8: (Des) confianza
Después de una fatigosa caminata bajo un sol caliente y un aire lleno de polvo de la carretera, Stargazer por fin llegó a Sweet Apple Acres, una granja que hacía honor a su nombre por sus amplios campos de manzanos que se extendían hasta el horizonte. Una cerca blanca de madera rodeaba la propiedad a lo largo y ancho, y sobre la tranquera de entrada había un arco del que colgaba un cartel con el nombre de la granja. La casa principal se hallaba a pocos metros, y resaltaba por un estilo campestre que sin dudas venía ya de años. Más allá se veía el granero principal, y por el otro lado un galpón donde seguramente se guardaba la maquinaria. Ster se apoyó sobre la cerca, sentía la ropa sudada como si le hubiesen echado una jarra de agua encima. Estaba cansado, sediento y con la garganta seca. No sabía cómo llamar para ver si había alguien que podía auxiliarlo, hasta que de la parte posterior de la casa aparecieron corriendo tres niñas, que se detuvieron enseguida que lo vieron. Una de ellas, de cabello rojo atado con una cinta, fue a llamar a su abuela a gritos, diciendo que había venido un cliente. Una señora canosa y bajita apareció por una ventana, y le dijo a la niña que lo hiciera pasar.
El visitante apreció un poco la frescura del living, aunque olía mucho a manzanas y de hecho, había productos de manzana por todos lados. Manzanas en fruteras, mermelada de manzanas, fotos de la familia en los campos de manzanas. Un aroma a tarta de manzanas provenía de la cocina. La anciana se presentó como Granny Smith y le dio la bienvenida, mientras las tres niñas estaban detrás, mirándolo detenidamente.
—Me llamo Stargazer, estoy de visita por Canterlot City y decidí dar una vuelta por la zona rural, pero mi auto se descompuso y… no tengo idea de qué pudo ocurrirle.
—Oh, eso es terrible, muchacho. — se apenó Granny Smith — Lástima que Big Mac no esté aquí, pero descuida, él ya debe estar por volver. Mientras, ¿por qué no te sientas y descansas un poco? Tienes cara de hambre… ¡Applebloom, ve y busca algo de agua en el refrigerador, y de paso trae algo de pan y mermelada de manzana para nuestro invitado! ¿O prefieres unas manzanas recién cosechadas? ¡Applebloom, trae algunas manzanas también!
—¡A la orden, abuela! — dijo Applebloom — ¿Me ayudan, Sweetie y Scoots? — preguntó a las otras dos niñas, una de cabello a dos colores, rosa y lila, y otra de cabello fucsia, las cuales accedieron de inmediato y la siguieron a la cocina.
—Eh, no se preocupe, señora, estoy bien… no quisiera molestar.
—Por favor, no es ninguna molestia para nosotros, muchacho. Nuestra familia es famosa y respetable por su hospitalidad, no se puede dejar a un visitante sin atender bien, sería una deshonra.
Comprendiendo que era mejor no rechazar la hospitalidad Apple, Stargazer accedió. De todas formas, debía aguardar a que el tal Big Mac regresara a la granja, sólo esperaba que no se demorara mucho. Hubo un momento de silencio en la sala, hasta que entraron las niñas con lo que la abuela Smith había solicitado. Applebloom traía una jarra con agua fría, un vaso y una cestita con manzanas, rojas y jugosas, Sweetie Belle traía un frasco con mermelada y un cuchillo, y Scootaloo, por su parte, el pan. Colocaron las cosas en una mesa ratona frente al invitado, y entonces Granny aprovechó para ir a ver el horno en que se cocían las tartas. Las niñas se sentaron en el sillón del otro lado de la mesa, y Ster se sintió incomodado por sus miradas. Lo primero que hizo fue saciar su sed, incluso el agua tenía un leve sabor a manzana. No sabía si elegir entre la fruta o el pan con mermelada, aunque imaginó que debía probar ambas cosas, para no ofender a la familia. Empezó por una fruta.
—¿Le gustan? Las coseché yo misma hoy, — dijo Applebloom luego de que Stargazer diera dos mordiscos — ya que Applejack no ha estado en toda la mañana. Está muy ocupada ayudando a sus amigas para juntar dinero.
"Applebloom… Applejack…". Podían ser madre e hija, o más bien hermanas, pensó Stargazer. ¿Qué sería Big Mac? No había visto otro hombre en los alrededores, y eso le resultaba algo raro. Normalmente las familias de campo eran muy numerosas, y siempre tenían un cabecilla.
—¿Juntar dinero? ¿Es para la granja?
—No, no, aquí estamos bien. — respondió Applebloom.
—Es para ayudar a que se recupere el Campamento Everfree. — la secundó Sweetie Belle — Nuestras hermanas estuvieron de vacaciones allí hace unos días, y pues… hubo algunos problemas complicados pero pudieron resolverlo, por suerte. Ahora Rarity está ayudando a Fluttershy a preparar un desfile de mascotas...
