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Tenía antojo de shoujo escolar bien dulzón y bobito, así que junté los clichés, giré la ruleta y cayó un juego de verdad o reto. xD Espero les guste, y agradeceré de corazón que dejen reviews con su opinión. NwN/


Disclaimer: Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen. Pertenecen a Hiro Mashima.


Referencias De Lectura:

Narración.

«Pensamientos»

Diálogo.

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Sorteo Tres

¿V o R?

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Esa tarde de primavera llegaba a su fin, mas no así el juego.

Y no terminaría si seguían empatando.

La ventaja era que las clases ya habían terminado y los deberes en el consejo de estudiantes estaban casi completos, solo faltaba que el profesor Gildarts llegara con la última lista de clubes inscritos para el nuevo semestre después de las vacaciones de primavera para por fin poder irse a sus casas; y por eso, mientras esperaban, Mirajane la retó a jugar.

Y ella nunca podía decirle que no a un reto.

Verdad ―escogió la albina sin preocupación alguna, tal vez con otras personas tendría problema de contar muchas cosas de ella, pero Erza había sido su rival y ahora amiga desde hacía mucho tiempo y conocía casi todo de ella.

Ventajas de una amistad que empezó con una rivalidad infantil.

¿Cierto o falso que fuiste tú quién llenó mi bolso de piedras cuando estábamos en el jardín de niños? ―con el ceño fruncido interrogó la pelirroja.

Ara ―la otra joven rió―, Er Chan, ¿acaso has esperado todos estos años para preguntarme sobre eso? Lo hubiese admitido aún sin jugar a esto ―la pelirroja negó indignada, recordaba cuanto le había costado cargar con esa mochila durante todo el paseo al campo que hicieron en la clase, solo para darse cuenta luego que estaba llena de piedras y sus cuadernos todos llenos de barro.

Eres demoniaca, Mira...

Bueno, generalmente me dicen que soy un ángel ―sonrió con falsa dulzura.

Un ángel caído, eso sí ―Erza inhaló profundo―. Al menos ya sé que fuiste tú...

Y la verdad a mí me hizo libre, así que te lo agradezco, Er Chan ―soportó la mirada cargada de enojo de la presidenta estudiantil y preguntó―: ¿Verdad o reto?

Ummm... ―la joven pelirroja se llevó una mano a la barbilla, en todas las anteriores había elegido reto, y ya le había tocado bailar, cantar, imitar a varios animales e incluso ahora tenía un bigote hecho con un marcador rojo, algo que aún tenía que pensar cómo iba a quitarse ya que la demoniaca de Mirajane se lo había hecho con un marcador de tinta permanente.

De verdad que su dulce sonrisa engañaba.

Al principio había pensado que era una suerte que los retos no pudiesen ser cosas que requiriesen salir del salón del consejo de estudiantes ni ser grabadas, pero al final Mira era Mira, y ella se las arreglaba muy bien para pensar en maldades.

Mejor cambiaba en esta.

Verdad ―dijo para sorpresa de la albina, una sorpresa que duró solo unos segundos ya que al momento los ojos azules que le quitaban el sueño al nieto del director Makarov brillaron en maldad―. No, n-no... ¡Reto! ―trató de corregir su error, Mirajane había pensado en una maldad grande.

No, no, no ―negó Mirajane con el dedo y una sutil sonrisa―, ya dijiste verdad...

¡Pero cambié de opinión!

Y eso no se vale ―sentenció con un pequeño golpe en la mesa que las separaba―. ¿O acaso la gran Titania tiene miedo a la verdad? ¿Qué oscuro secreto esconde la respetada presidenta estudiantil?

¡Claro que no tengo miedo a la verdad! ¡Y no oculto ningún oscuro secreto! ―golpeó con fuerza la mesa―. ¡Solo pregunta y verás!

Bien, como digas, Er Chan... ―Mira se llevó las manos al regazo y ladeó la cabeza―. ¿A ti, románticamente hablando ―hizo hincapié en esa parte―, te gusta Jellal Fernandes?

La cara de Erza se volvió del color de su cabello.

Un color que ella sabía muy bien que al mencionado le gustaba mucho.

