El recuerdo de tus errores

¡Saludos! Ya regresé, aunque un poco tarde :P no tengo más que decir esta vez, salvo que lamento la pequeña ausencia, pero estaba distraído con otro fic por ahí.

No quiero entretenerlos de más, y mejor los dejo con el capítulo de hoy. Nos leemos al final.

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Chapter 3: Venganza.

—¿Bendy…? —Musitó Henry, sin reaccionar. Estaba flácido y estático, con una mirada perdida, y sus ojos fijos en la tenue silueta que vislumbraba en la oscuridad del pasillo.

—¿Qué significa esto? —Ryan frunció el ceño, y dio un paso atrás, al igual que Mike, quien ya buscaba alrededor algo para lanzar.

—Lo siento, lo siento. —Bendy dio unos pasos al frente, pasándose la mano por la cara, y al hacerlo, como por arte de magia, la tinta que escurría por su rostro volvió a su sitio, mostrando nuevamente su clásica sonrisa alegre y traviesa, pero en sus ojos brillaban cierta malicia. —Creo que me emocioné demasiado con esto… He imaginado esta misma escena tantas veces durante los últimos años, que no puedo mantenerme quieto ahora que por fin es real...

—¿Bendy? ¿Qué es todo esto? —Preguntó el caricaturista, despabilando por fin. Reaccionó instintivamente a extender un brazo hacia Ryan, y arrastrarlo con él un paso atrás, alejándose de Bendy. —Si esto es un juego, no es nada chistoso, amigo.

—Oh, no, no. —Bendy negó varias veces con la cabeza, en el momento en el que salió de la oscuridad del pasillo a la luz de la tétrica habitación. Abrió sus ojos, que se habían dilatado por completo, y su sonrisa se volvió todavía más perturbadora. —El juego acabó hace mucho, viejo amigo. Esto de ahora, es mi venganza.

—¿Venganza…? —Mike ladeó la cabeza con confusión, aunque solo fue para ganar tiempo en lo que buscaba de soslayo algún arma que empuñar contra el demonio de tinta.

—Mi venganza… por todos estos años de olvido, abandono, y desolación. ¿No te pareció aburrido dejarnos todo este tiempo aquí, creador? —Bendy caminó lentamente hacia Henry, quien retrocedía conforme su creación iba acercándose a él. —Todos estos años aquí, sin ti, solos, borrados, como simples imágenes sin color. Sin vida. Nos arrancaste nuestra felicidad, nos despojaste de cualquier rastro de paz. Nos encerraste en el olvido… Desechados… como basura.

—¿De qué hablas? —Murmuró Henry, frunciendo todavía más el ceño. Bendy se detuvo, y él también.

El ente de tinta había bajado la mirada, y aferraba con fuerza la empuñadura de su bastón. Poco a poco, fue levantándola, revelándose primero su divertida sonrisa, y sus ojos sin vida, que intentaban transmitir erróneamente felicidad.

—Hablo… de que te haré pagar por todos tus pecados. —Dijo Bendy, y extendió una mano hacia Henry, quien ensanchó sus ojos.

De pronto, en las tuberías de la máquina de tinta que recorrían toda la habitación se abrieron pequeñas fugas, por las cuales goteó incesantemente el líquido oscuro, inundando de a poco la habitación.

—¡Demonios! ¡Odio tener razón! —Resopló Mike, arrancando súbitamente del suelo una tabla de madera, que blandió de un lado al otro. —¡¿Quieres un pedazo de mí, aberración?! ¡Atrévete!

¡Quítate del camino! —Le gritó Bendy con una voz distorsionada y demoníaca, pero sin borrar su sonrisa. Con eso bastó para que Mike se petrificara por completo, estático del terror. Bendy soltó una risita, y volvió a fijar sus ojos en Henry, quien protegía a Ryan al interponerse entre su hijo y él. —¿En qué estábamos?

—¿Qué es esto, Bendy? —Exigió saber Henry, entrecerrando los ojos. —¿Qué sucede contigo?

—¿Realmente quieres saberlo? —Bendy ladeó la cabeza, riendo entre dientes. Chasqueó los dedos, y el fluido negruzco dejó de filtrarse en la habitación, para alivio de los jóvenes presentes. —Bien. Lo que sucede… es que tú me abandonaste. —Bendy dio un paso al frente.

—No te abandoné. Ni siquiera tenía la certeza de que realmente estabas con vida. Todavía no entiendo cómo todo esto es posible, pero debes saber que yo jamás…

¡Silencio! —Vociferó el demonio con su voz más aterradora, haciendo morderse la lengua al humano. Dio otro paso. —No sabes lo que se siente ser olvidado, parte por parte. Todos esos años apilado, encerrado como un simple dibujo en la pared, sin existencia. No sabes lo que se siente pudrirse y desaparecer. No sabes lo que se siente ser borrado poco a poco.

Dio dos pasos más, pero nunca dejó de sonreír.

—Tienes razón, Bendy. No lo sé… —Henry bajó la cabeza. —Pero quiero decirte que…

—No lo sabes… pero lo descubrirás muy pronto. —Los ojos de Bendy relampaguearon, y la tinta poco a poco comenzó a derramarse de nuevo en la habitación. Mientras había estado hablando, Ryan y Mike se habían escabullido hacia la salida del pasillo, pero Bendy, con solo chasquear los dedos, provocó que las tuberías encima del mismo colapsaran, bloqueándolo por completo con una cascada de tinta, la cual rápidamente fluyó dentro de la habitación, inundándola con todavía más prontitud. —Te haré experimentar todo mi sufrimiento. Apelaras misericordia, apelaras a la muerte, pero no escucharé. Sentirás cada gota del sufrimiento que experimenté. Cada gota de mi odio, de mi dolor, de tinta correrá por tus venas, segundo tras segundo, hasta que me sienta satisfecho. Esta es mi venganza, Henry, y no puedes escapar de ella.

—¿En qué te has convertido? —Henry negó con la cabeza, serio. —Yo te creé para dar alegría y diversión, para llenar la vida de los demás de felicidad, no para esto. No para que te convirtieras en un monstruo. No sé por todo lo que tuviste que pasar, pero ¿qué te hace pensar que yo soy el responsable?

—Eh, ¿papá? —Llamó Ryan, retrocediendo rápidamente junto a Mike, debido a que la tinta ya cubría todo el piso de madera de la habitación, y subía alarmante velocidad.

—Eso está claro… —Contestó Bendy, ignorando que sus pies chapoteaban la tinta del suelo a cada paso, hasta llegar junto a Henry, quien se encontraba con la espalda en la pared. —Porque tú me creaste… Eres el único responsable… y debes pagar por ello.

—¡Papá! —Exclamó Mike, cuando, con solo levantar una mano, un tentáculo de tinta emergió de la pequeña laguna creciente que inundaba lentamente la habitación, rodeando el cuello de Henry. Levantó su cuerpo del suelo, y empezó a ahorcarlo.

Bendy soltó una risita mientras miraba fijamente a su creador retorcerse y forcejear con la extremidad de tinta que lo estrangulaba, contentándose con solo verlo sufrir y luchar por respirar.

Pero quiso más.

Levantó nuevamente su mano, y otros dos tentáculos de tinta emergieron del charco que cubría la sala, amarrando los brazos de Henry para apartarlos del tentáculo que lo ahorcaba, jalando los miembros del hombre hacia dos direcciones contrarias. Bendy tiró con más fuerza, arrancando de Henry un grito de dolor mientras éste sentía cómo los tentáculos querían desmembrar sus brazos. Bendy rió maniáticamente, pero calló y se desplomó de rodillas cuando una tabla de madera se incrustó en su nuca. Los tentáculos desaparecieron en chorros de tinta que cayeron al suelo, fundiéndose con el resto que inundaba la habitación, y Henry, libre, se desmoronó como muñeco de trapo al suelo, sujetándose la adolorida garganta y recuperando a bocanadas la respiración. Alzó lentamente la mirada, y se quedó quieto al contemplar la visión ante él…

Su hijo había arrancado de las manos de Mike la tabla de madera que éste desprendió del suelo, y con ella había golpeado la cabeza del demonio de tinta, que lentamente la giró hacia él, ignorando el trozo de madera que atravesaba su nuca. Su sonrisa perpetua se dilató todavía más, y Ryan sufrió un escalofrío, pero no se amedrentó.

