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¡Hola! .o./ En esta ocasión el prompt que cayó es uno de los de mi propia lista de pendientes xD Así que lo combiné con un arte de Mashima en el que Erza está vestida de traje y lentes en una oficina ya que me habían pedido varias veces escribir algo sobre esa imagen, y bueno, lo combiné aquí. Espero les guste. ¡Y hasta el próximo sorteo!

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Disclaimer: Fairy Tail y sus personajes pertenecen a Hiro Mashima.


Referencias De Lectura:

Diálogo.

«Pensamientos»

Narración.


Sorteo:

El sorteo cayó en el prompt: Dulce Venganza. Y fue propuesto por: Le Yo xD.

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Sorteo Dos

Venganza ―

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El agua caía deliciosamente caliente.

Jellal cerró los ojos un momento y se dejó envolver por las sensaciones del agua, el vapor, el olor del jabón de fresas de Erza y el delicioso ardor que le producían las marcas que ella le había dejado en la espalda con sus uñas.

A veces era un tanto masoquista.

Pero es que esa sensación le hacía recordar esos dulces momentos y por tanto la disfrutaba, y esas marcas en especial se le hacían como trofeos pues las había ganado luego de tener a su adorada y guerrera escarlata a su merced.

Sonrió.

A él generalmente no le importaba quien llevara el control en la cama ―o sofá, o desayunador, o alfombra o etc― pero de vez en cuando iniciaban un pequeño juego en que uno buscaba dominar al otro hasta volverlo un mar de suplicas y gemidos. Justo la noche anterior había sido Erza quien había casi implorado bajo él mientras vocalizaba su nombre y varias frases incoherentes en tanto él jugaba con su cuerpo y con su placer libremente.

Tantos deliciosos gemidos formaron su nombre la noche anterior.

Movió la cabeza de un lado al otro para borrar la imagen.

No tenía tiempo para encargarse de las consecuencias si dejaba que su mente reviviera esas vivencias.

Con un largo suspiro terminó de enjuagarse y cerró la ducha, tomó una toalla, se secó el cabello y el cuerpo y luego la colocó anudada en su cintura, aunque esta terminó bajando a sus caderas, cuando abrió la puerta de vidrio totalmente empañada por el vapor del agua, no pudo evitar sonreír.

¿Esa es la camisa que acabo de planchar? ―elevó una ceja, intentaba sonar serio pero sabía que no le había salido nada bien, era difícil adquirir tal tono de voz cuando la mujer con la que estaba de fantasear en la ducha se presentaba ante él con nada más que su camisa blanca de vestir abierta y un par de lentes.

Mostraba todo y a la vez no mostraba nada.

No estoy segura... ―la hermosa mujer se sentó en el mueble cerca del lavabo, cruzó los brazos bajó sus pechos y también se cruzó de piernas mientras lo miraba con ojos traviesos.

Jellal tuvo que morderse la mejilla.

Solo verla ahí y así, comenzaba a crearle problemas debajo de la toalla.

Y no tenía tiempo.

La verdad estoy bastante seguro ―no le importó que su voz saliese algo ronca porque no había modo de evitarlo.

¿La necesitas?

Bastante ―Jellal se pasó una mano por el cabello mojado y se lo hizo para atrás―. No sé si recuerdas que hoy por nada del mundo puedo llegar tarde. Hoy llega mi supervisor.

Erza asintió.

Entonces será mejor que vengas a recuperarla.

Erza...

Jellal... ―la mujer comenzó a peinarse el cabello por sobre un hombro, él se quedó hipnotizado viendo sus dedos perderse en esas hermosas hebras escarlata que a él le encantaba peinar.

No tengo tiempo... ―se obligó a decir.

¿Estás seguro? ―Erza inclinó la cabeza de un lado. Mostrando su delicado cuello que en ese momento tenía una marca que él se había encargado de dejar la noche anterior mientras ella suplicaba por más, Jellal ahogó un gruñido.

Erza se estaba vengando.

Y ese gruñido no era para nada de molestia.

Scarlet...

Solo ven por ella ―sus ojos brillaron con el color de un tentador y dulce chocolate y el joven de cabellera azulada no pudo hacer más que caminar hacia ella como si él fuese una palomilla encandilada con la luz, ni siquiera se dio cuenta cuando estuvo tan cerca que ella descruzó las piernas, abrazándolo con ellas y apegándolo a su cálido cuerpo.

¿Es tu camisa? ―preguntó Erza acariciando con sus suaves manos de su abdomen hasta sus pectorales, enviando exquisitos escalofríos por su cuerpo.

Es mi camisa...

¿La necesitas? ―repitió en un susurro contra sus labios.

A ti, sí.. ―Jellal intentó besarla pero ella sonrió y se apartó un poco.

