12: Batalla de la Magia
Tras refugiarse en el interior de la escuela, como medida para poder organizar un contraataque, las siete chicas tomaron aire profundamente. Por la entrada rota se colaban el viento, el frío y el agua, y se oían los rugidos de la tormenta de las Dazzlings. Todas estaban cansadas y con algunas heridas menores, intentando reponerse de los ataques sufridos, sobre todo Rainbow y Applejack; Pinkie, por su lado, todavía no se rendía. Fluttershy había conseguido dejar de llorar gracias a Rarity que la animaba constantemente, y Sci-Twi pensaba en su pobre Spike.
Mientras que el espíritu de Sunset se mantenía resuelto y decidido.
—No quiero dilatarme en discursos motivacionales. Cada una sabe lo que hemos vivido juntas, las pruebas que atravesamos desde… bueno, aquel baile de otoño. Twilight y ustedes me han cambiado la vida, y me mostraron un mejor camino al cual dedicar mi energía. La magia siempre ha estado en nosotras, incluso antes de haber conseguido estos cristales, y es realmente cuando trabajamos juntas que la magia se hace presente. Tenemos un gran motivo para defender nuestra escuela, estamos dispuestas a sacrificar lo necesario por quienes amamos, y creo que es eso lo que nos da la fuerza para luchar. ¿Qué me dicen?
Las palabras de Shimmer calaron hondo en cada una de sus amigas, una poderosa determinación nació en sus corazones, y con esa determinación pudieron entender, con una mirada, lo que había que hacer. Juntas, todas se tomaron de las manos formando un círculo, intentando concentrarse en sus sentimientos de amistad para convocar a la magia. Desde afuera, se sentía que la tormenta había amainado un poco. Pese a la debilidad o a la falta de un refuerzo para su vínculo mágico, después de unos segundos parecía que algo empezaba a aflorar, hasta que de repente, tres detonaciones seguidas quebraron la leve armonía del momento.
Reconociendo que los ruidos eran como aquéllos que producía la cosa con la que su yo alterno humano la había atacado, Sunset instintivamente se tomó del brazo en la zona que le había rozado la bala.
—¿Qué fue eso? — preguntó Rarity.
—Sonaron como… explosiones — contestó Sci-Twi.
—¿Qué te pasó en el brazo, Sunset? — inquirió Fluttershy, al haber notado el gesto de su amiga — ¿Tú sabes lo que es?
—Sí, es una larga historia... — respondió Sunset. Al mirar de reojo a Twilight, notó que ella parecía sospechar de qué eran esas explosiones. Después de todo, ella sabía mucho sobre el mundo humano.
¿De verdad Sun-mer le había disparado a las sirenas? No podía estar segura del resultado, pero le preocupaba más su seguridad y la de sus amigos. Corrió hacia la salida, y fue justo entonces cuando vio a la princesa Twilight aparecer por el portal y venir en su dirección, mientras que, detrás de ella, es decir, al frente del pedestal, parecían estar las sirenas, inmóviles, y más adelante, Sun-mer y sus compañeros.
Ante la sorpresa de ver de nuevo a la princesa de Equestria, Sunset se detuvo. Quería seguir avanzando, pero se sentía feliz y aliviada de ver a su amiga de nuevo. Se adelantó para darle un gran abrazo, y entonces se percató de la sangre que había en la espalda de su amiga, pero ella no estaba herida, al parecer.
—¿¡Qué es esa cosa?! ¿Qué nos has hecho? — oyeron gritar a una de las sirenas, probablemente Adagio.
—¿Qué está sucediendo, Sunset? — preguntó Twilight en voz baja, confundida por todo lo que veía.
—Así es como los humanos nos defendemos, por lo general… un solo proyectil en medio de la frente, o del corazón, y todo se acaba, no hay magia que te salve de la muerte.
—Esa voz… — murmuró Twilight, al reconocer el timbre de aquella voz desconocida — ¿quién es?
Pero Sunset se veía cada vez más alarmada, y tironeó a la princesa para alejarse de allí, a pesar de las dudas que la abordaban.
—Vamos, vamos, llegas justo a tiempo, sé que tienes muchas preguntas pero si no actuamos ahora todo esto irá a peor — insistió la pelifuego, casi arrastrando a Sparkle hacia la entrada, donde ya se habían reunido las demás — Cuando hayamos podido detener a las Dazzlings vendrán las explicaciones.
Todas estuvieron felices de reencontrarse nuevamente, después de tanto tiempo sin ver a la Twilight que les había enseñado a valorar la amistad y había hecho que se reconciliaran. Su visita luego de los Juegos de la Amistad fue muy breve, apenas cambió unas palabras con ellas y conoció a su yo alterno; Sci-Twi había oído hablar de ella pero aún así estaba muy sorprendida, especialmente porque todo era nuevo para ella en ese momento. Ahora estaba más habituada, se había integrado al grupo, y a pesar de que se sentía un poco rara en la presencia de la Twilight princesa, en esa situación de urgencia entendía que su apoyo era fundamental.
No hubo tiempo de decir nada, porque afuera la tormenta estalló de repente, con una fuerza que hizo casi retumbar el edificio, lo cual indicaba que las Dazzlings volvían a la carga con todo.
—¡Ustedes insignificantes humanos no son nada contra nuestro poder! ¡Ni siquiera con esas estúpidas armas!
Esas eran las voces de las sirenas, como nunca las habían escuchado. La princesa Sparkle preguntó atemorizada quién estaba ahí afuera, y a qué armas se referían.
—¡Tenemos que ir a ayudarlos de inmediato! Twilight, necesitamos tu apoyo para vencer a las Dazzlings, lo haremos todas juntas, ¿de acuerdo?
