El recuerdo de tus errores

¡Hello! Hoy les traigo una nueva entrega de este loco fic; en este caso, la penúltima de ellas. Les doy gracias a todos por sus vistas y comentarios, miren que son apreciados :3 pero no quiero entretenerlos más, así que, ¡al capítulo! (Especialmente largo para ustedes).

Disfruten y nos leemos al final.

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Chapter 4: Corrompidos.

El ascensor se encontraba casi completamente en silencio, salvo por el ruido que producía al bajar lentamente, piso tras piso. Los que se encontraban en su interior ni siquiera se molestaron en pensar hacia dónde iban, pues se encontraban absortos en sus pensamientos, sobre lo que acababan de experimentar.

Mike parecía aterrado: la imagen de esos monstruos de tinta estaba clavada en su mente, dejando una dura impresión que sería complicada borrar. Y algo le decía que no sería lo peor que se encontrarían en este abismo de tinta. Solo esperaba que su mente no saliera muy perjudicada, y que tampoco se traumara por el resto de su vida, pero algo iba a ser seguro: no iba a olvidar nunca esta experiencia.

Ryan no divagaba mucho en lo horroroso de los monstruos cuya "sangre" manchaba sus ropas. Parecía más concentrado en leer los pensamientos de su progenitor, que ni siquiera lo miraba.

Henry estaba con la espalda vuelta hacia sus acompañantes, en un profundo estado de meditación, ignorándolos por completo.

Boris era el único que no daba vueltas al asunto anterior, pero parecía nervioso e incómodo en aquel largo silencio, que no se había roto desde que escucharon los últimos gritos vengativos de Bendy más arriba. Jugaba con sus dedos, inquieto, y miraba de vez en cuando a uno y otro de sus "secuestradores", intentando ser paciente.

Pero se sobresaltó, al igual que Ryan y Mike, al escuchar, en alguna parte de la laberíntica instalación, un fuerte golpe metálico que hizo estremecer ligeramente todo el lugar. El joven frunció el ceño y fijó la mirada en su padre, quien ni siquiera se había movido de su posición, con los ojos cerrados, hundido en sus pensamientos…

Hasta que el golpe de su hijo en el brazo lo hizo reaccionar.

—¡Concéntrate, anciano! —Le espetó, molesto. Henry lo miró con leve enojo. —Estamos en una tumba de tinta y hay un demonio enloquecido cazándonos para matarnos. No te distraigas, viejo.

—Como sea. —Bufó Henry y desvió la mirada, todavía meditativo.

Ryan enrojeció de la ira, y Mike y Boris intercambiaron una mirada incómoda y nerviosa.

—Escúchame bien… —De un jalón, el joven obligó a su padre a verlo a los ojos. —Estamos metidos en este desastre por tus estupideces. Tú aceptaste venir aquí nos arrastraste a este maldito estudio y tú creaste a ese monstruo. En resumen: todo esto es tu culpa. Y por eso no voy a dejar que te tomes esto a la ligera, imbécil. Más te vale enfrascar tu obsoleto cerebro en sacarnos de este lugar, o si no…

Pero calló, pues Henry le había apartado la mano con brusquedad, fulminándolo con la mirada.

No me des órdenes. —Le dijo, y volvió a darle la espalda. Ryan apretó los puños y rechinó los dientes con indignación, pero la mano apaciguadora de Mike se posó en su hombro para asegurarse de que no replicara con violencia. Mucha violencia. —Ahora sé lo que tengo que hacer, y lo tengo muy claro…

—¿Y qué sería? —Preguntó Mike, en un intento por aliviar la tensión entre padre e hijo, quienes seguían mirándose como si fueran enemigos a muerte.

—Calmar a Bendy.

—¡¿Qué?! —Bramaron los dos jóvenes, mientras que Boris ensanchó los ojos, sorprendido.

—¡Ya se volvió loco…! —Ryan caminó de un lado al otro, sujetándose la cabeza con las manos. Luego se volvió a encarar a su padre. —¿Es que acaso tu viejo cerebro dejó de funcionar?

—Bendy hace todo esto por el daño que le causé a abandonarlo. —Contestó Henry con indiferencia, mirando su mano manchada con tinta, como hipnotizado. —No imagino el dolor y la agonía por la que tuvo que pasar. Tantos recuerdos de sufrimiento debieron volverlo así de frío, y corrompieron lo que alguna vez fue una sonrisa llena de luz y alegría. Y mi trabajo, como su creador, es restaurarla. Debo arreglar a Bendy.

—¡Es una locura! —Le hizo ver Mike, alterado. —Señor Stein, usted no puede creer que reparar lo que ya está roto es posible. Sea lo que sea que Bendy vivió, lo ha marcado de por vida y ya no puede arreglarse. ¡Sería un suicidio intentar siquiera acercarse a esa cosa!

—He tomado una decisión. —Sentenció Henry, y su obstinación terminó por irritar por completo a su hijo.

—¡Vejestorio, no harás otra cosa sino que nos maten a todos! —Le gritó. —No sé tú, pero yo quiero seguir vivo. Quizás ya hayas vivido suficiente, pero yo todavía tengo muchos años por delante. ¡Y no los echaré a la basura por tus estúpidas esperanzas de vivir feliz para siempre junto a tu muñequito satánico!

—Pues qué lástima. —Henry miró a su hijo a los ojos con determinación. —Porque no voy a cambiar de opinión.

Silencio. Un insoportable silencio.

Padre e hijo se miraban con furia e intensidad, sin siquiera parpadear. Mike se sintió más incómodo que nunca, observando alternativamente a su mejor amigo y al padre de éste a la espera de que alguno dijera algo más.

Y sin embargo, no fue ninguno de los dos quien rompió el silencio.

Fue la risa de Boris.

Quien, con una mirada casi de lástima y una triste sonrisa, negó varias veces con la cabeza.

—¿Y a éste qué le pasa? —Murmuró Ryan, mirando enojado al lobo.

—¿Crees…? —Boris dejó de reír, y fijó sus ojos icónicos en Henry con cierta pena. —¿Crees que puedes apaciguar a Bendy?

—Sí. —Afirmó Henry sin miramientos, y frunció el ceño. —¿Por qué lo preguntas?

—Fui el primer ser vivo que Bendy creó. —Respondió el lobo, mirando su propia mano. —Lo he conocido desde las raíces de su existencia, vi su desesperación por la soledad, y su ansiedad por caer en el olvido. Yo vi a Bendy en su etapa más vulnerable y frágil, que rápidamente cambió a una fría e impune. Él ya no siente nada más que odio, odio hacia ti, su creador. Te sientes responsable por lo que le sucede, ¿verdad? Por lo que se ha convertido, pero no puedes reponerlo. Bendy está roto. Y nada puede repararlo.

—No importa cuánto creas que puedes recoger las piezas de lo que destrozaste. —Susurró Ryan, llamando la atención de su padre. El enojo de Henry se esfumó al ver que su hijo, con la cabeza gacha, lloraba en silencio, pero no dejaba de observarlo con un odio profundo. —A quien destrozaste… el dolor que se siente cuando la persona más preciada para ti te quiebra es indescriptible. Te cambia, y no puedes evitarlo, ni siquiera comprenderlo, y nada puede repararte…

—Él lo sabe bien. —Agregó Mike, cruzándose de brazos y observando decaído a su mejor amigo limpiarse las lágrimas. —Señor Stein, sus errores nos han llevado hasta aquí, y sé que quiere resolverlos, pero es demasiado tarde para eso. No puede enmendar el daño que ha causado…

—Tal vez… —Henry cerró los ojos y apretó los puños. Le dio la espalda a su hijo. —Pero tengo que intentarlo…

Boris reculó de la sorpresa, y Mike y Ryan se enfurecieron todavía más.

—¡¿Es que no entiendes lo que te decimos…?! —Vociferó Ryan, pero calló cuando su padre volteó la cabeza hacia él para volver a verlo a los ojos. Al ver el rostro de Henry, Ryan dio un paso atrás, y negó varias veces con la cabeza. Se pasó el antebrazo por los ojos para apartar las lágrimas renegadas que todavía caían de ellos. —No… No tiene caso. No vas a arrepentirte hasta que sea demasiado tarde… Eso ya ha sucedido. —Bajó la mirada, y su amigo lo observó preocupado. —Esto ya ha sucedido… No regresaste conmigo y con mamá hasta que fue demasiado tarde… no intentaste que volviera a amarte como a un padre hasta que fue demasiado tarde…

—No recordé a Bendy hasta que fue demasiado tarde. —Murmuró Henry, agachando la cabeza. —Sé que mis errores han arruinado mi vida… y la vida de los que he creado. Tú y Bendy… sufren por mi culpa. Sufren por mí negligencia, pero…

—¡Yo no soy como tu maldito dibujo! —Ryan, de la ira, pateó con todas sus fuerzas la pared del elevador, y luego la golpeó una y otra vez. —¡Yo no soy tu creación a la que puedes manipular a tu gusto! ¡Yo soy real…!

—Y ahora Bendy también lo es. —Le interrumpió Henry, redoblando la ira de su hijo. La mirada del antiguo caricaturista se ablandó. —Sé que no lo entiendes… y sé que no tengo ningún derecho ni siquiera a llamarme tu padre, pero… tengo que hacer esto. O al menos intentarlo. Debo intentar salvar a Bendy… ahora que tengo la oportunidad. Sino, ya será tarde. No quiero actuar demasiado tarde otra vez. No quiero cargar con otro error en mi conciencia. Ya cargo con muchos…

—Expiar tus culpas no es posible, padre. —Henry se quedó quieto y dio un paso hacia atrás del asombro. La mirada de Ryan había cambiado, a una completamente fría e inexpresiva, como una máscara. —No es posible… pero, ¿sabes qué? Haz lo que quieras, pero no cuentes con nosotros.

Repentinamente, dio un paso y extendió la mano hacia el panel del elevador, presionando cualquier botón. Inmediatamente, el ascensor se detuvo y las puertas se abrieron para dar paso a un poco iluminado corredor. Ryan iba a salir, pero se detuvo un momento.

No miró a Henry, sino a Mike, fijamente a los ojos. Todavía con esa mirada de hielo, le ofreció su mano a su mejor amigo, quien lo miró impactado. Le estaba pidiendo silenciosamente acompañarlo… Por un momento, la expresión de Ryan había cambiado a una de súplica ante la duda de Mike, quien finalmente reaccionó. Podía ser muchas cosas: un idiota, desinteresado, malagradecido, indecente, irrespetuoso, insensato, y mucho más, pero jamás dejaría a su mejor amigo solo. Con una mirada decidida, Mike estrechó la mano de Ryan, quien sonrió un segundo, antes de volver a clavar en su padre una mirada pétrea. El adulto todavía no había salido del shock, no había procesado lo que Ryan estaba haciendo. Lo estaba abandonando… y no podía digerirlo.

Ni siquiera se dio cuenta cuando su hijo lo miró de aquella forma tan fría.

Ni siquiera cuando le dio la espalda y comenzó a caminar, saliendo del ascensor, seguido de un callado Mike.

Ni mucho menos cuando las puertas se cerraron y el elevador continuó su marcha como si nada…

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Ni siquiera sabían dónde se encontraban, y al menos a él no le interesaba. Su padre podía matarse con su indomable creación asesina, a él le daba igual ahora. Ahora, su única motivación era la misma que tenía cuando todo esto comenzó: dejar a su maniático progenitor atrás y continuar su vida junto a la única persona que lo entendía…

Que, ahora mismo, lo miraba con cierta pena y simpatía.

—Hey, viejo, ¿estás bien?

—No.

—¿Quieres hablar de eso?

—No.

Mike no insistió, y continuó siguiendo a Ryan en silencio… Apenas había notado lo tétrico del corredor que atravesaran, con múltiples posters en las paredes de los personajes del Show de Bendy, como la Pandilla Carnicera, Alice Angel, Boris y el abominable monstruo de tinta que ahora mismo debía estar cazándolos desde alguna parte… con una apariencia amigable y divertida, y con esa reluciente sonrisa en su rostro, rebosante de alegría…

Frunció el ceño al verla, y no pudo evitar preguntarse qué sucedió luego de que Henry renunciara al estudio… Según tenía entendido, este lugar quedó en bancarrota antes de que él naciera. Entonces, ¿ese tal Joey Drew estuvo aquí, esperando todo ese tiempo? ¿Él fue quien modificó esa maldita máquina de tinta? ¿Él inició todo esto…?

¿Él hizo cobrar vida a Bendy?

Parecía poco probable, aunque él no estaba familiarizado con ese tema. Y, sin embargo, quiso encontrarle alguna respuesta que satisficiera su innata curiosidad.

Analizando el primer vistazo que le echó al estudio al llegar en primer lugar, el lugar estaba por colapsarse, literalmente. Es claro que Joey estaría desesperado por evitar que su negocio y esfuerzos fueran echados a la basura. ¿Qué hizo entonces? Consiguió de alguna forma esa prestigiosa máquina de tinta para intentar avivar con ella el antiguo estudio.

Pero, bien mirado, ¿qué conseguiría con eso? Aquel viejo estilo de la animación había quedado en el olvido, y ahora era visto tan anticuado y aburrido que jamás atraería la atención, sin importar la calidad con la que esas caricaturas estuviesen hechas. Las cosas habían cambiado mucho en sesenta años, y Joey no quería aceptarlo. No abandonaría sus sueños de hacer que la animación en blanco y negro cobrara vida de nuevo…

Cobrara vida…

—"Por supuesto… ¡Esa es la respuesta!" —Sorprendido, Mike miró sus propias manos grisáceas, manchadas de tinta, y miró a Ryan, quien parecía muy absorto en sus pensamientos como para distraerlo con sus locas teorías, así que se mantuvo callado. —"Esa es la respuesta…"

La forma para atraer al público… era enseñarles que lo viejo todavía podía ser sorprendente, inexplicable. Joey quería enseñarles que lo imposible era posible, que sus animaciones podían hacer lo que ninguna otra podría.

Traer imágenes a la vida…

Bendy… ¿era el resultado de ello?

Entonces, él era el culpable. Él fue quien creó a Bendy. Él era el responsable de todo esto. No Henry. No el papá de su mejor amigo.

Pero, ¿cómo?

¿Cómo Joey pudo darles vida a imágenes de tinta…?

La imagen de los pentagramas satánicos pintados con tinta en las paredes le dio la respuesta…

Magia negra.

Espiritismo.

Joey… ¿llegaría tan lejos para conseguir estar en la cima con su trabajo?

¿Llegó tan lejos como… para hacer un pacto con demonios?

No quería ni pensar en ello. A diferencia de Ryan, él no era fanático ni del ocultismo ni del terror. No le gustaban las cosas que no podía entender.

Le hacía sentir que estaba fuera del lugar, que algo fallaba. Esa sensación de asombro e incredulidad solía exasperarlo.

Siguió divagando en las posibilidades, y hasta ahora, sus deducciones sobre los propósitos, planes y acciones de Joey Drew parecían seguir el buen camino, parecían lo más probable.

Pero una pregunta todavía se asomaba en su mente… una pregunta que lo inquietaba.

Si Joey fue quien creó a Bendy… si él colocó la máquina de tinta junto a su oficina… si él le envió la carta a Henry… ¿Dónde está?

¿Dónde está Joey?

Al ver que Ryan se quedaba quieto cuando viró en una esquina del corredor, se sobresaltó y asomó también por el pasillo. Lo primero que vio fue que el resto del camino estaba bloqueado con tablas de madera, fijadas con clavos a las paredes, para evitar que cualquiera pasara al otro lado. Sin embargo, al fijarse en la mirada de su amigo, frunció el ceño al notar que éste estaba pálido. Volvió a mirar las tablas de madera que bloqueaban el camino, y pegó un respingo al percatarse de lo que su amigo había visto antes que él…

Un pequeño inscrito de tinta, a la altura de la cintura: "NO ENTRAR" y más abajo: "Celda del demonio".

Sufrió un escalofrío y dio media vuelta.

—Nope. —E iba a salir corriendo a la dirección contraria a aquella, si Ryan no le jala la camiseta para impedírselo.

—Síp. —Le sonrió él, divertido.

—¿Por qué nunca me haces caso? La última vez estuvimos a punto de morir en las manos de un demonio de tinta. ¡Y esa puerta dice que hay un demonio dentro! ¿Qué tal si es Bendy?

—Dudo mucho que Bendy esté ahí dentro, teniendo en cuenta que nos lo encontramos más arriba. —Señaló, perspicaz. —Estoy seguro que esa advertencia no es más que un engaño de ese diablo estúpido. Busca asustarnos para no atrever a entrar allí.

—Y lo logra. —Replicó Mike, cruzándose de brazos. —Pero si ese monstruo está dentro y logra matarme, mi espíritu te atormentará por el resto de la eternidad.

—Eso será si no me mata a mí primero. —Ryan le guiñó el ojo y giró sobre sus talones para adentrarse en el trayecto que acababan de atravesar. —Creo que vi una habitación por aquí con un hacha dentro…

—Sí… —Mike miró con desconfianza el bloqueo de tablas de madera, y releyó el texto escribo en ella con un mal presentimiento…

Ryan tenía suerte de que él era ciegamente leal a sus amigos.

