11: Fuego contra la Tormenta
Y allí estaba, llenando de suspense el alba antes que el sol inundara de luz una vez más aquella mitad del mundo. Desde la vereda de enfrente, observaba la fachada del sencillo departamento, un bloque color escarlata, entre otros tantos con el mismo formato. Cada uno contaba con un pequeño patio frontal cercado por una reja, la cual en este caso era de color amarillo-anaranjado. No había señales de nadie más en la calle, todo se encontraba en perfecta tranquilidad; pero de esa tranquilidad que antecede al estallido del desastre. Sun-mer apretó los brazos cruzados contra el pecho, respirando hondo, tomando coraje para lo que estaba decidida a hacer.
Solamente era cuestión de tocar el timbre… ¿pero qué seguía después de eso? ¿Cuáles serían las consecuencias? ¿Cómo cambiaría su vida? Contaba ciertamente con una ventaja, y era que nadie de la ciudad sospechaba de su existencia, y que podía estar lo suficientemente lejos hasta que alguien se diera cuenta de lo ocurrido. Ni Moondancer ni Stargazer sabían de su plan, y tranquilamente podía ocultarlo de ellos, como había hecho con otras cosas en el pasado…
Los primeros rayos de lumbre asomaron por entre los edificios cuando la encapuchada cruzó la calle. No había tiempo para pensar, sólo para actuar. Se le hizo un nudo en el estómago luego de pulsar el botón del timbre, como si fuera el detonador de una bomba atómica con potencial para arrasar toda la ciudad. Esperó pacientemente, sin inmutarse, apoyada contra el pilar de la reja, con la mano dentro del saco, asiendo firmemente lo que llevaba en su interior, sintiendo el tamborileo de su corazón, y más abajo, el subir y bajar de su diafragma. Por unos segundos pensó que no había nadie en casa, por un momento cruzó por su mente la idea de largarse de ahí y olvidar todo para siempre, pero su cuerpo permanecía inmóvil, como si estuviera clavado allí. Hubo un movimiento en la ventana del piso superior, y luego de unos minutos (largos como mil horas), se oyó ruido en la planta baja, y la puerta, la puerta que podía conducir a la antesala del infierno, la puerta que Sun-mer miraba tan intensamente, finalmente se abrió. Nada en ella denotaba la turbación que sentía. Se obligaba a mantenerse firme, sin vacilación, con absoluta frialdad.
Y por otro lado, Sunset Shimmer, la "impostora", la Sunset venida de una dimensión donde lo imposible podía ocurrir, la Sunset de un mundo lleno de magia y de "maravillas", una Sunset que en su forma original era una unicornio de colores similares a los de su forma humana, que se había acostumbrado a su anatomía bípeda de tal manera que casi había olvidado lo que era andar con cuatro cascos, la Sunset que había provocado la consecución de una serie de eventos increíbles, sucedidos en una especie de efecto dominó, serie que empezaba en el instante exacto en que ella cruzó el portal espejo desde su mundo, buscando una gran ambición. Una Sunset que no imaginaba lo que le aguardaba en la entrada de su casa.
La chica abrió, entonces, y observó a la visitante desde el umbral.
—¿Hola?
Al no recibir respuesta, dio un suspiro, y viendo que la otra no se movía, se resignó a acercarse.
Cada paso sonaba seco en el ambiente fresco de la madrugada. Cada una de las dos jóvenes tenía sus propias expectativas acerca del encuentro. Cada una, separada de la otra por los barrotes de la reja, sabía a quién vería con sólo mirarse a los ojos.
—Buenos días — saludó Sun-mer, sin saber de dónde venía su voz — ¿eres Sunset Shimmer?
Se sentía muy extraño dar los buenos días a alguien con su mismo nombre, le recordaba a cuando era niña y se miraba al espejo en la mañana, saludándose a sí misma.
—Sí, soy yo — respondió la otra Sunset, visiblemente sorprendida. Y es que su visitante se había quitado la capucha que llevaba sobre la cabeza, revelando ser su doble exacta, aunque con la diferencia de que ésta tenía un lunar en la frente. Entonces, recordó cuando Twilight había aparecido por el portal luego de los Juegos de la Amistad, y el choque con Sci-Twi. Sabía que el encuentro entre dos seres iguales de distintos mundos podía crear una paradoja dimensional, aunque esa vez no pasó nada con las dos Twilights, quizá un poco de incomodidad y confusión, pero nada más. Sin embargo, en su caso parecía ser diferente. Su otra yo había venido sorpresivamente, y algo en su mirada delataba que no venía con buenas intenciones. Sumado a que presentía que otra cosa muy mala estaba pasando.
—Mucho gusto en conocerte.
Pero la frase de Sun-mer carecía de tono amable y cordial. Durante unos segundos sólo hubo un gélido y cortante silencio, como una espada de hielo, entre las dos. Ambas parecían estar midiéndose mutuamente, aunque la verdad, Sun-mer estaba pensando a toda velocidad cuál sería su siguiente movimiento.
—Y…¿quieres pasar o algo? — preguntó finalmente Shimmer.
—Sí, por qué no… Después de todo, no siempre una se encuentra a su hermana gemela — farfulló la pelifuego, a modo de respuesta; la idea de la hermana gemela estaba bien para hacerla bajar la guardia. Si tenía la oportunidad de cruzar la reja, estaría ya en terreno enemigo, pero debía tener bien preparado su ataque.
A pesar de la presencia del peligro, Sunset sacó sus llaves y procedió a abrir la verja, sintiendo que los ojos de la otra se clavaban en ella como dos láseres. Valientemente siguió, corriéndose a un lado para dejar pasar a la visitante. Por el momento se mantenía calmada. Hablaría con ella. Le explicaría todo. Y luego, cada cual a su vida.
Sun-mer dio unos pasos al frente y se detuvo, a un costado del pulcro jardín. Aguardó a que la impostora cerrara y después avanzara hacia la puerta de entrada. La sangre borboteaba en sus venas, caliente como un río de agua hirviendo. Sudaba mucho debajo del abrigo, pero no se lo quitaría. Sentía el contraste de su tenso calor con la frescura del alba, y se preguntó si la otra pelifuego estaría tan tensa como ella o si no se daba cuenta de que sus planes malignos estaban en peligro de fracasar. Entraron a un modesto living que parecía acorde con una chica que vivía sola; aunque todo en la impostora diera la impresión de ser natural, Sun-mer no se dejaba engañar por las apariencias.
—Sé que esto es un poco confuso y extraño, pero tiene una explicación…
—Tú no eres de aquí, no eres humana — interrumpió Sun-mer, decidida a exponer sus conclusiones para ver qué reacción suscitaban en la otra —, provienes de otra dimensión, un mundo gobernado por seres mágicos, y tomaste mi forma para mezclarte entre las personas.
—Pues… es algo complicado, pero sí vengo de otro mundo, se llama Equestria… — vaciló la segunda Shimmer, contrariada.
—Ajá, Equestria. ¿Y cuál es tu propósito? ¿Por qué viniste aquí?
—Al principio buscaba... poder, pero encontré algo mejor. Encontré amistad, si no fuera por Twilight, no sé qué camino habría seguido... — respondió Sunset, con los brazos cruzados y mirando hacia un costado.
—¿Viviendo en mundo donde existe la magia y donde seguramente conseguirías más poder que aquí, dices que simplemente viniste a hacer amigas? — cuestionó Sun-mer — ¿Qué clase de poder buscabas? ¿Y en qué sentido la amistad puede ser mejor que el poder?
—En muchos sentidos… yo era una estudiante de magia muy ambiciosa. —respondió Sunset, quien decidió ser sincera con su doble a pesar del riesgo de que ella no le creyera — Quería ser poderosa, sí, a costa de los demás, pero cuando robé la corona de la princesa Twilight y la traje aquí para usar su magia y crear un ejército para invadir Equestria, no imaginé que las cosas serían muy diferentes a lo que yo pensaba. Ella me derrotó, pero me enseñó que la amistad era mágica, y que…
—Espera, espera, espera — la interrumpió nuevamente Sun-mer — ¿Robaste la corona de una regente de tu mundo para destronarla, y ella en vez de obligarte a volver a Equestria para castigarte y encerrarte en un calabozo de por vida, ella te perdonó y te dejó vivir aquí así sin más? Por favor, ¿qué clase de princesa haría eso? Los reyes de Equestria seguramente desearían tu cabeza…
—No, no, no hay reyes en Equestria. — replicó Sunset, negando con las manos — Y Twilight es una buena princesa, ella no le haría daño a nadie, hizo lo correcto conmigo.
Sun-mer revoleó los ojos. Ese relato no tenía sentido para ella, por lo menos no para lo que ella entendía del asunto.