Y dime... ―una de las manos de Erza descendió hasta el bulto que se había creado bajo su toalla, haciendo que el hombre en medio de sus piernas se tensara―. ¿No tienes tiempo, Jellal?

Jellal contestó atrayéndola hacia sí y besándola con fuerza, sus dedos no tardaron en perderse entre su sedoso cabello escarlata y las manos de ella abrazaron su cuello, sus labios conocían perfectamente como sincronizarse y por tanto no tardaron en dejarse perder en las sensaciones que llenaban el baño con un calor mayor al que producía la ducha.

Exquisito calor que los llenó por completo.

Cama... ―susurró ella en algún momento, abrazándolo con sus piernas con más fuerza y Jellal bajó una de sus manos hasta su espalda baja, la empujó contra sí y la llevó alzada hasta el lugar, un remolino de sabanas y ropa que habían dejado la noche anterior.

No habían tenido tiempo para arreglar nada.

Jellal la acostó en medio de suspiros necesitados, pero antes de que se diese cuenta, su belleza escarlata usó sus piernas y un pequeño mordisco en su cuello para desbalancearlo y dejarlo a él de espaldas contra la cama. Jellal estuvo a punto de decir algo pero la sonrisa de ella lo volvió a encantar, algo que aprovechó Erza para descender sobre él, besó su mejilla tatuada, su cuello, sus pectorales, su abdomen y sobre el bulto duro bajo el paño que apenas lo cubría, Jellal no contuvo el gruñido que provocó ese placer, menos con la mirada que Erza le dirigió mientras desanudaba la toalla, a pesar de los lentes que portaba ella, toda la intensión de la peli-escarlata se reflejó en sus ojos y Jellal tragó grueso.

Sus manos agarraron la tela de las sabanas bajo él con fuerza.

Erza besó de nuevo desde su ombligo, bajó por sus caderas, y descendió poco a poco hasta la base de su dureza, allí besó y Jellal cerró los ojos, y Erza besó su longitud y lamió y besó y...

Creo que tienes razón... no hay tiempo―una tela cayó sobre el rostro del hombre y abrió los ojos―. Será mejor que te vistas ―la mujer le dio un beso a través de la blanca tela y cuando Jellal se la quitó pudo observar la espalda de una desnuda Erza caminar hasta el baño―. Sé que te irá bien, Jellal... ―le cerró un ojo coqueto antes de cerrar la puerta.

¡Es una broma! ―dijo entre incrédulo y divertido―. ¡Erza! ―se miró la entrepierna― ¡Esto es cruel! ―la puerta volvió a abrirse, la mujer ya no tenía los lentes pero la sonrisa traviesa había aumentado.

La venganza es dulce ―le tiró un beso y lo siguiente que escuchó Jellal fue la ducha.

Sabía que me cobraría lo de anoche, pero esto... ―suspiró y se llevó una mano a la cara.

El problema le llevó un buen rato en desaparecer.

La frustración se quedó.

...Pero al menos llegó a tiempo, aunque con la camisa arrugada...

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] J & E [

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Lo observaba divertida.

La había saludado al llegar como todos los días, con una sonrisa le había dicho que el supervisor lo había felicitado en su informe, y había compartido con ella y con los demás en la reunión luego del primer receso, pero en su mirada había un pequeño reproche y una pizca de diversión.

«¿Me preguntó si pensará en alguna revancha?» Erza se mordió el labio, lo que le había hecho en la mañana había sido difícil para ella, por poco y se olvida de su pequeña venganza al ver sus hermosos rasgos contraídos de placer.

«Sin duda para él fue más... duro...» Rió internamente de su propia broma.

Definitivamente Jellal iba a vengarse por eso.

Y se suponía que debería preocuparse, pero en realidad le emocionaba.

Ara... ¿De nuevo fantaseando con el profesor Fernandes? ―la voz a su espalda la hizo casi brincar.

N-no sé de qué hablas, Mira... ―Erza negó, aunque estaba segura que la profesora de música sabía que ella y el profesor provisional de cabello azul tenían algo, prefería no confirmar nada. A Jellal estaban por aprobarle una plaza en esa institución y no quería que la relación entre ellos fuese un obstáculo, aunque en realidad las relaciones entre personal no estaban prohibidas.

«¿Entonces por qué lo escondemos?» Se preguntó a sí misma y la única respuesta que le llegó es que ella lo había decidido así, al menos hasta que Jellal no terminase su periodo de prueba, y eso que ya vivían juntos desde hacía cuatro meses, además de los cinco meses que llevaban de relación antes de eso.

Se habían conocido hacía dos años en un seminario.

¿No sabes de que hablo, eh? ―la profesora de blanca cabellera le dio su sonrisa dulce y diabólica―. Llevas un buen rato observándolo.

