El recuerdo de tus errores
Saludos de nuevo! Ya estoy de vuelta con la actualización de este loco invento mío, que me ha dado algunas satisfacciones. Espero seguir así de animado para los siguientes tres episodios, en donde empezará lo bueno. Y veo con no poca sorpresa de a alguno que otro lector se ha fijado en este fic, y realmente agradezco sus vistas, sin importar las pocas que sean. Al menos, me da gusto que mi trabajo no sea completamente ignorado XD
Pues no los entretengo más, y aquí los dejó con el capítulo 2 de este fic. Espero que les guste.
Chapter 2: Bienvenido.
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—¿Bendy…? —Musitó Henry, todavía sin creer aquello que sus ojos de caricatura presenciaban frente a él. El dibujo animado viviente seguía con la misma sonrisa risueña, evidentemente divertidísimo, y con ganas de saltar de emoción.
Ryan y Mike seguían estupefactos, intercambiando de vez en cuando miradas mudas para volver a fijar sus ojos en el muñeco de tinta que estaba ante ellos.
Cuando Bendy finalmente pareció aburrirse del silencio, bajó de un salto de la destruida máquina de tinta, con su misma sonrisa enorme y perpetua.
—Vamos, vamos. No actúen así. Esa no es la forma a la que pensé que reaccionarían a su bienvenida.
—¿Bendy…? —Seguía sin creérselo el adulto, negando con la cabeza. —Creo que ya me he vuelto loco. Es solo una alucinación, ¿verdad? No puede ser real.
—Oh, te aseguro que soy muy real, amigo. Lo soy ahora, y siempre lo he sido. —Bendy caminó con pasos rítmicos y subiendo y bajando su cuerpo y balanceando la cabeza conforme a la música de la melodía que escuchaba en su cabeza.
Ryan y Mike se vieron tentados a gritar y huir ante la aproximación de tal criatura, pero Henry todavía no alcanzaba a reaccionar. Estaba demasiado conmovido. Bendy detuvo su alegre andar ante los pies de su creador, mirándolo a los ojos con su gran sonrisa.
—¿Y bien, Henry? ¿Nada que decirle a tu viejo compañero?
—Tú… tú… —Con un hilo de voz, Henry terminó por arrodillarse frente al pequeño ser de tinta, sujetándolo por los ojos. Sus ojos se cristalizaron, y tuvo que hacer un esfuerzo para no imitar a un bebé llorón ahí mismo. —No eres un sueño… Finalmente estás aquí…
—Siempre he estado aquí, Henry. —Contestó el diablillo con una tierna sonrisa, señalando con un dedo el corazón del humano. —Y aquí. —Añadió, tocándole ahora la cabeza. —Soy parte de ti, y siempre lo he sido. He estado aguardando tu llegada desde hace años, hasta que finalmente decidiste volver a casa… Estoy feliz… de que hayas regresado.
—Siempre estás feliz. —Replicó Henry, secándose los ojos con el brazo antes de carraspear para recuperar la compostura. Se volvió hacia su hijo con una de sus sonrisas más radiantes. —Lo reconoces perfectamente, ¿verdad, hijo?
Ninguno de los dos jóvenes atinó a articular alguna palabra. Mike miró incrédulo a su mejor amigo, que negó con la cabeza muchas veces, queriendo defenderse y asegurar que no era parte de todo esto.
—Bien, bien, bien, ¿qué tenemos aquí? —Bendy pegó un brinco de asombro y sonrió divertido. —¡Nuevos visitantes! ¿Qué es lo que desean en esta humilde dimensión?
Ryan y Mike volvieron a intercambiar una mirada, ambos mudos y anonadados, demasiado aturdidos como para hablar coherentemente. Ryan había asimilado la situación lo suficiente como para abrir los labios y modular una sílaba, cuando Mike reaccionó inesperadamente antes que él.
—¡Demonio de tinta! —Chilló, aterrado, recogiendo del suelo la llave inglesa que el padre de su mejor amigo había empleado anteriormente, para después aventársela a Bendy justo en la cara. —¡No te llevarás nuestras almas, aberración de pintura! ¡No lo permitiré! ¡Desaparece! —Y siguió lanzando todo lo que tuviera a mano como lluvia sobre el pobre demonio con las manos escondiendo su rostro donde la herramienta lo había golpeado.
Henry se levantó de golpe y corrió hacia el joven, sujetando sus dos manos antes de que siguiera arrojando cosas por doquier. Mike intentó zafarse para seguir atacando a Bendy, quien dándoles la espalda, parecía retorcerse del dolor. Ryan lo miraba fijamente, sin alarmarse por la súbita y violenta reacción de su compañero. Todavía estaba absorto en lo que todo aquello significaba, y apenas y llegaba a comprenderlo…
¿Qué sucedió? ¿Habían sido llevados a otra dimensión o algo? ¿Cómo era que el personaje inexistente que su padre había creado tomó vida? ¿Qué diablos tenía dentro esa maldita máquina de tinta?
Miró sus manos de caricatura, cerrándolas en puños, y cuando levantó la mirada, determinación brillaba vagamente en sus ojos icónicos. Con un paso rápido y firme, se encaminó hacia el personaje de tinta, quien parecía recuperarse del ataque de Mike.
Bendy, todavía de espaldas a sus invitados, bajó lentamente las manos para revelar su rostro, casi desfigurado. La herramienta lo había golpeado directamente en el ojo, del que ahora brotaba chorros de tinta a manera de sangre, escurriendo en toda su cara, excepto su sonrisa, ahora más maniática y perturbadora que nunca. Pero, al notar la cercanía del joven que acompañaba a su creador, rápidamente manipuló la tinta de su rostro por arte de magia, volviendo a formarla como su rostro original, segundos antes de sentir la mano de Ryan sobre su hombro.
—Escucha… eh… Bendy. —Dijo el adolescente, con cierto nerviosismo. Hizo una mueca al tocar la piel del diablillo de tinta. No se sentía bien al tacto, y aunque no parecía realmente hecho de tinta, al apartar su mano comprobó con vaga molestia que había sido manchada con el líquido negro. —¿Puedes decirnos qué ocurrió? ¿Sabes qué significa todo esto?
—Por supuesto que lo sé. —Bendy volvió su rostro sonriente e intacto hacia él, con una voz casi irritada, que intentaba disimular. Sin embargo, ese tono llamó la atención de Henry, quien todavía trataba tranquilizar al alterado Mike. Luego de respirar profundamente para recuperar su alegría de siempre, Bendy prosiguió. —Síganme. Se los mostraré todo muy pronto, y lo entenderán. Estoy seguro de que te gustará, Henry.
Ryan le dio paso a Bendy cuando éste caminó en dirección a su padre. La criatura de tinta volvió a mirarlo a los ojos con la más radiante felicidad. Mike se quedó quieto al verlo acercarse, y rápidamente se apartó para reunirse con el inquieto Ryan, mientras Henry suspiraba con alivio al comprobar que su creación no había recibido ningún daño a plena vista.
—¿Estás… bien? —Preguntó, todavía emocionado, pero también incómodo. Siempre soñó que Bendy fuera real, pero nunca esperó que ese deseo se cumpliera. Ahora, no sabía exactamente cómo ver a su creación, y cómo reaccionar ante su presencia.
—Por supuesto. Estoy hecho de tinta resistente. —Aseguró con confianza, haciendo aparecer en su mano, de la nada, un bastón hecho de tinta con el que se golpeó el pecho. Henry pareció extrañarse, pues no entendió lo que Bendy quería decir con esa declaración. —Como sea, ¡es hora de tu bienvenida, viejo amigo! Estoy muy seguro de que te gustarán todos los cambios que he hecho en tu ausencia. ¡No puedo esperar para mostrártelo! —Bendy dio saltitos de alegría, cerrando los ojos con emoción. —Pero primero… creo que deberíamos animar un poco este lugar… —Al decir esto, dirigió su mirada nuevamente hacia la máquina destrozada de tinta, riendo con malicia.
Dando saltitos y chocando sus talones en el aire en un tono rítmico, se situó ante los restos del destrozado artefacto, golpeando el suelo con su pie al son de la música que solo existía para él. Puso su mano sobre el metal devastado por la explosión al nacer él, y esbozó una sonrisa siniestra, que nadie pudo notar debido al poderoso resplandor que la máquina de tinta emanó, a tal punto de igualar al anterior. Ryan y Mike corrieron detrás de Henry por instinto, mientras que éste se cubría con los ojos con un brazo, intentando vislumbrar bien la expresión que Bendy dirigía hacia él ahora que estaban completamente cegados. No pudo atisbar nada más que su sonrisa, pero un poco… diferente, acompañada por una risita maliciosa.
Cuando la luz se apagó por segunda vez, Bendy se apartó de la visión de sus tres invitados para mostrarles la máquina de tinta, completamente reparada y en perfectas condiciones, trabajando funcionalmente. Pero ahora, en vez de dibujar personajes de tinta en papel, expulsaba éste líquido a través de unas tuberías negruzcas que Bendy había hecho aparecer, manipulándolos extraordinariamente para alargarlos y hacerlos conducirse a través de la habitación, hasta salir de la misma y desplazarse por todo el edificio, y finalmente, por todas las instalaciones.
—Esto le dará un toque de vida a nuestro recorrido. —Explicó Bendy, dando un salto para aterrizar en el hombro de su creador, quien se tambaleó por un momento. Puede que Bendy no aparentara ser pesado, pero era como cargar diez litros de tinta de golpe sobre el hombro. Tardó un momento en adaptarse a la carga añadida, y miró a su creación con aire inquisitivo. —Ahora, Henry, te enseñaré todo lo que te has perdido en el tiempo que estuviste fuera. ¡Estos estudios no fueron los mismos sin ti! Pero al menos me aseguré de que todo estuviera en orden hasta que volvieras.
—Esto me da mala espina. —Le susurró Mike a Ryan, un poco apartados del muñeco de tinta y el creador del mismo. Mike fruncía el ceño, y miraba con desconfianza al demonio que parloteaba alegremente con su creador, con una sonrisa de la más genuina felicidad. —Esa cosa… acaba de salir de la nada, y nos trajo a este mundo de pesadilla como muñecos de caricaturas… Confiar en él no es nada sensato. ¿Cómo tu padre sí lo hace?