Stargazer no dijo nada, pero retuvo muy bien lo que estaba escuchando, mientras comenzaba a imaginarse en dónde estaba.
—¡Va a ser genial! — señaló la tercera, Scootaloo — Rainbow Dash está entrenando a Tanque, a pesar de ser una tortuga, es una tortuga asombrosa.
La mención de aquel nombre produjo un estremecimiento en Stargazer, al recordar el pelotazo que había recibido de parte de aquella chica de pelo multicolor. De repente le dio un estrujón al estómago, pero las niñas no notaron su turbación.
—Oye, ¿y hace cuánto tiempo que estás de visita por Canterlot City? — preguntó Applebloom.
—Pues… un par de días, nada más.
—¿Y de dónde vienes? — preguntó Sweetie Belle — Tienes un estilo muy de la gran ciudad…
—Bueno, vengo de una ciudad muy lejana.
—¿Y cómo se llama? — insistió la pequeña — ¿Es una ciudad costera o de montaña? ¿Tiene muchos centros comerciales? ¿Hay universidades importantes allá…?
—Se llama Equustrópolis, se encuentra bastante al norte. — interrumpió Stargazer para evitar que se alargara el interrogatorio — Y pues… sí, tiene de todo.
—Wow, ¿y a qué te dedicas? — preguntó Applebloom — ¿Eres empresario o algo así?
—No, no, soy estudiante… bueno, me gradué recientemente de la universidad. Más bien, es un programa de estudios independientes, pero… digamos que cuenta como universidad.
—¿También practicas deportes? — esta vez era turno de Scootaloo — Rainbow dice que las mejores universidades tienen hasta cancha propia para sus deportes.
—Por eso los universitarios deben ser tan guapos, — comentó Sweetie Belle — eso dice Rarity, aunque ella opina que pasa por otro lado.
—¡Oh, vamos, qué puede saber Rarity! — replicó Scootaloo.
—¡Oigan, cálmense! — intervino Applebloom, ante la inminencia de una discusión entre sus dos amigas. — Discúlpalas, a veces se ponen un poco… fastidiosas.
—¡Oye! —gritaron las dos niñas al unísono, mirando ceñudas a la otra.
—No hay problema… — dijo Stargazer con un tono conciliador — Cada una tiene su propio punto de vista, y creo que ambos son válidos.
—¿Qué es todo este alboroto? — la abuela Smith salió de la cocina mirando con desaprobación a las niñas — No molesten a nuestro invitado.
—No se preocupe, señora, está todo bien. — dijo Stargazer, levantándose —Le agradezco mucho por su hospitalidad, todo estuvo muy bueno. Quería preguntarle si su hijo ya no tarda en regresar…
—¿Hijo? — una sombra de dolor cruzó el rostro de Granny Smith — Big Mac no es mi hijo, es mi nieto, lo mismo que Applejack y Applebloom.
—Ay, lo lamento mucho. No sabía que…— se excusó Stargazer, apenado. Realmente había asumido que Big Mac era cabeza de la casa. Tal vez tenía una idea errada sobre las familias campestres.
—Está bien, muchacho, está bien. — lo cortó la anciana — No es momento para recordar penas.
Hubo un incómodo silencio después de aquello. Las niñas juntaron las cosas y las llevaron de vuelta a la cocina, para luego irse a la habitación de Applebloom, mientras los minutos pasaban muy lentamente. Al fin, el ruido de un motor a la distancia anunció la inminente llegada. Stargazer hubiera querido pararse e ir a mirar por la ventana para comprobar que se trataba del nieto Apple, pero resistió el impulso y se quedó quieto, sentado como un niño que va por primera vez a la casa de un amigo. Así permaneció hasta que el vehículo se detuvo a pocos pasos de la casa, con un sonoro ronquido. Entre que la abuela cruzaba la sala para ir a abrir la puerta, hubo un galope en la escalera y ya estaba Applebloom pegada a la ventana para ver a su hermana, seguida por Sweetie y Scootaloo, que estaban expectantes por ver si sus hermanas bajar de la camioneta también.
Un escalofrío serpenteó por la espalda de Stargazer al ver a Applejack. Si no recordaba mal, ella estaba presente en el parque cuando fue golpeado por Rainbow Dash, y si lo reconocía, estaba en un gran riesgo. Todavía no se le habían curado los raspones, para colmo. Sin mencionar que había salido a las carreras cuando notó que lo habían descubierto en su espionaje. Su única opción era comportarse normalmente, y disimular que estaba allí simplemente por casualidad. No había otra escapatoria de momento.
—Hola abuela, Big Mac y yo vimos un auto abandonado al costado de la carretera cuando veníamos. ¿No se tratará de esos salteadores…? — Applejack se interrumpió al ver a Stargazer, y la expresión de su cara denotaba sorpresa, algo que puso en alerta al joven.
—Ah, no, Applejack, es el auto de este muchacho, que se averió mientras paseaba por la zona. Justo esperábamos que Big Mac regresara para ayudar a arreglarlo.
—Hola, qué tal — parándose de inmediato, Ster se presentó y saludó a ambos hermanos —. Es un gusto conocerlos.
