Caballero del Pasado
Capítulo 2: la honra de un caballero
Heero se despertó sobre saltado a oír un sonido extraño a su lado, quiso tomar su espada, pero ella estaba demasiado lejos de su mano, lo mismo que su daga. Debía ser cosa de Duo, él sabía que iba a despertarse con ese ruido e intentaría defenderse.
- ¡Hasta que despiertas, haragán! – lo regañó molesto mientras corría la cortina, el sol estaba alto, clara señal de que, al menos, era media mañana – yo pensaba que los caballeros se despertaban al cantar de los gallos.
- Pues no he escuchado ninguno, sir – le replicó él sentándose en la cama – además, debéis de pensar que jamás había dormido tan cómodo como esta noche.
- Bueno, ya no importa, vístete que tenemos que comprar unas cuantas cosas luego de desayunar.
- Os habéis llevado mi armadura y mis armas – le dijo molesto.
- Lo primero lo guardé pues es mucha tentación para los ladrones – le replicó – y lo de las armas, es porque es riesgoso que andes armado.
- ¿Y cómo os defendéis de los agresores?
- De un puñetazo – se encogió de hombros – eso los daña, pero no los mata.
- Hn – dijo pensativo mientras se levantaba de la cama – ¿y con qué se supone que me voy a vestir, sir? – le dijo señalando el pijama, pues estaba seguro que, si Duo se lo había quitado, él debía hacer lo mismo – supongo que no querréis que camine desnudo por el pueblo ¿verdad?
- No, te he conseguido un poco de ropa – le mostró una camiseta, unos boxers y unos pantalones, por lo que Heero enarcó una ceja extrañado por las prendas – esto es ropa interior…
- Uno no se viste por dentro – señaló más extrañado aún.
- Me refiero a que se usa debajo del pantalón – le mostró la prenda – y esto es similar a una camisa, sólo que se mete por la cabeza y no es abierta.
- Vos me queréis hacer un lío con vuestras cosas, sir.
- Sólo sácate el pijama y ponte en esta posición los boxers mientras vuelvo y luego te muestro como usar el resto – le dijo el trenzado fastidiado.
- Tenéis poca paciencia, sir – le dijo Heero sacándose los pantalones del pijama para ponerse los famosos boxers luego de ver salir a Duo, quien regresó casi de inmediato con otra prenda.
Duo tuvo que contener el aire cuando vio a Heero en paños menores, tenía mejor cuerpo de lo que se podía apreciar, piernas esbeltas y firmes, de seguro del ejercicio de montar, y la espalda ancha denotaba gran fuerza, claro, si era capaz de cargar el peso constante de la armadura, de la que había tomado el peso cuando la guardó en el closet, y los brazos musculosos, seguro del entrenamiento en el uso de la espada.
- Mi miráis como si fuera una pieza de carne – le dijo burlón.
- La camiseta se pone así – le dijo molesto y ruborizado mientras lo ayudaba a ponerse la ropa. Y es que Heero tenía razón, lo había estado mirando como si se lo quisiera comer, pero ¿quién podía culparlo con semejante ejemplar? – y los pantalones van de esta forma.
- Es incómodo, me gustan más estos otros – le dijo por los del pijama.
- Eso es para dormir.
- Pero estos son mucho más ajustados, para eso usaría las calzas.
- Deja de quejarte, y vamos, antes que nos cierren el comedor – lo tomó del brazo llevando en la otra mano la chaqueta que pretendía ponerle a Heero, y es que si seguía tocando al hombre no iba a poder vencer la tentación de besarlo.
- No es que me queje, mi señora madre decía que yo era buen animal de exposición – le dijo divertido – pero con esta cosa me siento desprotegido, las piernas me cuesta doblarlas, aunque debo admitir que es mejor que andar con el peso de la armadura.
- A propósito ¿Cuánto pesa tu armadura?
- Unos diez kilos – dijo pensativo – pero normalmente cargo con mucho más peso, pues las espadas, los cuchillos y el escudo tienen el mismo peso.
- ¿Cargas con veinte kilos extra? – le dijo asombrado.
- Bueno, a veces cargo con la lanza – dijo a la defensiva – pesa como diez kilos más, y es complicado equilibrarla con una sola mano.
- Pobre caballo – dijo pensativo. Heero debía estar pesando cerca de los ochenta kilos, dada su estatura, así que el animal debía de cargar con un peso de alrededor de ciento diez kilos.
- Son animales entrenados para ello. Además, soy mucho más ligero que la mayoría de los caballeros que conozco – le dijo cruzándose de brazos – Sir Alberic de Calstrein era tres veces yo, y su caballo era muy parecido al mío.
