9: Desfile 'De Perros'

El color celestino de la tarde fue palideciendo a medida que el sol teñía el horizonte de anaranjado, logrando un matiz de colores en degradé, que se fue oscureciendo hasta adquirir el tono índigo de la noche, dando visibilidad a las estrellas. A todo esto, el calor también descendió, hasta un punto en que el aire estaba agradable. La sombra de la ciudad creció durante el crepúsculo para finalmente desaparecer cuando la luna subió al firmamento. Se respiraba algo inquieto en el ambiente, mezcla de variadas expectativas y presentimientos.

En vez de reducirse, el caudal de transeúntes en las calles del centro aumentó ligeramente, y se dirigía a la escuela secundaria de Canterlot High. La mayoría eran personas de todas las edades y géneros, acompañadas de sus mascotas, que también iban bien arregladas para el Desfile que se realizaría en la institución. Perros y gatos de todas las formas y colores, aves, incluso peces y reptiles, tendrían sus minutos de fama esa noche, con sus trajes hechos cortesía de Rarity (salvo por algunos atuendos originales de quienes prefirieron hacerlos ellos mismos). Obviamente, dueños y dueñas iban ataviados a tono.

Una serie de carteles en la calle indicaba el camino al lugar del desfile. Pasando por el frente de la escuela, unas flechas luminosas conducían a la parte posterior, donde se ingresaba por un portón a los patios. Las gradas habían sido limpiadas y decoradas con esmero, a la izquierda se ubicaban los puestos de comida y bebida, cortesía de Sweet Apple Acres y Sugar Cube Corner. Applejack se encargaba de los refrescos y Pinkie de los postres. A la derecha se hallaban los bastidores, donde Fluttershy y Rarity organizaban a los y las desfilantes mientras Twilight chequeaba que todo estuviera en orden, revisando una y otra vez su lista. Afuera, justo en el medio, habían armado no sólo una deslumbrante pasarela sino a continuación una divertida pista de juegos para que los animales mostraran sus destrezas. Incluso habían cedido un pequeño puesto a la tienda de mascotas de la ciudad, por su calidad de patrocinio oficial. Por otro lado, Sunset era la encargada de recibir a la gente en la puerta e ir ubicándola hasta que comenzara el evento. También sería la presentadora. Eso, obviamente, la traía con muchos nervios, pero estaba decidida a dar lo mejor de sí, pese a las cosas que estaban dando vueltas en su cabeza.

Entre toda la concurrencia, esperaba poder ver a ese muchacho. Desde su primer encuentro en la puerta de una librería, sentía que había algo raro en él. Fue cuando tocó su mano y sin querer vio lo que pasaba por su mente. Y eso era lo que le producía tantas dudas, tanta inseguridad. Jamás lo había visto antes, pero Stargazer sí a ella, al parecer, lo que no tenía sentido si es que venía de otra ciudad, aunque había una posibilidad de que la hubiera visto en la fiesta del Campamento Everfree. La imagen fugaz que había visto en su mente no era muy clara, pero sabía que estaba pensando en ella. La conclusión parecía hacerse evidente aunque a la vez un poco atemorizante. No le había escrito nada a la princesa Twilight al respecto pues no tenía nada muy concreto, sólo conjeturas. Quería preguntarle qué hacer en caso de que ocurriera lo que no debía, pero lo había dejado estar debido a que siempre tenía otra cosa que contarle, o que estaba muy ocupada con el desfile de mascotas, al igual que sus amigas. ¿A qué esperaba para hacerlo?

Por alguna razón, no se quitaba a Stargazer de la cabeza. Sunset Shimmer sentía que algo importante estaba sucediendo mientras ella y sus amigas se encontraban ocupadas con el desfile. Y era probable que aquello se manifestara en el peor momento, cuando ellas estuvieran ocupadas con otras cosas. Ojalá no fuera en pleno desfile, habían trabajado mucho para organizarlo todo. Pero bueno, así son las cosas, cuando el deber llama…

¡Señoras y señores, vayan tomando sus asientos porque en breve comenzará la apertura del Desfile de Mascotas con el show más grandioso de la ciudad, cortesía de la Gran y Poderosa Trixie! —tronó una voz por los altoparlantes, sobresaltando a la pelifuego, que dio un brinco y una exclamación.

"¡Trixie! Maldita sea, ¿cómo se le puede tener paciencia de esta forma?". Tras mucha insistencia por parte de la chica "maga", y como una forma de "limar asperezas", las organizadoras habían accedido a dejarla hacer un pequeño show de apertura, con algunas condiciones, como que no se extendiera más allá de media hora, o que evitara comportarse de esa manera tan egocéntrica característica de ella. Sunset se giró y miró directamente al escenario, donde estaba aún Trixie con el micrófono entre las manos. Llevaba su capa y su sombrero, con un traje a tono, y desapareció rápidamente cuando los ojos de Sunset la enfocaron. "Sólo espero que no lo arruine" pensó la pelifuego, suspirando. A veces, inculcar la amistad desde el propio ejemplo era bastante difícil. Pero por eso habían tomado precauciones, conociendo lo extremas que podían ser las presentaciones de Trixie, en su intento de demostrar ser "grandiosa" y "poderosa", cuando en la realidad estaba lejos.

Quedaban algunos minutos para empezar, y mientras tanto seguía llegando gente.

Una figura asomó tímidamente por el portón, mirando disimuladamente hacia adentro. Permaneció parado en la puerta por unos momentos, vacilando entre entrar o no. Venía solo, aparentemente, pues no estaba acompañado de ninguna persona o mascota. Había menos de un metro de distancia con respecto a donde se paraba Shimmer, por lo que el recién llegado quedaba en su campo de visión. Ella lo vio, y la mirada de Stargazer se hubiera cruzado con la de ella de no ser por su constante ir y venir. No era conveniente acercarse a hablarle, uno porque no podía distraerse de su tarea, y dos, porque temía meter la pata si no pensaba bien su accionar. ¿Qué debía hacer? ¿Cómo debía portarse? Lo mejor era esperar a que entrara, y actuar lo más natural posible.

Por su parte, Stargazer no se decidía. Cómo sus pasos lo habían guiado finalmente a Canterlot High, era algo complicado de explicar. O tal vez no. La respuesta simple podía ser que siempre la curiosidad podía más. No era capaz de vencer su obsesión y tomar la salida más "razonable". Sabía que empezaba a exponerse demasiado, pero en cierta forma parecía inevitable que todo se descubriera. En ese caso, sus opciones eran escapar con tiempo, o quedarse a ser envuelto por un problema de grandes proporciones, y tratar de salir lo menos dañado posible. Además, la entrada estaba "custodiada", por eso vacilaba tanto. No se animaba a volver a hablarle, como si sus palabras o su mirada fueran capaces de delatarlo. ¿Y cómo explicar su presencia allí? Bueno, podía decir que la repostera de pelo rosado lo había invitado, pero seguía sintiéndose sospechoso. Retrocedió unos pasos, para ocultarse de la vista de Shimmer, aunque aún podía verla a través del tejido.

