-Twi o la otra Sunset no hubieran sido expulsadas de la escuela y llevadas a alguna base militar especial, para luego ser entrenadas y utilizadas como armas… de modo que volvieron las teorías conspiranoicas de la pelirroja.
¿Y si había agentes especiales que se encargaban de borrar la memoria de todos para que creyeran que eso nunca pasó? No podía ser posible, las estudiantes de Crystal Prep lo recordaban. ¿O les suministraban alguna droga secreta que los hacía convencerse de eso? ¿Cómo era posible que las directoras de la escuela no hubieran tomado precauciones? ¿Qué les decían a los supervisores escolares? ¿Qué parte de verdad tenía el testimonio de la directora Cinch? Y así, muchas otras preguntas se plantearon aquella tarde, y Sun-mer y Moonz intentaron responderlas lógica y razonablemente (como pudieron), y el resto de sus especulaciones se pesaban en una balanza que equilibraba entre lo fantástico-irreal y las ideas conspirativas.
Así se fueron debatiendo mientras preparaban sus bolsos para la última fase de su viaje. Ambas compartieron sus expectativas acerca de lo que les esperaba, porque podía ocurrir de todo, entendiendo por "de todo" a un amplio abanico de posibilidades, la mayoría de ellas se clasificaban en otras realidades posibles de lo que tradicionalmente se podría pensar. Pese a eso, Sun-mer seguía sin estar del todo bien, y cuando Moonz le preguntó si iban a reunirse con Stargazer o si sabía algo más de él, solamente meneaba la cabeza negativamente y contestaba con evasivas, sin muchos detalles. Y al mirarla a los ojos, supo que no admitiría otra pregunta sobre el susodicho. Y Moonz se sintió culpable, porque había dejado sola a su amiga cuando quizá más lo necesitaba.
Una vez que tuvieron todo listo, bajaron a la recepción y entregaron las llaves del cuarto. Desde allí llamaron a un taxi para ir a la terminal de autobuses. Compraron sus pasajes y esperaron al bus, viendo cómo se largaba a llover en Dodgebay, mojando todo en cuestión de minutos y sorprendiendo a los transeúntes. Se agradecía la lluvia después de haber pasado tanto calor.
Pronto llegó el autobús, y los pasajeros lo abordaron sin demora. Las estudiantes de Everton iban calladas, cada una sumida en sus propios pensamientos, sin notar las misteriosas capuchas negras que las seguían de cerca.
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Nos vamos acercando a la recta del final, y todavía nos esperan muchas sorpresas. Lo bueno es que a medida que voy avanzando, voy definiendo cómo se van a desarrollar los eventos…
Quiero agradecer a todos los lectores que siguen esta historia, y a quienes se han ido sumando, me anima a seguir escribiendo. Ojalá sientan que el largo hiatus haya valido la pena, pues sé que mucha gente ha esperado la continuación de esta historia. Espero sus críticas, ya que es algo que me ayuda a avanzar. No se preocupen, no muerdo ;)