- Hoy no hay muchos hombres así – le dijo pensativo – y no he conocido a ninguno, a no ser que estén muy entrados en años.
- Muchos dudaban de mi fuerza por ser tan "delgado" – le dijo – incluso el rey cuestionó mi capacidad en batalla, pero cuando estuvimos en Francia le mostré que podía confiar en mí, aunque el hombre es bastante caprichoso – suspiró.
- ¿Por qué lo dices? – lo miró extrañado.
- Me acusó de traidor – miró a su alrededor – yo pude haber reclamado el trono, especialmente porque mi linaje era más antiguo que el suyo y más cercano al del anterior rey, pero no lo hice porque él fue educado para ser el rey y no soy tan idiota de querer ser rey cuando a duras penas llevo mi ducado.
- Bueno, pero algo debiste haber hecho para levantar sus sospechas ¿no? – dijo no muy convencido
- Pues ni siquiera se me dijo de qué estaba siendo acusado – le dijo abriéndole la puerta – se me exigía que me presentase en Londres, que debía dar cuentas de mi actuar.
- ¿No te habrás quedado alguna vez con la reina? Recuerdo que hay historias que el príncipe heredero no era hijo suyo.
- Pues si no es hijo del rey, puede serlo de cualquiera de sus cortesanos – replicó ayudándolo a sentarse – es cierto que me gustan las mujeres y los donceles, pero yo habré visto dos veces en mi vida a la reina, y con suerte de lejos – movió la cabeza.
Duo se quedó pensativo, los rumores que manejaban los historiadores eran que el siguiente rey era hijo de un escocés que había sido líder de los rebeldes que se levantaron en contra del rey, y él era un caballero galés, así que estaba lejos de ser el padre del heredero. Pero eso sería si Heero de verdad era un hombre de esa época.
- Pero me dijisteis que íbamos a ir de compras – miró la taza de porcelana en que le servían té y se sirvió un scon de jamón – es una delicia la comida de vuestro mundo – le dijo – especialmente vuestros panes, los tenéis de todos sabores, dulces y salados – tomó una media luna, la que estaba rellena de crema pastelera – esto es el paraíso.
- Y eso que no has probado el chocolate – dijo pensativo mientras veía como su "caballero" atacaba los alimentos frente a él, preguntándose sí dejaría en la ruina un tenedor abierto.
- Otra vez me miráis extraño – le señaló bebiéndose el té casi de un trago – ¿tengo algo en la cara?
- No, sólo me preguntaba cuanto serías capaz de comer – negó con la cabeza – espero que estés satisfecho, ahora nos iremos de compras.
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Heero contuvo a duras penas la mandíbula ¿Qué tipo de mercado era este? En ese lugar todo estaba atestado de cosas en envases diversos, plásticos le había dicho Duo, los cuales debían ser preparados de formas extrañas, no entendía nada de lo que le hablaba el trenzado. Luego de las ¿pastas? Había una estantería llena de elementos para la repostería, arroz ¿Qué era eso? Conservas de todo tipo – alimentos enlatados, ¿cómo diablos se los comerían? – una sección de frutas y verduras ¿congeladas? Y frescas. Y ciertamente no entendía la diferencia, ¿Cuál era la diferencia entre fresco y congelado? Si estaba frío, realmente debía de estar fresco ¿no?
Pero lo que más le llamaba la atención era ese carro de carga hecho con alambres de metal en que el trenzado iba cargando todo tipo de cosas, que no sabía si eran alimentos u otra cosa.
- Bien, tenemos el jabón, la pasta dental, los cepillos, unos cuantos alimentos enlatados – decía el trenzado – creo que mereces una buena afeitada y un corte de cabello, así que pasaremos por la barbería y la peluquería…
- ¿Qué no son lo mismo?
- Por supuesto que no – le dijo caminando hacia la sección de perfumería de nueva cuenta – de todas maneras vas a tener que aprender a afeitarte por tu propia cuenta, así que necesitaremos maquinillas y crema de afeitar…
- ¿Qué ya no se hacen con jabón?
Duo entornó los ojos y se recordó que Heero se creía un caballero medieval, por lo cual algunas cosas debían ser "extrañas" para el supuesto caballero.
Heero se detuvo abruptamente a ver una estantería en la que no había reparado antes ¿papelería? Y los había de todo tipo: de seda, crepé, metálico; de colores y texturas diversas, y lápices de todos colores ¿y venderían también plumas y tintas?
- A mis estudiantes no les gusta esta sección – le dijo el trenzado asombrado del embeleso del caballero – dicen que les recuerda demasiado la escuela.