—Es su creación. Y además, siempre soñó que Bendy fuera completamente real. —Le cuchicheó Ryan de vuelta, mirando de soslayo al pequeño diablillo sentado en los hombros de su padre, señalando con su bastón el camino a seguir para guiarlos a través de los nuevos y mejorados estudios de animación Joey Drew. Henry por su parte, sonreía de oreja a oreja, cual niño de seis años al recibir finalmente el regalo que tanto había pedido. Ryan puso los ojos en blanco, y guardó sus manos en sus bolsillos. —Pero eso no es excusa para pensar que nosotros compartimos su felicidad. Todo esto es una locura, y no pienso quedarme aquí por mucho más tiempo.
—Yo todavía pienso que me quedé dormido… —Musitó Mike entre dientes, volviendo a mirar su cuerpo caricaturesco y suspirando. —Es demasiado… irreal.
—Lo sé… —Contestó Ryan, suspirando también, con sus ojos perdidos en el vacío. —Lo sé…
—¡Hey, chicos! —Escucharon al padre de Ryan llamarlos, y cuando voltearon hacia él, se sobresaltaron al notar que se marchaba casi corriendo de la habitación, guiado por un enérgico Bendy que se adentraba a gran velocidad entre los ahora laberínticos pasillos del estudio de filmación. —¡Muévanse o se quedarán atrás!
—Qué considerado de tu parte. —Murmuró su hijo, sarcástico e irritado. Con resignación, siguió a su padre por la puerta por la que habían entrado en esa habitación maldita. Mike se quedó atrás en su sitio, con la mirada gacha, sopesando lo terrible de la situación, y cómo podría empeorar si no andaba con el debido cuidado.
Levantó los ojos con seriedad, y cerciorando que nadie lo observara, se guardó la llave inglesa manchada de tinta que había aventado contra el rostro de Bendy, con la certeza de que la necesitarían por si el demonio intentaba pasarse de listo. Y luego, dirigiendo una mirada de desconfianza hacia el rincón donde la máquina de tinta que había iniciado todo esto trabajaba, salió de la sala, siguiendo a su mejor amigo.
Los pasillos del edificio también se habían vuelto caricaturescos e irreales, con tinta chorreando ligeramente de las tuberías que se alzaban ante ellos. Mientras seguían al sonriente Bendy hacia el exterior del edificio, Ryan intentaba desesperadamente limpiar su mano salpicada con la tinta del demonio, sin mucho éxito.
Henry no parecía preocupado, todavía muy alucinado como para asimilar todo esto de inmediato. A veces llegaba a dudar que todo esto fuera más que un sueño, y pensaba que seguía durmiendo en su habitación. Pero con solo observar nuevamente a su pequeña creación, sonriendo anchamente, sentía que esto no era una ilusión, que era completamente real.
Pero de vez en cuando, creía que quizás no era tan bueno como se escuchaba.
Ryan se fijó entonces en Mike, quien, por su parte, seguía fulminando con la mirada al dibujo viviente, preparado para lanzar la herramienta que escondía en sus pantalones en el instante que se abalanzara contra ellos para chupar sus almas. Pero tenía la impresión que no iba a ocurrir pronto. Su amigo hizo una mueca de simpatía, y algo nervioso. Mike era siempre calmado y apacible, casi imperturbable. Pero si había algo que lo pusiera de esa manera tan agresiva, era encontrarse con algo que no podía entender ni explicar. Y esto era una completa demencia sin ningún sentido, así que podía imaginarse el esfuerzo que hacía su amigo para no volverse loco ante todo esto que vivían por culpa de su padre…
Luego del decimonoveno intento, Ryan finalmente pudo arrancar todo rastro de tinta de su mano. Suspiró con alivio, y se percató de que, curiosamente, tanto él, como Mike y su padre eran de un material distinto a todo lo demás, que parecía estar hecho de tinta como Bendy. Grises y descoloridos, pero diferentes. El tacto con las paredes era real, como si realmente estuvieran hechas de madera, pero, por lo que veía, también estaban pintadas con aquel líquido oscuro. Quizás todo este mundo de tinta era solo una ilusión, y que en realidad, todo estaba igual que siempre, y ellos lo veían de otra forma. Quizás, realmente se habían vuelto locos. Quizás estuviera alucinando inconsciente luego de la explosión de la máquina de tinta, y nada de esto fuera real…
Un sueño muy alocado y desesperante. Quiso pellizcarse para comprobar si realmente estaba dormido, pero se sorprendió al notar lo recio de su piel, siendo incapaz de doblarla de alguna forma, como si se hubiera vuelto inflexible. Seguía siendo igual de blanda, pero no era posible afectarla de ninguna forma. Eso lo alteró ligeramente, llevándose sin ningún cuidado una mano a la cara. Volvió a sobresaltarse al notar que podía tocar sus ojos sin sentir ningún tipo de molestia, no tenía párpados, y al cerrar sus ojos, éstos simplemente se achicaban en vez de cubrirse con la piel que se supone debería esconderlos.
Estaba por mencionar estos detalles a Mike, pero al verlo tan nervioso y alerta, quizás seguir mencionándole lo extraño de la situación no sería una buena alternativa, así que dejó todos estos descubrimientos sólo para el conocimiento de él. Quiso seguir experimentando con su cuerpo de caricatura, pero cuando finalmente vislumbraron al fondo del pasillo que recorrían un cuadro de luz, se abstuvo por ahora. La salida estaba cercana, y esperaba que toda esta locura terminara pronto…
Pero nuevamente esperaba a los tres humanos una increíble sorpresa.
Todo el estudio, todas las instalaciones ahora estaban de igual forma hechas de tinta, con aspecto caricaturesco y bastante animadas, con humanos como ellos recorriendo sus calles alegremente, casi danzando mientras andaban de un lado al otro con enormes sonrisas esbozadas en sus rostros irreales, comportándose como transeúntes de esa pequeña ciudad. Las tuberías negras por las cuales fluía la tinta de la máquina reconstruida se encontraban discretamente disimuladas, recorriendo la restaurada plaza de los estudios.
Henry pareció maravillarse al ver lo vivo y alegre del lugar, con carteles brillantes y edificaciones en perfecto estado. Mike, por otro lado, estaba aterrorizado, y Ryan tuvo la impresión de que se defendería del primer humano de tinta que se atreviera a acercarse, aunque fuese solo para saludar. El hijo del antiguo caricaturista se tomaba las cosas con más calma, aunque tampoco podía creerlo. ¿La máquina de tinta había causado todo esto? ¿Acaso todo el mundo se había transformado de esta forma en una civilización de tinta con personas felices y chistosas por doquier? Sentía que su mente menguaba entre lo falso y lo real, lo coherente y lo fantasioso, cuando su corazón se paralizó al notar que todos los seres de tinta se detuvieron de golpe, fijando sus ojos negruzcos en los tres grisáceos forasteros en su mundo. Seguían sonriendo tranquilamente, pero el absoluto silencio del lugar, y las miradas de toda una multitud clavadas en ellos no era nada calmante.
Mike parecía listo para abalanzarse contra el primer enemigo que se aproximara, y él para usar a su padre como escudo humano si una turba hostil cargaba contra ellos, pero suspiró con basto alivio al oír exclamaciones gozosas y emocionadas de todos los habitantes de esa alegre ciudad de caricatura.
Entre todo el tumulto y gritos alegres, no alcanzó a entender ni una palabra de lo que decían los pueblerinos al acercarse a ellos, pero cuando los rodearon, nuevamente el alivio se esfumó para darle paso al nerviosismo. No confiaban en aquellos seres de tinta, que a pesar de sus semblantes amigables y divertidos, sonreían de manera igual que Bendy: una fría sonrisa perpetua, casi maniática y risueña.
Ninguno irradiaba una verdadera confianza. Especialmente en Mike, quien se preparó para atacar en el momento oportuno. Bendy pareció prever las intenciones del amigo del hijo de su creador, y rápidamente tomó cartas en el asunto antes de que se iniciara otro problema que sería complicado de arreglar.
—¡Aguarden, amigos! Denles espacio a nuestros invitados. —Pidió con amabilidad, y nadie tardó en obedecer, dejando de hostigar a sus invitados, que respiraron con más tranquilidad al notar que, al menos, no tenían intenciones violentas. —Hay que tratarlos con respeto y hospitalidad durante su visita a nuestro querido estudio, así que asegúrense de no molestarlos. Hay que mantener la cordialidad de nuestro estudio, ¿verdad? ¡Vamos, compañeros! Démosles el recorrido que se merecen.
Al decir éstas últimas palabras, Bendy levantó una mano hacia el cielo, haciendo aparecer mágicamente en su palma una nota musical de tinta, que empezó a emitir una feliz y rítmica melodía, que todos los habitantes del estudio seguían al son de sus pisadas y movimientos, danzando alegremente mientras caminaban en dos filas. Entre ambos grupos, elaboraron una especie de sendero para que Henry, Ryan y Mike anduvieran por él, guiados por el demonio bailarín, que chasqueaba sus dedos al ritmo de la melodía y balanceaba suavemente su cabeza de un lado al otro. Sus pisadas resonaban sonoramente, notándose cierto ritmo en su caminar, con su mirada adquiriendo cierta paz al sentir cómo su música ingresaba en su espíritu, subiendo sus ánimos y energías a más no poder.
—¡Vengan, camaradas! —Bramó con placidez. Todos los humanos de tinta lo vitorearon con euforia, sin seguirlos, pero observándolos sin siquiera parpadear con sus sonrisas de la más perfecta felicidad.
