El Caballero del pasado
Capítulo 3: recuerdos del pasado
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Heero vio la armadura, ciertamente se trataba de un caballero cruzado, era una de las tantas armaduras de la familia, pero si mal no recordaba era la que faltaba del día que su padre se marchó de la mansión en Ambrosia.
- No entiendo nada ¿qué hace una armadura tapiando la pasada?
Heero se acercó a Duo preocupado, ciertamente un doncel no debía llevarse ese tipo de impresiones, pero dudaba que alguien estuviera preparado para enfrentarse a un cadáver de ocho siglos. Movió levemente al trenzado y consiguió despertarlo.
- No es sólo una armadura, sir – le dijo Heero tratando de tragarse las emociones, consiguiéndolo a duras penas – si os fijáis bien, no se ha desarmado, por lo cual hay restos humanos dentro.
- ¿Crees que se trate del último duque de Ambrosia? – dijo Quatre intrigado – si lo movemos podríamos dañar lo que hemos encontrado.
- Debemos pasar al otro lado – dijo Heero viendo como Duo evitaba mirar el cadáver – hay muchas cosas extrañas aquí – se enderezó y ayudó a Duo a ponerse en pie – ¿estáis bien, sir? Os veis muy pálido.
- No todos los días te encuentras con la momia de un cruzado – le replicó.
- Lo has llamado sir – dijo Quatre molesto – lo mismo que a mí, es un adjetivo molesto…
- Es una señal de respeto – le replicó sosteniéndole la mirada – si vos no queréis admitir que sois doncel, deberíais disimularlo mejor.
- Vamos, veamos que otra sorpresa nos depara esta cámara – dijo Duo viendo como el rubio abría y cerraba la boca sin atinar a responder – Heero tiene como un sexto sentido para detectar a los donceles, no puedes mentirle – le dijo en voz baja al pasar por su lado – pero no dirá nada.
Heero movió con cuidado al que creía eran los restos de su padre y consiguió abrir la cámara, ciertamente se trataba del mausoleo familiar, todos aquellos retratos traían a su mente fuertes recuerdos del pasado, violentos acontecimientos.
- Alguien trabó la salida de este lado – dijo Quatre pensativo.
- Y alguien selló la entrada del otro lado – dijo Heero caminando hacia donde recordaba que estaba la puerta – por las rendijas del dintel y la puerta hay rastros de brea – le mostró a Quatre – del otro lado no ha de verse la puerta.
- Eso quiere decir que el cruzado que encontramos fue encerrado aquí de alguna forma.
- El padre del último duque de Ambrosía supuestamente se marchó, cuando este y su hermano mayor eran muy jóvenes, a las cruzadas y nunca más se supo de él – le dijo Heero mirando las paredes con los retratos de sus familiares, sólo faltaba el suyo – se le informó a la familia que nunca había llegado al frente, pero tampoco es que eso fuera tan extraño de parte de los caballeros, tal vez un naufragio o un salteador en los caminos, sabrá Dios.
- Pero aquí hay un caballero cruzado – dijo Quatre.
- Espera ¿y si la duquesa, en venganza por los constantes devaneos de su esposo, lo encerró aquí?
- Bueno, lo cierto es que nadie le vio embarcarse a las cruzadas, sólo se dedujo que había partido a ellas porque faltaba una de sus armaduras – le dijo Heero – sus hijos no estaban allí, uno había sido enviado al colegio de los agustinos y el otro a un convento, sólo era la palabra de su madre.
- No creo que una mujer medieval pudiese hacer algo así – dijo Quatre – Lady Gynever…
- Vos no sabéis mucho de ella – le mostró el retrato de una mujer. Ella era una mujer de bellas facciones pero de mirada dura, penetrante, fría – Gynever de Yuy era una mujer dura, celosa, malvada y vengativa. Odiaba a su esposo, al que le dio cuatro hijos – señaló los retratos de los niños – los dos del medio murieron poco después de este retrato, según decía ella, por una enfermedad, el hijo mayor creía que ella los había envenenado.
- ¿Cómo sabes esas cosas?
- Yo soy descendiente de la familia – dijo Heero.
- El penúltimo de los duques de Ambrosia dejó muchos hijos bastardos – dijo Duo – ellos no podían heredar nada, pero sí conservaron su sangre y su memoria.
- Y ninguno de sus hijos legítimos dejó descendencia – dijo Quatre pensativo – el hijo mayor falleció extrañamente un día antes de su boda y el matrimonio de su hermano nunca se consumó…
- El hijo menor jamás se casó con Lady Relena – le dijo Heero – fue una invención de la duquesa quizás con el afán de conservar el título – movió con cuidado uno de los retratos – Lowe Yuy fue encerrado aquí, diría que este podría ser su diario de encierro – se lo entregó a Quatre.
- Sabes dónde está todo – le dijo asombrado tomando el cuaderno – es un lenguaje muy antiguo, no lo comprendo bien.
Duo guardó silencio, ahora estaba verdaderamente convencido que Heero había cruzado el tiempo, pero ¿Por qué? Los suyos habían desaparecido hacía muchos siglos, incluso ahora estaban ante el que podía ser su padre.