- Pues debieran estar orgullosos de recibir educación – le dijo este – no es un lujo que en mi tiempo cualquiera pudiese darse – lo miró – saber leer y escribir es un privilegio.
- Bueno, aquí todos los niños pueden y deben aprender – le dijo pensativo, la próxima vez que sus alumnos se quejaran por eso les sacaría ese cuento – hoy en día son muy pocos los países en donde hay grandes porcentajes de analfabetismo.
- ¿Qué es eso? – lo miró extrañado.
- Olvídalo – le dijo fastidiado, era peor que sus alumnos de primer grado.
- De nuevo me tratáis como si yo fuera idiota – le dijo cruzándose de brazos – si no os entiendo es porque usáis palabras extrañas para mí.
- De acuerdo – dijo tratando de calmarse, después de todo Heero tenía razón – el analfabetismo se refiere a aquellas personas que no han sido alfabetizadas, es decir, que no saben leer ni escribir siquiera en la forma más rudimentaria.
- Entiendo, es decir que en este mundo la gran mayoría sabe hacerlo, por eso hay tantas palabras escritas por todas partes – señaló los indicadores en los pasillos – pero no entiendo por qué la numeración en las calles.
- Es por lo de los títulos de propiedad y la correspondencia, creo – le dijo pensativo – es una manera fácil de encontrar una vivienda determinada, un local comercial, una institución, qué se yo, es como dar las coordenadas en un mapa, así no tienes que fijar un punto de referencia dudoso, como un rio o lago, sino el nombre de la calle y el número para encontrar el lugar.
- Eso quiere decir que cada calle tiene un nombre y cada casa un número determinado ¿verdad?
- Si, pero si me preguntas por los nombres de las calles, no tengo idea de cómo las seleccionan en esta ciudad – le dijo al ver que iba a preguntar algo más.
- Una duda más ¿con qué escriben? No he visto plumas ni tinta en ninguna parte.
- Bueno, con estos – tomó unos bolígrafos y un cuaderno de dibujo – luego te mostraré cómo.
-Vuestro mundo está loco, pero tenéis adelantos muy buenos – aseguró.
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Y Duo se asombró del desplante que tenía su "caballero"; en la peluquería había sonreído amablemente a la muchacha que le lavó el cabello, la que pareció derretirse ante su sonrisa pero le había dejado claro que estaba con él.
- Los hombres lindos siempre tienen dueña – se lamentó ella.
- Muchacha, tú tienes marido – le dijo el peluquero divertido y Heero lo miró preocupado – no te angusties, su marido nunca hace caso de los coqueteos de su mujer, suele decir que si otro la toma en serio, se la regala.
- Ni mujeres ni donceles son cosas para que se regalen – replicó Heero.
- Es un decir – intervino Duo divertido.
Y luego había bromeado con el barbero, un hombre de gruesa contextura pero de corta estatura que se tuvo que subir a un taburete para afeitar a Heero, con respecto a que estaba poniendo en sus manos no sólo su mejor cara sino su cuello. El hombre había reído y le había replicado que, si le daba un cortecito a un lado, lo emparejaba del otro.
- Eso sí sería poner la otra mejilla – respondió dejándose hacer.
Duo se quedó observando el intercambio entre ambos hombres, realmente Heero sabía relacionarse con la gente sencilla, no era del tipo de hombres que aparecían en las novelas de época, si era un noble no se comportaba como un tipo que cargase con un título, sino que se comportaba como un hombre educado.
- Los monjes agustinos querían que me quedase en el convento – le contaba al barbero – decían que sería buen sacerdote.
- ¿Fue en un tiempo monje, joven?
- Fui educado por ellos, nadie se habría opuesto, pero mi hermano mayor murió en un extraño incidente un día antes de su boda y mi familia me obligó a salirme del monasterio – suspiró – menos mal que no quisieron que me casara con su casi viuda.
- Así que es el segundo hermano.
- En realidad, el cuarto, pero mi hermana y hermano intermedios se enfermaron siendo niños y ambos murieron, por desgracia – miró a Duo por el espejo – aunque parecía que a mi madre no le dolía mucho este hecho.
Duo se quedó en silencio, si Heero era un hombre del siglo XIII, las muertes de niños debían ser pan de cada día, así como la gran cantidad de hijos que podían tener en la familia, especialmente por la poca higiene de la época y la falta de medicinas decentes, los adelantos médicos no llegarían hasta fines del siglo XIX y mediados del XX.
- ¿Y cuántos hijos te gustaría tener?