Las últimas personas ya se iban ubicando, y Sunset estaba por irse de la entrada para luego ir a revisar que todo estuviese listo, cuando una voz la llamó a la vez que alguien le tocaba el hombro. Pensando que finalmente el muchacho se había decidido, se giró y dijo "¡Hola!" inmediatamente.

—Oh… hola Sunset. Casi no llego, jeje.

—¿Flash?

—Me enteré del desfile por comentario de mis amigos, — dijo Flash, traía puesta ropa deportiva y tenía signos de haber venido corriendo — y como no tenía una mascota, no iba a venir, pero… bueno, pensé que… al menos podía asistir por un rato, jeje.

Sunset estuvo por decir "¿Es por Twilight?" pero se lo calló, porque sabía que Sentry todavía no la había olvidado. No había olvidado a esa chica torpe, de pelo morado, que justo vino a quitarle la corona del baile de otoño a su ex novia, además de salvar a toda la escuela… dos veces. Y después se va, y luego aparece de nuevo, pero completamente cambiada, y sin darle la misma atención que antes le daba. Entonces, le toca enfrentarse a la verdad del desengaño amoroso, lo cual lleva todo un proceso interno. Sunset lo veía bastante resignado, y le daba lástima. Porque de haber querido, podría haberle hecho gancho con Sci-Twi, pero eso obviamente no habría funcionado. Y se habría sentido raro también, pensando que había sido novia de Flash por un tiempo, sin embargo, eso era parte de su etapa anterior. Actualmente no podía decir que sentía algo por él, pero las vueltas que da la vida…

—Es bueno que hayas podido venir — dijo con una sonrisa tímida —. Lo apreciamos mucho, de verdad.

Hubo unos segundos de silencio denso entre los dos, ese típico momento en lo que ninguno sabía qué más decir. El típico silencio de una ex pareja que se vuelve a reencontrar tiempo después, sin rencores y sin pullas, y la interacción se vuelve algo incómoda. Ambos habían madurado, cada uno a su forma. Flash observó a Sunset, lo distinta que estaba, pensando que, de no haber cambiado, no estaría colaborando allí, sino probablemente buscando el método para arruinarlo todo, junto a ese par de petimetres que la seguían todo el tiempo. Ahora se sentía confundido, como si la nueva Shimmer le produjera un nuevo interés, pero Twilight Sparkle seguía en su recuerdo. ¿Qué demonios le pasaba?

—Oye, Sunset… — dijo Flash cuando tomó coraje. Entonces volvió a enfrentarse a los ojos aguamarina, y casi lo perdió — Han pasado tantas cosas… no sé cómo decir esto. Has cambiado mucho... y para bien… todo lo que has hecho antes, bueno, nunca le presté atención, pero después de lo del baile de otoño, me sorprendió verte cambiar de actitud, incluso llegaste a salvarnos dos… tres veces. Y aunque al principio nadie confiaba en ti, supiste ganarte su aprecio… eso, sé que no es nada que no sepas ya…

—Está bien… la verdad es que ha sido todo un aprendizaje. Sí me quedé con algo de rencor, pero tuve tiempo de pensar, y me di cuenta de que buscar revancha habría sido inútil. Debo admitir que "rendirme", al principio… pensé que podía tomarlo como una forma más efectiva de lograr lo que quería cuando vine por primera vez aquí.

—Entonces… ¿todavía le tienes rencor a Twilight?

Sunset ladeó la cabeza. Después de todo lo que había pasado, era absurdo guardarle rencor a la princesa de la amistad. Alguna vez se había imaginado cómo serían las cosas si hubiera tomado otro camino, si hubiera rechazado la oportunidad que Twilight le había dado. Seguramente no habría logrado nada de lo que había hecho hasta ahora.

—No, sinceramente… estoy agradecida con ella. Creo que fue necesario caer, para volver a levantarme, y fue ella la que me dio la mano inicial, la que… me reunió un grupo de amigas para enseñarme sobre la amistad.

—Bueno… parece como si lo hubiera planeado, creo.

—Jeje — sonrió Sunset, recordando las fechorías con las que había intentado intimidarla o correrla de allí — Estoy segura de que fue más bien… improvisada, porque creo que no tenía otro plan más que conseguir la corona.

"Y robarse a mi ex", y este pensamiento, por una extraña razón, desató la risa en Shimmer, lo que contagió al chico de pelo azul.

—Lo cierto es que, improvisada o no, consiguió más que una corona. Nos regaló una gran amiga.

La risa se detuvo en seco. Sunset no recordaba haberse sonrojado tanto antes. Ni que Flash le hubiera dicho tantas cosas profundas en mucho menos tiempo del que había durado su noviazgo. Era algo increíble. Por un instante, ambos se miraron, y en otro instante, sonó una campana y no hubo tiempo para agregar nada más. Sunset tuvo que correr al escenario, no sin antes darle un saludo fugaz al joven, ahora acostumbrado a quedar así plantado. Fue a acomodarse pacientemente en el primer sitio que halló libre, aún con un poco de rubor en las mejillas.

Desde su improvisado escondite, Stargazer había contemplado la escena, aunque sin escuchar nada de lo que hablaban. Notó la familiaridad en su trato, las sonrisas, la armonía que había en la pareja... Entonces dio media vuelta y se largó, deteniéndose en la esquina y reprimiendo un irónico estallido de risa. Maldita sea, ¿esto estaba pasándole? ¿Estaba teniendo celos de un vato de secundaria, seguramente un muchacho genérico, al que le gustan los deportes y tocar la guitarra, además de sentirse cool por sus pelos parados? Stargazer se dio una palmada en la frente. "Sigue así, pequeño saltamontes, y vas camino a graduarte oficialmente de Idiota con Honores" se dijo mientras volvía. Era increíble que, siendo tan maduro e inteligente, fuera capaz de estas chiquilinadas.

Y ahí fue cuando surgió una voz, la voz de su interior que normalmente quedaba relegada a segundo plano por la voz dominante, la voz de la "razón". "Escucha bien, pedazo de nerd, no eres un puto robot. No eres una máquina, no eres una computadora con quichicientos gigas de RAM y de procesador y toda esa basura, que sólo se dedica a hacer cálculos matemáticos y toda esa mierda, ¡eres un ser con emociones! ¿Qué más natural que sentir celos por la persona que amas, eh? ¡No eres sólo un cerebro, eres alma, corazón y vida, o lo que sea, así que ya déjate de jorobar y métete a ese desfile! Después de todo, si te consideras investigador, y estás investigando algo "objetivamente", debes recordar que los investigadores no deben dejarse llevar por su subjetividad, ¿o no?". Era extraño hablarse a sí mismo de esa forma, pero si se aceptaba la teoría de que el ser humano no es un sujeto "único" e "indivisible", pues… también cabía la posibilidad de que se tratara de un caso de esquizofrenia, porque esa segunda voz lo acompañaba desde muy pequeño.