—Es un gusto para nosotros también. — Correspondió Applejack.
—Sip. — secundó Big Mac.
—El almuerzo está casi listo, si quieren pueden ir ahora para arreglar el problema. ¿Tienes tus herramientas, Big Mac? — Preguntó la abuela a su nieto mayor, quien asintió con la cabeza.
—Tal vez convenga hacerlo después de almorzar. ¿No te gustaría quedarte…? — ofreció Applejack.
—No, no — se negó Stargazer, controlando su nerviosismo —, de verdad se los agradezco, pero tengo un compromiso en la tarde y no puedo faltar.
—Bueno, Applejack, tú puedes quedarte a ayudarme con la mesa. ¿Quieres llevarte unas manzanas para el camino, Big Mac?
—Sip.
Sin más demora, los dos muchachos se pusieron en marcha. Mientras Big Mac cargaba la caja de herramientas, Stargazer compró dos kilos de manzanas y un par de frascos de mermelada, a modo de agradecimiento por la atención que la familia le había dispensado. Granny Smith estuvo encantada, y dejó abierta la invitación por si volvía por esos parajes algún día. De hecho, ella percibió que Applejack parecía estar interesada en él, pero se lo guardó para no incomodarlos. Lo cierto es que sí lo observaba mucho, aunque no por los motivos que la abuela imaginaba.
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—¿En qué piensas, Moonz?
Moondancer se había quedado mirando la pantalla de su celular, después de haber estado mirando por largo rato las publicaciones del Magebook de Sci-Twi y de los de sus amigas. Tenía otra teoría loca en mente pero no la creía probable.
—Estaba pensando… ¿recuerdas que las chicas del club mencionaron a una princesa Twilight Sparkle? No estoy segura si lo decían en broma o si ella es la homónima de Sci-Twi en otro mundo, pero… ¿y si fueran la misma? ¿Y si esa princesa de otra dimensión no se hubiera ido de aquí?
—Mira, hemos dicho tantas locuras en estos días… sólo queda esperar lo imprevisible… — dijo Sum-mer con una media sonrisa.
Algunas filas atrás, una chica le tapaba la boca a la que tenía al lado para evitar que se oyeran sus ronquidos, mientras otra, adelante, se esforzaba por escuchar todo lo que decían Sun-mer y Moonz. Necesitaba toda la información posible, porque de lo contrario su plan saldría como la peste, ya que convencer a su jefe de que les diera el día libre no fue nada sencillo. Desde que las habían confrontado a la salida del Búfalo's Club, Adagio fue presa de una obsesión poderosa. Ese "Lo voy a pensar" de la segunda Sunset Shimmer le dio a entender que ésta no colaboraría por nada con ellas. Y no se equivocaba. Durante el alba estuvieron (especialmente Adagio y Aria) sopesando sus posibilidades y planificando sus próximos pasos. Coincidieron en que les convenía seguir a las dos chicas, el mayor inconveniente era que no sabían dónde ubicarlas. Eso hasta que Sonata reconoció a Moondancer caminando por la playa, cuando miraba por la ventana del vetusto departamento en el cual vivían. Entonces Adagio supo que era su oportunidad, y envió a Aria a que la siguiera discretamente, pese a la oposición y enfurruñamiento de Sonata, que alegaba tener el derecho de cumplir con la misión por ser ella quien identificó a Moonz.
De modo que Aria fue silenciosamente tras los pasos de la pelirroja, quien caminaba ensimismada, como distraída. Eso le daba cierta ventaja, pero de todas formas la dazzling mantuvo cierta distancia. Así fue como llegó hasta el hotel donde se hospedaba. Al entrar en la recepción, Aria pudo ocultarse entre la gente, y estuvo atenta al número de habitación que mencionaba Moondancer, quien fue por uno de los dos ascensores, por lo que su perseguidora logró colarse en un contingente que subía por el otro. Una vez en el piso, Aria casi sintió que había perdido la pista, pero entonces vio la cabellera roja con tiras púrpura doblar por un recodo, y trotó suavemente para alcanzarla, quedándose detrás de la esquina justo para ver a Moondancer entrando en el cuarto. El resto fue simple: cautelosamente se acercó a la puerta y aguardó allí. Tras un rato de silencio, oyó cosas muy interesantes.
De regreso con sus hermanas, Aria contó todo lo que había oído, y eso confirmó las sospechas de Adagio. No obstante, decidieron de común acuerdo que no iban a perder esa oportunidad. Se cobrarían su venganza, volverían a Equestria. Nada las iba a detener esta vez. Aquella Sunset Shimmer iba tras el portal, y las guiaría al mismo, lo quisiera o no.
Y allí estaban, embarcadas en un viaje con posible no retorno. Si todo les salía bien.