Solo estaba mirando a la nada ―se excusó lo mejor que pudo y se acomodó los lentes, en realidad solo los necesitaba para usar la lap top pero le gustaba usarlos en clases porque eran como parte de su atuendo de profesora.

Aunque también formaban parte de otros atuendos que usaba con Jellal en ciertos juegos.

A ella le gustaban los disfraces y él se entretenía de lo lindo quitándoselos.

Se sonrojó.

Así que la "la nada" te sonroja... ―se rió Mirajane con dulzura malévola―. Ara... ¡Que raro fetiche!

¡No tengo fetiches! ―la regañó y se ganó la mirada de las otras personas que estaban en el salón de profesores, su cara se puso roja pero supo que se puso radioactiva cuando escuchó la risita contenida de él.

Como recordándole que él SÍ que sabía y conocía todos esos fetiches que negaba.

Miró a Jellal con reproche.

«Ya verás...» se dijo para sí, carraspeó y controló sus capilares.

Profesor Fernandes ―dijo en tono totalmente profesional―. Hoy su camisa está bastante arrugada, ¿le sucedió algo? ¿Se quedó sin tiempo esta mañana? ―iba a formar una sonrisa al verlo parpadear sorprendido por ese comentario de ella, pero el verlo sonreír de repente la puso nerviosa.

Vaya, no sabía que usted me ponía tanta atención a diario, profesora Scarlet ―un par de silbidos se dejaron oír y Erza sintió las orejas rojas.

¡Y-yo no le pongo tanta atención a diario!

¿Entonces cómo sabe que hoy mi camisa está particularmente más arrugada que otros días?

Bueno, es que... ―Erza sentía las miradas curiosas hacia ellos dos―. Solo fue una observación...

Oh, en ese caso ―Jellal se acercó unos pasos al cubículo de ella, al igual que el de los demás profesores el de Erza tenía libros, papeles, exámenes, una portátil, y demás enceres de oficina, pero en medio de esas cosas también habían objetos que él le había regalado ―como un pequeño gatito negro― ella los camuflaba entre los demás objetos, al igual que hacía él en su escritorio, eran sus pequeños secretos―. ¿Quiere que le cuente lo que me pasó esta mañana?

La vio cruzarse de brazos y retroceder un paso.

N-no... ―apenas fue audible su respuesta.

Jellal asintió con una sonrisa victoriosa.

Erza se clavó las uñas en el brazo.

¡No era justo que le ganara!

Además,

«¿No le irá a contar a los demás lo que de verdad pasó, verdad?»

Pensándolo bien ―dijo ella cuando Jellal iba a voltearse―. Tal vez sea una anécdota divertida para todos, creo que debería contarla ―alzó la ceja retadora―. ¿Qué dicen, compañeros?

¡Que la cuente! ―dijo la profesora de historia.

Yo quiero saber ―dijo el profesor de educación física.

Vamos, quiero reírme de algo ―apoyó el rubio profesor de química con su sonrisa burlona.

Erza vio a Jellal enrojecer.

No, él no contaría lo que le pasó esa mañana.

O mejor dicho, lo que casi le pasa esa mañana pero no sucedió.

Creo... que mejor para después... ―carraspeó.

Cuenta, Fernandes

Jellal le dio una pequeña mirada de preocupación a Erza pero luego suspiró.

Erza no le iba a ayudar.

Ella estaba disfrutando ese juego.

Un juego que él también iba a disfrutar, entonces.

Solo dejen que coma lo que vine a comer y les cuento ―todos asintieron y Erza contuvo la risa, era obvio que Jellal necesitaba tiempo para inventar algo, sin embargo su gozo desapareció cuando lo vio sacar un pudin de fresa con chocolate del refrigerador compartido de profesores.

«¡No!»

Una vez a la semana y luego de la reunión de profesores, el director Makarov compraba de esos pudines para todos, pero todos sabían que el de fresa y chocolate era de ella.

Solo de ella.

«¡No, no se atreverá!» se aseguró a sí misma, pero la sonrisa de él era una de venganza.

¡Ese pudín es de...! ―Erza escuchó a uno de los profesores intentar advertirle que eso era de ella, todos sabían que eran sagrados y sabían lo que les pasaba a quienes osaban tocarlo, pero entonces el sello hermético al romperse ahogó todos los sonidos.

¡Lo había abierto!

Nunca había probado este sabor ―dijo Jellal después de una segunda cucharada ante la mirada atónita y preocupada de todos en el salón de profesores―. Creo que me gusta.

Fernandes... ―divertido, el profesor Laxus miró a Erza y luego a él―. ¡Joder! Si no querías contarlo no tenías por qué suicidarte.

Sin embargo, él solo sonrió.

Con su permiso ―dijo después de una tercera cucharada―, tengo que llegar a mi siguiente clase ―se encaminó a la puerta, se sentía victorioso pero sabía que Erza se lo haría pagar en la casa.