El acuerdo fue unánime. Reunidas en torno a la puerta, viendo cómo se extendía el desastre allá afuera, las ocho jovencitas, con una Twilight de cada lado, y Sunset en el medio, con las manos bien tomadas las unas a las otras, iniciaron el procedimiento de conectar sus almas para que la magia las ayudara una vez más a salvar el día (más la escuela y tres vidas). Era un plan un poco improvisado, dado el escaso tiempo, pero ciertamente su magia se había ido fortaleciendo con cada nueva aventura, con cada evolución.
De lo más profundo de su ser, una canción brotó de Sunset, y fue seguida rápidamente por las demás.
Yo no veía lo que había ahí frente a mí
me cambió y ahora no pienso así
un mundo que es diferente de lo que viví
me ayudó a ver lo que hay aquí...
Mientras que los cristales de Applejack, Rainbow Dash, Pinkie Pie y Sunset Shimmer se activaban, su brillo parecía extenderse al resto. Poco a poco, esa luz que ellas destellaban emanaba naturalmente, lo mismo que la magia.
Como una estrella en el día,
Como un diamante brilla…
Como una estrella en el día,
Como un diamante brilla…
Su luz se volvió más intensa a medida que ocurrían las respectivas transformaciones en cada una: las orejas, las alas, las colas de caballo… de esta manera, una oleada de color y de esperanza empezaba a extenderse por todo el lugar, contrarrestando los efectos de la tempestad, mientras las voces de las Rainbooms al unísono se elevaban al aire.
Tu amistad por siempre es para mí,
Tu amistad por siempre es para mí…
Fue entonces cuando captaron la atención de las sirenas, justo cuando un automóvil negro estaba por caer encima de dos personas indefensas.
Como una estrella en el día,
Como un diamante brilla.
Y así lo hará porque tú estás.
La voluntad de todas se hizo una, como si compartieran sus pensamientos. Una esfera multicolor salió disparada hacia el coche, dando en este de lleno y enviándolo hacia atrás con el impacto. El auto quedó tirado de costado, con las ventanillas rotas, el techo semi aplastado, y dos de los cuatro neumáticos pinchados, con las llantas torcidas, además de muchos abollones y rayones en la pintura. Pero lo importante era que la pareja estaba a salvo. Ambos se levantaron, incrédulos aunque agradecidos de haber salido con vida.
A unos pocos metros, una joven de cabellos rojos veía todo con cara alucinada, los ojos grandes llenos de asombro y la boca abierta, incapaz de emitir grito alguno. Ese era el milagro que ella estaba esperando, era simplemente fascinante ver cómo funcionaban esos pedacitos de vidrio. Además entendió que, a pesar de que faltaran algunos, la magia seguía siendo fuerte en las Rainbooms. Emocionada, al ver a su amiga y a Stargazer con vida, corrió a abrazarlos, con lágrimas en el rostro, feliz de que no se hubieran convertido en papilla con chatarra. Sun-mer correspondió al abrazo de su amiga, compartiendo la felicidad de estar viva.
—Vamos, pongámonos a salvo… — dijo Stargazer, que veía crecer la tensión entre las Dazzlings y las Rainbooms, quienes parecían atravesarse las unas a las otras con la vista.
Furiosas por la intromisión, las sirenas llamaron a los poderes de la tormenta y, desde sus propios cuerpos, Aria canalizando los rayos desde sus brazos, Sonata concentrando el viento congelante, y Adagio convocando a las nubes tronantes, convergieron en un ataque conjunto, que se materializó en forma de una especie de tornado eléctrico, cuya cola tocó el piso y enseguida avanzó hacia las Rainbooms. Cuando parecía que el tornado se las tragaría, ellas se defendieron con una esfera de luz que lo interceptó, resistiendo su fuerza destructora.
Cada amigo está a prueba,
sinceridad sentimos en nosotras,
y al hablar todo cambia
y todas estamos de nuevo juntas.
La esfera mágica comenzó a expandirse, y esta vez le tocaba al tornado resistir. Sin embargo, el nivel de magia de ambos estaba casi igualado, manteniéndose en un tire y afloje.
Como una estrella en el día,
Como un diamante brilla…
Las Dazzlings hicieron lo posible para retener su ataque, pero el tornado acabó implosionando con la esfera de las Rainbooms, produciendo una espectacular oleada de magia que se esparció en anillos concéntricos por los alrededores, absorbiendo también parte de la tempestad sobre Canterlot High.
—¡No, esto no puede estar pasando! — exclamó Adagio, que tenía casi la mitad de su vestido manchado con la sangre de su hombro, pero su rabia era más fuerte que su dolor — ¡No nos vamos a dejar vencer, hermanas, de ninguna manera!
—Pero Adagio… — replicó Sonata, teniendo su mano en la cintura, donde la herida parecía seguir sangrando — ...me duele mucho, y no sé cuánto más voy a aguantar…
—Es cierto… me siento bastante cansada — admitió Aria, tocándose el rostro, allí donde tenía la quemadura, cuyos tonos carmesí contrastaban con el púrpura de su piel — Creo que lo mejor sería retirarnos ahora que podemos...
—¡No podemos descansar! — la interrumpió Adagio — Seguiremos en la batalla hasta que derrotemos a las Rainbooms, y usaremos toda nuestra magia si es necesario. ¡Vamos, que aún no han visto lo que somos capaces de hacer!
Pese al agotamiento y el dolor, las otras dos sirenas decidieron hacerle caso a su hermana. Sus cristales volvieron a brillar con intensidad, y se prepararon para una nueva ofensiva, esta vez intentando atacar a sus contrincantes desde diferentes puntos, creyendo que sería posible separarlas otra vez. Sin embargo, las Rainbooms estaban fortalecidas y con mucha energía, listas para dar pelea por un buen rato, además tenían otra ventaja a su favor, ya que sus heridas eran mucho menores que las de las sirenas. De hecho, varias gotas de su sangre habían salpicado por todos lados, algo bastante preocupante, y en lo que sí se habían fijado Sun-mer y sus compañeros, atentos a las ofensivas y las defensivas de ambos grupos.
