LIBRO 1

CAPÍTULO 8: UN POCO DE SINCERIDAD.

Remus Lupin se esperaba ese tipo de reacción de parte del niño Longbottom.

La delicada misión a la que se había comprometido ante el Director y los jefes de las cuatro casas era demasiado importante. Y es que en la reunión urgente que había seguido al incidente con el boggart "cazador" se había formado una división de pareceres ante la sugerencia del profesor Dumbledore.

Los profesores Sprout (Hufflepuff) , Flitwick (Ravenclaw) y Slughorn (Slytherin, quien se sintió impulsado a hacer una férrea defensa del chico) habían tomado un lado; el propio Dumbledore, la profesora McGonagall (Gryffindor, pero más que nada por su posición de Directora Adjunta) y el profesor Quirrell (quien había emitido su voto más por la impresión dejada por el evento que por haber logrado ver algo) el contrario. Así, el voto definitorio debía provenir de él, el principal testigo del hecho. Si callaba, había empate y el voto del Director era definitorio.

Pero no podía decidir sin más. Por ello había solicitado permiso para hacer personalmente las averiguaciones necesarias antes de decidir lo que, en el fondo, era el futuro del chico: su expulsión del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería traería aparejada la destrucción de su varita y, en los hechos, el exilio del mundo mágico.

Lupin no pretendía proteger al muchacho: eso no sería justo para con el resto de sus alumnos. Pero tampoco podía renunciar a salvarlo sin más; no tendría como justificarse ante aquél que le ayudó un día si decidía sin pruebas.

Su deuda era demasiado grande para actuar con indolencia, sin más.

Resignado a su desagradable tarea el profesor, aprovechando que el muchacho ya estaba vestido, lo invitó a caminar.

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Cinco minutos les llevó llegar ante un cuadro de un campo nevado. Grande, de casi cinco metros cuadrados, llegaba hasta el mismo piso del pasillo que cerraba la pared a la que estaba adherido.

Esa cosa tenía un extraño defecto que provocaba que la escena pintada, que representaba una tormenta invernal, helara sobremanera el ambiente a casi diez metros de distancia, como si la nieve estuviese físicamente allí.

Neville vio como el profesor Lupin miró alrededor del corto pasillo, como si esperara descubrir a alguien. Luego, seguro de que nadie más observaba, introdujo su mano dentro de una pila de nieve acumulada, tirando hacia afuera de lo que parecía ser una puerta de un metro de alto por cincuenta centímetros de ancho.

El profesor le indicó al chico que se introdujera allí, lo que Neville hizo sin dudar.

Mientras gateaban en cuatro patas por el estrecho y oscuro pasaje Lupin le habló al muchacho: "Saldremos en un par de minutos. Llegaremos justo a un almacén de materiales". El muchacho, sin decir nada, solo siguió gateando.

En lo que parecía el final del túnel había una pequeña puerta de madera, sin pomo ni agarradera alguna. Por pura intuición Neville la empujó un poco, cediendo la misma sin problemas. El ruido de las bisagras metálicas de la puerta, notoriamente necesitadas de una aceitada, resonó dentro del cuarto que apenas era iluminado por unas pequeñas ventanas cercanas al techo, el que se elevaba a una distancia demasiado alta.

Dentro, apilados en un precario orden, innumerables artículos que presentaban evidentes daños. Muebles, vajilla, libros y pergaminos, plumas y tinteros, calderos grandes y pequeños, incluso un par de muñecos de peluche y unos cuantos juguetes de madera, todo roto o dañado.

Cuando el profesor, una vez fuera del túnel, se sacude el polvo de sus rodillas y cierra la puerta falsa (que desde dentro parece parte de una pared de madera), el chico finalmente habla, preguntando:

- ¿Qué es este sitio?

- Solo un rincón donde se apilan materiales rotos: muebles, vasijas, libros. En fin, cualquier cosa inimaginable.

- Pensé que todo eso se reparaba con magia.

- La mayoría, pero a veces nos olvidamos y los elfos domésticos que trabajan en el castillo, sin saber si debían arreglar o desechar esas cosas, las terminaban acumulando aquí, a la espera de que alguien les diga si tirarlas o no. Claro, nadie se preocupa por esos detalles y esos pequeños sirvientes son demasiado cuidadosos como para desechar algo que los "amos" pueden requerir en el futuro.