—Escúchame bien, fenómeno. —Le increpó a Bendy, con los puños cerrados y una mirada enfurecida. —No me importa lo que seas, ni lo que quieras. No me interesa ni un comino lo que hayas sufrido. No me importas en lo más mínimo... y me da igual lo que hayas vivido. Pero nadie… nadie… daña a mi padre excepto yo.

Y se abrió un sepulcral silencio que se prolongó por interminables segundos, en los cuales nadie se movió ni un centímetro, y Bendy no hacía más que sonreírle al joven humano.

—Vaya, vaya, vaya. —Dijo por fin, arrancándose con brusquedad el tablón de madera de la cabeza. Una pequeña herida por la cual fluía tinta a modo de sangre se observaba en la zona en la que el trozo de madera se había incrustado, pero se cerró casi al instante, como si nada. —Me había olvidado de ti, hermanito…

Henry se puso de pie de golpe cuando Bendy colocó su bastón en un segundo junto al cuello de Ryan, quien se quedó quieto.

—También tengo algunos asuntos que resolver contigo, Ryan. —Aseguró Bendy siniestramente, con una risita malvada.

—¡Déjalo en paz, Bendy! ¡Tu problema es conmigo! —Exclamó Henry, exaltado. Intentó acercarse, pero cuando Bendy lo miró fijamente se quedó petrificado en su sitio.

—En eso te equivocas, querido creador. —Respondió Bendy, negando con la cabeza. —¿Quieres recordarme por qué te marchaste de estos estudios? ¿Cuál fue la verdadera razón?

La sangre de Henry se heló, y soltó un jadeo de terror. Temblando ligeramente, Ryan volteó los ojos hacia su padre, que se había quedado congelado.

—¡Por supuesto! —Bendy dio un saltito, y sus ojos reflejaron un brillito malicioso. —Por tu querida familia, ¿verdad? Dejaste todo esto atrás… para pasar más tiempo criando a tu preciado hijo… —Ryan abrió los ojos con incredulidad, y miró de golpe a su padre, quien desvió la mirada. —Es curioso, como algunos abandonan sus sueños por culpa de la familia… ponen la felicidad de aquellos a quienes aprecian, por encima de la suya… y en este caso, también encima de la mía. —Bendy miró a Henry, quien no se movió de su sitio, y volvió a observar a Ryan. —Así que, hermanito, déjame decirte que tú… —De golpe, su bastón se desfiguró en una pequeña masa de tinta que tomó la forma de una espada, para el horror de Henry y Mike. Ryan perdió la respiración del terror, pero no fue capaz de moverse. —Eres tan culpable como tu padre.

Blandió su cuchilla de un segundo al otro, pero Bendy ensanchó los ojos cuando un rastro de sangre dorada y brillante fue la que cayó al suelo, evaporando la tinta que cubría el piso al hacer contacto con ella. Sin embargo, ese detalle perdió importancia cuando comprobó que su víctima no había sido Ryan… sino Mike.

El mejor amigo del hijo de su creación había empujado a Ryan fuera del camino del arma blanca, que, en su lugar, había provocado una larga cortadura en su costado. El joven se quedó como helado unos segundos, inmóvil, con los ojos como platos, al igual que Henry y Ryan, éste último en el suelo cubierto de tinta a causa del empujón que había salvado su vida.

—Tsk. Eso te ganas por metiche. —Resopló Bendy con indiferencia, pasando por delante del petrificado Mike sin prestarle atención en lo más mínimo. —Sólo eres un colado en todo esto, después de todo…

—¡Desgraciado…! —Ryan se levantó de golpe y acometió contra Bendy, pero éste, con solo un movimiento de su espada, controló la tinta bajo sus pies para que golpeara al joven y lo mandara a volar contra la pared…

Golpeándose la cabeza contra una de las tuberías de la máquina de tinta.

Ryan cayó al suelo inconsciente, al tiempo que Mike perdía más de aquella peculiar sangre con un vivo color brillante y también se desplomaba. Esto hizo que Henry finalmente entrara en razón, al principio horrorizado, pero luego, apretó los dientes y los puños a tal grado que empezaba a hacerse daño.

—Bendy… —Dijo con una voz completamente enfurecida. El divertido demonio lo miró fijamente, riéndose con picardía. —Todo lo que hayas pasado o sufrido… nada justifica estas acciones… si Mike muere por esto te juro que…

—¿Qué? —Le interrumpió Bendy, evocando nuevamente un látigo de tinta que ahorcó a Henry y lo colgó del techo, haciéndolo retorcerse mientras su cuerpo se balanceaba de un lado al otro ligeramente. —¿Me mentirás de nuevo? Eso no funcionará esta vez, viejo amigo. No más mentiras, no más engaños. Crees que puedes manipularme, como hiciste aquella vez… Prometiste que nunca te alejarías de mi lado, ¿recuerdas? Que jamás me olvidarías… —Bendy apretó los puños, y la habitación empezó a inundarse con mayor rapidez, a tal punto que estuvo por llegar al nivel que sepultaría los cuerpos de Mike y Ryan en aquel pequeño mar de tinta. —Pero todo resultó ser una vil mentira. Quiero que te des cuenta de ello, que te des cuenta del daño que causaste con tus mentiras… y creo que ver sufrir a estos niños es la respuesta para ello…

—No-no te… atrevas… —Masculló Henry como pudo, enfureciéndose todavía más.

Bendy alzó la mano, y estaba por chasquear los dedos nuevamente, con una mirada retadora en su simple rostro. Henry forcejeaba desesperadamente, observando con impotencia y frustración cómo su hijo desaparecía entre las aguas oscuras de la tinta que se filtraba en la habitación… y sintió que algo explotaba en su interior… Un sentimiento, una fuerza extraña, algo que le otorgaba un poder fuera de lo normal para proteger aquello que más amaba.

Sin embargo, esa sensación fue ahogada por su nublada visión, la pérdida de oxígeno, hasta que finalmente, sus ojos se cerraron…

No supo qué sucedió después de eso, pero sin duda, nunca llegaría a esperarlo de todos modos.

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El sol iluminada con su luz cálida, y la suave y fresca brisa veraniega azotaba su rostro, como intentando levantar sus ánimos. El día era perfecto: brillante y sin una sola nube en el cielo, las personas que trabajaban a su alrededor parecían felices al iniciar un nuevo día de trabajo en Joey Drew Studios.

Las cincuenta y tanto almas de trabajadores, actores, escritores y filmadores se afanaban de un lado al otro, saludándose algunos y charlando animadamente otros, todos con alegres sonrisas y un brillo de vida en sus ojos, todos, salvo uno.

Caminando lentamente por los pasillos que daban al despacho del dueño de los estudios, un joven Henry Stein se encontraba enfrascado en una carta que leía una y otra vez en su mano. Su expresión delataba su preocupación y su menos notable tristeza, que incrementaba con cada palabra que repasaba en aquella epístola.

Finalmente, al andar sin fijarse en nada o en nadie a su alrededor, terminó chocándose con alguien, retrocediendo con la cabeza adolorida.

Auch… ¡Fíjate por donde vas! —Le increpó la otra persona con la que chocó, a quien reconoció al instante como el joven reparador Thomas Connor, a quien Joey había contratado para un "trabajo especial".

¿Dónde está él?Preguntó Henry, levantándose con una mirada fría y seria. Thomas lo miró enfurecido al principio, pero luego suspiró y se limitó a restarle importancia.

Si hablas de ese imbécil que tengo como jefe, en su despacho, como de costumbre.Replicó, y siguió andando al pasar junto a Henry. Si quieres hablar con él, buena suerte. Los resultados de sus pequeñas pruebas no resultaron como él esperaba, y eso lo puso de muy mal humor.

