LIBRO 1
CAPÍTULO 7: NORMALIDAD .
- Defensa Contra Las Artes Oscuras… bien. Encantamientos… bien. Transformaciones… eh, ¿difícil?Astronomía… ni idea. Historia de la Magia… voy a dar la hora. Herbología… pues viví en medio del bosque, de algo me servirá. Y Pociones… pociones… mi padrino me matará si no soy bueno en esa.
-¿Pero y "Vuelo"? Yo soy genial sobre la escoba.
- Vuelo… que bueno que no es requisito para nada. Supongo que es como cuando los muggles aprenden a conducir… no, eso sería aprender a aparecerse…
- ¿No has volado en escoba? ¿Nunca?
- Mi abuelita era… algo sobreprotectora. Ni siquiera tenía escoba en la casa.
- Lo siento.
- No te rías cuando lo digas…
Pero eso solo hizo que Malfoy evidenciara mucho más su risa, así como el par de idiotas que le seguía más atrás. Todos ellos caminando por los pasillo que les dirigían al ala oeste, donde se supone estaba el salón donde tendrían su primera asignatura.
Era el primer día de clases efectivas, y el único consuelo que Neville tenía era que las clases de Vuelo recién comenzarían en un par de semanas. Eso significaba que mantendría su reputación hasta ese entonces y luego, cuando lo vieran fracasar miserablemente en algo tan básico como controlar una escoba hechizada para volar volvería a su condición natural de alumno soso y poco destacable que tenía cuando asistía al colegio muggle.
Las clases normales de los primeros cursos se impartían, en atención a la cantidad de estudiantes del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, por casas: dos casas por cada clase (con excepción de la clase de Vuelo, que por su naturaleza más práctica y menos exigente en horas se daba por grupos de dos o más casas). Todo ello con el propósito de aumentar la interacción entre los alumnos de las diferentes casas.
De todas las clases, habría dos que serían con los Gryffindor: Defensa contra las Artes Oscuras y Pociones (lo que significaba compartir con su amiga Hermione); Encantamientos y Transformaciones con los de Ravenclaw (lo que implicaba tener que medirse con los cerebritos del colegio, como le señaló Malfoy) y, por último, Herbología e Historia de la Magia con los Hufflepuff ("como si no fuesen lo suficientemente aburridas por si mismas" -en palabras de Draco-).
Astronomía era diferente. En vista de las observaciones hechas por la profesora Sinistra (la encargada del ramo) sobre la naturaleza de su clase -el nivel del paciencia y concentración requeridos para una tarea tan minuciosa como la observación de los cuerpos celestes- se había llevado a cabo un cambio en la forma de impartirla: reducida a una clase semanal, sería impartida en algún momento entre las nueve de la noche y medianoche de la madrugada (cuando fuese requerido). Así, los Slytherin tenían asignados los martes.
La totalidad de su carga académica les significaba a los alumnos de primero unas seis horas diarias (fuera del tiempo requerido para auto estudio), lo que combinado con lo dispersas que estaban las clases dentro del día (que comenzaba a las nueve de la mañana) era extrañamente relajado para Neville -y cualquier otro niño sujeto a la usual disciplina y exigencia académica existente en los colegios muggles-, pero para los hijos de familias mágicas, acostumbrados al relajo de la educación en casa, el régimen de clases existente en Hogwarts era derechamente abusivo (y los hacía ver con envidia a los alumnos de los cursos superiores, quienes a partir de cuarto año y con la posibilidad de escoger qué asignaturas seguir tenían mucho menos tiempo de clases).
Resignados a la monotonía de su nueva vida de estudios, ambos muchachos corrieron a fin de llegar rápido a su primera lección del año: Historia de la Magia.
- Draco, despierta.
- …
- Draco, despierta.
- …
- Goyle está saqueando los dulces que escondes debajo de tu almohada.
- ¿Cómo?
Sobresaltado, el muchacho rubio se levanta del sofá en que estaba tendido dormitando. Ignorando los llamados de Neville, que había recurrido a aquella pequeña mentira para obligarlo a reaccionar, había partido a la carrera para proteger lo suyo de la gula de sus compinches.
Todos los alumnos de primero de la Casa Slytherin aprendieron por las malas el porqué tenían dos horas libres luego de su primera clase. Aquello era más que necesario luego del estado en que la asignatura de Historia de la Magia los había dejado.
La voz del profesor Binns, el anciano fantasma que impartía las lecciones, resultaba ser el somnífero perfecto. El reto de dicha clase, por lo visto, era permanecer consciente lo suficiente para captar algo del mecánico discurso dado por el docente a cargo de la misma, uno cuya vocación por impartir su soso y desabrido conocimiento había superado a la misma muerte.
Para el término de la misma los pocos Hufflepuff que parecían lo suficientemente alertas discutían entre ellos sobre la necesidad de conseguir pergaminos extras y aprender algún hechizo básico de escritura automática, ya que sin apuntes apropiados ninguno podría pasar con notas aceptables dicha clase.
Neville, apenas lo suficientemente alerta como para captar lo que los miembros de la otra casa compartían, se aseguró de dejar a Draco bien acomodado en la sala común (el pobre babeaba mientras trataba de dar dos pasos sin tropezarse consigo mismo) para luego correr en busca de Hermione y utilizar sus conocimientos sobre hechizos básicos para ver si le podía dar una mano.
Así, a cambio de una oportuna advertencia de lo que iba a encontrarse cuando fuese su turno con dicho profesor no-vivo, ella le indicó un hechizo básico que se encontraba casi al final del libro de hechizos reglamentario de primer año que servía para encantar plumas de dictado.
Mientras trataba de repetir las palabras del hechizo antes de probar con una pluma y tinta de verdad, Neville pudo escuchar como Malfoy, en su habitación compartida, le gritaba a su amigo-secuas para que dejara sus dulces en paz: parece que si se encontraba robándolos. Por lo visto el ahijado de Snape tenía habilidades de vidente.