—No voy a creerme ese cuentito de hadas de "que todos somos amigos al final" y ya. No soy tan tonta como para tragarme eso… lo que probablemente sucedió fue que luego de derrotarte, esa princesa te perdonó a condición de que tú siguieras sus instrucciones, y conquistaras esta dimensión para ella, convirtiéndote así en su servidora y su mano derecha para hacerse con el dominio y los recursos de este planeta.
—¡¿Qué?! — gritó Sunset, sorprendida y alterada por tal acusación — ¡No, eso no es cierto, es absurdo!
—Por supuesto que sí, es completamente lógico. — replicó Sun-mer — He estado investigándote, conozco todos tus movimientos. Cuando me enteré de ti, creí que eras una impostora que por alguna razón había robado mi identidad, lo cual podía perjudicarme en un futuro, sobre todo legalmente. Así que decidí tomar cartas en el asunto, y antes de llevar esto a un juzgado, me dispuse a averiguar todo sobre ti, y así tener pruebas sólidas de la suplantación. Todo lo que descubrí apunta a eso. Pero no me esperaba revelar una conspiración interdimensional, por muy absurdo que me pareciera. Todavía existen algunos cabos sueltos, que seguro ya se resolverán.
—Te aseguro que estás equivocada, ni yo ni la princesa Twilight pretendemos conquistar nada. Mis amigas y yo defendemos este mundo, no queremos esclavizarlo. — afirmó Sunset, cada vez más preocupada por el tono que estaba tomando la situación. Esperaba incredulidad por parte de su otra yo, era algo obvio, pero no que viniera con esa historia retorcida de conspiración y de dominio. Ni siquiera era lo que ella se proponía hacer antes de robar la corona de Twilight.
—Sólo intentas confundirme para que baje la guardia, y entonces usarás tu cristal mágico para hipnotizarme y así convertirme en otra más de tus esclavos.
—¿Mi cristal…? ¡Mi cristal no es para eso! ¡Es para esparcir la armonía…!
—Sí, sí, armonía, claro…
—¡Tienes que creerme! Esto no es lo que parece, por favor...
—¿Ah, no? ¿Y qué me dices de esas tres chicas que ustedes echaron de la ciudad, empujándolas a cantar en una discoteca de mala muerte y a una vida degradante? ¿Vas a decirme que ellas son criaturas malvadas de tu dimensión que fueron desterradas de allá por sus crímenes?
Aquellas preguntas dejaron pasmada a la Shimmer mágica. La preocupación de su rostro se volvió urgencia, quizá al darse cuenta de algo importante.
—Escucha… Sunset, si me dejaras explicarte… — dijo, acercándose a Sun-mer, pero esta reaccionó rápido y sacó el arma de su abrigo, apuntándole a la frente y haciendo que se detuviera —¿Qué… qué es eso?
—Probablemente no las conozcas, son lo que los humanos usamos para defendernos. Quizá no hagan cosas muy maravillosas como tirar rayos mágicos ni nada de eso, pero son muy efectivas para dejar inhabilitado a un enemigo. Y las hay mucho más grandes y mortales que esta. — explicó Sun-mer, sintiendo una extraña alegría al tener oportunidad de usar el revólver que su padre le había regalado cuando cumplió la edad legal, para tener con qué defenderse en la calle. Incluso el mismo le enseñó a utilizarla y hacerle mantenimiento.
—E-esto no es necesario... — suplicó Shimmer, que recordaba haber visto algunos ejemplares de esas armas en la televisión, sabía más o menos lo que podían hacer, y se sentía verdaderamente aterrada de verse amenazada con una — Te lo juro, las cosas no son como piensas, la amenaza real no soy yo ni lo son mis amigas.
—Entonces dame algo que lo compruebe, y te creeré. — exigió Sun-mer sin bajar el arma.
Ante tal exigencia, Shimmer intentó pensar qué podía ofrecer como prueba. Tenía el cristal en su cuello, se lo había colgado después de levantarse, aunque no sabía qué tipo de demostración podía realizar para convencer a la otra Sunset de que no era nada maligno. Su único miedo era que ella le disparara simplemente por mostrárselo, aunque no parecía tan loca como para eso. Decidió arriesgarse.
—Mira, este es mi cristal. Parece sólo un pedazo de vidrio, pero puedo usarlo para hacer el bien. Por sí solo, su poder es muy débil; con mis amigas en conjunto, entre todas podemos despertar la magia con nuestra amistad. — explicó con voz ansiosa.
—Hmm, sé algo sobre esos cristales. Lo más curioso para mí, es que hayan corrompido a la directora del campamento donde ustedes estuvieron hace unas semanas, y sin embargo a ustedes no les pasó nada. Sobre todo a tus amigas, que son todas humanas, ¿verdad?
—Lo de Gloriosa Daisy fue… supongo que por su ambición o su desesperación, estaba por perder el campamento a causa de sus deudas, y simplemente perdió el control. Pero en sí, la esencia mágica de los cristales es buena, todo depende de la persona que los porta.
—O sea que si la persona que los tiene es malvada, podría causar grandes desastres…
El timbre de un celular sobresaltó a ambas. Sunset sabía que debía contestar la llamada, y miró a Sun-mer, como pidiéndole permiso para hacerlo. Ella le dijo que podía responder, aunque con la condición de que no mencionara absolutamente nada de su presencia en la casa. De modo que la pelifuego fue a la mesa donde se encontraba su teléfono, viendo que la que llamaba era Sci-Twi. Su voz desde el otro lado no se sentía nada tranquilizante, ya que de hecho, lo primero que le dijo fue "Sunset, tenemos una situación urgente, por favor, ven pronto a la escuela", insistiendo en eso cuando su amiga le preguntó qué pasaba, pero Twilight no abundó en detalles, y la comunicación se cortó.
Cuando Sun-mer preguntó quién era y qué quería, Shimmer no respondió, sino que dio un suspiro y, de forma repentina, echó a correr hacia la cocina y salió por la puerta de atrás. Escapó de milagro con vida, porque Sun-mer le disparó dos veces intentando detenerla, aunque los nervios habían hecho mella en su puntería, pues uno de los balazos había dado en un mueble de la cocina, y el otro en la pared. Masculló una maldición, y se fue tras los pasos de la traicionera.
Iba a ser más difícil atinarle estando en movimiento.
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Nunca solía salir con el auto a horas tan tardías, pero se trataba de una emergencia. La ciudad se encontraba en una soporífera calma, y sin embargo Stargazer no se sentía para nada tranquilo. Iba con su auto a una velocidad mínima, mirando a ambos lados de la calle para hallar a Moondancer. Miles de ideas le cruzaban por la cabeza sobre lo que podía haberle ocurrido, y rogaba que no se la hubieran llevado, que ella hubiera logrado escapar y esconderse en algún sitio. No había intentado llamarla de nuevo, temiendo que, si estaba escondida realmente, su celular la delatara. Guardaba una pistola en la guantera, ¿sería necesario utilizar la violencia? Esa pistola no tenía casi uso, era más bien un recurso de seguridad para situaciones límite. Evitaba hacer cualquier tipo de demostración, ya que en realidad las armas no le convencían mucho, sólo podían traer desgracia. Tal vez sirvieran para intimidar, pero más allá de ahí la historia era otra.
Además, era importante encontrar a Moondancer para saber dónde estaba Sunset, dado que ella tampoco respondía sus llamadas. "Tanta tecnología para nada" pensó Ster. Anduvo recorriendo el barrio hasta casi la hora del alba. Decidió detenerse frente al hotel en el que supuestamente se alojaban las chicas, no había señales de nada ahí. Apagó el motor, cerró el auto, sacó el revólver de la guantera y lo guardó en su abrigo. Caminó varias cuadras, tomando como referencia la calle del hotel, con el celular en la mano. Se fijó en todos los callejones que pudo, incluso mirando en los botes de basura y las cajas abandonadas. Finalmente, cuando iba a marcarle a Moondancer, la misma apareció al doblar un recodo, en un estado muy maltrecho. Al verlo, ella dio un suspiro de alivio.
—Gracias por buscarme… creo que mi celular está dañado. Iba a llamarte, pero el aparato no respondía.
—¿Qué pasó, Moondancer? — preguntó Ster, mientras se quitaba el abrigo para dárselo a la pelirroja, intentando disimular que llevaba un arma. —Ven, vamos al auto y me lo cuentas todo de camino al hospital.
—Estoy bien, no necesito ir al hospital… tenemos que encontrar a Sunset.
—¿Sunset no estaba contigo?
—Cuando me desperté a la madrugada, ella se había ido, no estaba por ningún lado en el hotel y salí a buscarla. Pero cuando había caminado un trecho, me atacaron y me robaron.
—Entonces no sabes dónde está Sunset… ¿Quién te atacó?
Moonz bajó la mirada.
—No fueron ladrones. Es… una larga historia… bueno, no tan larga en realidad. Sun-mer y yo continuamos con la investigación luego de que te fuiste, y descubrimos nuevos indicios.