Adagio no tenía tiempo de comprender la complejidad de la mente de Sun-mer o sus planes principales. Todos esos años de humillación, trabajando en una discoteca de mala muerte por una paga ínfima, habían hecho crecer un gran rencor en ella. No sólo contra la princesa Twilight Sparkle, fuera o no esa tal Sci-Twi, sino con el mundo en general. Ya estaba harta de esa dimensión. Necesitaba respirar otro aire, volver a sentir la magia fluyendo en ella. No era lo mismo sin su rubí, quería reparar su orgullo hecho pedazos. Antaño fueron temidas y respetadas por la Antigua Equestria, ¿en qué momento habían acabado por ser tres adolescentes de prolongada juventud, en un sitio donde la magia era escasa o débil? ¿En qué momento, una banda de niñatas les quitó todo? No eran más que leyendas, recuerdos desechables. Era el tiempo de volver a levantarse, de recuperar la vieja gloria o más bien ganar una nueva. Por eso se tomaba el riesgo de perder su actual trabajo, por un mejor porvenir, por ver destruidos a aquellos que confabularon contra ella.
Entonces, todos sabrían quién era Adagio Dazzle… y también quiénes eran Aria Blaze y Sonata Dusk.
Por otro lado, Aria compartía varios de los sentimientos y deseos de Adagio. Deseaba estar en cualquier sitio que no fuera allí. Y por si no fuera poco, la convivencia con las otras dos se le hacía cada vez más difícil. Las horas de trabajo y las malas horas de sueño aumentaban su mal humor natural, lo que le granjeaba interminables peleas con Sonata o riñas con Adagio. Simplemente, ya no la aguantaba. Quería que, a la mínima oportunidad, se haría con todo el poder y se largaría a Equestria, no sin antes destruir el portal, si era eso posible. Así no habría nadie en su camino, nadie más socavaría su paciencia. Sus hermanas sabrían arreglárselas sin ella. Sólo debía estar al tanto de todo lo que averiguaran las dos pelirrojas, administrar la información de forma que Adagio y Sonata no sospecharan, y cumplir con su objetivo.
En su mundo onírico, Sonata soñaba con los recuerdos de su vieja vida, que se mezclaban con lo de su vida más reciente, y los de la actual. Uno de sus mayores deseos era volver a ser poderosa, y también tener una fuente inagotable de tacos. Pero ella no era sólo una fanática de aquellas delicias picantes, sino que interiormente había mucho más en ella. En el fondo, lamentaba pelear con sus hermanas, como ellas, añoraba los buenos viejos tiempos, ¿pero qué podía hacer? ¿Seguir aferrándose al pasado en vez de adaptarse al presente? No había otra forma de sobrevivir, era una ley universal. El problema era cómo evolucionar. Era cierto que su realidad en Búfalo's Club no era tan precaria después de la Batalla de las Bandas pero no podía ser mejor que lo que les esperaba si triunfaban en Canterlot City, aunque ella se preguntaba si realmente existían posibilidades de triunfo. Temía que si las derrotaban otra vez, les tocara algo peor que volver con las manos vacías a Dodgebay. Un gran riesgo era que las Rainbooms se hayan fortalecido. Por eso, era muy necesario conocer el terreno primero, y evaluar los métodos más apropiados para atacar. Quizá, un elemento desconocido e inesperado.
Finalmente, despertó, viendo que aún seguían en viaje. Aria venía como siempre, con su cara seria mirando hacia adelante. Sonata se desperezó aunque sus brazos al levantarse fueron interceptados por Aria, pero ella no le dio importancia y sacó de su bolso el aparatito chato que Chester les había dado para comunicarse con él, ante cualquier eventualidad. Era la única que lo consideraba importante. Al encenderlo, vio que tenía varios mensajes del patrón y algunas notificaciones en Magebook. Nada muy importante más allá de invitaciones a juegos o alguien que ponía "manito arriba" a sus publicaciones. A pesar de que ni Adagio ni Aria tenían demasiado interés en la red social, Sonata había creado un perfil para las tres: SonAdAr, que sonaba a "radar" pero eso no le quitaba lo cool. De foto de perfil sólo había puesto el ícono de Búfalo's Club, y poca información, lo cual aseguraba cierto anonimato. Gracias a eso, podía enterarse de pequeños detalles de la gente que le interesaba, sin necesidad de enviarle ningún tipo de solicitud, y cuidándose de no cometer deslices.
Aprovechando que su celular captaba algo de señal, decidió empezar a hacer una pequeña investigación virtual. Puso el nombre de Sunset Shimmer en la barra de búsqueda, y los únicos dos resultados eran la Sunset de Canterlot City, y la de Equustrópolis. Entró en el perfil de la segunda, ya que era quien más curiosidad le generaba. Halló muchas publicaciones sobre ciencia y esas cosas aburridas, y muy poco sobre su vida cotidiana, a excepción de un par de fotos de varios, varios meses atrás, en las que aparecía con un muchacho alto, de cabello azabache peinado hacia atrás y ojos amarillos, y que figuraba mencionado como "Ster-G". No hacía falta ser genio para darse cuenta de que había algo entre ellos, y Sonata intuyó que era un elemento potencialmente útil para sus propósitos. Lo mismo que la tal Moonz, cuyo perfil también estuvo husmeando en busca de algo interesante.