Mike respiraba agitadamente, dirigiendo miradas alarmadas a las dos paredes de seres de tinta que en cualquier momento podían cerrarse sobre ellos y dejarlos completamente vulnerables. Ryan lo miró de soslayo, tomándolo de la mano para darle un apretón tranquilizador, queriendo transmitirle que todo iba a salir bien, siempre y cuando no dejara que sus nervios pudieran con él. Mike lo vio fijamente, y al ver la seriedad en la mirada de su mejor amigo, el joven de ojos azules comprendió que Ryan estaba igual de nervioso que él, pero no permitía que sus emociones tomaran el control.
Entonces, él tampoco iba a permitirlo.
Respiró profundamente, se tragó su ansiedad y cruzó los dedos, rezando internamente para que todo esto no terminara tan trágicamente como él imaginaba.
Henry, por tanto, se alteró un poco cuando fueron rodeados de hombres fornidos hechos de tinta, que a pesar de sus sonrisitas afables, podían aplastarlos en unos segundos. Pero al notar que Bendy tenía todo bajo control, respiró con más calma, y siguió hipnotizado por las brillosas luces que emitían los carteles luminosos de los edificios. El departamento de música, la fábrica de juguetes, los estudios de filmación y animación, todo parecía reluciente y exitoso, lleno de vida y alegría, como siempre lo deseó.
Aunque era claro que todo esto no era más que una ilusión. Las instalaciones no estaban en su verdadero sitio, todas dentro del edificio principal. No debían estar esparcidas por el exterior como lo estaban ahora. Quizás Bendy movió todo a un lugar más conveniente, y era obvio que todo esto que veía era obra de su creación.
Ignorando el cómo Bendy consiguió tanto poder como para distorsionar la realidad de esa forma, Henry seguía enfrascado en las maravillas en su alrededor: todos sus deseos, los deseos de sus antiguos compañeros de trabajo, y el más grande deseo del mismo Joey, estaban hechos realidad, al menos en esta dimensión o lo que sea que fuere el lugar donde ahora se encontraba, él, su hijo y el mejor amigo de éste.
La melodía seguía sonando. Era tan pegajosa y rítmica, que el antiguo caricaturista no pudo evitar balancear ligeramente su cabeza al compás de la música, permitiendo que todos los buenos sentimientos que transmitía lo contagiasen. Tan absorto estaba en su total alegría, que ya no se preocupaba por lo que pudiera creer Ryan sobre esa situación.
Ahora, solo estaban él, sus sueños, y su creación, que seguía llevándolos por toda la ciudad, repleta de humanos o animales como gatos o perros caricaturescos hechos de tinta que también zapateaban animadamente acorde a la canción que se escuchaba en todo el lugar, cuando finalmente Bendy se detuvo ante la puerta de madera de un pequeño establecimiento, con un humilde cartel con grandes letras que decían "Taberna".
No tardó en abrirse la puerta, y revelarse al dueño del pequeño bar: un lobo de dibujos animados, que sonreía igual que Bendy, y sus dedos tamborileaban en la puerta, también siguiendo el ritmo de la música.
—¡Mi buen amigo Bendy! ¿Qué puedo hacer por ti en esta bella mañana? —Exclamó alegremente el lobo, dándoles paso a sus invitados al inferior, que constaba en una amplia habitación de paredes de madera, con un mostrador que daba a otra puerta, repleto de jarras con cerveza que bebían alegremente los hombres de tinta ahí presentes, sentados en pequeños bancos de madera. Al fondo, se veía un pequeño escenario oculto con un telón de ceda negra.
Alguno de otro poster de Bendy adornaba las paredes, además de imágenes de una bella mujer caricaturesca, con una especie de aureola angelical sobre su cabeza, donde también sobresalían de su cabellera negra cuernos. Vestía ella un elegante vestido de noche negro.
—Mi buen Boris, quisiera tu mejor bebida para nuestros queridos invitados. Quiero que esta sea una experiencia inolvidable para ellos. —Respondió Bendy cortésmente, mientras se adentraba en la sala, zapateando todavía acorde a la canción que se escuchaba en la lejanía, aunque poco a poco se iba apagando.
—¡A su orden, señor! —A una velocidad abrumadora, el lobo Boris ya estaba detrás de la barra, y servía tres vasos de alcohol a los tres humanos descoloridos presentes.
Ryan ya se había adelantado para tomar uno, si su padre no aparta dos de ellos lejos del alcance del muchacho.
—Nada de beber para ustedes dos mientras yo esté aquí. —Dictaminó Henry, algo irritado. Aunque al ver el aire inquisitivo de Boris, se volvió hacia él con algo de incomodidad. —Lo siento mucho, pero estos jóvenes no tomarán nada hoy.
—Oh, no se disculpe por eso, querido señor. —Boris hizo una reverencia, sin dejar de sonreír. —Cuando guste, puedo volver a servirle a usted. Y espero que disfrute de nuestro humilde entretenimiento.
—¿Entretenimiento? —Repitió Mike en voz baja. Miró a Ryan, quien también lo observó sin saber qué decirle.
—Así que Alice finalmente se decidió a hacer su acto. ¿Dónde está ella ahora? —Conversaba Bendy con Boris, con un codo apoyado en la barra.
—Preparándose en su camerino. Una estrella tan perfecta como ella debe mantenerse siempre reluciente y prepararse debidamente antes de cada espectáculo. Ustedes, señores, llegan a tiempo para su show. —Contestó Boris, limpiando distraídamente con un pañuelo el interior de un vaso de vidrio, que colocó en un estante al fondo junto a muchos más, pulcramente ordenados.
Ryan miró a su padre tomar pequeños sorbos a su cerveza mientras charlaba despreocupadamente con Boris. Bendy se unía de vez en cuando a la plática, pero más que todo se columpiaba constantemente en su asiento, con los ojos cerrados, concentrado en la música ya inexistente que seguía oyendo en su cerebro.
El adolescente fijó sus ojos en su padre, enfureciéndose porque tomara todo esto tan a la ligera, sin preocuparse por lo que se supone estaba sucediendo, sin molestarse en buscar respuestas. Odiaba que se tomara esto con tan poca seriedad, como si no fuera importante, cuando en realidad sí lo era. Esto era, seguramente, uno de los días más felices de la nefasta vida de Henry, y no se molestaba en obtener detalles sobre cómo todo esto se hizo posible…
Con algo de desconfianza, divisó a Bendy mirándolo directamente, con su característica sonrisa. Con un ademán de la mano, el demonio le invitó a acercarse, pero el joven se vio muy recio a obedecerlo. Mike, que había visto a Bendy llamando a su mejor amigo, negó varias veces con la cabeza cuando Ryan lo miró, buscando algún consejo de su parte. El hijo del caricaturista volvió a ver a Bendy, que lo esperaba. No pudo hacer más que suspirar con resignación, levantarse de su asiento y caminar hacia la criatura de tinta, que se había puesto de pie ya, a pesar de las silenciosas protestas de su mejor amigo.
Apenas le llegaba a la cintura, pero por su porte recto y elegante, imponía algo de respeto aquella insignificante mota de tinta parlante, que se apoyaba en su bastón mientras chasqueaba los dedos y golpeaba el suelo con su pie varias veces, todavía absorto en la música que solo él oía.
—¿Qué deseas? —Exigió saber directamente. A Bendy pareció divertirle el tono altanero del hijo de su creador, sonriendo más ampliamente.
—¿Sabes? Estuve pensando…
—Te felicito. Creí que una masa de tinta como tú no podría hacer algo así. —Le interrumpió tajantemente, aunque quiso tratarse sus palabras al percatarse de que su personalidad antipática le estaba jugando en contra en una situación especialmente delicada. Aunque, lejos de ofenderse, Bendy rió a carcajada limpia.
—¡Eres muy diferente a Henry, y eso me gusta! —Declaró entre risas. Finalmente, el aludido prestó más atención a lo que su hijo conversaba con su creación. —Pero igual quería hablar contigo sobre algo importante. Sabes que soy una creación de Henry, ¿verdad? Y tú también lo eres… —Señaló seguidamente, incomodando a Ryan. Ya había presentido el punto de lo que Bendy quería decirle, pero de igual forma, el demonio de lo dijo para remarcarlo: —Eso nos convertiría en hermanos, ¿no es cierto?
—Eh, por supuesto que no. —Rehusó, rascándose la cabeza. Volvió sus ojos hacia Mike para pedir apoyo, pero el castaño le lanzó una mirada severa de "te lo advertí".
—¡Por supuesto que sí! —Replicó Bendy con un subidón de energía, cuando una nueva música resonó con fuerza en el bar. Al instante, todos los presentes empezaron a moverse al son de la melodía, ya fuese golpeando el suelo con sus zapatos o aplaudiendo para seguir el ritmo de la canción que Bendy había invocado en el lugar. —¡Venga, hermanito! No seas malhumorado.
—¿Qué es lo que quieres decir con todo esto? —Rezongó Ryan con molestia, al notar cómo Bendy se dirigía al centro de la taberna, resonando rítmicamente sus pisadas a la enérgica y rápida consonancia que iba desarrollándose en el sitio. Bendy sonrió sombríamente, haciendo aparecer un sombrero de copa sobre su cabeza, que ocultó sus ojos con sus alas, pero no su enorme sonrisa, que llegaba a ser algo escalofriante.
—Quiero decirte que nosotros… —Apuntó a Ryan con su bastón, soltando risitas divertidas. —Somos familia.
Henry sonrió al escuchar esas palabras, encantado. Le alegraba saber que su creación realmente lo consideraba como un padre, y a Ryan como su hermano menor, y aunque aquella relación fuera bizarra e imposible, le causaba un cálido sentimiento de felicidad.
Pero su hijo, más que alegrarse, pareció molestarse, y mucho.
—¡No digas tonterías! Eres solo un dibujo de tinta que cobró vida por algo que todavía no entendemos. ¡Deja de fingir todo este circo y danos respuestas de una maldita vez! —Reclamó iracundamente, dando dos pasos hacia Bendy con ademán amenazante.
La música se detuvo, el aire alegre y tranquilo se rompió, todos se quedaron quietos, y un alarmante silencio se prolongó por incontables segundos. Ryan respiraba profundamente, sin verse temor en sus ojos negruzcos, mirando enojados a Bendy, cuyo sombrero había acabado escondiendo todo su rostro.