- Heero – le dijo preocupado.
- Aquí debe de haber algo que señale por qué ha pasado todo – le dijo este apenas moviendo los labios, sin que saliera sonido alguno de sus labios, y Duo, entrenado para descubrir de qué hablaban los estudiantes durante un examen, supo de inmediato lo que le decía.
- Debemos regresar, los expertos deben examinar todo – dijo Quatre – no diré nada de tu familia, no tendría con qué probar nada, pero creo que realmente ese cruzado es Lowe Yuy.
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Heero había estado en silencio desde que los expertos sacaron del mausoleo el cuerpo momificado de su padre, el diario había sido clave en dar con lo que le había pasado. Dos caballeros lo habían citado para conversar con él a nombre del rey, había acudido a la cita y los había invitado a la mansión a comer. El hombre no había sabido de la presencia de su esposa en el lugar, pero creía que le había puesto algo en la comida o la bebida, porque cuando despertó estaba encerrado allí, el olor a brea quemada era potente, sólo las salidas de aire estaban descubiertas, intentó salir por los pasillos secretos, pero algo impedía el paso…
- No deseo escuchar más – dijo Heero mirando a Duo – si ella planeó esto ¿en qué más habrá estado metida? ¿No sería a causa suya la muerte del hijo mayor o la acusación de traición del menor?
- La armadura señala que se trata de Lowe Yuy – dijo un joven de aspecto chino – se encuentra muy bien conservado, con poco podría identificar como era cuando estaba vivo.
- Esta familia es muy intrigante – dijo Quatre – Wufei Chang es experto en reconocimiento facial y recuperación de aspectos físicos tanto de personas como de animales y construcciones.
- Y él se parece mucho al último de los duques de Ambrosia – dijo Wufei – allí está el retrato del niño Heero Yuy, pero el parecido es enorme.
- Heero es descendiente por una línea no reconocida de la familia – le informó Quatre – no puedes pensar que se trate del original ¿verdad? – se rió el rubio – tendría más de ochocientos años.
- Si, tienes razón, no existen los viajes en el tiempo – dijo el moreno pensativo – ¿sabes que nos podrías ser de utilidad para la investigación? Si eres descendiente de la familia, con un poco de tu ADN podríamos comprobar si ese es Lowe Yuy y con eso probar que esto es tuyo.
Heero lo miró intrigado ¿a qué se refería con eso? Miró a Duo y luego a Quatre.
- Creo que debo pensarlo – dijo evasivo – podría ser un poco arriesgado desenterrar historias sórdidas del pasado.
Duo suspiró, Heero tenía un punto a su favor, pero lo que de verdad le preocupaba es que la famosa prueba de ADN podía dar como resultado que Heero era el hijo de Lowe Yuy, o que en realidad no fuese hijo del hombre, como la madre había dicho alguna vez.
- Bueno, te dejo que lo pienses – dijo el moreno volviéndose hacia Quatre – vamos a ver si encontramos alguna otra cosa en ese mausoleo.
Duo puso su mano sobre la de Heero cuando vio a los otros jóvenes alejarse, sabía que estaba ocultando muy bien sus emociones, pero en algún momento se podía romper la máscara.
- ¿Estás bien? – le dijo preocupado.
- No, mi propia madre estuvo involucrada con la desaparición y muerte de mi padre – dijo apretando los puños – siempre sospeché que era mala, pero comprobarlo duele bastante.
- Bueno, siempre hay decepciones en la vida, y tienes que tener en cuenta que debe haber sido difícil su vida con un hombre con la que fue obligada a casarse.
- Madre era dura y orgullosa, pero nunca pensé que fuera capaz de matar a su esposo.
- Una mujer que golpea a sus hijos hasta dejarlos medio muertos no es precisamente postulante a ser santa, Heero – tomó su mano – sé que es difícil de aceptar, mucho más de superar, pero tú mismo me dijiste que ella era un cuento aparte.
- Supongo que si – suspiró llevándose la mano de Duo a los labios – en el fondo creo que siempre supe que algo raro había pasado cuando ni se angustió por su desaparición.
- Bueno, olvidémonos de ella – le dijo separando su mano – me preocupa lo que te pidió ese chino.
- ¿Qué es eso de ADN?
- El ADN es algo que llevamos en nuestros genes, es un material tan pequeñito que sólo puede ser descubierto con una herramienta llamada microscopio, es una cadena de información que ninguna otra forma puede ser comprendida – trató de ser lo más simple posible – ella puede decirnos quién es una persona, porque es única en cada persona.
- Pero dijo que podía ayudarle a identificar a mi padre.
- Si, porque compartimos material genético con nuestros progenitores y hermanos – se sentó más cerca de él – es como estas marcas en las yemas de los dedos, las llamamos huellas digitales, son únicas en cada persona, ni siquiera se repiten en nuestros propios dedos, y nos identifican a cada uno como un ser único y exclusivo.
- Tenéis dedos hermosos – le dijo acariciando la mano con la que le enseñaba – sois un buen maestro, eso es seguro, vuestros alumnos son muy afortunados.