Pero más le valía que dentro no hubiera un peligro letal, porque se aseguraría de matarlo antes de que algo los matara a ellos.

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El silencio seguía presente, incluso cuando el ascensor llegó finalmente a su destino y las puertas volvieron a abrirse. Henry y Boris se adentraron a través de los oscurecidos pasillos del lugar, y el lobo sacó de su bolsillo una linterna se iluminó con un círculo de luz el camino. Henry ni siquiera se intimidó al notar que de las rejillas de las paredes brotaban ligeras gotas de un ya conocido líquido oscuro, como si la habitación estuviera sepultada entre un mar de tinta. Boris tampoco le dio mucha importancia a ese detalle, e iluminó hacia arriba para verificar qué camino seguían las tuberías que los guiaban en su oscura búsqueda.

—¿Por qué no te fuiste con ellos? —Quiso saber Henry, rompiendo por primera vez el tenebroso silencio. Boris se apresuró a contestar.

—No lo sé… pero… creo que es porque siento que tus intenciones son buenas… pero estúpidas. —Admitió, aunque tragó saliva cuando Henry lo miró molesto. —Qui-Quiero decir, es la primera vez que me encuentro con alguien que quiere salvar a Bendy… es decir, él quiere matarte… y tú quieres traerlo de regreso, que pueda volver a sonreír como solía hacerlo.

—¿Bendy era como antes… cuando cobró vida? —Preguntó Henry, olvidando de pronto su ira. Se distrajo cuando encontró una pala recostada a la pared, y la recogió. Podría servirle si encontraban alguna amenaza.

—Él siempre estuvo con vida… Según solía contarme. —Boris sonrió con nostalgia, y volteó en la esquina del pasillo, iluminándolo con tiento para asegurarse de que no había nada a través de él, y después siguió caminando. —Estuvo consciente cada día desde que lo dibujaste por primera vez. Cuando te fuiste, él me creó a mí para intentar desaparecer la soledad en su corazón… pero no lo consiguió. Al menos, tenía alguien con quien hablar y distraerse de sus penas. —Henry hizo una mueca de molestia y remordimiento, y Boris carraspeó al notarla. —Por eso… creo que de cierta forma te entiendo. Bendy no siempre fue un monstruo sin alma hambriento de muerte y venganza. Algo lo hizo enloquecer, quizás la soledad, la amargura, el rencor, el olvido… pero el punto es, que también quiero lo que tú deseas. —El lobo apretó su linterna, y su expresión se tornó determinada. —Quiero al verdadero Bendy de vuelta, al que realmente puede sonreír de verdad, y no con esa frialdad. Quiero a mi amigo, no a ese monstruo que creó al resto de nosotros solo para obtener su venganza… que me obligó a ser su peón para conseguirla…

—Lo entiendo. —Henry bajó la mirada, y se detuvo. Boris también, mirándolo fijamente. —Yo…

Pero calló casi al instante. Una risa lejana lo alertó, al igual que a Boris, colocándose ambos espalda contra espalda y mirando atentamente a su alrededor. Podían reconocer la risa de Bendy en donde fuera.

Y sin embargo, a los dos se les paró el corazón cuando un repentino destello los deslumbró. Vulnerables, se cubrieron lo mejor posible a la espera de que algo los atacara, pero nunca sucedió. Simplemente fueron recuperando la visión hasta que pudieron acostumbrarse a la imprevista luz que los cegó momentáneamente.

Focos incandescentes se habían encendido misteriosamente a lo largo del techo del pasillo, alumbrando el camino para los dos buscadores, que intercambiaron una mirada de sospecha, y más al comprobar que solo el trayecto que habían estado siguiendo fue iluminado. El resto de las habitaciones y pasillos seguían tan oscuros como siempre.

Bendy no era bueno para disimular que los estaba conduciendo directamente a una trampa, o quizás ya sabía que esos dos deseaban únicamente llegar a él.

Y era obvio para ambos que el demonio intentaría interceptarlos antes de que llegaran a la máquina de tinta.

—Al parecer, no tuvimos que buscarlo. —Comentó Boris, y al sentir un repentino chapoteo, volteó inmediatamente su linterna hacia una habitación a oscuras, enfocando en las penumbras a un inocente charco de tinta. El lobo frunció el ceño. —Bendy, nunca fuiste bueno para las escondidas.

—Vale, vale. Me pillaron. —Escuchó Henry, y pegó un sobresalto al ver que del charco emergía la silueta de Bendy, con las manos en alto en símbolo de resignación. —¿Felices ahora? Porque yo lo estoy… de encontrarlos a ustedes.

Las luces fallaron en un segundo, y al volver a encenderse Bendy ya no estaba en su lugar, frustrando a su creador, quien, al escuchar una risa, volteó rápidamente hacia el camino que habían estado cogiendo, pero no vio nada. Supuso que Bendy quería que siguieran avanzando, y de cierta forma, no tenían otro remedio más que seguirle el juego, aunque Boris a regañadientes.

Los dos continuaron caminando, esta vez con mucha más cautela, pero no volvieron ni a ver ni a escuchar al travieso diablillo. Conversar para destensar un poco la situación ya no parecía una buena idea. Cualquier distracción podría ser fatal, así que ambos optaron por mantener las bocas cerradas y los ojos abiertos.

Henry se fijó, ahora que todo estaba iluminado, en lo espeluznante de esa planta de la instalación. Las paredes manchadas y polvorientas, con moho debido al abandono, al igual que las telarañas y algunas secciones de las paredes fisuradas le daban un aspecto ruinoso. El silencio sepulcral no ayudaba en nada, y puesto que se encontraban varios metros bajo tierra, parecían dentro de tétricas mazmorras subterráneas más que dentro de un estudio de animación.

No obstante, todos esos detalles que pasaron por la mente del caricaturista se quedaron en el olvido cuando vislumbró lo que había a unos metros frente a él… unas oscuras escaleras hacia algún piso todavía más abajo, sin ni un atisbo de luz que iluminase en ellas.

Los dos frenaron al pie de los escalones, y se miraron el uno al otro con cierto temor y perplejidad. Pasaron unos pocos segundos antes de que Henry tomara la iniciativa y le arrebatara a Boris la linterna, con la intención de ser él quien guiara. Quedarse ahí ya no era una opción, y sin duda no podían regresar por donde vinieron.

Un haz de luz alumbró en la negrura del hueco de las escaleras al señalarlas Henry con la linterna. Se encontraban en un estado deplorable, como si fueran todavía más antiguas que la planta en la que ahora se encontraban, y estaba semi inundado por la tinta que corría por las paredes. Haciendo apelo a su valor, Henry respiró profundamente y dio un paso al frente para posar su pie en el primer escalón. Nada ocurrió, así que continuó, seguido por un asustadizo Boris que no se sentía para nada cómodo bajando a la loca del lobo. Y miren que lo decía él.

No descendieron más de diez escalones, cuando la risa de Bendy los alarmó, y cuando dieron media vuelta, pudieron, en efecto, apreciar al travieso demonio sonriéndoles con picardía a ambos desde la cima de la escalera, con una amplia sonrisa, pero sus ojos dilatados y poco tranquilizadores.

—Qué valiente de tu parte arriesgarte así, Henry. —Admitió Bendy, y de pronto, el cuadro de luz que Henry y Boris veían desde abajo empezó a acortarse. Una especie de compuerta metálica se cerraba poco a poco en la puerta de la cueva en la que ambos exploradores habían entrado, encerrándolos en la oscuridad de las escaleras.

—¡Bendy! —Gritó Henry, y se echó a correr escaleras arriba, y Boris lo siguió segundos después, pero ya era muy tarde.

—Prometo que tu valentía no será en vano, mi osado amigo… —El demonio de tinta rió siniestramente, y Henry lo miró a los ojos un segundo antes de que la compuerta se cerrara por completo, atrapándolos en la más negra oscuridad…

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—Bien, ¡demonio, monstruo, vampiro o lo que sea, nadie podrá llevarse con pedazo de mí ahora! —Aseguró Mike al blandir el hacha que había encontrado en una pequeña habitación. Ryan había tomado también de una caja de herramientas por ahí una llave inglesa por si acaso.

—Sí, sí. —El joven meneó la cabeza, con una sonrisa ladeada. El dúo caminaba de regreso a la entrada bloqueada que habían encontrado más adelante. Ryan bajó la mirada. —Siento haberte traído a esta pocilga de pesadilla. Sé que fue solo un capricho mío el que vinieras conmigo, pero realmente te necesitaba cuando mi padre…

—Lo sé. —Mike le sonrió de oreja a oreja. —No te preocupes. Si debo estar atrapado en un pozo de tinta maloliente con una bestia del horror buscándome para arrancarme la cabeza, prefiero mil veces tenerte a mi lado para compartir mi trágico destino. —Bromeó, y Ryan le dio un codazo amistoso, aunque algo fuerte. —Por algo somos caras de la misma moneda, ¿no? ¡Ryan y Mike por siempre, unidos hasta el final!

—Eso sonó estúpido. —Se burló Ryan, negando con la cabeza. —Pero tienes razón: estar en el peor lugar de la tierra junto a mi hermano es mucho mejor que enfrentar todo esto con mi padre. Creo que ya estuviera muerto si tú no estuvieras aquí.

—Je, podemos morir asesinados por un demonio en cualquier instante, pero creo que me gusta despreocuparme de todas formas charlando contigo.

—Sí, creo que… —Las palabras se helaron en los labios de Ryan, al igual que su sangre como la de Mike al ver, en la distancia, que los tablones que habían pensado destrozar con aquella hacha ahora estaban hechas trizas en el suelo, con notables marcas de garras en la madera despedazada.

Los dos jóvenes palidecieron al notar en la oscuridad que se abría detrás de ese obstáculo destruido los puntos brillantes, a manera de ojos, e intercambiaron una mirada aterrada.

—Corre. —Dijeron ambos al mismo tiempo, y un segundo después los dos se habían lanzado alocadamente en el camino opuesto al que habían elegido seguir, del cual emergió un horroroso monstruo cuadrúpedo hecho enteramente de tinta, con enormes garras alargadas como dedos, extremidades enormes y retorcidas, una larga cola puntiaguda, y los largos cuernos de demonio, además de una hilera de filosos colmillos. No tenía ojos en aquel rostro inexistente, a pesar los dos destellos que fingían tratarse de ojos que se habían visto en la oscuridad de la cual surgió.

La bestia había saltado hacia sus presas, pero éstas se habían alejado rápidamente y no alcanzó a despedazarlas con sus garras. Aterrizó derrapando ligeramente, con sus fauces babeando ligeramente tinta, al tiempo que gruñía con chirridos demoníacos, antes de echarse a correr a cuadro patas para perseguir a sus víctimas.

—¡¿Por qué me pasa esto a mí?! —Se lamentó Mike mientras corría por su vida, con Ryan a su lado y su atemorizante perseguidor pisándole los talones.

Ryan, por su parte, no dijo nada, y aunque el temor se notaba en su rostro, parecía analizar la situación con la cabeza fría al mirar de soslayo a la bestia que los perseguía y al ascensor por el que habían llegado a varios metros delante de ellos. No podrían volver por ahí, así que era preciso seguir, adonde sea que fuera, para dejar a esa cosa atrás. Suspiró con basto alivio al notar un poco más lejos un tramo de escaleras que bajaban a alguna planta inferior, e ignoró que de sus paredes brotaba ligeramente tinta, filtrándose en las grietas de las paredes.

Su objetivo, por ahora, era sobrevivir.

Y por supuesto, dejar atrás a ese demonio hambriento.

—¡TE DIJE QUE HABÍA ALGO QUE NOS MASTICARÍA ALLÍ DENTRO! —Le discriminó Mike, pero él le ignoró. —¡¿POR QUÉ NUNCA ME ESCUCHAS?!

—¡CÁLLATE Y CORRE! —Gritó Ryan, y se sobresaltó cuando la bestia dio un brinco hacia ellos para intentar atraparlos entre sus largas y filosas garras, pero ambos se impulsaron hacia adelante y las zarpas del monstruo sólo lograron rozar sus ropas. —¡Perdámoslo en las escaleras!

Los dos continuaron corriendo lo más rápido que sus piernas le permitían, con la ventaja de que la criatura tenía dificultades para moverse debido a su estado decadente, como si estuviera derritiéndose. Y no obstante, cuando su perseguidor vio la escalera a pocos metros, adivinó las intenciones de sus objetivos y rugió con distorsión, golpeando el suelo con sus patas delanteras. Las garras del monstruo se convirtieron en tinta pura, que se deslizó rápidamente hacia los jóvenes y cuando logró alcanzarlos adhirió sus pies al suelo, inmovilizándolos.

—Mier… —Masculló Ryan, y palideció cuando la bestia dio un salto de tigre para caer sobre él, tirándolo al piso y posándosele encima.

—¡RYAN! —Gritó Mike, aterrado.

La bestia lo ignoró, y le gruñó amenazadoramente al joven bajo sus garras, que, con una mueca de dolor, abrió levemente los ojos… Y palideció mortalmente con horror y repugnancia al ver que el monstruo sacaba y agitada una lengua puntiaguda de su boca frente a su rostro, como listo para saborearlo mientras lo masticaba.

Mike reaccionó rápido y empuñó el hacha que traía, pero cuando la levantó para tajar el cuello del monstruo, éste lo miró un fugaz segundo en el que se quedó completamente quieto… mientras una sangre dorada caía frente a sus ojos hacia el suelo. El demonio había usado su lengua en un instante para lastimar las manos del joven, y el hacha salió despedida hasta incrustarse en la pared del corredor. Ryan observó horrorizado las manos heridas de su amigo, quien, estupefacto, las miró fijamente mientras temblaban por el dolor y la sangre brillante seguía cayendo…

Ninguno de los dos notó cómo las gotas de este fluido vital desintegraban poco a poco el suelo donde aterrizaban, como ácido.

La criatura ignoró a Mike y volteó hacia Ryan, quien lo vio a los ojos, pero esta vez, sin ningún atisbo de miedo.

Solo de ira.

—Maldito fenómeno… —Masculló, con un destello enfurecido en sus ojos. Su mano libre se escabulló en su bolsillo, empuñando la llave inglesa que tenía oculta en él. —¡Nadie lastima a…!

Su precipitación le costó caro. Ante el súbito movimiento del joven al extraer la herramienta de su pantalón, la bestia reaccionó. Profiriendo un estrepitoso y distorsionado rugido, abrió sus enormes fauces y balanceó su horrorosa lengua al tiempo que se abalanzaba contra el pálido rostro de Ryan. Éste cerró los ojos, prefiriendo la oscuridad de sus párpados a que la imagen de aquella abominación sea la última cosa que viera…

Pero, lejos de lo que él pensaba, en vez de sentir un insoportable dolor punzante y desgarrador en toda su cara, lo único que percibió fue un líquido que caía sobre su rostro, y después, sobre todo su cuerpo.

Abrió los ojos, y se quedó atónito al ver al monstruo sobre él, decapitado, y balanceándose de un lado al otro antes de desplomarse sobre su costado, y empezar a deshacerse en una montaña de asquerosa tinta…

Al principio, creyó que Ryan había logrado destruir de alguna forma a esa monstruosidad, pero al voltear hacia él, lo vio igual que como estaba antes de que cerrase los ojos: paralizado y con sus manos dañadas, pero esta vez, su mirada asustada había cambiado a una de absoluto asombro e incredulidad. Se había salvado de milagro, pero, ¿quién…?

La respuesta llegó al incorporarse y volver la cabeza hacia atrás. De pie ante él, con la majestuosa firmeza de una reina, con su espada sujetaba con firmeza y alguno que otro resto de tinta machando su filo, estaba una seria Alice Angel, mirándolo fijamente.

Se quedó quieto, tal como Mike, sin ser siquiera capaz de pronunciar alguna palabra ante la sorpresa de verla a ella ahí, salvándole el pellejo en el último segundo…

—¿Estás bien? —Preguntó finalmente ella, extendiendo su fina mano enguantada al joven, que finalmente volvió a la realidad.

—¡Eh! Sí. —Balbuceó, estrechando la mano de Alice para que ésta lo levantara de un jalón. —¿Eres…?

—Sí. —Le interrumpió ella, dándole la espalda. —Siento mucho que las cosas hayan tenido que llegar hasta este punto, pero solo tuve la oportunidad de actuar cuando las cosas se salieron de las manos de Bendy.

—¿A qué te refieres con eso? —Ryan frunció el ceño. Mike los miraba alternativamente a los dos, sin recuperarse de la visión de Alice cortando la cabeza de la criatura de un segundo al otro, cuyos restos habían caído sobre su amigo, casi por completo empapado de tinta.

—Será mejor contárselos en el camino. Lo ahuyenté, pero se regenerará. —Apremió ella, mirando de reojo a la enorme masa de tinta, tirada sin gracia a unos pasos de ella, que se movía de vez en cuando.

Solo bastó esa advertencia para que Mike saliera disparado hacia las escaleras.

—¡Muévanse! —Les urgió, antes de desaparecer en los escalones.

Alice se catapultó en un segundo hacia ellos, y Ryan pegó un sobresalto antes de empezar a seguirlos, ahora con todavía más dudas en su cabeza…

Pero de todas formas, antes de abandonar el pasillo al subir los escalones, miró de soslayo a lo que quedaba de la bestia que estaba a punto de matarlo, la cual se agitó salvajemente.