—Yo no me fui en ningún momento... aunque estuve a punto de hacerlo, quería quedarme en la ciudad para entender lo que estaba pasando.
—Pero si Sun-mer me dijo que ya no nos ayudarías. ¿Por qué me mentiría? — preguntó Moonz, aunque la respuesta no tardaría mucho en aflorar a su mente.
Ante el silencio de Stargazer, las sospechas de la chica se volvieron casi certeza.
—Ustedes pelearon, ¿verdad? — dijo, lentamente y en voz baja.
—Sí — admitió él, secamente —Fue una discusión absurda. Pero no nos concentremos en eso ahora, Sunset está perdida y presiento que algo malo está sucediendo. No sé qué, la sensación de catástrofe es fuerte.
Entonces a Sun-mer sí le pasaba algo, por eso estaba tan rara, pensó Moonz. No iba a preguntar los detalles de la discusión porque coincidía con Ster en que la prioridad era Shimmer. Deseaba que no fuera a cometer una locura, porque se había dado cuenta de que ella no estaba bien, se le notaba mucho. La preocupación le hizo un nudo en el pecho. Pronto llegaron al auto de Ster, y en el horizonte se dibujaban los primeros rayos de sol. Stargazer encendió el motor.
—¿Tienes alguna de a dónde podría haber ido Sun-mer?
—No, quizá… quizá debe estar en la escuela, en Canterlot High, es el único sitio que se me ocurre ahora. Aunque no sé si ellas vayan a ir allá también…
—¿Ellas quiénes?
—Las Dazzlings… son un grupo de cantantes, bueno, ellas dijeron que son cantantes. Tienen una rivalidad con las Rainbooms desde que las derrotaron en un concurso musical que se hizo en Canterlot High hace un par de años. Sun-mer y yo las conocimos en una discoteca de Dodgebay.
—Y supongo que las siguieron a ustedes hasta aquí, aprovechando su situación para buscar venganza.
—Bueno, algo así. Nos quisieron ofrecer un trato, pero Sun-mer no se fiaba de ellas, y nos largamos de esa ciudad lo más pronto posible.
—¿Qué clase de trato les ofrecieron?
—Ellas nos dijeron que eran agentes especiales de una organización que vigilaba a la otra Sunset Shimmer, porque supuestamente ella tenía planes de conquistar este mundo. Querían que las ayudáramos a conseguir información sobre los cristales que las Rainbooms poseen. Y es que según lo que Sun-mer y yo averiguamos, la impostora no es una simple impostora, sino una criatura proveniente de un mundo mágico, que tiene a todos bajo su control en Canterlot High.
—Oh, vaya… casi pensé que podía tratarse de una extraterrestre… ¿Y por qué esas chicas saben eso, y no se supone que deberían realizar la vigilancia desde aquí?
—Supongo… hay muchos huecos en su historia. Y además, por lo que nos dijeron, ellas también son criaturas mágicas, vienen del mismo mundo que Shimmer, pero ellas fueron desterradas aquí.
—¿Y entonces puede ser que la otra Sunset también haya sido desterrada a este mundo, por alguna razón?
—No lo sé, quizás sí o quizás no. Hay muchas formas en las que esa Sunset pudo haber venido a este mundo y traer la magia consigo. Es probable que a ella no le interese tanto volver, aunque sí a las Dazzlings, creo que ellas quieren los cristales de ella y de sus amigas para obtener la cantidad de magia suficiente que les permita abrir un portal hacia allá. Por eso me siguieron y me atacaron, eran tres contra una y yo casi no pude defenderme, no sé cómo supieron que yo tenía uno de los cristales. Ni siquiera supe cómo activar ese tonto pedazo de vidrio.
Mientras Moonz hablaba, el graduado iba organizando en su cabeza todas las ideas, certezas, suposiciones y argumentos que había ido formulando a lo largo de la semana, y de repente sintió que todo se iba conectando de a poco. Los cristales, las tres chicas misteriosas, la desaparición de Sun-mer, y le dio la impresión de que el verdadero objetivo, la amenaza, venían por otro lado. Al instante, Stargazer supo qué preguntas hacer.
—¿Dónde conseguiste ese cristal? ¿cómo se lo robaste a una de las chicas?
—Pues… anoche fuimos a un show de mascotas que las Rainbooms organizaron, creo que a beneficio del Campamento Everfree. Cuando estaba finalizando, se produjo un incendio al lado del escenario, y sin querer me choqué con una de ellas. Vi el cristal en el suelo, no sé cómo, y lo junté rápidamente. — explicó Moonz, intentando recordar todos los detalles —Luego Sun-mer y yo escapamos de allí antes de que alguien pudiera descubrirnos. Fue un momento terrible, no sé cómo se habrá originado el fuego…
—Estoy seguro de que fue intencional. Y dime: ¿cómo describirías físicamente a las "Dazzlings"? ¿De casualidad una de ellas tiene pelo morado y líneas verdes, atado en dos coletas, y la otra cabello turquesa con rayas azules, atado en una sola coleta?
"Dos coletas pelo morado, una coleta pelo azul..." pensó Moonz, y a su mente vino la imagen de dos atacantes reteniéndola para que una tercera le quitara el cristal; en el forcejeo veía sus cabellos dándole en la cara. Y luego se sumaba lo del incendio en el escenario mientras las Rainbooms cantaban. De modo que la secuencia se iba aclarando en los pensamientos de la pelirroja, y la conclusión le salió a borbotones. Dio un brinco en su asiento y le agarró tan fuerte el brazo a Stargazer que casi le hizo perder el control del auto cuando estaban llegando a la esquina, pero el volantazo fue inevitable cuando dos personas se cruzaron delante. Venían corriendo de la calle perpendicular, aparecieron de la esquina como si nada. El coche esquivó a la primera pero le dio a la segunda con el paragolpes, del lado izquierdo. Ambos reconocieron, horrorizados, los cabellos flameados de Sunset, que había volado a mitad de la calle, e intentaba levantarse con mucho esfuerzo.
-.-.-.-.-
—Muy bien… ¿cómo activamos estas cosas?
Luego de quitarle el cristal a la amiga de la Sunset de Equustrópolis, las tres hermanas corrieron sin dirección alguna, ya que no sabían a dónde ir, pero se alejaron lo más posible de la zona. Llegaron a un parque sucio y vacío, parecía que nadie se hacía cargo de él en mucho tiempo. Quizá el abordaje fue algo brusco, y hasta podía caber la posibilidad de que ella no tuviera nada. Pero habían supuesto bien al pensar que las dos estudiantes irían al Desfile de Mascotas, y que no resistirían la tentación de hacerse con uno de esos cristales si podían, especialmente a partir del alboroto que se armó con el incendio. Lo que fue para Aria y Sonata una de las cosas más osadas que habían hecho jamás, después de haber golpeado y abandonado en el fuego a dos chicas, retener a otra contra su voluntad para robarle no sonaba tan terrible.
De modo que ahora sí, las tres sirenas tenían cada una un cristal mágico: Aria poseía el de Twilight, Sonata el de Rarity, y el de Adagio podía ser de cualquiera, quizás de la misma Sunset Shimmer. A simple vista, eran como pedacitos de vidrio colorido de pura utilería barata. ¿Cuál era el secreto para acceder a su poder?
—Sólo espero que de verdad funcionen, y que no hayamos perdido un día de trabajo por nada. — rezongó Aria — ¿Se imaginan teniendo que volver a Búfalo's con las manos vacías?
—Seamos optimistas, esto es mejor que nada. — contestó Adagio — Cuando recuperemos nuestra magia, no necesitaremos regresar a esa horrible vida.
—No sé… estar en la barra era divertido. Sobre todo cuando los borrachos se empezaban a pelear y venía Will a sacarlos... — comentó Sonata con una risa — Aunque no cambiaría la magia por peleas de ebrios.
—Yo haría cualquier cosa para no tener que ver a ningún borracho más salir del club, intentar coquetearme, y después irse zigzagueando por la calle, es repulsivo. — agregó Aria con resentimiento —Deberíamos intentar cantando, así funcionaba con nuestras gemas, por lo menos.
—Y cantar sintiendo la música en nuestro corazón — agregó Sonata — ya saben que estas cosas funcionan más o menos así.
—Supongo… Nos funcionó antes, nos debe funcionar ahora — dijo Adagio.
De modo que las tres se pararon firmes. Colgaron cada una su cristal al cuello, tomándose unos segundos para concentrarse profundamente. El canto siempre había sido su forma de canalizar sus poderes, incluso trabajando en Búfalo's, cuando Adagio cantaba, aún podía sentir algo de su magia al ver al público seguir su música. Quizá la idea de que la magia permanecía dentro de ellas, aunque no fueran capaces de proyectarla por sí solas, tenía algún sentido. Si por lo que habían escuchado de Sun-mer, un humano común podía usar la magia de los cristales (a pesar de que eso actuara en su perjuicio), entonces ellas podrían también.