—No van a aguantar mucho más, si siguen así van a terminar… muertas — comentó Stargazer.
—De ser así, que sea pronto, antes de que no quede nada de la escuela — agregó Sun-mer fríamente. No se sentía culpable de haberles disparado, cualquier ser humano en su sano juicio lo habría hecho.
—Supongo que debe ser así… — dijo Moonz, aunque no se sentía bien con la idea, las Dazzlings eran malas y todo, pero no creía que realmente merecieran morir, era una sensación muy rara teniendo en cuenta lo que ellas le habían hecho — pero creo que deberíamos decirles a las Rainbooms lo que sucede.
—¿Para qué, Moonz? Ellas ya tienen el control de la situación, nosotros no podemos hacer nada, no es nuestro asunto.
—Pero tú les disparaste, y eso no solucionó nada. La otra Sunset ha logrado resolver los problemas sin matar a nadie, o al menos sin usar su magia con esa intención. Si le decimos que las Dazzlings están sangrando y que necesitan ayuda, quizá las Rainbooms puedan hacer algo.
—Lo dudo mucho, no creo que su magia sea de la del tipo curativo... ¿por qué te interesa hacer eso, Moonz? ¿Por qué debería preocuparte lo que les pase, después de lo que te hicieron?
—Porque… no sé… ¿tú me dispararías si yo me enloqueciera con la magia y quisiera destruir todo?
—Eso es distinto, tú eres mi amiga, y yo confío en ti — respondió Sun-mer, y al verla profundamente a los ojos, entendió que su amiga era mucho más noble de lo que ella era, porque ella la había dejado sola en el hotel en primer lugar, y si no se hubiera ido por su cuenta, Moondancer no hubiera salido a buscarla, desencadenando la serie de hechos que culminaban ahora en una batalla de magia. Fuera un razonamiento correcto o no, la pelifuego admiró sus intenciones. Su expresión se suavizó — Oye… — dijo finalmente con un suspiro — Bueno... creo que está bien lo que quieres hacer.
Moondancer sonrió, sintiéndose valiente al tener el apoyo de Sunset. Con cautela, se acercaron a las Rainbooms cuando la batalla entró en otro impass, y les explicaron el incidente de los disparos, haciendo hincapié en el peligro de que las sirenas se desangraran, ya que a pesar de ser criaturas mágicas de otro mundo, al parecer no podían escapar de las leyes físicas del mundo humano. El problema era que no podían ayudarlas si ellas no se tranquilizaban primero, lo cual era difícil ya que su furia iba en aumento.
Entre tanto, desde el cielo, las Dazzlings decidieron aprovechar aquella distracción, y dar el golpe final. Una vez más entonaron su canción, mientras llamaban a las fuerzas de la tormenta para concentrarlas alrededor suyo.
¡Batalla! ¡Vamos a ganarla!
Que haya batalla, batalla de la magia
Que haya batalla, hay que ganarla
Que haya batalla, batalla, ¡batalla!
¡Batalla de la magia!
Los cristales de las tres sirenas brillaron, produciendo una esfera de luz púrpura oscuro, con vetas de azul y de rojo, que con una especie de energía centrífuga fue absorbiendo todas las fuerzas de la tempestad, girando alrededor de la esfera como los anillos de saturno, para ir cerrándose en torno a ésta. El cielo quedó casi despejado, aunque aún quedaban algunos nubarrones cuyos truenos y relámpagos parecían hacer de telón de fondo.
—¿Qué está pasando? — preguntó Stargazer, asombrado al igual que el resto.
—¡Ustedes vayan adentro y refúgiense! — les ordenó Sunset, sintiendo que la parte más dura de la pelea estaba por comenzar, al igual que en la Batalla de las Bandas cuando las sirenas consiguieron su máximo poder.
El graduado y las estudiantes le obedecieron, a pesar de que no parecía haber lugar seguro a dónde ir. Entraron a la escuela y aguardaron allí.
De la fusión final de la esfera mágica y la tormenta, resultó una enorme criatura de aspecto intimidante, similar a la forma original de las sirenas de Equestria, pero su cuerpo parecía estar hecho de una sustancia en constante movimiento, sus colores oscilaban entre el violeta, el azul y el gris. Sus ojos, de un amarillo eléctrico, echaban chispas, su aleta superior nacía en la frente y acababa allí donde empezaba la cola de pez, cuyas aletas parecían estar hechas de hielo, lo mismo que la superior. A su alrededor, los vientos formaban un círculo con el resto de las nubes, a modo de escudo en constante movimiento. La gran bestia de la tormenta dio un rugido, surgiendo de su boca un gran rayo que fue directo hacia las Rainbooms, quienes ya se habían puesto de nuevo en guardia. Invocaron un escudo, y trataron de resistir todo lo que pudieron, entre tanto la criatura dio un coletazo, expulsando una lluvia de cristales afilados que repiquetearon en la capa protectora, sin llegar a romperla pero debilitándola un poco. La fusión de las sirenas arremetió de nuevo, girando velozmente para enviar contra ellas toda la fuerza del viento, lo que debilitó otro tanto el escudo. Usando esta vez un aliento frío, logró congelar la cúpula para luego destrozarla con un golpe de su cola, y el impacto hizo caer a las ocho guerreras.
—Muy bien, chicas, creo que es momento de hacer nuestra propia convergencia mágica — dijo Rainbow.
—¡Siiiii! — exclamó Pinkie, exaltada — ¡Cantemos todas juntas!
Nuestra amistad por siempre es para mí,
nuestra amistad por siempre es para mí…
Las Rainbooms se reagruparon, entonando su canción con toda su pasión. Cada una fue envuelta por un aura de color distinto, las cuales salieron proyectadas hacia el cielo en línea recta, fusionándose en un rayo luz blanca que adoptó la figura de un unicornio blanco, su crin estaba hecha de pura magia, y reflejaba los distintos colores del espectro de la luz, ondeando continuamente. Parecía correr por el aire, acompañado de unas alas etéreas, suscitando el asombro de los humanos, quienes se habían asomado a la puerta de la escuela. Moondancer sacó su teléfono enseguida para ponerse a filmar, aunque la batería se le iba a agotar pronto.