Tenía un muy mal presentimiento.

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—¿Estás seguro de continuar?

—No podemos quedarnos allí arriba por siempre. Esa compuerta no volverá a abrirse. Lo mejor es continuar.

—¿Sabes que es una trampa, verdad?

—Sí. Bendy nos encerró aquí por una razón. Quiere llevarnos a alguna parte… y acabar con nosotros allí.

Boris suspiró.

—¿Estás seguro de que traer de regreso a Bendy es posible?

—Creí que pensabas como yo… —Contestó Henry con una sonrisa ladeada, y se agachó para pasar por debajo de la tubería negruzca que todavía los guiaba en esa absoluta oscuridad, con solo la linterna que el hombre portada para alumbrarlos. —Tengo una esperanza… una convicción, y esa convicción será la que me impulse a abrirles los ojos a Bendy. Y no hay nada, ni en este mundo ni en ningún otro, que me impide alcanzar mis objetivos.

—Bendy piensa igual que tú… —Murmuró Boris, tratando de ignorar lo espeluznante del sombrío pasillo que atravesaban, de camino hacia las mismas entrañas del estudio. El lobo no pudo evitar sonreír. —Ya veo por qué tú eres su creador. Son como uña y carne… o al menos lo eran.

—¿Bendy solía odiarme desde que te hizo? —Se atrevió a preguntar Henry, ahora serio.

—… —Boris bajó levemente la mirada, gesto que no fue ignorado por su acompañante, haciéndole fruncir el ceño. —Él te adoraba… —Reveló. La sorpresa de Henry llegó hasta el punto de que se detuvo, y Boris lo miró con algo de pena. —Todas las noches me hablaba sobre ti. Cada vez que lo dibujabas, cada vez que los sonreías… Cada noche que pasabas sin dormir creando la magia que irradiaba Bendy… Él nunca lo olvidó…

—Entonces, mis motivaciones están justificadas. —Henry sonrió con determinación, y continuó el camino, seguido por un sorprendido Boris. —Bendy sigue ahí, en alguna parte, y ese monstruo es solo su dolor y rencor que yo provoqué al alejarme de él… Debo disculparme, y aceptar la responsabilidad de mis acciones… Responder ante mis actos. Debo hacerlo, si quiero que todo vuelva a la normalidad y Bendy pueda sonreír de verdad otra vez.

Boris asintió y sonrió más animado. Henry lo miró de reojo mientras caminaba, y sonrió. Al menos, Bendy no estaba completamente solo. Pudo conseguir un amigo sincero, alguien que estuviera dispuesto a arriesgar su vida con tal de que pudiera volver a ser el mismo, aquel dulce diablillo que contagiaba de su felicidad al mundo con su brillante sonrisa. Boris era igual de leal que él en ese sentido: ambos están dispuestos a morir en las manos de aquel que querían salvar, por la posibilidad de que éste volviera…

Pero nuevamente, al recalcar las palabras de Boris, la culpa lo corroyó. Bendy no lo había olvidado, incluso cuando se apartó de él por sus deseos egoístas. Bendy nunca olvidó, pero él sí lo hizo. No pudo imaginar cuánto sufrimiento tuvo que pasar su creación al aguantar toda esa soledad, y la confusión al preguntarse por qué había sido abandonado… No pudo evitar imaginarse al inocente demonio, esperándolo. Esperando regresara, con la esperanza de que volvieran a estar juntos.

Esperanza que fue destrozándose en pedazos sin misericordia con el paso de los años…

—"Bendy…" —Henry se cubrió los ojos con una mano, compungido. —"¿Cuánto tuviste que soportar por mi culpa? ¿Cuánto tuviste que pasar? ¿Qué te hice? ¿En qué te convertí?"

No sabía las respuestas a esas preguntas, pero algo le decía que pronto él iba a experimentar lo mismo a carne propia, si no tenía éxito en su misión.

Si Bendy no lo escuchaba, él iba a sufrir lo mismo que él, e incluso cosas peores.

Pero estaba dispuesto a correr el riesgo con tal de que tuviera a su lado al verdadero Bendy de nuevo.

—¡AH! —Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el respingo y grito de terror que arrancó Boris, alarmándolo.

Al ver lo que había asustado al lobo, reculó y casi se cae sentado. A la luz de su linterna, se había encontrado cara a cara con el rostro sonriente de Bendy. Ni Henry ni Boris se movieron, esperando alguna acción por parte del peligroso demonio que los miraba fijamente, sin dejar de sonreír, sin moverse. Los segundos fueron incontablemente eternos, y Henry y Boris intercambiaron una mirada cuando vieron que Bendy no se movía de su sitio. Los dos siguieron expectantes de que algo los atacara, —ya fuese el mismo Bendy o feroces monstruos de tinta— pero nada ocurrió, y eso les daba mala espina. Henry frunció el ceño y su sorpresa cambió a determinación.

Tenía una oportunidad, una última oportunidad, y debía aprovecharla antes de que fuese tarde.

—¿Ben… dy? —Atreviéndose a dar un paso hacia el estático demonio, Henry lo miró a los ojos. —Quiero hablar contigo.

Bendy no dijo nada, ni se movió de su sitio, ni borró su sonrisa. Eso estaba empezando a poner nervioso a Henry, quien dio dos pasos hacia su creación y alargó la mano hacia su rostro…

Frunció el ceño al conseguir tocar a Bendy, pero éste siguió sin reaccionar…

—¿Qué demonios…?

—Eh… ¿Henry? —Boris se acercó rápidamente a las espaldas de Henry al sentir que algo se movía a sus espaldas. Arrancó de entre los dedos de su acompañante la linterna e iluminó el camino por el cual habían venido, y los dos se quedaron helados al contemplar a decenas de Bendy's, todos sin moverse y sonriéndoles mientras lo miraban fijamente…

—Esto es malo. —Resumió Henry al ver las estatuas inmóviles de Bendy's, y frunció el ceño al tener la impresión de que algo se acercaba a él por la espalda.

Rápidamente, sujetó la muñeca de Boris y señaló al primer Bendy que habían encontrado. Los dos sufrieron un escalofrío al comprobar que ahora estaba más cerca de ellos y alzaba una mano para intentar alcanzar a Henry, pero seguía sin moverse ni un centímetro, como si se hubieran acercado a ellos cuando no lo veían…

Y ambos entendieron inmediatamente lo que todo aquello significaba.

—Demonios. —Murmuraron, y dieron media vuelta lentamente para apreciar que todos los Bendy's que habían perdido de vista un segundo ahora los rodeaban. Eran incontables, todo un ejército de seres de tinta que los acechaba desde las sombras.

—¡Alúmbralos! ¡Seguirán acercándose mientras no los vemos! —Le avisó Henry a Boris. Dio un salto para alcanzar una oxidada tubería que colgaba por encima de su cabeza y la empuñó, dispuesto a defenderse de esas imágenes sin vida de Bendy.

—¡Son demasiados! ¡No puedo iluminarlos a todos! —Replicó Boris exaltado, dando vueltas en círculos con la linterna para tratar de deslumbrar a la legión de demonios que los rodeaban, pero era inútil.

En los breves segundos en los que algún Bendy quedaba sin vigilancia, éste se acercaba, incluso arrastrándose por encima de sus compañeros, con la misma espeluznante sonrisa perpetua, antes de ser iluminado de nuevo y volver a quedarse petrificado como una estatua.

En cierto momento en el que Boris no iluminaba a Henry por mantener a raya a un grupo de Bendy's que se habían adelantado y estaban alarmantemente cerca, el caricaturista sintió varias manos sujetando sus piernas, pero la oscuridad le impidió ver de qué se trataba. Se alteró cuando estas manos intentaron arrastrarlo hacia la oscuridad, así que abrió la boca para llamar a Boris, pero otra mano se la cubrió, impidiéndoselo.

—¿Henry? —Al escuchar de pronto un silencio total, Boris giró lentamente sobre sus talones, y quedó palpitante del terror al ver a Henry, en el suelo, siendo arrastrado hacia la oscuridad por decenas de Bendy's, que se quedaron completamente quietos al ser iluminados por la luz de la linterna. —¡Henry! —Reaccionando con alarma, Boris corrió a ayudar a su compañero, pero una mano le sujetó el tobillo, haciéndole caer y que la linterna cayera con un fuerte y seco golpe en el suelo, apagándose.

—¡Maldición…! —Exclamó Henry, quien se había estado liberando en el momento en el que sus captores se quedaron paralizados ante la presencia de luz sobre ellos, pero ahora, completamente libres, volvían a empezar a sujetarlo por todas partes, y jalarlo hacia su tumba.

—¡AH! ¡Me están tocando! —Gritó Boris con miedo al sentir que varias manos se posaban como su cuerpo en la oscuridad, y poco a poco también era arrastrado por los Bendy's.

Henry forcejeó con todas sus fuerzas para librarse de sus enemigos. Algunos logró apartarlos a patadas desatinadas hacia cualquier dirección, pero pronto eran reemplazados por muchos más. Uno de ellos logró arrebatarle la tubería que había usado para defenderse hasta ahora, y, desarmado y cegado, estaba bajo la completa merced de aquellos demonios…

Hasta que, de pronto, todo dejó de moverse, tanto para él como para Boris. Las copias de Bendy dejaron de tirarlos, y ahora, todavía sujetándolos por todas partes, se habían quedado nuevamente tiesos como estatuas, aún sin que hubiera ningún rastro de luz que los iluminara.

Con confusión y basto alivio, el lobo y el humano suspiraron, e iban a empezar a apartarse los petrificados Bendy's, si un sonido no llega a sus oídos de pronto. Empezó como un rumor apagado y lejano, hasta convertirse en el resonar rítmico de pisadas que se acercaban. Ese conocimiento fue suficiente como para que Boris se desesperara y buscara rápidamente entre los cuerpos de Bendy que lo inundaban. Había jurado que la linterna cayó cerca de ahí, pero en la absoluta oscuridad era imposible que lograra encontrarla.

Los pasos se hicieron más audibles, y Henry frunció el ceño e intentó forcejear más para liberarse de los petrificados diablillos que lo sostenían. Ya lo estaba logrando, cuando un pequeño círculo de luz fue visible a la distancia. Tanto él como Boris se quedaron completamente quietos al percibir el resplandor que iba aproximándose, y el lobo caricaturesco vio, a su luz, la linterna no muy lejos de él, y alargó rápidamente su mano todo lo que pudo para alcanzarla, pero varios Bendy's se interponían y le resultaba difícil moverse con todos los que ya tenía encima.

Henry le dio una patada a uno de los Bendy's que tenía encima, y la figura de tinta se estrelló contra una pared antes de estallar en un humo negruzco. El ruido que provocó fue lo bastante alto para alertar a quien sea que se acercaba, porque los pasos cesaron, aunque la luz lejana seguía iluminando tenuemente el lugar.

Boris se estiró un poco más, y apenas logró tocar la linterna con un dedo. Haciendo un esfuerzo, alargó la mano un poco más, y con la yema de los dedos fue intentando jalar la linterna un poco hacia él para que pudiera alcanzarla. Estaba por lograrlo, cuando el sonido de los pasos volvió, con mucha más constancia. Se estaba acercando velozmente. Alarmado, Boris empujó a los Bendy's que lo rodeaban con todas sus fuerzas y recogió la linterna. La golpeó varias veces contra su palma para que reaccionara, y cuando por fin encendió, fue demasiado tarde.

La fuente de la luz ya estaba presente ante ellos… una lámpara de aceite, que iluminó todo el pasillo repleto de estatuas inmóviles de Bendy con eternas miradas felices. Henry pareció al principio deslumbrado por la súbita luz que cegaba sus ojos, pero al cabo de unos segundos se acostumbró a ella y pudo contemplar al recién llegado…

El verdadero Bendy, con la misma sonrisa bobalicona de sus imitadores y sosteniendo en una mano su bastón y en la otra la linterna que había traído consigo.

—¡Oh! ¡Hola, Henry! —Le saludó el demonio, sonriendo. —Veo que seguiste mi guía al pie de la letra.

—¿Bendy? —Murmuró Henry, no muy seguro.

—¡En carne y hueso! —Bendy agitó su bastón en el aire, y al hacerlo, sus clones volvieron a la vida, asustando a Boris. —Siento mucho que mis amiguitos hayan sido muy bruscos contigo, pero te estás acercando demasiado, amigo. Fue un placer que te esforzaras tanto en intentar que tu visita fuera inolvidable, pero temo mucho que el paseo termina ahora.

Los clones del demonio de tinta se incorporaron de golpe, sujetando entre varios los brazos y piernas del hombre para obligarle a levantarse. Bendy rió un poco, hasta notar que el resto de sus copias también aprisionaban a un segundo intruso.

—¡Vaya, vaya! ¡Pero si es Boris! Qué placer es tenerte aquí con nosotros, amigo. —Bendy miró al lobo con una sonrisa maliciosa. Boris tragó saliva cuando su antiguo camarada dio cuatro pasos hacia él, hasta situarse enfrente de su cuerpo inmóvil, mirándolo fijamente a los ojos. —Sin embargo, temo que mis asuntos radican precisamente en Henry, y cualquiera que esté de más, será expulsado de mi vista.

Movió su bastón hacia el rostro del aterrado lobo lentamente, soltando de sus labios pequeñas risitas divertidas. Boris estaba inmóvil del terror, y no hizo más que cerrar los ojos cuando el contacto con la punta del bastón iba a ser inminente…

—¡DETENTE EN ESTE INSTANTE, BENDY! —El demonio se quedó quieto, y su bastón se detuvo en el aire, a centímetros del rostro de un poco aliviado Boris.

Henry fulminaba con la mirada a su creación, quien al principio ni siquiera pareció prestarle atención, pero repentinamente su pajarita dio un giro con un sonido gracioso y el personaje de tinta dejó relucir su sonrisa a Henry, mirándolo directamente.

—¿Oh? ¿Acaso crees que puedes darme órdenes ahora, creador? —Rió Bendy, ladeando la cabeza entretenido. Alejó su bastón de Boris, quien recuperó el aliento del alivio, y encaró a un serio Henry. —No creo que deba recordarte cuál de los dos es el que tiene el control ahora. Este show no ha hecho más que comenzar, y no deseo interrupciones.

—Bendy, debes despertar... —Le respondió su creador, a lo que el demonio soltó una carcajada.

—¡Pero si estoy bien despierto! He esperado esto por mucho.

—No sabes lo que haces, yo…

—Lo sé perfectamente. Lo he planeado desde hace mucho tiempo.

—Ben…

—No, no, no. Tú ya has hecho suficiente. —Bendy denegó impacientemente con la cabeza y alzó su bastón para darle un golpecito con él a Henry en la nariz, dejándolo en blanco. —No escucharé más mentiras de tu parte; mis planes están marchando perfectamente, y no tengo más tiempo que perder con charlas absurdas. ¡Andando!

—¡¿Eh?! —Boris abrió los ojos con sorpresa y temor cuando los Bendy's lo cargaron, a él y a Henry, y empezaron a llevarlo por el camino por donde el Bendy original había aparecido.

—Muy bien. Todo marcha conforme al plan…

—¡Bendy!

—Ash. Qué molesto. —Bufó el diablillo danzarín, mirando algo molesto al ruidoso Henry que forcejeaba contra las imágenes de tinta que lo arrastraban por el oscuro camino. —¿Puedo pedir que mantengas tu boca cerrada? Te defiendes mejor así.

—¡Bendy, debes…!

Ya basta. —Le calló Bendy, dando un paso hacia él. Por un momento, sus dientes parecieron volverse colmillos y sus ojos se habían dilatado, pero, respirando profundamente, recuperó la compostura y volvió con su sonrisa de siempre, pero con un toque maligno en sus ojos. —Escúchame bien…

—¡No! ¡Tú escúchame! —Le gritó Henry, obstinado como siempre. —¡Debo hablar contigo!

—Tendremos mucho tiempo para conversar… muy pronto. —Bendy sonrió siniestramente, y siguió avanzando. —Por ahora, hay itinerario pendiente, pero descuida: no tendrás que esperar mucho tiempo. Mi regalito te matará de la sorpresa. Eso puedo asegurarlo…

Al ver la oscura sonrisa de Bendy, Henry sufrió un escalofrío, y eso le hizo fruncir el ceño.

Quizá su objetivo no sería tan fácil de cumplir como imaginó.

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Ryan y Mike, guiados por Alice, se mantenían en silencio. El joven castaño se había tratado sus heridas con unas vendas que la ángel le entregó, pero no dejaba de observarlas, pensativo. Ryan a veces lo miraba de reojo, algo preocupado, pero después se molestaba ante el silencio de su salvadora.

Ella había prometido que les explicaría por el camino, y sin embargo no había dicho ni una palabra en todo el trayecto que llegaban. Al darle una mirada a ella, notó que se encontraba bastante meditativa, como concentrándose en algo, y eso le provocaba desconfianza.

A tomar al toro por los cuernos.

—¿Alice? —Llamó, tomando tanto la atención de la aludida como la de su mejor amigo.