Ah, ah, ah, aaahhh aaahhh…
A falta de más práctica en conjunto, después de tanto tiempo sin cantar las tres juntas, la vocalización sonó algo desafinada. Sin embargo, no desistieron, volviendo a empezar.
Ah, ah, ah, aaaaahhhhh aaaahhhhh…
Esta segunda vocalización salió mucho mejor, logrando un poco más la sincronización de sus voces.
Ah, ah, ah, aaaaahhhhh aaaahhhhh…
Pronto, también empezaron a sincronizarse sus corazones, y de alguna manera, comenzaron a sentir que algo despertaba en ellas. Una energía dormida que de repente se activaba, recorriendo su ser y extendiéndose a cada partícula, y al mismo tiempo, otra sensación parecida brotaba de sus pechos, donde colgaban los cristales. A medida que esto ocurría, cada una se daba cuenta de que su magia estaba volviendo, y eso aumentaba el efecto. Los cristales brillaron con sus colores respectivos, pero con una intensidad más oscura.
[Adagio]
Unirnos, eso es lo que queremos
y esta ciudad caerá.
Ahora hay algo mejor en nuestros caminos,
y toda regla cambiará…
La brisa del alba se tornó más ventosa, y unas nubes surgidas de la nada se fueron arremolinando alrededor de la plaza, formando nubarrones en los que se producían increíbles refucilos y truenos.
[Sonata]
Ya existe entre nosotras igualdad,
y somos mucho más brillantes.
Los nubarrones crecieron hasta cubrir gran parte del cielo, y la intensidad del viento fue aumentando, además de la caída de unas gruesas gotas de agua, que extrañamente se convertían en escarcha al tocar el suelo.
[Aria]
Esta es nuestra oportunidad,
ya no somos losers como antes.
De la nada, poderosos rayos cayeron en distintos puntos de la zona, asombrando a los vecinos que estaban despiertos y despertando a los vecinos que estaban dormidos. Más de uno revisó los reportes del clima, sorprendido y confundido por tan inesperada tormenta.
[Todas juntas]
Somos grandes, lo sabemos,
Superiores a los demás
No importa a quién lastimaremos,
Nuestro poder vamos a demostrar.
Ah, aahh, aaaahhhh!
Con la tormenta desatada furiosamente, las Dazzlings, llenas de alegría por el renacimiento de su magia y por la posibilidad de obtener la tan ansiada revancha, elevaron su grito de guerra, y la luz fatua que emanaba de los cristales las cubrió, haciendo que levitaran unos cuantos metros por sobre el suelo, y propiciando su transformación: las orejas de poni, las aletas de sirena y la prolongación de sus cabellos. Además se transformaron sus trajes, el de Adagio era un vestido corto de color rojo oscuro sin mangas, aunque llevaba unos guantes que crecían desde el codo hasta la palma de las manos, finalizando con unas medias de tonalidad roja también y unos zapatos de tiro corto; en cuanto al rostro, llevaba sombra de ojos a tono con su ropa, lo mismo que en sus hermanas. Por otro lado, el traje de Sonata era enterizo, de color azul grisáceo con mangas cortas, guantes largos de tono más oscuro, y botas de tacón que le llegaban a las rodillas. Por último, Aria traía puesto un corsé de color púrpura, y unos pantalones largos acampanados, que dejaban ver unos botines con cordones.*
—¡Miren esto! — gritó Sonata, extendiendo sus brazos hacia adelante, y provocando con eso una ráfaga gélida que torció los árboles, doblándolos y congelándolos en esa posición.
Viendo esto, Aria llevó sus brazos hacia arriba e hizo palmas, provocando el estallido de varios rayos, algunos de los cuales calcinaron los árboles que no habían sido afectados por la brisa de Sonata. Esto hizo sonreír de satisfacción a la sirena, mirando sus manos que aún despedían chispazos eléctricos.
—¡Ja jaja! — exclamó Adagio, chocando sus puños y luego dando un giro, con lo que desató un tornado de truenos y nubes.
Tras esta prueba de sus nuevos poderes, una felicidad malvada invadió los corazones de las Dazzlings, comprendiendo que los cristales les habían dado mucho más que una nueva voz. Por lo que entonces, su siguiente objetivo estaba más que claro, y sus ojos resplandecieron por la sed de venganza.
Ah-ha, ah-ah-ah, ah-ah-ah
Ah-ha, ah-ah-ah, ah-ah-ah
[Todas juntas]
¡Siento estallar, el poder en mí!
¡Vamos a lograr, que te arrodilles ante mí!
Pronto, desde lo alto pudieron ver el techo del edificio de Canterlot High, y señalando hacia allí con determinación, avanzaron, arrastrando con ellas la tempestad, dispuestas a destruir la escuela, si era necesario, para atraer a sus enemigas y acabar con ellas. Volaron sin dejar de cantar, sintiendo otra a la vez que la música les daba el poder.
¡Nos van a temer,
no tendrán dónde correr!
¡No nos vencerán
la victoria nuestra será!
—Prepárense, Rainbooms, porque esta vez les vamos a ganar, y no habrá Sunset Shimmer que pueda ayudarlas — sentenció Adagio —, las venceremos y nos quedaremos con sus cristales. Y después no habrá nadie que nos detenga para apoderarnos de esta ciudad.
—¡Vamos, con V de Vendetta! — agregó Sonata.
—Esto va a ser divertido...
Lo que dentro nuestro hay,
lo recordarán.
Libres somos ya,
¡las vamos a eliminar...!
-.-.-.-.-.-
El alivio de encontrar a Sun-mer era igual a la preocupación por ella y la confusión de lo que estaba ocurriendo. La chica que la pelifuego perseguía logró escapar, pero en ese momento la prioridad era otra.
—¡Por todos los cielos, Sunset! — exclamó Moonz — ¡No vuelvas a irte así, me diste un buen susto! ¿Qué rayos estás haciendo? ¿Por qué no me contestabas el teléfono?
—¿Cómo me encontraron? — preguntó su amiga, mientras la ayudaban a levantarse.
—Moondancer me llamó a la madrugada, diciendo que habías desaparecido del hotel, y cuando salió a buscarte… me llamó.
—¿No te habías ido de la ciudad? — Shimmer lo miró entre confundida y molesta. De no haber sido por ellos, habría podido alcanzar a la impostora, ni siquiera había llegado a dispararle en la carrera.
—¡Olvídate de eso, estamos en emergencia! Algo muy malo va a ocurrir y no tenemos mucho tiempo.
—Esperen, ¿de qué están hablando?
—Vamos, te explicaremos en el auto.
Pero había demasiadas preguntas como para esperar. Además, Sun-mer recordó la pistola, estaba a unos metros más allá de donde ella había caído, y sin pensarlo, se soltó de sus amigos y corrió a levantarla, casi tropezando en medio de la calle. La asió con fuerza e intentó ocultarla, pero ellos la habían visto. Y antes de que abrieran la boca, decidió decir la verdad de una vez.
—Escuchen, fui a confrontar a la impostora, , y no quise decirte nada, Moonz, porque pensé que lo mejor era no involucrarte en eso, si algo salía mal yo lo afrontaría sola. Quería comprobar que nuestras teorías eran ciertas, que la otra Shimmer era la cabeza de una conspiración contra nuestro mundo. Y creo que estoy en lo cierto, por eso llevé mi arma, para defenderme.
—Pero Sun-mer… ¿cómo se te pasó por la cabeza algo así? ¿Qué habría pasado si la matabas? Ni siquiera sabía que tenías un arma…
—Mi padre me la compró hace un tiempo, le pareció que me serviría en casos de urgencia. Él siempre se preocupó por mí — explicó la pelifuego, mirando el revólver en su mano, y esta vez pensando en frío lo que había estado dispuesta a hacer.
—A mí nunca me pareció que las armas fueran una buena respuesta para nada. Sólo producen dolor y tragedia. Fue una suerte que hubiéramos llegado sin querer para detenerte, de lo contrario… habría sido un gran error.
Sun-mer suspiró. Sabía que Moondancer era una de las personas más pacifistas del mundo, y se sentía un poco mal por haber procedido de esa manera por su propia cuenta, dejando a su amiga de lado. Ahora podía razonar con un poco más de claridad.
—Escucha, la otra Sunset no es el peligro aquí... son las Dazzlings. Tuviste razón al desconfiar. — Moonz tomó a su amiga de los hombros, y le habló con seriedad — Son ellas quienes planean conquistar nuestro mundo, y quieren los cristales de Sunset y sus amigas para lograrlo… creo que sin querer les dimos el pie para eso. ¿Recuerdas los disturbios en el Desfile de Mascotas anoche? Ellas causaron el fuego, lo sé porque Stargazer me lo dijo.