La bestia sirenoide dio un bramido, repitió sus ataques anteriores pero por alguna razón los nuevos ataques ya no tenían la misma potencia, entonces se lanzó en picada hacia el gran unicornio con la intención de atacarle bien de frente, sin embargo, éste se le adelantó, de modo que la criatura de la tormenta se vio obligada a reaccionar rápido. Así, ambos poderes chocaron, los de la tormenta, el caos y la oscuridad por un lado, y los de la amistad y la luz por el otro, en un juego de tensiones que ambas criaturas mágicas pugnaban por ganar. Ambas fuerzas estuvieron casi igualadas, hasta que de pronto, la magia de la sirenoide comenzó a mermar abruptamente, al mismo tiempo que la consistencia de su cuerpo parecía flaquear. Apenas la alcanzó a golpear la magia blanca, pues la fusión de las tres Dazzlings colapsó repentinamente, liberando los últimos vestigios de su energía, por lo que la tormenta que asolaba Canterlot High (la que sería sin dudas la tormenta del año, o la tormenta del siglo), finalmente fue vencida.
El ser de magia pura recogió los tres cuerpos inertes.
-.-.-.-.-
—¡Adiós, cuídense mucho, y que tengan mucha suerte con la reconstrucción de la escuela! Y no se preocupen, nos encargaremos muy bien de las sirenas.
Después de unas cuantas horas, finalmente Twilight Sparkle, la princesa de aquella dimensión donde se encontraba Equestria, se despedía de sus amigas, disponiéndose a cruzar el portal. Con ella, iban las tres Dazzlings, traían varios vendajes en sus cuerpos y las manos encadenadas, aunque en realidad sin cristales y sin magia, poco y nada podían hacer.
Qué hacer con ellas había sido una decisión difícil, mientras yacían en la enfermería, con sus heridas atendidas y la posibilidad de que no sobrevivieran. Habían quedado inconscientes por agotamiento total durante el asalto final, y habían perdido mucha sangre, por lo que estaban muy débiles. Las siete amigas y la Twilight del otro mundo debatieron por largo rato sus opciones. Dejarlas ir implicaba que volvieran a la vida poco decorosa que tenían en Dodge Bay, o algo peor, y que en cualquier momento volvieran a intentar vengarse. Los estragos causados por ellas en la escuela y sus alrededores y en el Desfile de Mascotas la noche anterior eran muy grandes, y no podían salir impunes. Encerrarlas, ¿en dónde? También estuvo la propuesta de intentar rehabilitarlas, de tratar de superar el pasado y enseñarles un mejor camino, como sucedió con Sunset Shimmer, pero no todas las Rainbooms estaban muy de acuerdo con la idea. Entonces la princesa Twilight propuso devolverlas a Equestria, para que no causaran más problemas en el mundo humano. En Equestria tal vez podrían decidir mejor su futuro, y además contaban con más recursos para mantenerlas bajo control. Después de todo, era a Equestria donde pertenecían. Finalmente, se hizo la votación, y ganó la idea de Twilight. Ni bien las sirenas despertaran, ella regresaría a Equestria con ellas, lo quisieran o no.
Afortunadamente, las Dazzlings sobrevivieron, a duras penas se movían, aunque hubieran preferido morir para no soportar semejante humillación. Una vez más, lo habían perdido todo, y volvían a Equestria no como tres poderosas criaturas, sino como tres débiles prisioneras. Sin embargo, no poseían energías suficientes para rebelarse a causa de su maltrecho estado físico. Atravesaron el portal a regañadientes, mirando hacia atrás con mucho rencor, tironeadas por la cadena con la que Twilight las sujetaba.
Lo siguiente, fue hacer las paces entre las dos Sunsets, aclarar las cosas entre los dos grupos, y luego comenzar a organizar la reconstrucción de la escuela.
-.-.-.-.-
—Ufff… qué día más loco. Quisiera un par de latas de cerveza, una enorme pizza con jamón y huevo, y un kilo de helado... — dijo Moondancer cuando entraron a su habitación de hotel — Caminar desde la escuela hasta acá me dejó agotada, no pensé que estuviera tan lejos…
—Después de darme una ducha voy a pedir servicio a la habitación — comentó Shimmer, quitándose su abrigo y los zapatos — Tengo la ropa en un estado lamentable, al igual que mi cabello.
—Eso porque no has visto el mío, que es mucho más largo... Voy a estar toda una hora para desenredarlo y quitarle toda la basura que se me enganchó. — la secundó Moonz, tirándose sobre su cama, para luego resbalar de la misma y quedarse sentada en el piso.
—Entonces, puedes bañarte primero si quieres.
—Gracias, Sun-mer — Moonz se desperezó, suspirando — Tuvimos una gran aventura hoy, ¿eh?
Sun-mer se sentó en el suelo junto a su amiga.
—Si le quitas el hecho de que casi estuvimos a punto de morir… seh. Creo que es algo como para guardarlo y contárselo a nuestros nietos cuando seamos viejas.
—Jaja, yo no creo que vaya a esperar tanto. No es que vaya a contarlo como una anécdota ordinario de cualquier viaje, más bien es como para escribir una novela de fantasía. De hecho… no es una mala idea, sólo debo cambiar los nombres y la apariencia de los personajes y de los lugares, ¡y voilá! — Moondancer rió por lo bajo — Nadie tiene que enterarse que la historia está basada en hechos reales, ¿no?
—Pues, conociendo los estándares editoriales de Equustrópolis, se convertiría enseguida en un best-seller de literatura juvenil, hasta podrías sacar una trilogía. — sugirió Sun-mer con una sonrisa.