- Bueno, hay algunos que lo creen así, otros creen que soy su maldición – se rió.
- Sólo un demonio podría sentir que sois una maldición, bello ángel – besó el dorso de su mano – pero no me decís que opináis de dar esa cosa.
- Podría dar varios resultados – dijo liberando una vez más su mano – lo más lógico es que aparezcan compartiendo un cierto porcentaje de ADN, algo así como la mitad, lo que señalaría que es tu padre; pero también podría ser que no lo compartiera, en cuyo caso se abren otras posibilidades: o el hombre de la armadura no es Lowe Yuy o Lowe Yuy no era tu padre biológico.
- No entiendo eso último – admitió.
- Digamos que fue otro el que te pudo haber engendrado.
- Ya veo – dijo pensativo – pero a vos os preocupa lo primero ¿verdad?
- ¿Cómo explicaríamos que compartas tanto material genético con él?
- ¿Endogamia? – le dijo divertido.
- Si, tienes razón, aunque debería haber alguna falla genética de por medio a causa de esta práctica – miró a Heero y luego sonrió – te tocó la buena de la lotería genética.
Heero lo miró intrigado al ver que el trenzado se ponía de pie y comenzaba a caminar alrededor de los asientos en los que descansaban.
- Tanto los genes buenos como los malos son recesivos, se saltan generaciones, y a ti te tocó estar en una de ellas – le revolvió el cabello – eres hermoso e inteligente, y tienes el don de leer a la gente sencilla…
- Y me gustáis vos – le dijo divertido – calmaos y sentaos, le daremos eso que nos pide.
Duo sonrió, Heero era, para ser un hombre medieval, todo lo contrario a lo que decían los libros de historia que eran los hombres de su época. Quizás fuese por su enseñanza, quizás fuese exageración de los historiadores, eso no lo podía saber, pero realmente era un buen tipo.
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Quatre los había invitado a quedarse en la mansión mientras esperaban los resultados de las pruebas de ADN y de la reconstrucción facial de Wufei.
- Hemos encontrado otra cámara del otro lado del mausoleo – les dijo Quatre – al parecer la familia tenía ciertos parentescos con los pictos que podrían permitirles reclamar la corona de Juan sin tierra, incluso del propio Ricardo corazón de León, pero nunca nadie de la familia reclamó este privilegio – les mostró un montón de documentos – esto podría ni gustarle a la actual familia real ¿saben? Siempre se ha dicho que ellos no tienen derecho legítimo a gobernar.
- Como si fuera un privilegio ser rey o reina, tal vez – dijo Heero – es hacerse de un mar de preocupaciones que no merecen el ser llamado "su majestad" o "su excelencia", a mi ver es una idiotez querer ser soberano.
- Hay gente que piensa lo contrario.
- Primero hay que ser capaz de gobernar tu hogar antes de tratar de gobernar una nación – le dijo Heero – el gobernante debiera ser servidor de su pueblo y no servirse de su gente.
- Heero tiene una idea superior de la política – intervino Duo divertido – supongo que el haber sido educado en un convento lo hace ver el mundo diferente.
- ¡Tengo el rostro del cruzado! – dijo Wufei dejando las imágenes impresas del hombre frente a ellos – me pregunto si es el rostro real de Lowe Yuy.
Heero tomó las hojas y las repartió por la mesa, sentía que algo se rompía pero alcanzó a contenerlo a duras penas, aquel hombre era su padre, un hombre bueno que había muerto encerrado de hambre, de sed y posiblemente que hasta de frío.
- ¿Aún no hay noticias del ADN? – dijo Duo preocupado detectando apenas el dolor del caballero, queriendo darle consuelo, pero no pudiendo para no ponerlo en evidencia.
- Bueno, el doctor Q dice que hay cosas extrañas en el ADN de tu novio – miró al castaño que seguía con la mirada en las imágenes – tiene anticuerpos para enfermedades que hace siglos no tiene el hombre, tiene exceso de hierro en la sangre, muy bajos los niveles de azúcar y triglicéridos, el colesterol de un niño de cinco años y comparte el 50% del ADN del caballero que encontramos en el mausoleo.
- Creo que es suficiente, Wufei – le dijo Quatre preocupado – creo que el pobre está asimilando demasiadas cosas en este momento como para dar explicaciones que no tiene.
- Heero, vamos a descansar, hemos descubierto demasiado para un solo día – le dijo Duo abrazándolo y llevándolo a la habitación que compartían.
- Mi madre es una asesina – dijo al fin cuando estuvieron en su habitación – lo sabía.
- Heero, eso no es culpa tuya, las malas decisiones son responsabilidad de quien las toma – lo obligó a sentarse en la cama – y sé que tú eres mucho mejor que eso.
- ¿Qué les voy a heredar a mis hijos? Una herencia marcada por la sangre de su abuelo…
- Nadie nos creería que eres un viajero del tiempo – le dijo en silencio – no tenemos que decir nada, ellos llevan muchos siglos muertos.