—Fue algo de casualidad, ya me estaba yendo cuando vi lo que pasó. — agregó Stargazer — Cuando Moondancer me dijo que la habían atacado, la descripción que dio ella coincidió con la de las dos ladronas.
—¿Qué? ¿Te atacaron? — preguntó sorprendida Shimmer.
—Es porque… yo también me robé un cristal. Bueno no, en realidad lo tomé y no lo devolví. Sé que estuvo mal, pero quería explorarlo, y al final ni siquiera supe hacerlo brillar.
—Oh, maldición — masculló Sun-mer, sintiendo una rabia muy grande en su interior — Entonces ahora las Dazzlings tienen tres cristales en su poder, y supongo que van a usarlos para vengarse, si es que consiguen activarlos.
—Es muy probable que puedan, y más si es cierto que ellas también vienen del mundo mágico. ¿Pero qué podemos hacer nosotros?
—Yo creo — contestó Stargazer —, que lo mejor será advertir al grupo de las Rainbooms, de esta manera podrán prepararse mejor para detenerlas.
—Eso significa que tendremos que exponernos, — replicó Sun-mer — y justificar nuestra presencia aquí. ¿Qué pasaría si piensan que en realidad estamos con sus enemigas? Especialmente si me ven a mí, yo atenté contra la vida de su líder. Y estoy segura de que debe haberse reunido con las otras para hablarles sobre mí.
—No necesitan verte a ti, puedes quedarte con Moondancer en el auto. Iremos a la escuela y, si ellas están allí, me bajaré solo, intentaré sonar lo más casual posible. Anoche las ayudé a rescatar a dos de sus amigas, así que confiarán en mí.
A Sunset no le hizo ninguna gracia la idea, y aunque hubiera deseado oponerse, no encontraba ningún argumento válido para justificar su oposición, ya que Ster estaba en lo cierto en varios puntos.
—En ese caso, deberíamos ponernos en marcha... — dijo Moonz, y los tres se dirigieron al coche sin perder tiempo.
Cuando llegaron, Stargazer sintió un escalofrío tal en la columna que tuvo que agarrarse de la puerta del conductor para no caer. La sensación de calamidad inminente apuntó fuerte a su nuca, y ni Sun-mer ni Moonz alcanzaron a hacer o decir algo cuando se escucharon unos truenos a los lejos. A pesar del buen tiempo de la mañana, se oían claramente. Un viento tempestuoso empezó a arrastrar nubes formadas de la nada, hacia algún punto específico, llenando el ambiente de una rareza que tenía que ver con algo más que la aparición de una tormenta espontánea en medio de una mañana completamente despejada.
-.-.-.-.-.-
Cada una a su tiempo había ido temprano a la escuela. A lo mejor podrían encontrar alguna pista acerca de quién se llevó los cristales. Ninguna había podido dormir plenamente cuando volvieron a su casa en la noche, muy tarde, de hecho. Todas habían tenido un mal presentimiento, y la sensación de que debían ir a defender la escuela. Después del testimonio del valiente muchacho que rescató a Sci-Twi y Rarity, sospechaban del regreso de unas viejas enemigas.
Luego de rastrillar toda la zona del colegio, sin resultados, las seis se reunieron en el pedestal de la estatua. Decidieron esperar a Sunset, y evaluar con ella cómo enfrentarían la situación. Sci-Twi le envió un mensaje diciendo que trajera su libro mágico, aquél con el cual se comunicaba por escrito con la princesa Twilight de Equestria, por si necesitaban algún refuerzo.
—Oigan, ¿pero Twilight no había dicho que si una se cruzaba con su otra yo, eso podría producir una paradoja dimensional, o algo así? — preguntó Pinkie ante la propuesta.
—¿Y qué garantía tenemos de que ella llegue a tiempo para ayudarnos? — agregó Rainbow Dash — Si cuando pasó lo de los Juegos de la Amistad, ella estaba tan ocupada con otra cosa que apareció cuando había acabado todo.
—Hmm, eso es cierto, terroncito. Es probable que ella tenga muchos problemas de los que ocuparse como para venir a resolver los nuestros.
—Sí, Applejack, pero ella sigue siendo nuestra amiga, y estoy segura de que no nos dejaría solas en un momento así. — replicó Rarity — Además, temo que estamos en desventaja, ni yo ni Twilight ni Fluttershy tenemos nuestros cristales... — agregó, con tristeza en su voz.
—Owww — suspiró Fluttershy — no soporto la idea de sentirme inútil en una batalla… aunque podría pedir ayuda a mis animalitos, no quiero exponerlos al peligro.
—Ciertamente, todas somos esenciales — concluyó Sci-Twi —, pero necesitamos estar seguras de a lo que nos enfrentamos. Si elaboramos un buen plan y aprovechamos todo lo que está a nuestro alcance, tendremos muchas probabilidades de recuperar nuestros cristales.
—Bien, pues esperemos a Sunset, a ver qué ideas tiene ella. Por cierto, ¿por qué se estará demorando tanto? — dijo Rainbow.
—Voy a marcarle, quizá ya viene en camino… — Sci-Twi buscó su teléfono, y se disponía a marcar cuando sus amigas notaron una mancha oscura en el horizonte, acercándose a velocidad vertiginosa, trayendo consigo nubes y vientos.
—¿Qué rayos es eso? — Dash se transformó y usando sus alas se elevó un poco para ver — Parece una gran tormenta salida de la nada, y estoy casi segura de que se dirige hacia aquí — agregó, agudizando la mirada.
—¿Serán las… las…? — balbuceó Fluttershy, escondiéndose detrás de Applejack, quien frunció el ceño y cerró los puños.
—Si son ellas, no nos demoremos en buscar nuestros instrumentos en la sala de música.
—Pero Applejack, no hay tiempo para eso, y además Sunset todavía no llega.
—Rarity tiene razón, — coincidió Twilight — además, ¿cómo podemos estar seguras de que la música podrá vencerlas esta vez?
—¡No pueden ser más poderosas que nosotras, aún teniendo magia! — terció Rainbow.
—Querida, mejor apúrate en contactar con Sunset, ¿sí? — le dijo Rarity a Sci-Twi — Nos prepararemos para lo que sea, juntas…
Sin demoras, la chica marcó el número de la pelifuego, quien tardaba mucho en responder, mientras su preocupación aumentaba a medida que la gran tormenta se iba cerniendo sobre Canterlot High. "Vamos, Sunset, responde" rogaba dentro de sí. Empezaba a temer que su amiga se hubiera dormido, o tuviera su celular apagado, o se encontrara en problemas también, porque al parecer había alguien persiguiéndola, o eso le había contado que sospechaba. Ni bien atendieron del otro lado, clamó desesperada:
—Sunset, tenemos una situación urgente, por favor, ven pronto a la escuela.
—¿Qué pasa, Twilight? — inquirió Shimmer con voz rara, como si intentara ocultar algo.
—No puedo hablar mucho ahora, ven lo más pronto que puedas, Canterlot High está en peligro…
—¿Dónde están las demás, están allí también?
—Sí, sí, todas estamos aquí… no te demores, Sunset… — rogó Twilight, que al ver a sus amigas congregarse frente al pedestal, y sintiendo el increíble caudal mágico que emanaba de la tempestad, cortó de repente, uniéndose al grupo.
Resulta que con la tormenta venían tres figuras rodeadas de halos brillantes, que ahora se hacían más visibles. Twilight las veía por primera vez, a diferencia de sus amigas. Podía percibir la malignidad que emanaba de ellas, y por un momento, recordó a Gloriosa Daisy poseída y enloquecida por el poder de todos los cristales, y se recordó a sí misma, convirtiéndose en Midnight Sparkle después de liberar la magia que había robado durante los Juegos de la Amistad. Pero esta vez, esa energía oscura parecía potenciada, porque tanto Daisy como ella no eran malas personas en verdad, sino que fueron corrompidas por sus propias emociones, mientras que las Dazzlings ya eran criaturas malvadas en Equestria, ansiosas de ganar poder y dominio sobre los demás. Era simplemente sobrecogedor, y se alegraba de haber dejado a Spike en casa, siempre y cuando al perrito no se le hubiera ocurrido seguirla.
—¡Lo sabía! ¡Ellas estuvieron siempre detrás de esto! — gritó Rainbow, preparándose para pelear — Con o sin Sunset, vamos a patearles el trasero, y esta vez vamos a mandarlas de vuelta al vertedero del que salieron.
—Entiendo que estés furiosa por lo que pasó anoche, terroncito, pero no nos precipitemos — la detuvo Applejack, tomándola de la pierna.
—Espero que Sunset no tarde en llegar… si es que pudo librarse de su problema — comentó Pinkie.