—¿Hmm? —Asintió ella, sin dejar de subir las escaleras, pero volteando su cabeza hacia los jóvenes que la seguían.

—¿Podrías explicarnos qué sucede? —Pidió sin miramientos Ryan, serio y preocupado. Alice se quedó callada unos segundos, y suspiró.

—Es Bendy. —Contestó finalmente. —Está fuera de control.

—Sí, creo que ya sabemos eso. —Replicó Mike con amargura.

—No, no lo saben. —Negó Alice con la cabeza. —Bendy nos obligó a todos a cumplir con su venganza, pero ahora quiere más. La ambición se ha apoderado de él y lo ha transformado en el peor ser viviente que puede existir, y condenara al mundo entero y lo inundará en el caos por su avaricia si no lo detenemos… Si no lo detenemos, miles sufrirán las consecuencias.

—Eh, ¿sigo sin entenderlo? —Mike miró a Alice, entre preocupado y confundido. —Bendy quiere inundar el mundo entero de tinta y así conquistarlo todo. ¿Es eso a lo que te refieres?

Alice Angel se detuvo, y los jóvenes también, intercambiando una mirada nerviosa al percibir que la ángel los miraba con suspicacia.

—¿Quién se los dijo?

—Eh… Fue… Eh… —Mike se devanó los sesos, sin creerse que había olvidado el nombre de ese lobo. —¿Cómo se llamaba?

—Boris. —Recordó Ryan, agachando la cabeza.

—¿Boris…? —Alice les dio la espalda a sus acompañantes, y miró sus manos, preocupada. —¿Dónde está él?

—Se fue con el imbécil de mi papá. —Explicó Ryan con molestia al recordar el asunto. Mike lo miró preocupado. —Quieren hablar con Bendy y…

—¡¿Qué?! —Alice giró en súbito frenesí para encarar al joven Ryan y tomarlo por los hombros. —¡Es una locura…! ¡Un suicidio! ¡¿Cómo les permitieron ir?!

—Nosotros no podíamos evitarlo. —Dijo él, tajante e irritado. —Mi padre es un bruto descerebrado que cree que puede cambiar el pasado que él mismo arruinó, y el imbécil de Boris fue a seguir sus pasos como el perro que es. Ambos son unos idiotas.

Alice pareció deseosa de abofetear al adolescente por insultar a su amigo, pero se limitó a volver a darles la espalda y se cruzó de brazos.

—Esto complica de más las cosas. —Murmuró, y continuó caminando, a lo que sus seguidores la imitaron. —Bendy los dejó con vida por una simple razón: ustedes son más especiales de lo que él o cualquiera pudo haber predicho.

—¿Especiales? —Murmuró Mike, extrañado.

—¿A qué te refieres?

—Me refiero, a esto. —Alice volvió a detenerse y sujetó la mano de Mike, levantándola para que Ryan pudiera ver los rastros de sangre dorada que había en las vendas que la cubrían.

—Oye… eso es…

—¿Color? ¿En este mundo? —Mike ensanchó los ojos, sorprendidos. —¿Cómo es posible?

—El color no es lo que interesa, sino su significado; su valor. —Refutó la mujer, y nuevamente prosiguió la marcha, seguida de cerca por ambos humanos. —Ustedes, junto con Henry, no pertenecen a este mundo. No fueron creados por Bendy, como nosotros, si no distorsionados por su magia. La sangre humana reacciona de manera muy particular al estar expuesto a la magia. Y el resultado, es un nuevo tipo de energía: una lo suficientemente poderosa como para que aquel que logre poseerla se vuelva invencible, un dios. Bendy descubrió esto cuando los acorraló, y supo que lo mejor que podía hacer, era aprovecharlo. Los dejó en libertad, inconscientes, y procuró que no murieran ahogados en la tinta para evitar la pérdida de todo ese poder. Los mantuvo con vida lo suficiente para tener todos los preparativos listos, y así sacrificarlos y extraer toda la magia en ustedes hasta que se vuelva imparable. Conoce perfectamente que ustedes se dirigirían a la máquina de tinta, y por eso, es allí donde realizará el ritual, y los ha atraído hasta ella, con éxito hasta ahora… Su sangre, es la respuesta a todo lo que Bendy desea, y con ella como fuente de poder, la máquina de tinta será indetenible.

Ryan analizó cuidadosamente cada palabra que soltaron los labios de Alice, intentando encontrarles algo de lógica sin mucho éxito, mientras que Mike parecía mareado y confundido.

—A ver, a ver. —Dijo él. —¿Dices que Bendy sí quiere acabar con nosotros después de todo?

—Sí.

—Pues esa es razón suficiente para salir de aquí y alejarnos de él. ¿Cómo deshacemos todo esta dimensión de locura? —Preguntó, decidido.

—Ese es el problema. —Alice levantó la mirada hacia arriba por un momento, asegurándose de que nada los esperara en el siguiente piso. —Se nos acaba el tiempo. Debemos apresurarnos. —Y de repente unas alas de plumas blancas emergieron de su espalda, sorprendiendo a los jóvenes, que no tuvieron tiempo de reaccionar cuando la ángel los sujetó a ambos antes de salir volando por las escaleras en dirección al final de las mismas.

—¡AH…! —Exclamó Mike, pero su grito de miedo se silenció cuando Alice aterrizó en la entrada del siguiente piso y los dejó caer a ambos dolorosamente al suelo. —¡AY!

—¿Eso era necesario? —Murmuró Ryan, sobándose la cabeza por el golpe.

—Hay que ser rápidos: cada minuto es vital. —Contestó Alice, y sus alas desaparecieron en destellos divinos cuando siguió caminando normalmente a través de la sala en la que acababan de llegar, completamente vacía, con una puerta al fondo. —La única forma de detener a Bendy… es destruir la máquina de tinta.

—Entonces, la máquina de tinta sí es su debilidad. —Mike chocó su puño con su palma.

—Pero también su carta de triunfo. —Le hizo ver Ryan, comprendiendo la situación. —Si los lleva ahí, o si llegamos ahí, cualquiera podrá ganar: él o nosotros.

—Exacto. —Afirmó Alice. —Si él actúa antes, él gana, si nosotros nos adelantamos a sus movimientos, ganamos. Por eso dije que cada minuto es vital: si seguimos perdiendo tiempo, le damos una oportunidad a Bendy para acabar con todos nosotros y coronarse a sí mismo rey de un mundo lleno de penurias y sufrimiento. Eso es lo que quiero evitar.

—Y nosotros, pero, ¿cómo podremos destruir la máquina de tinta? Seguramente Bendy ya sabe que nos dirigimos hacia allí y nos espera para acabar con nosotros. —Señaló Ryan.

—No… porque ha salido a cazarlos a ustedes. —Declaró ella, sorprendiendo a sus acompañantes. Asomó la cabeza al pasillo que salía de la sala, y cuando vio a varios centinelas de tinta aguardando a que alguien viniera para atacarlo, se abalanzó como un rayo sobre ellos con su espada en mano, despedazándolos a cada uno en cuestión de segundos, ante la mirada atónita de Mike. —Ya es seguro. Sigan.

—¿A qué te refieres conque "ha salido a cazarnos"? —Preguntó Mike, dando saltos para evitar pisar alguno de los charcos negros que solían ser monstruos de tinta.

—He ido personalmente a la fábrica donde se encuentra la máquina de tinta, no muy lejos de donde estamos. —Siguió hablando Alice, asomándose en la siguiente habitación, antes de adentrarse dentro al cerciorarse de que estaba vacía. Los jóvenes la siguieron de cerca. —Y Bendy no estaba en ninguna parte. Intenté acabar yo misma con el trabajo, pero no puedo destruirla. Ningún ser de tinta puede. Solamente ustedes son capaces de tocarla, y por lo tanto, de destruirla... Tengan cuidado: estamos justo debajo de los suministros de tinta que ha producido la máquina en todo este tiempo.

—¡¿Qué?! —Soltó Mike, y se fijó que, en efecto, por el techo y las paredes de madera se filtraba poco a poco la tinta que había sobre sus cabezas.

—Entonces, somos los únicos que pueden terminar con este estúpido juego. —Murmuró Ryan, con el ceño fruncido.

—Eso me temo.

—¿Y Bendy?

—Lo encontré acechando en todo el estudio. Está buscándolos él mismo para asesinarlos, empezando por aquel humano que lo creo…

Por primera vez en toda la conversación, Ryan se quedó anonadado, y frenó, estático. Mike lo miró sorprendido, y más al descubrir que temblaba ligeramente.

—¿Quieres decir…? —Habló el joven con un hilo de voz, agachó la cabeza y apretó los puños. —¿Qué mi padre… está cayendo directamente en el juego de Bendy?

—Justamente, y eso es lo que me preocupa… —Alice miró algo apenada al joven, y afirmó su agarre al mango de su espada. —Tu padre… y Boris van directo hacia su tumba. Y si ya los ha encontrado, puede que todo esto acabe sin que nosotros hayamos siquiera hecho algo al respecto…

—¿Bendy? —Henry notó, mientras era llevado por la fuerza a través de los oscuros pasadizos del sótano del estudio, que su creación casi bailaba de la emoción mientras marchaba.

Él jugará sus cartas sin demora… No se arriesgará a perder.

El demonio ignoró a su creador, y siguió balanceando la cabeza en el aire, mientras su emoción desbordaba con su enorme sonrisa.

Para él, esto es un juego, que piensa ganar a toda costa, sin importar a quiénes tenga que aplastar en el proceso.

Henry frunció el ceño, y cuando percibió que Boris lo miraba volteó hacia él. Se sobresaltó al apreciar la expresión temerosa y preocupada del lobo, a quien los clones de Bendy sostenían sobre su cabeza mientras lo sujetaban con firmeza y avanzaban hacia su destino.

El caricaturista frunció el ceño, y Boris bajó la mirada con pesar.

Puede que todos sus esfuerzos no tuvieran ningún beneficio después de todo, que todos esos riesgos que habían tomado… hubieran sido en vano.

Las acciones de Bendy no están justificadas, y ya nada será capaz de expiar sus abominables delitos…

Bendy dejó de danzar mientras caminaba al divisar unas escaleras ascendentes a lo lejos, por las cuales se filtraban tenues rayos de luz. Sonrió siniestramente, y la tinta de su cuerpo se estremeció con vida impaciencia. Ya no podía seguir esperando.

Era el momento de terminar la partida y llevarse su premio.

—No niego la estupidez de Boris al desear que Bendy vuelva a ser el mismo de antes… —Alice ya había reanudado la marcha por las escaleras, hasta que se detuvo ante la puerta de un piso exacto, la cual abrió con tiento y se asomó en ella. La habitación estaba tranquila y oscura, aparentemente vacía. —Pero, a veces, es muy inocente. Demasiado para comprender que Bendy, el verdadero, se ha ido. Nunca fue lo suficientemente fuerte como para resistir el rencor que lo carcomió a través de los años y finalmente fue consumido por sus propios sentimientos negativos, hasta convertirse en el monstruo que es hoy, desalmado, cruel, manipulador, demoníaco… todo lo contrario al Bendy que Henry y Boris tratan de traer de vuelta. Pero es imposible. Ese Bendy ya no existe, ha sido borrado. Y los que son borrados no pueden regresar.

—Pero el imbécil de mi padre no es capaz de verlo. —Ryan bajó la cabeza y apretó un puño. Mike puso una mano en su hombro, comprensivo y preocupado. —Nunca ha sido capaz de ver que no puede borrar los errores que recordó demasiado tarde. Y esa idiotez de su parte provocará que lo maten.

—Y eso hay que evitarlo. —Sentenció Alice, y cuando atravesaron la habitación, se encontraron con el hueco de unas escaleras descendentes en espiral, hacia un pozo poco iluminado, mucho más abajo. —Justo aquí está la máquina de tinta…

—¿Bajamos otra vez? —Murmuró Mike con desgana, algo agotado de tanto subir escaleras.

—Esta es la única entrada por la que podemos acceder sin ser descubiertos. —Contestó Alice, y los jóvenes dieron un paso atrás cuando de la espalda de ella brotaron dos impecables alas de plumas de un blanco puro. Ella volvió la mirada hacia ellos con una sonrisa. —Pero al menos, no tendrán que preocuparse por caminar todo el trayecto.

—Ay, no. —Mike retrocedió algunos pasos más, e iba a salir corriendo si la ángel no lo agarra por el cuello de la camisa, y a Ryan de la capucha, para después saltar en picada al hueco de las escaleras y usar sus alas para controlar su descenso y evitar chocar contra algo.

Alice ignoró los gritos aterrados de Mike, pero no se le pasó desapercibida la seria y disimuladamente preocupada mirada de Ryan. Volvió a mirar hacia abajo, batiendo sus alas e intentando esconder su pequeña sonrisa…

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El silencio subía aquellas oscuras escaleras en espiral, en las cuales se filtraba por las paredes un poco de tinta, y poco a poco iba aclarándose gracias a la luz de la superficie a la cual se acercaban al ascender escalón por escalón. Bendy no había borrado nunca su sonrisa, al igual que todos sus clones que "escoltaban" a los dos intrusos, uno serio y el otro temeroso, pero ambos callados.

Lo lúgubre del lugar al que se acercaban, lo terrible y desesperado de la situación, al igual que el incierto destino que correrían era suficiente como para que la moral de cualquiera se desvaneciera como el polvo, pero no para Henry. Él todavía tenía esperanzas, una razón para continuar luchando, para no rendirse. Su determinación (o quizás obstinación) le obligaba a no darse por vencido, a no dejar caer las manos. Él cumplía lo que se proponía, y se había propuesto hablar con Bendy. Y jamás había fallado en uno de sus objetivos cuando tenía la oportunidad a la mano, y ésta no iba a ser la excepción.

—Bendy…

—¿Sigues con eso, Henry? —El impaciente demonio giró los ojos y le dirigió una aguda y algo escalofriante mirada a su creador, quien ni se inmutó pero sí frunció el ceño. —Mejor será que mantengas su lengua callada, o podría cortártela. Estoy siendo paciente en cuanto al destino de ustedes dos, puesto a que ahogo mis impulsos por asesinarlos en este mismo instante.

—¡Bendy, escúchame por un momento!

¡NO! —Le gritó Bendy con su voz distorsionada y sus dientes afilándose. Frenó en seco, y giró su cabeza para encarar a Henry con una mirada enfurecida con ojos dilatados, los cuales estaban empezando a escondidos por la tinta que se fugaba de su cabeza para deslizarse por su cara. Respirando profundamente y pasándose la mano por la cara, Bendy recuperó la compostura, pero siguió mirando con irritación a su prisionero. —Deberías mantenerte en tu lugar, si quieres disfrutar estos minutos que te quedan de vida.

—Bendy…

—No. —Le calló Bendy, colocando la punta de su bastón frente a los ojos de Henry para mantenerlo quieto. Sus soldados idénticos a él no se sobresaltaron, pero también detuvieron la marcha. —No quiero oír ni una palabra más, ¿entiendes? He esperado mucho por este momento, y por fin tendré todo lo que quiero en bandeja de plata en cuestión de unos minutos. Y no dejaré que tú lo arruines al intentar interrumpirme. Lo único que deseo de ti, es tu sangre, y cuando la tenga, me dará igual todo lo que eres y lo que fuiste para mí. Te habré olvidado de una vez por todas.

El demonio le dio la espalda y siguió caminando, al igual que sus soldados, pero cuando la áspera voz de Henry se escuchó sobre los pasos de cada ser de tinta en aquellas escaleras, todos se quedaron quietos.

—¿En serio? —Preguntó Henry, algo cómico. —¿Crees que será así de fácil?

Bendy no dijo nada, ni se movió de su lugar. Seguía dándole la espalda a su creador.

—Todos estos años, diez largos años en los que tú estuviste solo, sin mí, y jamás pudiste olvidarme, ni seguir adelante sin mi guía. —Puntualizó Henry, sin dejar de sonreír. —Te convertiste en lo que yo más odio: un desgraciado que no siente compasión por aquellos que lo rodearon y le dieron su apoyo. —Al decir esto, miró de soslayo a Boris, quien parecía expectante de lo que se desenlazaría de esta situación. —Fuiste egoísta, te enfrascaste en ti mismo y en tus propios planes, no tuviste en cuenta a los que sí estuvieron para ti cuando lo necesitabas, y los utilizaste a tu antojo… Es gracioso. Si desviamos la perspectiva un poco, no solo te volviste lo que más odio… —Henry bajó la voz, y agachó la cabeza. —Te volviste como yo, y estás cometiendo mis mismos errores…

Nadie dijo nada, pero hubo un cambio notable. Repentinamente, todos los clones de Bendy que apresaban al lobo y al humano se deshicieron en nada más que humo negro, que se difumó casi de inmediato. Libres, ambos intrusos cayeron dolorosamente sobre el suelo disparejo, Boris golpeándose el hocico contra el filo de un escalón. Henry, a pesar del dolor, se puso de pie al instante y miró a Bendy, quien seguía sin moverse, pero temblaba sin parar, y apretaba fuertemente la empuñadura de su bastón. La mirada de Henry se ablandó un poco, y se puso de pie. Boris alzó lentamente la mirada con una mano sobre su nariz lastimada, pero se quedó quieto al ver que su compañero humano se había adelantado hacia Bendy, y le había tocado un hombro.