- Los que el Señor quiera darme – le sonrió a Duo – vos sabéis que lo divertido está en hacerlos.
- Bueno, tu esposo deberá estar de acuerdo contigo.
Duo abrió la boca dispuesto a replicar que no era su esposo cuando vio el brillo divertido de los ojos de Heero.
- Sir no quiere hablar de ello – le dijo.
-¿Y por qué le llamas sir? Es una forma muy antigua de llamar a un doncel.
- Porque una criatura que es capaz de dar vida a un nuevo ser es digna del mayor de los respetos que pueda presentar un varón que se considere un caballero – respondió – los monjes solían decir que habían recibido ese don porque los hombres somos unos brutos.
- Los monjes esos tienen muy mala imagen de los machos – le respondió el barbero.
Pero Duo estaba conmovido por sus palabras anteriores, ninguno de sus novios había presentado mayor respeto por su persona, para ellos sólo había sido una herramienta para un fin, incluso el estúpido de Traize lo había usado, aunque no sabía para qué.
- Supongo que sí, yo no creo que seamos tan malos, sólo que hay algunos que nos dan mal nombre – miró a Duo – usan a las mujeres y a los donceles para su propio placer y luego les desechan dejándoles abandonados a su suerte.
Duo lo miró confundido, Heero había hecho una muy buena descripción de sus ex, ¿había sido tan patético que había buscado una y otra vez el mismo tipo de hombre casi sin darse cuenta?
- Bueno, muchacho, ya estás listo – le dijo el barbero – y ha sido un placer hablar contigo, de seguro a mi mujer le va a gustar saber que aún hay verdaderos caballeros en este mundo.
- Debéis tratarla con respeto, en especial si os ha dado hijos, ellas son las que llevan el mayor peso de la familia, recuerde que el mayor regalo que nos puede dar la vida es una compañera que nos ayude a ser luz para los demás – le dijo mientras Duo le pagaba – lo mismo si es un doncel.
- Tienes suerte, chico – le dijo el barbero a Duo en voz baja – tu caballero realmente cree en lo que dice, procura que no cambie de parecer.
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Duo estaba sentado en el comedor del hostal revisando unos cuantos libros de historia, había muy pocos datos sobre la vida de Heero, todo en torno a su desaparición era sumamente ambiguo, en el archivo del rey decía que había sido llamado a rendir cuentas de sus actos y este había sido encontrado muerto en la capilla de su castillo a los pies del Cristo del altar. Lo siguiente era que su viuda había…
- ¿Tenías esposa? – le dijo a Heero que dibujaba afanosamente en una croquera.
- No, iba a casarme con lady Relena, pero no habían comenzado a publicarse las amonestaciones.
- Aquí dice que tu viuda contrajo matrimonio con un cortesano del rey y entregó a este las pertenencias de su difunto esposo.
- ¿Y qué fue de mi señora madre? – dijo sin mucho interés.
- Se casó con el duque Noventa, que le dio muy mala vida….
Heero soltó la carcajada dejando los lápices sobre la mesa.
- Noventa jamás podría contra ella – dijo cuándo al fin pudo calmarse – ella le coqueteaba al pobre viejo por el interés de sus riquezas y él juraba que ella lo amaba – suspiró – sí, mi madre era una criatura aparte del resto de las mujeres y donceles, con el debido respeto.
- Hablas mal de ella – le dijo pensativo – dijiste que no pareció muy dolida de la muerte de tus hermanos, no creo que una madre…
- Por eso os digo que ha de ser una criatura aparte – tomó de nuevo el lápiz – quizás sea porque mi señor padre se largó a las cruzadas y nunca más se supo de él, mi hermano comentó que quizás allá había formado una familia de verdad – movió la cabeza – madre enfureció y le dio tal bofetada que le partió el labio, a veces parecía que nos odiaba.
- Tal vez se sintió humillada.
- Padre no era muy respetuoso con ella – dijo pensativo – antes que fuese enviado al convento, se había acostado con casi todas las mujeres que trabajaban en el castillo, mi hermano me dijo, la última vez que hablamos, que tal vez hubiese dejado muchos hijos bastardos por allí, y que madre estaba furiosa por ello.
- Bueno, no creo que haya mujer o doncel que le guste ser engañado así – dijo pensativo – pero tu madre también debió tener algo de culpa, siempre para un baile se necesitan dos.
- Madre fue obligada a casarse con mi padre cuando tenía como 15 años – guardó silencio – al parecer tenía un pretendiente que le agradaba más que padre, pero éste no tenía ni las propiedades ni el título que tenía mi padre, por lo que su padre se la entregó a él – se encogió de hombros – peleaban y discutían mucho, madre era una mujer que no respetaba a su marido, pero padre jamás la golpeó, simplemente se marchaba y la dejaba gritando sola.