Así que fue, entró, y se acomodó en el primer resquicio que encontró, no sin echarle una mirada de reojo al joven de pelo azul.

-.-.-.-

—¿Qué tienes ahí, Sonata?

Al notar lo entretenida que estaba con aquel aparatito chato, Aria se lo quitó de las manos. En la pantalla aparecía un muro de fotos donde las Rainbooms estaban presentes, Sonata había estado mirando una por una en busca de algún detalle útil. Se encontraban en la misma cafetería donde habían visto el despliegue de magia ecuestriana que las guió a Canterlot High, pero esta vez sin su habilidad especial.

—Sé que ustedes no le dan demasiada importancia, pero entré a esa página donde se suben fotos y aprendí muchas cosas. — contestó Sonata.

—Yo no veo nada interesante… —dijo Aria, pasando las fotos con poco interés — ¿Para qué se supone que nos va a servir?

—Bueno… — Sonata se tomó unos segundos para elaborar su explicación, mientras sus hermanas, por primera vez, le prestaban atención seria —Podemos usarlo de varias formas. ¿Recuerdas Aria, lo que nos contaste sobre lo que Sunset Shimmer dijo? — la mencionada asintió con la cabeza — Pues… no sabemos con exactitud en qué puede tener razón, ya que ese supuesto aparato que "almacena" magia puede o no ser real, y es posible que de haber existido, lo hayan destruido. Ya saben… por seguridad.

—De encontrar ese aparato, podríamos quitarles su magia y usarla para nosotras — reflexionó Adagio —, pero sería muy arriesgado. Deberíamos concentrarnos en llegar al portal.

—Ajá, ¿y cómo pretendes lograrlo, siendo que las Rainbooms andan todo el tiempo por allí? — cuestionó Aria, cruzándose de brazos, en su típica pose de objeción.

—Sin mencionar que tal vez no esté funcionando… o que tenga alguna especie de protección especial… — agregó Sonata.

Adagio hizo memoria de lo que Aria había contado. Entonces recordó algo.

—¿No había algo sobre unos "cristales"...?

—¡Eso! ¡Los cristales! — la interrumpió Sonata, ignorando la dura mirada de reproche por parte de la líder — Los cristales serían más fáciles de conseguir, vi que los llevan siempre al cuello. Si pudiéramos tomarlos… por lo menos uno para cada una… podríamos reunir magia suficiente para crear nosotras un portal a Equestria.

—Espera, espera — la cortó Aria — Eso sí que sería arriesgado, ¿cómo se supone que se los quitaremos del cuello, si es cierto lo que dices, y sin tener que exponernos?

—¿Y cómo se te ocurre eso de que podemos "crear un portal" con esos cristales? — interrogó Adagio.

—Según la otra Shimmer, se puede hacer si uno reúne suficiente magia. Es lo que tú escuchaste, Aria, ¿verdad? — respondió Sonata, y la de cabellos púrpura asintió.

—Sí, pero nada nos asegura que eso pueda ser verdad. — objetó Aria — Ésa no es la Sunset Shimmer que conocemos…

—Lo sé, lo sé, pero esa es nuestra ventaja: podemos usarla para nuestro beneficio — y Sonata les guiñó un ojo.

Adagio y Aria la miraron sorprendidas. Por lo general, Sonata siempre era la más pizpireta, distraída, o pensaba sólo en comer tacos. Tal vez era la abstinencia de tacos lo que la ponía más atenta.

—Vaya… ¿quién eres y qué hiciste con Sonata? — preguntó Aria, en tono irónico, levantando una ceja.

—Nada, sólo soy yo. Es que estuve leyendo sobre entrenamiento mental en mi tiempo libre — respondió Sonata con una sonrisa, orgullosa de haber sorprendido a sus hermanas por una vez.

—Así que… ejercicios mentales, ¿eh? — Adagio miró fijamente a Sonata — Y dime, ¿qué ideas tienes para usar a esta chica para nuestro beneficio?

Un poco nerviosa, la dazzling de pelo azul se exprimió los sesos por unos minutos, hasta que se oyó un rugido en su estómago.

—Ah, no lo sé… tengo hambre — contestó finalmente.

"Bueno, hasta ahí llegó el entrenamiento cerebral" pensó Aria, coincidiendo con Adagio tan sólo con una mirada.

-.-.-.-.-

Tras mucho dar vueltas, intentando alejarse de la tienda de mascotas donde se habían topado con dos de las amigas de la impostora, Sun-mer y Moonz se pararon a descansar. El crepúsculo moría para que el firmamento se tiñera de noche, y ya casi no andaba un alma por las calles. Algo raro, si se tenía en cuenta que en esta época, hasta cierta hora, había movimiento en la ciudad. Ambas chicas estaban sedientas, y vieron que en la esquina de enfrente había un café. Entraron allí sin saber que, hacia el fondo del local, se encontraban las tres empleadas del Búfalo's Club. Pidieron dos gaseosas y fueron a sentarse en una mesa alejada de los ventanales, pero que quedaba cercana a la de aquéllas. Las estudiantes de Everton no se darían cuenta de su error hasta muy tarde.

—Qué locura… estamos tan cerca… — suspiró Sun-mer, estando a punto de quitarse el pañuelo, por el calor que le había dado, pero se dio cuenta rápidamente de que no debía y se detuvo enseguida, y dejando a Moondancer con un gesto a la mitad.

—Y entonces… — Moonz sacó el folleto del desfile de mascotas, observándolo con detenimiento. Tenía un diseño colorido, mostraba un escenario sobre el que bailaban diferentes animales domésticos, con muchas luces de colores y brillos, y aparecían los detalles del desfile con letras ciertamente extravagantes — ¿qué sigue ahora? ¿Qué vamos a hacer? No podemos ir a inspeccionar la escuela ahora, con toda esa gente…

—Lo sé. — dijo Sun-mer secamente, luego de tomar un trago de su refresco. Apoyó el codo sobre la mesa y la cabeza sobre su mano, pensando, como cuando estaba estudiando y se estancaba en algo. Se fijó también en el folleto, por unos instantes — Lo mejor será esperar hasta mañana, nadie puede vernos allí, menos a mí, o empezarán a hacer preguntas y, te imaginas cómo puede terminar eso. Aunque tengo mucha curiosidad, quiero ver ese pedestal, quiero ver cómo son los alrededores.

—Pero estamos en su territorio. ¿Cómo podremos explorarlo de modo seguro? Sobre todo si no contamos con Stargazer…

—Hmm… — Sun-mer se quedó en blanco. No se le ocurría nada. No tenía ganas de pensar.