—Te entiendo… o al menos, eso quisiera pensar. —Le dijo Henry. —Sé que te sientes vacío, seco y amargado con todo lo que tuviste que pasar, y que es posible que ya nada pueda llenar el profundo cráter que marqué en tu interior por mis acciones… por mis actos, y quieres olvidar todo ese dolor, pero con poder y tu propio régimen no conseguirás sentirte mejor. Te estás condenando, Bendy, y condenarás al mundo entero si continuas por este camino. Arruinarás las vidas de quienes realmente te aman, que siempre te han amado. Los estás lastimando, ¿no lo ves? —Henry apretó la mano que tenía sobre el hombro de su creación, y respiró profundamente para que su voz no se quebrara. Sus ojos icónicos parecieron cristalizarse vagamente.

El caricaturista esperó alguna reacción de Bendy, pero éste no hizo más que agachar la cabeza, todavía temblando, y con los puños fuertemente estrujados. Henry pareció oír gemidos que soltaban los labios de Bendy, y eso fue suficiente para tranquilizarlo. Dibujó en su rostro una sonrisa compasiva y satisfecha, y giró el cuerpo de Bendy para tenerlo frente a frente, con sus manos sobre los hombros de él. Bendy seguía sin mirarlo, con la cabeza tan inclinada que era imposible ver su rostro.

—Aún no es tarde para remediar todo esto. —Prometió Henry, sonriendo. —No todo está perdido para ti, Bendy. Todavía tienes esperanza, y todavía puedes arrepentirte. Todavía puedes sonreír otra vez, pero, por favor, deja que te ayude. —Miró a Boris, quien seguía sin reaccionar o siquiera moverse, pero escuchaba todo con atención. —Deja que te ayudemos.

Con eso, Boris finalmente despabiló, entendiendo por la mirada de Henry fija en él que era su momento de hablar con su viejo camarada. No pudo evitar sonreír, y se incorporó para dar un paso hacia Bendy…

Cuyo fuerte agarre terminó por destrozar su bastón. Henry se quedó quieto, y chocó fuertemente contra la pared de las escaleras cuando Bendy lo apartó bruscamente de un manotazo. Boris palideció, y dio unos pasos apresurados para ayudar al adolorido Henry a levantarse.

—Me estoy cansado de ti y de tus pobres palabras de aliento, querido Henry. —El mencionado abrió lentamente los ojos, y el dolor que sentía perdió completo significado para él al ver los ojos de Bendy, que poco a poco levantaba la mirada.

Ya no eran los ojos de lo que él alguna vez creó para entretener, alegrar y divertir. Ya no era el Bendy que conoció y lo apoyó siempre, incluso cuando antes no era más que una imagen de tinta inanimada. No era el Bendy que iluminaba al mundo con su sonrisa.

Era todo lo contrario.

Ya no eran los ojos de Bendy… eran los ojos de un maldito demonio que había tomado su lugar, y que ahora le sonreía perturbadoramente, sin dejar de contemplarlo, y complaciéndose evidentemente del temor que se asomó por primera vez en los ojos de su creador.

—No más perdón, Henry. —Bendy negó con la cabeza, y cerró los ojos, pero nunca dejó de sonreír. —No más perdón, no más olvido, no más remedios. —Volvió a abrir sus ojos, y señaló a Henry con un dedo de su mano enguantada. —No más disculpas, no más excusas, no más lástima. Todo eso quedó atrás. Es demasiado tarde ya.

Bendy chasqueó los dedos, y repentinamente la tinta que se filtraba a través de la separación entre los paneles de las paredes se movió como si tuviera vida propia hacia Henry, sujetando como tentáculos sus manos, piernas y cuello. Por suerte para él, no había suficiente tinta como para recrear los tentáculos que casi lo ahorcaron en una anterior ocasión, pero seguían siendo lo suficientemente fuertes como para dejarlo completamente inmovilizado y vulnerable

—¡Basta, Bendy! —En un arrebato, Boris se interpuso entre el demonio y Henry, con los brazos extendidos. —¡Esta estúpida venganza tuya ha llegado demasiado lejos! ¡Deja de manipular todo a tu antojo de una vez y abre los ojos! ¡Estas acciones no le son beneficiosas a nadie, ni siquiera a ti! ¡Si nos borras a todos y llenas el mundo con estos monstruos de tinta que creaste, será demasiado tarde y nunca volverás a ser feliz! ¡¿Es eso lo que quieres?! ¡¿Vivir como un desgraciado y miserable egoísta cegado por el odio y aferrado al pasado por el resto de tu vida?! —Boris miró a Bendy, y al ver que la mirada de éste no había cambiado en absoluto, tragó saliva y respiró profundamente para cobrar valor. —Por favor, Bendy. Te lo suplico, detente. No dejes que la venganza siga cegándote, deja de luchar por el rencor, deja de seguir los senderos del odio. No mantengas abiertas las heridas que Henry te causó en el pasado para conservar tu odio vivo: déjalas cicatrizar. No es tarde para acabar con toda esta locura, y que nadie siga sufriendo. Podemos dejar de sufrir, todos, si solo aceptas. Por favor, Bendy. Deja de herirte a ti mismo. También me hieres a mí…

Boris miró expectante a Bendy, cuya sonrisa había desaparecido y ahora miraba seriamente al lobo, quien se sintió algo nervioso. Henry, todavía tirado en los escalones y atado con la tinta, también observaba a Bendy con la esperanza de que por fin reaccionara con las palabras sinceras de Boris, con la esperanza de que todo terminara bien para todos…

Esperanza… que se vio aplastada cuando la fría sonrisa de Bendy volvió. Boris sintió un escalofrío y dio un paso atrás, pero con solo chasquear los dedos la tinta sobrante en las paredes se despegó de ellas y se arremolinó alrededor de Boris, cerrándose sobre él y convirtiéndose en firmes cintas de tinta que lo ataban.

—No escucharé el balbuceo de un traidor. —Replicó Bendy con impunidad, ante la incrédula mirada de su creador. El lobo cayó de rodillas con una mirada perdida, despojada de toda voluntad de seguir luchando por su antiguo amigo. Bajó la cabeza, y la tinta de sus ojos empezó a escurrir por su rostro, a modo de lágrimas.

—¡¿Cómo puedes decir eso?! ¡Boris fue el único que te apoyó y acompañó durante todos estos años…! ¡Él te escuchó, y nunca te dejó solo, incluso cuando lo usaste para hacernos caer en tus juegos! —Henry forcejeó con sus ataduras, y cerró fuertemente los ojos, completamente embravecido. —¡¿Cómo puedes atreverte a… llamarlo traidor?

—Creí que habías dicho que no me mantuviera anclado al pasado, y eso es lo que hago. —Bendy se encogió de hombros, y con un movimiento de sus dedos, la tinta que contenía a ambos prisioneros cobró vida nuevamente y empezó a moverse escaleras arriba, transportando a humano y lobo hacia su fatal destino. —Boris, Alice, y cualquier otro dibujo de tinta que creé para mantenerme cuerdo en mis primeros días de abandono por tu parte, ya no me son de utilidad. Me han prestado el servicio suficiente durante estos años, y no me aferraré a ellos por sentimentalismo. —Miró de reojo a Boris, quien, sin voluntad ni fuerzas algunas, se dejaba arrastrar hacia su muerte. —Dices que lo uso como herramientas manipulables, pero en realidad eso es lo que son, y ya me han dado todo lo que podían. Ahora, son parte del pasado, y yo debo mirar al futuro. —Volvió a mirar a Henry, sonriéndole siniestramente. —¿No es así, amigo?

—Bendy, no…

—No tiene caso que sigas intentando, Henry. —Le interrumpió el demonio de tinta con una sonrisa, y las cintas de tinta de movieron según sus pasos hacia el lugar que pondría fin a todo esto. —Pronto, todo habrá acabado. Creo que es inútil seguir luchando, porque al fin y al cabo este show está por terminar.

E ignoró seguidamente cada palabra que Henry intentó usar para llamar su atención. Solo continuó su andar rítmico y ansioso, avanzando con celeridad para llegar a su destino lo más rápido posible, y a veces saltando de escalón en escalón. Henry rechinó los dientes ante la pomposa y desinteresada actitud de su creación, completamente impune a cualquier palabra, sin sentimientos que pudieran devolverlo a lo que había sido, sin oídos que prestar a aquellos quienes lo apreciaban.

Sin posibilidades de volver a ser el Bendy que él recordaba…

Vio a Boris, cuyo rostro parecía escaso de todo ánimo, de toda alegría, como si ya no estuviera dispuesto a soportar más dolor, que lo siguieran lastimando. Ahora, solo esperaba que todo acabara, que Bendy se deshiciera de él como el juguete que siempre fue, desechado.

¿Cómo es que Bendy no sentía nada por su propia creación…? ¿No apreciaba los momentos que pasó junto a Boris? ¿No apreciaba todo lo que Boris había hecho por él, para que volviera a sonreír? ¿No lo apreciaba… absolutamente nada, a pesar de que arriesgó su vida, solo por él…?

Incluso él todavía amaba a Bendy, a su Bendy, que siempre le hacía sonreír, con cada obra maestra que sus dedos dibujaban, imágenes en donde el travieso diablillo sonreía con tanta bondad y energía desbordante, que contagiaba a aquellos que lo observaban. Pero Bendy… ¿ni siquiera sentía algo por Boris… a pesar de que fue un ser viviente que él mismo creó…?

—¿En qué clase de monstruosidad te has convertido, Bendy…? —Musitó Henry, agachando la mirada, y apretando sus puños con tanta fuerza que empezaba a hacerse daño.

—Uno que cambiará el mundo, Henry. —Contestó Bendy, en un imperceptible susurro. Su mirada se volvió determinada, seria, y fría. Tenía un objetivo en mente, una misión que cumplir, y sin importar a quién o a qué debía aplastar para conseguirlo… estaba dispuesto a sacrificarlo todo con tal de cumplir su meta.

Y nadie iba a interponerse en su camino.

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Unas criaturas de tinta vigilaban un iluminado e industrial pasillo rellenado de maquinaria trabajando estrepitosamente a lo largo de su contorno. Las bestias de líquido oscuro se arrastraban de un lado al otro usando sus manos desfiguradas y retorcidas, y de sus horrorosas bocas escapaban gemidos espeluznantes, desesperados, ansiosos por algo que destrozar y engullir.

Su trabajo era simple: impedir que alguien pasara por esa entrada hacia la máquina de tinta. Lo único que debían hacer era atrapar a quien viniera y llevarlo ante su líder, ¿qué tan difícil podría ser?

Eso hubieran pensado, si al menos aquellos monstruos tuvieran conciencia propia. Seguían sus instintos caníbales, que les impulsaban a atacar al primer ser vivo que se encontraran en su camino y consideraran como enemigo.

Y sin embargo, ni siquiera ellos vieron venir lo que sucedió después…

*SLASH*

De un sablazo, la tinta que componía sus cuerpos manchó las máquinas y las paredes, y el resto de ellos se desmoronó como montañas de tinta sin vida. Los que no fueron víctimas del primer ataque rugieron furiosos, pero ni siquiera tuvieron oportunidad de defenderse de aquella mujer, que un segundo después ya los había atravesado a cada uno de ellos con su espada, con tanta finura y elegancia divina que podría compararse a un hermoso ángel caído del cielo luchando por la justicia.

—Todo limpio. —Avisó ella, y por el pasillo se asomaron las cabezas de Mike y Ryan, quienes rápidamente se acercaron a Alice Angel y siguieron lo que quedaba del pasillo, en silencio.

Ryan parecía serio y decidido, completamente resuelto a detener a Bendy y salvar a su lunático padre antes de que éste muriera en las manos de lo que él mismo creó. Mike se venía más nervioso y asustado, pero también estaba dispuesto a arriesgarse con tal de acabar con este desastre, antes de que empeorara a escala mundial. Si tenía la oportunidad de evitar que la civilización sucumbiera en las manos de un demonio codicioso, estaba dispuesto a tomarla.

Alice los guió a lo largo del pasillo, y a veces se adelantaba en segundos para destruir a algún enemigo que llegaba a cruzarse en su camino, y Ryan y Mike debían correr para no quedarse atrás. Se sentían seguros con la ángel, quien se notaba como una guerrera formidable y de mortíferas habilidades con la espada. No les gustaría tenerla como enemiga.

—Aquí está. —Ante el umbral que marcaba el final del corredor, Alice Angel se quedó quieta, y respiró profundamente. —La máquina de tinta.

Mike y Ryan se miraron un segundo, y corrieron para también asomarse a lo que había detrás del recuadro donde Alice frenó.

La enormidad de la habitación les arrebató el aliento del asombro, al igual con la gran cantidad de maquinaria que inundaba la zona, todas trabajando ruidosamente en cada rincón de la sala. Decenas de monstruos de tinta hormigueaban alrededor de los cachivaches, resguardando el más importante de ellos: con las características letras "INK" impresas a un lado, fue irreconocible para los jóvenes, a pesar del drástico cambio que había atravesado.

La inocente máquina de tinta que inició todo esto se había convertido en un enorme armatoste de casi cuatro metros, con múltiples tuberías negruzcas conectadas a ella por los cuales se filtraba la gran cantidad de tinta que producía, distribuyéndola por todo el estudio. Pero un detalle que llamó al instante la atención de los adolescentes, fue que unas cadenas parecían colgar a la máquina en el aire, y poco a poco iban subiéndola a alguna planta superior, a pesar de que nunca dejaba de trabajar.

Ryan frunció el ceño.

—¿Adónde llevan la máquina? —Se atrevió a preguntar.

—Allí arriba es donde Bendy tiene todos sus preparativos para sacrificarlos a ustedes. —Respondió Alice con seriedad. Mike tragó saliva y se acercó un poco más a ella para sentirse más seguro. —Dada su ausencia, todavía debe estar afuera, en busca de Henry.

—¿Cómo sabes que no lo ha encontrado? —Ryan apretó los puños, molesto, aunque dio un paso atrás cuando una bestia de tinta estuvo a punto de pillarlos al voltear súbitamente hacia su dirección. No obstante, se escondieron a tiempo y la criatura siguió marchando por el recinto.

—No lo sé, pero al menos sé que no lo ha sacrificado aún. Sino, la máquina de tinta funcionaría con todo su potencial hasta el punto de estremecer todas las instalaciones. Sigue funcionando normalmente, así que con eso tenemos la seguridad no ha recibido ningún combustible mágico todavía.

Ryan bajó la mirada, preocupado, pero cuando la mano de Mike se posó sobre su cabeza, despeinándolo, llamó su atención.

—Tu padre puede cuidarse sin la ayuda de mocosos como nosotros. —Le aseguró con confianza. —Así que no te preocupes demasiado. Además, no está solo. Boris lo acompaña.

Alice se quedó pensativa.

—Hay que preocuparse.

—¿Eh?

—Boris no es de los mejores en pasar desapercibido. —Se explicó ella, algo incómoda. —Y hay que recordar que lo que ellos buscan es hallar a Bendy, quien también los está cazando. Hay grandes posibilidades de que sus caminos ya se hayan cruzado, y que ahora mismo estén de camino aquí…

—Eso no suena muy alentador. —Suspiró Mike, algo molesto porque la ángel contradijera sus intentos por tranquilizar a su mejor amigo. —Al menos, tú estás aquí, Alice. ¿Puedes distraer a Bendy lo suficiente como para sacar a Henry y a Boris de sus garras?

—No puedo prometerlo, pero haré lo que pueda.

—Con eso es suficiente. —Sentenció Ryan, de repente completamente determinado. —Ahí tenemos el fin de toda esta catástrofe. Acabemos con esa maldita máquina y terminemos con esto cuando antes. Alice, cúbrenos.

—Dalo por hecho. —La ángel sonrió con seguridad, y un parpadeo después ya había hecho surgir sus alas de su espalda, y se había abalanzado dentro de la gigantesca habitación.

Pocos monstruos la localizaron, y rápidamente dieron la alarma a rugidos inentendibles a sus compañeros. Algunos alzaron los brazos hacia ella y arrojaron proyectiles de tinta que la ángel eludía con gracia y facilidad, antes de caer en picada como un torpedo para acabar con la vida de múltiples enemigos en una blandida de su espada.

Con Alice distrayendo a los centinelas de tinta, Ryan y Mike se escabulleron furtivamente en la habitación, bajando cautelosamente las escaleras que conducían a la máquina de tinta ascendente.

—¿Cómo rayos vamos a destruir todo esto nosotros solos? —Preguntó Mike, encontrándose con una tubería en el suelo que recogió y empuñó. —¿Golpeándola hasta que todas las luces de se apaguen?

—Haz lo que sea para que deje de funcionar. No tenemos mucho tiempo. —Ryan alargó su brazo hacia una barra de metal inclinada en la pared, y se preparó con ella para asestar un sólido golpe entre los engranajes de la máquina de tinta.

Pero su arma se detuvo en el aire, al escucharse repentinamente una risa completamente familiar que les heló la sangre a él y a Mike.

Alice, que ya acababa con los últimos enemigos, se quedó quieta al oír aquella risa, y apenas volteó hacia una de las entradas a aquel cuarto, un chorro de tinta a alta presión la golpeó directamente y la aventó contra una pared, fracturándola ligeramente.