Eso o es que Draco tenía mucha mala suerte (y muy mal ojo para sus amistades).
El profesor Flitwick se veía demasiado joven para la edad que se suponía debería tener. Fuera de eso (y de su corta estatura) estaba el hecho de que era además el jefe de la Casa Ravenclaw, mismos con los que compartían su clase, Encantamientos.
Se supone que era un portento en eso de usar la varita, incluso Campeón de Duelos del colegio en años pasados (como atestiguaba la placa que Neville había tenido oportunidad de ver en el pasillo de trofeos), pero en su primera clase más parecía hombre de palabra que de hechos.
El maestro recalcaba constantemente la importancia de las palabras, su entonación y el pensamiento detrás de ellas: "No es solo lo que dicen, es el cómo y el porqué. Si solo fuese repetir términos que suenan chistoso cualquiera podría ser un mago o bruja capaz y esta clase no tendría sentido… y la mitad de ustedes terminarían empapados o cubiertos de babas porque ni siquiera sabrían hacia donde apuntar la varita".
Uno de los Slytherin, haciendo mofa de la explicación del profesor, le gritó: "Eso es fácil, la punta de la varita se apunta directo a la víctima". Flitwick, acomodando sus lentes, negó con la cabeza, para luego buscar entre los rostros de su casa: "Usted, señorita Patil".
La aludida dejó su libro y miró directamente al maestro, esperando; el profesor preguntó:
- ¿Conoce las bases del encantamiento levitatorio?
- Sí, señor.
- Dígame: suponiendo que conociera tanto las palabras como el movimiento de la varita y me apuntara, sin más; ¿aquello bastaría para que el hechizo funcione?
- Eh… no, profesor. El encantamiento levitatorio no funciona en seres vivos.
- Bien, eso dice el manual. Y es lo correcto, pero… es posible usarlo para hacer flotar seres vivos. Cualquiera puede hacerlo.
- No entiendo.
- Las partes funcionales de un encantamiento, el conjuro y el movimiento de varita, solo son una porción del mismo. Allí entran a jugar el cómo usamos el encantamiento para lograr su finalidad y servirnos de él, y el porqué un encantamiento funciona de tal o cual manera. "Cabeza" antes que "lengua" y "dedos".
El profesor se movió de lado a lado del salón, gesticulando con los dedos mientras explicaba: "Aquí aprenderán a que su cabeza funcione de esa forma a través de una serie de encantamientos sencillos, de tal manera que cuando en el futuro se encuentren con problemas similares puedan crear soluciones prácticas e inventivas para dichos problemas".
Neville seguía con interés las palabras del pequeño profesor, ignorando el tono chillón de las mismas, atraído por la seguridad que emanaba de ellas. En eso, otro alumno de Ravenclaw levantó la mano para hablar: "Profesor. Nosotros sabemos de un caso de uso del encantamiento levitatorio para levantar a una persona. Sucedió en el tren, camino hacia acá".
Viendo la curiosidad del profesor ante tal aseveración, los demás alumnos que conocían ese evento y que no habían tenido el valor para mencionarlo en clase comenzaron a señalar a Neville. Intrigado, el profesor le preguntó directamente al chico cómo lo había hecho, a lo que éste respondió: "Simplemente lo ignoré, concentrándome en todo lo demás".
Mientras Flitwick asentía con la cabeza, satisfecho por la respuesta del muchacho, el resto de la clase solo evidenciaba su confusión. Notando aquello, el profesor regresó a su escritorio, colocándose sobre su silla para que todo mundo pudiese verlo con claridad. Luego sacó de debajo de la mesa un pequeño ratón blanco, mientras tomaba una de las plumas que estaban en un frasco grande sobre dicha mesa y la posó encima, para luego colocar al ratón sobre ella.
Sacó su varita de dentro de su chaqueta, entonando las palabras mágicas mientras movía de manera oscilante la varita antes de detenerla sobre el roedor: "wingardium leviosa". Al instante, tanto pluma como ratón se elevaron, siguiendo el movimiento de la varita. Medio minuto tuvo a la pareja en el aire antes de hacer que se posaran con suavidad sobre la mesa, luego de lo cual cogió el ratón blanco y lo devolvió a su jaula: "Ésto es lo mismo que le sucedió al primer mago que usó este encantamiento. ¿Quién puede decirme qué fue lo que realmente sucedió?"
Viendo que nadie respondía la duda del profesor, Draco se animó a intentarlo:
- Usted no levitó al ratón, solo hizo que la pluma se elevara bajo de él, levantándolo con ella.
- Muy bien, señor Malfoy. Así es, en ningún momento levité al ratoncito, solo le proveí de un medio para flotar montado sobre ella, de la misma manera en que montamos escobas o alfombras hechizadas. ¿Usted lo sabía, no es verdad, señor Longbottom?
- (el aludido responde) Sí, profesor.
- ¿Entonces porqué no intentó responder?
- Habría sido trampa. Mis compañeros debían responder con tan solo lo que pudieron deducir de verlo hacer el hechizo. Yo no.
- Me alegra ver que posee integridad. Espero que eso sea algo que se replique en todos ustedes, sobre todo en los exámenes de final de año.
El profesor vuelve su mirada al resto de la clase: "Pero hacerlo es más difícil que decirlo. Si apuntan a una persona para encantarla es inevitable que dirijan su magia a la persona propiamente tal y no a lo que ésta lleve, use o porte. Con encantamientos como el de desarme, que se usa para arrebatar la varita de un oponente en duelo, no resulta ser un problema porque la idea que lleva el mago que lo usa es esa, "desarmar", pero en otros casos es más difícil porque se trata de efectos que pueden recaer tanto en cosas como en personas, y si no se posee la claridad mental para enfocar la magia hacia un punto específico puede al final no resultar. No es que apuntemos la varita para hacer la magia, es que apuntamos con la cabeza, y eso se refleja en la varita".