Respecto a Sunset, nunca había agradecido tanto las clases de atletismo, a pesar de lo exigentes que eran. Entre saltar cercas, evadir perros, cruzar calles, parecía candidata a la medalla de oro olímpica. Ni siquiera se atrevía a mirar por sobre el hombro, aunque no dudaba de que su perseguidora seguía tras su pista. Sentía un dolor lacerante en el brazo, de reojo vio que le sangraba, y temía que un proyectil se hubiera alojado en este. Sin embargo, a pesar del cansancio y del dolor, Sunset no se detenía, ya que algo terrible pasaba en su escuela, y sus amigas estaban en peligro.
¿Pero cómo se libraría de su loca otra yo? Por suerte ella no le disparaba en plena carrera, podría herir a algún inocente. No obstante, al cruzar una esquina sin mirar, no vieron el automóvil que venía por la otra calle. Sunset logró esquivarlo pero la otra al parecer no, dado que pudo escuchar una frenada y un golpe. Esta vez sí se animó a mirar atrás, y vio a la otra Shimmer tirada en mitad del asfalto. Murmuró una disculpa, y continuó corriendo.
Tuvo que detenerse un par de cuadras después, porque le faltaba el aire y sentía que en cualquier momento le saltaría el corazón del pecho. Se apoyó contra una pared, respirando agitadamente, y revisó su brazo, tenía una herida horizontal que coincidía con el roce de una bala, que no había entrado en su carne sino que la había atravesado. Continuó caminando, no del todo aliviada, pensando cuál podía ser la urgencia en Canterlot High. De repente el cielo se empezó a oscurecer. Al alzar la vista, vio un antinatural remolino de nubes que se expandía más y más, acompañado de rayos, truenos, y un aura mágica insólita. También llegó a distinguir a tres chicas, que parecían dirigir la tormenta, y casi podía escucharse su cantar.
Finalmente, la sospecha de Sunset Shimmer se volvió certeza, y la certeza pasó a ser emergencia. Y reanudó su carrera.
Mientras tanto, el graduado y las estudiantes de Everton ya se encontraban en las inmediaciones de Canterlot High. Habían seguido la tormenta, intentando observarla desde las limitaciones de las ventanillas del auto. Stargazer les comentó de su presentimiento de fatalidad, mientras que Sun-mer y Moonz lo pusieron al tanto de su contacto con las Dazzlings. A pesar de la confusión y del temor por la situación en la que se veían envueltos, y de los sentimientos que cada uno guardaba para sí, los dominaba una especie de frenesí apurado y al mismo tiempo una parálisis, porque era la primera vez que tenían una aventura semejante, que involucraba magia, y donde lo más caótico e increíble podía ocurrir. Ahora era posible preguntarse si así se sintieron las personas que les habían relatado los hechos que los llevaron hasta allí.
Justo cuando Moondancer se preguntaba qué había sido de la otra Sunset, la vieron en una de las calles adyacentes que conducía al ala oeste de la escuela. Trotaba dificultosamente y tenía un brazo herido, obviamente ella no se encontraba bien. Consultando con la mirada a ambas, primero a Sun-mer en el asiento delantero, y después a Moonz atrás, y viendo entonces que todos parecían pensar lo mismo, Stargazer detuvo el auto y la llamó, diciéndole que la llevaría a Canterlot High. Pero Shimmer dudaba, y además se asustó al ver a Sun-mer en el carro. Entonces Moondancer intervino, asegurándole que todo era un malentendido y que ellos entendían lo que ocurría. Incluso se bajó para ayudarla a subirse, y ante tanta amabilidad, finalmente la pelifuego accedió, siguiendo a Moonz sin atreverse a mirar hacia el lado del acompañante.
—Bien, Ster, échale pata para Canterlot High — dijo — y pásame el botiquín, por favor.
Sun-mer se apresuró a buscarlo y pasárselo, sin decir nada. Era un momento algo incómodo ciertamente, pero la superaba ver que la tormenta de las Dazzlings ya estaba sobre la escuela secundaria. Moondancer procedió rápidamente a atender el brazo de la Rainboom, limpiándole la herida, desinfectándola y vendándola, siempre con una sensación de extrañeza y a la vez de familiaridad. Mientras tanto, Ster tenía pisado el acelerador, cubriendo así las últimas cuadras que les faltaban para llegar a su destino, y clavó los frenos luego de pasar la esquina, ante la escena que se desarrollaba.
Sin demasiado tiempo para organizar la defensa, y en la indecisión entre ir al ataque o esperar a su amiga, las Rainbooms se mantuvieron firmes ante la llegada de las Dazzlings, aunque un poco intimidadas por sus nuevos poderes, pero decididas a luchar. Las sirenas se veían más imponentes, y descendieron hasta quedar a cierta distancia de sus rivales.
—Vaya, vaya, vaya, ¿no es muy temprano para estar ya en la escuela? — preguntó Adagio con ironía — No esperábamos encontrarlas aquí, de verdad… ¿Qué tal les fue con su show de mascotas? Escuchamos que hubo algunos incidentes…
—¡Ustedes se metieron en nuestro recital y lo arruinaron, y encima pusieron en peligro a Twilight y a Rarity! — les gritó Rainbow — ¡Van a lamentar esto, se los juro que lo van a lamentar!
—¡No, ustedes lo van a lamentar! — replicó Sonata, desatando un viento gélido —¡Ustedes nos quitaron todo lo que teníamos, y venimos por nuestra justa revancha!
—No se dan idea de la clase de vida que tuvimos que soportar estos años, las humillaciones que vivimos, pero ahora, el destino nos vuelve a sonreír, y ustedes serán las aplastadas — agregó Adagio, sus palabras resentidas fueron recalcadas por truenos.
—Ja, les pateamos el trasero una vez, y lo volveremos a hacer — las desafió Rainbow.
—¿Ah, sí? Pues no vemos que la princesa Twilight o Sunset Shimmer estén aquí para ayudarlas — observó Aria — Ahora están solas, ¡solas! — agregó, cerrando los puños con rabia, y cayeron rayos por todas partes.
—¡Y no habrá una batalla de bandas esta vez, no habrá música de la amistad que las pueda salvar! — con el grito de Sonata se desató la lluvia.
—Con nuestros nuevos cristales, accedimos a nuevos poderes mágicos. Así que prepárense, Rainbooms, ¡porque ésta será su última batalla! ¡Vamos, hermanas!
¡Batalla! ¡Vamos a ganarla!
Que haya batalla, batalla de la magia
Que haya batalla, hay que ganarla
Que haya batalla, batalla, ¡batalla!
¡Batalla de la magia!
Ahora sí, el panorama se veía francamente aterrador. Las Dazzlings cantaron a todo pulmón, y la tormenta las seguía, recrudeciendo en su poder devastador, como si fuera un híbrido entre huracán y tormenta eléctrica. El retumbar de los truenos y el silbido furioso del viento, acompañados de los rayos que estallaban y destrozaban todo allí donde caían, componían una música sobrecogedora, que no opacaba las voces de las sirenas sino que seguían su ritmo. Pronto se hizo difícil ver entre la lluvia y el polvo que levantaba el vendaval.
—¡No podemos dejar que se salgan con la suya, tenemos que hacer algo! — gritó Applejack — No nos quedará de otra que usar la magia que nos queda. Fluttershy, Rarity y Twilight, traten de ponerse a salvo...
—Disculpa, querida, pero no vamos a abandonarlas. — se negó la modista, que a pesar del miedo que sentía no iba a huir.
—Sí, además, tenemos que encontrar a Sunset…
—¡Hey, aquí! — clamó una voz, y Shimmer se apareció entre la niebla de polvo y lluvia, corriendo hacia sus amigas, y todas se unieron en un abrazo — Lamento mucho la demora… tuve unos inconvenientes pero ya estoy aquí.
—Vaya, vaya, vaya, miren quién se unió a la fiesta… — comentó con malicia Adagio.
—¡Oye, cómo te atreves a llamarle "fiesta" a esto! — rezongó Pinkie.
—Lástima que no vaya a durar mucho — continuó la sirena de pelo rizado — Al menos llegaste a tiempo para ver el final.
Lo que dentro nuestro hay,
lo recordarán.
Libres somos ya,
¡las vamos a eliminar!
Los poderes de la tormenta arreciaron contra el grupo, forzándolo a dividirse. Los vidrios de las ventanas de la escuela no podían ya resistir la intensidad de las ráfagas, por lo que algunos acababan cediendo, y se destruían en miles de fragmentos filosos que se unían al baile macabro del viento con el polvo y todo objeto suelto en el aire, lo que aumentaba los riesgos de ser herido. La escarcha de la lluvia congelada ya empezaba a convertirse en un serio problema para los alrededores, ya que iba formando una capa cada vez más gruesa en el suelo, las paredes y todo lo que permaneciera demasiado tiempo quieto. Los estruendos de los rayos completaban la escena con su poder ensordecedor. Y en todo ese ambiente, les tocaba a las Rainbooms luchar por sus vidas y su escuela.