- Sabéis consolar muy bien, ángel mío – le sonrió a medias y se abrazó a su pecho – creo que me comporto como un crío ante vos – y cerró los ojos dejando que las lágrimas corrieran – me creía un hombre duro, pero ahora siento que me caigo a pedazos.
- Hasta el roble más duro puede romperse, Heero – lo abrazó – es señal que somos seres humanos y no simples máquinas sin sentimientos – le revolvió el cabello – y yo creo que tú eres un hombre bueno – le tomó el rostro y lo besó en los labios – por eso me gustas.
- Bueno es sólo Uno – le replicó más calmado – pero gracias.
- El hombre es intrínsecamente bueno – le dijo Duo divertido – recuerda que fue creado a imagen y semejanza de Dios ¿acaso no te lo enseñaron los monjes en el convento?
- Supongo que tenéis razón, sólo que algunos no cupieron en el molde – dijo separándose al fin – supongo que tendré que preguntar qué harán con mi padre.
- Pobre, por lo bien conservado que está, lo más probable es que termine en un museo…
- Vaya, tendrá el mismo privilegio de los faraones – dijo divertido – nunca le gustó la pompa del poder, podría ser duque, pero casi nunca estaba en la corte del rey si podía evitarlo, decía que sólo los que valían poco se daban valor por lo externo.
- Me habría agradado tu padre – le dijo sentándose a su lado.
- Me pregunto si ella habrá visto esos documentos – dijo pensativo – si realmente la familia era descendiente de los pictos, ella podía ser reina y rodearse de los lujos que tanto ambicionaba y que él jamás le daba – miró a Duo – la familia tenía grandes riquezas, por eso Juan sin tierra quería tenernos de su parte, quizás por eso…
Un golpe en la puerta detuvo las elucubraciones de Heero.
- ¿Puedo pasar? – dijo Quatre.
- Adelante – dijo Duo luego de mirar a Heero.
- Bueno, quería avisarles que la prueba de ADN ya concluyó, el hombre allí es idéntico a los retratos que encontramos, por lo tanto se trata de Lowe Yuy. Por los resultados de este, se concluye que el hombre no murió de hambre ni de sed, sino de intoxicación por inhalación de gas, murió asfixiado por la quema de la brea que lo encerró – suspiró – aunque de todas maneras iba a morir, al parecer se le suministró un potente veneno con efecto retardado, que no alcanzó a ser metabolizado.
Heero miró a Duo sin entender mucho de lo último que decía el rubio. Suspiró y abrazó al trenzado no queriendo escuchar más respecto al pasado, sino queriendo saber qué iba a pasar en adelante con su padre.
- Wufei me informó que el museo de Londres está interesado en este cuento, pero duda en entregarlo porque existe familia que puede reclamar el funeral del hombre, y según su cultura, debiese darle sepultura cristiana.
- Pero para ello tendríamos que desenterrar la historia de la familia – dijo Duo apoyado en el pecho de Heero – es bastante sórdido el asunto.
- Bueno, se puede usar la correspondencia del ADN para verificar la descendencia – le dijo – sólo deben explicar cómo es que Heero comparte el 50 % del ADN de Lowe Yuy después de ocho siglos de la muerte de este.
- En los campos de Gales quedaron muchos hijos bastardos del hombre – dijo Heero enredando sus dedos en la punta de la trenza de Duo para disimular sus dedos cruzados – muchos ni siquiera sabían que eran descendientes de la misma familia, no es extraño que los genes se crucen.
- Es posible – dijo Wufei pensativo entrando sin permiso en la habitación – y no hay otros referentes con los que cruzar datos, pero ¿cómo explican lo demás?
- ¿Es verdaderamente importante? – dijo Duo enderezándose y lanzándole una mirada desafiante – no tenemos idea y menos sabemos explicarlo.
- No creo que Heero sea un hombre medieval – le dijo Quatre molesto – eso es estúpido, tendría más de ochocientos años, ya te lo dije – agregó – los viajes en el tiempo no existen.
- Bueno, pero es extraño – le dijo el chino en el mismo tono – sé que es imposible, pero necesito una explicación a lo que pasa.
- No todas las explicaciones son necesarias – dijo Heero – a veces hay que dejar que las cosas fluyan, aunque no las entendamos – dijo recordando lo que le había dicho Duo sobre el funcionamiento de la tecnología.
- Mmm – dijo Wufei cruzándose de brazos molesto.
Duo sonrió divertido, Heero era bastante bueno a la hora de usar las palabras, de seguro que sería un buen líder si se le diera la oportunidad.
- Bueno, Heero, la decisión es de ustedes, si reclamas ser heredero de Lowe Yuy, todo lo que encontremos a partir de ahora será tuyo, y deberás decidir qué hacemos con su momia – le dijo Quatre – pero ten en cuenta que si entregamos lo encontrado al museo, podrías ser interrogado por muchas cosas.
- Además, te asiste el derecho a reclamar la corona británica, si se comprueba que los documentos son verdaderos – agregó Wufei.