Fue entonces cuando Moondancer, sin saber qué más decir, paseó su mirada por el interior del local, y allí fue cuando descubrió, a un par de mesas de distancia y en el lado contrario, a las tres chicas de Búfalo's. Sintió un leve estremecimiento. En lo profundo de su ser, empezaba a tener un vago presentimiento, un mal presentimiento, no sabía por qué, pero era como si se encendiera un alerta poco a poco. Por suerte, ninguna de ellas estaba mirando (lo que no significaba que no las hubieran visto entrar). "¿ Qué están haciendo aquí?" se preguntó, "seguro que nos han seguido… sabía que no era buena idea habernos ido sin responderles. ¡Y maldita casualidad, que nos cruzamos ahora!". Visiblemente nerviosa, tocó el codo de Sun-mer, y cuando esta levantó la mirada, le hizo un gesto de "mira disimuladamente, por favor", por lo que la chica de ojos aguamarina los desplazó levemente, y al ver lo que su amiga le señalaba, se abrieron llenos de sorpresa. Sunset se enderezó casi con brusquedad, mirando a Moonz con cara de "¡Mierda!". Enseguida, escrutó a su alrededor, no había mucha gente en el bar, de hecho parecía que estaban todos en el desfile. Irse así sin más quizá quedara obvio, ¿pero qué más podían hacer? Lo más recomendable era evitarlas, ya tenían suficientes cosas de las cuales ocuparse.

Por otro lado, en la mesa de las Dazzlings, Adagio y Aria se inclinaban sobre el menú, aunque este era demasiado pequeño para cubrir la gran melena de la líder y las coletas de Aria, y Sonata, agachada sobre el otro asiento, espiaba como podía. En esas posiciones era difícil comunicarse, y dado el bajo volumen de la música y el técnicamente nulo murmullo de las demás personas, era muy probable que, aún susurrando, se oyera lo que ellas decían. Sin embargo, debían decidir algo ya. A una seña de Adagio, todas se metieron bajo la mesa, algo no muy… normal, pero por suerte nadie se fijaría en ellas. Salvo, claro, sus objetivos.

"Shh, lo más despacio posible" indicó Adagio, "tenemos que aprovechar esta oportunidad". "¿Estás segura? Creo que ya nos vieron…" dijo Sonata, preocupada. "¿Qué más da? Ya nos deben haber visto, no hay nadie más en este lugar" comentó Aria, "deberíamos actuar ahora". "¿Y si se asustan y echan a correr? No parecían muy convencidas cuando hablamos con ellas, por eso se fueron sin decirnos nada" replicó Sonata. "Eso es porque todavía no terminan de entender cómo son las cosas. Pero solo es cuestión de tiempo para que estén de nuestro lado" dijo Adagio, "Y ya tengo una idea de lo que podemos hacer con esta nueva Shimmer. Si la convenciéramos de que suplante a la otra y se infiltre en el grupo, podría conseguirnos los cristales". "No es mala idea" asintió Aria, "aunque deberíamos planearlo bien, y tener la seguridad de que esta vez sí va a colaborar con nosotras". "Podríamos secuestrar a su amiga, y tenerla de rehén hasta que haga lo que nosotras le pedimos" propuso Sonata, "lástima que no trajimos a Bruce, el guardaespaldas, él nos habría ayudado". Aria hizo una cara de asco, y Adagio rodó los ojos. No hacía falta aclararle a Sonata que eso habría sido una pésima idea, además de que no habría sido "gratis".

Mientras tanto, Sun-mer y Moonz, más "civilizadas", en vez de esconderse bajo la mesa para hablar, utilizaron sus celulares para comunicarse a través de mensajes de texto.

-"Vámonos y ya. No nos verán porque se metieron debajo de la mesa. Son un poco raras…" - escribió Moonz.

-"Sí, es una buena idea. Yo ya te dije que no me dan buena espina. Me parece increíble que hayan podido venir hasta acá tan rápido. Por lo general, en la clase de sitios donde ellas trabajan, no suelen darles mucha libertad." -puso Sun-mer.

-"Bueno, pero me parece que ellas no son muy normales, quizá tienen una especie de arreglo especial con su jefe… Es muy probable que de verdad tengan algo contra la otra Sunset." -

-"Hmm, mira, Moonz, no quiero saber nada. Que se venguen o no de la otra no me importa, pero que no me metan en el medio. Toma tu botella y larguémonos al hotel" -

Con un temor creciente en su pecho, Moondancer accedió. Sunset echó una ojeada por sobre el hombro de su compañera, y viendo que aún las Dazzlings permanecían agachadas, le hizo un gesto y se levantaron lo más silenciosamente posible, encaminándose hacia la puerta a trancos largos. Aunque intentaron que la puerta cerrara sin ruido, los goznes, acostumbrados a ese movimiento una y otra vez, rechinaron por la falta de aceite. De todas maneras, las sirenas vieron moverse sus pies desde su improvisado sitio de deliberación.

Afuera, las nativas de Equustrópolis apuraron el paso, aunque sin saber qué calle tomar que las llevara al hotel. Desgraciadamente, las tres perseguidoras las alcanzaron, interponiéndose entre las dos como si se intercalaran: Adagio y Aria escoltaban a Sun-mer, y a la vez, Moonz quedaba entre Aria y Sonata. Además, para asegurarse de que no escaparan, entrelazaron sus brazos con los de ellas, quedando así como una especie de grupo de "súper amigas". No era un recurso cómodo, pero sí efectivo.

—Qué gusto volver a verlas, chicas. — dijo Adagio en tono cínico — No supimos nada de ustedes después de que se fueron de Dodgebay.

—Déjennos en paz. No tenemos nada que ver — Sun-mer le hizo una seña a Moonz y las dos intentaron salir corriendo, pero las dazzlings se lo impidieron sosteniéndolas fuertemente con sus brazos, obligándolas a volver a la línea que formaban las cinco juntas.

—¿Por qué la prisa? Sólo queremos hablar de un tema que quedó pendiente. — dijo Aria.

—Y de paso podemos darles un tour por la ciudad si quieren, nosotras vivíamos aquí antes — agregó Sonata alegremente.

—Escuchen, sabemos que estuvo mal irnos sin darles respuesta, pero teníamos que irnos sí o sí al otro día y… —empezó Moondancer, pero Aria la interrumpió, clavándole su mirada dura.

—¿Y qué? Nuestro ofrecimiento no era tan malo. Ustedes no saben con lo que se meten, sólo creen que todo esto no son más que chicas disfrazadas haciendo trucos de magia, ¿verdad? Pero no se imaginan lo que hay detrás — la sirena de cabello púrpura giró un guiño hacia Adagio, que entendió hacia dónde debía encaminar la conversación.

—Dime, ¿qué tanto sabes de esa chica que supuestamente se hace pasar por ti? ¿Qué han averiguado concretamente sobre ella, eh?

—¿Por qué se lo diría a ustedes? — replicó Sun-mer, firmemente. No accedería a darles ningún tipo de información.

—Porque nosotras sabemos mucho sobre ella — respondió Sonata.

—Pero si ustedes fueron corridas de aquí hace tiempo... ella pudo haber cambiado — dijo Moonz, que no podía controlar los escalofríos que le producía el contacto tan cercano con esas chicas.