Continuando con la otra Sunset, su perfil reveló muchos detalles importantes sobre su vida con sus amigas. Habían salido juntas, hecho una pijamada, ido a una feria, participado en torneos deportivos contra otra escuela, vacacionado en un campamento embrujado… Lo más reciente era que habían estado lavando autos en el estacionamiento de su escuela, y que harían un desfile de mascotas esa noche. Pero hubo algo que llamó su atención en una de las fotos, y era una persona dentro de un auto en una esquina inferior derecha. Tenía el mismo color de ojos y cabello que Ster, el supuesto novio o ex novio de Sun-mer. Eso dio mucho que pensar a Sonata en lo que se acababa la señal, hasta que el bus entró en Canterlot City.
La estación de buses rebosaba de gente, lo cual era ventajoso porque les permitía camuflarse mientras seguían a su objetivo, pero desventajoso porque en el mismo gentío las podían perder de vista. Varias veces tuvieron que adelantarse cuando Sun-mer y Moonz eran tragadas por la muchedumbre al doblar una esquina o al ir para el lado contrario. Ya en la calle, les tocó disimular mucho más, hasta que las chicas consiguieron un taxi. Aria había tenido que acercarse demasiado a ellas para enterarse del hotel al que iban, y salir corriendo a buscar otro taxi para seguirlas. Por poco y sus hermanas no la alcanzaban.
—Oye, ¿pensabas irte sin nosotras? — le recriminó Adagio.
—No, para nada, — respondió Aria, aunque eso era una verdad a medias — pero tuve que actuar rápido.
—Ya veo.
—¿A dónde las llevo, chicas? — preguntó el taxista.
—Al hotel Shining Star — contestó Aria, ignorando la mirada de Adagio.
—Pss — Sonata se había fijado en el cambio de sus bolsillos y la invadió la preocupación —. ¿Cómo pagaremos el taxi? ¿Y el hotel? — les susurró, a lo que Adagio abrió su cartera y les mostró un importante monto de billetes que había extraído de la caja secreta del club, haciendo que sus hermanas abrieran grandes los ojos.
—Más te vale que no volvamos al Búffalo's, o nos cortarán la cabeza. — La tironeó Aria, que a pesar de ser ruda y todo, tenía cierto respeto por las ganancias del jefe.
—No te preocupes, no se enterará de que fui yo.
—Eso espero… — tembló Sonata.
-.-.-.-.-
Pese a la opulencia de su nombre, el hotel "Shining Star" no era tan reluciente como lo mostraba su página web. Antaño habría sido sin dudas un gran hotel, pero actualmente se notaba que había pasado por una crisis y ahora se estaba recuperando. Si aquellas hubieran sido unas vacaciones convencionales, sin duda habría sido motivo de molestia, pero considerando que Sun-mer y Moonz no iban sólo de turistas, ese detalle se podía dejar pasar. Además, la atención era buena, pese a la falta de personal.
La habitación era confortable a pesar de una luz rota que dejaba en semi penumbras el cuarto y de que la canilla de agua caliente de la ducha no funcionaba prácticamente. Moonz notó que las sábanas de su cama estaban manchadas en un borde, y ya le dio impresión la idea de dormir en esa cama. La televisión funcionaba en algunos canales básicos y el ventilador daba un aire asmático. A través de la ventana se veía un barrio más o menos desarrollado, pero más allá de ahí, no parecía haber poblada de buenas raíces.
—Definitivamente, me quedo con el hotel de Dodgebay. — Sentenció Moonz, pasando un dedo por el vidrio —Espero que no nos demoremos aquí más del tiempo necesario.
—A mí me gustó el de Greentown, es más campestre. — Comentó Sun-mer, recordando el gran almuerzo que se habían plantado ese día.
—Yo prefiero el de Dodgebay porque está cerca de la playa, cerca del mar. ¡Ojalá nos hubiéramos quedado un poco más de tiempo! Aunque también habría sido genial explorar y recorrer un poco más el bosque alrededor de Greentown. Los pueblerinos contaban que tiene historias algo inquietantes...
—Tal vez para otra oportunidad. Uff, me muero de sed… me vendrían bien unas Dash o unos Dr. Orange, con un buen tazón de maní o papas fritas.
—O unos nachos con queso derretido… ¡Ah, que ganas tengo de unos buenos nachos! Me acuerdo de esa vez que compré esa bolsa de un kilo, y Stargazer preparó ese aderezo con queso blanco y ciboulette… Pero supongo que debemos seguir con nuestra investigación.
—Claro, aunque podemos investigar mientras salimos a tomar algo. Solo hay que ser discretas.
Moonz ya notaba algo raro, porque su amiga siempre ponía el deber por sobre la diversión, y no solía expresar tan abiertamente sus antojos. Aún no habían determinado su plan de acción al llegar a la ciudad, y eso tampoco era un buen signo. ¿Qué podía hacer? No convenía olvidar la responsabilidad que las traía allí, dar vuelta atrás no era una opción, y ahora más que nunca debían ser cautelosas. Sun-mer estaba sentada en la cama, parecía pensativa.