Viendo que ya tenía la atención que requería de su clase, continuó: "Pero eso será en años posteriores; este año usaremos encantamientos enfocados en objetos simples. Tanto por seguridad como por su nivel de complejidad, son lo más indicado para quienes se inician en la artes mágicas".
Mientras disponía que los alumnos sacaran sus varitas e imitaran sus movimientos, el profesor llamó a Neville, indicándole que ya que conocía perfectamente el primer encantamiento que harían en clase, se aprovecharía de ello y mientras estuviesen practicando el conjuro levitatorio el chico sería su asistente, encargándose de repartir las plumas necesarias (no harían flotar nada con puntas o filo que pudiera herir a los principiantes) y de ayudar a quienes pudieran necesitarlo.
Algo para lo que sus años de jardín infantil, con sus tías de preescolar haciendo que todos hicieran muchas pequeñas cosas, lo había preparado muy bien.
Un pequeño trabajo que le significó a Neville cinco puntos para su casa y, además, una galleta dulce con forma de caballo que el profesor, por alguna razón que desconocía, hizo bailar para él. Mientras veía la sonrisa del pequeño ante tal espectáculo, Filius Flitwick le dijo, satisfecho consigo mismo: "A todos les gusta verlo, aunque nadie lo reconozca. ¿Lindo, verdad?". El chico Longbotton asintió, dándole la razón.
Aunque eso significara que no quisiese comerse la galleta hasta que, dos días después, Malfoy decidiera comérsela sin más.
La vista del profesor Slughorn, puesta fíjamente sobre él, le incomodó sobremanera a Neville. Había una mezcla de curiosidad y molestia en ella, lo que suponía se debía a la negativa previa a asistir a la reunión de su "club de celebridades" en el Expreso de Hogwarts.
El chico no quería ese tipo de atención.
Una extraña sonrisa puso término a esos diez segundos de incómoda contemplación del viejo y gordo maestro, el que luego movió su vista alrededor de toda la clase. El salón, ubicado en el primer piso del ala Sur del castillo, estaba muy iluminado por velas azules y blancas.
Una de las alumnas de Gryffindor le pidió con toda la amabilidad que pudo permiso al profesor para abrir las gruesas cortinas que cubrían las ventanas del húmedo salón, pero el profesor se negó: "Algunas de las sustancias que se encuentran aquí reaccionan mal a la luz solar, por lo que no es recomendable trabajar sobre pociones en un espacio abierto".
"Si, y todos los expertos en pociones se transforman en seres tan oscuros como los antros donde trabajan", pensó Neville, recordando a su padrino.
El profesor le pidió a toda la clase que guardara sus varitas, mientras él dejó la suya sobre su escritorio y tomó un pequeño frasco de la misma, el que elevó con tan solo tres dedos. Dentro burbujeaba una sustancia oleosa de color negro petróleo, la que se movía como si quisiera escapar de su contenedor.
Horace Slughorn comenzó su presentación: "Todos ustedes, pequeños futuros brujas y magos, deben comprender lo que esta clase representa. Tal vez no lo sepan, pero el uso de la magia con varita tiene muchas limitaciones, todas relacionadas con las cosas terribles o peligrosas que puede surgir de ellas, todas y cada una de las cuales tuvimos la oportunidad de ver cuando El que No Puede Ser Nombrado estuvo en el apogeo de su poder. Y es cierto, pero nadie piensa en las pociones.
Porque antes de los embrujos y los encantamientos, antes que las maldiciones y los objetos mágicos poderosos, antes de todo eso, estuvieron las pociones. La propia naturaleza guarda una poderosa magia en ella, una magia que está disponible para cualquiera que sepa reconocerla y domesticarla. ¿Creéis que somos mejores que los muggles por nuestra habilidad de hacer y reconocer la magia? Enséñale pociones y veréis como nuestra supuesta ventaja desaparece así, sin más. ¿Tenéis poca magia en vosotros? ¿acaso sois un squib y naciste sin nada de magia? Domina las plantas, las piedras, los animales y su manipulación y mezcla y podrás hacer cosas aún más grandiosas que lo que otros hacen con la varita.
Una gota de la poción precisa y dejaréis a la más terrible maldición asesina como una niñería. Otra gota de otra poción y despediros de la necesidad de requerir transformaros. Si eres sabio y paciente podríais evitar el puñal y el veneno, incluso ganar la inmortalidad y la riqueza con vuestra propia piedra filosofal.
No me conocéis, pero me precio de buscar lo mejor de lo mejor. Por eso estudio y enseño pociones, porque sé reconocer la grandeza, y creédme, no hay nada más grandioso que lo que puede contener un pequeño frasco como éste que ven en mi mano".
Cuando se calla, el profesor destapa con gran fanfarria el frasco, arrojando su corcho y permitiendo que el líquido negro se levante por encima del envase. Luego, camina con cuidado entre los asientos de sus estudiantes, como si pretendiera hacer que alguno de ellos lo tomara. Se frena en un muchacho pelirrojo, frente al cual deja el sospechoso preparado mientras dice: "Bébelo".
Ron Weasley temblaba, con sus dientes entrechocando y su mano a centímetros del envase de vidrio. Miró a su amigo Harry, sentado a su lado, como si pidiera ayuda o un consejo sobre si debía arriesgarse o no. El chico de lentes solo atino a asentir, nervioso, mientras pensaba que era imposible que aquello fuese algo peligroso.