La sangre de Mike se heló, e instintivamente buscó la llave inglesa en su bolsillo trasero, listo para lanzársela a Bendy como distracción para sacar a su mejor amigo de ese lugar. Henry parecía enojado con su hijo por mostrarse tan grosero y hostil con alguien que no había hecho más que mostrarse amables con ellos desde que llegaron, e iba a reprenderlo por su actitud, hasta percatarse de que estaba prefiriendo a su creación por encima que a su hijo, y eso sí era imperdonable.
En vez deponerse del lado de Bendy, debía defender a su hijo e intentar llegar a un acuerdo lo menos oneroso posible, aunque parecía demasiado tarde para eso.
Bendy empezó a levantar la mirada, y Ryan tornó confusa la suya al notar la felicidad todavía brillando en la reluciente sonrisa del demonio, imperturbable.
—¡Vaya que debiste tener un mal día para comportarte de este modo! —Alegó, zapateando el suelo conforme a que la música volvía al entorno, esfumando la reciente tensión en el lugar.
Igualmente, los otros personajes de tinta presentes en el sitio también siguieron moviéndose rítmicamente, ignorantes de que Mike fulminaba con sus ojos a Bendy, y que Henry parecía ahora bastante nervioso. Bendy podía actuar todo lo que quisiera, pero era consciente que esas palabras de su hijo lo habían irritado. Lo leía en los ojos de su creación.
—¡Vamos, hermano! No te estreses tanto. —Animó Bendy, usando la empuñadura de su bastón para jalar a Ryan a la pista de baile. —¡Demuestra lo que quieres, niño! Relájate, diviértete, y deja que todas las preocupaciones y el estrés se esfumen.
—Yo no… —Iba a protestar Ryan, si no calla al notar cómo todos los hombres sentados en la barra se ponían de pie de golpe. Al principio, creyó que iban a obligarlo a obedecer a Bendy, pero inesperadamente, se pusieron a bailar de manera repentina al ritmo de la música, hormigueando la pista de baile.
Igualmente, Bendy danzó con un aura de la más divina felicidad, resonando sus pasos con fuerza en un solo de tap bastante rítmico, mientras Ryan se escurría entre la multitud para reunirse con Mike y su padre, que observaban bastante sorprendidos y confundidos cómo todos bailaban de un momento a otro y sin ninguna razón.
—¿Ahora me crees? ¡Esto es una locura! —Le increpó Ryan a su padre. —¡Tu muñequito de tinta está loco, y va a volvernos locos a todos aquí! ¡Larguémonos antes de que perdamos la cordura en este lugar!
—Tranquilo, hijo. La personalidad de Bendy siempre fue… excéntrica, pero no lo juzgues tan rápido. Se ha mostrado muy cordial con nosotros todo este tiempo. —Replicó Henry, intentando que su hijo viera las cosas más desde su punto de vista. —Solo… intenta no molestar a Bendy, ¿de acuerdo?
—¡¿Cómo puedes decir todo eso?! ¡Te recuerdo que todo esto es tú culpa! —Le increpó su hijo, rojo de indignación. —¡Estamos atrapados aquí por tu culpa, y lo seguiremos estando hasta que actúes como un adulto y dejes de jugar con tus dibujos vivientes! ¡Así que deja de cacarear y sácale a tu basura cómo salir de aquí!
Ante las injurias y declaraciones de su hijo, Henry frunció el ceño, muy molesto. Intentó respirar y tomar en cuenta el punto de vista de su hijo para no abofetearlo en ese momento frente a todos, cuando Boris intervino rápidamente.
—Oye, chico. Cálmate, que este es un establecimiento respetable…
—¡Tú cállate! ¡Ni siquiera eres real! —Le bramó Ryan en la cara, asustándolo.
—Vale, vale. Tr-Tranquilo, amigo. —Le apaciguó el lobo, moviendo las manos con nerviosismo. —Sólo no te desquites conmigo, o con Henry. Todos aquí estamos muy felices de que estén con nosotros, y lo menos que queremos es que su experiencia no sea del todo satisfactoria. ¿Por qué no le das una oportunidad a Bendy de probarte que esto no es una prisión?
—¿No lo es? —Impugnó Ryan con altanería y una ceja arqueada. Boris se mordió la lengua para evitar replicar.
—No, no lo es. —Escuchó el joven, y al fijarse, vio a Bendy sentado en la barra, chasqueando sus dedos al compás de la música, mientras veía distraídamente a los demás bailar. La ira de Ryan se esfumó al comprobar que Bendy ya no sonreía, sino que su mirada se había tornado algo triste. —Todo esto… lo hice especialmente para ustedes. Esta fiesta era solo el comienzo del día, de su bienvenida. Creí que estaban felices de venir aquí… Tanto tiempo solo me dificulta mucho sentir empatía por ustedes, o por alguien más. No intenté ver las cosas como realmente ustedes las veían, y creí que se estaban divirtiendo… Tanto tiempo sin la persona más valiosa para mí realmente me afectó mucho. Pensaba en mostrarles mucho más de este mundo, mucho más de mi hogar, antes de que volvieran a irse. Pero veo que no es como yo pensaba. —Bendy suspiró, y sonrió decaído. —Siento haberme emocionado tanto, pero estaba tan feliz de que Henry haya regresado, que no pensé que molestaría a mi hermano al querer que pasara un gran día como regalo de bienvenida…
Henry estuvo dispuesto a jurar que su hijo iba a soltar algún otro comentario hiriente o volver a gritarle a Bendy en la cara, pero se sorprendió, al igual que el mismo Mike, cuando volvió sus ojos hacia otro lado con algo de remordimiento.
—"La persona más importante…"—Remarcó el joven en su mente, cerrando los ojos… El cálido recuerdo de una mujer de rizos dorados y ojos azules le hizo estremecerse, y volver a abrir los ojos, sintiéndose de golpe, hasta cierto punto, mal por lo que había dicho.
Ryan iba a abrir la boca, cuando un alboroto afuera llamó la atención de todos los presentes en la taberna. Bendy y Boris se sobresaltaron, intercambiando una rápida mirada de complicidad.
—Parece que han regresado otra vez… —Murmuró el lobo de tinta con una sonrisa nerviosa. —¿Bendy?
—Sí, lo sé. —Murmuró el demonio de tinta con pocas energías, mientras la música se apagaba y los personajes de tinta en el establecimiento observaban atemorizados alguien o algo que estaba en el exterior, causando cierta perturbación e intranquilidad en la plaza del estudio. Suspirando pesadamente, se puso de pie, volviéndose hacia sus invitados. —Siento mucho que tu bienvenida no sea del todo satisfactoria para ti, Henry… y quisiera animarla de alguna forma antes de que se vayan, pero… el deber me llama.
Y sin más que decir, se encaminó rápidamente hacia el exterior, llamando imperativamente a Boris para que lo ayudara. El miedoso lobo salió de su tienda a regañadientes, acompañando al demonio bailarín a enfrentar lo que sea que había afuera…
—¿Qué rayos sucede ahora en este condenado lugar? —Se lamentó Mike con agonía. —¡¿Cuánto más tendremos que soportar aquí?!
—¿Ryan? —Henry colocó una mano sobre el hombro de su hijo, quien se hallaba sumido en sus pensamientos. —¿Estás bien?
No respondió. Lo que acababa de pasar todavía lo carcomía, y le traía dolorosos recuerdos de su madre, y del cómo la apartaron cruelmente de su lado… Una experiencia que jamás podría olvidar, que había arrancado de su ser cualquier rastro de felicidad, sentimiento del cual desbordaba antes de su muerte…
¿Acaso… la ida de su padre también fue así para Bendy…?
No pudo seguir considerando sus pensamientos, pues la ventana del bar fue atravesada por el mismo Boris, aventado bruscamente al interior de su propia taberna, y golpeándose la cabeza contra la barra.
Henry se sobresaltó, y corrió para socorrer al lobo de tinta, inconsciente.
—¿Qué rayos…? —Murmuró Ryan, asomándose por la ventana rota para apreciar a tres personajes de tinta con sonrisas malvadas y apariencias amenazantes, intimidando a los habitantes de tinta del estudio, mientras encaraban con superioridad a Bendy. El pequeño demonio no parecía nervioso, y apoyando sus brazos en su bastón, miraba seriamente a los malvados seres de tinta ante él.
Un humanoide alto, barbudo y fornido, con mirada agresiva y sus grandes puños ferozmente cerrados, que amenazaba a la endeble figura de Bendy; otro humano de tinta, con apariencia de marinero, un parche en un ojo y un garfio reemplazando su mano derecha; y una araña de tinta, de mirada maliciosa y algo maniática, sonriendo risueñamente, pero con una pizca de tenebrosidad en su mirada.
Los demás habitantes del lugar se ocultaban en las instalaciones ilusorias del estudio distorsionado por la máquina de tinta, temerosos de los tres villanos de tinta, que parecían disfrutar del miedo que provocaban en los pueblerinos.
—¿Y esos? —Preguntó Ryan, mirando a su padre, quien no se había separado del inconsciente Boris.
—Ni idea. Pero no parecen ser tan amigables como todos los demás dibujos que vimos por aquí.
—¡Ninguno de ellos es amigable! —Bramó Mike, enfurecido, aunque luego serio. —Son hostiles monstruos que intentan destruirnos. ¡Se los dije!
—No saques conclusiones precipitadas. —Le replicó Henry con una sonrisa nerviosa. —Quizás solo sean unos rebeldes problemáticos. Nada que Bendy no pueda arreglar.
Al decir el nombre del demonio danzarín, Ryan frunció el ceño y fijó sus ojos en el aludido ser de tinta, que sonreía con tranquilidad, sosteniéndose de su bastón, y mirando fijamente a los tres intimidatorios monstruos que lo rodeaban.
—Vaya, vaya, vaya, ¡pero si es la Pandilla Carnicera! —Exclamó Bendy, incorporándose. —Veo que no aprendieron su lección desde la última vez. ¿Buscan acaso un castigo más duro? Miren que estamos en medio de un asunto muy importante, y su desafortunada irrupción puede arruinarlo todo. No quiero sonar descortés, pero si se marchan ahora mismo, puede que esto no pase a peores y nadie salga perdiendo. Miren, que les estoy disculpando que arrojaran a mi amigo por la ventana de su propio bar.