Entonces, veremos cuál de los dos está más malhumorado.Musitó Henry cuando Thomas desapareció en el pasillo a sus espaldas, y continuó su camino para hallar a su patrón… No sin antes echar una nueva ojeada a la carta en su mano...

Joey, abre la puerta.Dijo en tono severo al golpear impacientemente la puerta de madera que daba a la oficina del dueño de los estudios, que se abrió luego de unos segundos.

Escúchame bien, maldito infeliz… Replicó la voz enfurecida de Joey, y él frunció el ceño.Si lo que quieres es un aumento, yo… Pero al abrir por completo la puerta, el ilustre Joey Drew, que no resultaba más que un hombre joven con aspiraciones muy estimadas y deseos de volver posible lo imposible, calló al notar que se trataba de uno de sus empleados. Relajó el ceño, y su tono de voz cambió a uno más amable.Oh, Henry. Creí que eras ese irrespetuoso de Connor…

Tuve el pequeño placer de encontrármelo de camino aquí.Suspiró el caricaturista con sarcasmo al darle su jefe paso al interior de la habitación.

Henry notó que Joey sonreía al sentarse frente a su escritorio, pero había algo oculto detrás de esa mirada, o más bien, máscara. Lo identificó como decepción, depresión, o algo similar, pero no pudo seguir averiguando al respecto cuando él le invitó a sentarse.

Siempre es un gusto tenerte aquí. Eres una de las pocas personas que trabajan conmigo que realmente considero un compañero digno. ¿Algo de lo que quieras hablar?Preguntó Joey con una sonrisa disimuladamente forzada. Henry encontró embarazosa la pregunta y se rascó la nuca con nerviosismo.

Sí… Dijo al fin, y miró a Joey a los ojos. No se sorprendió cuando las palabras que salieron de su boca destruyeron la máscara de su jefe:Renuncio.

Joey soltó un jadeo de incredulidad y se puso de pie de golpe.

¿Qué? —Bramó.

Lo siento, pero ya no puedo seguir trabajando en estos estudios.

¿Por qué razón? —Inquirió Joey, intentando mantener la calma. Volvió a sentarse, pero la preocupación que invadió su expresión no desapareció.

Tengo una familia. —Henry esbozó una triste sonrisa, y bajó la mirada.Una esposa, y un hijo que todos los días esperan por mí. Hoy es el cumpleaños de Ryan, y no pienso perdérmelo otra vez. Lo he lastimado muchas veces para eso.

Henry, no puedes marcharte.Le respondió Joey, sin intentar esconder su ansiedad y profunda preocupación.El estudio te necesita ahora más que nunca. El Show de Bendy es nuestra más grande oportunidad para ponernos en la cima, para que tu talento y tus esfuerzos puedan ser apreciados por el mundo. No puedes abandonar tus sueños solo por…

¿La familia?Le interrumpió Henry, levantando la vista para volver a mirar a Joey a los ojos. Pero esta vez, su mirada era más comprensiva, y hasta irradiaba algo de lástima.

Era consciente de que Joey había cometido el mismo error que él estaba por cometer: abandonar a aquellos que lo amaban… por un sueño egoísta y su propia avaricia.

Pero él tenía una esposa que siempre era comprensiva con él, que lo entendía y amaba a pesar de todos sus defectos, y un hijo que iluminaba su vida con esa tierna sonrisa.

Él no quería seguir perdiendo su valioso tiempo que debería estar empleando para estar con la familia que creó, para perseguir un absurdo sueño que al fin y al cabo tenía negras posibilidades de hacerse realidad. Este antiguo método de animación era historia antigua.

Henry… Joey frunció el ceño, rechinó los dientes y apretó los puños, en un intento destinado de no gritarle a Henry. Todavía podía engatusarlo… o eso creía.Esta decisión tuya no es la correcta. No lo hagas, por favor. Te necesitamos aquí… No hagas algo de lo que te arrepentirás. No tienes que hacer esto…

Joey… Todavía sonriendo con cierta pena, Henry se puso de pie.Siento decírtelo, pero ya está hecho.

Y sin decir otra palabra, el ex-caricaturista giró sobre sus talones y se dirigió hacia la salida… Joey volvió a incorporarse de su asiento, exaltado y desesperado.

¡Henry! ¡Regresa aquí en este instante! ¡Como que te vayas, yo…!Pero Henry ya no lo escuchaba. El hombre caminaba por aquella sala de estar de su antiguo jefe, y se dirigía a través de ella hacia el exterior del estudio para regresar a casa…

Sin borrarse la sonrisa de la cara, con el sentimiento de que por primera vez desde que ingresó en este trabajo había hecho una buena obra…

¡HENRY!

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Frunció ligeramente el ceño mientras abría los ojos con debilidad. Sentía que su respiración se hubiera cortado por horas, y sus pulmones se sentían débiles. La luz de la sala lo deslumbró, y por ello no pudo apreciar la situación en la que se encontraba…

Parpadeó varias veces para acostumbrarse a la intensa luz, y el sonido de maquinaria trabajando lo aturdió y provocó un leve dolor de cabeza…

Que le hizo recordar todo lo que había pasado…

Abrió los ojos por completo con asombro y temor, y se incorporó de golpe, mirando su alrededor. Se encontraba en la misma sala de antes, lo sabía porque los tétricos escritos en las paredes seguían presentes en sus mismos lugares, al igual que aquellos símbolos demoníacos que le causaban escalofríos. Sin embargo, también varias cosas habían cambiado. La habitación entera se había agrandado notablemente, con extrañas máquinas funcionando en todos los puntos, y unas escaleras que dirigían a un piso superior, cuyas barandillas eran visibles desde abajo. En lugar de la máquina de tinta, ahora se encontraba un anticuado ascensor, y del techo y varios artefactos colgaban lámparas de aceite, que iluminaban con su luz blanquecina el contorno de la sala con claridad.

Pero todos esos detalles fueron secundarios para Henry, cuya atención estaba por completo enfrascada en los dos cuerpos que yacían junto a él cuando despertó.

—¡Ryan! —Y por obvias razones, primero corrió hacia su hijo para sujetarlo en sus brazos. Se alivió al notar que respiraba, y que parecía encontrarse bien, pero sumido en un profundo sueño.

Al tranquilizarse por encontrar a su hijo en perfecto estado, volteó ahora hacia Mike, y comprobó, no con poca sorpresa, que la herida en su costado se había sanado por completo. El joven respiraba profundamente, también dormido como su hijo.

Antes de pensar en despertarlos, recordó de golpe la risa de su creación, y se quedó quieto.

¿Dónde estaba Bendy?

Mejor dicho, ¿qué sucedió con él?

¿Por qué los había dejado con vida… si su supuesto objetivo era venganza?

Frunció el ceño, y zarandeó con cuidado a su hijo, quien cambió su flácida expresión por una molestia, mientras se volvía a medias, sepultado en su sopor.

—Ryan. —Le llamó su padre, pero el joven siguió durmiendo. —¡Ryan!

—¿Ah…? —Bostezó el joven al incorporarse de golpe, soñoliento y atontado. Miro parpadeando su alrededor, hasta que se fijó en sus manos, y luego en su padre, con una media sonrisa de decepción. —Así que no fue un sueño, ¿verdad?

—No, no lo fue. —Su padre imitó la sonrisa de su hijo, quien respingó al percatarse de su mejor, tirado inconsciente junto a él.

—¡Mike! —De un empujón, Ryan botó a su padre lejos de él y se arrastró hacia su amigo para sacudirlo en un intento de despertarlo. —¡Venga, abre los ojos!

—Mamá… no quiero ir a la escuela… —Murmuró el castaño entre sueños, sin despertar…

—¡MIKE!

—¡KIA! —Y, para el sobresalto de Henry, el joven dormido le propinó a Ryan en el estómago un puñetazo que lo impulsó lejos de él, antes de volver a caer dormido. —No me quites… mi galleta…

—¡Ryan! ¿Estás bien? —El antiguo caricaturista corrió a socorrer a su hijo, que se estremecía del dolor en el suelo.