Neville, que sentado más adelante miraba toda la escena (como el resto de la clase) movía sus pies bajo su escritorio, nervioso, recordaba la advertencia de su padrino: "Pase lo que pase, si Slughorn te selecciona como su conejillo de indias en su primera clase no tomes lo que ofrezca. Repito, ¡NO LO TOMES!"
El pelirrojo ya tenía el frasco en su mano, mientras sentía los penetrantes ojos de Slughorn sobre sí. Miró a todos sus compañeros, Gryffindor y Slytherin por igual. Cuando pasó por el rostro de Neville éste le hizo que "no" con la cabeza, pero Ron temía más al profesor que a lo que sucediera allí.
Y bebió.
Un potente eructo surgió del pelirrojo, sonoro y retumbante, que hizo que los colores se le subieran sobre su cara pecosa. Pero lo peor vino después. Cuando trató de hablar para disculparse solo se escucho un "miau" de su boca, el que se repitió cada vez que intentaba decir palabra.
"¿Miau?; miau miau miau. ¡Miaaaauuuu! Miau miauuu…" (¿Profesor?; me siento raro. ¡Ayuuudaaaa! Por favooor… ). Allí el profesor le explica a él y al resto de la clase: "Una pequeña poción para alterar el habla. El eructo fue un efecto secundario inocente. Si quieres, puedes coger una hoja de "nepeta cataria" que tengo en un frasco en mi estante y comértela, pero siempre podría estar engañándote y cambiando un problema por otro. Si no, puedes esperar a que termine la clase: todas las pociones de ese tipo tienen un tiempo limitado de funcionamiento, y ésta en particular dura poco menos de una hora. Y no te preocupes, que para lo que resta de la clase no necesitarás hablar".
Ron, por su propia seguridad, eligió esperar en silencio: en el peor de los casos siempre podría ir a la enfermería a pedir asistencia (y ese profesor viejo y gordo quizás quería entretenerse a costa suya, cosa más que posible por la confiada sonrisa que mostraba al hablarle como si nada le sucediera).
Viendo el ánimo de la clase mucho más distendido, el profesor hizo aparecer una campanilla en el aire, la que tocó una sola vez. Cuando el sonido se apagó, un elfo domestico de los del castillo se apareció, uniformado con los colores de Hogwarts, llevando en sus brazos una gran cesta con limones y un frasco con azúcar cristalizada.
Mientras escribía en una pizarra del salón lo que parecían ser instrucciones les ordenó a sus alumnos el levantarse y coger un frasco de medio litro de un estante lateral, así como un pequeño pocillo y un cuchillo. Cuando los tuvieran debían acercarse al elfo y tomar un par de limones y un puñado de azúcar, la que debían llevar de regreso a sus escritorios de trabajo.
Cuando todos estuvieron con sus implementos de trabajo el profesor les explicó lo que harían, mientras les indicaba las instrucciones escritas en la pizarra: "Como todos ustedes son nóveles en esto de seguir instrucciones y no queremos a nadie envenenado tan pronto, haremos algo relativamente seguro pero que probablemente nunca antes han realizado, incluso aquellos que o son hijos de muggles o cuentan con educación muggle; aunque claro, si lo han podido practicar antes, ¡enhorabuena! Lo que haremos es una bebida, limonada para ser más precisos. Las instrucciones están en la pizarra. Solo un par de advertencias: para quienes no los conozcan los limones son de jugo ácido en altas concentraciones, por lo que para que sea agradable como bebida lo reduciremos en agua y añadiremos azúcar extra para realzar su dulzor; pero su cáscara es amarga, por lo que un descuido en la forma de extraer su esencia producirá un sabor desagradable. Mucho jugo volverá la bebida pesada; muy poco hará que solo sepa a agua azucarada".
Una vez terminada la explicación, el profesor hace que el elfo deje los sobrantes de los ingredientes (más de la mitad de lo que ha traído el elfo) en su propio escritorio, para luego despacharlo. A continuación, apunta su varita hacia los frascos vacíos de sus alumnos, usando el encantamiento aguamenti y guiándolo para llenar simultáneamente los cuarenta embaces: "Tienen media hora para prepararlos. Si creen haberse equivocado y requieren más suministros pueden acercarse a mi escritorio para procurárselos. Comiencen".
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Un par de cortes de dedos (nada muy grave, pero que causaron gritos de los afectados por la presencia del zumo de limones en los cuchillos), un Malfoy que no tuvo mejor idea que apuñalar el cítrico que tenía en sus manos, asumiendo que esa era la única forma de usar un puñal (así le dijo a la inocente herramienta de cocina), un Neville rehaciendo su propia limonada tres veces antes de darse por satisfecho, un Crabbe tratando le lavarse la boca luego de tratar de comerse un limón… a mordiscos -ignorando la advertencia de Slughorn sobre lo amargo de su piel- y muchos, muchos pequeños incidentes adornaron el aparentemente inofensivo ejercicio.
Uno que el viejo profesor usaba para ver qué era a lo que tenía que enseñarle. Media hora de ver a un grupo de inexpertos niños evidenciando cada una de sus potencialidades y carencias con algo tan sencillo como preparar una bebida dulce.
Cuando el tiempo dado al ejercicio terminó, el profesor Slughorn comenzó a probar cada uno de los frascos de limonada que esperaban su juicio.
El de Neville resultó… correcto, justo en la medianía, solo ligeramente dulce.
El de Draco resultó ligeramente amargo y aguado (solamente había usado un limón mal estrujado).
Ron dejó mucha pulpa en el suyo y parte del azúcar se veía en el fondo, donde había quedado al ser mal revuelto.
Harry, como otros cuatro de la clase, había tenido la mejor técnica para exprimir el jugo, evidenciando experiencia previa en ese tipo de quehaceres (lo que seguramente se debía a su madre hija de muggles).