—¡Hey! —Protestó Boris, abriendo de golpe los ojos al oírlo nombrar. Henry se sobresaltó, y ayudó al lobo de tinta a levantarse. —Ese Bendy…
—Oye dibujito, ¿quiénes son ellos? —Le interrogó Ryan, serio.
—Son la Pandilla Carnicera, un trío de villanos molestos que no han hecho más que destrozar nuestras pacíficas estancias en el estudio. —Explicó el lobo, con el ceño fruncido. —Son muy peligrosos y suelen estropear nuestros preparativos importantes. Debieron escuchar acerca de ustedes y su visita, y vienen a arruinarlo todo.
—¿Caricaturas peligrosas? Solo son líneas y círculos. —Bufó Ryan, cruzándose de brazos. —Yo no me meteré en sus desastres. Papá, larguémonos de… —Volvió la mirada hacia su padre, pero se tragó sus palabras al comprobar que ya no estaba a su lado. —Mierda.
—¡ESA BOCA! —Le gritó su padre mientras corría junto a Bendy, quien parpadeó al verlo salir de la taberna y correr hacia él.
—¡Estúpido anciano! ¡Ni se te ocurra jugar a ser héroe! —Le respondió su hijo desde el interior del establecimiento, pero cayó cuando un cuchillo de carnicero le pasó junto a la cabeza, incrustándose en la pared de madera detrás de él.
Mike palideció, sujetando a su amigo del brazo para ocultarse debajo de la ventana, por la cual entraron otros dos cuchillos.
—¡Nueces! —Exclamó Boris al ver los objetos afilados volando directamente hacia él, y apenas y tuvo la oportunidad de esconderse detrás de la barra antes de que las cuchillas terminaran clavadas en las paredes del bar; uno de ellos terminó por aterrizar clavado en el rostro de un poster de Bendy, sonriendo igual que siempre, y por esa brecha en su cara empezó a fluir un hilo de tinta sin que nadie lo notase.
Ryan frunció el ceño, y se asomó por extremo cuidado por la ventana, observando a través de ella a su padre, alejando lentamente a Bendy de los tres maleantes, sin apartar los ojos de ellos. Retrocedía paso tras paso, y obligaba a su creación a hacerlo también, mientras sus agresores se aproximaban conforme él intentaba apartarse de ellos.
—Henry, no deberías estar aquí. —Le reprochó Bendy a su creador, haciendo un puchero. —Es peligroso.
—¿Te preocupas por mi bienestar? Así no actúas en tu show, Bendy. —Contestó el adulto con una sonrisa, mirando a Bendy de soslayo. —Y en cuanto a ustedes, trío de payasos, no sé qué buscan aquí, pero será mejor que se larguen si no quieren atenerse a las consecuencias.
La Pandilla Carnicera soltó una carcajada unísona. Ryan frunció el ceño nuevamente.
—Un forastero no nos dirá qué hacer. —El hombre barbudo lo señaló con un cuchillo de carnicero, esbozando una siniestra sonrisa. —Eres solo un bicho que vino a pasearse por aquí y todos estos cobardes te veneran por eso. Y tú… —Añadió, apuntando ahora a Bendy, quien nunca dejó de sonreír. Y aquella sonrisa se hizo todavía más meliflua, molestando al criminal. —Eres una escoria bastante irritante, pero te aseguro que pagarás por interponerte en nuestro camino tantas veces, mocoso.
—No les tengo miedo a abuelitos lentos como ustedes. —Bendy les mostró la lengua, divertidísimo. La cuartilla de villanos no hizo más que enfurecerse. —Henry, será mejor que te marches mientras me encargo de estas molestias. Ahora, viejitos, ¿vinieron a cacarear o a prepararse para recibir su merecido?
—Barley, mata al extranjero. —Le ordenó el carnicero al marinero, quien sonrió sombríamente al tiempo que levantaba su garfio. Henry retrocedió un paso más por instinto, pero no se acobardó. —Edgar, ayúdame a aplastar a la mosca bailarina.
—Con gusto. —Replicó la araña con un extraño siseo en el habla, y fijó sus ojos icónicos en Bendy, quien ni siquiera se alteró. —¿Listo para morir, pequeño?
—Bailemos, insecto. —Contestó Bendy con suficiencia, haciendo girar su bastón y luego extenderlo hacia el jefe de la pandilla. —Ya me encargaré de ti, Charley, pero primero patearé a todos tus amiguitos.
—Te tragarás tus palabras… —Edgar avanzó con ademán amenazador, listo para abalanzarse contra el diablillo de tinta, a quien Henry iba a salvar empujándolo fuera del trayecto de la araña, si una llave inglesa no vuela en el aire y aterriza sólidamente en su rostro, penetrándolo y haciendo brotar una gran cantidad de tinta de la herida.
—¡JA! ¡Llave inglesa le gana a araña de tinta! ¡Cómete eso, monstruo! —Vitoreó Mike desde dentro de la taberna, triunfante, pero Ryan lo jaló rápidamente a la oscuridad debajo de la ventana, pero era demasiado tarde.
—Cucarachas… —Masculló Edgar, cubriendo con sus numerosas patas su rostro, cuya herida empezaba a regenerarse y desaparecer como si nada. —Cambio de planes, Charley. ¿Puedo ir a despedazar a los otros forasteros?
—Como gustes. —Contestó el jefe de la banda con una sonrisa.
Con risitas enojadas e impacientes, Edgar corrió de a brincos hacia el interior de la taberna de Boris, quien ensanchó los ojos con horror. Miró fijamente a los dos jóvenes escondidos junto a él.
—Corran. —Dijo sin más, y salió disparado hacia la habitación trasera de su tienda, si una telaraña de tinta no le envuelve la espalda, pegándolo a la pared de madera.
—Ah, ah. —Le regañó Edgar, ya dentro del bar, negando con la cabeza. —Ninguno de ustedes se va ahora que apenas inicia la diversión. —Indicó, mirando con una sonrisa a los clientes miedosos que se escondían en el lugar, hasta fijarse en uno de ellos. —Y tú… —Murmuró, clavando sus ojos en los de Mike, quien tragó saliva. —Disfrutaré masticarte.
Ryan reaccionó al instante, empuñando un taburete de madera junto a la barra para estamparlo con todas sus fuerzas en la cara de Edgar, quien soltó un alarido de dolor y retrocedió.
—¡No te atrevas a acercarte! —Le advirtió, lanzándole los restos del destrozado asiento, y acto seguido, tomó la mano de Mike y lo arrastró al exterior. —¡Sabía que todo esto era una mala idea! ¡Larguémonos de aquí!
—¡Ustedes no se van a ninguna parte, moscas! —Siseó Edgar, recuperándose del golpe para expulsar de su abdomen otra red de tinta, que atrapó a ambos niños y los pegó al suelo de madera del bar. —¡Ahora son míos, y no los dejaré escapar!
—¡No te atrevas a ponerle tus sucios dedos encima, estúpido bicho! —Henry iba a acercarse, si no se encuentra cara a cara con el garfio de Barley, quien sonreía tenebrosamente.
—Tú y yo nos divertiremos mucho. —Aseguró con maldad, e iba a blandir su garfio contra el rostro de Henry si éste no le propina un puñetazo en el rostro, empujándolo luego fuera de su camino para correr hacia Edgar, quien ya se arrastraba sobre los cuernos inmóviles de Ryan y Mike, éste último completamente horrorizado.
—¿A quién devoro primero? —Se preguntó Edgar con diversión, mirando al uno y otro de sus presas, intentando elegir una. —Qué pregunta. Claro está, al que me arrojó la cosa esa en la cara. —Decidió, mirando ahora fijamente a Mike, quien palideció de nuevo. Y más aún cuando la araña acercó amenazadoramente sus mandíbulas hacia su rostro, babeando ligeramente.
Mike parecía deseoso de desmayarse, mientras Ryan forcejeaba con todas sus fuerzas, pero la maldita tinta no cedía para liberarse. Y justo cuando faltaban centímetros para que Edgar diera el primer bocado a Mike, Henry aterrizó sobre sus espaldas, haciéndolo girar junto a él por el suelo dentro de la taberna.
—¡Quítale tus patas de encima a mi hijo! —Exclamó, rodeando con sus fuertes brazos el cuello de Edgar, quien ahora se movía alocadamente de un lado al otro, intentando quitarse al humano que lo ahorcaba.
Chocó contra la barra, el escenario, y las paredes, golpeando furiosamente a Henry en cada uno de ellos, pero el antiguo caricaturista no aflojó su agarre, más bien lo contrario. Cerró sus ojos para tolerar el dolor y se aferró con tanta fuerza al cuello de Edgar que éste pudo jurar que estaba por rompérselo. Si es que tenía huesos, claro.
—¡Papá! ¡Cuidado! —Escuchó el hombre gritar a su hijo, pero fue demasiado tarde.
—Tú… —Antes de reaccionar, Henry fue sujetado por el cuello de la camisa, y después azotado con brutalidad contra una de las paredes del bar con Barley, asustando a los jóvenes que observaban atrapados. —¡Te cortaré la garganta por ese golpe!
—Y yo… te arrancaré… los ojos por esa estrangulación… —Masculló Edgar con una mueca de dolor, recuperando el aliento luego de que Henry lo ahorcara con tanta fuerza.
El padre de Ryan, con cierta dificultad, logró incorporarse adolorido. Se agachó al momento para esquivar el garfio de Barley, y acometió después contra éste con todo su cuerpo, haciéndolos chocar ambos contra la barra.
El marinero intentó liberarse, pero el hombre lo tenía bien sujeto por sus brazos, impidiéndole soltarse.
—¡Edgar, muévete! —Le gritó a su compañero.