Y-yo, yo... ―tartamudeó, sus manos sujetando de manera nerviosa el borde de la falda negra de su uniforme, y verla así no era para nada normal, y realmente no se ocupaba más que esa actitud para saber la respuesta de esa pregunta, pero Mirajane Strauss era de la clase de personas que preferían tener información totalmente clara.

¿Entonces? ―la presionó con su dulce sonrisa.

Yo... yo... ¡Tú ya lo sabes...! ―dijo mirando hacia la ventana de cortinas abiertas en donde se observaba que el sol empezaba a ocultarse.

Puedo que lo sepa, pero quiero confirmación ―negó ella―. Siempre que te pregunto sobre eso tú me dices que claro que te gusta como persona, que es un gran ser humano y que es tu mejor amigo, pero nunca mencionas más que esa amistad, y, ara, ara... por eso pregunto ahora específicamente en términos románticos...

Erza estrujó con fuerza la tela de su falda entre sus dedos.

¡Maldita sea, la había atrapado!

Ya entiendo ―Mira soltó un largo suspiro―, si no quieres contestar, no lo hagas ―Erza sintió un pequeño alivio al escucharla―, solo significaría que yo gané este juego ―y entonces el pequeño alivio que sintió se desvaneció.

¡Maldita sea, de verdad la tenía atrapada!

¡Bien, sí! ―respondió la presidenta con el ceño fruncido, no iba a dejarla la victoria tan fácil.

Pero Mirajane era bastante sádica cuando estaba aburrida.

¿Sí qué? ¿Sí te gusta Jellal románticamente hablando o sí decides perder el juego?

Erza la volteó a ver con una de sus miradas asesinas, pero la albina ni se inmutó. Cuando se trataba de ese tipo de cosas del corazón ella se volvía inmune a todo.

¡Sí, me gusta Jellal!

¿Románticamente hablando?

¡Qué sí! ¡Desde hace mucho tiempo! ¡Demonios! ―golpeó el escritorio con la fuerza de toda la vergüenza que le llenaba el rostro, por lo que su mano quedó adolorida―. ¿¡Feliz!?

Bastante ―asintió emocionada―, de verdad que una cosa es casi tenerlo seguro y otra confirmarlo ―aplaudió con emoción y Erza sintió un escalofrío.

¿No estarás pensando en meterte en esto, verdad?

No sé a qué te refieres... ―respondió fingiendo desconcierto.

¡Claro que lo sabes! ―Erza la señaló amenazante―. Te crees una especie de cupido y entre que te gusta juntar parejas y torturar personas, vuelves todo tu entretención. No quiero que intentes eso conmigo ni con... ni con...

¿Jellal? ―terminó por ella al verla ponerse roja de nuevo, de verdad que su amiga estaba locamente enamorada y ciertamente estaba segura que el apuesto chico de cabello azul reciprocaba esos sentimientos, de verdad se notaba a leguas que Jellal Fernandes era capaz de besar el suelo que su amiga pisaba.

Lo que era bueno, muy bueno.

Lo único malo es que ambos, a pesar de ser promedios alto en los estudios, y excelentes en deportes y en otras tantas cosas, en las cosas del corazón eran lentos para actuar, además de que tenían un corazón muy noble que; estaba más que segura, los hacía pensar que confesar sus sentimientos por el otro sería cargar su amistad con peso innecesario.

¡Qué complicada se hacían la vida!

¡Sí, él! ―Erza ni siquiera podía pronunciar de nuevo su nombre, era la primera vez que admitía eso en voz alta y sentía que el mundo había escuchado su más grande secreto.

Aunque la verdad para casi nadie era un secreto, realmente.

¿Ara, estás segura? Yo podría ser de mucha ayuda.

Pues no creo ―la señaló con el dedo de nuevo―, y principalmente... ¡No quiero! Y ya no quiero hablar más del tema, escoge ¿verdad o reto? ―preguntó para dejar el tema de sus sentimientos por su mejor amigo zanjado.

¿Entonces no puedo ayudarte?

¡No! Y escoge ¿verdad o reto?

Entonces no teayudaré.