Pero el mejor de todos -y Slughorn no tuvo problemas en señalarlo con evidente placer en el rostro- fue el de Hermione: la niña se había dado el trabajo de colar toda la pulpa de los cinco limones que terminó usando, por lo que visualmente era el más agradable de todos. Y el azúcar… el azúcar: muchos habrían juzgado que había sido excesiva, pero para los gustos del maestro era simplemente perfecto. Así, con el cuidado suficiente para dejar una parte de la limonada al fondo, Slughorn utilizó su varita para "rellenarlo".
Cinco puntos para Gryffindor fue la recompensa para la mejor limonada preparada en años.
Al final de la clase el obeso maestro retuvo a Hermione mientras salía con Neville y Draco. Con sus dos amigos esperando en la puerta, Slughorn le preguntó cómo había dado con la fórmula perfecta: apenas ácida y muy dulce. Ella, ligeramente avergonzada, le respondió: "Allí, atrás de su escritorio. Eso me dio la pista de cómo debía prepararla".
El jefe de la Casa Slytherin miró donde le indicó la niña: un vaso transparente donde se veían trozos de piña en almibar y una cuchara, a medio llenar. El profesor vio a la jovencita y la felicitó: "Inteligente; hábil con la herramientas y muy observadora. Ahora comprendo lo que me dijeron tus dos amigos cuando me dí el trabajo de buscarlos en el tren. Creo que deberé considerarte para la próxima reunión del Club Slug".
La niña agradece antes de salir rápidamente, excusándose con que debe ir al comedor con sus amigos.
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- "Club Slug"… pero eso es tan… grosero -dijo Hermione-.
- Si, el Club de las Babosas… o de los babosos que le besan el trasero a ese gordo pretencioso.
- ¡Draco! Si alguien te escucha.
- Pero si todos le llaman así; dile, Neville.
- (resignado, el aludido responde) Mi padrino me contó algunas cosas del profesor Slughorn. Cuando él asistía al colegio el profesor de pociones ya hacía esas reuniones, y todos aquellos excluidos de ellas tomaron la costumbre de bautizar sus reuniones así, "Club Slug", el club de las babosas, porque todos sus miembros eran unos arrastrados. Un día Slughorn sorprendió a un tal Sirius hablando de ello y quiso castigarlo, pero sus amigos lo convencieron de que era un nombre cariñoso, una forma tierna de llamarlo, un diminutivo.
- Como tu idea de llamarme "Hermi". ¿Y no se dio cuenta de nada?
- Pensó que era halagueño y él mismo comenzó a llamar así a su grupo de elegidos. Ahora es el precio que todos aquellos que quieren entrar en ese círculo de influencia el soportar llevar ese nombre.
- ¿Y quiere que vayamos? -reclamó la chica-.
- Iremos -señaló enfático Malfoy-. Es ridículo y todo, pero ese viejo gordo debe ser el profesor más listo y avisado de todo el colegio, y nos servirá mucho tenerlo de amigo.
- Y aún así te ríes de él, Draco -remarcó Neville-.
- También me río de ti, pero por nada del mundo te dejaría de lado. A ninguno de ustedes, por más que tú seas una nacida de muggles y tú un idiota.
- (Neville arruga la cara, incómodo con la naturalidad que dice aquello) Yo también te quiero.
Toda la semana había sido pasar por la experiencia de la primera clase. Y Neville había comprendido algo que no había podido intuir antes: cada uno de sus profesores trataba de causar una gran impresión en sus nuevos alumnos.
Transformaciones había sido el ver a la profesora McGonagall transformar decenas de cosas (y a ella misma) con una rapidez y facilidad que había resultado… inugualable. Y lo que fue su clase, con aquella lección para cambiar el color de una pequeña caja de madera la prueba evidente de lo patéticos que todos ellos resultaban, casi como si la Directora Adjunta quisiera dejar en claro lo difícil que sería su clase y el aprobarla.
Aunque ni tanto, porque cuando luego de la clase se reunieron con Hermione (que había tenido esa asignatura como la primera del lunes) ella, con aire soberbio, les contó que había logrado hacer el hechizo necesario en su primer intento -ganándose la aprobación de la maestra, las felicitaciones de sus compañeros de casa y la mirada rencorosa de los Hufflepuff con que compartían esa clase-.
Astronomía había sido a las diez de la noche, todo porque la profesora Sinistra los había querido deleitar con la vista de un cometa en su perihelio (el punto más cercano al sol, por lo que su cola se veía en su máximo esplendor). Finalmente Draco mostró su utilidad para su amigo, ayudándolo a ensamblar y manejar el telescopio, ya que Neville se vio superado por la complejidad del vetusto aparato.
Al menos Herbología había sido todo lo que Neville siempre soñó. La vista del enorme invernadero, el olor de las plantas y la vista de los insectos que se paseaban entre ellas (y que le hicieron rememorar sus paseos con Trevor, cuando su sapo cazaba a los bichos que se le cruzaban en el camino). Y la profesora Sprout era tan dulce, como una tía mayor; y como una también era capaz de gritar cuando no le hacían caso.
Y esa amable y sucia maestra dedicada a las plantas hizo su propia demostración salvaje demostrando para todos ellos la forma de procesar y cocinar una mandrágora adulta, de figura y rasgos humanoides, con todos ellos viendo detrás de un cuarto insonoro el rostro de dolor y lo que debían ser gritos de sufrimiento de la mortal planta.
Nadie se sorprendió al ver el rostro acomplejado del chico Longbottom, no cuando la mitad de la clase compartía su mismo estado impresionado (no Malfoy, quien parecía mucho más acostumbrado que el común de la clase a lo que resultaba ser en los hechos una práctica de tortura).
Todos agradecieron cuando descubrieron que el resto de la clase sería describir y catalogar la forma de las hojas, mientras ignoraban el caldero donde la planta aullante se cocía a fuego lento.