- Lowe estuvo encerrado en un mausoleo por ocho siglos – dijo Heero – creo que sería una justa venganza que su memoria sea recuperada; lo de la herencia de los pictos jamás se comprobó en el pasado, dudo que, aunque descubráis que los documentos son verdaderos, consigáis probar esa herencia. Además, no me interesa ser rey.
- Bueno, aún nos queda el misterio del último duque de Ambrosia – dijo Quatre – los anales dicen que Juan sin tierra lo llamó a su corte acusado de traición, pero que este apareció muerto días más tarde en el altar de la capilla de uno de sus castillos, así que nunca se llegó a un juicio por el asunto y nada se dice del tipo de traición que habría cometido.
- Quizás alguien más sabía de esos documentos – dijo Wufei pensativo – Juan sin tierra no tenía derecho a ser rey, eso todos lo saben, pero él tenía documentos que parecían darle ese derecho – caminó alrededor de Quatre – quizás esta familia no tenía ambición alguna de llegar a ser reyes, si el diario de Lowe dice la verdad, pero Juan debió tener miedo, ten en cuenta de que eliminó a todo aquel que quiso poner freno a su ambición, y por ello quiso deshacerse del duque.
- Sólo que el hombre se murió por su propia cuenta antes de ello.
- ¿Cómo sabes si no fue envenenado por su propia madre, como aconteció con el padre?
- Son meras especulaciones – le replicó Quatre – no podemos probar nada.
- Quizás en el lugar en el que supuestamente falleció… - dijo Duo y se calló al recibir la mirada de Heero.
- ¡Esto es estúpido! – dijo Wufei furioso saliendo de la habitación.
- Tiene bastante mal humor vuestro amigo – le dijo Heero – debe andar en esos días malos.
Duo miró a Heero asombrado y luego se dijo que sólo estaba interpretando a su pinta las palabras del caballero, podían no significar necesariamente lo que creía.
- Oh, Wufei siempre anda de mal humor, pero se pone peor cuando las cosas se complican.
"Para mí que le hace falta una buena sesión de sexo", se dijo Heero, pero refrenó su lengua en respeto a ambos donceles.
- Bueno, los dejo que descansen, en la mañana nos pondremos en contacto con el museo de Londres y las autoridades para que…
- Necesitamos decirte algo antes – dijo Duo poniéndose de pie y cerrando la puerta con cerrojo – Heero no tiene documentos.
- ¿Se los robaron?
- Si quiera hubiesen hecho el intento – dijo Duo moviendo la cabeza – Heero ni siquiera existe para las autoridades británicas.
- ¿Es un ilegal? – dijo asombrado.
- Algo así, pero es un habitante de este país.
- No entiendo nada – dijo al fin el rubio.
- Nací el día 2 de diciembre en el año 1230 del Señor, en la mansión de Ambrosia mientras mis señores padres y mis hermanos mayores esperaban la natividad del Señor – le informó Heero.
- Eso es imposible, los viajes en el tiempo…
- Desconozco el motivo por el cual fui enviado a este tiempo – admitió – allí estaba yo, tratando de pedir el auxilio de Dios en medio de una acusación de traición, cuando se sintió un violento ruido y me encontré con un hermoso ángel que era perseguido por enormes perros salvajes – miró a Duo – ellos nos atacaron y terminamos en este mundo.
- Yo tampoco podía creerlo – intervino Duo – pero tenemos el dinero que Heero portaba, junto a su armadura y sus armas, fueron tasadas por un anticuario y valen muchísimo, incluida su capa.
- Entonces, eso explica lo encontrado en su sangre, y el hecho que comparta el 50 % de los genes de Lowe Yuy – dijo Quatre emocionándose – esto es genial, podríamos descubrir tantas cosas del pasado de esta familia.
- Eso no soluciona el problema actual – dijo Duo molesto.
- Oh, cierto – dijo Quatre comenzando a pasearse pensativo – creo que podría conseguir algo, tengo un par de contactos por allí con la mafia italiana…
- No es necesario saber el cómo, sino si vais a conseguirlos – le dijo Heero, temiendo que aquello no fuera por buenas artes.
- Claro que sí – sonrió divertido – me encargaré de ello de inmediato y se los tendré por la mañana, pero a Wufei le va a dar un ataque…
- No se lo contéis a vuestro amigo por el momento – le dijo Heero – sería entrar en demasiadas explicaciones que aún no tenemos.
- Sí, creo que tienes razón – suspiró y abrió la puerta – al desayuno hablamos – se retiró.
- ¿Habremos hecho bien al confiar en él sin casi conocerlo? – le dio Duo preocupado.
- No tenemos por qué cargar con todo solos, a veces viene bien aceptar una ayudita ¿no os parece? – se puso de pie – además, está tan loco como nosotros para creernos así, sin más.
Duo se rió y tuvo que darle la razón.
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Al desayuno Quatre les entregó una carpeta, allí estaban todos los documentos que identificaban a Heero como ciudadano italiano, nativo de Sicilia, pero con ancestros británicos de la segunda guerra mundial – todos reales por cierto – de estudios en arquitectura y escritura medieval británica, formado en escuela de monjes e interesado en conocer el origen de sus ancestros.