—No hablarás en serio, ¡no pienso escribir tanto! — negó Moonz enérgicamente — Además, no tengo tanta imaginación para hacer una segunda parte, y es una historia que da para un solo libro, me parece.
Desde las ventanas se apreciaban los colores del atardecer, que pasaba del naranja al violeta lentamente, pronto el azul índigo oscurecería el firmamento, y las estrellas irían refulgiendo una por una. Luego de un día frenético y extraño, colmado de emociones extremas y de situaciones inusuales, aquella paz era como un regalo, un momento de relax.
—Entonces… ¿qué harás ahora, Sun-mer?
—¿Qué haré con qué?
—Con lo de la otra Sunset y el robo de identidad. Ya vimos que no es lo que creíamos.
—Sí — Sunset no dijo nada más y se perdió en la contemplación del ocaso. Realmente no tenía ganas de hablar del tema por ahora, solo mirar el horizonte y no pensar en nada.
—Bueno, voy a darme un baño rápido, y después pediremos algo para cenar.
Salvo el ruido del grifo mientras se llenaba la bañera y el rumor del tránsito en la calle, el resto era silencio y quietud en la habitación. Incluso después de que se apagara por completo el atardecer, Sun-mer continuaba en la misma posición, aunque esta vez su mente divagaba de un punto a otro, trayendo a colación distintos recuerdos del mismo día. Se sentía cambiada, todo lo ocurrido en aquella semana (y especialmente ese día) la había transformado, no sabía bien en qué, pero sentía que ya no era la misma. La idea de que existía una dimensión paralela a la suya, donde cada persona tenía un homónimo en forma de criatura mágica; la existencia de la magia y sus efectos sobre las personas; y la posibilidad de controlar las fuerzas de la naturaleza con cristales mágicos, entre otras cosas, removieron los cimientos de sus esquemas psicológicos, de gran parte de lo que creía, de lo que le habían enseñado. Aquello podía ser un pie para cambiar su visión de la vida y empezar a cuestionar preceptos elementales. El problema era a dónde la llevaría ese cuestionamiento; esa indagación, ¿la llevaría a algo productivo y constructivo? Nunca le había agradado mucho la filosofía, siempre le pareció mero lenguaje complicado sobre puras abstracciones, y que jamás llegaba a una conclusión certera.
Lo esencial era que ya sabía que nadie se estaba robando su identidad, sino que al parecer era víctima de un fenómeno atípico, algo bastante difícil de creer para una persona común. Era más que un caso de doppelganger, el gemelo maligno. Lo mejor quizá era mantener la historia en secreto, porque intentar explicarlo sería inútil. Tenía una reputación en Everton, y no iba a perjudicarla con el relato de una vivencia inverosímil, a pesar de tener "pruebas". Sólo si algún día, una situación importante hiciera necesario contar la verdad. De momento, lo ideal era continuar con su vida. Si intentaba seguir otro camino, las consecuencias eran imprevisibles.
Sun-mer se levantó y estiró las piernas. Luego fue hacia las ventanas para tomar un poco de aire, echando un vistazo a la ciudad que entraba en su modo nocturno, donde seguramente, en cada casa se debía estar hablando de la tormenta salida de la nada y los destrozos que dejó en la zona de la secundaria Canterlot High, ¿llegarían las noticias hasta Equustrópolis dentro de un tiempo? Quizá hasta enviaran a un equipo de especialistas para estudiar el fenómeno, algo poco probable si no se repetía en la misma ciudad o en otras.
Unos golpes en la puerta la sacaron de sus reflexiones. No esperaban visitas, pero Sun-mer no se sorprendió al ver a Stargazer cuando fue a abrir, incluso le pareció bien volver a verlo. Traía un par de cajas de pizza y un pack de seis latas de cerveza, además de un bolso con la mayoría de sus cosas. Se saludaron amablemente, y Sunset le ayudó con la carga, poniendo las pizzas sobre una mesa y las cervezas en el minibar.
—Quise venir a ver cómo estaban, y pensé que tendrían hambre, después de todo lo que pasó… — explicó Stargazer, dejando el bolso a un costado y quitándose la chaqueta — quizá debí avisar antes que venía, pero con todo el ajetreo de la tarde, mi celular está sin batería.
—Está bien — dijo Sun-mer suavemente — Moonz y yo pensábamos salir a comer, pero la verdad es que no tengo muchas ganas de ir a ningún lado. — en realidad no quería rechazar el buen gesto del muchacho — Y… ¿cómo te fue con lo del auto?
Ster suspiró.
—Nunca conduje ebrio, nunca corrí carreras, nunca le hice un rayón ni lo choqué contra un árbol… no tenía ni una sola multa, ni una abolladura, ni cambio de motor — se lamentó él — ¿cómo se supone que se lo explicaré al seguro?
—Pues… no creo que exista cobertura para accidentes por tormentas mágicas. — contestó Sun-mer, haciéndolo sonreír con su respuesta — Pero piensa que siete alumnas tienen que explicarle a sus directoras qué pasó con la escuela esta mañana.
—Si hubiera sido en temporada escolar, habría sido el sueño de cualquier adolescente — comentó Ster con una ligera risa, aunque su rostro se tornó serio enseguida — aunque es un golpe tremendo a la comunidad. El hecho estará en los medios por un buen tiempo, supongo... Me tocará esperar hasta el lunes, o el martes, como mucho, para llevarme mi auto.
—¿Y a qué taller lo enviaste?
—Al principio, Applejack se ofreció a ayudar a repararlo, según me dijo, ella y su hermano hacen el mantenimiento de las máquinas de su granja. Lo repararían gratis por todas las molestias causadas, pero yo le dije que no quería molestar. Entonces Rainbow Dash me habló de su padre, que lleva años trabajando en mecánica, y se especializa además en autos de carreras. Ella lo llamó enseguida, y me aseguró que le pediría un descuento para mí. Es una buena chica a pesar de su rudeza.