—De todas formas, sabemos lo que planea esa criatura que se hace llamar "Sunset Shimmer". — dijo Adagio, mirándose las uñas de la mano libre. Estaba segura de que su estratagema funcionaría, aunque debía tener mucho cuidado de que ninguna de las tres metiera la pata, especialmente Sonata.

—¿De verdad lo sabemos…? — preguntó Sonata, que todavía no había captado la idea del plan. Aria le habría dado un golpe de no ser por sus "rehenes".

—¡Claro que los sabemos! ¡Ella nos echó de aquí porque nos rehusamos a colaborar con ella! No queríamos tener parte en algo tan horrendo…

—¿Qué? A ver, a ver — interrumpió Sun-mer, porque no le cuadraba para nada lo que estaba escuchando —, ustedes me dijeron que las humilló en una batalla de bandas musicales y arruinó sus vidas. Nunca mencionaron nada de que les pidió colaboración en algo, ¿cómo se supone que podemos confiar en ustedes si no nos dicen la verdad?

—Y ustedes dicen ser criaturas mágicas, que fueron expulsadas de otras dimensión por un extraño hechicero que convocó un portal a través de un espejo. —la secundó Moonz — Y que la otra Sunset al parecer llegó aquí fortuitamente, además de que vino una supuesta princesa mágica a ayudarla…

Adagio soltó una risita.

—La verdad es…. que no les contamos toda la verdad, porque no podíamos, pero lo haremos ahora. Sé que para ustedes va a ser difícil creerlo... pero todo eso es parte de un plan mayor: una invasión.

—¿Una invasión? Eso es absurdo…

Si bien la mente de Sun-mer se resistía a esta afirmación, en cierta forma, no tenía argumentos sólidos con los que refutarla, mientras que la de Moonz se inquietaba aún mucho más. Su presentimiento de que algo iba mal se acrecentó.

—¿En serio crees que es absurdo? ¿No te has enterado de cosas muy absurdas en los últimos días? — le preguntó Aria, y viendo que había dado en el blanco, prosiguió — Miren, tal vez nosotras no les parezcamos de confianza, pero no se crean que la otra Shimmer y su pandilla son un simple grupo de amigas que usan magia para ayudar a otros. Están preparando algo grande, y lo están haciendo poco a poco, para no levantar sospechas.

—Nosotras hemos cometido ciertos errores, sí, pero no son nada comparado con lo que esa Sunset Shimmer pretende hacer con este mundo. — continuó Adagio — Y para eso estamos aquí: para advertirles de lo que se viene, por eso, ustedes son las privilegiadas.

Sun-mer entornó los ojos. No pudo evitar acordarse de las locuras que decía Moondancer sobre las agencias de inteligencia o agentes secretos, que tratan con temas oscuros de poder. "Espero que no se le ocurra mencionar nada de eso".

—Entonces… ¿ustedes son como una especie de agentes especiales? ¿Cómo saben de los planes de… la impostora?

"Maldita sea, Moonz".

—Bueno, algo así. — admitió Sonata — Supimos lo que ella planeaba después de que nos derrotara…

—Ajá, ¿y para quién trabajan? — interrogó la pelifuego — ¿Es alguien de este mundo, o del otro?

—Hmm, no podemos decirlo — respondió Adagio —, eso es un… "secreto de estado" — no sabía de dónde le había salido, pero sonaba convincente.

La cosa tomaba un camino bastante empinado. Esta nueva historia de las Dazzlings añadía más condimento al caldo de rarezas que se venía cocinando en la semana. ¿Cuál sería el ingrediente final? ¿La olla se terminaría rebasando, salpicando a todo el mundo con ese guisado? Ojalá Stargazer se hubiera marchado de la ciudad, para quedar a resguardo de esta olla loca.

—¿Y por qué, justo ahora que nosotras estamos en este asunto, ustedes deciden intervenir? — cuestionó Sun-mer — Si saben desde antes lo que la impostora pretende hacer…

—Oh, oh, ya vamos a esa cuestión — se apresuró a decir Adagio, sabiendo que no debía dar lugar a más cuestionamientos por parte de la pelifuego, o su plan se iría al garete.

Ya habían dejado lejos la cafetería, y habían tomado por una calle adyacente, a tres cuadras de la que llevaba directamente a Canterlot High. Desde allí se oía un murmullo, que crecía conforme se acercaban a su zona.

—Verán, lo que hemos averiguado hasta ahora, — continuó la dazzling de cabello rizado anaranjado — es que esta Sunset Shimmer está reuniendo un ejército. Sí, un ejército para tomar la ciudad, y expandirse a todo el mundo. Para eso tiene a sus "amigas", que en realidad sólo son subordinadas que cumplen sus órdenes.

—¿Y dónde se supone que está su armamento, sus guarniciones, o su fortaleza? Es decir, no veo nada que respalde esa idea.

—Oh, por favor, la gente de este mundo es tan ilusa… — comentó Aria —¿Nunca se han preguntado por qué no hubo repercusiones sobre lo que pasó en la Batalla de las Bandas? ¿No han oído a la gente hablar de las cosas raras que han sucedido en la ciudad?

Sun-mer y Moonz intercambiaron miradas. Entre las cosas que las dazzlings les habían dicho, aquellas preguntas tenían mucho que ver con lo que ellas mismas se habían preguntado días atrás. ¿Y si aquellas tres chicas tenían algo de razón, al fin y al cabo?

—Veo que se lo han preguntado. — continuó Aria — Así es como justamente trabaja: convenciendo a todos, hechizándolos para controlar su mente. Por eso nadie dice nada. Y en el momento indicado…

Hubo una pausa, que adquirió cierto tono de dramatismo. Era interesante que, a pesar de haber perdido su poder de canto, todavía podían usar su voz para influir en los demás a su favor -aunque no pudieran consumir magia. Darse cuenta de esto infló un poco el ego de Adagio, que se sentía cada vez más entusiasmada con su artimaña. Aria iba adquiriendo seguridad también, le parecía que iban a tener a esas dos chicas a su completa merced. Sonata intentaba contener su emoción, era el engaño más grande que habían urdido. Era como la venganza perfecta.

—En el momento indicado, es decir, cuando tenga a toda la ciudad bajo su control, usará los cristales para convertir a la gente en zombis sin voluntad — completó Adagio.

—Con alas de murciélago, colmillos y ojos demoníacos — agregó Sonata, haciendo pantomimas para parecerse a un demonio.

Ante esa mención, Sun-mer recordó su extraño sueño, y la descripción que había hecho Stargazer, sobre lo testimoniado por la directora Cinch, acerca de la "transformación" que había ocurrido cuando la impostora utilizó el aparato absorbe-magia, creado por la tal Sci-Twi, la supuesta "doble humana" de la "princesa" sobre la que habían hablado las Dazzlings aquella madrugada a la salida del club.

—Hey, ¿y qué hay de esa… princesa Twilight Sparkle, la que viene de la "dimensión Equestria"? —dijo — Ella no aprobaría eso, ¿verdad?

—Claro que lo aprobaría — contestó Adagio —, de hecho, ella es la cabeza de toda la operación. Shimmer va a dominar este mundo para ella.