- Pero si él e portaba mal, era lógico que ella se enojase con él.
- Las aventuras de padre eran su venganza contra madre – le replicó – madre una vez le gritó que ella nunca había querido tener hijos con él, que nosotros habíamos resultado un accidente, que hasta posiblemente no fuésemos ni suyos – movió la cabeza – padre la miró a los ojos, furioso, pero no la golpeó, le dijo que era una mala mujer que no se merecía lo que tenía y salió del castillo. Pero padre sabía que tanto mi hermano como yo habíamos escuchado, así que al otro día fuimos sacados de casa, mi hermano fue puesto en una escuela agustiniana y yo fui dejado en el convento. Me dijo: "No puedo dejaros bajo tan terrible mujer" y le dijo al monje: "No quiero que ella sea una mala influencia para mis hijos" – suspiró – una semana más tarde se fue a las cruzadas.
- ¿Y qué pensaba tu hermano al respecto?
- No lo sé, las pocas veces que pude encontrarme con él en casa, madre siempre andaba pendiente de lo que fuésemos a decir, así que no hablábamos en su presencia, aunque podíamos comunicarnos con una mirada.
- La vida en tu casa debió ser un infierno.
- No solíamos pasar mucho tiempo en casa, apenas podíamos nos íbamos a recorrer los rincones del ducado, pasábamos más tiempo entre los campesinos que con ella, incluso yo trabajaba abriendo surcos en la tierra para sembrar, controlar los animales del arado era complicado, pero una vez que les encontráis la maña, es divertido.
Duo lo miró extrañado ¿un hijo de un noble haciendo esa clase de labores? Pero Heero no tenía expectativas de ser el señor de esas tierras, por eso había sido monje. Y ello explicaba la facilidad del trato de Heero con la gente sencilla, sin pretensiones de gran señor, como se las daba Traize.
- Lo otro que me gustaba mucho era amansar caballos, madre enfurecía cuando me veía mezclado con los caballerangos – movió la cabeza – esa misma tarde me regresé al convento ayudado por los trabajadores del castillo, ellos decían que madre iba a matarme si no me iba luego – se miró las manos – según supe después, los echó del castillo con lo puesto y que los monjes la castigaron por devolver a mi hermano golpeado al colegio, incluso amenazaron con acusarla al rey por tomarse atribuciones que no eran suyas, por mucho que su esposo estuviera ausente.
- Por eso dices que no le importó la muerte de tus hermanos.
- En su momento llegué a pensar que mie hermanos habían enfermado por un descuido suyo, en especial porque, después que padre se marchó, nos dejaba solos en casa – se encogió de hombros – mi hermano y yo hacíamos fiesta, de todas maneras.
- ¿Qué edad tenían?
- Yo tenía como 10 años y mi hermano como 15.
- Mala mujer y mala madre – dijo molesto – los hijos no tienen la culpa de los errores de los padres, no tienes por qué pagar por ellos.
- Olvidaos de ella – le dijo – os hice un retrato – le entregó – no sé si os haga justicia…
Duo miró el dibujo asombrado, era una técnica muy antigua, pero el dibujo le mostraba la misma faz que le devolvía el espejo cada vez que se miraba.
- Está muy bonito – le dijo sonriendo conmovido – eres un excelente dibujante.
- Los monjes solían decir que podría ser un gran ilustrador – le mostró otro dibujo – este es de un pasaje bíblico, son Tobías y el arcángel Rafael yendo de camino a conocer a la que sería la esposa del primero.
Duo la miró asombrado.
- ¿Hiciste una pintura de esto? – dijo sin mostrarle la imagen que estaba en el libro.
- Si, quedó en la capilla del castillo de…
- ¿Meridian? – terminó mirando el pie de la imagen.
- Sí, claro que hay otros grabados que dejé en las distintas mansiones familiares – dijo – ¿cómo sabéis donde estaba? Si Relena se las entregó al rey, seguramente se perdieron.
- Dice aquí que esta mansión está siendo reacondicionada para convertirse en un fino hotel desde hace unos 10 años, que tiene muchos recovecos desconocidos y que arqueólogos y otros especialistas quieren devolverle el esplendor que tenía cuando fue fundada.
- Me gustaría ver cómo está quedando – le dijo pensativo.