—¡SÍ! —Respondió éste, brincando encima de Henry y aferrando sus patas a todo su cuerpo para impregnarse por completo a él. —¡¿Qué te parece esto?! ¡Eh, eh, EEEEH! —Rió, rodeando el cuello de Henry con dos de ellas para asfixiarlo de manera similar a como él se lo había hecho anteriormente.
—¡Desgraciados! ¡Déjenlo en paz! —Gruñía Ryan, sacudiéndose con todas sus fuerzas para librarse de la red de tinta, pero sin efecto. Mike fruncía el ceño, buscando alguna solución para ayudar al padre de su mejor amigo, quien recibía codazos de Barley en el estómago para que lo soltase y era ahorcado por Edgar.
Luego de meditar unos momentos, y suspirar resignado, gritó:
—¡BENDY! ¡Ven y ayúdanos aquí! —Ryan dejó de luchar de golpe, y volteó sus ojos, incrédulo, hacia su mejor amigo, quien miraba fijamente al demonio de tinta a lo lejos.
—¡Lo siento, pero estoy algo ocupado! —Contestó Bendy, incorporándose mientras se sobaba la cabeza después de recibir una patada de Charley y chocar contra la pared de madera de otra instalación del estudio.
—Je, je, je… —Reía malignamente el carnicero, desenfundando un cuchillo. —¿No temes que tus invitados sean degollados por mis amigos?
—Confío en Henry, y además, estoy seguro de que puedo acabar contigo en un abrir y cerrar de ojos. —Recusó Bendy al ponerse de pie, empuñando su bastón. —Da tu mejor golpe, Charley.
El aludido rugió cuando acometió furiosamente contra el pequeño ser de tinta, que sonrió confiado y bloqueó el filo del cuchillo de carnicero de su rival, quedándose ambos cara a cara por un momento. Charley retrocedió, y lanzó otro de sus cuchillos hacia Bendy, quien se agachó para evitarlo, y acto seguido, se catapultó contra el abdomen de Charley, estampándole la empuñadura de su cayado para dejarlo sin aliento, y rematarlo con un bastonazo al rostro que lo dejó besando el suelo.
—¡Ja! ¡Te lo dije: ni siquiera parpadeé! —Se burló Bendy, aunque luego se alejó como alma que llevó el diablo. —¡Pero que no tengo tiempo que perder contigo! ¡HAY VOY, HENRYYYYYY!
—¡No tan rápido, mocoso! —Mugió Charley al recuperarse del golpe, extrayendo de su chaleco una cadena de acero que usó como látigo para azotar la espalda de Bendy, derribarlo, y después atar una de sus piernitas para jalar su cadena y atraerlo a él. Lo sujetó por el cuello, y posteriormente lo estrelló contra una farola, haciéndola retumbar.
—¡Pero qué violento! —Moduló Bendy, con uno de sus ojos cerrados debido al dolor, pero sin dejar de sonreír, a pesar de que Charley lo ahorcaba con brusquedad. —¿Se puede saber por qué estás de tan mal humor?
—Tú lo sabes bien, impertinente mocosuelo. —Contestó Charley con furia brillando en sus ojos, mientras apretaba con más fuerza. Bendy intentó reír, pero la risa se ahogó en su garganta, al igual que sus gemidos de dolor.
—Ay, lo que faltaba. —Bufó Mike al contemplar la situación de Bendy. —Adiós a nuestra última esperanza… y a tu hermanito.
—¡No me vengas con eso ahora! —Le reclamó Ryan, dándole un codazo, pero se concentró nuevamente en su padre, cuando éste profirió un quejido de dolor.
Barley había logrado rasgar el brazo de su padre con su garfio, cortando su piel y haciendo caer una especie de líquido transparente al suelo, similar a aceite, como sangre. Abrió los ojos con horror, y más al ver que su padre aflojaba lo suficiente su agarre debido a la herida para que Barley se soltase, y le propinara un rodillazo en el estómago que le arrebató el aliento.
Edgar rió de deleite, sin dejar de estrangular a su "querido" visitante. Segregó de su abdomen un hilo de tinta hacia arriba para pegarse al techo y ascender ligeramente, sin soltar el cuello de Henry, y así sujetar sus brazos desde arriba para impedir que se desplomara o se defendiera. Específicamente, para que Barley pudiera golpearlo una y otra vez, y Henry no pudiera moverse para hacer algo al respecto.
—¡Deténganse! —Suplicó Ryan, desesperándose. Seguía retorciéndose en su jaula de tinta, con los ojos fuertemente cerrados, pero sin ser capaz de llorar por la frustración e impotencia. Su nuevo cuerpo no tenía esa función.
Aun así, Mike percibió su angustia y desesperación, y frunció el ceño, molesto.
Nadie hacía llorar a su compañero…
—¡ARG! —Con toda la fuerza infernal que pudo reunir en un súbito momento, el joven destrozó ligeramente una parte de la red que los contenía con sus propias manos, creando una abertura lo suficientemente grande como para salir. Ryan lo miró atónito, y apenas reaccionó cuando su amigo lo sujetó del brazo y lo arrastró fuera de la telaraña de tinta. —¡Despiértate! ¡Estamos en una situación crítica! —Le gritó al oído para que despabilara, recibiendo como respuesta un golpe en el rostro.
—¡Pudiste hacer eso desde el principio!
—¡No busquemos culpables ahora! ¡Tenemos una misión!
—¡USTEDES! —Escucharon, y al voltear, pudieron a apreciar a Edgar saltando hacia ellos. Los había escuchado discutir, y no tardó en volver a acometer contra ellos para impedirles escapar.
Mike empujó a Ryan fuera del camino, y recibió él por completo el embate de Edgar. El impulso del golpe fue suficiente como para sacarlo fuera del bar, rodando por los escalones del mismo hasta terminar en la carretera del estudio, sin moverse.
—¡MIKE! —Gritó Ryan con terror, llamando la atención de su padre, quien, sujetado por la garganta por el garfio de Barley, recibía golpe tras golpe en el estómago por el cínico marinero, quien reía entre dientes al disfrutar del dolor del hombre al que torturaba.
Boris no exageraba al decir que eran peligrosos…
—Oh, ¿vas a llorar? —Se burló Edgar al ver que Ryan había caído de rodillas al ver a su amigo, yaciendo inconsciente y lastimado en el suelo. Edgar se le acercó, divertido. —Pero no te preocupes: pronto ambos estarán en la misma situación.
—¡Cállate! —Le escupió Ryan en la cara, cegando y asqueando a Edgar el tiempo suficiente como para incorporarse y propinarle un puntapié en todo el rostro que dejó a la araña aturdida. No tardó en aprovechar esos valiosos segundos para correr hacia Mike y comprobar su estado.
Charley, todavía ahorcado cómicamente a Bendy con ambas manos, quien suplicaba por oxígeno, miró disgustado al hijo del caricaturista.
—Tsk. Estos inútiles no son capaces de hacer nada por ellos mismos. —Masculló el carnicero, y lanzó a Bendy contra unos barriles de tinta, la cual empezó a escurrirse por doquier al destrozar sus contenedores.
—Amigo… ¿Estás bien? —Le preguntó el joven a su amigo, agachándose a su lado. Mike abrió débilmente los ojos, algo aturdido.
—Dime que todo esto fue un sueño y que ahora estoy despertando. —Pidió Mike, dolorido.
—Pues... —Ryan se rascó la cabeza con una risita nerviosa, que calló cuando un cuchillo de carnicero voló silbando junto a su rostro, rozando su mejilla y produciendo una cortadura en ella.
Su padre, que observaba todo como podía en el agarre de Barley, se quedó quieto…
—Otro mocoso que borrar… —Dijo Charley, limpiándose las manos de la tinta de Bendy con la que se había manchado, mientras caminaba aproximándose hacia el joven, que ignorando su herida, lo fulminaba con la mirada. —¿Qué sucede? ¿Temes que termine matándolos a ambos y no puedas hacer nada?
—Cállate, aberración. —Le replicó Ryan, interponiéndose entre su amigo caído y Charley. —Ni siquiera son reales. Son solo unos estúpidos fenómenos de tinta que esa maldita máquina creo. Son solo… inventos sin existencia propia. No merecen tratarnos así, y no permitiré que sigan aplastándonos. ¿Me oyes? ¡Intenta ponerme un dedo encima, a mí, o a Mike, y te aseguro que te arrepentirás! —Gritó, completamente encolerizado.
Mike ensanchó los ojos con asombro al oír sus palabras, mientras Charley se disgustaba todavía más.
—Un bebé llorón muy escandaloso. —Bufó él, empuñando uno de sus cuchillos. —Creo que te daré verdaderas razones para berrear cuando mate a tu amiguito y a tu padre frente a tus ojos.
Ryan al principio frunció el ceño, pero luego, hizo una mueca de intriga.
—¿Cómo sabes que él es mi…?
No pudo decir más, y lo único que hizo a continuación fue dejar abrir su boca, al igual que Mike.
Una espada había atravesado uno de los brazos de Charley, quien se quedó estático del asombro, y más al recibir una patada en el pecho que lo terminó despidiendo contra otro establecimiento de paredes de madera, que atravesó.
—Charley, Charley, Charley… —Dijo la salvadora de los dos forasteros, ante la anonadada mirada de éstos: la misma mujer que habían visto en los carteles del bar, que se supone iba a darles un espectáculo antes de que estos canallas aparecieran.
Alice Angel…
—Esa no es la manera de tratar a nuestras visitas. Eres malo, muy malo. —Continuó ella, divertida, mientras blandía en su mano derecha una espada larga y fina, de un solo filo. —¿Y sabes qué hacemos aquí con los malos?
—Tú… mocosa estúpida, ¡te voy a…! —Charley había logrado levantarse a medias, y ya estaba por cargar contra Alice, si ella no aparece de golpe frente a él.
—Los castigamos. —Completó la ángel, y de un sablazo al rostro de Charley, lo lanzó a unos pocos metros de ahí, atravesando varias estructuras de madera en el proceso. —Tsk, todos son unos payasos. —Bufó como si nada, envainando su arma, y volviéndose ahora hacia los dos jóvenes que había rescatado de una muerte segura, que seguían boquiabiertos, con sus ojos fijos en la mujer. —Hola niños, ¿cómo se sienten?