—¿Applejack es la rubia de pecas y Rainbow Dash la del pelo teñido a colores?
—Sí, ¿por qué?
—Nada — respondió Sun-mer, encogiéndose de hombros — todavía no me aprendo sus nombres.
Se produjo un momento de silencio en el que ambos se quedaron parados sin saber qué más decir, simplemente mirándose.
—Y… — empezó Stargazer, sintiéndose como si le hubieran descontado diez años de vida y volviera a ser ese tontolín de secundaria al que le costaba hablar con las chicas — ¿cómo están tú y Moondancer?
—Bastante cansadas, pero bien, Moonz está en la bañera ahora. Debo darme un baño cuando ella salga.
Hablando de Moondancer, ella había oído sus voces mientras comenzaba a lavarse el cabello, y para dejarlos un buen rato solos decidió retrasar su baño, a pesar de que se le arrugara la piel por el agua. Cuando empezaba a impacientarse por el nuevo instante de silencio, oyó a Stargazer retomar la conversación.
—Oye, ¿cómo estás de la cintura, de… del golpe de esta mañana? — en su voz se notaba la culpa por lo ocurrido — Fue un golpe muy fuerte, y lamento mucho no haber podido frenar a tiempo. Lo siento, Sunset. Si llegas a necesitar algo…
—Fue mi culpa, en mi estado de locura, crucé la calle sin mirar. No te sientas mal por mí, estoy bien. — dijo ella, sintiendo algo extraño en su interior al ver la pena del joven — Perdóname por haberte metido en esto.
No hubo respuesta de Stargazer, por lo que Moondancer se impacientó más aún. "Vamos, yo sé que ustedes pueden", pensaba nerviosa. Intentaba reprimir el impulso de ponerse la toalla y espiar, entreabriendo la puerta. Sabía que la chispa en ellos había resurgido de las cenizas, era cuestión de darles tiempo. Después de unos segundos no pudo resistir y salió de la bañera, con la mala suerte de golpearse el dedo meñique del pie con el inodoro.
—¡ME LLEVA LA CHIN… el poder de la luna!
"He cagado el momento" se dijo a sí misma. No tardó en oír la voz de Sunset desde el otro lado, preguntando si le pasaba algo, y como Moondancer ya había metido la pata, le pidió que le pasara su ropa nada más. De todas formas, siguió demorándose a propósito, pero lamentablemente ya no hubo más interacción en la pareja. Al contrario, Sun-mer volvió a tocar la puerta, preguntando si faltaba mucho para que saliera. "¡Ya voy!" contestó Moondancer, vistiéndose rápido y dejando libre el baño.
—Hola Stargazer, ¿cómo estás? — preguntó Moonz al salir, mientras Shimmer entraba con su toalla y su ropa.
—Pues… no ha sido el mejor día, pero al menos veré el mañana — contestó él. —Son las vacaciones más locas que he tenido, y nunca había sentido tanta adrenalina junta desde que me subí a aquella bestial montaña rusa cuando tenía diecisiete.
—¿Era esa que había en el Megapark, al sur de Equustrópolis? ¿La que te podía hacer desmayar a la primera vuelta? — preguntó la pelirroja mientras se secaba el cabello.
—Sí, la misma. Uno de mis compañeros tenía 19, y se desmayó al bajar. No podía creer que estuviera vivo.
—Yo nunca quise subirme. De sólo verla, daba pavor. Pero en fin, lo de hoy ha sido como una montaña rusa bastante monstruosa… — de pronto Moondancer se percató de las pizzas —¡Hey, trajiste pizza!
—Y algunas cervezas, a modo de... celebración-por-estar-vivos.
—Bien, es mejor que pedir servicio al cuarto… la comida es cara, y demasiado refinada para mi gusto.
Ambos permanecieron en silencio. Moonz se sentó en su cama, intentando desenredar su pelo con el peine, y Ster, pidiendo previamente permiso para cargar su celular, buscó el cargador y lo enchufó.
—¿Qué piensan hacer ahora? —preguntó el joven luego de poner a cargar su teléfono — Ya sabes… con lo del robo de identidad.
—No sé, también le pregunté a Sun-mer pero ella no me respondió nada. Creo que… simplemente va a dejarlo pasar.
—¿Tú crees que ella haya aceptado hacer este viaje por nada?
—Shh, baja la voz — le contestó Moonz, poniendo un dedo sobre su labio — Mira, creo que hay que darle tiempo, con la historia que tenemos, no creo que un juzgado quiera aceptar el caso. De hecho, ni siquiera nuestras familias nos creerían, aunque les mostremos las fotos y la información que recolectamos.
—Eso tiene sentido. Sólo nosotros tres sabremos con seguridad lo que pasó hoy.
—Además, tengo miedo de que si decimos algo, y se filtra, y si se hace público… — agregó Moondancer con un escalofrío — estaríamos llamando la atención de alguna agencia secreta del gobierno, que quizá quiere que esto no se sepa.
—¿Qué…? Bueno, lo único que nos falta es eso. Ya me lo imagino: una misteriosa camioneta nos intercepta camino a Equustrópolis, nos llevan a una especie de cuartel secreto, nos borran la memoria, y volvemos a casa como si nada hubiera pasado.
A Moondancer le dio otro escalofrío. Ya no podría dormir tranquila durante el viaje de regreso, sino hasta que estuviera en su hogar. Para desviar sus pensamientos de ese tema, se puso a pensar en posibles maneras de dar más espacio a su amiga para que hablara con Ster, porque creía que ambos necesitaban resolver una cuestión importante. El casi ser aplastados por un auto parecía haber influido en sus sentimientos profundamente, o eso había notado ella.
—Es increíble — comentó Ster de repente, el flujo de sus pensamientos yendo en otra dirección que los de Moonz — que no estemos declarando en una estación de policía.
Antes de que la pelirroja pudiera pronunciar palabra, Sun-mer había salido del baño y había oído el comentario.