Duo lo miró, realmente Heero lo estaba convenciendo que era un caballero del siglo XIII, conocía muchas cosas de la época, y dudaba que hubiera alguien que hasta dormido pudiese sostener el papel que le había otorgado. De por si había notado que Heero imitaba sus modales en la mesa, que no sabía tomar el servicio, tal como no había sabido tomar los lápices, pero que era muy observador e inteligente.
- Vamos a tener que viajar en tren…
- ¿En ese animal de metal? – dijo mostrando una locomotora a vapor que estaba en el libro que revisaba – se ve impresionante.
- Ya no son así – buscó en el libro y encontró uno más actual – llamaré para preguntar por los viajes – se puso de pie y volvió a sentarse – demonios, es Traize y su fastidiosa hija.
Heero volvió la mirada hacia donde miraba el trenzado, el hombre le era familiar pero no recordaba con claridad de dónde, pero por lo que alcanzaba de captar en la voz y la forma de actuar del doncel debía ser el idiota que lo dejó abandonado en las ruinas de la capilla.
- Duo, vos tenéis un caballero de brillante armadura que os protegerá como si fuera vuestro esposo – le dijo poniendo una mano sobre la del trenzado – si es el hombre que os abandonó, no debe volver por vos, ya os perdió.
Duo lo miró y sonrió, jamás un hombre se había ofrecido a protegerlo.
- Pero puedo defenderme solo – le dijo divertido.
- Oh, estoy seguro que lo sois. Pero dejadme creer que puedo protegeros – dijo y se puso de pie – no estoy armado ¿recordáis? – le dijo al verlo alterado.
Duo sospechaba no que Heero tuviese un arma oculta, sino que la fuerza de sus puños fuera suficiente para romperle un par de dientes a Traize y que este armara un escándalo en torno a ello luego, después de todo era un ciudadano norteamericano…
- Así que aquí te encuentras – le dijo el médico altivamente – te quedaste atrás y no has tenido la decencia de llamarme siquiera por teléfono para saber si estás bien.
- ¿Con qué, si mi bolso se quedó en el auto y ni siquiera tenía mis tarjetas de crédito?
- ¿Y con qué estas pagando este hotelucho? – le dijo mirando despectivo a su alrededor. En eso se percató de la presencia de Heero en la mesa – ah, ya veo, te has convertido en la puta…
Pero un certero puñetazo lo hizo volar por los aires sin que pudiera terminar de hablar.
- ¡Nunca, jamás de los jamases llaméis a nadie, y mucho menos al sir, por ese nombre! – le dijo Heero furioso, parecía echar humo por las orejas siendo retenido por los mozos del comedor – ¡vos lo dejasteis abandonado a su suerte!
Traize se tocó el labio, el golpe le había roto el labio, pero había sido porque se había mordido. El tipo era bastante listo, lo había golpeado de tal forma que no hubiese manera de acusarlo, y de seguro no conseguiría testigos que no dijeran que él había provocado el golpe por el insulto al doncel, por mucho que se lo mereciera.
- ¿Quién te crees que eres para hacer algo así? – le gritaba la niña furiosa, pero al mismo tiempo fascinada por el despliegue de macho del hombre – ese es un cualquiera…
- Ese tiene un nombre, infanta – dijo Heero a modo de insulto – se llama Duo y es un sir, así que devolvedle lo que es suyo y marchaos por donde vinisteis – le dijo despectivo y se volvió hacia el trenzado – vamos, tenemos una mansión que visitar.
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Duo suspiró por enésima vez, había pensado que Heero se asustaría de subirse a un tren rápido, pero ni siquiera se había inmutado al subirse a un taxi, aunque parecía que todo lo nuevo le asombraba, casi podía decir que tenía la curiosidad de un niño que descubre el mundo.
- Esto es maravilloso – le dijo mirando por la ventana la campiña – es como si volásemos.
- Entonces tendrías que subirte en un avión – le dijo cansado de responder preguntas sobre todo y nada en particular.
- ¿Esas aves de metal que mostraban en la agencia de viajes? – dijo esperanzado – los avances técnicos de vuestro tiempo son fenomenales.
- Eres agotador – le dijo molesto – quieres saberlo todo.
- Bueno, tengo ocho siglos de avances con los que llenar mi cabeza, sir – dijo y sacó un libro del bolso de Duo – vosotros habéis tenido toda vuestra vida para aprender de ello, yo sólo llevo unos cuantos días en vuestro mundo.
Duo tuvo que darle la razón, los niños pequeños tenían toda su primera infancia para acostumbrarse a ese mundo, no lo cuestionaban, simplemente lo asimilaban y después aprendían a funcionar con los adelantos con los que habían nacido, pero el castaño era un hombre de otra época, un adulto que quien sabe por qué designios del destino había sido insertado en este tiempo, con la inteligencia necesaria para comprender y con la curiosidad de un niño que le permitía estar abierto a querer conocer las cosas.