- Wufei está molesto, pero está dispuesto a seguir con la investigación – les dijo – está llamando a las autoridades correspondientes y podremos muy pronto tener los debidos permisos para investigar en Gales y hacer excavaciones si es necesario.
- En la capilla en que nos conocimos puede haber algún dato que nos sirva – dijo Duo pensativo – allí había un cementerio en donde decía que estaba enterrado Heero Yuy.
- ¿En serio? – dijo Wufei dejando una nueva carpeta sobre la mesa – pues tenemos otro problema, hay otro hombre que dice ser descendiente de la familia que alega ser heredero de todo – les mostró los papeles – dice ser descendiente de uno de los tantos bastardos de Lowe Yuy y quiere que le devolvamos esta mansión.
- Bueno, pero nosotros tenemos la prueba de ADN de Heero, así que tiene la primera opción de reclamación ¿no? – dijo Quatre – el tipo es bastante guapo.
- ¿Trowa? – dijo Heero asombrado.
- ¿Cómo sabes cómo se llama? – le dijo Wufei.
- Allí lo dice – le dijo Quatre de inmediato – aunque ciertamente se parece a uno de los niños de los retratos ¿no creen?
- Era el hijo mayor de Lowe Yuy – dijo Heero pensativo. ¿Y si su hermano había sido llamado del futuro del mismo modo en que había sido llamado él? Tal vez eso explicara su extraña muerte.
- Bueno, de seguro aparecerán más descendientes de Lowe ahora que se sepa que encontramos al hombre – dijo Wufei – pero de momento el único que tiene pruebas es Heero, así que eso es lo que se tramita.
- Volvamos a Gales y a los restos del castillo – dijo Duo mirando los documentos – allí están las respuestas.
- Por cierto, del museo de Londres vendrán en un par de horas a hacerse cargo de Lowe Yuy, dicen que se merece un debido respeto como el personaje que era – miró a Heero – además, me señalaron que podías reclamar las riquezas pero no el título.
- No me interesa – dijo Heero tranquilo.
- Bien, aunque yo creo que lo hacen para que no reclames algo en contra de la corona.
- Es ridículo, si mis antepasados no quisieron hacerlo cuando su palabra tenía peso, ¿por qué iba a hacerlo yo, cuando no hay maneras de probarlo? Se parecen a Juan sin tierra.
- Supongo que son un poco paranoicos en ese aspecto – dijo Quatre.
- Voy a necesitar un diccionario – le dijo a Duo moviendo los labios y este asintió divertido.
- Bueno, les dejo el número de donde nos estamos alojando en Gales – dijo Duo poniéndose de pie – cualquier cosa, nos llaman, nosotros iremos a visitar las ruinas del castillo.
- Claro, no hay problema – dijo Quatre.
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Volver a las ruinas del castillo había sido algo complicado, pues tan pronto como llegaron al hostal se encontraron con que Traize los había demandado por el golpe que Heero le había dado, aunque no contaba más que con la palabra de su hija para apoyarse.
- Lo debí dejar mudo del puñetazo – dijo Heero fastidiado – no debió de insultaros.
- No va a conseguir nada – les dijo Sally divertida – las leyes de este país no admiten la declaración del familiar de uno de los afectados, o de alguien involucrado emocionalmente, pero aquí hay muchos que pueden declarar a favor de Heero.
- Olvidemos a ese idiota – dijo Duo – pero necesitamos un vehículo para viajar…
- El idiota ese no os ha devuelto vuestras pertenencias – dijo Heero.
- Dejó dicho que no le entregaría nada hasta que se diera cuenta del error que estaba cometiendo – le dijo uno de los empleados.
- No importa, podemos dejarle las cosas de recuerdo a su idiotez – le dijo Heero divertido – yo pagaré el viaje.
- No es que me agrade – dijo Duo molesto – de todas maneras ¿dónde podemos alquilar un coche? Necesitamos hacer un viaje.
- No es que haya mucho de donde escoger – le dijo Sally – pero mi amigo Zec les puede alquilar uno a buen precio – les dio una dirección.
El lugar era unas cuadras más hacia el sur, y el hombre se le hizo familiar a Heero, tal como el otro, pero ¿de dónde? El recuerdo era demasiado vago para asociarlo por completo.
- Tal vez algún ancestro suyo – le dijo Duo cuando se lo comentó – después de todo, americanos u británicos tenemos ancestros comunes.
- Puede ser, pero tienen algo que ver con mi pasado, pero no recuerdo bien.
- Venga, deja de preocuparte por eso – le dijo – en algún momento los recuerdos caerán por su propio peso, no trates de forzarlos.
Se subieron al vehículo y se dirigieron hacia las ruinas del castillo.
- El cementerio se ve diferente – dijo Heero al bajar y entrar por el estrecho camino y se detuvo junto a la que decía era su tumba – alguien estuvo aquí – le señaló al ver las flores que estaban junto a la lápida – y fue hace poco, se ven frescas.