Pero al menos ya era viernes, y hoy, en la segunda clase semanal de Defensa Contra Las Artes Oscuras, conocerían personalmente al principal profesor de dicha clase: Remus Lupin, el licántropo.
La primera clase de Defensa Contra Las Artes Oscuras (que los alumnos tendían a abreviar simplemente como "Artes Oscuras", por más que aquellas dos palabras por si solas desvirtuaran todo el propósito de la misma) había sido ligeramente insípida debido a la falta del principal de los maestros a cargo de la misma: la ausencia del profesor Lupin -que no se debía a su "pequeño problema", porque apenas era luna menguante- había postergado la gran presentación con que recibían a los alumnos de primero y la hora que tuvieron de clase, fuera de la presentación del profesor, Quirrell fue de escuchar historias sobre sus vivencias en Albania con vampiros locales mientras estuvo viajando hace un par de años.
Historias que seguramente el profesor Quirrell consideraba eran muy interesantes, pero que a sus jóvenes oyentes le resultaban mucho menos atractivas que la alternativa (una especie de prueba de valor que ya habían podido tener los de la otra clase, y cuya noticia exacta era oculta celosamente por los amigos de los Gryffindor y Slytherin que esperaban su oportunidad).
Pero ahora, en la clase doble de Artes Oscuras, tanto la presencia de ambos profesores como el hecho de que estuviesen siendo guiados a un salón diferente al cual se impartía usualmente el ramo los tenía a todos excitados, mucho más de lo esperable por algo tan simple como una demostración práctica.
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Los enormes ventanales del amplio salón, cuyo techo se alzaba casi cuatro metros por sobre sus cabezas, daban a ese espacio una iluminación muy abundante. Demasiado para lo que se supone sería una prueba de valor. Extrañamente, ni Quirrell ni Lupin hicieron el menor intento de conseguir mayor oscuridad.
Al centro del salón, por lo demás vacío, algo que debía medir poco más de dos metros de alto por uno de ancho, cubierto en una vieja manta polvorienta. Una vez el profesor asistente hizo ordenar a los alumnos en semicírculo alrededor de esa cosa oculta, el profesor Lupin les habló: "Como les explicó mi colega aquí presente, la finalidad última del estudio de las defensas contra las Artes Oscuras es prepararlos contra todo aquello que, formando parte del mundo mágico, nuestro mundo, puede considerarse "oscuro", en el sentido de peligroso, dañino u oculto. Así, las Artes Oscuras, dentro de la definición dada para el ramo, están formadas tanto por las artes mágicas prohibidas o lesivas, así como por las criaturas, naturales o de creación humana, que se consideran peligrosas por su carácter mortal y siniestro más allá del mero hecho de su fuerza o demás habilidades físicas.
Así, mientras que seres tan peligrosos como los dragones, esfinges o acromántulas son resorte de una asignatura diferente, una que se relaciona al estudio y cuidado de seres mágicos, aquí y durante los siete años de su formación mágica -para quienes quieran llevar sus estudios hasta ese nivel- los llevaremos al conocimiento de aquellos seres cuya naturaleza sombría los vuelve especialmente nocivos, y cuya manera subrepticia de actuar los vuelve incluso más peligrosos que esas enormes bestias, tales como el hombre lobo que se oculta bajo un aspecto humano la mayor parte del tiempo, los dementores que absorven la felicidad y llevan a la locura, o los boggart que se sirven del miedo para atormentar a sus víctimas.
Todas estas tienen en común que actúan en las sombras y atacan sin aviso previo. Así, mientras que solo alguien torpe y ciego se pondría en el camino de un dragón, todos pueden ser víctimas de alguna de éstas criaturas, sin importar lo cuidadosos que sean. Y es por eso que mientras a nadie se le enseña como defenderse de un dragón más allá de huir, todos ustedes deberán saber como confrontar a las criaturas de las sombras porque nunca, jamás, podrán escoger las circunstancias en que éstas se cruzarán en su camino".
"A menos que se trate de un licántropo que ha decidido compartir su condición con todo el mundo", añade Quirrell, provocando algunas risas entre los Gryffindor (y unas pocas caras asqueadas entre los Slytherin, seguramente por el rechazo que les causa la idea de un semi humano como su profesor).
Es Lupin quien descubre lo que estaba tapado por esa vieja manta. Un añoso ropero es todo lo que se encontraba allí, oculto de la vista. El profesor espera unos instantes hasta que logra la reacción que deseaba del vetusto mueble.
La clase reacciona al percibir como el ropero comienza a moverse con fuerza, justo cuando el profesor Quirrell, con un pase de su varita, hace que las gruesas cortinas de los enormes ventanales caigan, sumiendo todo en la oscuridad, mientras habla: "Todos ustedes han visto el lugar en que estamos. Saben sus dimensiones, su distribución, el hecho de que no uno sino dos profesores los protegen y, aún así, sienten miedo de lo que sea que se encuentra en ese viejo mueble.
Los muggles de todas partes del mundo tienen historias de miedo sobre lo que se oculta en las sombras, el miedo mismo que tienen a la oscuridad y a los rincones sombríos, y han creado en su folclore entes que representan ese miedo: el coco, el bogeyman. Otros han visto lo que realmente hay allí, acechando, y de sus aterradores visiones han surgido cuentos de miedo, de engendros que corresponden a sus temores más íntimos.
Nosotros, en cambio, sabemos qué es eso que ellos no han sabido reconocer: boggart. El boggart es un ser no-vivo, que tiene la capacidad de leer las mentes y adoptar la forma del miedo más íntimo de una persona, no sabemos si como mecanismo de defensa o porque viva de ese miedo. Nunca, jamás, nadie ha sabido cuál es la forma real de esta criatura, porque nunca, jamás, ha existido alguien sin miedo en su corazón: todos, absolutamente todos, tenemos miedo a algo."