- La vida licenciosa de un general romano – leyó Heero en voz alta – me pregunto si es una lectura adecuada para vos – dijo divertido.
- Venía en el paquete de novelas, lo escogí por otros títulos y ese estaba entre ellos.
- Bueno, yo leere esto mientras vos os deleitáis con la prosa rosa – le dijo y se echó atrás en su asiento, y es que realmente le gustaba leer, por eso decían los monjes que podría ser un buen sacerdote.
Duo miró a Heero divertido ¿prosa rosa? Esas novelas eran todo, menos rosa, de seguro que si Heero llegaba a leerlas se escandalizaría por lo púrpura que podían llegar a ser algunas.
- Duo ¿cómo se preparan hoy los sacerdotes? – le dijo curioso dejando de lado la novela – porque no he visto conventos en los mapas de las ciudades.
- Hay seminarios en donde se preparan – le dijo pensativo – no me vayas a decir que quieres retomar la vocación – agregó preocupado.
- No, sólo es que me he fijado que vuestra sociedad se está alejando de Dios – le entregó el libro – si escriben novelas como estas para entretenerse, no quiero saber qué más sois capaces de hacer para entreteneros – volvió a mirar por la ventana – me gustan los avances de vuestro mundo, pero me gustaba la vida sencilla que tenía cuando era monje.
- Así que si sentías el llamado.
- Sir, desde que os conocí supe que realmente esa no era la vida que el Señor quería para mí – lo miró directamente – no me quejo de estar con vos, es sólo que aquí hay tanta libertad que no sé qué hacer con ella – suspiró – tengo tanto, pero en realidad no tengo nada.
- ¿Qué habría sido de ti si estuvieras en tu tiempo? – le dijo con curiosidad.
- Oh, madre quería casarme con Lady Relena, así que de seguro habría terminado casado con ella – se encogió de hombros – de seguro habría tenido los mismo problemas que padre, un hijo cuando mucho, no era para nada maternal y mucho menos devota – sacudió la cabeza – creo que el que me sacases de allí fue lo mejor que me pudo haber pasado, no sólo he sido enviado a un hermoso ángel, sino que aquí puedo quedarme con vos sin que me juzguen de traidor al rey.
- Aquí hay una reina – le dijo divertido.
- Cualquiera es mejor que el rey que yo tenía – le dijo divertido – no me molesta que una mujer mande, si el reino ha crecido es porque lo hace bien.
- Eres bastante adelantado para la época de la que vienes – dijo asombrado – uno se figura que un hombre de la edad media pensaba que las mujeres eran poco más que un mueble con el cual reproducirse y nada más.
- Bueno, la mayoría de los hombres que conocí en mu época lo hacían – aseguró – muchos se llenaban la boca con la cantidad de mujeres con las que habían tenido aventuras, mientras yo me preguntaba si siquiera a una la habrían dejado satisfecha.
Duo se rió divertido y sacó otro libro de la bolsa.
- Don Juan Tenorio es ese tipo de hombre, a ver qué opinas.
Heero miró el libro y ambos guardaron un agradable silencio.
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La mansión que siglos atrás había sido de Heero era una construcción de piedra caliza recubierta de una gruesa capa de resina que la impermeabilizaba de la lluvia, o al menos eso era lo que decían los folletos.
- No era resina, era brea traída de los pozos ubicados en la isla del frente – le dijo Heero – costaba montones derretirla, el olor que despedía mientras estaba caliente era horroroso, pero una vez endurecido retenía el calor dentro de la construcción, eso evitaba que se helara en los inviernos, sólo que en el verano, la casa se volvía un auténtico horno – señaló los ventanales superiores – esas no son ventanas, son salidas de aire.
Entraron al patio central y Heero movió la cabeza, así no era como recordaba la mansión.
- Quieren el esplendor de sus inicios, pero esto ni se parece a como era – le dijo a Duo y lo llevó por un pasillo lateral – según el plano este era el recibidor, pero esta parte era donde se detenían los caballos antes de entrar a la mansión. Estaba techado porque aquí se secaban los jinetes y los caballos – tocó una pared – parece que no han descubierto los pasillos subterráneos.
- ¿Pasillos subterráneos? – dijo un hombre rubio intrigado.