- ¿No saben si deben ser reparados? No comprendo.

- Imagina que estás molesto y, para desahogarte, arrojas un vaso al suelo y lo rompes: no querrías que un extraño viniera y lo arreglara. O que tienes un viejo libro lleno de anotaciones personales, caras pintadas y páginas marcadas, y viene otro y le quita todo lo que le hacía único. Los elfos tienen instrucciones respecto a lo que es propiedad del colegio, pero con aquello que pertenece a los profesores o a los alumnos… pues que prefieren no arriesgarse y terminar causando un desaire a sus amos, sobretodo cuando hay más de mil posibles dueños que se supone no deben verles hacer su trabajo.

- Sé poco de los elfos domésticos, nunca he tratado con ellos. Aunque el profesor Slughorn se sirvió de uno en nuestra primera clase de pociones.

- No debería hacerlo, pero a ese viejo presuntuoso le gusta sentirse el centro de todo, y nada más halagüeño que un sirviente personal que te atiende con su mejor y más sincera sonrisa.

- No le agrada mucho el jefe de mi casa.

- No es eso, son solo ciertas facetas suyas las que me incomodan. Prefiero pensar que es la forma en que manifiesta su senilidad. ¿Sabías que tiene casi la misma edad del profesor Dumbledore?

Neville no contestó eso último, sino que se quedó viendo el polvo que flotaba en el aire, que parecían puntos entrecortando los haces de luz que se introducían por los ventanales superiores:

- ¿En qué punto estamos, señor?

- El techo está al nivel del suelo del castillo, del primer piso. Las ventanas que vez están cubiertas desde fuera por unas enredaderas que se apartan cuando alguien entra aquí para dejar pasar la luz.

- No me di cuenta que íbamos bajando. ¿Y ese pasaje?

- Por el tamaño supongo que es para que los elfos llegaran hasta aquí sin ser vistos, como si en alguna época tuviesen prohibido aparecerse. Atrás de la pila de muebles del fondo hay una pequeña escala que da a una puerta que desde afuera se confunde con el piso de la escalera exterior que sube hasta la Torre de Astronomía.

- Ya veo. Lo que sigo sin entender es qué hacemos aquí.

- Quería un lugar privado para conversar contigo, Neville, uno que no implicara un escenario de autoridad, como mi oficina, o donde pudieran interrumpirnos. Y recordé este rincón, uno que un amigo de juventud descubrió mientras éramos estudiantes.

- ¿Un amigo?

- Le decíamos "Colagusano". Podía transformarse en rata y un día… solo diré que un lanzamiento contra la nieve del cuadro por donde entramos le permitió descubrir el pasaje que usamos. Jugábamos a cosas muy raras en ese entonces.

- Colagusano… ese nombre lo conozco, pero no por algo bueno…

- Es el mismo. El sujeto que trató de traicionarnos, o al menos así lo cuenta tu padrino.

- ¿Lo conoce? ¿A mi padrino?

- No personalmente, aunque lo traté un par de veces mientras era estudiante; a quien conozco es a tu padre. Por él es que estoy aquí, contigo.

- Cuénteme, por favor.

Lupin busca un viejo y maltrecho banco para acomodarse. Neville, por su parte, despeja una mesa toda garabateada, la que empuja un par de metros para sentarse frente al profesor de Artes Oscuras.

Viéndolo acomodado, el profesor licántropo comienza a hablar:

"Fue durante la cacería de Fenrir Greyback, un hombre lobo diferente de cualquiera que te pudieras imaginar.

Era un sujeto cruel, sanguinario. Disfrutaba de la sangre de sus víctimas, incluso más allá de aquello a lo que lo impulsaba su condición. Algunos decían que él, a diferencia de otros que padecemos esta maldición, buscó ser mordido por un hombre lobo en luna llena… como si tuviese la oscuridad necesaria para transformarse en un mago tenebroso, pero sin el talento para ello buscó poder en el lugar más miserable de todos.