Lupin se retira unos pasos del mueble, mirando de reojo a los niños (cuyo miedo aumenta poco a poco): "Consideren ésto una preparación para más adelante. A fines de segundo año, como preparación para la siguiente etapa de su educación, los haremos enfrentar su miedo por si mismos; ahora, solo tendrán que contemplar el mío..."
Mientras el profesor principal hablaba, Quirrell agrupaba a los chicos que se habían alejado, a fin de que no se perdieran el espectáculo que sería corto pero muy… didáctico.
Con la clase ya reunida alrededor del ajado ropero, el profesor Lupin se puso en guardia, con la varita en alto: aquello iba de pegar un pequeño susto a los niños para sacarlos de su mundo de ensueño y que comprendieran que la defensa contra las artes oscuras era algo necesario, y no una tontera sin utilidad en un mundo en que siempre estaban a salvo.
El sonido de un cuerpo enorme y pesado moviéndose con aún más fuerza dentro del ropero, agitándolo como si quisiera romperlo, hizo que varios estudiantes trataran de retroceder hacia las filas traseras. Draco, Neville y Hermione (esta última tomada de la ropa del rubio Malfoy) eran parte de los que permanecieron en frente, a la espera.
En eso, el profesor Quirrell vio a su compañero de pedagogía; aquél asintió: estaba listo. El profesor calvo anunció con voz marcial al grupo: "Recordad, esto que liberaremos no es una bestia real, sino un simple boggart, que ha tomado la forma del miedo de la persona más cercana, su profesor. Solo estará unos segundos y luego lo obligaremos a regresar al ropero. Sed valientes".
Quirrell se aproximó, listo para soltar el pestillo del mueble, escuchando la respiración nerviosa de esa veintena de niños que esperaban el espectáculo que se produciría allí. En eso, Lupin nota como de dentro del ropero, sigilosamente, sale flotando Peeves, conteniendo con esfuerzo una carcajada. El licántropo abre sus ojos alarmado, tratando de advertir a su compañero de no abrir, mientras se aproxima presuroso a contener la puerta del vetusto mueble.
Pero Quirrell no percibe la advertencia de su compañero, dada demasiado tarde, y apenas el pestillo que aprisionaba a la criatura es liberado un fuerte golpe, desde dentro, hace impactar la puerta contra el rostro de Lupin, enviándolo un par de metros por los aires y al suelo.
La criatura, que lleva la forma de un hombre lobo transformado de casi tres metros de alto, golpea al otro profesor, haciendo que éste tire su varita. Un segundo golpe logra aturdirlo, dejándolo inconsciente.
El hombre lobo, ignorando a los caídos y a todas esas posibles presas, olfatea, busca, recordando las palabras del pequeño duende que le ha incitado para poder divertirse con esa escena. Y lo reconoce.
Los alumnos se dispersan al ver a sus protectores derribados, pero el boggart-licántropo no pierde el tiempo en ellos y va derecho a donde Neville le observa. Hermione cierra sus ojos, creyendo que será la próxima en ser atacada, mientras Malfoy la obliga a soltarle mientras trata infructuosamente de sacar su varita.
El chico Longbottom, petrificado, ve como el lobo humanoide, erguido sobre sus patas traseras, se frena a centímetros de él, viéndolo directamente a los ojos.
Un estruendo acompaña a la nueva transformación. El boggart adopta una nueva forma, una que es capaz de rozar el techo de enorme salón. La bestia arroja fuego por su boca humana, mientras sus patas aleonadas arañan el suelo a sus pies.
El rostro de Peeves cambia del gozo a la estupefacción al comprender que se le ha pasado la mano.
Han sido solo segundos, y ahora todos los alumnos de primer año de Gryffindor y Slytherin están en peligro mortal.
Varios alumnos de la casa del León se sitúan alrededor de la salida del salón, cubriendo esa ruta de escape para asegurar la huida del resto de sus compañeros. Ron toma el brazo de Hermione, en frente de él, tirando de ella para poder salir juntos.
Malfoy ve como su amigo Neville permanece allí, inmóvil, viendo a la colosal criatura directo a los ojos. La manticora parece dudar si atacarle o no, hasta que se decide por el rubio al lado del chico.
Y Neville comprende al ver como la mirada de su enemiga se gira levemente hacia su amigo, mientras la cola de escorpión parece querer moverse; alza su varita, apuntando al pecho de la falsa bestia asesina, concentrándose en un hechizo, uno que sabe que puede contenerla…
"¡EXPECTO PATRONUM!"
El vapor nebuloso fluye de su varita en gran cantidad, y en apenas un instante adopta su forma corpórea.
La mitad de la clase, que aún se encontraban dentro del enorme salón, son testigos de la aparición: una enorme serpiente plateada, de no menos de cinco metros de largo, que se yergue del suelo e intercepta el aguijón de la bestia invasora, mordiendo la cola arácnida y aprovechando el enviste para derribar a la manticora. Luego, el guardián plateado simplemente desaparece.
Neville cae desmayado, agotado por ese movimiento. Draco, comprendiendo lo ocurrido, apenas atina a tomar los brazos de su amigo y arrastrarlo a la salida antes de que el coloso se levante. Pero el boggart-manticora se alza rápidamente, solo para ser sorprendido por el profesor Lupin, que nuevamente en pie llama la atención de la enorme criatura hacia él.
El chico Longbottom, apenas consciente, ve como el único profesor en pie pronuncia un hechizo, justo antes de perder totalmente el conocimiento…
- Ya era hora de que despertaras, idiota.
- ¿Draco?
- ¡Claro, quien más!
- Donde estoy…
- La enfermería. Has estado inconsciente casi una semana, todo mundo creyó que ya no despertarías.
- Mentiroso.
- ¿Porqué lo dices? Me ofendes.
- Apenas aguantas la risa.