- Si, han limpiado el camino, por eso se ve diferente – lo tomó del brazo y caminaron hacia la semiderruida capilla – igual han sacado un poco de maleza y pueden verse parte de lo que fueron vitrales…
- En este de aquí había uno que se parecía mucho a vos – le dijo y se empinó a retirar un poco más de mugre – aún quedan restos, aunque no se ve el rostro. Madre y Lady Relena odiaban esa imagen, pero era regalo de un hombre santo y hay que ver que encontrar cristales en ese tiempo era más difícil que conseguir tinta púrpura.
- Vaya – dijo mirando los destartalados bancos – aquí nos encontramos esa tarde.
- Si, yo estaba preocupado por la orden del rey cuando os escuché pidiendo auxilio – caminó hacia el altar – el Señor me puso en vuestro camino y nos salvó a los dos – señaló la cruz colgada – creo que nacimos en tiempos diferentes pero hemos sido juntados por algo, quizás para limpiar la historia de mi familia.
- ¿Esta capilla formaba parte de algo más?
- Por supuesto, el castillo de Ambrosia – le tendió la mano y lo sacó por una puerta lateral – esta era la sacristía, allí guardaba sus ornamentos sagrados el padre Máximo – sonrió por el recuerdo – era un hombre de baja estatura que para nada le hacía honor a su nombre – cruzaron la sala y salieron por otra puerta hacia un patio de piedra – este sector era donde se detenían los coches y los caballos – señaló hacia su izquierda – allí estaban las caballerizas en donde podían ser alojados hasta quince caballos – lo guió hacia las caídas puertas de hierro – hacia allá estaban los talleres artesanos, padre tenía bajo su protección a varios grupos; unos hacían telas, otros las teñían, había una curtiembre, un grupo de zapateros, incluso hasta contaba con sus propios herreros.
- Tu padre tenía casi una nación bajo su cuidado.
- Quizás esa haya sido la causa de haber sido acusado de traición – dijo pensativo – yo no deseaba entregarle mis recursos a Juan sin tierra sin la garantía real de que no los iba a malgastar como hacía con los impuestos de los barones, nunca me bastó su palabra de que no me dejaría en la ruina, menos cuando era para sostener una guerra en contra de su propia gente.
- ¿Y hacia allá? – señaló el lado contrario.
-Bueno, es lo que queda de la casa principal – caminaron hacia allá – las puertas eran de madera de ébano traído del Líbano por algún ancestro, no recuerdo cual, no prestaba mucha atención cuando contaban esas historias, y el jardín se poblaba de aromáticas rosas en verano, un olor que podía ser embriagante como molesto en el segundo nivel, en especial en la habitación en donde las mujeres de mi familia iban a bordar – hizo un gesto – al menos la abuela lo hacía, pero mi madre odiaba hacer labores manuales, y mi prometida pensaba lo mismo.
- O sea, que ellas se llevaban bastante bien.
- Bueno, hacia ese sector estaban los comedores y las cocinas, arriba, hacia el este, estaba mi habitación, desde allí podía verse el valle y las plantaciones de trigo, los animales pastando, las trillas, los árboles frutales – siguió con la mente nostálgica – en los días del verano cabalgábamos a campo traviesa, ayudábamos a nacer a terneros y corderos, bajábamos la fruta…
- Parece que se divertían bastante.
- Bueno, eso cuando no había sequía – suspiró volviendo al presente – los últimos años, cuando asumí el ducado, tuvimos malas siembras, casi no llovía o el rey exigía tributos enormes para sus grandes y fastuosas fiestas, tuve que sacrificar animales finos en más de alguna ocasión para que mi gente tuviese de comer en invierno.
- ¿Y qué decía tu madre?
- Ella estaba furiosa, yo solía acoger a los desamparados, incluso acogí a un grupo de soldados que venían muertos de hambre desde el norte, creo que eran escoceses o algo así.
- Con razón te acusaron de traición, los escoceses siempre le dieron pelea a la corona británica buscando ser nación soberana, sostuvieron una guerra con ellos por siglos.
- Eran hombres muertos de hambre y frío, no podía negarles mi ayuda, recuerda que prácticamente fui criado por monjes agustinos, que tuve preparación para ser sacerdote…
- De acuerdo, de acuerdo – le dijo levantando las manos queriendo ahorrarse el sermón – lo hacías cumpliendo con tu deber de buen cristiano.
- Aunque ciertamente podía ser un cargo en mi contra. Cuando vinieron los cobradores de impuestos del rey, ellos ya se habían marchado y no tenía con que alimentar a ese grupo de glotones borrachos, les dije que no podía alojarlos, que se podían llevar los impuestos en oro, pero que no había nada más – movió la cabeza caminando entre las ruinas de las cocinas – madre estaba furiosa, decía que nos íbamos a ganar el rencor del rey.
- ¿Y qué pasó con ellos?
- Pues el rey les dijo que eso no tenía importancia porque yo había pagado bien – movió la cabeza – había mandado más del oro que pedía, así que era buen súbdito.
- Era bastante extraño ese rey – dijo divertido.