—Veamos — dijo por fin, luego de levantar la cabeza decididamente —, estamos actualmente en la última parte de nuestra misión, y debemos cuidamos porque este es territorio enemigo.
—Suena como a una película de guerra o algo así… Bueno, técnicamente habría que hacer uso de estrategias militares, tales como reconocimiento del terreno, camuflaje, espionaje, vigilancia, alerta permanente…
—Tengamos en cuenta que muchos conocen a Sunset Shimmer aquí, y cualquiera podría reconocerme en la calle.
—En realidad, no es una ciudad muy pequeña, pero entiendo tu punto. Debimos comprar una peluca o teñirte el cabello antes de venir aquí, tu pelo es lo más llamativo. Aunque también puedes ponerte un pañuelo negro, y con tu lunar en la frente vas a parecer de esas señoras orientales.
—Pasaría desapercibida si tu también lo usaras.
—Uff, ¿con este calor?
—Como sea, hay que movernos sin que nos noten, mezclarnos con la gente y ver a esas chicas en acción. Hay que comprobar que todo lo que hemos oído sobre ellas es cierto.
—De acuerdo, ¿y qué haremos hoy?
—Hmm, pues… salir a recorrer. Al menos quiero conocer la zona donde está Canterlot High, supongo que a esta hora no debe de andar nadie por allí.
—De paso, vemos si podemos pasar por unas Dash. Hay un centro comercial unas cuantas calles abajo… Podríamos citar a Stargazer allí. — Moonz ya no se animaba a preguntar, y esa era la última vez que lo nombraría, porque estaba decidida a actuar por su cuenta respecto a ese asunto.
Sun-mer cerró los puños y contuvo una mueca de disgusto. Ya no quería saber nada más de él, y no sabía cómo hacerle entender eso a Moonz, así que decidió dar la mentira definitiva.
—Olvídate de Stargazer — contestó duramente —, le dije que podía marcharse, que ya no lo necesitábamos. Ahora podemos obtener la información nosotras solas, no vamos a molestarlo más, ¿entendido?
—¿Pero por qué? ¿Pasó algo entre ustedes?
—¡No! No pasó nada, simplemente se acabó. Estamos por nuestra cuenta, Moonz, él ya cumplió su parte.
—Pensé que…
—Vamos, tenemos que prepararnos para salir. — La cortó Sun-mer, parándose inmediatamente para ir a darse una ducha.
Ahora Moondancer estaba convencida. "Debieron pelear mientras yo no estuve, por eso ella estaba así cuando volví al hotel" pensó. Todo le cuadraba por fin... A pesar de que no quería ser entrometida, no podía quedarse sin hacer nada, tenía una especie de mal presentimiento, porque sentía que dejar colgado a Ster era peligroso, como si lo acechara alguna fuerza maligna. Sentía que no debía abandonarlo, aunque sonara absurdo. De modo que tomó su celular, fue a Magebook, y a pesar de saber que probablemente no le contestaría, le escribió un mensaje: "Hola Ster, ¿cómo estás?". Iba a agregar algo más, pero juzgó que eso era suficiente para empezar. No esperaba que le respondiera pronto, de hecho dudaba un poco de la efectividad de su mensaje, pero no podía dejar de intentarlo. Le escribiría de nuevo después de un rato.
Yendo hacia el norte, en dirección contraria al hotel, se apreciaba una parte bonita de la ciudad. Era un barrio a medio camino de modernizarse, pero no perdía cierto encanto de época pasada. Proliferaban las tiendas de moda y zapatos, mercados, entre casas prolijas y de colores vivos, aceras limpias con árboles frondosos y parterres de flores que daban un gran colorido y perfume. Se respiraba un aire agradable, que destilaba la alegría de los transeúntes y los turistas que iban de compras. Los llamativos escaparates captaban la atención de Moondancer, que de tanto en tanto se detenía a mirar algo que le interesaba, y Sun-mer, por su parte, aprovechaba a registrar mentalmente cualquier detalle inusual. Parecía ser la ciudad más normal del mundo pese a que fue testigo de hechos asombrosos.
Entretanto, la tarde iba cayendo y las chicas avanzaban en su recorrido. Sun-mer empezaba a impacientarse por llegar a Canterlot High, por lo que cada demora la fastidiaba un poco. Por su parte, Moonz sí disfrutaba el paseo, sin olvidar completamente las preocupaciones que inundaban su cabeza. Se quedó mirando las jaulas de animales en una tienda de mascotas, suspirando de ternura por los gatitos, perritos y demás que se exhibían. Le habría encantado llevarse al menos un hamster a casa. Lástima que no tenía dinero para adoptar a ninguno…
—...no deberían tenerlos en jaulas, ¡pobrecitos! Si yo pudiera, fundaría un refugio animal para que puedan andar libres…
Aquella voz suave y bondadosa pertenecía a una chica de piel amarilla y cabello rosa claro, que llevaba un conejito en brazos y una enorme mochila a la espalda. Usaba una musculosa blanca y una pollera verde limón con tres mariposas bordadas. Junto a ella iba otra de cabello púrpura ondulado, de aspecto muy bien cuidado, una blusa color celeste claro y falda violeta con tres diamantes. Su perfume se olía desde lejos. Traía una cartera que combinaba con su vestimenta.