—¡Alice! —Gritó Mike, y subió en un momento las escaleras para ayudar a la ángel a levantarse, aunque algo adolorida.

—Bravo, bravo. —Bendy accedió a la sala por aquella puerta, aplaudiendo sonoramente, y con una sonrisa divertida. —Los felicito por haber llegado tan lejos como para atreverse a venir aquí. Son bastante valientes, ya lo creo.

—¡Bendy, hemos venido para poner fin a tu maldad de una vez por todas! —Bramó Alice con fuerza, señalando al demonio sonriente con su espada. Sus alas surgieron de su espalda, y de un aleteo, se catapultó contra Bendy como una bala y con un grito de guerra. —¡Tu tiranía termina ahora!

—Oh, querida Alice… —Bendy hizo aparecer su bastón, y de un movimiento, no solo bloqueó la espada dirigida hacia su rostro, sino que su fuerza fue suficiente para repeler a Alice y tirarla contra unas máquinas bestialmente, aturdiéndola por la potencia del impacto. —Tu presencia siempre es placentera, pero ahora mismo… —Bendy rió, e inclinó la cabeza hacia la entrada por la que salió.

Desde ella, avanzaron lentamente, arrastrados por corrientes de tinta, Henry y Boris, completamente inmovilizados, y sin fuerzas para seguir luchando. Al ver a su padre con su moral tan bajo y con su voluntad desvanecida, Ryan no pudo evitar palidecer y anonadarse.

—Maldito monstruo… ¡Libéralos ahora! —Le exigió Mike, preparando su tubería mientras corría hacia Bendy.

—No molestes, mosca. —Con solo alzar su bastón, el demonio invocó un torrente de tinta que golpeó directamente a Mike en el estómago, acortándole la respiración y lanzándolo contra el petrificado Ryan. Ambos cayeron dolorosamente sobre el suelo, y el quejido que soltó el joven fue suficiente para que Henry finalmente abriera los ojos. —Tienes suerte de que me eres de utilidad. Si no, te habría matado hace tiempo…

—¡Ryan! —El aludido, tirado en el suelo con un mareado Mike encima, abrió de golpe los ojos al escuchar la voz de su padre y se incorporó, empujando a su mejor amigo para ponerse de pie y mirar fijamente a su padre, con horror y sorpresa en el semblante de ambos.

—Oh, que dulce y conmovedora reunión familiar… Demasiado empalagosa para mi gusto. —Resopló Bendy con una risita maliciosa. Apuntó con su bastón a Ryan, y respondiendo a su acción, la tinta que se fugaba por las abolladuras en la máquina de tinta voló hacia el joven, atacándolo y envolviéndolo en cintas negruzcas, atándolo al igual que a Henry y Boris.

—¡Bendy, déjalos en paz! —Bramó Henry, forcejeando con sus ataduras para intentar liberarse, sin éxito.

—Oh, Henry, creí que te había dejado en claro que no deseo que me des órdenes. —Bendy lo miró, y dio algunos pasos hacia él. —Estoy perdiendo la paciencia, ¿sabes? Y encontrarme con estos insectos en este lugar, es algo molesto. —El demonio se detuvo con las manos en la cintura enfrente de su creador, y le sonrió. —Pero olvídalo. Creo que dejaré de perder el tiempo, y… —Repentinamente, los ojos de Bendy se dilataron, despojando todo rastro de inocencia en su rostro, ahora completamente maligno y atemorizante. —Acabaré con cada uno de ustedes en este mismo instante…

—¡Ya basta! —Sorpresivamente, Alice volvió al ataque como un misil, y de un tajo de su espada cortó en dos el cuerpo de Bendy, ante la atónita mirada de los presentes.

La tinta cayó al suelo, toda la tinta. Henry, Ryan y Boris se vieron liberados, y, ignorando los restos de Bendy que pisoteó por el camino, el padre corrió hacia su hijo con la intención de abrazarlo.

—¡Ry…! —Pero éste lo recibió con un puñetazo en el estómago y una patada en la cara.

—¡Imbécil! ¡¿Ves que tenía razón?! —Le increpó el joven, ignorando como su padre se retorcía del dolor. Al ver que su progenitor se encontraba demasiado adolorido como para prestarle atención, se cabreó todavía más y le jaló una oreja para que lo escuchara. —¡Tú y tus lunáticas decisiones de anciano! ¡Después de todo esto te enviaré a una residencia de vetustos a reflexionar sobre lo que hiciste!

Boris se los quedó mirando algo incómodo, y cuando vio a Mike tirado en el suelo con los ojos dándole vueltas, suspiró e iba a acercarse para ayudarlo, si la suave, pero firme mano de Alice no sujeta su brazo. Él la miró con tristeza, y por primera vez no se atemorizó al ver que ella lo fulminaba con una mirada pétrea y seria.

—¿Ya abriste los ojos?

—Sí. —Contestó él sin miramientos. Al parecer, esa respuesta fue suficiente para que Alice soltara al lobo, que sin más caminó sin ánimos para ayudar a Mike.

Al verlo venir, Henry apartó a su hijo de un empujón y se volvió hacia el lobo de caricatura con algo de preocupación.

—¿Bendy…?

—Se regenerará pronto. —Contestó él sin mirarlo. Boris se agachó junto al aturdido Mike, y le ayudó a levantarse, zarandeándolo un poco para que volviera a la realidad. —Mientras la máquina de tinta esté en funcionamiento, no podrá morir.

—Entonces, hagámosla pedazos. —Ryan sujetó firmemente la barra de acero en su mano, y con ella golpeó varias veces la coraza de metal de la máquina de tinta, sin hacer más que raspones en el armazón. —¡ERH! ¡No le hago nada!

—¿No podemos desconectarla? —Preguntó Mike, apenas y recuperándose del golpe que recibió. —Así la encendimos, ¿recuerdan?

—Bendy la modificó casi por completo. Dudo mucho que siga funcionando con electricidad corriente. —Señaló Henry con una gota en la cabeza, y buscó alrededor del armatoste algún punto que destruir para acabar con esta locura. —Alice, vigila a Bendy, y…

Calló al ser golpeado por algo, y cayó sobre una mesa de madera que destruyó por la inercia del impacto. Ryan, Mike y Boris se sobresaltaron, y corrieron para ayudar a Henry. Y no obstante, se quedaron quietos al descubrir qué lo había golpeado, o mejor dicho, quién

—A… ¿Alice? —Moduló débilmente el padre de Ryan, observando sorprendido la mujer aturdida que cayó sobre él.

Las dudas se desvanecieron al escuchar la risa del travieso demonio, pero en vez de ser atacados por éste, tres sombras aparecieron de la nada y se abalanzaron sobre Boris, Mike y Ryan, tomándolos desprevenidos.

Un sólido golpe metálico en la cabeza dejó a Boris viendo estrellas; un puñetazo en el estómago fue suficiente para que Mike cayera de rodillas, sin aliento; y Ryan fue golpeado en el rostro con tana fuerza que cayó al suelo, con su nariz sangrando.

—¡A eso llamo yo una fiesta! —Exclamó la voz de Bendy, y Henry inmediatamente se levantó, sujetando con sus brazos a la semiinconsciente Alice y buscando con la mirada la fuente de la voz… —Pero déjenme decirles que es mi turno de animar un poco este espectáculo.

El caricaturista encontró a su demoníaca creación sentada cómodamente sobre la máquina de tinta, moviendo sus pies en el aire, balanceando la cabeza y chasqueando los dedos al son de la canción que solamente él escuchaba.

—¡Hey! ¡Hola, Henry! —Percibiendo la mirada de su creador, el travieso diablillo lo vio con una sonrisa de oreja a oreja. —¿Qué te parecen los amigos que invité para nuestra fiestecilla?

—¿Qué…? —Murmuró el hombre, pero quedó enmudecido con la imagen ante él…

Tres personajes de tinta, distorsionados, destrozados, torturados, se encontraban aporreando a golpes a su hijo, Mike y Boris. Tardó un poco en reconocerlos, pero al fijarse un poco más en ellos, consiguió identificarlos como los tres miembros de la Pandilla Carnicera, pero al mismo tiempo, no lo eran…

Barley se encontraba destrozado, con sus manos y piernas desfiguradas, al igual que parte de su cuerpo, pero el detalle más notable y tétrico era que ahora su cabeza demacrada colgaba de una especie de grúa que reemplazaba su cuello, balanceándose de un lado al otro conforme a los movimientos del cuerpo. Edgar ahora tenía forma más humanoide, ya erguido en dos piernas. En su lado derecho poseía tres brazos, uno de ellos retorcido y alargado detrás de su cuerpo rodeándolo por completo a tal punto de que logró llegar a su único brazo izquierdo, uniéndose a éste por un anticuado aparato. Su boca estaba cocida, al igual que uno de sus ojos, mientras que el otro parecía pertenecer a un humano. Y Charlie se veía incluso en un estado peor. Una de sus piernas fue reemplazada con un destapa caños, y uno de sus brazos por una especie de extremidad metálica. Uno de sus ojos faltaba, mientras que el otro estaba cocino, y múltiples cicatrices atravesaban su cara, pero el punto más aterrador era su boca, horriblemente abierta.

Los tres dibujos terroríficos dejaron de golpear a unos ya amoratados Ryan, Mike y Boris, a quienes dejaron caer al suelo para caminar tranquilamente hacia Bendy, colocándose en fila entre éste y Henry.

—¿Qué te parece las "mejoras" que les hice a estos tres modelos, Henry? ¿Estás orgulloso de mis habilidades para dibujar? —Inquirió Bendy en un falso tono inocente, sin intentar ocultar la satisfacción que le provocaba ver esa mirada horrorizada en su creador.

—¿Qué… les hiciste? —Pronunció con dificultad Henry, espantado.

—¡Oh, sólo jugué un poco a armar y desarmar con ellos! ¿Acaso no te gusta? —Bendy soltó una risita, y señaló con su mano a cada uno de sus sirvientes. —¡Te presento a la nueva versión de la Pandilla Carnicera: Fisher, Striker y Piper! ¿Cómo me quedaron?

—¿Qué les hiciste? —Volvió a preguntar Henry, ahora serio y enfurecido.

—Si quieres saberlo… —Bendy dio un salto, aterrizando junto al imperfecto dibujo de Charlie, ahora denominado Piper. —Luego de que escaparan de mí en ese ascensor, me enojé bastante… Tenía que desquitarme con alguien, y pensé: ¿cuál sería la mejor opción…? ¡Por supuesto! Aquellos tres peones que utilicé con anterioridad para ganar tu confianza, dulce Henry. Estos tipos solo fingían, como los demás, pero realmente me hicieron daño aquella vez, e intuí que también intentarían traicionarme como estos dos. —Señaló con un ademan a Boris y a Alice. —Así que solo até los cabos sueltos, me desahogué, y los reconstruí como mis matones personales. ¿Genial, cierto?

—Cada vez te pones peor, Bendy… ¡¿Es que acaso no te… asqueas de ti mismo al ver de lo que eres capaz de hacer…?! ¡¿De las monstruosidades que provocas?! ¡¿Qué es lo que te ocurre?! ¡¿Cómo eres capaz de disfrutar hacer sufrir a seres inocentes?!

—Yo no llamaría a estos tres inocentes. —Replicó Bendy, mirando a cada uno de sus nuevos asistentes con una sonrisa. —Aparte, estoy seguro de que les gusta sus nuevos rostro, ¡a que sí!

Ninguno de los tres respondió. Los ojos desfigurados del trío seguían fijos en Henry, pero ni siquiera se movían, como si estuvieran esperando órdenes.

—Pero no te preocupes por preguntarte lo mucho que sufrieron por este "proceso". Muy pronto, lo experimentarás a carne propia. —Prometió Bendy, y sus ojos volvieron a dilatarse. —Me aseguraré de eso.

La distorsionada Pandilla Carnicera se abalanzó contra el humano, quien retrocedió rápidamente y trastabilló por culpa de los restos de la mesa en la que se había estrellado con anterioridad. Reaccionando rápidamente, recogió uno de los filosos fragmentos de madera de lo que quedaba de la mesa, y golpeó con ello el rostro de Piper, quien había sido el primero en llegar a él. El zombie no soltó ni un gemido, y con su extremidad metálica intentó golpear a Henry, si éste no se agacha a tiempo, pero en el suelo fue golpeado directamente por Striker, derribándolo. La araña diabólica intentó arrastrarlo por los pies, pero Henry se desembarazó de un puntapié y alargó su mano hacia alguna otra cosa cercana para defenderse con aquello, si el pie de Fisher no se lo impide, pisoteando su mano sin piedad, a tal punto de que llegó a gritar de dolor. Piper alzó su extremidad metálica de nuevo para intentar aplastar el cráneo de su víctima y terminar así con su vida rápidamente, en ese momento, su brazo entero fue cortado por un fugaz tajo brillante, seguido de tinta que se derramaba sobre el suelo.

Fisher y Striker retrocedieron para evitar a su camarada caído, que, con un brazo faltante, se retorció en el piso siendo víctima de convulsiones de dolor. Alice, ante el cuerpo derribado de Piper, fulminó con la mirada a sus dos enemigos restantes, entre ligeros jadeos por el fuerte golpe que había recibido de Bendy hace unos dos minutos.

Bendy frunció el ceño, pero su sonrisa no se desvaneció. Con solo chasquear los dedos, hizo Piper dejó de soltar alaridos de agonía e ignorara su brazo cortado. Se incorporó sin importarle en lo más mínimo la tinta que perdía a cada segundo, y, con Fisher y Striker a sus costados, confrontaron a Alice en lo que Henry se levantaba y corría entre tropezones para ayudar a su hijo y al resto de sus compañeros a recuperarse de la paliza recibida por los cadáveres reanimados que antes eran maliciosas caricaturas en perfecto estado.

—¿Están bien? —Preguntó el antiguo caricaturista, ayudando a su aturdido hijo a ponerse de pie.

—Más o menos… —Replicó Mike, con una mano en la cabeza. Un adolorido Boris lo apoyó para que lograra incorporarse. —Esos monstruos tienen la mano pesada…

—¿Estás bien? —Le preguntó Boris a Henry, quien asintió, y luego de que su hijo se rehiciera por completo, ambos analizaron la batalla entre Alice y la distorsionada Pandilla Carnicera.

La ángel era capaz de mantener a raya a sus tres enemigos sin problemas con su habilidad con la espada, propinando cuchilladas y estocadas a diestra y siniestra que provocaban largas heridas en los cuerpos ya desfigurados de sus atacantes.

Piper, con una perforación en la frente a causa de una estocada de la ángel, rugió rábico y se abalanzó erráticamente contra Alice, quien lo repelió de una patada, y bloqueó a tiempo el puñetazo de Striker con el filo de su arma. La araña antropomórfica retrocedió entre gruñidos furiosos, con sus dedos derramando tinta a causa de la cortada, pero Fisher se adelantó para cubrirlo y obligar a Alice a retroceder al usar su cabeza colgante como bola de demolición, la cual la ángel tuvo que evitar de un salto.

—¡Inútiles trozos de tinta sin gracia! —Vociferó la mujer, haciendo aparecer sus alas y alzando su espada de tal forma que la luz de la habitación se reflejara en su filo, haciéndola centellear. —¡Dejen de interferir de una vez!

Alice Angel descendió en picado contra sus enemigos con su espada preparada para el golpe final. Striker y Piper lograron quitarse del camino, pero Fisher ni siquiera tuvo la oportunidad de moverse de su sitio, y solo había dado media vuelta para comenzar a alejarse, cuando la espada de Alice penetró su espalda, atravesándolo de par en par. Fisher se quedó quieto, al igual que Henry y los demás que observaron la terrible escena. Alice, con completa impunidad, blandió su arma dentro del cuerpo de su enemigo, cortándolo en dos de un corte limpio. La mitad inferior del monstruo se deshizo al contacto con el suelo, pero su parte superior se mantuvo estructurada, aunque no dejaba de sangrar tinta por el corte provocado, muriendo poco a poco. Fisher soltó un alarido demoníaco, al igual que sus compañeros, quienes finalmente intervinieron al rescate de su aliado caído. Alice los miró con frialdad, y levantó su espada para fulminarlos, pero, justo cuando iba a dar su golpe de gracia, su espada fue frenada por completo en el aire al encontrarse con el sólido bastón de cierto demonio travieso.

—¡Hola, hola, Alice! ¡Veo que te has vuelto bastante buena! —Bendy sonrió con malicia, y Alice, aunque no lo demostró, sintió un escalofrío que la hizo temblar un segundo. —Pero, por desgracia, tu presencia ya no es bienvenida aquí…

El ente de tinta presionó su bastón y lanzó a Alice por los aires. Rió maniáticamente, aunque se detuvo cuando la ángel hizo aparecer sus alas para elevarse por los cielos.

Lo que quedaba de Fisher se incorporó con la ayuda de sus camaradas, e iban a apoyar a su "jefe" para acabar con Alice, si Piper no recibe una silla de madera en la espalda que lo hace caer de rodillas. Striker se dio vuelta para encarar a sus atacantes, pero en respuesta fue golpeado en el rostro con el mismo asiento, que esta vez se hizo pedazos.