—¿Por qué? ¿Para qué iríamos con la policía?
Stargazer bajó la cabeza y dudó si responder o no, porque no quería mencionar delante de ella el delicado asunto del ataque a mano armada. Pero ya que había sacado el tema, era mejor hablarlo.
—Pues, es sobre… lo de esta mañana temprano, ya sabes.
—Sí, fue algo arriesgado y tonto, lo sé — admitió Sunset, quitándose la toalla de la cabeza y dejando libre su cabello mojado, que se asemejaba al tocino por sus líneas de color rojo y amarillo. Aquella respuesta sorprendió a sus amigos, sobre todo a Stargazer, quien pensaba que ella se enojaría — Me sorprende que nadie haya llamado a la policía cuando se oyeron los disparos.
—Quizá alguien lo hizo, pero la policía se tardó mucho en venir.
—Quizá, Moonz, pero tanto la otra Sunset como yo nos fuimos enseguida… bueno, en realidad salió corriendo para escapar de mí. — Sunset se sentó en su cama, pasando los dedos por su cabellera. Parecía como si se hubieran reactivado sus emociones con el baño, y se la veía apenada de haber montado semejante escena en la casa de su otra yo. — Y tienes razón, Ster, es una suerte que no estemos declarando en una estación de policía. Lo que yo hice califica como intento de homicidio, aunque sólo le di a la chica en el brazo. Podrían darme varios años de prisión...
—Oye, pero la otra Sunset entendió que actuabas así porque estabas confundida y con miedo, y ella te perdonó, así que no va a levantar cargos. — dijo Moondancer tomando su peine y yendo a sentarse al lado de Shimmer —Sus amigas parecían un poco enojadas, sí, pero también te perdonaron. — agregó mientras empezaba suavemente a peinar a su amiga, quien se lo gratificó con una sonrisa. A veces, eso de peinarse la una a la otra ayudaba a aliviar tensiones— Creo que nos equivocamos con ellas, sí eran buenas chicas al final.
—Parece que sí, aunque tomaron una extraña decisión con respecto a las tres brujas. — opinó Ster, en su voz había un leve tono de resentimiento — Perdonen la expresión, pero de verdad parecían brujas, y tenían un carácter de brujas, también. Casi nos aplastan con mi auto... — se levantó de la silla y fue a tomar una de las cajas de pizza — ¿Quieren pizza?
—Trae algunas cervezas también, si quieres. — pidió Moondancer, que ya terminaba con su labor de peinado.
—Brujas o no, yo no soy mejor que ellas. Yo les disparé a matar, y eso sólo complicó las cosas. — dijo Sun-mer, mientras el graduado acercaba la mesa, con la caja de pizza abierta, para ubicarla delante de la cama, y luego iba por las latas de Dash.
—Actuaste humanamente, Sun-mer, cualquiera habría pensado que la mejor solución ante un peligro inminente es el plomo. O, por lo menos, la mayoría de la gente piensa así, y generalmente es por miedo a lo diferente, lo desconocido — le explicó Stargazer al entregarle una de las cervezas. Sus miradas se encontraron y permanecieron suspendidas una en la otra por unos segundos, y Moonz contuvo la respiración, mirando hacia otro lado.
El encantamiento se rompió cuando Sun-mer se dio cuenta de que estaban inmóviles, y entonces abrió su lata y pidió un brindis.
—Brindo porque estamos vivos, porque se descubrió la verdad, y por la seguridad en Canterlot City.
—¿Ese es tu deseo, Sun-mer? — replicó Moonz — Pues yo brindo por la amistad y el amor… y para que las Rainbooms se mantengan siempre en el buen camino. ¿Y tú, Ster? — agregó, dirigiéndose a Stargazer, que estaba dubitativo.
—Yo… brindo por el reencuentro, y que mi auto esté listo para el lunes.
—Creo que no se puede hacer un brindis serio usando cerveza, pero da lo mismo. — dijo Moonz con una risita, y los demás la siguieron — ¡A comerla! — agregó, con una mirada voraz hacia la pizza.
Mientras disfrutaban de la cena, continuaron charlando acerca de los acontecimientos de la jornada. Lo más debatido fue el momento en que las dos Sunsets hablaron e hicieron las paces, la Sunset poni repitió la historia de su llegada a Canterlot High y luego su enfrentamiento con la princesa Twilight por la corona del baile de otoño, esta vez con relatos complementarios aportados por sus amigas. A Sun-mer le hacía un poco de gracia (internamente) que la cadena de acontecimientos que ellas habían estado investigando por una semana, había comenzado con la pelea de dos adolescentes por una corona de baile, y a Moonz, por su parte, le parecía perturbadora la idea de un ejército de adolescentes-demonio, y no pudo evitar imaginarse una guerra entre éstos y todo un ejército de humanos. Incluso su mente fue más allá, imaginando un futuro post-apocalíptico causado por un desastre mundial a raíz de la intromisión de una agencia especial del gobierno dentro del grupo de chicas, interfiriendo en algún procedimiento que ellas llevaran a cabo, y produciendo un grave efecto colateral, como por ejemplo que no hubiera más electricidad en el mundo y… antes de que su delirio continuara, Sun-mer le sacudió el hombro, preocupada al ver a Moondancer "pausada". Habrían pasado unos cuantos minutos, aunque en la cabeza de Moonz transcurrieron años.