Sin pensar demasiado en su estrategia, Rainbow salió volando, usando sus dotes atléticas para esquivar los embates del viento y sus proyectiles. Y casi logró llegar a las sirenas, viendo esos resplandores muy cerca, pero sus habilidades no fueron suficientes. Un rayo estalló a centímetros de ella, haciéndole perder el equilibrio, con lo que quedó a merced del viento, que la arrastró y la azotó contra una de las paredes de la escuela. Rarity y Fluttershy corrieron a auxiliarla, saltando entre el hielo, y a mitad de camino un rayo repentino dejó un hoyo calcinado y negro delante de ellas. Otros dos rayos más venían directo a las chicas, pero Dash reaccionó rápido y las sacó de allí.
Entretanto, por la fuerza del vendaval, la puerta del jardín de una casa cercana se desprendió, yendo a volar contra Sci-Twi y Sunset, aunque Applejack pudo verla a tiempo antes de que impactara contra sus amigas. Gracias su fuerza consiguió resistir el impacto de la portezuela, a pesar de que sus manos lo sufrieron bastante. Como movimiento casi reflejo, Applejack lanzó la puerta contra las Dazzlings, o por lo menos hacia el sitio donde supuso que ellas estarían, pero cual boomerang fue devuelta, y en su trayectoria fue a encontrarse con una bomba de confeti lanzada por el cañón de Pinkie, quedando así deshecha entre pedacitos de colores. Con una especie de grito de guerra, la chica de pelo esponjado, sentada sobre su cañón, arremetió varias veces contra la tormenta con su munición festiva de confeti, serpentinas, o incluso pudin o chocolate fundido, todo lo cual explotaba al contacto con casi cualquier cosa, lo que reducía un poco los riesgos de resultar herido por las cosas que arrastraba el viento. Sin embargo, sus ataques contribuían al caos general, aunque le daban un poco de color...
Por su lado, Rainbow continuaba con sus intentos de ofensiva por aire, volando de aquí para allá sin cesar, cayendo y levantándose de nuevo, y resistiendo valientemente cada nuevo golpe, cada nueva herida. A veces auxiliaba a Applejack para defender a sus amigas, o a Pinkie, que se movía con su cañón y a la vez echaba mano de otros recursos para atacar. Todas se veían obligadas a mantenerse en movimiento para defenderse o ayudarse entre sí. Trataban de comunicarse, de gritar cosas, de hacer algo más que comportarse como animales en un atolladero, pero la violencia de la tormenta se los impedía.
Mientras tanto, las Dazzlings continuaban cantando y dirigiendo las fuerzas de la tempestad, ensañándose cada vez más.
¡Nos van a temer,
no tendrán dónde correr!
¡No nos vencerán,
la victoria nuestra será!
Las tres eran conscientes de la efectividad de tener separadas a las Rainbooms, dejando que éstas fueran consumidas por la desesperación y el terror, y disfrutaban de eso como no habían disfrutado de nada en mucho tiempo. Sólo se detendrían cuando no quedara ninguna de ellas en pie, y luego su destino sería ir a Equestria, para encargarse de cierta princesita. Era una venganza como la que habían soñado desde la humillación sufrida al final de la Batalla de las Bandas.
Desde su remota posición en el auto, el graduado y las estudiantes de Everton observaban la batalla, impresionados, pero cada vez más atemorizados por los efectos devastadores de ese fenómeno antinatural. Al principio, Moondancer se animó a capturar con su teléfono un video de lo que ocurría, más para tenerlo de recuerdo que para mostrárselo a alguien, consciente de que nadie que no hubiera estado en ese auto lo creería. Por otro lado, Stargazer y Sunset debatían entre lo que podían y lo que debían hacer (y lo que se quería hacer), sumándose luego Moonz. La discusión podía resumirse en dos posturas: la primera, irse inmediatamente de ahí, acorde con el instinto de supervivencia, y la segunda, quedarse e intentar aunque fuera algo, a pesar de que, lógicamente, no hubiera mucho que tres simples humanos pudieran lograr contra semejante poder. Moondancer fue partidaria de la segunda postura, dada la culpa que sentía por haber facilitado uno de los cristales a esas locas; Sun-mer no podía pensar sino en su familia y todo lo que quedaba allá en Equustrópolis; y por su parte, Stargazer sentía preocupación tanto por sus vidas como por las de las Rainbooms...
—¡Ojalá fuera tan fácil que apareciera un deux ex machina o algún cochambre mágico que nos permita salir de esta situación! — se lamentó Moondancer.
—Sí, claro, pero esto no es una película infantil, Moonz…
Las palabras de Shimmer quedaron a mitad de camino. Hasta ese momento, el coche de Stargazer había logrado resistir al poder de la naturaleza descontrolada, dado que su furia se concentraba más que nada en el edificio de Canterlot High. Sin embargo, después de un rato se sentía como si estuviera al lado de un tornado o un huracán, la carrocería se mecía violentamente, se sentía el temblor de los vidrios con la inminente amenaza de romperse, y no tardaba en llegar la escarcha que se producía por la lluvia congelante. En un impulso frenético, cansada de tanta discusión e impotencia, Sun-mer empuñó su arma y salió del auto, sin oír las advertencias de nadie, y Stargazer sin dudar la siguió. Le dijo a Moondancer que se quedara dentro del auto, pero la pelirroja no le hizo caso.
—¡Tenemos que agruparnos, debe haber una forma de acabar con esto! — gritaba Sunset a todo pulmón —¡Recuerden lo que nos hace especiales, recuerden que la magia está en nosotras desde antes de tener los cristales, sólo busquen en su interior! — con estas palabras, la pelifuego intentaba infundir ánimos en todas sus amigas, especialmente a Fluttershy, Rarity y Twilight. No cesaba de repetirlo cada vez que estaba cerca de ellas.
—¡Es difícil concentrarnos en este momento, querida! — respondía Rarity, cuando saltaba para escapar de un rayo y enseguida cubriéndose para que el viento no le diera en la cara.
—¡Necesitamos por lo menos un refugio! — decía Twilight, que se había cubierto detrás del pedestal, sabiendo que no la ocultaría por mucho, y luego salió corriendo hacia la entrada a la escuela, donde Fluttershy había ido a esconderse, viendo que la pobre no podía más con la presión.
Ante esto, Sunset se dio cuenta de que debía esforzarse más en su liderazgo, veía que las cosas se estaban complicando para Applejack, Pinkie y Rainbow, quienes no aguantarían por mucho más tiempo. La escuela estaba sufriendo graves daños, y si no detenían esa tormenta mágica, al final del día quedaría convertida en ruinas, pero la peor parte se la llevaban las chicas, porque al momento de la victoria, por sí solas no valían lo mismo que en conjunto, y eso incluso lo había vivido en carne propia. Ahora le sorprendía pensar cómo había hecho Twilight, la princesa, sin conocer nada de ese mundo, para lograr en tres días volver a unir a cinco amigas enemistadas, que casualmente compartían un vínculo mágico con seis ponis de otra dimensión. La magia había despertado en ellas sin problemas, y aunque después con la aparición de las Dazzlings se manifestó más fácil, necesitó de música; cuando al momento final, las seis le pidieron su apoyo, ella se volvió oficialmente un elemento más. Y a partir de allí, Sunset Shimmer se había convertido en el elemento de apoyo, de contención, de unión. Ese pensamiento le dio valor para entender lo que debía hacer en esa situación, así como lo había hecho en los Juegos de la Amistad y en el Campamento Everfree.
—¡Pinkie, Rainbow, Applejack, si pueden oírme vengan todas adentro! — gritó con todas sus fuerzas —¡Es momento de nuestro contraataque!
La que estaba más cerca de ella era Dash, que al escucharla no dudó en correr veloz a dar aviso a las otras dos, teniendo que llevar a Applejack, quien se encontraba en mal estado. Siguieron a Sunset al interior de la escuela, una de las puertas estaba destrozada, entre tanto Pinkie tuvo que saltar de su cañón, ante la imposibilidad de salvarlo de un rayo que llegó a quemar las puntas de su cabello y parte de su ropa. Maltratadas pero vivas, las siete habían logrado refugiarse en el vestíbulo de la escuela, pidiendo perdón de antemano por los daños causados y los que se causarían aún..
—Miren hermanas, parece que las Rainbooms están desertando de la batalla. ¿Qué les parece si bajamos a charlar?