—¡Venga, monstruos! ¡Esta es nuestra venganza! —Bramaba Mike, aventándole a Piper los restos de madera de la silla en la cara, a lo que la criatura se cubrió con su único brazo y soltó gemidos inentendibles.

Striker, que había caído de espaldas debido al golpe, se incorporó de a poco con su cara todavía más destrozada, y tuvo que mover rápidamente todos sus brazos para detener con ellos el golpe de un tubo metálico que habían lanzado contra su cabeza.

Ryan masculló por lo bajo y rápidamente buscó algo más para arrojar, aunque su padre se le adelantó al cargar contra Striker y embestirlo contra la pared. Con sus fuertes brazos, pudo mantener agarradas las extremidades de la criatura imperfecta, aunque su brazo con implementos metálicos poseía una fuerza infernal y fue apartado de un manotazo. Striker se separó de la pared, y avanzó hacia él con intenciones asesinas, pero una mesa de madera voló hacia él y se aplastado por ésta.

Boris y Mike, quienes habían arrojado aquella mesa en conjunto hacia su enemigo, se acercaron para ayudar a Henry a levantarse, quien les agradeció en un susurro.

Ryan retrocedió de un salto para eludir el puñetazo de Piper, y apretó los dientes al comprobar que los dedos del mismo habían rasgado parte de su camisa, como si fueran garras. El monstruo de un solo brazo volvió a sollozar horriblemente mientras levantaba su extremidad y o lo que quedaba de una de ellas, acercándose a tropezones hacia el joven como un zombie hambriento de carne. Ryan retrocedió dos pasos, sin darle la espalda a su enemigo, pero se vio obligado a detenerse cuando el agonizante Fisher lo agarró por sus piernas mientras se arrastraba con lo que quedaba de su vida, impidiéndole moverse. Gruñó, pero no pudo intentar patear al dibujo en descomposición que lo retenía, pues Piper ya había llegado a él y lo había sujetado por el cuello con su mano restante, levantándolo del suelo. Fisher se colgó a sus piernas, y empezó a trepar por su cuerpo con su cabeza balanceándose de un lado al otro, mientras Ryan forcejeaba con la mano de Piper para liberarse, sin éxito. El monstruo con la boca innaturalmente abierta lo miraba fijamente, e iba incrementando la fuerza de su agarre para romper su cuello, y el joven sentía que estaba por lograrlo. Apenas podía respirar, y poco a poco su vista empezó a ponerse borrosa… Ni siquiera notó cuando Fisher se había subido a su hombro para sujetar los costados de su cabeza, con la meta de arrancársela.

Un tubo de metal golpeó a Fisher para quitarlo encima del adolescente, que cayó al suelo como espantapájaros que quitan de su percha cuando repentinamente en agarre de Piper se soltó. Ryan respiró a bocanadas de aire para recuperar el aliento y la conciencia, y su vista borrosa empezó a aclararse para apreciar que Mike, Boris y su padre lo habían salvado de su muerte, su progenitor moliendo lo que quedaba de Piper con un tubo metálico.

El caricaturista, en un impetuoso y encolerizado arrebato frenético golpeó con todas sus fuerzas vez tras vez al monstruo, que ya se encontraba como un irreconocible rastro de tinta.

—¡NADIE… TOCA… A MI… HIJO! —Decía con cada golpe, ignorando las salpicaduras de tinta que manchaban sus manos y su ropa cada vez más, hasta que finalmente, su ira menguó y se vio satisfecho al ver lo que había quedado de su desgraciado enemigo: nada.

Se incorporó jadeante, y dejó caer el tubo al suelo con un sonido metálico. Luego, y sin decir ni una palabra, volvió hacia su hijo para abrazarlo, aliviado de que se encontrara bien. Ryan ni se movió, quizás por la pérdida de oxígeno de la que todavía no se había recuperado por completo, o el aún presente dolor en su garganta, pero al oír las palabras de su padre, susurradas a su oído izquierdo, sus ojos se abrieron por completo.

—Lo siento…

Tal vez fue un impulso, el alivio de que Bendy no lo había matado mientras se separaron, o que realmente esperaba tener un día una oportunidad, una razón válida para abrazar a su padre, pero en ese momento, no le importó. Lentamente, rodeó el cuerpo de Henry con sus brazos y cerró los ojos, correspondiendo al abrazo.

Boris y Mike, que habían aplastado los restos de Fisher a base de sillazos, observaron la escena con una pequeña sonrisa…

Escena, que desapareció cuando un haz negruzco de tinta se interpuso entre ambos, tomándolos a todos por sorpresa. Lo siguiente que supieron, fue que la tinta se expandió de golpe, como una explosión, y los mandó a todos a volar hasta aterrizar dolorosamente contra las paredes y máquinas de la sala.

—Eso fue incómodo de ver, ¿saben? —Escuchó Henry, con su visión dando vueltas. Lentamente, se puso de pie, o al menos eso intentó, porque un bastonazo en su costado lo hizo rodar por el suelo hasta estrellarse contra otra pared. —Demostrar tu cariño hacia tu otro hijo frente a mí… ¿No te parece cruel restregar en mi cara quién es tu favorito? —Aguantando el dolor, Henry levantó lentamente la mirada, y se quedó quieto al ver a Alice tirada detrás de Bendy, inconsciente, mientras el pequeño demonio, parado ante él, lo miraba fijamente con su fría sonrisa perpetua y balanceando su bastón de un lado al otro. —¡Je, je! Es broma, es broma. Tú ya no me interesas. —Lo señaló con su bastón, y los otros, que apenas y lograban levantarse, se alarmaron al notar que la tinta que antes componía a la Pandilla Carnicera empezaba a deslizarse en dirección a Henry. —Tengo ahora muchos otros planes en los que pensar… fue patético de tu parte creer que lograrías borrar todo lo que provocaste, pero debo agradecer tu egoísmo. Si no te hubieras ido, nunca hubiera descubierto qué soy en realidad, y la misión que tengo por delante. Este mundo, que nunca logró conocerme en mi fase más alegre, inocente e inofensiva, será obligado a verme como su dios a partir de hoy… Es una lástima que no podrás estar ahí para verlo, Henry. No estarás presente para contemplar a tu creación alzarse como el gobernante de este reino que voy a crear. Es una lástima, pero es mejor que tu historia dé punto final. Tu existencia termina ahora… —La tinta que se había desplazado hacia Henry empezó a arremolinarlo, dibujando en la pared detrás de él un pentagrama invertido de tinta. —Hasta nunca, creador…

Bendy estaba por chasquear sus dedos. Mike y Ryan se levantaron de golpe, pero nunca podrían llegar a tiempo. Alice apenas abrió los ojos, observando la escena con temor y desesperación, impotencia. Ryan cerró fuertemente los puños, y dio un paso al frente.

—¡NOOOOO!

Y después, silencio. Un angustiante e insoportable silencio. Bendy se quedó quieto. Alice abrió la boca y soltó un gemido de asombro. Mike palideció, y Ryan perdió la respiración.

Henry jadeó, observando lo que había sucedido, lo que lo había salvado de morir en un segundo…

La tinta que se había acumulado a su alrededor cayó al suelo sin gracia, manchándolo, y Bendy hizo una mueca de molestia encima de su imborrable sonrisa.

—No te cansarás de molestar, ¿cierto Boris? —Preguntó, mirando de soslayo al lobo que lo había abrazado por detrás, sujetando sus brazos para impedirle asesinar a Henry.

—Bendy, solo te pido que me escuches. —Suplicó el lobo, con los ojos fuertemente cerrados. —Hemos sido amigos por mucho tiempo, te debo la vida a ti, te debo lo que soy a ti. Todos esos momentos que vivimos juntos, riendo, divirtiéndonos, ayudándote a olvidar el dolor, siempre están en mi corazón. Sé que también están en el tuyo, Bendy, pero los has sellado. Todos esos sentimientos, los encerraste en lo más profundo para no sufrir más. Lo sé… yo lo siento. Sé que sigues ahí. En realidad, siempre lo supe. Siempre tuve la esperanza de que abrieras los ojos y también lo vieras. Por eso, te seguí, incluso cuando cambiaste y te convertiste en lo que eres ahora. Por eso, te obedecí, y obedecí todos tus sucios planes para completar su venganza contra Henry. Porque siempre tuve la esperanza de que, tarde o temprano, lograras ver que lo que Henry te hizo no debe cambiarte de manera irrevocable. Todavía estás a tiempo de regresar, Bendy. No es demasiado tarde. Henry está arrepentido por lo que te hizo, yo estoy arrepentido por nunca ayudarte a evitar que te corrompieras poco a poco por la oscuridad… —La voz de Boris se quebró, y más lágrimas de tinta descendieron lentamente de sus ojos cerrados. —Por favor, Bendy, escúchame, y deja que el odio se desvanezca, que nada de esto vuelva a ser recordado, y que finalmente puedas ser feliz…

Lágrimas cayeron al suelo, gotas de tinta que lo mancharon un poco. Alice se tapaba la boca con una mano, sollozando. Mike se limpió una lágrima con el dorso de la mano mientras se mordía el labio, y Ryan observaba con tristeza a aquel lobo que nunca creyó conocer perfectamente bien… Hasta ahora.

Jamás pensó conocer alguna vez a alguien tan puro como él…

—Boris… —Bendy se cubrió la cara con una mano, y empezó a temblar. Su voz resonando en la habitación fue suficiente para que todos se quedaran quietos. —Boris…

—¿Bendy…? —Al escuchar que Bendy parecía soltar gemidos, Boris sonrió, creyendo que finalmente, su amigo había…

—Siempre fuiste demasiado ingenuo… —Los ojos del lobo se ensancharon, cuando repentinamente, Bendy giró su rostro hacia él para observarlo con la misma sonrisa de siempre. —Demasiado ingenuo, y demasiado persistente también.

Bendy se apartó al lobo de encima de un manotazo, estrellándolo contra una pared donde se había dibujado mágicamente el pentagrama satánico. Henry se levantó de golpe y había abierto la boca para gritarle a Bendy, pero éste lo cayó al sacudir la tinta que todavía manchaba el piso contra él a modo de látigo, bateándolo hacia Mike y Ryan, quienes habían corrido hacia la acción para intervenir. Los tres humanos cayeron al suelo, y Bendy les restó importancia para observar a Boris, quien nuevamente había perdido toda su voluntad, demasiado decaído y triste para luchar por su amigo… o por su vida.

—Cometí muchos errores cuando Henry se fue, eso lo admito. —Habló Bendy, y alzó una mano hacia Boris. Ryan, Mike y Henry dejaron de jadear del dolor al escuchar los quejidos de dolor de Boris, quien se estaba retorciendo del dolor, y había caído arrodillado. —Crearte no fue uno de ellos, pues sin ti, probablemente nunca habría tenido las fuerzas para sobrevivir hasta que descubrí mi verdadero propósito… Tu creación no fue un error… —Bendy rió por lo bajo, contemplando despiadado cómo Boris convulsionaba y se sujetaba el pecho.

Alice se había puesto de pie, pero ni siquiera alcanzó a dar un paso, pues se tambaleó y volvió a caer.

—El error fue… —Dijo Bendy entre risas, y la tinta fue lentamente escurriéndose en su rostro, cubriendo sus ojos dilatados, al tiempo que su sonrisa se volvía todavía más enloquecida y sádica. Boris gimió con más fuerza. —Darte un corazón…

La tinta cayó al suelo, derramándose también sobre la pared donde estaba inscrito el pentagrama.

El cuerpo de Boris reculó, y cayó inclinado sobre la pared, deslizándose lentamente por ella hasta sentarse, perdiendo lo poco que le quedaba de vida. En su pecho, lucía una terrible herida, de la cual destacaban incluso sus costillas destrozadas.

Y levitando sobre la mano de Bendy, se veía un corazón hecho de tinta, que el demonio arrancó inmisericorde del cuerpo del lobo de tinta, cuyos ojos cómicamente se habían vuelto unas "X" y soltó su último respiro antes de perder su vida. Bendy miró el corazón que había flotar gracias a su bastón levantado, y con una mueca de asco en su expresión divertida, lo dejó caer al suelo, deshaciéndolo en tinta.

—Qué repugnante. Bueno, todo tiene que hacerse por un propósito más importante, ¿verdad? Los sacrificios, principalmente. —Bendy se encogió de hombros, y comenzó a reír a carcajadas. Su cuerpo empezó a deformarse más y más, alargándose, y la tinta que formaba su cabeza se escurrió tanto por su cara que ahora la separación de sus cuernos era mucho más notable y los hacía lucir más largos. Lentamente, el demonio de tinta, ahora con una altura superior a la de Henry y sus guantes invisibles debido a la tinta que los había recubierto, centró su atención a los tres humanos que habían observado la escena completamente horrorizados y desconcertados… No. Mucho más que eso. —Y hablando de sacrificios, creo que tengo temas que tratar junto a ustedes tres…

—Lo mataste… —Escuchó, y logró voltear a tiempo para detener con sus manos babosas hechas de tinta el filo de la espada de Alice, cuyos ojos anegaba de lágrimas, pero su expresión demostraba una fiera furia abrumadora y desbordante, al igual que una pena y dolor más allá de la imaginación. —¡LO MATASTE!

—Tsk. Ya me había olvidado de ti, hermosa. — El demonio que antes era Bendy sonrió maniáticamente, y abrazó la cintura de Alice para acercarla a su cuerpo. —¿Bailarás con el demonio, Alice?

—¡Eres un maldito canalla, monstruosidad! —Vociferó la ángel, y de un movimiento, sus alas emergieron y aletearon con tanta fuerza que lograron generar un poderoso vendaval que empujó a un entretenido Bendy monstruoso hacia atrás, quien rió con diversión.

—¡Oh, sí, bebé! ¡Ya quería una buena fiesta! —Vitoreó Bendy, y alargó sus dos brazos hacia Alice para intentar atarla con ellos como si de tentáculos se tratasen, pero la ángel se elevó rápidamente.

Alice giró en el aire y descendió en picada sobre la cabeza de Bendy para intentar tajarlo con su arma, pero el divertido demonio interceptó el filo de la espada con sus manos, y sonrió, ignorando que las lágrimas de la ángel caían sobre su rostro.

—Boris siempre fue muy especial para ti, ¿verdad? —De un movimiento, Bendy había desprendido la espada de los dedos de Alice, la cual aterrizó incrustada en el suelo a unos metros de ahí. Bendy sonrió ante la sorpresa de Alice, y un segundo después la había sujetado con una mano por el cuello.

Alice forcejeó para librarse, pero Bendy era mucho más fuerte, y aunque batía sus alas con fuerza para elevarse y producir fuertes corrientes de aire, el demonio era firme e inamovible. Con su brazo libre, Bendy arrancó sin piedad una de las alas de Alice, quien gritó de dolor, pero su grito se ahogó en su garganta por la fuerza en aumento de su enemigo. Éste siguió riéndose, ahora que Alice, sin sus alas, no era capaz de volar y se encontraba colgada en su mano, con los pies tendidos en el aire.

—Boris, siempre con su negro corazón de oro, que ganó tu aprecio, ¿no es así? —Bendy siguió riéndose, y con su mano libre acarició el rostro de Alice. —A Boris le di un corazón… pero a ti, te di un cerebro… Y fuiste la única que lo utilizó en todo este tiempo… —Apretó más su agarre, y Alice cerró los ojos del dolor, tanto físico como emocional. Las lágrimas nunca dejaron de escurrirse de sus ojos, como gotas de tinta que caían al suelo. —Sin embargo… ¿Por qué, entonces, puedes sentir algo por los demás? ¿Por qué no eres como yo?

—Boris… me enseñó… —Habló Alice como pudo, mirando con odio al demonio. —Que… todos sentimos… todos sentimos empatía… ¡pero un horripilante monstruosidad como tú jamás lo entenderá!

—Sí, sí, soy un monstruo. —Bendy sonrió, muy divertido. —Un monstruo que solo busca diversión, y que, pensándolo bien, necesita a alguien que lo acompañe en su reinado… una reina. Pareces ser una candidata que cumple todos los requisitos, Alice.

—Antes… muerta… —Alice había empezado a perder la conciencia. Sus ojos se cerraban lentamente.

—No te preocupes, mi reina. —Bendy volvió a reírse, y repentinamente, Alice empezó a retorcerse, víctima de terribles convulsiones. —Eso puede arreglarse.

—¡Alice! —Mike corrió de un segundo a otro para auxiliar a la ángel, y Ryan y Henry fallaron en detenerlo. —¡Suéltala, abominación…!

—Tú, chiquillo molesto. —Bendy, que había visto venir al joven, no tuvo ninguna dificultad en retenerlo en su agarre con su mano libre, y también lo levantó en el aire. —Me estoy cansando de tus repetitivas intervenciones. Un insecto como tú… no es digno de tocar a un dios como yo.

—Dios o no… ¡Sigues siendo un fenómeno sin corazón! —Le gritó Mike, con lágrimas todavía cayendo de sus ojos. —¡Mataste a…!

—Sí, sí. Supérenlo. —Bendy ladeó la cabeza con fastidio, y se fijó en Alice, quien todavía se retorcía del dolor. —¿En qué estábamos, dulzura…?