Le gustaba cazar niños. Yo mismo fui una de sus víctimas; rencillas con mi padre me marcaron como una presa para ese miserable. Fueron decenas las personas alcanzadas por su hambre, a los que dio muerte o condenó a una vida de penuria y escarnio.

Muchos terminaron con su tormento por su propia mano: el miedo de saber que puedes volverte una bestia incontrolable y acabar con todos los que amas así, sin más, es demasiado. Los que eligen vivir terminan alejándose de todos o, peor aún, rechazados por quienes eran su familia, vecinos, amigos.

Yo estuve a punto de todo eso, pero fue la bondad de Albus Dumbledore y la ayuda de mis amigos, los tres hermanos que conocí aquí, entre estos muros, lo que me salvó.

Pero regresar afuera, luego de mi propia graduación, me demostró que el mundo seguía siendo ese laberinto de desprecio y falta de oportunidades que siempre ha sido para los míos. No tenía futuro, pero este llegó en la forma más indeseable posible: en cierta forma, mi actual fortuna se labró con la sangre de inocentes gracias al culpable de mi maldición.

Greyback había estado desaparecido por unos años. Luego de aprovechar el auge de Lord Voldemort para conseguir más poder y presas, su caída y muerte lo hizo huir de las decenas de cazadores y aurores que libres de la amenaza del más terrible de todos estaban en una campaña feroz para limpiar el mundo de toda la pudredumbre que se había multiplicado en los último veinte años.

Pero su sed de sangre fue más grande, y hace unos cinco años volvió a las andanzas. Fue su tercera presa en apenas dos meses la que en su última agonía lo identificó. Se formaron varios grupos de caza para ir tras su huella, mientras aquellos que vivíamos con nuestra condición tratando de pasar desapercibidos tuvimos que ocultarnos porque todos estaban más vigilantes de nuestra presencia.

Albus me encontró. Recordaba los tiempos en que la Orden del Fénix (el grupo que creamos para combatir a Voldemort y del cual formaban parte tus padres, Neville) estuvo tras la huella de Greyback pensando que era aliado del Señor Tenebroso y como yo parecía tener un talento especial para rastrearlo. Sugirió al Ministerio de Magia el reclutarme para unirme a un equipo de los mejores aurores para capturarlo y ponerlo en manos de la justicia.

Mi recompensa sería el acceso a una poción experimental para controlar mi condición y, con ello, la posibilidad de reincorporarme en la sociedad, ya sin miedo de mi mismo. Habría aceptado sin que me ofrecieran nada a cambio.

Eramos cuatro: Moody, un auror experto en criaturas llamado Vermer Cagliostro, tu padre Frank y yo. Tardamos siete semanas en hallar su rastro, y me aseguré de que fuera lejos de la noche en que ese maldito mostraba su mayor poder. La pelea fue terrible: Greyback era físicamente más fuerte que muchos, y entre su conocimiento de la magia y su habilidad con el cuchillo y sus propios colmillos humanos pudo cobrar la vida de Vermer y el ojo de Moody a cambio de su propia vida. Al final, al ver que era imposible de contener tu padre lo mató con la maldición asesina.

Me había equivocado. Era mi deber saber cuán fuerte sería siendo uno… de los míos. Nunca podré olvidar el llanto de tu padre ante el cadáver de Greyback: no lloraba por ese maldito, lloraba por verse obligado a ser un asesino.

El profesor Dumbledore aprovechó la oportunidad para reclutarme para el Colegio. Yo, que no tenía vida allí afuera, acepté. Y así, gracias a mi propia realidad como maestro, con todos conociendo mi condición de licántropo, Albus pudo usarme para impulsar la nueva política de tolerancia e integración para todos los míos."

El profesor se toma unos segundos para dejar al niño procesar lo que ha dicho, para luego continuar:

- Así que, en cierta forma, le debo la vida a tu padre, Neville.

- Me alegra saber que papá aún es capaz de mostrar sentimientos. Al menos por ese lado mis esfuerzos tienen sentido.

- ¿Esfuerzos?

- Un proyecto personal. Una meta… nada siniestro ni oscuro, se lo juro.