—Sería algo así como una "extensión" de la princesa Twilight Sparkle en esta dimensión, su mano derecha — agregó Aria.

—¿Qué? — dijeron Moonz y Sun-mer al unísono.

Nuevas dudas surgían en torno a la mente de las estudiantes de Everton. Se quedaron en silencio, tratando de procesar esa información y conectarla con lo que habían averiguado sobre los Juegos de la Amistad y el Campamento Everfree.

—Pero los cristales, — saltó Moonz de pronto — ellas los consiguieron hace no mucho, en un bosque muy lejos de aquí. De hecho, fueron de campamento y…

—Quizá viajaron allí justamente para conseguirlos, ¿no? — dijo Sonata.

Pero los Juegos de la Amistad… ¿qué onda con eso? Twilight Sparkle… lo del aparato que absorbía magia… la confrontación entre ella y Shimmer… y sumado a que la directora de esa preparatoria privada no fue tenida en cuenta, que no hubo repercusiones para Canterlot High... Creer o reventar, parece que todo se reducía a eso. Si en vez de chicas mágicas, la cosa fuera de extraterrestres, admitidos como posibilidad científica… ¿Cómo podían saber que las cosas habían ocurrido tal y como se las informaron? Lo que no tenía sentido empezaba a tenerlo, pero al mismo tiempo, se daba lo inverso.

—¿Qué es lo que ustedes buscan realmente con todo esto? — preguntó finalmente Sun-mer.

-.-.-.-.-

El espectáculo de la Gran y Poderosa Trixie no fue tan "grande" o "poderoso" como se esperaría, pero fue divertido y entretenido, al menos por como se comportó el público. Al tratarse de un evento con animales, Trixie quiso centrarse en trucos con animales, y eso requirió un largo proceso de negociaciones, con Fluttershy específicamente, para la colaboración de los amiguitos peludos en los actos. Los ensayaron varias veces, y tuvo resultado -además de muchas bolsas de comida de por medio-.

Un juego de luces y humo, acompañado por música, sirvió como entrada para la maga, que dio las gracias al público por venir, sin olvidar de agradecer a las organizadoras por permitirle estar allí. A pesar de las exhibiciones de ego y de su acento tan estrafalario, Trixie se desenvolvía bien en el escenario. El truco de sacar conejitos de la galera fue uno de los preferidos de la audiencia, lo mismo con ese de las dos cajas cortadas al medio (sin uso de objeto cortante) en donde hubo un perro salchicha como voluntario. O ese donde un chimpancé entraba a un armario misterioso, donde desaparecía, para aparecer luego en otro, completamente idéntico. Todo, con ayuda de compartimentos ocultos, efectos ópticos, etc., que funcionaban de maravilla. Pero la prueba más difícil fue el "Lanzamiento de Cañón la Boca del León", quizá lo más impresionante del show. Para presentarlo, utilizaron a un tigre de verdad, préstamo del zoológico, que rugió con gusto para demostrar que era auténtico. Cuando todo el mundo se encontraba mirando hacia el cañón -armado cortesía de Pinkie Pie-, ubicado estratégicamente al otro lado, sobre un rampa, y en el que Trixie se acomodaba el casco para su función de bala humana, bajaron las luces en unos segundos, e intercambiaron al tigre verdadero, por una imitación realista del mismo. Era una especie de "muñeco" que abriría las fauces justo cuando Trixie saliera despedida del cañón, era un monigote no muy fácil de controlar, porque contaba con la ayuda de Snips y Snails, camuflados, para moverse, y todo saldría bien siempre y cuando la maga cumpliera bien su trayectoria de lanzamiento. Bueno, casi no llega por un pelo, porque al caer dentro del tigre falso, su peso casi hizo descompensar a los chicos, pero por suerte no hubo que lamentar ningún fracaso.

"Fue un show creíble" pensó Stargazer, apretujado en lo alto de una de las gradas, "pero a esta chica aún le falta camino…". No veía un show de magia desde que era niño, cuando para su cumpleaños número ocho, sus padres habían contratado a un mago, un hombre que tenía sus años en ese momento, pero siempre conseguía sorprender a grandes y pequeños, como si tuviera un don para la magia. Era mucho mejor que un payaso, porque a Stargazer siempre le inquietaban, mucho más desde que vio a los trece años aquella película del payaso asesino, que era al parecer una criatura venida de otro mundo. Dejando los payasos de lado, ahora veía a la otra Sunset Shimmer tomar el control del escenario, anunciando que los participantes se fueran aprontando tras bastidores, ya que estaba por comenzar el desfile. Se veía bastante bonita, con su chaqueta color bermellón y el detalle del sol bicolor estampado, una remera negra, un blue jean y unos zapatos un poco taconudos. Traía su pelo recogido, como una llamarada cayendo de su cabeza. Su Sunset no compartiría ese estilo, de hecho, se fijaba poco en la moda, aunque eso no quiere decir que se vistiera mal. Eran raras las veces en las que se ponía ropa distinta, como cuando salían juntos.

¿Dónde estaría Sun-mer ahora? ¿En un hotel, charlando con Moondancer sobre lo que harían en la ciudad? ¿Mandándose mensajes con el tipo que se tiró la otra noche? ¿Y si estuviera en las cercanías de la escuela, buscando el modo de acercarse al pedestal, sin ser vista? Una cosa era segura: no habría renunciado a su búsqueda. La pelea entre ambos no la habría detenido. Siempre había algo que podía más que sus emociones. De ser así, esperaba no encontrársela de nuevo. Mientras las mascotas y sus dueños iban apareciendo y realizando su demostración a medida que los nombraban, Stargazer se fijó en el muchacho de cabellos azules. Seguía sintiéndose un idiota por sentir celos de él. Era absurdo, porque no tenía derecho de celar a una chica que no lo conocía, a pesar de ser la doble exacta de la que sí le correspondió…. alguna vez. Era no difícil no involucrarse emocionalmente, pero no debía olvidar el rigor investigativo.

La pregunta era, ¿y ahora qué? ¿Hasta dónde iba a llegar? ¿No era mejor largarse de allí antes de que ocurriera algo peor? En medio de tanta gente, ocupada en maravillarse por las proezas de animales domésticos, guiados por sus dueños o dueñas, Stargazer se sentía totalmente ajeno a ello. Repasó uno a uno la serie de hechos que lo trajo hasta ahí, una semana atrás ni se le habría pasado por la cabeza la idea de tener semejante aventura. Y todavía no acababa, no sabía cómo sería el final.