Bien―Erza supo que Mirajane lo dijo con sinceridad, pero algo en la forma en que lo dijo la ponía nerviosa, la pelirroja decidió que cuando la albina escogiese verdad le sacaría el significado real de esa respuesta que le acababa de dar, sonrió con suficiencia y volvió a preguntar―. ¿Verdad o reto?

Mirajane se le quedó viendo con desconfianza al ver sonreír a la temible presidenta de pronto, y entonces respondió:

Reto.

¿Reto? ―Erza alzó la ceja, era la primera vez que la albina lo escogía, y se suponía que debía escoger verdad como todas las otras veces.

«¿Sabrá lo que le iba a preguntar?» se cuestionó Erza así misma, la sonrisa traviesa en Mirajane le contestó esa pregunta «¡De verdad es un demonio!»

Así es, reto... ―sonrió con suficiencia, a sabiendas que su amiga era pésima para imponer los retos no le importó evitar la verdad.

Demonios... ―susurró por lo bajo la pelirroja, pensó que la tenía contra el filo de su espada pero esa mujer la había esquivado con una buena finta.

¿Y entonces...?

Te reto a... ―Erza miró a todos lados, la verdad no sabía que ponerle, Mirajane no era alguien que se avergonzase por hacer tonterías enfrente de sus conocidos, además ella era buena bailando y aún más cantando, y en cuanto a actuar; bueno, ese era uno de sus mejores talentos, prueba era que la mayoría la creía un ángel lleno de bondad y claro que no lo era.

Por supuesto que no.

«¿A que la reto?» Se cruzó de brazos bajo el pecho observando cada cosa en el aula, la sonrisa empalagosa y maligna de Mira le indicaba lo poco que temía su reto y lo mucho que disfrutaba enojándola y eso solo la frustraba más y la llenaba de un sentimiento de venganza, justo como cuando eran más pequeñas y más rivales que amigas.

¡Y entonces lo vio!

Con una sonrisa contenida, Erza tomó uno de los papeles en la mesa, y, junto con un bolígrafo, lo colocó enfrente de Mirajane.

Te reto a que te inscribas como la pareja de Laxus para el "Baile de Primavera" para ser la Reina y Rey del baile―saboreó el momento en que la cara de Mira pasó de satisfacción a pánico.

¿¡Q-qué!? ¡No! ¡Los retos no valen fuera del salón!

Lo sé ―sonrió maliciosa―, pero la hoja de inscripción está aquí ―le dio dos toquecitos a la susodicha hoja con el dedo.

Igual no me puedes obligar a participar, simplemente no me presentaré ―replicó.

No lo hagas ―Erza alzó los hombros―, pero cuando mañana pegue esta hoja en el pizarrón oficial, sus nombres estarán ahí, y escritos por ti... ¿Me pregunto qué rumores correrán cuando vean eso? ―las mejillas de Mirajane enrojecieron.

Una cosa era escuchar los rumores de amoríos, y otra, ser quien los protagonizaba.

No digas tonterías...

Tonterías o no ―casi ríe al ver la cara de su amiga, por muy cupido que fuese, cuando se trataba de ella prefería no enfrentar las cosas que sentía―, no seré yo quien las diga, será quienes vean la hoja de inscripción, y aún más cuando al final no se presenten. ¿Qué crees que piense Laxus? Seguro que piensa que te acobardaste como un conejillo y no se lo pediste o que eres una tontuela enamorada como sus otras admiradoras...

Natsu y Gray tienen razón ―dijo Mirajane con mejillas infladas― ¡Eres un monstruo! ―dijo mientras escribía los nombres en el papel, Erza tenía razón, Laxus la tomaría por cobarde o admiradora tontuela, y estaba segura que con su sonrisa engreída se lo echaría en cara.

Odiaba que le hiciera eso.

Pero odiaba más que le gustara ver esa sonrisa engreída.

Erza rió tanto al verla tan nerviosa que se sujetó el estómago y casi cae de la silla.

¡La había atrapado ella también!

Ya verás cómo me salvo de esto... ―le dijo mientras le devolvía la hoja con los nombres de ellos dos, Erza, en un acto vengativo más, dibujó un pequeño corazón junto a los nombres.