—S-Sí… olvidé que Mike estudió karate. —Contestó con una mueca adolorida, al tiempo que estrechaba la mano de su padre para ponerse de pie. —¿Y tú? Ese muñeco de tinta quería picarte en pedacitos. Pedacitos de anciano.

—Sí… —Ignorando esa última parte, la mirada de Henry cambió a una seria y pensativa… —No quiero ni imaginar qué fue lo que hizo cambiar de esta forma a Bendy…

Y ambos se quedaron en silencio, que solamente era roto por los ronquidos del dormilón de Mike, hasta que Ryan desvió la mirada y murmuró.

—¿Es cierto? —Quiso saber, y miró de soslayo a su padre, quien agachó la cabeza.

—Sí… —Afirmó Henry, y Ryan suspiró.

Ryan se llevó las manos a la cabeza y se agachó con la espalda contra una de las paredes.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

—Nunca preguntaste. Creí que no te importaba.

—En ese entonces solo era un niño. Y tu única explicación fue "Ahora tengo más días libres". ¿Renunciaste a tu trabajo más preciado por mamá… y por mí? ¿Renunciaste a Bendy por nosotros?

Henry desvió nuevamente la mirada, y apretó los puños.

—No fue una decisión fácil… —Masculló él, y Ryan frunció el ceño. —Fue la carta de tu madre quien me obligó a venir.

Los ojos de Ryan se abrieron de golpe, y se incorporó.

—¿La carta…? ¿Hablas de…?

—Sí. —No fueron necesarias más palabras para que Ryan lo comprendiera… y golpeara en el estómago a su padre con todas sus fuerzas, dejando al pobre hombre sin aliento.

—Idiota. —Resopló. —¿Solamente regresaste porque mamá te reveló que tenía los días contados? Adivino: si ella todavía estuviera viva, ¿tú seguirías trabajando en esta pocilga?

Henry no respondió, pero esa reacción de su parte enfureció todavía más a Ryan, quien le dio la espalda.

—Ryan, yo…

—Ya, olvídalo. —Bufó su hijo, callándolo. —Despertaré a Mike y nos largaremos de aquí lo más pronto posible para no tener que ver tu cara nunca más.

Y caminó nuevamente hacia su amigo, a quien sacudió vez tras vez para que despertara… Sin percatarse de que Mike abrió sus ojos unos segundos con una expresión seria, para volver a cerrarlos.

Henry se quedó en su sitio, sopesando decaído toda la cuestión, y se llevó una mano a la cara.

¿Qué tantos errores había cometido…?

¿Y por qué el destino quería hacérselos recordar todos hoy?

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—Este lugar es enorme. —Habían pasado unos cuantos minutos, en los cuales Mike finalmente se levantó y decidieron explorar el estudio modificado, en la esperanza de encontrar alguna salida, o al menos una pista que los condujera a ella. —¿Por qué todo este lugar cambió de nuevo?

—Bendy debe de tener la habilidad de cambiar la apariencia de los estudios a su gusto. —Respondió Henry, consciente de que ese dato ya era más que evidente. —Lo que yo no alcanzo a entender es por qué nos dejó con vida…

—¿Y dónde está esa estúpida máquina? —Señaló Ryan con fastidio, agachándose junto a sus acompañantes por debajo de las tuberías de una máquina para pasar a otro pasillo. —¿Y las tuberías de tinta?

—Bendy también las movió. —Henry miró a un lado y después al otro, sintiendo que algo no estaba bien. —Movámonos. Este lugar no parece seguro.

—¿Acaso hay un lugar seguro en este infierno de tinta? —Replicó Ryan con sarcasmo, notablemente irritado, lo cual preocupó a Mike.

Había escuchado toda la conversación entre padre e hijo, y entendía perfectamente que su relación era más tensa que nunca. Al descubrir las verdaderas intenciones de Bendy, todo aquello de complacer al padre de su mejor amigo para evitar sospechas quedó de lado, incluyendo también sus planes de abandonar la ciudad con Ryan en tres días, pero al parecer su amigo todavía estaba obstinado en su fuga, y no podía hacer más que apoyarlo.

Él tampoco se sentía cómodo entre su despreocupada y disfuncional familia, y eso lo consternaba, pero estaba dispuesto a aguantarlos por el resto de su vida si con eso salían de este lugar.

Él también tenía un mal presentimiento…

Como si algo se acercara por ellos…

Continuaron explorando sin detenerse, pasando a través de pasillos, habitaciones repletas de maquinaria, y salas con revueltos de papeles por doquier.

El viaje transcurrió en silencio, uno muy incómodo para Mike. Ryan y Henry fruncían el ceño, y eso le indicaba a entender que ninguno de los dos estaba de humor para charlar en lo encontraban una salida de ese mundo de locura. Era cierto, que platicar para aliviar la tensión ahora mismo no era una opción sensata, no con un demonio de tinta con propósitos asesinos acechando por ahí. Pero al menos así podría pasar el nerviosismo de la situación, ya que el silencio era mucho más inquietante que nunca.

Un silencio sepulcral de nunca acabar.

Ryan estaba todavía enfurecido y rencoroso, echando de vez en cuando miradas rábicas sobre su progenitor, que no hacía más que ignorarlo y guiar al grupo. Apretaba los puños y miraba alrededor mientras caminaba, en un vano intento por relajarse.

Henry no mostraba una mejor actitud. Apenas y volteaba para ver a alguno de sus jóvenes acompañantes. Su mente divagaba tanto, y el remordimiento y confusión que lo consumían terminaba por dejarlo con una profunda sensación de desconcierto.

¿Realmente era su culpa que Bendy se convirtiera en un monstruo rencoroso hambriento por venganza?

¿Realmente era su culpa que su propio hijo lo odiara por sus decisiones del pasado?

No quería admitirlo, pero sabía las respuestas a ambas preguntas…

Sí.

Tenía dos caminos, dos personas por las cuales vivir: Ryan y Bendy, y su decisión terminó perjudicando a ambos, y provocó que todo esto sucediera de esta forma…

Si nunca hubiera conocido a su difunta esposa… Si Ryan nunca hubiera nacido, ¿Bendy sería diferente? ¿Lograría él entonces evitar que toda esta locura se desencadenara?

Parecía lo más probable, pero al solo pensar de esa forma le hacía sentirse compungido y sucio, como si el dudar si conocer a su amada y tener a su hijo hubieran sido las decisiones correctas fueran el más terrible pecado que pudiera ser cometido…

Pero ahora, no podía evitarlo. Quizás porque las palabras de Ryan realmente lograron afectarlo, pero ahora no podía evitar creer que no condujo su vida correctamente…

Que Joey tuvo razón al decir que se arrepentiría el resto de su vida al renunciar.

Joey… ¿Dónde demonios estaba ese desgraciado?

¿Qué fue lo que hizo con esa maldita máquina?

¿Qué fue lo que hizo con Bendy?

Esa era la cuestión, y quería saber qué significada todo ese asunto, desde el que la maldita máquina de tinta los llevara a ese mundo de caricatura, hasta que Bendy se convirtiera en un demonio literalmente hablando, en todos los aspectos.

¿Joey planeó todo esto al enviarle esa carta del infierno…?

Sus pensamientos se detuvieron cuando dio un vistazo al pasillo que se extendía hacia la izquierda, y vislumbrar al final del mismo, después de unos pocos escalones, una puerta con las letras "HENRY" inscritas en una placa de metal. Se quedó quieto, observando fijamente aquella puerta, y sus acompañantes también frenaron, uno exasperado y el otro confuso.

—¡Hey, vetusto! ¡Deja de perder el tiempo y mueve tu arrugado trasero! —Le increpó su hijo, sin paciencia alguna y cruzándose de brazos.

Henry lo ignoró, y desviándose del camino que estaban tomando, corrió con paso firme y seguro hacia la puerta con su nombre, sobresaltando a los jóvenes a quienes dejaba atrás.