Aria y Sonata coincidieron con Adagio. A medida que descendían hacia el suelo, la tormenta pareció calmarse un poco, dando un respiro al barrio. Se trataba de una mera estrategia para dar una impresión de falsa tranquilidad, sólo para que las Rainbooms se confiaran y salieran, igual que ratones de una ratonera. El trío se fijó en el pedestal vacío, recordando la estatua de caballo que reposaba allí. Sospechaban que ése debía ser el soporte del portal a Equestria, quizá estuviera abierto, quizá no, pero creían tener suficiente magia para activarlo. Sonata tuvo de repente un mareo, y se agachó apoyándose en sus rodillas. Las otras le preguntaron qué le ocurría, y ella se recompuso diciendo que sólo era un leve mareo. Ni Adagio ni Aria quisieron admitirlo, pero también empezaban a sentirse un poco exhaustas. Debía ser por el hecho de despertar toda su magia de golpe, aunque ya se acostumbrarían a todo ese poder.
Luego de un cruce a ciegas por la ventisca, y aprovechando ahora que había amainado, Sun-mer se encontraba a escasos metros de las tres brujas. Si bien lamentaba no tener algo más poderoso que un revólver, confiaba en tres balas bien apuntadas para acabar con todo eso. No le interesaba ser una heroína ni nada, sino que en cierto modo, la impulsaba un morboso deseo de cazador, de ser algo así como una cazadora de criaturas mágicas (con forma humana), al igual que las historias de ese famoso cazador de vampiros. Su dedo sobre el gatillo sudaba, se preguntaba si tendría la rapidez y los reflejos suficientes para realizar un tiroteo limpio y certero. Detrás de ella, Stargazer empuñaba su arma aunque apuntaba al suelo, no era su intención herir a nadie, y más allá, Moondancer tiritaba de puro miedo, rezando en su interior.
Fue a través de un reflejo en el pedestal que Aria se percató de las presencias a sus espaldas, y se hubiera girado un poco menos bruscamente de saber que las apuntaban con pistolas. Algo caliente y zumbante pasó como una exhalación a centímetros de su cara, produciéndole una quemadura en la mejilla. Otros dos disparos se sucedieron de manera casi instantánea, Adagio oyó el estruendo y por instinto se agachó, y lo que a su hermana no le dio en el rostro a ella le dio en el hombro, y por otro lado, Sonata recibió el tiro en un costado, entre el codo y el torso. Ninguna de las tres se lo esperaba, y el dolor las paralizó por unos instantes.
Maldiciendo por la traición de sus nervios, Sun-mer revisó el depósito de su revólver, comprobando que todavía podía disparar una vez más. La munición limitada era la mayor desventaja de las armas humanas, o por lo menos de la mayoría. Miró a Stargazer y le pidió que vaciara su cargador sin piedad sobre ellas, sin permitirles contraatacar. Sin vida no podía haber magia, con la muerte de las portadoras desaparecería la tormenta. Sin embargo, el joven no parecía reaccionar, o bien no se sentía capaz de apretar el gatillo.
—¡¿Qué es esa cosa?! — vociferó Adagio, la sangre comenzaba a escurrir de su herida — ¡¿QUÉ NOS HAS HECHO?!
—Así es como los humanos nos defendemos, por lo general. — le contestó Sun-mer fríamente, con una mirada desafiante y su pistola en alto — Un solo proyectil en medio de la frente, o del corazón, y todo se acaba, no hay magia que te salve de la muerte.
—Pero no nos diste ni en la cabeza ni en el pecho — replicó Sonata, con las manos sobre su herida, espantada de ver su sangre.
—Ah, sí, pero el plomo puede ser igual de letal si produce una hemorragia interna y no recibes atención médica a tiempo... — agregó Sun-mer, sonriendo perversamente — Les queda poco tiempo de vida… Dazzlings.
Aquello hizo enfurecer del todo a las sirenas. Quizá por el poder de su propia furia, sus cristales brillaron intensamente, de igual modo que sus ojos. La tormenta recrudeció ferozmente, formándose en el cielo una especie de ojo de huracán, y concentrando todo el poder devastador de uno. Reaccionando instintivamente, Stargazer tiró de los brazos de las dos chicas y las abrazó con fuerza para protegerlas, y el peso de los tres juntos apenas era suficiente para mantenerse en pie. La velocidad del viento aumentó frenéticamente hasta que fue capaz de arrastrar el automóvil de Ster, haciéndolo rodar verticalmente a varios centímetros por sobre el suelo.
—¡CUIDADO! — gritó Shimmer, y los tres se echaron al suelo justo a tiempo para sentir cómo el paragolpes les rozaba las espaldas.
—¡Ustedes insignificantes humanos no son nada contra nuestro PODER! ¡Ni siquiera con esas estúpidas armas! — exclamaron las Dazzlings, de nuevo en el aire, y por primera vez parecían completamente fuera de sí, exigiéndose al máximo sin pensarlo.
Esta vez parecían actuar al unísono, como si la magia de las tres funcionara a la par y para los mismos deseos. Antes de que el auto siguiera la trayectoria que le imponía el viento, ellas estiraron sus manos para retenerlo con magia, y lo atrajeron de nuevo, dispuestas a aplastar con éste a los tres humanos, quienes al verlo se reincorporaron como pudieron y echaron a correr hacia la entrada de la escuela. Pero su huida se veía seriamente dificultada por los daños que había sufrido el terreno, la escarcha, los hoyos dejados por los rayos, trozos de vidrio y hasta fragmentos de techo y paredes. Cuando Moondancer miró hacia atrás, vio que Sunset había quedado rezagada, estaba adolorida tanto por el choque de la mañana como por la rodilla que se había golpeado al tirarse al pavimento. Stargazer estaba a medio camino entre las dos, y se volvió cuando Shimmer, al saltar un pozo, tropezó con el borde. Él corrió a ayudarla. Sin embargo ya estaban en la mira de las Dazzlings.
—¡Nooo! — gritó Moondancer desesperadamente, viéndose impotente para ayudar a sus amigos, mientras las lágrimas saltaban de sus ojos.
Por una última vez, y para no mirar hacia el Quick negro modelo 408 en el que había salido con Stargazer una noche, antes de que terminaran, los ojos aguamarina de Sun-mer buscaron a los de su ex, compartiendo la resignación a su destino. En esa mirada revivieron los mejores momentos de sus vidas, especialmente aquel tiempo hermoso y fugaz que duró su relación. Toda anterior pelea, todo resentimiento, se disolvían ahora que estaban por abandonar la ajetreada existencia física, para pasar a la paz de la muerte. Parecía increíble que dos corazones pudieran volver a conectarse en un instante trágico y mortal.
Ambos se abrazaron con fuerza, como si nunca fueran a soltarse, como si sus almas se hubieran fusionado en una sola para siempre. Al menos sentirían el calor de sus cuerpos antes de que sucumbieran por ochocientos cincuenta kilos de metal.
Sun-mer se apretó contra el pecho de Ster, mojando su camisa con lágrimas mientras oía los latidos de su corazón (y los de ella también).
"Te amo", fueron quizá las últimas palabras que dijo…
…
…
...
No sé ustedes, pero yo adoro los finales felices XD
Ok no, too bad.
Tranquis, que esto no se acabó todavía. En realidad yo deseaba terminar la historia con este capítulo, y después publicar el epílogo y listo, pero entre una cosa y otra, ya llevaba escritas más de once mil palabras y dije basta, no doy más. Además me pareció que esta era una buena forma de terminar el capítulo, jeje.
Dos cositas para aclarar antes de despedirme. Primero, las letras de las canciones que aparecen en este capítulo se basan en Under our spell y Battle of the Bands, las que cantan las Dazzlings en Rainbow Rocks. Y hablando de música, ya perdí la cuenta de las veces que escuché esas canciones remixadas u originales en youtube para ponerme a tono mientras escribía, incluso llegué a apreciarlas un poco.
Lo segundo tiene que ver con lo que harían las Dazzlings al tener los cristales. Después de mucho pensar cómo describir la transformación de las Dazzlings cuando tuvieran los cristales, y como en este fic ya es costumbre hacer referencia a otras series de chicas mágicas, decidí basarme en los diseños y los poderes de las "Trix", tres hechiceras antagonistas de la serie "Club Winx", cuyas protagonistas son seis hadas y que tienen poderes parecidos a las Rainbooms (lo cual daría material para un crossover pero meh). Hablando de parecidos, las concordancias serían así: Adagio=Stormy, Sonata=Icy, Aria=Darcy. En cuanto a los poderes, tuve en cuenta lo sucedido en Legend of Everfree con Gloriosa Daisy, que con los cristales podía controlar fuerzas de la naturaleza, como las plantas y árboles, entonces, me pareció que podía relacionar a las sirenas con las fuerzas de la tormenta (nubes, rayos, truenos, viento, etc.) a pesar de que son criaturas marítimas originalmente, y así (intentar) relatar una batalla interesante con las Rainbooms, y no una mera copia del final de Rainbow Rocks.
Y bueno, eso sería todo por hoy. Espero que les haya gustado o que les haya parecido un semi-final decente, miren que me lo pensé bastante y lo charlé bastante con mi beta reader.