De repente le dio un estremecimiento, algo completamente espontáneo, como esas noches en las que, siendo casi niño, tenía la impresión de que el payaso asesino de la película se había colado en su cuarto, y estaba allí en una esquina, observándolo en la oscuridad, con su cara blanca, los exorbitantes ojos amarillos y el cabello rojo que circundaba su gran cabeza de piñata. La única diferencia era que el miedo se presentaba en otro tipo de situación, en vez de la amenaza mortal del payaso, había algo que se gestaba en las sombras, esperando para atacar. Era como esos presentimientos intensos que algunas personas experimentaban antes de un suceso catastrófico, eso que algunos llamaban premonición. Sin embargo, las premoniciones suelen un poco más claras o concretas, y él apenas había sentido nada, sólo un escalofrío, y la sensación medio consciente de que algo malo iba a pasar. Recordó aquellos tiempos de adolescente, antes de que se abocara a conseguir notas excepcionales para entrar a futuro en Everton, le interesaban los misterios, las cosas improbables, las energías foráneas que tanto perturban a los seres humanos. Había devorado libros y libros que hablaban de magia, hechicería o nigromancia, ya sea como novelas de ficción juvenil (y no tan juvenil) o supuestas "enciclopedias" o manuales que eran un Necronomicon pasado por la procesadora y publicado en un formato altamente comercial (o sea, lleno de clichés o estereotipos). Sin contar de blogs de contenido "paranormal" que visitaba asiduamente. Y escarbó tanto que todo eso acabó por aburrirlo, naturalmente. Aunque no ayudaba el hecho de tener padres de corte positivista y empirista -que consideraban sus peculiares intereses como una "fase"-, así que pronto la ciencia y la tecnología fueron ganando a lo sobrenatural.

¿Por qué recordaba todo esto? ¿Y qué relación podía tener realmente con lo que estaba investigando? Entre sus primeras motivaciones para entrar en el mundo de lo paranormal, estaba uno de sus compañeros de secundaria. No recordaba su nombre, tal vez se llamaba Newt, no estaba seguro, pero sí se acordaba que era un chico muy raro. Y es sabido que cuando hay un chico raro en la escuela, los rumores corren como el segundero del reloj. Pero Ster no les daba mucha importancia, o eso intentaba. Newt iba en el mismo curso pero en distinta división. Siempre andaba solo, no hablaba demasiado, a veces miraba fijo a la nada, inquietaba con su cara inexpresiva. Se decía que podía mover cosas con la mente, o adivinar tus pensamientos, o predecir cosas. Por supuesto que nadie tenía pruebas muy contundentes de ello, salvo videos de dudosa calidad tomados desde teléfonos celulares que hoy podían considerarse dinosaurios. No obstante, Newt parecía indiferente a esos rumores, y no se amedrentaba por las burlas o chanzas de sus compañeros. No se salvaba, de todas formas, de los típicos bravucones que hay en toda escuela, pero dejaron de molestarlo desde que hizo frente a uno de los más bravos. Stargazer lo recordaba claramente, al ver justo a un fortachón de piel blanca y cabello amarillo peinado como cepillo, animando a su perro -un chihuahueño- a pasearse por la pasarela con un hueso dos veces mayor que su tamaño. Solo que el bully de su recuerdo era una cruza de chimpancé y cerdo, con más acné que cara, y una mata de pelos colorados en la cabeza. Hora del almuerzo, Newt se sienta a comer en una mesa vacía. Y antes de que el otro llegue a su mesa, está parado. Ster se encontraba con sus amigos en la mesa de al lado. Podría jurar que el cuchillo no estaba en la mano de Newt cuando se levantó. Los contrincantes se miraron, se midieron, como cualquier preludio a una pelea. Parecía obvio que el primer golpe vendría del pelirrojo, pero lo extraño era que se tardaba demasiado. Algo no pintaba bien en la cara del gordo, cuando el joven Stargazer se percató de eso, no pudo dejar de mirarlo. Porque le cambió literalmente la cara cuando, en un movimiento veloz, Newt sostenía el cuchillo cerca de su cuello, y se oyó claramente cuando le dijo: "En la yugular, como a tu padre". Y se hizo el silencio cuando ambos volvieron a sus asientos. Ni el mastodonte ni su pandilla volvieron a molestarlo.

¿Qué había asustado al grandote? se preguntaron todos, mientras a Newt le daban una sanción, que no parecía importarle mucho. Después se supo que al padre del bravucón le habían cortado el cuello en un riña callejera, la madrugada del mismo día de su altercado, cuando nadie más que su familia podía saberlo. Eso no explicaba del todo cómo Newt había espantado a ese Goliath, por lo que su fama se volvió cada vez más turbia.

La única vez que había intercambiado algunas palabras con él, fue cuando le preguntó "¿Tú crees que bajo esta piel, somos algo más?", durante un recreo, y Ster no supo qué responderle porque enseguida tocó el timbre. Y ahora esa pregunta le retumbaba en la cabeza, muchos años después, estaba seguro de entender a lo que se refería, lo había buscado en muchas fuentes. Newt tenía alguna clase de poder, por eso no era "normal". Un alumno con capacidades más allá de lo entendible, un anormal, por así decir, podía encontrarse en dos o tres escuelas de entre miles y miles, pero siete anormales, en una sola… pues, no dejaba de ser llamativo. No obstante, ni la segunda Shimmer, ni ninguna de sus amigas, poseía las mismas características que Newt. No daban apariencia de ser fenómenos, y se integraban bien a la comunidad. ¿Por qué era distinto con ellas? ¿Qué las hacía especiales pero sin que eso afectara a su vida diaria?

Entonces entendió que con observar de lejos nunca obtendría nada, más que observaciones parciales. Era necesario acercarse, tomar contacto. Pese a los riesgos, quería saberlo, debía saberlo. De modo que se levantó de su lugar y fue a estirar un poco las piernas. Había un puñado de gente dispersa por el pequeño predio. Dio unas vueltas para mirar alrededor. En la cantina, atendiendo a una fila de clientes, estaban por un lado Applejack, la joven de la granja a la que había ido a pedir ayuda cuando terminó varado con su auto a las afueras de Canterlot City; y por otro lado Pinkie Pie, a quien ya conocía bien. Temiendo que pudiesen verlo, se encaminó hacia el otro sector, donde se encontraba el puesto de mascotería. Más allá, se apiñaban los últimos participantes, esperando para salir al escenario. Entre ellos, correteaban Rarity y Fluttershy, la primera encargándose de los detalles de los trajes de las personas, y la segunda, de los animales. Caminando como distraídamente, fue acercándose allí. A un costado, contra la pared del edificio de la escuela, había un lote de cosas amontonadas, al que cada tanto venía corriendo Rainbow Dash, la chica de pelo multicolor, llevando y dejando objetos. De Sunset Shimmer, no había rastro.

Cuando una voz -y esta no era la de Shimmer- anunció que el evento estaba a punto de concluir, alguien le tocó el hombro.

—Hola, ¿estás perdido?

Y allí estaba. Otra vez. Ni siquiera la había sentido venir. Stargazer se quedó sin palabras, como si tuviera doce años y tuviera en frente a una chica de quince. Eso le pasaba porque simplemente no había ideado previamente qué decir si se encontraban.

—No, no, estoy bien — respondió finalmente — Sólo quería estirar un poco las piernas.

—Oh, bueno… ¿y qué te parece el espectáculo?