Y muy caro.

Eso le emocionaba más de lo que le preocupaba.

Profesor Fernandes... ―escuchó la voz de ella, contenida, una tranquilidad que lo asustó, se volteó poco a poco a mirarla.

No debió de hacerlo.

La manera en que se había casi sentado en el escritorio, cruzada de brazos y piernas ―esas hermosas piernas enfundadas en pantis negras― y sujetado los lentes casi que con inocencia, con una sonrisa y mirada que le recordaron a la Erza semidesnuda de esa mañana en el baño, todo eso lo hizo empezar a sentir los pantalones un poco incomodos.

¡Que cruel era!

Dime ―le dijo con esa voz tentadora, justo como en la mañana, ladeando la cabeza y exponiendo el cuello, en donde apenas se veía la marca que le había hecho la noche anterior―. ¿No tienes tiempo, Jellal?

Las palabras de la mañana y su nombre sonó casi a una súplica en sus labios.

¡Mil veces cruel!

Jellal supo que su cara se puso roja radiactivo por el calor que sintió quemarlo desde las orejas hasta el cuello, y si eso no fuese suficiente para saberlo, los chiflidos y risitas de los profesores se lo dejaron bien claro.

Pero bueno, era mejor que la sangre se lo fuese para la cara y no para... abajo.

Ya en la mañana le había costado demasiado deshacerse de ese problema.

Jellal se encaminó hacia la puerta.

Era mejor retirarse del lugar.

«O...»

La idea cruzó su mente fugaz, como muchas veces antes había cruzado, sin embargo esta vez su cuerpo actuó antes de desecharla.

Erza, por su parte, aunque algo sonrojada, sonreía victoriosa luego de sentarse en su silla para fingir revisar exámenes y no prestar atención a los susurros que se habían levantado luego de lo que había dicho.

«¿¡Por qué demonios hice eso!?» Se regañó a sí misma.

Profesora Scarlet ―escuchó la voz detrás de ella y antes de que pudiese reaccionar la silla giró y dos brazos la aprisionaron a cada lado del respaldar―. Ya tendremos tiempo de hablar en el almuerzo ―antes de que ella pudiese responder los labios de Jellal tomaron los suyos, el salón rompía en gritos de "¡Ya era hora!", risas y silbidos y su boca se llenó del sabor del pudín de fresa y chocolate que él se había atrevido a robarle.

Erza sintió que el mundo se había detenido.

La venganza es dulce, había dicho ella en la mañana y ese beso lo comprobaba.

Cuando volvió en sí, él estaba en la puerta.

Y tengo otra cosa que decirte ―apenas y lo escuchó, atontada como estaba por ese beso inesperado―, pero eso es mejor hablarlo en nuestra casa, Scarlet...

Erza nunca se había sentido tan apenada y liberada en su vida.

Por eso sonreía a pesar de todas las bromas que le gastaban.

Para el medio día la mitad del colegio lo sabía, los que aún no lo creían lo terminaron creyendo cuando a la hora del almuerzo Jellal se sentó al lado de ella, colocó dos pudines de fresa con chocolate en la bandeja de la profesora Scarlet y le besó la mejilla haciéndola sonreír con ambas cosas.

Una sonrisa boba de enamorada.

Igual a la de él.

Y para los que aún eran incrédulos, hubo una prueba más.

...Una sortija en un dedo de la profesora al día siguiente...

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¿Reviews?

Sus reviews motivan a los fickers a escribir

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Rincón De La Escritora En Proceso:

Espero les haya gustado. :D Ya saben, me gusta el fluff como una pizca de limón... 7v7)r son unos pillos... xD Por cierto, estas venganzas son dulces, pero es mejor vivir la vida sin venganzas. NwN/

Paz y amor para todos. Gracias por comentar.


Agradecimientos:

A los adorables reviewistas con cuenta os contesto por PM:

Stormy Night Of Rain

Azulmitla

Bluewater14

Akane Scarlet

Zerokyo

Hati Chan

KisaYunna

Ryuketsu No Hana

A los adorables reviewistas sin cuenta os contesto por acá:

Guest: Estuve tentada a dejar de escribir fics, pero la OTP me puede más. xD Por el momento seguiré, tal vez luego pueda dejarlo, aunque es algo que ya forma parte de mí. NwN Me hace feliz que sigan disfrutando del fluff a pesar del exceso que doy xDDD ¡Sí! Amé a Minerva por eso, y espero que pronto hay más Jerza. *w* Crucemos todo lo cruzable. Mil gracias por leer. Mil gracias por comentar. Besos. NwN/

INAFI: Gracias por la propuesta y por la invitación, aunque no me siento al nivel de algo así. Xd Por cierto, busqué su página pero no apareció. :O

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Mil gracias por leer.

¡Adieu!

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