—¡Arg! ¡Maldito anciano, deja de abandonarnos en cualquier lugar! —Exclamó Ryan, casi echando fuego por la boca cuando persiguió a su padre por el angosto pasillo iluminado vagamente con lámparas de aceite que colgaban del techo. Mike suspiró antes de decidir seguirnos, no sin antes apretar el paso al escuchar, en la distancia, un vago ritmo de golpes…

Pisadas que se iban acercando.

La mente de Henry iba a mil por hora mientras se acercaba a su antiguo despacho y área de trabajo, Seguramente estaría también distorsionada por lo que sea que Bendy hubiera hecho con el edificio, pero no le interesaba. Algo le decía que ahí había algo importante, y su instinto le ordenaba a gritos entrar y encontrarlo a toda costa.

Ryan, detrás de él, se veía tentado a patearlo, mientras Mike cuidaba la retaguardia atentamente con cierto nerviosismo.

Henry se detuvo frente a la puerta, y acercó lentamente su mano al pomo para abrirla. Con un ruidoso rechinar, la puerta de madura giró sobre sus goznes y se abrió lentamente. Los pasos de Henry resonaron en la oscura habitación, sin iluminación alguna que alumbrara en el interior. Eso ya inquietó todavía más a los tres humanos, pero Henry no se amedrentó y en seguida se adentró en la espesa oscuridad, intentando que su visión se acostumbrase a ella.

—Este imbécil terminará provocando que muramos aquí adentro. —Resopló Ryan, y Mike le dio unas palmadas en el hombro para tranquilizarlo.

Repentinamente, y sobresaltando a los dos jóvenes, un crujido metálico se escuchó en alguna dirección dentro de la sala, y un haz de luz la iluminó tenuemente.

Una vieja máquina de proyección había sido encendida por Henry, y ahora iluminaba una pared de la habitación con la filmación en sus cintas de vídeos: uno de los capítulos del Show de Bendy, donde el travieso demonio gastaba bromas a los habitantes de un pueblucho tranquilo, y bailaba en el bar del mismo, animado por Boris y acompañado por una alegre Alice Angel.

Henry, junto a la máquina de filmación que había puesto a funcionar, se quedó viendo la grabación exhibida en la pared por unos segundos, como hipnotizado. Ryan frunció el ceño y Mike sintió un escalofrío al ver al "inocente" diablillo danzando alegremente en la pantalla de luz, recordando como ese monstruo estuvo por matarlos a ambos. Intercambiaron una mirada, y Ryan iba a abrir la boca para exigirle a su padre dejar de perder el tiempo en esta habitación, hasta percatarse de que éste ya no estaba junto a la máquina de filmación…

Sino en un costado de la habitación, junto a una mesa de madera donde se veían varias hojas de papel. Ryan y Mike se acercaron a él, ambos preocupándose al notar que el hombre estaba completamente petrificado, observando uno de los papeles que había recogido de la mesa de madera. Los dos se asomaron por encima de los hombros de Henry, y comprobaron que el documento que sostenía, era en realidad un dibujo de Bendy, que veía firmado con un pulcro "Henry Stein".

Henry tembló de la ira, y estrujó el papel sin ningún miramiento para lanzarlo al suelo.

—Larguémonos de aquí. —Dijo, y ya se encaminaba hacia la salida, seguido de los confusos jóvenes detrás de él, cuando una voz hizo que se quedara completamente quieto.

—Oh, ¿te vas tan pronto? —La filmación seguía corriendo, pero todo dibujo en ella desapareció, para ser reemplazados por la imagen de Bendy proyectada en la pared, sonriendo con malicia. El adulto y los dos jóvenes se quedaron quietos. —¡Pero si la fiesta no ha hecho más que comenzar!

—Bendy… —Henry frunció el ceño, retrocediendo unos pasos, al igual que Mike y Ryan. —¿Qué crees que haces?

—Saludándote, por supuesto. —Contestó la imagen de Bendy con una sonrisa pícara. —Es hora de que inicie el show. —Y rió maliciosamente, al tiempo que empezaba sonar una pegajosa melodía y la máquina de filmación se apagaba.

—¿Se fue…? —Se atrevió a preguntar Mike luego de unos segundos en completo silencio en aquella oscuridad.

—Hay que irnos. AHORA. —Ordenó Henry, con un muy mal presentimiento. Corrió hacia la puerta, y no se sorprendió de que alguien misteriosamente la hubiera cerrado con llave. La destrozó de una patada y empujó a los dos jóvenes al exterior, para seguidamente salir él…

—No te vayas, Henry. —Pidió la voz de Bendy, proveniente de la oscuridad. El hombre se quedó estático en el umbral de la puerta, y Ryan y Mike, quienes ya se habían echado a correr a lo largo del pasillo, se detuvieron.

—¡Anciano, muévete! —Le urgió Ryan, nervioso.

—Lo siento, Ryan. —Se escuchó la voz del demonio de tinta, y el hijo del caricaturista ensanchó los ojos cuando unas manos oscuras surgieron de la oscuridad de la habitación y sujetaron a su padre por sus brazos y piernas, arrastrándolo de vuelta a la sala. —Pero tu querido padre no puede marcharse sin saldar las cuentas pendientes…

—¡NO! —Vociferó Ryan, corriendo de regreso a la habitación.

—¡Ryan! —Mike intentó detenerlo, pero el joven fue más rápido y ya había entrado al sombrío cuarto…

Que, para su asombro, se iluminó de golpe.

Una lámpara de aceite había sido encendida en el techo de la desordenada oficina, donde un divertido Bendy, sentado sobre la máquina de filmación, tarareaba la canción que escuchaba en el lugar, sonriente. A su lado, Henry se encontraba completamente atado por una cuerda colgada del techo, impidiéndole moverse, aunque no dejaba de forcejear para librarse.

—Mucho mejor. —Silbó Bendy, una vez todos los detalles de la habitación fueron visibles para él y para sus invitados. —Ahora, niños, me temo que Henry y yo tenemos cosas de adultos que hablar. ¿Podrían esperar afuera?

—¡Segundo round, enano! —Le desafió Mike, quien había recogido un tubo metálico del suelo que blandía de un lado al otro salvajemente, cuando la mano de Ryan sobre su hombro lo detuvo.

—Déjalo. —Exigió el hijo de Henry, con una mirada seria, pero completamente enfurecida.

—Lo siento, pero Henry tiene asuntos que resolver conmigo, a solas. —Insistió el demonio, desfigurando ligeramente su rostro para volverse de pronto un demonio de película de terror, que paralizó el corazón de Mike e hizo retroceder a Ryan del miedo.

Pero, repentinamente, un martillo fue aventado al rostro de Bendy, golpeándolo con tanta fuerza que su cabeza se echó hacia atrás del impacto. Henry, con una mano ya en libertad, miraba con seriedad su creación, quien se quedó completamente quieto, con la barbilla hacia lo alto… y riendo maniáticamente.

—¡Esa sí que fue buena, creador! —Confesó Bendy, irguiendo la cabeza con una mano cubriendo sus ojos, donde la herramienta había golpeado, pero su sonrisa que abarcaba todo su rostro completamente visible, escapando de ella risitas de diversión. —¡Fue tu mejor tiro, Henry! —Riendo entre dientes apartó su mano de su rostro para revelar que había regresado a la normalidad, y que la herida causada por el martillo ya curándose. —Pero no fue muy amable de tu parte. ¿Acaso no me extrañaste?

—Ni siquiera terminaste de irte. —Replicó Henry, cortante. —¿Por qué nos dejaste con vida?

—La respuesta es perfectamente clara para mí. —Aseguró Bendy con orgullo, alzando la cabeza. Luego volvió a reírse y miró a los ojos a su creador. —Pero, si gustas… —Hizo aparecer después su bastón, y ya con eso Mike y Ryan tuvieron una idea de lo que planeaba el demonio, quien apuntó con su bastón el rostro de Henry. —Puedo terminar el trabajo, ahora mismo.

—¡Ni se te ocurra, monstruo! —Le advirtió Ryan, arrancando una tabla de madera de la pared para usarla como arma. Mike, a su lado, se aferró a la tubería que empuñaba, nervioso.