—¡Basta! —Le rogó Mike, forcejeando y pateando a Bendy para que lo soltara y dejara de lastimar a Alice, aquella que los había salvado y guiado por todo este camino…

—¡Bendy, detente en este...! —Henry y Mike también se habían cansado de ver sufrir a Alice, y corrieron a ayudarla, o al menos intentarlo. Bendy no podría retenerlos a todos solo, y no iba a matarlos arriesgándose a perder su sangre, ¿verdad?

Claro, lo de la sangre Henry no lo sabía, y ahora mismo no le importaba. Iba a arriesgarse a morir, si lograba salvar a esos dos de las garras de lo que él había creado…

Pero en ese instante, un enorme manchón de tinta se abalanzó contra él y contra sus hijos, y ambos terminaron en el piso, cada uno con una de las enormes garras de la cosa encima de ellos.

Aquel monstruo que había atacado a Ryan y Mike, ahora tenía atrapadas a sus dos presas bajo sus zarpas, y entre su sonrisa de colmillos afilados, soltó una risa muy familiar.

—Pero miren quién decide aparecerse… —Bendy sonrió y meneó la cabeza. La criatura se irguió en respuesta, con sus dos presas en cada mano, y empezó a mutar poco a poco, tomando la forma exacta de la versión espeluznante y demoníaca de Bendy, como si ahora hubiera dos de ellos.

Ryan y Mike ensancharon los ojos, y Henry frunció el ceño.

—Se me hizo algo tarde. El tráfico, ya sabes. —Contestó el segundo Bendy, y sonrió con la misma locura que el original. De un movimiento, aventó a padre e hijo contra una pared con tanta fuerza que ésta se fisuro, y al soltarlos, Henry y Ryan se desplomaron con sus cuerpos llenos de heridas y aquella codiciada sangre dorada derramándose en el suelo, ambos demasiado lastimados para intentar algo más. Mike jadeó del miedo y preocupación, pero ambos Bendy's lo ignoraron. —Al menos, logré cumplir con mi parte esta vez.

—Tu trabajo era cazar a estos niños mientras yo buscaba a nuestro querido Henry, y como puedes ver, no lo lograste al pie de la letra. —Refutó el primer Bendy, ante la mirada molesta de Mike y los retorcimientos agonizantes de Alice.

—Como sea, como sea. —El segundo Bendy comenzó a acercarse al primero, y cuando estuvieron cara a cara, se quedaron mirando entre sí unos segundos. —Ya hemos prolongado este show infernal lo suficiente. Es hora de dar inicio al acto final.

—Como gustes. —Los dos Bendy's empezaron a unirse en una sola masa de tinta, escena que Mike observó con horror, hasta volverse nuevamente un solo Bendy, pero exactamente igual a los dos que se encontraban ahí un segundo antes. —¿En qué estábamos? ¡Ah, sí! Tú. —Miró a Alice, quien aún sufría cruelmente la tortura del demonio, y la tinta de su cuerpo estaba empezando a deformarse. —Convirtámoste en lo que más odias, querida Alice. Me pregunto, qué sentiría Boris… —Los ojos de Bendy relampaguearon un momento debajo de la tinta que los cubría, y Alice se quedó completamente quieta, dejando de moverse violentamente. —… Si llegara a descubrir que aún después de todo esto… —Tocó la frente de Alice con su dedo, los ojos de ella se apagaron. —… Tú trabajaras para mí.

Ryan y Henry abrieron los ojos para contemplar la monstruosidad que Bendy le estaba haciendo a Alice, lo cual Mike observaba muy de cerca. Demasiado cerca.

Bendy soltó a Alice, quien, con la tinta de su cuerpo distorsionándose constantemente, aterrizó de pie, con la cabeza gacha y sin moverse. Su cuerpo empezó a cambiar, a transformarse en algo mucho peor, mucho más horrible. Parte de su rostro se deformó, al igual que su cuerpo, y sus ropas se rasgaron ligeramente. Los cuernos casi escondidos entre su cabello se hicieron más notorios, sus ojos y su figura se volvieron más humanos, y su boca lucía hileras de filosos colmillos. Se hizo más alta, a tal punto de que parecía de la misma estatura que Bendy. Éste sonrió encantado, y más cuando la distorsionada versión de Alice Angel alzó la cabeza, y lo miró fijamente.

—A sus órdenes, mi amo. —Dijo ella, con su misma voz, aunque algo ronca y ligeramente distorsionada. Se arrodilló ante el demonio, que no podría estar más complacido.

—Levántate, mi reina. —Bendy le tendió la mano, que ella estrechó delicadamente sin demora, levantándose tal como se lo ordenaron. —Tú y yo haremos grandes cosas juntos. Los dos… o mejor dicho… —Riéndose como un desquiciado al pasarle por la mente una idea, sonrió todavía más y volteó hacia el cadáver de Boris, todavía tendido en una pared de la habitación. —Los tres.

Lanzó a Mike hacia Ryan y Henry, y los tres rodaron desparramados sobre el suelo, demasiado adoloridos para al menos intentar moverse.

Bendy los ignoró, y caminó lentamente hacia el lobo muerto. A medida que se acercaba al cuerpo de éste, su forma iba volviendo a la normalidad, al igual que su sonrisa y rostro inocente, pero con un toque malicioso. Alice lo siguió con las manos en la espalda, y una mirada neutral, casi muerta. El demonio de tinta se detuvo ante el cuerpo sin vida de su antiguo amigo, e hizo aparecer nuevamente su bastón, con el cual señaló el pecho de Boris.

—Siempre quisiste que volviéramos a estar juntos, ¿no es así, viejo amigo? —Bendy ladeó la cabeza y sonrió más ampliamente. —Pues ahora estaremos juntos por la eternidad.

El cuerpo sin vida de Boris se puso de pie misteriosamente cuando Bendy chasqueó los dedos. Se retorció un segundo, y la herida de su pecho se cerró. Su cuerpo empezó a hincharse, volviéndose más corpulento, con brazos como troncos, y curiosas espinas curveadas, como cuernos de demonio, emergiendo de sus hombros. Un extraño halo, similar al de Alice, apareció sobre su cabeza, uniéndose a esta por medio de líneas de tinta. Con todavía sus ojos muertos, el lobo de caricatura pareció cobrar vida, pues dio ruidosos pasos hacia su nuevo amo, arrodillándose frente a él.

—¡Buen chico! —Bendy le dio unas palmadas en la cabeza, a lo que "Boris" ni siquiera reaccionó. El demonio sonrió, y volteó hacia Henry al oír que intentaba levantarse.

Mike se había golpeado la cabeza contra el suelo al ser lanzado por Bendy, así que se encontraba inconsciente, como Ryan a causa del dolor por sus heridas. Bendy soltó una risa al ver la mirada enfurecida de su creador, y avanzó hacia él dando saltitos y chocando sus talones en el aire con cierto tono rítmico, hasta llegar ante él.

—¿Y? ¿Qué te parecen mis nuevos amigos, Henry? —Preguntó con tono inocente y a la vez sarcástico. Ni Alice ni Boris reaccionaron ante la mirada de lástima de Henry, quien negó con la cabeza.

—Estaba totalmente equivocado… ¿Verdad? —Sonrió con debilidad, y agachó la mirada. Soltó una carcajada seca, como solía hacer para evitar llorar, y luego miró a su creación, al Bendy que él creó, a los ojos. —No hay ningún rastro del verdadero Bendy dentro de ti, ¿verdad? Ya no queda nada… se ha ido, y nunca volverá.

—¡Por fin comprendiste! —Bendy le dio unas palmaditas en la cabeza, divertido.

—No… no lo he comprendido. —Renegó Henry, apretando los puños, que temblaban a causa de sus heridas y la furia que lo carcomía. —¿Qué te sucedió, Bendy…? ¿Por qué te convertiste en esto? Lo que hice estuvo mal… pero… no hasta el punto de que te transformases en esta bestia, una bestia que no siente nada hacia las únicas personas que lo apoyaron, una bestia que no tiene misericordia por nadie, una bestia que se deleita en el sufrimiento de los demás, una bestia que manipula a quienes lo rodean como piezas de ajedrez…. —Miró a Alice y luego a Boris, sin poder evitar que unas lágrimas cayeran de sus ojos por lo que les había hecho Bendy… —Una bestia que corrompe lo puro… ¿Cómo… pudiste? ¿Hiciste…? —Hipó, y carraspeó para controlar el quebrantamiento de su voz. —¿Hiciste… todo esto… porque te abandoné?

—Henry, Henry, Henry. —Bendy negó varias veces con la cabeza, con su característica sonrisa brillante y fría. —No seas tan egocéntrico. ¿Esto, por ti? Puede que antes sí, que antes hiciera todo esto como una venganza hacia ti, pero luego, entendí que sí tenía una razón para existir… —Bendy cerró los ojos y apretó la empuñadura de su bastón. —Creí que mi propósito era hacer felices a los demás, repartir alegría y gozo, junto a ti, pero… ¡soy mucho más que solo un dibujito que entretiene niños! ¡Soy mucho más que la mascota de un show en blanco y negro! ¡Soy mucho más que solo una imagen! Soy especial… soy importante… soy trascendental. Mis motivos van más allá de los conflictos de esta tierra, mi amigo. Hay una guerra más allá que todavía está desarrollándose, y que una de sus partes tiene una notable ventaja sobre la otra… Y yo soy el único que puede equilibrar la balanza, si juego bien mis cartas. Lo supe todo, gracias a… Sabes, creo que no es necesario decirte su nombre. Lo conoces bien, después de todo. —Bendy se encogió de hombros, y soltó una risita malvada. Chasqueó los dedos, y repentinamente, las tuberías de la máquina de tinta estallaron, y la habitación empezó a inundarse a gran velocidad. —Estos dos podrían serme útiles ahora mismo… —Señaló, haciendo levitar los cuerpos inconscientes de Ryan y Mike. La tinta ya estaba cubriendo gran parte del suelo de la pequeña fábrica, y avanzaba rápidamente hacia Henry, quien se había puesto de pie de golpe. —Pero tú… creo que puedes esperar un poco más…

—¿Papá…? —Henry ensanchó los ojos al escuchar la voz de su hijo, y Bendy miró de soslayo con una sonrisa al joven cuyos ojos se habían abierto ligeramente, y que se encolerizaron al encontrarse cara a cara con ese diablo de tinta. —Tú…

—Ryan, Ryan, Ryan. —Bendy acercó el rostro del joven al suyo, y lo fulminó con sus ojos dilatados, aunque la furia desbordante del joven le obligó a no amedrentarse. —Estás causándome muchos problemas.

Y de un manotazo, ante la mirada atónita de Henry, lanzó al adolescente con brusquedad contra unas enormes tuberías. Ryan se desplomó sin fuerzas, apenas consciente y con un terrible moretón en la cabeza y espalda.

—¡Ben…! —Henry se incorporó por completo, totalmente enfurecido, pero se encontró cara a cara con el bastón de Bendy.

—Y todo acaba ahora… —Sentenció Bendy, dando un paso al frente, a lo que Henry dio uno hacia atrás. —Todo el sufrimiento que me hiciste experimentar, fue lo que me convirtió en esto que soy. Todos estos años de abandono, olvido, soledad, fueron tu culpa, y esos me convirtieron en lo soy. Recuérdalo, Henry: recuerda todos esos errores que cometiste. Recuerda que todo lo que hoy está sucediendo… lo provocaste tú. —Henry miraba con cierto nerviosismo a su creación, y a la tinta que iba subiendo bajo sus pies, a tal punto de que llegaba a dificultarle el caminar. Distraerse con ese último detalle fue lo que lo condenó. —Y hoy… —Antes de volver a mirar a Bendy, éste lo había empujado en el pecho con su bastón, haciéndole resbalar y caer de espaldas sobre la tinta… que pareció convertirse en un pozo sin fondo, en el cual ahora se precipitaba hacia la absoluta oscuridad. —Pagarás por ello.

—¡Papá! —Ignorando por completo su dolor, graves heridas, y a Bendy, Ryan se alzó sobre sus pies y corrió hacia el agujero que repentinamente se había abierto en el suelo y por donde toda la tinta filtrada caía como una catarata. —¡Papá!

Henry lo vio todo en cámara. Quizás él se merece todo esto, después de todo. Su maldita obstinación lo había condenado lentamente con el paso de los años. Su ambición por la fama, lo impulsó a trabajar en este estudio que ahora sería su tumba, y su propia creación fue la que selló su destino… ¿Gracioso, no? Sus propios trabajos lo habían matado, literalmente. Y curiosamente, esos mismos esfuerzos lo separaron de las únicas personas que alguna vez amó y lo amaron a él, y solo cuando supo que una de ellas tenía pocos años más de vida, fue que volvió al lado de ambas… demasiado tarde, en realidad. ¿Cuántas veces arruinó todo para su esposa? ¿Cuántas noches ella se habría quedado esperándolo, prometiéndole a un pequeño Ryan que regresaría? ¿Cuántas veces los decepcionó a ambos? Su esposa murió con una sonrisa en el rostro, una última sonrisa. Lo supo, porque él la vio antes de morir, en la cama del hospital. Obtuvo su último aliento, antes de que su corazón se apagara, y pudo estar con ella en sus últimos segundos en esta tierra. Ella murió sonriendo, aunque, pensándolo bien, cuando él regresó, lo hizo por su propia canallada. ¿Cómo tuvo valor para olvidarlo todo tan tarde, solo cuando descubrió que ella estaba muriendo poco a poco? ¿Cómo ella, a pesar de todos sus fallos, tuvo la posibilidad de sonreír antes de cerrar los ojos para siempre? Nunca dejó de preguntárselo, ahora más que nunca. Ni siquiera él podría volver a ser feliz, incluso cuando decidió renunciar a sus sueños para disfrutar los últimos meses que le quedaba a su familia mientras estaba completa. Tenía la sensación de un inminente desastre, que todo eso era pasajero, que algún día perdería todo lo que amó, y que sería irrevocable. Nada es permanente, y él lo sabía desde hace mucho tiempo. Pero aun así, si uno de los dos tendría que haber muerto, era él. Ryan hubiera sido mucho más feliz de haberse criado al lado de su madre. Él nunca estuvo muy presente, después de todo. Ryan seguía sonriendo, era porque su fortaleza, la fortaleza de su madre… y la frialdad de su padre. Y, por supuesto, si ella hubiese sido la que viviera de los dos, Ryan no moriría este día también. Al menos tuvo la oportunidad de ver la cara de su hijo una última vez, ahora que se asomaba en el túnel por donde caía hacia su cercana perdición.

Al menos, a pesar de todo, Ryan no lo odiaba. Al menos, ya no. Sonrió a pensar en eso, y creyó que, al menos al verlo sonreír por última vez, Ryan podría tener un poco más de confianza para seguir adelante, lograr sobrevivir a esto. Ser él quien salvara el día, como siempre soñaba ser el superhéroe que salvara el mundo cuando era pequeño.

Su sonrisa se desvaneció al ver aparecer a Bendy detrás de su hijo, sonriendo y sujetándolo. Ryan nunca apartó los ojos de su padre, aun cuando Bendy lo arrastró y ambos desaparecieron en la oscuridad…

Una oscuridad, que se hizo infinita en poco tiempo.

Henry Stein cerró los ojos. Ya había aceptado su destino, aunque no había aceptado el de su hijo.

Él fue quien lo arrastró, a él y a Mike, hacia todo este desastre, y si él iba a morir por su culpa… arder por la eternidad en el infierno no sería un castigo suficiente.

La oscuridad ahora lo acompañaba, pero se sentía tan lejana y distante, tan cercana y silenciosa, que seguía sintiéndose solo.

Porque así estaba.

Solo, y atrapado en el derrumbe que él mismo provocó al apilar sus errores uno tras otro hasta que colapsaron sobre él.

Y éste era el resultado.

La risa de Bendy fue lo último que escuchó, antes de cerrar los ojos, y que la oscuridad que lo rodeaba se intensificara. Un silencio sepulcral, que sellaría su muerte.

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¡Oh, sí, bebé! ¡Este sí que fue bueno! (y muy, muy largo. Espero que hayan tenido tiempo para leer hasta aquí) ¡Fue el capítulo más largo que hice en mi vida! Miren, que hasta me siento cansado, pero me encanta como quedó. ¡Miles de gracias a todos los que llegaron a leerlo completo! ¡Les estaré eternamente agradecido! Y unas gracias especiales para Simplemente Yo. Señalo que estuve a punto de pausar este fic como lo he hecho con el resto de los míos (ups) pero su Review en el capítulo anterior fue lo que me animó a seguir escribiendo hasta ahora. Estoy conforme con el resultado, ¿y ustedes? ¡Déjenme sus Reviews para saberlo!

Ahora, ¿qué seguirá? ¿Creen que debería terminar el fic así? O.O Ña, es broma. Pero les digo que tal vez descanse un poco antes de subir el tan ansiado final, y voy a planearlo bastante para que quede al menos aceptable (es la primera vez que termino un fic en toda regla, así que veremos cómo queda). Nuevamente, mil gracias por llegar hasta aquí, y espero que pasen un buen día/tarde/noche.

Cuídense y nos leemos en la siguiente actualización, mis queridos lectores.