¡Eso ya es crueldad!

Un demonio sádico quejándose de crueldad ―Erza restó importancia con un gesto de la mano―. En fin, es tu turno, ¿a menos que quieras terminar esto ya?

De eso nada ―la Mira combativa que recordaba de su época de infancia se hizo presente―, es tu turno de decidir... ¿Verdad o...? ―la joven se detuvo un momento y observó fuera del salón y una sonrisa se abrió paso con lentitud en sus labios.

¿Mira?

Espera... ―le indicó con la palma abierta―, espera un poco más...

¿Qué estás viendo?

Listo... ¿verdad o reto?

Eres rara ―bufó Erza―, pero, escojo verd-

El profesor Gildarts les envía esto ―la voz que la interrumpió la hizo sentir escalofríos, tal vez más que el brillo maligno en los ojos de la albina.

¡Jellal! ―saludó Mirajane bastante efusivamente―. Vaya que el profesor Gildarts ha sido perezoso como para mandarte aquí ―miró a Erza con su sonrisa más dulce―, a este salón...

Jellal no entendió pero Erza comenzó a sudar frío.

Oh, ¿dijiste verdad, cierto, Er chan?

«¿¡No se atreverá, verdad!?» Se cuestionó a sí misma, ahora Jellal estaba dentro del salón y podía escuchar cualquier verdad que Mira le preguntase.

Y ella estaba segura de que la albina querría vengarse de lo que acababa de hacerle.

«¡Maldición! ¡Maldición! ¡Tengo que hacer algo!»

Omh... gracias ―tensa como un robot, la presidenta tomó la hoja de las manos del apuesto chico que las miraba sin entender que sucedían, y como un bombillo desvaneciendo las sombras de una habitación, una idea le llegó a la mente desvaneciendo sus preocupaciones―. Ya puedes irte, ¿hoy tienes club de astronomía, cierto? Espero no llegues tarde, ve, ve y muchas gracias... ―nada sutil fue la forma en que lo echó y su cara ganó color al escuchar la risita mal contenida de Mirajane.

¿Estás bien, Erza? ¿Acaso... estás molesta conmigo o algo? ―Jellal la miró con esos atrayentes ojos avellana que le sacaban suspiros llenos de preocupación y ella se sintió culpable.

Es-estoy bien... solo qué ―carraspeó y trató de recomponerse―, no quiero que llegues tarde, eres el presidente del club. ¡No es bueno dar tal ejemplo!

Oh, así que es por eso, estás preocupada por mí ―el chico le sonrió divertido y Erza sintió mariposas en el estómago al ver el hoyuelo en su mejilla y sentir la mano que le colocaba en el hombro, un gesto de apoyo muy normal entre ellos―. Pero no tienes por qué, dejé a alguien a cargo mientras tanto.

Q-que bien... ―sin poder evitarlo le devolvió la sonrisa, pero luego negó para sí―, pero aún así, deberías ir... pronto... pronto como ya... ―soltó con rapidez y Jellal le colocó una mano en la frente.

¿De verdad estás bien? Estás algo roja ―Erza se sintió más abochornada.

Ara, hablando de verdad ―interrumpió Mirajane el suplicio de su amiga―, creo que dijiste verdad, Er Chan...

Erza sintió que los nervios subían de su estómago a su boca.

Je-Jellal, se te hace muy tarde... ―quitó la mano de él de su frente e intentó echarlo otra vez.

Entonces mi pregunta será... ―continuó Mirajane llena de maldad, algo que Erza no podía dejar terminar.

¡Dije reto! ―gritó, extrañando por completo al joven de cabello azul―. ¡Reto! ¡R-E-T-O! ―deletreó, no se le iba a confesar a Jellal solo por capricho de la albina y un tonto juego de verdad o reto.

Ara... ―Mira se llevó el dedo a la mejilla de manera inocente―. Yo juré que dijiste verdad...

¡Dije reto! ―la pelirroja golpeó la mesa y Jellal se rascó detrás de la nuca totalmente confuso, fuese la pelea que esas dos se tenían, él de seguro estaba estorbando.