Bendy los miró con algo de molestia, y chasqueó los dedos. Repentinamente, del techo se abrieron pequeñas trampillas que succionaron a ambos adolescentes, y segundos después volvieron a caer de ella, también amarrados por sogas igual que Henry, inmóviles.

—Ustedes dos están empezando a aburrirme. —Espetó, meneando la cabeza. —Pero también están metidos en esto, así que supongo que no estaría de más que compartieran el mismo destino que…

Un tubo metálico bateó la cabeza del demonio como si de una pelota de beisbol se tratase, la cual estalló contra una de las paredes en un montón de tinta que cayó al suelo, manchándolo. El cuerpo decapitado de Bendy se tambaleó y desplomó sin más, deshaciéndose en tinta a los pocos minutos en los que Henry, quien había destrozado con su mano libre las cuerdas que lo ataban, jadeaba, con la tubería que empuñó en alto.

Mike y Ryan se quedaron en silencio, y apenas reaccionaron cuando Henry corrió hacia ellos para romper con todas sus fuerzas las sogas que los colgaban al techo. Una vez en libertad, el adulto los sujetó por los brazos y arrastró fuera de la habitación.

Mike fue el primero en despabilar.

—¡Uf! Esta vez, casi no la contamos.

—No celebres todavía… —Contestó Henry sin mirarlo, y frunció el ceño al escuchar, al igual que los jóvenes, la maniática risa del demonio proviniendo de lo profundo de la instalación en la que se encontraban perdidos, en un laberinto de pasillos de madera con maquinaria trabajando por doquier. —Él sigue ahí.

—¿Cómo sobrevivió a algo así? —Se preguntó Mike, sorprendido y algo asustado al fijarse que, en el tiempo en el que habían estado dentro del despacho de Henry, las paredes del exterior se habían pintado nuevamente de escritos tenebrosos de tinta, transmitiendo los oscuros pensamientos de odio y venganza del "inocente" Bendy. Tuvo un escalofrío al avistar uno de esos pentagramas al pasar junto a la puerta de una habitación a oscuras, dibujado con tinta en uno de sus muros. —¿Qué clase de abominación es esa cosa?

—¿Qué clase de abominación creaste? —Replanteó Ryan, reaccionando finalmente. Frunció el ceño y sus desordenados cabellos grises cubrieron sus ojos para ensombrecer su mirada.

—Ya no lo sé… —Respondió su padre, apretando el puño con el que sostenía la muñeca de su hijo. —No lo sé…

Ryan frunció el ceño, pero su atención se vio desviada al atisbar por un pasillo a su izquierda un arco sin puerta con una placa encima, en la que veían escritas las letras "EXIT". Frenó en seco, y su padre y mejor amigo también, todos con los ojos fijos en la posible escapatoria a ese terrorífico abismo.

Sin pronunciar palabra, los tres corrieron a rienda libre hacia allí, y cuando se abalanzaron dentro de la amplia habitación, supieron que se habían precipitado por completo.

Lo supieron… cuando, al apenas dar un paso dentro del cuarto, la entrada tras sus espaldas se cerró bruscamente con una compuerta de acero, dejándolos encerrados en la más absoluta oscuridad, y en un silencio sepulcral…

Por suerte, una lámpara de aceite se encendió para alumbrar el lugar en el que los tres humanos se encontraban ahora…

Sobresaltándose los tres al encontrarse cara a cara con cierto personaje que reconocieron al instante.

—¡Boris! —Se alegró Mike al ver al amigable lobo de caricatura, detrás de un pequeño mostrador en aquella habitación repleta con miles de artefactos y máquinas, como si de una pequeña fábrica industrial se tratase. El joven iba a correr hacia el ser de tinta, si las manos de Ryan y Henry no se lo impiden, ambos con expresiones fieras y hurañas, y con ojos amenazantes fijos en Boris, a quien solo le bastó esas miradas para asustarse.

—¿Hola?

—¡No puedes engañarnos, monstruo! ¡Ya vimos lo que realmente son! —Le gritó Ryan, sacando de quién sabe dónde una llave inglesa que blandió de un lado al otro mientras intentaba acometer contra el asustadizo lobo, si Henry no se lo impide sujetándolo con sus brazos.

No obstante, Boris ya se había escondido agachado en su mostrador, temblando levemente. Mike sonrió, algo nervioso.

—Tú… —Le dijo Henry, al empujar a su hijo fuera de su camino para sacar bruscamente a Boris de su escondite, sujetándolo por los tirantes de su traje. —¡¿Qué demonios eres?! ¿Bendy te creó? ¿Eres parte de todo su plan para vengarse de mí? ¿A qué vienes aquí? ¿Por qué nos encerraste? ¡Responde, miserable…!

—¡Tran-Tranquilos! —Suplicó el pobre lobo, agitando las manos en son de paz. —No sé de qué hablan…

—No le creo. —Replicó Ryan, junto a su padre, mirando a su prisionero con ojos fríos y oscuros, que hicieron a Boris tragar saliva. —Pero podemos sacarle mucha información. Siempre quise jugar al interrogatorio… ¿Hay unas pinzas o cuchillos por aquí?

—¡¿Qué?! —El rostro de Boris palideció todavía más, y de un salto se soltó del agarre del hombre y se puso espalda contra la pared, acorralado. —¡¿Qué rayos les sucede?! ¡No hice nada malo para que me traten así!

—¿Intentar matarnos no te parece algo malo? —Gruñó Ryan, dando un paso hacia el lobo, pero el brazo de su padre lo frenó.

—¿Eres el mismo Boris que conocimos en el bar? —Preguntó Henry, con un semblante serio y tenebroso. Boris asintió varias veces. —¿Por qué estás aquí? ¿Qué es toda esta locura?

—Se los explicaré… Si prometen no torturarme. —Contestó el lobo, mirando de reojo a Ryan, quien sonrió siniestramente, asustándolo.

—Yo lo prometo, pero no puedo hablar por estos mocosos. —Dijo el adulto, señalando a Ryan, quien parecía deseoso de desahogar todos los sentimientos que experimentó ese día con el lobo, y a Mike, quien, a pesar de verse algo indeciso, ya se había armado con un hacha que encontró cerca de ahí. Boris volvió a tragar saliva.

—… Bien. —Tartamudeó, nervioso, y se acomodó nuevamente en su mostrador. —Bendy me matará, pero creo que también estoy harto de esta mentira… Henry nos dio vida a todos nosotros, para ayudarlo con su venganza cuando el momento perfecto llegara. Todo el estudio que ustedes vieron, no fue más que una fachada que creó para despistarlos y hacerlos bajar la guardia lo suficiente para que su golpe no fuera predecible. Ese era nuestro propósito, hasta ayer…

—¿Ayer…? —Murmuró Mike, confundido.

—Bendy no acabó con ustedes… No entiendo la razón, pero sé que cuando volvió, ya no nos necesitaba… al menos no a todos. Todos los otros fueron borrados, pero Bendy todavía me necesitaba, para hacer funcionar todas estas máquinas.

—¿Qué es este lugar? —Preguntó Ryan, mirando la maquinaria a su alrededor. —¿Para qué funciona todo esto?

—Para mantener la máquina de tinta funcionando. —Respondió Boris con un hilo de voz. —Y así producir la tinta suficiente como para afectar al resto del mundo, como lo fue con este estudio. Ese es el propósito de Bendy, además de su venganza: que el mundo entero esté bajo su control.

—Y lo inundará todo de tinta para lograrlo. —Henry bajó la mirada, serio. —¿Qué le sucedió en estos años…? ¿Por qué ese cambio tan… drástico?

—No lo sabemos. Ninguno de nosotros sabe qué vivió antes de que la máquina de tinta fuese creada.

—Así que ese trasto es el causante de todo… —Ryan bajó la mirada, serio.

—Sí. Bendy nos utilizó a cada uno de nosotros para ganar su confianza, y luego, nos desechó. —Boris apretó los puños y mostró los colmillos, sorprendiendo ligeramente a sus escuchantes. —No fuimos más que herramientas para lograr su objetivo…

—Pero no lo ha logrado… —Mike volteó hacia Ryan, quien le devolvió la mirada. —¿Por qué nos dejó con vida?