—Es… entretenido, sí. No creí que hubiera tanta gente con mascotas dispuesta a participar.

—Sí, nos desbordaron las inscripciones, no esperábamos tanta gente pero estamos satisfechas. Quizá porque el arancel era bastante accesible.

—¿Arancel?

—Claro, de otra forma mis amigas y yo no habríamos podido organizar todo esto. Pero las ganancias no van para nosotras sino para…

—¿El Campamento Everfree? — Stargazer se arrepintió pronto de haber preguntado esto.

Shimmer pareció sorprendida.

—Sí, por supuesto. ¿Cómo lo supiste?

—Pues…

¿Qué le iba a decir ahora? ¿Admitir que había estado en su concierto de beneficencia? ¿Mentir e involucrar a alguien? La respuesta apareció veloz en su mente.

—La chica de los postres, Pinkie Pie, me dio un folleto.

—Ah, conoces a Pinkie. Del Sugar Cube Corner, ¿verdad?

—Eh, sí. He comido allí un par de veces… el servicio es muy bueno.

—Jeje, — Sunset dio una risita — con Pinkie Pie, nadie se queja del servicio. Puede ser un poco… avasallante a veces, pero es una buena chica y sólo quiere sacarle sonrisas a la gente.

Una sonrisa asomó en la cara de Ster, y Sunset notó una vez más que Pinkie había cumplido su cometido. Hubo unos breves segundos de silencio, mientras veían a la gente que se dispersaba un poco más.

—¿Cómo consiguieron permiso de la escuela para hacer todo esto? — preguntó Ster —Si no es muy atrevida la pregunta.

—Bueno, para empezar, mis amigas y yo tenemos muy buena relación con las directoras. Además de prometer donar una parte de las ganancias a la escuela, las dejamos participar… más que nada la directora Celestia, ella tiene un papagayo rojo hermoso. La subdirectora Luna se abstuvo, más por seriedad, creo.

—La directora Celestia… ¿era la mujer con cabello a colores, alta y de piel blanca?

—Sí, ella misma. Todos la quieren en la escuela.

—Ya veo.

Jamás se había imaginado que aquella mujer madura que había entrenado a su papagayo para saltar un aro de fuego, pedir una galleta en portugués o realizar un vuelo magnífico luciendo sus colores, fuera justamente la directora que escapó de los supervisores escolares. La que tenía a su favor la incredulidad de las autoridades contra la demanda de Abacus Cinch, ex directora de la Preparatoria Cristal. Podría considerarse a Celestia una directora moderna, ¿no? O una directora peculiar, para una escuela peculiar.

—Vaya — suspiró Sunset, mirando a su alrededor, como queriendo continuar la conversación — tanto tiempo preparando todo, y ahora ya se acaba. En un rato damos el concierto de cierre, y listo…

—¿Habrá un concierto de cierre?

—Claro, vamos a tocar mis amigas y yo. Formamos una banda llamada "Rainbooms".

—Entonces me quedaré con gusto — sonrió Ster, amablemente.

Ahí Shimmer dio una sonrisa tímida, desviando la mirada. Había repetido ese gesto varias veces durante la charla, y el joven pensó si no estaría buscando al pirinchos azules, quizá porque tenía miedo de que viniera y le hiciera una escena, o tal vez se fijaba si una de sus amigas no la estaba buscando, o simplemente no era nada, nervios puede ser. A pesar de todo, verla sonreír le hacía bien. Ya no quedaba rastro de ese presentimiento que lo había embargado, como una emoción pasajera.

De cerca, se veía mucho más bonita. Y olía bien, además. Si era o no más joven que Sun-mer, eso no importaba. Si supiera ligar, si pudiera ser que pudieran compartir un rato a solas luego del show… "¿Y por qué no? Eres un hombre libre, no estás atado a nadie, y la chica quizá no tenga nada serio con ese pelele cabello de azulejo. Después de todo, no creo que a Sun-mer le moleste si te tiras a su doble, total no se enterará, ¿eh, campeón?". Ahí hablaba su segunda voz, pero Ster no podía hacerle caso. Ni siquiera sabía si le gustaba, y cualquier tipo de propuesta inadecuada podía echar por tierra su trabajo. ¡Esto no era una novela juvenil, por favor!

—Tengo que irme ya, me están llamando… — dijo Sunset, cuando su amiga de cabello morado apareció haciéndole señas — Nos vemos luego. — le tendió una mano y se fue corriendo hasta los bastidores.

Stargazer la observó alejarse. Aquel contacto se sintió natural, nada raro. Decidió buscarse un refresco y algo de comer antes de volver a su sitio para ver el concierto. Intentaría actuar lo más "normal" posible, quizá con suerte pasaría desapercibido. Los puestos estaban llenos, la atención a la clientela iba lerda, y eso la impacientaba porque todos querían estar para el concierto final. Había tiempo mientras los ayudantes extras -Snips, Snails, Scootaloo, un chico de rastas y un par más- ayudaban a desmontar la pista de obstáculos para que el público pudiera reunirse frente al escenario. En el puesto de refrescos se hallaban la abuela Smith, que lo saludó muy cordialmente, Big Mac y Applebloom en lugar de Applejack. Dado que los tres estaban muy ocupados, no repararon mucho en él, pero la abuela lo reconoció a último momento y lo saludó antes de que pudiera pasar al puesto de comida, con un vaso de sidra de manzana en la mano. En reemplazo de Pinkie Pie, quien estaba ayudando a la señora Cake con los pedidos era una muchacha de pelo violeta y piel gris, de rostro muy apagado y serio. Era como la antítesis de Pinkie Pie, pero según lo que escuchó, era su hermana, Maud Pie. Era increíble que dos chicas tan abismalmente distintas pudieran ser hermanas, tal vez no increíble sino más bien curioso. Pidió un simple brownie y se retiró de allí. Vería el concierto y después se marcharía.

-.-.-.-.-

Ya era bastante tarde cuando las dos chicas llegaron a Canterlot High. Sun-mer se detuvo un momento a mirar el pedestal vacío, donde solía yacer la estatua de caballo que apuntaba a la luna. Lo rodeó, lo examinó, lo tocó. No había nada raro en casi todas sus caras, salvo la que apuntaba a la puerta de la institución. Al tacto, se sentía un frío raro, parecía una pantalla led, porque daba la sensación de que había algo inconsistente detrás. Con temor, Sun-mer retiró la mano. Luego acompañó a Moonz a recorrer alrededor de la institución. No podía verse mucho hacia adentro por la malla que habían colocado, pero el portón de entrada estaba entornado, y nadie vigilaba, por lo que las chicas aprovecharon para colarse sin pagar. El predio estaba a rebosar, y había personas yendo y viniendo de las gradas a los puestos. Decidieron dar un recorrido, mezclarse con la gente, ver qué onda.

Fue cuando, entre una vuelta y otra, Sun-mer contempló una escena que no esperaba ver para nada.

-.-.-.-

I'm come back, babies.

¡Agárrense los calzones porque la cosa suena bra!

¡Bravísima!