Yo, me retiro... ―dijo aún extrañado el joven del club de astronomía, a pesar del sentimiento de culpa, la presidenta suspiro de alivio.

Ya luego le explicaría.

O al menos parte de lo que estaba sucediendo.

Lo importante era que Jellal estaba por salir del salón.

Te reto a que hagas que Jellal te dé un beso...

Las palabras que acababa de soltar Mirajane las escuchó como si las hubiese dicho con un filtro de sonido de velocidad ralentizada, alargadas, profundas, directas de los abismos del infierno en donde seguro Mirajane Sitri Strauss gobernaba con su sonrisa dulce y látigo venenoso.

Sádica.

Erza observó a Jellal por puro reflejo y él la observó también en completo estado de confusión.

«¡Oh, por favor que sea una pesadilla! ¡Que sea una pesadilla! ¡Que despierte ya! ¡Quiero despertar ya!»

Erza cerró los ojos con esa plegaria en mente, estaba segura que en ese momento despertaría con la alarma de su móvil o con la voz de su mamá tras la puerta de su habitación.

¿Esto es una broma? ―la voz de Jellal le sonó muy real para ser una pesadilla.

No ―respondió Mirajane divertida―, Er Chan y yo jugábamos "¿Verdad o Reto?".

Así que un juego... ¿Y debo besarla a ella por un juego? ―a Erza le pareció que la voz de Jellal sonaba algo decepcionada y se preguntó si estaría decepcionado de ella, o sí el pensar en darle un beso era tan poco atrayente para él.

Si es que quiere una oportunidad para ganar ―le respondió Mirajane y Jellal soltó un bufido.

Erza sintió su corazón contraerse dolorosamente.

Eso estaba siendo peor que un rechazo directo.

Escuchó los pasos de Jellal y supo que debía decirle algo antes de que se fuese si quería, por lo menos, preservar su amistad.

¡Jellal! ―abrió los ojos al llamarlo, pero entonces observó el rostro de Jellal en frente de ella y luego un sutil roce en su mejilla.

Listo... ―le dijo él con una sonrisa gentil y con lo que a Erza, en su incredulidad, le pareció un adorable sonrojo―, espero que no pierdas ―su mejor amigo y amor platónico tomó un mechón del fleco que usualmente cubría uno de sus ojos y se lo jaló con cariño para luego salir del salón estudiantil―, mi Scarlet...

Ahora imaginaba que era un sueño y no una pesadilla.

Se llevó la mano al lugar en donde Jellal la había besado.

«¡Me besó!»

Bueno, en la mejilla, pero igual ella lo celebraba internamente.

Ara~ debí especificar qué tipo de beso... ―se lamentó Mirajane, pero en realidad estaba jubilosa por haber presenciado ese momento.

Sus habilidades de cupido no hacían más que mejorar cada día.

Por suerte para el mundo, Mirajane usaba sus poderes para el bien.

O eso se decía a sí misma.

Y por cierto, Erza parecía que estaba en otro mundo, uno lleno de dulces y nubes rosas.

Sonrió sinceramente.

...Su mejor amiga y antigua rival se merecía vivir la dulzura de la primavera...

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] J & E [

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La luna ya reinaba por completo el cielo.

Por eso no entendía que hacía él ahí.

Trató de controlar su corazón.

Por un momento creí que te quedarías a dormir aquí ―le dijo él apenas la vio, levantándose del suelo junto a los casilleros y quitándose los audífonos de los oídos.

Erza trató de no pensar en lo alto y guapo que era Jellal, de verdad que trató.

Pero tenía ojos para ver, y era imposible no notarlo.

Mira y yo terminamos lo que teníamos que hacer, pero yo me quedé adelantando parte del festival escolar ¿y tú qué haces aquí aún? Se supone que tu club terminó hace una hora ―preguntó mientras tomaba los zapatos de su casillero, se los cambiaba y guardaba los que solo se usaban dentro del colegio.

Así fue, pero me quedé un rato más, hasta que llegó el guardia nocturno y me echó ―soltó un suspiro de falsa decepción―, y cómo vi que la luz de la ventana del salón del consejo estudiantil seguía encendida, decidí esperar a que el guardia las echara a ustedes también, aunque por lo visto Mira ya se fue.