—Eso es lo que yo no logro entender… Pero Bendy nunca hace algo sin una razón… —Boris bajó la mirada, algo decaído. —Siento haberlos engañado, pero… ninguno de nosotros se atrevía a traicionar a Bendy.

—¿Y por qué tú lo traicionas al contarnos todo esto? —Apuntó Ryan, suspicaz.

—Porque estoy seguro de que ustedes son los que pueden cambiar todo. —Confesó Boris, con un destello en los ojos. —Tengo la esperanza… de que ustedes logren derrocar a Bendy.

—¿Derrocarlo…? —Recalcó Mike, pensativo. —Pero eso es imposible. Tiene control completo sobre este lugar, ¿no es cierto? Y ahora mismo estaríamos muertos si no fuese porque nos perdonó la vida por quién sabe qué razón. ¿Cómo podríamos acabarlo…?

—Acabando con la fuente de su poder… —Henry ensanchó los ojos y apretó los puños. —La máquina de tinta.

Ryan bufó y desvió la mirada con los brazos cruzados.

—Es la única manera de salir de esta locura, ¿verdad? —Boris asintió. —Estupendo.

—Solo hay que buscar ese montón de chatarra y estropearlo. —Puntualizó Mike con una sonrisa. —No debe ser muy difícil. El problema sería llegar hasta allí, si es que Bendy está suelto por el lugar.

—Y no solamente Bendy. —Agregó Boris, cerrando y abriendo su puño, con una mueca de molestia. —Él… no se deshizo de todos. Algunos de nosotros… siguen libres por aquí, con la misión de detenerlos a ustedes.

—Estupendo. —Repitió Ryan, rechinando los dientes. —Ahora, esto será mucho más sencillo. ¿Dónde está la máquina de tinta?

—No lo sé…

—¡No inventes! —Le increpó el joven, asustándolo. —Se supone que tú administras todos estos cachivaches, así que debes saber dónde se encuentra esa cosa.

—No lo sé… pero debe estar en algún lugar por aquí abajo. —Boris se incorporó, y lentamente señaló un costado de la sala. Los humanos miraron también, y pegaron un sobresalto al divisar una de aquellas tuberías negras de tinta que corría por la habitación, adentrándose en lo más profundo de ella. —Esa tubería está conectada a la máquina. Si la siguen, llegarán.

—Querrás decir "si la seguimos". Tú vendrás con nosotros. —Planteó Henry en un tono sombrío, y Boris respingó de temor.

—Este… Yo creo que… Bendy acabará conmigo si descubre que lo he traicionado directamente y sin rodeos. Prefiero arriesgarme a una muerte rápida que a ser borrado parte por parte. —Rehusó el lobo, negando con la cabeza.

—Boris, Boris. —Los ojos de Ryan centellearon cuando el joven dio un paso hacia el mencionado, que retrocedió asustado. —¿Crees que tienes elección?

El lobo titubeó un instante, pero se limitó a apretar la mandíbula y dejar caer las manos en señal de rendición. Padre e hijo intercambiaron una mirada y se sonrieron un fugaz segundo.

La interrogación de ambos había dado frutos.

Mike lo observó todo algo incómodo, pero finalmente también sonrió mientras le daba unas palmaditas reconfortantes al lobo de caricatura.

—Pongámonos en marcha lo antes posible. —Opinó el joven, llamando la atención del disparejo grupo. —No sabemos cuándo pueda aparecer…

Una tétrica y ya bien conocida risa heló a los presentes, al tiempo que todas las máquinas y luces de la pequeña fábrica se apagaban. Henry sintió su corazón subirle a la garganta, pero el terror que lo invadió se esfumó casi al instante cuando las lámparas y cachivaches se encendieron inmediatamente al apagarse, pero todos notaron un claro cambio.

Los sonidos que producían las máquinas eran rítmicos y casi melodiosos, como si intentaran reproducir la melodía de una canción a través de sus crujidos metálicos. Henry frunció el ceño con un mal presentimiento, y les indicó a todos moverse lo más rápido posible, guiados por Boris a través de la fábrica que iba extendiéndose por oscuros pasadizos repletos de maquinaria, también produciendo aquel acompasado ritmo metálico.

Ryan fruncía el ceño y dirigía rápidas ojeadas hacia todos los ángulos de su trayecto, buscando algo que fuera sospechoso. No se sentía seguro ahora que la risa de Bendy se había escuchado con total claridad y que no se oyera nada más que esa estúpida melodía.

Que seguramente ese maldito demonio había reproducido especialmente para alarmarlos antes de aparecer.

Apretó el paso al vislumbrar un movimiento a su derecha con el rabillo del ojo, pero no vio más que un charco de tinta a su costado, proveniente de la tubería que seguían, la cual tenía una pequeña fuga que goteaba de vez en cuando. Eso no lo tranquilizó y apremió a sus acompañantes a apresurarse, quienes obedecieron sin intercambiar palabra. Él no era el único a quien esta situación le causaba mala espina.

Henry se encontraba con el oído tan aguzado que había ignorado casi por completo la contagiosa música que las máquinas a su alrededor componían con sus sonidos metálicos, para enfrascarse en cualquier otro ruido sospechoso. Pasos, respiraciones, risas, lo que fuese. Pero lo cierto es que no escuchó nada extraño, además del incesante goteo de las filtraciones en la tubería negra que los guiaba en su sombría búsqueda y la poco relajante canción que los acompañaba.

Al salir finalmente del tenebroso pasillo poco iluminado, los aventureros arribaron en una amplia habitación con mucha menos maquinaria, así que el ritmo que ésta producía ya era más tenue. Emergieron desde un segundo piso, y así pudieron comprobar que la habitación era nada más ni nada menos que la que habían despertado hace casi una hora. Pudieron comprobarlo al asomarse en la barandilla junto a las escaleras, donde, poco debajo de ellos, se veía el ascensor donde solía estar la máquina de tinta. La tubería que habían seguido se extendía junto al techo de la habitación hasta llegar encima del elevador, por donde cambiaba súbitamente de dirección hacia abajo, pasando por el trayecto que atravesaba el ascensor al descender a los pisos inferiores, sin obstruir el paso de éste, claro está.

—¿Estuvimos dando vueltas todo este tiempo? —Bufó Ryan, algo enojado por ese detalle.

—Al menos, sobrevivimos el trayecto. —Le hizo ver Mike, dirigiéndose hacia las escaleras en espiral para bajar al nivel inferior de la habitación.

Sin embargo, antes de que pusiera un pie en un escalón, y antes de que los demás pudieran seguirle, la misma melodía que escucharon en la sala de máquinas fue perfectamente audible en aquella habitación, procediendo del pasillo que acababan de abandonar.

Lentamente, los tres humanos más el personaje de caricatura voltearon hacia atrás, y se quedaron quietos al verse cara a cara con el sonriente Bendy, mirándolos con su típica expresión feliz y resuelta, y sus fríos ojos icónicos y casi inexpresivos.

—¡Hola de nuevo, amigos! —Dijo él, saludándolos con una reverencia. —Es un gusto volver a encontrarme con ustedes… Qué suerte que logré alcanzarlos antes de que llegaran más lejos. No quería que se perdieran en este lugar, ¿saben? Es algo… volátil.

Y al decir esto, chasqueó los dedos, provocando que la tubería que los había estado guiando estallara en mil pedazos, y que la tinta que se filtraba a través de él lloviera en la habitación.

Pero eso no fue lo peor.

Sino que, al tocar suelo, la masa negruzca se condensara y mutara como si tuviera vida propia, formando a terribles seres humanoides con apariencias de personas que iban derritiéndose poco a poco con su propia masa, con bocas horriblemente abiertas y extremidades sacudiéndose desesperadamente, con anhelos irresistibles de despedazar y devorar.