Y Neville, al decir aquello, levantó su mano derecha mientras ponía la izquierda sobre su corazón, imitando el gesto que los muggles hacían al jurar. Lupin no pudo evitar sonreír por el inocente gesto:

- Si, personalmente pienso que Albus exagera.

- Papá también piensa que soy alguna especie de demonio.

- Solo está confundido por esa cosa que llevas en el pecho. El miedo tiende a ser así, irracional.

- ¿Lo sabe?

- Frank hablaba bastante, sobre todo con Alastor que lo regañaba de tanto en tanto por su actitud para contigo. Según escuché ese mañoso te conocía bastante bien y creía que tu padre era… demasiado dramático con todo el asunto. Y eso, viniendo de un obseso de la seguridad como Moody, era decir mucho.

- Tío Moody fue, en cierta forma, quien me enseñó la poca magia que sé. ¿Sabe? A veces pienso que debe haber algo malo en mi, que no logro ver, para que mi padre me trate así, pero luego pienso en cómo personas como tío Moody y mi padrino me ven y eso me ayuda a confiar en lo que soy.

- Lo que es a mi me impresiona esa confianza que tienes en Severus Snape. No juzgaré su calidad como persona, no cuando yo mismo soy algo… explosivo, pero recordaba a ese sujeto y fuera de las cosas raras que hacía acá en Hogwarts apenas pudo se fue tras Voldemort. Y eso no habla bien de nadie.

- Lo sé. Extrañamente nunca ha tratado de justificar eso, y no lo idealizo lo suficiente para ignorar que él era un mortífago y que quizás hizo cosas terribles; de otra forma nunca habría sido tan cercano a Voldemort. No soy tan ciego.

- Y si lo sabes, ¿porqué?

- Sus ojos. Su mirada… usted tiene la misma.

- No entiendo.

- Cuando alguien se arrepiente de lo que ha hecho y decide dejar eso atrás trata de mostrar seguridad, pero sus ojos adoptan una forma extraña, que no coincide con el resto de su ser. Como si en ellos se reflejara su vergüenza, su arrepentimiento: se ven decaídos, apagados, como si llevaran algún tipo de penitencia. Allí comprendes que, a pesar de lo que puedan haber hecho, son buenas personas y sin haber sido castigados por otros eligen castigarse a si mismos. Y siempre adoptan una actividad para tratar de compensar lo que han hecho: usted con la docencia, incluso teniendo que lidiar con su problema, y mi padrino con su vida como cazador de magos tenebrosos.

- Impresionante. Tu capacidad de observación es realmente buena, Neville.

- Una habilidad que tuve que desarrollar, la única real que tengo.

- Y confías en nosotros, ¿y en el Director?

- No. Aunque él fue el primero en desconfiar de mi. Antes no sabía como verle, pero ahora… pienso que sonríe demasiado.

- Eso no tiene sentido.

- Tuve un encuentro desagradable con él cuando me volví un Slytherin. Allí pude verlo de cerca: sus ojos son… cobardes, como si hubiese hecho algo malo y le importara tanto su imagen que tratara de ocultarlo por todos los medios posibles. Como papá.

- ¿Tu padre?

- Papá sabe que la forma en que me trata no es justa, y una parte de él siente culpa por ello, pero es incapaz de reconocerlo y prefiere mostrarse frío, distante. El Director, en cambio, prefiere sonreírle a todos, como si así pudiera evitar que alguien quisiese ver más allá. Y es bueno en eso; yo mismo no me habría dado cuenta si no me hubiese permitido verle de cerca, sin esa careta. Allí comprendí la desconfianza de mi padrino hacia él, y tuve que darle la razón.

- Ya veo… ¿y qué piensas de tus amigos?

- Draco es fácil de comprender: es soberbio, arrogante, presuntuoso, horriblemente orgulloso de quien es y potencialmente odioso. Me considera su amigo y sigue llamándome idiota, y lo dice totalmente en serio.

- ¿Y eres su amigo?

- En realidad fue culpa de Hermione. La conocí a ella antes y de lo que vi en él más el juicio de ella comprendí que había mucho potencial en Draco. En realidad es mucho más simple de lo que aparenta, y fuera de su deseo de destacar y su ambición de alcanzar lo que su madre desea de él todo lo demás es un papel que representa, uno que le agrada pero que en realidad no brota de si mismo, sino de lo que sus padres le enseñaron que es lo correcto. Es solo un malcriado que puede ser algo muy bueno con tiempo y paciencia.