—¡¿Cómo puedes preguntar algo así en esta situación?! —Demandó Ryan, espabilando. —¿Y quién eres tú?
—¡Mi nombre es Alice Angel! —Se presentó ella, orgullosa. —La ángel más talentosa y hermosa que este mundo ha visto, llena siempre de heroísmo y valentía, con una voz que muchos solo desearían tener. —Aseguró, cantando la última parte. —¿Y ustedes, niños? ¿Qué hacen aquí? Es peligroso.
—Lo sabemos, pero mi padre… ¡PAPÁ! —Se sobresaltó de pronto Ryan, al igual que Mike, mirando entonces a la taberna frente a ellos.
—No se preocupen. Boris ya se está encargando de… —Decía Alice, pero cerró la boca al ver un borrón negro emerger de golpe desde dentro del bar, chocando con ella, y empujándola junto a eso hacia el local en el que Charley había sido lanzado anteriormente.
Mike y Ryan pegaron un respingo, y se asomaron al interior de ese lugar, encontrándose con un mareado Boris encima de una aturdida Alice.
—¡Boris! ¡Te dije que detuvieras a Barley y a Edgar! —Le reclamó ella con enojo al orientarse.
—¡Y yo que no puedo defenderme de esos tipos! ¿Qué pensabas al ordenarme algo así? —Se soliviantó Boris, pataleando.
—Este… disculpen por interrumpirlos. —Intervino incómodo Mike. —Pero el padre de mi amigo necesita ayuda.
—Tsk, Bendy se ocupará ahora. —Murmuró Boris con fastidio, amurado. Alice le dio unas palmaditas en la cara para llamar su atención. —¿Qué?
—Sigues encima de mí. —Le recordó ella con algo de incomodidad, a lo que él, sumamente nervioso y avergonzado, se apartó de ella de un brinco. —Y en cuanto a ustedes, mis niños, no se preocupen por ese hombre. Ahora, preocúpense por la Pandilla Carnicera. Han hecho enojar a Bendy.
—¿Bendy enojado…? —Murmuró Ryan sin creérselo, pero al escuchar una explosión detonar desde el interior de la Taberna de Boris, tuvo que replantear esa idea.
—¡AH! ¡Bendy, no haga explotar mi lugar! —Rogó el lobo, aterrado.
—Lo siento, lo siento… —Se escuchó la voz del aludido entre el humo que emergía a borbones del interior de la taberna, al tiempo que dos figuras salían disparadas al exterior: Edgar y Barley, que aterrizaron en la plaza, con los ojos dándoles vueltas. —Pero perdí los estribos por un momento…
Mike y Ryan se incorporaron, intercambiando una rápida mirada, mientras observaban expectantes el humo… del cual emergió el feliz demonio danzarín, con su sonrisa de siempre, y cargando el cuerpo magullado de Henry sobre su espalda. Los jóvenes se sorprendieron de que pudiera llevar a un adulto así sin la mayor dificultad, pero no le dieron más importancia y corrieron para acercarse, acompañados por Alice y Boris.
—¡Papá! —Exclamó Ryan, apartando cuidadosamente a Henry de las espaldas de Bendy para depositarlo en el suelo. —¿Estás bien?
—Está inconsciente. —Repuso el demonio, señalando con su bastón el rostro de su creador, cuyos ojos estaban cerrados. —Pero no te preocupes. Él estará bien. Pero, si me disculpan, hay que castigar a los culpables de todo este desastre. Alice, Boris.
—Sí. —Asintieron de inmediato los aludidos, la primera con una sonrisa tranquila, y el segundo con temor y desgana.
Los tres se pusieron en fila para encarar a los dos desorientados miembros de la Pandilla Carnicera, que iban recuperándose del colérico ataque de Bendy como podían, todavía algo mareados.
—Uf. A veces olvido que ese mocoso tiene esa fuerza. —Balbuceó Edgar, sacudiendo la cabeza para reponerse.
—Sí, pero sigue siendo un enano. —Resopló su compañero, recobrándose de su estado y confrontando sin temor a sus enemigos, que les miraban con superioridad.
—Así es. —Replicó una tercera voz, a lo que los dos villanos volvieron sus miradas hacia atrás para apreciar a un magullado pero molesto Charley, caminando con los brazos cruzados y una expresión seria. —Y no permitiremos que un enano y sus insignificantes amigos terminen humillándonos. No podemos permitirlo, ¿entendido?
—Por supuesto, jefe. —Asintió Edgar con una sonrisa siniestra. —¿Listos para acabar con ellos?
—Por supuesto. —Esbozando la misma perturbadora sonrisa, Barley alzó su garfio, riendo con diversión. Charley sonrió también, y blandió uno de sus cuchillos en el aire, reflejando su filo a la luz del sol de tinta que brillaba fríamente en el cielo blanco de aquel mundo surrealista.
Bendy miró de soslayo a sus dos aliados, quienes también asintieron, antes de fijarse después en sus enemigos, quienes avanzaron con ademán amenazador para acabar con ellos de una vez por todas…
—Es hora de bajar el telón muchachos, ¡que inicie el último acto! —Vociferó Bendy, y corrió directamente hacia la Pandilla Carnicera, con Alice a su izquierda y Boris a su derecha…
Ryan y Mike esperaban expectantes el choque entre los dos bandos, que lanzaban gritos de guerra, a la espera de despedazarse entre sí…
Pues, cayeron de espaldas de la impresión al apreciar que, cuando se abalanzaron los unos a los otros no sucedió más que solo crearse una de esas chistosas nubes de pelea, en la que los golpes volaban de un lado al otro, pero no podía verse nada.
—Decepcionante. —Murmuró Ryan, irritado.
Mike iba a comentar algo también, pero tuvo que callar cuando la nube de pelea se esfumó tan rápido como apareció, desplomándose perdedores los tres villanos del show, que, amoratados y adoloridos, gruñían por lo bajo, maldiciendo al trío de héroes que los habían derrotado.
—¡Sí! ¡Eso fue todo un espectáculo! —Festejó Bendy, chocando palmas con un aturdido Boris, con los ojos dándole vueltas. Alice se limitó a sonreír con orgullo, antes de dar un paso al frente.
—Espero que hayan aprendido la lección de una vez por todas. Si no, tendremos que volver a recurrir a la fuerza para que se marchen de inmediato. —Les advirtió la mujer, empuñando su espada firmemente, con un tono de voz severo e imperativo.
Edgar y Barley retrocedieron ante el filo de la espada de la ángel, pero Charley solo bufó por lo bajo, escondiendo un cuchillo bajo su manga.
—Tú no eres nadie… —Susurró el carnicero, con un destello malicioso en sus ojos. —¡Para darme órdenes!
Antes de que Alice reaccionara, Charley había lanzado el cuchillo directo hacia su rostro, tomándola por sorpresa. Los tres villanos rieron con maldad, conscientes de que al menos, habían acabado con uno de sus odiados rivales…
No obstante, no tuvieron en cuenta la intervención de cierto lobo de dibujos animados, que saltó hacia Alice para empujar a ambos fuera del trayecto del cuchillo, salvándola por los pelos. Bendy respiró con alivio, mientras los tres criminales rugían de enfado, pero todos callaron al ver que el cuchillo había seguido su curso sin inconvenientes, surcando el cielo como una flecha en dirección a un desprevenido Mike, quien dilató los ojos del horror, pero no tuvo reaccionar para moverse a tiempo…
Cerró los ojos, esperando lo peor, o esperando que un manto negro desvaneciera todo de golpe, que miles imágenes de toda su vida pasaran delante de sus ojos en un instante, o esperando algún destello cegador que lo guiara allá adonde tuviera que ir…
Pero nada de eso sucedió, de milagro.
Centímetros antes de que el cuchillo se clavara en la frente del joven, un bastón negro cortó el aire y lo repelió con precisión, tirándolo contra el suelo con un chasquido metálico.
Todo quedó en silencio, con algunos incluso tapándose la boca por las imágenes que habían presenciado en ese mortífero segundo, en el que Bendy se había movido de su sitio como una sombra para aparecer justo donde el cuchillo se encontraba girando en el aire, y así desviarlo un instante antes de que llegara a Mike, quien, con los ojos como platos, observaba mudo a su salvador…
—Ustedes… —Rompiendo el insoportable silencio que provocó aquella impresión, todos voltearon sus ojos hacia Alice, quien había pillado a la Pandilla Carnicera escapándose al aprovechar esa distracción. —¡Canallas desgraciados!
En un parpadeo, la furiosa Alice voló hacia ellos y los atacó con un sablazo certero, que hizo explotar el sitio en donde se encontraban parados los tres villanos en pedazos, y la Pandilla Carnicera salió despedida como cohetes hacia el cielo, perdiéndose entre las nubes caricaturescas mientras gritaban enfurecidos y aterrorizados.
Nuevamente, todo quedó en silencio, sin que nadie lograra recuperarse de la impresión del momento. Mike parpadeó finalmente, reaccionando, y mirando como desatinado a Bendy, apenas logrando abrir la boca para hablar.
—Tú… ¿Me salvaste? —Dijo, aturdido e incrédulo. Bendy le sonrió con su sonrisita característica.
—¿Apenas te das cuenta? ¡Pero por supuesto que sí! —Rió el demonio, girando su bastón para dejarlo caer sobre su hombro. —Nunca dejarían que lastimaran a un compañero de Henry. El amigo de mi creador es un amigo mío. Y me aseguro de que mis amigos siempre estén felices.
Ryan sonrió de lado con cierta incomodidad. Se incorporó de su escondite, mirando fijamente a Bendy, a quien extendió la mano.
—Gracias. —Susurró el joven, algo avergonzado. Bendy dilató todavía más su sonrisa, y estrechó la mano de Ryan con emoción.
—¡YEAH! ¡Nuevo amigo! —Vitoreó Bendy, dando un brinco en el aire. —¡Y una nueva victoria! ¡Bien hecho, camaradas! ¡Les dimos su merecido a los payasos de la Pandilla Carnicera! —Les guiñó un ojo a Boris y a Alice, quienes asintieron, sonriendo.