Los más jóvenes tuvieron la impresión de encontrarse ante horribles monstruos de una película de terror, pero Henry se limitó a arrebatarle a Mike el hacha que él había encontrado en el cuarto anterior y usarla para decapitar a la criatura de tinta más cercana a ellos, que subía por las escaleras. La abominación se desplomó sin moverse, y su cuerpo se derritió por completo en simples montones de tinta que chorreaba y se escurría en los escalones, pero pronto fue vengado por uno de sus compañeros, que saltando directamente al segundo piso para trepar por la barandilla, movía uno de sus brazos alocadamente para atrapar a alguien.

Boris y Ryan se colocaron con la espalda contra la pared, pero Mike fue el que tuvo la iniciativa al recoger un trozo de la tubería que Bendy había destrozado para clavarlo en la cabeza de la horripilante criatura, cuyo cuerpo se desmoronó por completo en tinta al instante.

El resto de las abominaciones se desplazaron arrastrándose hacia las escaleras para atrapar a sus presas, mientras Bendy observaba a Henry defendiéndose de ellas con esa hacha, sin poder evitar reírse.

—Arg… —Gruñó, al destruir a uno de los monstruos de un hachazo, pero recibiendo a cambio un arañazo de otro en su brazo.

La risa se heló en los labios del demonio de tinta cuando la sangre dorada brotó de los rasguños en el brazo de su creador, lo cual sorprendió a Boris. Bendy frunció el ceño, pero su sonrisa no desapareció de su rostro.

Otros monstruos intentaron treparse por la barandilla para subir rápidamente y acorralar a sus enemigos, pero Boris los empujó para obligarlos a caer nuevamente abajo y Ryan arrancó un trozo de madera de la balaustrada para golpear con él a otra criatura de tinta y obligarla a caer como un charco de líquido negro.

Ignorando temporalmente a Bendy, Henry les libró la escalera a sus compañeros al acabar a base de hachazos a todas las criaturas que se cruzaban en su camino, sin darles atención a la sangre brillante que poco a poco se apagaba en su herida o a las manchas negras que aparecían en su uniforme debido a las salpicaduras al atacar a una amenaza. El resto corrió escaleras abajo junto a él, sin vacilar en aprovechar la oportunidad de dejar a Bendy atrás.

Fue iluso de su parte creer que el demonio los dejaría escapar tan fácilmente.

—Puag. Qué repugnante. —Regateó Ryan al destruir a uno de los últimos monstruos de tinta, que terminó explotando y chorreando con sus restos todo el brazo del joven. Que fijó sus ojos en que faltaba poco para llegar al elevador. —¡Todos, es nuestro chance! ¡Muévanse!

—¡Ah! —Exclamó Boris cuando, al correr alocadamente hacia el ascensor y descuidarse, una de las criaturas aprovechó para intentar atacarlo por detrás, si Henry no lo corta en dos con su hacha.

—¡Yo les cuido las espaldas! ¡Corran, ahora! —Urgió, destrozando a otros dos monstruos, de los pocos que quedaban.

Ryan llegó a la puerta enrejada del ascensor, y pulsó incesantemente el botón para abrir el portón y acceder al interior, pero no reaccionaba. Eso fue suficiente para que el joven cayera en la desesperación y presionara mil veces por segundo el interruptor, sin resultado.

—¿Por qué se retrasan? —Les reclamó Henry, al acabar con el último agresor. Ryan no había ni despegado sus labios para contestar, cuando un ruido los alertó.

En lo alto del balcón, Bendy se había sentado en la barandilla, mirándolos desde arriba con una sonrisa. Los presentes se quedaron quietos, y cuando el demonio se levantó, haciendo equilibrio en el antepecho, sintieron que algo malo estaba por suceder.

—¿Creen que pueden escapar? —Bendy danzaba sin problemas en la tambaleante estructura de madera, con los ojos cerrados y una gran sonrisa mientras la melodía que se escuchaba parecía alegrar su alma. Balanceó la cabeza de un lado al otro al son del ritmo, y empezó a girar como un trompo con un aura de la más perfecta felicidad. —No hay escape de este abismo, caballeros… —Y entonces, cuando volvió para encarar a sus objetivos, éstos retrocedieron debido al terror.

La tinta de la cabeza de Bendy nuevamente se escurría por su cara, cubriendo sus ojos. Su sonrisa se volvió más perturbadora aún, y su cuerpo empezó a derretirse y a mutar, volviéndolo un poco más alto, pero mucho más aterrador. El diablo de tinta rió siniestramente con una voz distorsionada, y de un salto, bajó de la barandilla al primer piso de la habitación, para encaminarse hacia Henry, quien lo miraba horrorizado.

—¿Qué sucede, Henry? —Preguntó, en un tono macabro y aterrador. El aludido dio un paso atrás, pero el ascensor apenas y había abierto sus puertas.

—¡Papá! ¡Muévete! —Le gritó Ryan para hacerlo reaccionar.

El caricaturista volteó, pero en ese momento la versión desfigurada de Bendy se desplazó por el suelo sin dar un paso, cual fluido, para aparecer detrás de Henry en un segundo. Mike y Ryan soltaron un jadeo del susto, pero Henry logró agacharse a tiempo para evitar las manos de Bendy que estuvieron por cerrarse sobre su cuello. El humano aprovechó la apertura para apuñalar a Bendy en el abdomen con su hacha, que terminó incrustada en su cuerpo, casi líquido. La sonrisa del ente de tinta se desvaneció para revelar una mueca furiosa, y de un manotazo lanzó a Henry al interior del ascensor, haciéndolos chocar contra Ryan y Mike.

Retorciéndose de la ira, Bendy se arrancó con brusquedad el hacha clavada en su cuerpo y dio dos pasos hacia ellos, pero se quedó quieto al ver que las puertas de éste se cerraron.

Boris se había adelantado para presionar uno de los botones del ascensor, quien empezó a bajar a uno de los pisos inferiores. Bendy profirió un alarido desatinado y ronco de cólera, y corrió hacia las rejas que lo separaban de sus víctimas, que ya descendían lejos de aquel monstruo, que forcejeaba con las verjas para intentar abrirlas, sin éxito.

—¡Esto no ha acabado! —Bramó el demonio, estirando un brazo entre los barrotes para intentar inútilmente atrapar a Henry, quien lo observaba serio. —¡Apenas comienza! ¡NO escaparán de mí tan fácilmente! ¡No lograrán borrarme! ¡¿ESCUCHARON?! ¡NO LO LOGRARÁN! ¡ACABARÉ CON CADA UNO DE USTEDES! ¡Los haré sufrir! ¡Los borraré! ¡LOS BORRARÉ! —Pero su voz empezó a convertirse en eco a medida de que el ascensor iba alejándose de ahí, y sin embargo, Henry escuchó perfectamente las últimas palabras de su corrompida creación. —¡Escúchame bien, Henry: pagarás por todo lo que me has hecho! ¡PAGARÁS! ¡MI VENGANZA SE ASEGURARÁ DE QUE NUNCA MÁS LLEGUES A RESPIRAR! ¡SERÉ YO QUIEN SELLE TU DESTINO Y TE HAGA SUFRIR! ¡ESTO NO HA TERMINADO!

Y finalmente, todo quedó en completo silencio, con los más jóvenes del grupo mirándose el uno al otro, sin decir ni una palabra. Boris respiraba agitadamente, temblando del miedo. Y Henry… él miraba sus manos manchadas de tinta, sin saber qué pensar…

¿Cómo despertó un odio tan intenso en Bendy…?

¿Cómo fue capaz de arruinar las cosas hasta ese punto?

¿Qué fue lo que hizo?

—¡HENRY! ¡RESPONDERÁS ANTE TUS ACTOS EGOÍSTAS! ¡LO JURO! ¡IRÉ POR TI!

Algo le decía que pronto iba a averiguarlo.

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¡Y listo! Espero que esto haya compensado la espera :/ pues me entretuve un rato escribiendo, y ya llegamos a la mitad de esta historia. Ya veremos qué sucede después, porque ni yo estoy seguro :B pero, por ahora, me despido, y nos vemos en una siguiente actualización.

PD: Gracias por los Reviews, son apreciados :3

Cuídense y nos leemos.