Así es, y sí, el guardia me echó también ―infló las mejillas, se colocó la mochila y se encaminó junto a Jellal a la puerta―. ¿Fue una buena noche de observación? ―preguntó una vez fuera de la escuela, respirando el fresco aire nocturno.

Jellal miró hacia el cielo estrellado.

Hoy ha sido un día bastante despejado ―le respondió, aunque él se refería a algo más que las nubes, la situación del beso le había despejado dudas que le impedían actuar desde hacía tiempo, la reacción que vio en Erza le daba esperanzas de ser correspondido.

Y de verdad quería hacer algo al respecto.

¿Sí? Entonces viste todo con claridad, eso es bueno.

Mucho ―bajó la mirada hacia ella―. ¿Y tú reto con Mira? ―observó que las mejillas de ella se encendieron, más esperanzas para él―. ¿Quién ganó?

Umm... sobre eso... ―en una muy conocida muestra de nerviosismo, la joven que caminaba junto a él se llevó la mano a la nuca―, lo dejamos en empate antes de que las cosas se salieran de control...

Jellal rió.

Muy sabio de ambas. El mundo sufriría incontables guerras y penalidades si ustedes dos se salen de control.

¡No te burles! ―le dio un codazo suave.

¡Auch! ―se quejó pero continuó divertido― ¿Al menos hiciste que Mirajane sudara?

¡Lo hice! ―le dijo triunfal, los nervios se le habían olvidado―. ¡Y te aseguro que mañana sudará más!

Eso suena bien pero también da un poco de miedo ―suspiró―, querrá vengarse.

Eso de seguro ―se cruzó de brazos bajo el pecho―, pero no me da miedo.

Por supuesto que no te da miedo, a ti nada te da miedo ―Jellal le dio un empujoncito con el hombro y Erza rió―, pero te lo digo, Mira usará cualquier cosa para lograr su venganza ―la presidenta se quedó pensativa y luego se mordió el labio inferior con preocupación.

Sobre eso... ―Erza se silenció un momento mientras cruzaban hacia el parque a un costado del colegio, una vez del otro lado de la calle se detuvo y se volteó hacia él―, tienes razón, y también te debo una disculpa ―miró hacia el suelo y jugó nerviosa con las puntas de su cabello―, te involucró hace un rato, lo siento.

No tienes por qué disculparte.

Claro que tengo ―subió su mirada a él, su ceño fruncido en señal de terquedad―, ella, bueno, ese reto de seguro te hizo sentir... incómodo... y tuviste que... ayudarme por obligación.

Nunca he sentido que ayudarte sea una obligación. Después de todo somos amigos. ¿Cierto?

Lo somos... ―dijo Erza en un susurro, su corazón acelerado comenzaba a doler.

Y además no me hizo sentir incómodo―continuó él, ganándose una mirada de confusión de ella―, más que todo, me hizo sentir ansioso...

No entiendo... ―Erza ladeó su cabeza, hebras de su cabello acariciaron su rostro y Jellal estiró su mano para retirarlos, acariciando con deleite la piel de sus suaves mejillas sonrojadas.

Yo... ―carraspeó, deteniendo sus dedos sobre el lugar en que la había besado hacia un par de horas―, he querido besarte... desde hace ya bastante tiempo... ―vio la sorpresa en la cara de ella, y su corazón latió desbocado esperando su respuesta.

¿Se enojaría con él?

¿Se ofendería?

¿Se reiría?

¿Acaso acababa de arruinar su amistad con ella?

¿Así que... querías besarme en la mejilla desde hace tiempo? ―dijo ella envalentonada luego de un largo silencio, Jellal frunció su ceño en confusión ya que pensó que había sido bastante claro en sus intenciones, pero luego divisó la diversión de ella en sus ojos color chocolate―. ¿O a qué tipo de beso te refieres?

¿Acaso estaba coqueteando con él?

¿Acaso ella estaba aceptando sus intenciones?

Bueno, pues no quedaba más que averiguarlo.