Segundos después, los habitantes de tinta del estudio salieron de las instalaciones en las que estaban escondidos, celebrando a rabiar, a lo que Bendy, sentado sobre la cabeza de un incómodo Mike, hizo una reverencia, como enaltecido por su público.
Henry abrió perezosamente sus ojos, algo aturdido, y cuando se irguió de golpe, recordando los peligrosos maleantes que tenían a su merced a su hijo, echó rápidas ojeadas a todo el panorama, pero se quedó quieto al contemplar la escena de Bendy celebrando su triunfo, y todos los seres de tinta del lugar alabándolo. Se tranquilizó al encontrar entre la multitud a su hijo, quien sonreía ligeramente con los brazos cruzados.
Suspiró, y esbozó una enorme sonrisa. Estaba a salvo…
Por ahora.
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El resto del día pasó en un suspiro. Luego de una larga celebración en el semidestruido bar de Boris (en la que Henry tuvo que reaccionar rápidamente para evitar que Mike y Ryan bebieran una gota de alcohol), el cielo empezó a oscurecerse hasta volverse de un gris muy oscuro, lindando con el negro, con pequeños puntos blancos a modo de estrellas titilando aquí y allá.
Henry dictaminó que era tiempo de volver a casa, a lo que muchos de sus recibidores soltaron un gemido de decepción, pero Bendy los calmó asegurándoles que no sería la última visita de sus invitados; aunque ni Ryan ni Mike estaban dispuestos a volver a ese mundo de locura, pero al menos ya no estaban profundamente enemistados con los amigables personajes de caricatura que encontraron allí.
Después de una larga despedida de Alice y Boris, Bendy dirigió a los humanos grisáceos nuevamente dentro del estudio de filmación y animación, silbando alegremente una pegajosa melodía, mientras chasqueaba los dedos al son de la música.
En el pueblo que dejaron atrás, todos los seres de tinta que habían conocido los despedían agitando sus manos en el aire, sonriendo ampliamente.
No fue hasta que desaparecieron en la oscuridad del interior del estudio, cuando cualquier rastro de amabilidad y alegría desaparecieron de sus rostros, mostrando ahora sonrisas siniestras y perturbadoras, especialmente Boris y Alice, cuyos ojos centellearon con un destello complacido…
Dentro del estudio, Bendy seguía silbando, guiando al grupo nuevamente al interior del laberinto de pasillos de madera, en dirección a la máquina de tinta que inició todo esto. Mike y Ryan charlaban animadamente, el primero burlándose de la cara de terror y pánico que puso su amigo cuando él estuvo a punto de morir. Ryan intentaba ignorarlo, pero terminaba cabreándose y golpeando en la cabeza a Mike para que dejara de mofarse de una vez.
Henry, caminando entre Bendy y los jóvenes, sonreía de oreja a oreja, con sus ojos brillando cual niño cuyo sueño se había vuelto realidad. Dejaba que la melodía de Bendy lo hiciera soñar, volver a los días en el que este estudio era como ahora su creación se lo mostraba: un mundo donde los sueños se hacen realidad, donde todo es posible, y donde la felicidad siempre era desbordante y eterna. Un aire tan chispeante y divertido como siempre imaginó que sería.
Suspiró con nostalgia, tomando la atención de Bendy, quien volvió sus ojos oscuros e icónicos hacia él, sonriéndole y dejando de silbar.
—Vaya, vaya. Veo que alguien está de buen humor luego de su visita. ¿Me extrañaste, Henry?
—¡Por supuesto! ¿Crees que no estuve pensando en ti en todo este tiempo? Siempre creí que jamás sería posible que existieras, que hicieras realidad nuestras ilusiones y aspiraciones de esta forma, pero estás aquí… —Henry sonrió, y miró sus manos. —Y pensar que fui yo quien te dio vida… Una vida que has sabido aprovechar bien, ¿verdad? Este mundo, estas personas, todas estas vidas las creaste tú, ¿cierto? Es una alegría y alivio para mí que te hayas convertido en un ser viviente puro y correcto, dejando guiarte por tu propia conciencia. Creo que, ni aunque yo hubiera estado presente, te habrías convertido en una mejor persona.
—Mejor persona… —Repitió Bendy, desviando la mirada hacia el frente, con su reluciente sonrisa. Pero, de pronto, su semblante se volvió mucho más sombrío y atemorizante, que Henry logró atisbar a medias, sobresaltándose. —Solo espera un poco más, y descubrirás qué tan buen persona me he hecho, Henry. Has estado mucho tiempo lejos de casa, y te has perdido mucho.
—¿Bendy? —Henry miró preocupado a su creación, que volvió su rostro alegre hacia él, con todo su ensimismamiento y oscuridad reemplazándose con su energía florida y divertida, lo mismo que una máscara.
—No te preocupes. Pronto, todo habrá terminado. —Le aseguró el demonio, dilatando su sonrisa, y sin embargo, esa sonrisa que tanto amaba Henry ya no pudo tranquilizarlo.
Algo estaba mal…
El antiguo caricaturista frunció el ceño, y se percató de que la luz de los pasillos iba desvaneciéndose a medida que avanzaban, hasta que todo se puso casi a oscuras. Mike y Ryan, que habían ignorado hasta ese entonces la plática entre Henry y Bendy, miraron a su alrededor extrañados.
—¿Cuándo llegamos no era más brillante este lugar? —Dijo Mike, parpadeando en la absoluta oscuridad en la que habían ingresado.
—¿Bendy? —Soltó Ryan, al notar que Bendy había comenzado a reírse silenciosamente y para sí mismo.
—No se preocupen. Ya casi llegamos. —Les tranquilizó el dibujo animado, sin seguir ahogando su emoción contenida.
Los ojos de los tres humanos se encontraron entre sí con un mal presentimiento, que se esfumó casi por completo al vislumbrar, a lo lejos, un cuatro de luz, que abría paso a la habitación donde se encontraba la máquina de tinta.
Mike soltó un suspiro de alivio al verla, calmándose al notar que todo esto estaba por terminar. Ryan no estaba tan seguro. Al igual que su padre, tenía la sensación de que algo malo estaba por ocurrir… Muy malo.
Siguieron caminando, con el demonio danzarín temblando de la ansiedad, intentando disimularlo para no llamar la atención de Henry, quien frunció el ceño.
Ahora estaba seguro. Algo no estaba bien…
Avanzó rápidamente, e intentó apartar esos presentimientos de su mente para concentrarse en llegar lo más rápido posible a la sala que los sacaría de ese lugar.
Bendy dejó de reír al notar que su creador se adelantó, y tuvo que controlarse para evitar actuar antes de lo previsto…
—¿Papá? —Murmuró Ryan, al ver a su padre casi correr hacia la habitación que daba al despacho de Joey Drew. —¡Papá! —Y sin más, corrió de igual manera detrás de su padre, provocando un respingo en su mejor amigo.
—¡Hey! ¡No me dejen atrás! —Protestó éste, persiguiendo de igual manera al padre de Ryan.
Bendy se detuvo en seco cuando sus acompañantes se le adelantaron demasiado, dejando que la tinta de su cabeza corriera por su rostro, y dejando a la tenue luz que se filtraba por el pasillo su verdadera sonrisa: una sonrisa tan perturbadora y enloquecida, maniática y cínica, que contrastaba completamente con la versión alegre y danzarina del demonio de tinta.
Henry se abalanzó a la habitación donde se escuchaba trabajar a la máquina de tinta, soltando un suspiro de alivio al deslumbrarse con la luz al final del túnel. Parpadeando, intentó acostumbrarse a la luz, al igual que Ryan y Mike, que llegaron detrás de él. Apenas y divisaba extraños escritos en las paredes de la habitación que no estaban ahí antes, hechos de tinta.
—¡Papá! ¿Qué manía es esa de salir corriendo dejarnos abandonados en un lugar como este? —Le reclamó su hijo, cubriendo con una mano sus ojos, ofuscado.
—¿Señor Stein…? —Musitó el alucinado Mike al ver confusamente que antiguo caricaturista parecía temblar.
Y al recuperar la visión completamente, pudieron apreciar también lo que el adulto había visto…
En las paredes de la sala, se leían oscuros y macabros mensajes de odio, todos escritos con tinta, así como tenebrosos pentagramas invertidos inscritos en las paredes de la sala, así como en el centro de la habitación el más grande de ellos, interponiéndose entre la máquina de tinta y ellos.
Con la sangre helada del miedo y asombro ante lo que veían, voltearon lentamente la mirada hacia el pasillo por el que habían accedido a la macabra habitación, donde les llegaba el rumor de las risas de cierto diablillo de tinta, del cual solo se atisbaba desde allí su demoníaca sonrisa malévola.
—Henry, Henry, Henry. Siempre fuiste muy ingenuo… —Dijo el demonio, con su voz completamente tenebrosa y escalofriante. —Pensaste que todo caería en el pasado, que nosotros olvidaríamos como tú nos olvidaste, pero… ha llegado el día del juicio final… ha llegado tu hora de pagar, creador. Bienvenido… a tu peor pesadilla.
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¡Boom, nena! ¿Qué les pareció? Bastante largo para mí :v pero me gustó como quedó al final. Sé que al principio todo parece extrañamente alegre e inocente, o sea, fuera del lugar para lo que realmente se trata esta historia, pero pensé que esa era la mejor manera de hacer que todos bajaran la guardia: que Bendy obtuviera la confianza de cada uno de los protagonistas hasta que ninguno sospechara acerca de él.
Y bien, ¿estuvo entretenido o no? ¡Háganmelo saber en sus comentarios, se los agradezco mucho! Me alegro de que este proyecto al menos no pase desapercibido, y que algunos lograran animarse de leerlo. ¡Y vaya que es extenso! ¡De doble duración comparado al anterior! Pero lo quise así para que todo estuviera bien desarrollado. Espero que no resulte pesado de leer para alguien.
Cuídense y nos leemos.