Sobre las Dazzlings y la Batalla de las Bandas no quedaba mucho más por decir, dado que los tres humanos ya sabían que eran chicas malas, aunque no conocían exactamente sus motivaciones, ni los detalles de cómo las Rainbooms las vencieron. Esa fue la última vez que la princesa Twilight participó con la banda, ya que cuando ocurrieron los hechos en los Juegos de la Amistad, ella estaba muy ocupada con otros problemas en Equestria. En las competencias llevadas cabo entre la Preparatoria Cristal y Canterlot High, conocieron a la Twilight Sparkle humana, apodada "Sci-Twi", quien tenía una historia muy parecida a la de la princesa Twilight antes de conocer a sus amigas en su dimensión natal. El cómo funcionaba el aparato que absorbía la magia de las chicas, fue algo que interesó bastante a Stargazer. ¿Cómo un aparato electrónico medianamente sencillo podía almacenar magia, algo distinto de la energía o de la electricidad? ¿Cómo influía en las personas a nivel orgánico, psicosomático, o hasta en el metafísico? ¿Por qué la magia transformaba a las personas y les daba esos trajes tan estilizados? Bueno, esa era una pregunta que se hacía Moondancer también. Se podía fundar toda una línea de investigación acerca de la magia como objeto de estudio, sus efectos, sus posibles usos, su interacción con los materiales… tan sólo se necesitaba un fenómeno observable, cuantificable, medible…
—Creo que lo mejor será dejarlo ahí — les advirtió Sci-Twi muy seriamente — Basándome en mi mala experiencia con el estudio indebido de la magia, y en que casi destruí medio barrio al perder el control, tengo suficientes argumentos para decirles que no hay suficientes recaudos para estudiar la magia. No niego que es algo interesantísimo para investigar, pero…
Los pensamientos paranoicos-conspiranoicos de Moondancer regresaron, pero esta vez ella misma los espantó.
—Está bien, supongo que tuvimos suficientes muestras del tema, jeje — admitió Stargazer — ¿Pero podemos estar en contacto si haces algún avance?
—Ehh… sí, supongo. Yo sólo se los advierto por el bien de todos, después de todo la humanidad ya ha tenido malas experiencias por el mal uso de algunos recursos, como la pólvora y las armas — agregó Sci-Twi. La cuestión de las pistolas fue uno de los primeros temas en ser hablados, dejando a las Rainbooms bastante impactadas por el potencial de las armas fabricadas por humanos, y coincidieron con el punto de vista de Moondancer acerca de su utilización. Aceptaron las disculpas de Sun-mer, debido que no hubo que lamentar muertes.
Por otro lado, fueron las anomalías producidas en los eventos anteriores las que habían atraído a Sci-Twi, y ella admitió que nunca se había esperado a donde su investigación la conduciría, y eso no hacía más que empezar, especialmente con las vacaciones de verano transcurridas en el Campamento Everfree. Al respecto de eso, tampoco había muchos más detalles que dar. Era cierto que la magia estaba ya en esas chicas antes de los cristales, pero éstos potenciaron sus habilidades y les permitieron un mejor manejo de su magia…
Los tres jóvenes se quedaron conversando hasta muy tarde, ya cuando las cajas de pizza no eran más que cartones grasientos, y no quedaba gota ni espuma de cerveza en las latas. Moondancer ya se había dormido (o fingía dormir) en su cama, así que Sun-mer acompañó a Ster a la puerta del hotel. Bajaron en silencio, en un silencio deseante de mantener su compañía. Cuando se hallaban en el lobby, Sunset aprovechó para disculparse por algo (había sido un día colmado de disculpas).
—Hey, Ster… — comenzó, sin encontrar las palabras adecuadas — Yo sólo quería… — la joven alzó su mirada hacia la de su ex — ...quería disculparme por el arrebato de hace unos días. Estaba enojada, no sé bien por qué.
—Está bien, supongo que yo fui un poco molesto. Lo siento. — se disculpó Stargazer a su vez —Además… sé que no eres de la clase de mujer que se acuesta con cualquiera por despecho.
Sun-mer lo miró con los ojos entornados, pero no iba a negar que él tenía razón.
—Perfecto, no volveremos a mencionar eso a partir de ahora, ¿bien?
Stargazer sólo asintió con la cabeza, sonriendo. Entonces abrió su bolso y sacó de allí una caja colorida con el sello de Sugar Cube Corner, una pastelería que ya conocía bien. Extendió la pequeña caja hacia Sun-mer, quien la tomó con cuidado, sintiendo el leve aroma a dulce que provenía de adentro.
—Todavía me acuerdo que te gustan los cupcakes de manzana y canela, y los de dulce de leche con nueces — dijo Stargazer mientras ella levantaba la tapa, descubriendo allí cuatro cupcakes con un aspecto muy sabroso.
Antes de que el graduado se marchara de Canterlot High esa tarde, Pinkie Pie le había dicho que pasara por la pastelería al atardecer, pues tenía algo que él debía entregarle a Shimmer. Intrigado, y conociendo ese extraño don perceptivo de la chica Pie, él se presentó allí, y no había puesto un pie en el local que ella apareció casi de la nada con la caja lista, diciendo "Manzana con canela, y dulce de leche con nueces. ¡A ella le gustarán mucho!". Casualmente, eran los sabores preferidos de Sun-mer. ¿Cómo lo supo? ¿Quizá porque los de su homónima eran iguales? Para ese punto, Stargazer entendía que Pinkie Pie se movía por otra lógica totalmente distinta de la convencional. Y tenía razón, a su Shimmer le gustaron, se veía en su cara.
—Gracias — Sun-mer sonrió, animándose a darle un beso en la mejila.
—De nada — respondió él, devolviendo la sonrisa — ¿Nos veremos mañana?
-.-.-.-
Bueno, ahora sí, creo que estamos en el final. Sólo un epílogo y ya.
Los versos que aparecen en este capítulo pertenecen a la canción "A friend for life", de la primera película de EG. Inserté algunas leves referencias a una trilogía de fanfics centrados en Sunset Shimmer, escrita por Filomental: "El legado", "Operación Cero", y "Ocaso", son fanfics un poco más oscuros, dramáticos, y con una óptica muy distinta. Se los recomiendo leer, especialmente a los fans de nuestra querida "tocino".
Quiero agradecer a todos los lectores que han puesto esta historia en sus favoritos y follows, y que han dejado sus comentarios, de verdad lo aprecio mucho 3