Sonrió travieso.

Me refiero al tipo de beso que se dan en los libros románticos que tanto te gusta leer a escondidas, y claro―agregó ruborizado―, la relación que esos protagonistas tienen, también ―al tener la yema de sus dedos contra la mejilla de Erza, sintió como el calor aumentaba tras su declaración.

Y entonces... ―Erza contuvo las ganas de lanzarse a abrazarlo―, ¿por qué no me besaste de esa manera en el salón del consejo?

Porque no quería hacerlo por causa de un reto, quería hacerlo porque quería, y porque tú quisieras que te besara... ―ella sonrió más y él casi, casi, se sentía junto a las estrellas que tanto amaba observar.

Y esas estrellas se veían mejor reflejadas en los ojos de Erza.

¿Verdad o reto, Jellal? ―dijo en ella en respuesta a su declaración.

¿Eh?

Escoge, ¿verdad o reto? ―Jellal alzó una ceja y decidió que era mejor seguirle la corriente.

Verdad...

Yo... ¿te gusto de forma romántica? ―él rió.

Pensé que eso ya estaba claro.

Tal vez lo esté, pero quiero que respondas con claridad ―frunció el ceño y presionó uno de sus dedos con fuerza contra el pecho del azulado―. Contesta.

Bien ―soltó un suspiro―. Sí, me gustas románticamente, y para ser aún más claro ―la miró con decisión―, estoy completamente enamorado de ti, Erza Scarlet...

Erza ni siquiera se preocupó por la sonrisa tonta que se formó en su rostro al escucharlo.

Y supongo que es mi turno ―Jellal la tomó de la mano, intentando calmar lo que sentía al verla tan feliz al escuchar sus sentimientos―, ¿verdad o reto?

Verdad... ―escogió.

¿Yo te gusto de manera romántica? ―le devolvió la pregunta.

Mucho ―respondió sincera, con cada palabra que se decían su corazón se sentía más ligero―, y también estoy enamorada de ti, Jellal Fernandes...

Lleno de felicidad al escucharla, el joven no pudo contenerse, y la besó.

La besó con gentileza, la besó con dulzura; y, con un pequeño deje de avidez, sus dedos se enredaron en el cabello escarlata de ella y la apegaron más a él, algo que ella agradeció pues si con el beso en la mejilla había quedado atontada, con ese beso que estaba compartiendo con él sus rodillas parecían querer ceder, así que se sujetó con su mano libre de la chaqueta negra del uniforme de él para evitar caer de forma vergonzosa al suelo.

Ambos volaban alto.

Demasiado cerca de las estrellas, como para arriesgarse a caer.

Sabes, Scarlet... ―dijo Jellal con una gran sonrisa cuando se separó de ella para poder respirar, acariciando su mejilla acalorada con los nudillos―, hay algo más que debo decirte...

¿Qué? ―preguntó con una sonrisa idéntica a la de él.

Que te vez bonita hasta con bigote... ―Jellal rió cuando Erza se llevó las manos a la cara, recordando el bigote que Mirajane le había hecho con marcador permanente.

¡Cómo se le había olvidado quitárselo!

¡Esa demonio! ―reclamó furiosa, clamando venganza y retando a todo aquel que intentase calmar su ira.

Jellal reía divertido.

Al final él intentó ese reto de calmarla.

Lo intentó con un gran abrazo y más de esos besos salidos de libros de romance.

...Un reto que a ambos les encantó llevar a cabo...

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¿Reviews?

Sus reviews motivan a escribir en medio de tantas responsabilidades de la vida adulta.

QwQ

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Rincón De La Escritora En Proceso:

Pues sí, el fluff, la miel, l´amour de un shoujo escolar en medio del diluvio que cae sobre mi casa. ¿Qué mejor que eso para calentar el corazoncito? 7v7)r Espero les haya gustado. Mira es una pilla... xD


Agradecimientos:

Adorables reviewistas con cuenta os contesto por PM:

Erza PS

Bluewater14

Stormy Night Of Rain92

Ryuketsu No Hana

Hati Chan

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Mil gracias por leer.

¡Adieu!

.o./

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