- ¿Y tú quieres hacerlo?

- En parte. Para eso tengo la ayuda de Hermione. Ella es inteligente, muy inteligente, y tiene una memoria que me gustaría para mi. Pero eso mismo le ha hecho horrible a sus habilidades sociales, y es aún peor que yo para poder mantener un amigo. Es tímida y algo torpe cuando se trata de relacionarse con otra gente, y trata de racionalizar lo que a otros le surge por naturaleza, haciéndola antipática cuando tienes la primera impresión; pero a cambio, como si necesitara compensar eso, es muy hábil para imponerse en una situación de conflicto. Ella será la líder de nuestro grupo.

- ¿Grupo?

- ¿No pensará que seremos solo nosotros, verdad? Me acostumbré a tener muchos amigos y no renunciaré a eso. Aunque el señor Dumbledore crea que trato de crear mi propio culto.

- Veo que tienes ideas bastante claras.

- Vine con un par de planes a Hogwarts y quiero aprovechar mi tiempo. Fue por eso que me esforcé para que mis amigos no se alejaran, aunque Draco me dio motivos suficientes para mandarlo a volar el mismo día en que lo conocí. Mi padrino me advirtió del tema del sistema de casas y aproveché mi primera oportunidad para manifestar mi rechazo al mismo. Llevo una serpiente en mi pecho, pero pretendo que no signifique nada. Si lo quiere ver así soy un terrorista.

- Y pretendes echar abajo el sistema.

- No, solo que reaccionen. Soy un convencido que fue la forma en que se hacen las cosas la que permitió que un monstruo como Lord Voldemort surgiera y mi padrino y mi madre terminaran como lo hicieron. Por ellos debo hacer el esfuerzo.

- Un Gryffindor y un Hufflepuff entremezclados. Ya veo porqué las profesoras McGonagall y Sprout están tan decepcionadas por tu colocación.

- No aspiro a que termine el sistema de casas. Aspiro a que, algún día, el valor, la inteligencia o la ambición no se asocien a una u otra. Recuerdo cuando estaba en el colegio muggle, que para el aniversario formábamos grupos y competíamos en alianzas de colores para reunir puntos y lograr una recompensa: aún con todo nunca, jamás, dejamos de ser amigos, y si los muggles, con todas sus deficiencias, tienen la cabeza para comprender eso, no puedo aceptar que acá, en cambio, el animal que llevamos en nuestras ropas determine quienes son amigos y quienes enemigos.

Remus Lupin eleva su mirada a las ventanas, pensando. De alguna extraña manera el valor de sus padres, el cariño de su abuela, y la inteligencia y capacidad de análisis de Snape han formado a una cosa tan extraña como el niño que tiene ante él; es obvio el porqué el chico incomoda tanto a Albus: el Director simplemente no puede congeniar con alguien que, a grandes rasgos, es igual a él (no cuando Dumbledore ha vivido toda su vida pensando que es único).

Pero el problema que motivó a Albus el considerar la expulsión del muchacho sigue allí, y debe solucionarlo antes de decidir si lo protegerá o atenderá a la sugerencia del Director. Sobre todo porque necesita un argumento real para ponerse de su lado: si deja que sean sus sentimientos los que decidan su voto, sin más, Albus podría usar un recurso extremo y, como Director del Colegio, decidir por si y ante si la expulsión del chico, usando poderes que no se han usado desde hace dos siglos.

Neville ve como el profesor se levanta, limpiando el polvo que su túnica ha agarrado de su asiento, para luego invitarle a seguirlo. Con el niño detrás suyo, Lupin se cuela por entre los muebles apilados hasta dar con la escala de salida: pequeña, como si fuese construída para un niño, y poco cuidada; pero es firme, y eso le da la confianza necesaria al chico para escalar los metros que les separan de la salida.

Mientras suben el profesor pregunta a su alumno qué piensa de Harry Potter (considerando el encontrón que tuvieron en la estación del tren el día de su llegada). Neville se detiene justo antes de tocar la trampilla en el techo que era la salida de aquél lugar:

- No lo he tratado lo suficiente, pero creo que es buena tela.