El muchacho rubio, que apenas puede mantener el rostro serio (donde una muy evidente sonrisa pugna por salir) se aparta un poco de la cama, dándole la espalda a su amigo para poder reírse a gusto. Una vez más tranquilo, voltea nuevamente para poder ver la cara de Neville, mientras seca sus lágrimas.
El muchacho Longbottom, ignorando los espasmos nerviosos de risas contenidas de su "amigo", le pide que se aguante unos momentos y le diga qué ha sucedido:
- Solo han pasado tres horas. Te perdiste el almuerzo. ¡Y qué almuerzo! Todo mundo está comentando como invocaste una serpiente gigante en clase. No te sorprendas si todo el que te vea se aparta de tu camino cuando salgas de acá.
- ¿Porqué?
- Las serpientes son como el símbolo de los magos tenebrosos. Incluso el que no debe ser nombrado tenía como enseña una de esas (según me contó Hermione).
- O sea que después de todo lo ocurrido…
- No tienes ni idea. Ni siquiera el que no debe ser nombrado hizo tanto como tú durante su primera semana aquí. Algunos creen que llegarás a ser tan, pero tan malvado que podrías tener al innombrable para hacerte los mandados.
- ¿Qué piensas tú?
- Yo creo que eres un tonto, pero no puedo quejarme, no después de que me ayudaste con esa cosa. ¿Sabes?, antes de llegar aquí pensaba en qué iba a hacer para distraerme ahora que no tengo a Dobby a mano, pero tú lo compensas con creces. Sigue así y seré el niño más bien portado de todos, jejeje.
- De nada. Entonces… ¿pasó alguno más? ¿alguien salió lastimado?
- Solo tu reputación. Al menos uno de nuestros profesores es medianamente competente y pudo parar a esa cosa. Usó un hechizo que no conocía, algo que sonaba ridículo.
- ¿Ridículo? Veo que no soy el único que no comprende el que tengamos que hacer hechizos en latín o algo que se le parezca. Aunque mi padrino me retaba cada vez que se lo señalaba.
- No, que el conjuro del hechizo sonaba como la palabra "ridículo"; no le entendí bien.
- Ya veo…, ¿y Hermione?
- Quería estar aquí, pero…
- ¿Pero qué?
- Los Gryffindor como que la secuestraron.
- ¿Secuestraron?
- Eso fue lo que me dijo cuando fui a buscarla a su sala común. Le permitieron hablarme pero se niegan a dejarla salir: dicen que eres demasiado peligroso para permitirle juntarse contigo. Yo no le veo lo malo; me encantaría que dijeran esas cosas de mi.
- ¿Yo, peligroso?
- Entre esa invocación de serpiente y el que tengas en tu cabeza una cosa como una manticora… como que no puedo discutir aquello, pero a mi me gusta esa faceta tuya. Mientras no me lastimes puedes ser todo lo siniestro y tenebroso que quieras: mientras te muestres así me gano una reputación de peligroso sin necesitar hacer nada más.
- Tengo que salir de aquí y aclarar todo, no pienso dejar que me quiten a mi primera amiga del colegio por ridiculeces.
Draco ve como su amigo se levanta, sentándose en el borde de la cama, mientras pasa sus manos por todo su cuerpo. Al preguntarle qué se supone que hace, Neville le responde: "Verifico que todo está donde se supone que debe estar. Algo que mi abuela me enseñó". Luego, toma su ropa, doblada y acomodada junto a su cama, quitándose la piyama blanca que por algún motivo le habían hecho vestir (mientras Draco mira para otro lado).
Mientras se colocaba los zapatos y le pedía a Malfoy que vigilara que la enfermera no estuviese cerca, un adulto se hace presente en el vacío dormitorio de observación: "Madame Pomfrey se encuentra revisando a unos alumnos de tercero en el salón de pociones. Un pequeño accidente causado por los hermanos Weasley. Nada grave, pero Slughorn es algo… dramático".
Malfoy se ve obligado a irse, despidiéndose subrepticiamente de su amigo y deseándole ánimos bajo la idea de que han ido a reprenderlo.
El chico Longbottom solo se queda viendo al desgarbado profesor, sin saber qué esperar. Pregunta: "¿Porqué ha venido?".
Notas del Autor:
Un año. Guau, que bueno que nadie me conoce en persona sino me apedrearían por dejar mi fic tan botado, sobre todo considerando que tengo otro que en el mismo tiempo ha sumado cuarenta capítulos.
Ojo, no es que no quiera ésta historia, sino que era solo una pequeña obsesión por avanzar una historia que tenía lista en mi cabeza, y Neville pagó el precio de mi abandono.
Extrañamente fueron ese inusual número de review que me hicieron recordar mis faltas. ¿Ven que los review si sirven, eh?
Y a todo esto, unos alcances como respuesta a los review:
MoonNellielJr10: Ojo, que no es que Neville se haya vuelto un ser oscuro; el mismo sombrero seleccionador lo señala: el chico tiene pasta de Gryffindor o Hufflepuff, pero el que haya terminado en la casa de la serpiente fue algo consciente y forzado de parte de Neville, y corresponde a un propósito que se revelará después y que hace parte importante de la trama planificada. Y algo que dije antes: el Neville del canon es apocado por el trauma de sus padres enfermos, pero tiene en él suficiente valor y arrojo para haber sido enviado a Gryffindor, y es un verdadero León, ya que sino nunca habría logrado sacar la espada del sombrero para matar a Nagini. Si a eso le sumas la crianza de Snape y tenemos… pues pueden hacerse la idea.
Por último: review de usuarios registrados o mp se ganan indefectiblemente respuestas personalizadas (sobre todo si son demasiado extensas para colocarlas aquí).
Nos leemos pronto. Antes de un año de seguro (que eso no me vuelve a pasar).