—Bueno, si algún día necesitas ayuda con eso, puedes llamarme sin problemas, querida Fluttershy.
—Muchas gracias, Rarity. Aprecio mucho que me estés ayudando con el desfile…
De repente, la tal Rarity se fijó en algo a los pies de Sun-mer, que no se había dado cuenta de la bola blanca que se frotaba contra sus piernas.
—¡Oh, Opal, aquí estás! Te estuve buscando por toda la tienda, pequeña escapista… — Rarity se agachó y recogió a una gata blanca con un moño en la cabeza, Sun-mer saltó hacia un lado y se acomodó el pañuelo negro que cubría su cabello — Lo siento mucho, espero que no la haya llenado de pelo…
—No, no hay problema, no te preocupes. — Le dijo Sun-mer, intentando cubrirse.
—¿Estás bien? — le preguntó Fluttershy — Te ves nerviosa, ¿no te gustan los gatos?
—N-no es eso... — intervino Moonz — Es sólo que… eh, se está recuperando de una enfermedad muy dura, por eso… salimos a dar una vuelta, jeje.
La mentira fue eficiente porque las chicas parecieron convencidas.
—Oh, bueno, esperamos que te mejores bien, querida. ¿Ustedes son de aquí? No las habíamos visto antes…
—No, estamos aquí de paso — respondió Sun-mer, resguardándose detrás de su amiga, pero disimulando un abrazo.
—Oh, ¿por cuánto tiempo? — preguntó Rarity.
—Eh, algunos días, nada más.
—Esta es una excelente ciudad para recorrer varios días, sin mencionar que hay eventos muy importantes. — dijo Rarity.
—Bueno… nosotras estamos organizando un desfile de mascotas para esta noche — dijo Fluttershy —. ¿Les gustaría venir? Si quieren, bueno, em...
—Un desfile de mascotas suena bien. — Moonz sintió cómo Sun-mer le apretaba el hombro con la mano.
—Excelente, si les interesa... — Rarity buscó en su cartera y sacó un par de folletos, que extendió a las chicas Nos vemos a las 8 en el patio de la secundaria Canterlot High.
—Ok, muchas gracias. Perdonen, pero debemos irnos, nos vamos a reunir con un amigo...
Dicho esto, ambas se alejaron rápidamente de allí.
-.-.-.-
Luego de su inesperada aventura por los campos, Stargazer no regresó al hotel. Almorzó al paso en una sandwichería y luego fue a recorrer otra zona de la ciudad, alejada de la secundaria. No volvería por allí, no fuera que alguien estuviera esperando a que apareciera de vuelta para atraparlo. Sonaba a una idea paranoica, pero le aterraba pensar que alguna de las chicas lo hubiese visto, y al pensar que las estaba espiando, lo hubiera denunciado, por lo que la policía ya debía de estar buscándolo por toda la ciudad. O quizá no, y con algo de suerte podía merodear con tranquilidad. Por las dudas, no se atrevió a tentar a la suerte.
De todas formas, la curiosidad lo invadía. Recordaba aquel extraño pedestal de la escuela, y lo que Sun-mer le había contado antes de que pelearan. Era todo un relato demasiado fantástico para ser creído, tan inverosímil… pero también estaba el testimonio de la señora Cinch. Ya eran dos personas las que hablaban de que en esa escuela habían ocurrido cosas increíbles, y que había una estudiante muy especial allí. ¿Cómo saber que eso no eran más que delirios de una persona? Pero Sun-mer no se lo inventaría, Moondancer tal vez, pero no le daba la capacidad. Hasta ese momento, para Stargazer no había pruebas fehacientes de que existiera la magia, ni siquiera ese pedazo de piedra fría y cuadrada era suficiente para convencerlo. Él solo veía a un grupo de chicas normales trabajando por una buena causa, ni siquiera en aquel concierto que dieron en la fiesta de la cueva, hacía casi una semana atrás, ni siquiera ahí notó algo raro en ellas.
Todavía se cuestionaba por qué seguía en la ciudad, si ya no había nada que pudiera hacer por Sun-mer. No quería nombrarla ni en su cabeza. Aunque le costaba creer que se había acostado con un cualquiera, algo seguía doliéndole en el corazón. Su sensación de ser un idiota no lo abandonaba. Y no obstante, aunque quería marcharse, algo lo frenaba. Por mucho que deseara alejarse de todo ese asunto, no podía evitar querer continuar desentrañando su trama. Aquella otra Sunset Shimmer ejercía sobre él una extraña atracción, tal vez por todo el misterio que la rodeaba, por aquello que Ster no podía ver en ella. Desde que se habían encontrado por primera vez, no dejaba de recordar sus ojos cuando estaba solo, pero no sabía si pensaba en los ojos de la original, la que había sido cuando estaban juntos. Eran miradas muy parecidas. De hecho, en el fondo extrañaba esa mirada…
Ciertamente, se encontraba muy confundido, con sentimientos muy contradictorios en su pecho. ¿Cómo resolver su situación?