- ¿En serio?

- Es algo tonto, rencoroso… en eso se parece a Draco. Pero se nota que es fiel a sus amigos y agradable con los extraños, sin necesidad de fingir como mi amigo. Si tuviera que señalar un defecto sería su necesidad de salir a defenderlos sin condiciones.

- Eso no es un defecto.

- No en principio, pero Potter toma partido por los suyos porque si, sin preocuparle si está del lado correcto o no. Como si la amistad fuese más valiosa que la verdad o la justicia.

- Si… supongo que esa es la influencia de su padre y de Sirius, mis amigos…. Como lo dices, ellos tendían a valorar la amistad por sobre todo, incluso perdonando los errores sin medir el mérito y fijándose más si el sujeto es o no alguien cercano. Un acto de una persona extraña tenía un valor diferente al de alguien cercano, racionalizando incluso una maldad como una "inocente travesura" mientras fuese algo entre amigos. Yo también era de esos, y tardé años en comprender lo dañino de ese tipo de mentalidad.

- Lo dice por su amigo, el tal Colagusano.

- Peter cometió un error, quizás un crimen, pero ni Sirius ni James nunca dirán nada para condenarlo porque era su amigo, y prefieren culpar a Voldemort y a Snape por ello.

- Y Harry se puso de lado de su amigo Ron aunque no compartía sus motivaciones, solo porque era su amigo. Tiene sentido.

- Ojalá que puedan ser amigos algún día. Le serviría bastante una influencia como la tuya.

- Y a mi la suya, ¿verdad? Veo que tiene bien asumido su papel de maestro, señor.

- Hago lo mejor que puedo.

El chico decide continuar, empujando la trampilla hacia arriba. Un poco de tierra y un intenso sol, sumado al aire frío, le evidencia que están afuera del castillo. Mientras mira la Torre de Astronomía, tratando de reconocer los detalles de la azotea de observación desde fuera, Lupin se adelanta y, sin detenerse, le grita al niño que le siga.

- ¿Adonde vamos, profesor?

- ¿Ahora?, a mi oficina.

- ¿Para qué?

- Necesito hacerte una pequeña prueba.

- ¿Iremos por fuera?

- ¿No te gusta el paisaje?

- Si, pero se siente raro. Como si estuviera en mi último paseo, como lo que Peeves dijo que quería hacer cuando creía que me iban a expulsar.

- No te preocupes, solo quiero evitar que te vean. El suceso de la clase pasada está demasiado vivo y no quiero que te incomodes por las miradas de otros estudiantes.

- Draco me lo advirtió. ¿Tan malo es?

- ¿Malo? No precisamente, pero el hecho de que pienses de ser conocido como una amenaza como malo resulta bueno: significa que no quieres que te vean así. Si es que quieres ser un mago tenebroso, como piensan algunos, entonces eres el menos típico de todos.

- Gracioso, muy gracioso, profesor.

El rostro serio y arrugado de Neville, como enojado, le hizo gracia al licántropo. Al menos era menos estoico de lo que aparentaba y, en el fondo, aún podía ofenderse.


- Entonces por eso me desmayé.

- Sí. El patronus es un hechizo muy demandante, no solo en cuanto a habilidad y destreza, sino en energía mágica. El invocar a tu guardián en su forma física te sobre exigió, y te quedaste sin energía, colapsando. Aunque incluso así lo que hiciste es impresionante, por más que ese boggart-manticora no tuviese la fuerza de uno de verdad.

- Nunca pretendí ganarle. Solo quería ganar tiempo para que todos pudieran salir. Sabía que esa cosa no me atacaría, no cuando su forma dependía de mi miedo, y contaba con que alguno de mis compañeros trajera ayuda.

- Pero Malfoy no se quiso mover de tu lado y tuviste que actuar.

- Sigo sin entender qué pasó allí para terminar tan mal. Y no puedo creer que usted nos hubiese puesto en una situación tan potencialmente peligrosa.

- ¿Tan?

- Todo aquí es peligroso, y eventualmente mortal, pero hay niveles, y lo de ese boggart debe estar al tope de la escala.