- Madre no podía hacer nada, yo era el duque y se hacía lo que decía – movió una piedra – por aquí debe de haber una entrada hacia un pasillo subterráneo – dijo pensativo – la despensa en donde se guardaban los alimentos de corta duración era bastante helada hasta en verano, por ello se guardaban las carnes frescas, tenía una puerta de piedra enmarcada en madera, así que debe de estar por aquí…
Duo movió un par de piedras y vio un rectángulo cortado en el suelo.
- Genial, sigue aquí – le dijo Heero – la madera se deshizo a los largo de los siglos, pero la piedra no se disuelve, es la entrada a la bodega secreta de la familia – buscó una ranura – va a ser difícil abrirla, necesitaremos algo con qué hacer palanca para levantarla, las bisagras no funcionan porque no tienen en qué apoyarse.
- Tal vez fuera mejor esperar que Quatre y Wufei llegasen, ellos de seguro traerán más gente que pueda ayudarnos a descubrir…
- ¿Por qué queréis traer gente extraña a descubrir los secretos de la familia Yuy? – dijo una voz masculina desde su derecha.
Heero levantó la cabeza, esa voz la conocía perfectamente, pero no la escuchaba desde hacía mucho, desde que conversaron en el convento sobre su intención de convertirse en sacerdote.
- ¿Y tú quién te crees que eres para venir a darnos órdenes? – le dijo Duo molesto – además, estás en propiedad privada.
- Tengo todo el derecho de estar aquí, sois vos quien no debiera estar aquí.
- Dejad al sir en paz, está conmigo – le dijo Heero avanzando hacia el hombre que se encontraba apoyado en una pala – es bueno volver a veros después de tanto tiempo.
- Veo que vos también fuistéis traído a esta época, Heero.
- ¿Acaso se conocen? – dijo Duo mirando finalmente al hombre y abrió la boca asombrado – ¡es tu hermano mayor, Trowa!
- ¿Acaso a vos si os creyeron que eres un hombre de otro tiempo?
- Al parecer tengo mejor suerte que vos – atrajo a Duo a su lado para que Trowa lo viera bien.
- ¡El ángel del vitral! – lo miró – sí, teneis suerte, os quedaste con el ángel por el que peleábamos de niños. Pero, lo llamaste sir ¿es un doncel, acaso? – él asintió – una pateadura con vos.
- Se está guardando las palabrotas por vos, sir – le dijo Heero divertido – yo sospeché que a vos os había pasado lo mismo que a mí, era extraña vuestra muerte, sin causa alguna.
- Los libros dicen que os casasteis con Lady Relena.
- Mentira, si ni siquiera se publicaron las amonestaciones – se encogió de hombros – ni que hubiese deseado casarme con ella, la mujer se parecía demasiado a madre.
- Ya veo, entonces era igual que Middie – dijo – madre había dicho que era la esposa adecuada, que tenía alcurnia y nos acercaría a la corte del rey.
- Estoy seguro que vos, como yo, no queríais ir a "servir" al rey.
- Alto ustedes dos ¿qué secretos guarda esa cámara que no quieren que los extraños lo vean?
- Un tesoro que habría vuelto loco a Juan sin tierra – dijo Trowa.
- Si es que madre no lo encontró primero – le dijo Heero.
- No lo creo, si lo hubiese encontrado no se habría casado con Noventa, se habría casado con el amante ese que tenía, que la ayudó a hacer desaparecer a padre.
- Pues con Duo encontramos a padre en el mausoleo familiar, el experto dice que murió de asfixia por el humo de la brea con el que sellaron la cámara.
- Así que padre jamás se fue a las cruzadas – dijo molesto – así que sois vos quien lo manda a un museo y reclama estas propiedades.
- Podemos compartir lo que encontremos – le dijo – además, pensad que es una justa venganza que padre comparta los privilegios de los faraones, algo que ni Ricardo corazón de León y Juan sin tierra no podrán hacer.
- Sois un malvado, sabéis que a padre no le gustaba la exposición – le dijo.
- ¿Importa mucho, acaso? Lleva ocho siglos muerto, es sólo su momia.
Un ruido de motor llamó su atención y ambos hermanos voltearon la mirada hacia el camino que se veía detrás de los escombros, eran vehículos pesados.
- Son los investigadores dela mansión, al parecer consiguieron los permisos de excavación de los que nos hablaron – dijo Duo.
- Bueno, creo que es mejor que dejemos que ellos hagan el trabajo pesado – dijo Heero – todo lo que encontremos es nuestro, sólo que si aquello sigue allí, vamos a tener que dar explicaciones.
- No me dicen qué es.
- Un regalo que nos hizo un hombre santo cuando llegaron los romanos por estos lados, una reliquia del cristianismo del siglo II.
- Muchos cristianos fueron martirizados a causa de ella – le dijo Heero – pero mi familia la ocultó.
- ¿Qué cosa?
Pero algo silenció a ambos hermanos, un fuerte ruido remeció la tierra y una fuerte y densa neblina cubrió todo…
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Continuará…
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En compensación por la demora, un capítulo más largo, además de agregar la presencia de otros personajes.
¿Qué les parece si agrego el relato de Trowa a la línea principal?
Saludos de Shio Zhang y Wing Zero