Estacionó su auto cerca de una plaza, y se bajó para caminar. Todo rastro de la furia del mediodía había desaparecido. Ahora se sentía como si estuviera convaleciente. Caminaba entre la gente como si hubiera venido de otro mundo, regresando entre los vivos. Miraba a las personas yendo y viniendo, y se preguntaba si creerían o no lo que Cinch dijo, si creerían que un par de adolescentes eran capaces de manipular magia, ese concepto incomprobable, a diferencia de la energía, la fuerza o la materia. Estaba seguro de que las noticias sobre los sucesos paranormales de Canterlot High se diseminaron por la ciudad, y sin embargo nadie parecía preocuparse por eso, como si se lo tomaran con total naturalidad.
Stargazer suspiró. El mundo se había vuelto un lugar extraño de repente.
No sabía cómo, pero había llegado a Sugar Cube Corner, aquella pastelería en la que había desayunado en su primer día en la ciudad. Recordó el sabor de los crepes de manzana, y dudó si volver a entrar o no. Pero ese segundo de vacilación fue tarde, porque entonces un remolino rosado salió de la nada y lo llevó adentro, hacia esa dimensión de azúcar, colores, aromas y sabores.
—¡Bienvenido de vuelta al Sugar Cube Corner, la esquina más dulce de Canterlot City! — dijo la voz del remolino —Es un gusto volver a verte, pensé que te habías ido, pero no importa, siéntate aquí…
Por ser que no se habían visto en días, la repostera de cabello abultado lo recordaba muy bien, y lo recibía con la misma alegría, al igual que un amigo, aunque fuera un completo desconocido.
—Espera, espera, yo sólo pasaba por aquí. Yo… — balbuceó Stargazer —En realidad solo estaba paseando.
—Entonces seguro estás hambriento de tanto caminar. ¡Dame un momento y te prepararé los mejores crepes de manzana, incluso mejores que los del otro día! ¡Oigan, Lyra y Bonbon, ya voy por su orden! — dicho esto, la joven corrió a la cocina.
¿Cómo recordaba eso? Sin dudas tenía una memoria prodigiosa, además de ser hiperactiva y muy amigable. Ster trató de recordar su nombre, le salía algo de rosado y tartas. Cuando pensaba que lo mejor era levantarse y salir disimuladamente, ya tenía su plato de crepes delante. ¿Será que él era lento o la chica era más veloz que una liebre?
—Wow, gracias, eh…
—¡Pinkie Pie! Mi nombre es Pinkie Pie, ¿te acuerdas?
—Bueno, me estaba costando recordarlo. — respondió Ster, sinceramente.
—En ese caso, menos mal que volviste, Stargazer — Pinkie Pie le guiñó un ojo.
El graduado intentó no delatar su turbación. ¿Le había dicho su nombre la última vez que vino, o Pinkie lo había adivinado? No terminaba de asombrar por las habilidades de la niña Pie. Por eso decidió quedarse y probar los crepes, no quería hacer enojar a Pinkie rechazando su receta. Además, el plato lo valía, estaba verdaderamente delicioso, y Ster decidió darle algo de propina, a lo que Pinkie saltó emocionada y le dio un abrazo, lo que lo incomodó bastante. Se sentía raro que lo abrazaran por dar una propina.
Sin más excusas, Stargazer dijo que debía irse pronto diciendo que debía reunirse con alguien, y antes de irse, Pinkie, lo invitó a un desfile de mascotas que se realizaría en la noche, y sacó de su bolsillo un folleto sobre el evento. El joven se lo guardó sin mirarlo y se fue de allí pronta y educadamente.
-"Hola Ster, ¿cómo estás?"
Esto fue lo que encontró en su celular cuando se sentó en un banco de plaza. Moondancer nunca solía escribirle así de espontáneamente, pero era obvio por qué le escribía. Seguro estaba enterada de su pelea con Sun-mer, pero era extraño que le escribiera así, como en una conversación ordinaria. Era esperable que hiciera mención del hecho, y hasta que demostrara su enfado, pero no se traslucía nada de eso en aquel mensaje. O bien Moonz pretendía empezar despacio, escuchar su versión de la historia para entender lo que había pasado. ¿Y de qué iba a servir que hablara con ella? ¿Para qué se metía, como si fuera a convencerla de nada? Aunque tuviera la posibilidad de que Moondancer confirmara lo que su amiga había la noche anterior o no, Stargazer no quería entrar en ese juego. No quería seguir insistiendo, no quería ser ese típico personaje celoso de las novelas juveniles. No iba a hacer el papel del idiota otra vez. De modo que se resolvió a ignorar el mensaje.
Por el momento…