- Las mansiones y castillos del siglo XIII tenían accesos y salidas para evitar el asedio y para evacuar en casos de siniestros – aseguró y presionó una piedra que hizo girar una pared – esta mansión fue asediada en los tiempos de Juan sin tierra, pero nunca consiguieron tomarla, cuando le prendieron fuego, su cubierta ardió por semanas enteras dando un hedor horrible mientras sus ocupantes se fugaron por estos pasillos – le dijo Heero - ¿queréis ver? – se volvió tendiéndole su brazo a Duo.
- Veamos, por cierto, soy Quatre Rabberba Winner.
- Duo y Heero Maxwell - le dijo el trenzado amenazando al caballero con la mirada para que no lo contradijera – mi esposo ha investigado mucho sobre este tipo de construcciones.
- Pues es muy buen investigador – dijo y los tres cruzaron la puerta de piedra.
Heero sacó una linterna del bolso de Duo e iluminó la angosta escalera que bajaba, aún no entendía cómo esas cosas pequeñas, que el trenzado le dijo se llamaban pilas, le daban energía a la ampolleta, pero estaba de acuerdo con él de que no todo debía ser entendido, mientras funcionara, estaba bien.
- Cuidado, en su época estos pasillos fueron iluminados por antorchas de brea – iluminó los nichos y luego el techo marcado por el humo – debe tener alrededor de 20 o 30 peldaños antes de encontrar otra puerta.
Duo miraba al rubio que tomaba nota de lo que decía Heero, no le agradaba mayormente, pero debía decir que el joven tenía curiosidad por lo que el caballero le contaba que por lo guapo que este era.
"Heero es tuyo, no necesitas ponerte celoso" le dijo su voz interior y se sonrojó violentamente, dando gracias a que quedaba en la penumbra y ninguno de los dos lo miraba directamente a él.
- No sé qué usos se les habrá dado a estos túneles en tiempos posteriores – dijo finalmente – en especial porque la salida de este pasillo da a la capilla, por el lado del panteón familiar.
-¡QUÉ! – chillaron los dos a un tiempo.
- No os asustéis, el panteón familiar era, en esta mansión, algo así como un museo con retratos familiares – sonrió Heero divertido – los muertos eran enterrados en el cementerio de Ambrosía, creo que porque tenía el mayor rango de nobleza.
- Eres un malvado – le dijo Duo molesto.
- Ahora, eso no significa que no haya muertos enterrados allí, solo que no son de la familia.
- ¡Heero! – chilló Duo molesto al ver que se reía de sus temores.
- Venid, se supone que estos lugares fueron entregados al rey luego de la muerte de su último dueño, así que es posible que lleve abandonado desde esa época y cualquier resto humano haya desaparecido – les dijo al ver su reticencia a seguir – tal vez aún quede alguna de las pinturas.
Ambos jóvenes se miraron y lo siguieron en silencio.
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El pasillo era bastante largo, había dos secciones recortadas en la piedra que Heero había señalado habían estado cerrados con paneles de madera, se notaba que así había sido por los restos que había allí, pero al parecer había llegado la humedad hasta ellos y seguramente la ayuda de los insectos habían cooperado a su desaparición, pues había señales de la existencia de mobiliario y de lo que tal vez fueron arcones.
- Parece que fueron usados como bodegas – dijo Quatre pensativo – está lo bastante baja la temperatura como para conservar carne por la temporada invernal.
Heero asintió y siguieron hacia la otra puerta, la que les costó bastante abrir por el exceso de maleza que había del otro lado, que no permitía el giro.
- Hay algo bastante pesado bloqueando el paso – dijo Heero entregando la linterna a Duo – voy a usar la alabarda para tratar de moverlo.
- Es una pieza de gran valor, si se rompe…
- Nadie sabe de ella – le dijo Duo – y tampoco podrían saber que estaba intacta si tú no lo dices.
Heero metió la parte de madera por entre las ranuras y empujó con fuerza, pero el golpe que se sintió al caer del otro lado fue bastante fuerte, como si fuera una…
- ¿Una armadura de un cruzado? – dijo Quatre espantado retrocediendo.
Y Duo, poco acostumbrado a ver cadáveres, se desmayó.
...
Continuará…
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Lamentamos la tardanza, no iba a ser así, pero entre el trabajo, la tesis y un montón de otros imponderables, no teníamos ni la inspiración ni el tiempo, una para escribir y el otro para corregir.
Como ya dijimos, esta "basada" en el caballero de la brillante armadura, pero también tomo cosas de otras novelas similares en donde el caballero es sacado de su época y el final es más feliz. Si, la novela es buena, pero el final no me gustó personalmente, por eso la cruza con otras novelas.
Cariños y esperamos poder sacar un capítulo nuevo pronto, aunque no nos comprometemos a nada.
Shio Zhang y Wing Zero.