- Si. No debió ser así: Un boggart, en presencia de muchas personas, tiende a confundirse y tratar de asustarlas a todas, tomando una forma que resulta ser hecha de partes de los miedos de cada uno de los presentes, lo que los hace inofensivos.

- Pero éste me buscó directamente.

- Ese fue Peeves. No sabemos como, pero de alguna manera lo convenció para elegirte, ignorando al resto. Ese pequeño revoltoso creía que tu temor sería algo muy llamativo, y estaba seguro que se divertiría mucho con la cara de miedo de todos. Fue un error de cálculo por el que ahora está pagando penitencia.

- ¿Penitencia?

- La naturaleza de Peeves es única. Personalmente pienso que en realidad es un poltergeist formado por la materialización de las emociones de los alumnos bromistas que han pasado por el colegio y que desean que su fama perdure. Eso sería lo que hace que el pequeño se haga más y más fuerte conforme pasan los años, y más peligroso.

- Pero incluso así le teme al Barón Sanguinario, el fantasma de mi casa.

- Y es él quien le está castigando ahora. Supongo que de las energías que forman a Pevees no hay ninguna que haya pertenecido a un miembro de la casa Slytherin, principalmente porque allí no han existido bromistas, y que ese duende tiene dentro de su ser el miedo de sus creadores por el fantasma de Slytherin, miedo que no tiene con ningún otro porque los otros fantasmas fueron amigables con esos alumnos.

- O sea, como si tuviera de manera inconsciente la idea de que el Barón es peligroso.

- Es algo tonto, pero al menos sirve para controlarlo. Aunque cada año se vuelve más difícil y seguramente en un futuro no muy lejano deba ser destruido o expulsado.

- ¿Destruido? ¿Eso se puede hacer?

- Los no-vivos son demasiado complejos, por eso el profesor Quirrell y yo los estudiamos. Creo que eso nos hace tan compatibles: Quirrell es un apasionado por los seres oscuros; por eso viajó a Albania a estudiar a los vampiros. Cuando supo que había un hombre lobo en Hogwarts no tuvo problemas en regresar; le apasiona todo el tema de la mitología muggle y la relación entre hombres lobo y vampiros en su cultura, y me terminó pegando su interés por esas criaturas. Incluso el otro día tuve un viaje sorpresivo a Azkaban, la prisión de los magos, para estudiar a los dementores; esos permisos especiales son muy difíciles de conseguir y la alternativa, hacer algo para ganarse un viaje solo de ida a ese lugar maldito… pues que no lo vale.

El profesor Lupin se detiene en frente de una puerta, cercana a la que era la oficina del Director. La puerta, apenas notoria como una protuberancia en la pared de roca, permanece fusionada con el muro hasta que el mayor la toca con su varita, provocando que los bordes de la misma se vuelvan visibles, abriéndose hacia adentro.

Muchos pergaminos tirados, dibujos de seres espectrales y un "acuario", de gran tamaño y lleno de algas, que fuera de agua que parecía sucia contenía una pequeña criatura de la cual Neville solo lograba identificar lo que parecían ser tentáculos.

- ¿Un pulpo?

- Un grindylow. El guardabosques lo encontró herido junto a la laguna y como no sabía curarlo me lo trajo. Ya está curado pero parece que su nueva casa le gusta bastante; creo que es la comida gratis lo que lo retiene allí.

- ¿Comida?

- Carne cruda, en pequeños trozos. En la naturaleza roen la piel de la gente del agua o de seres más grandes, como los kelpie, pero son demasiado frágiles y cuando molestan demasiado a sus fuentes de comida éstas los capturan y les rompen los dedos como tortura.

Curioso, Neville se aproxima al acuario, sobresaltándose cuando entre las algas, en la pared de vidrio donde miraba, se pega una cabeza pequeña, con una boca llena de pequeños y filosos dientes. Unos ojos verdosos parpadean, mirándolo. "Como si fuera una piraña combinada con un pulpo pequeño", piensa el muchacho.

Mientras tiene al chico distraído con su pequeña mascota, Lupin se adentra a un librero cerrado que tiene junto a su escritorio, golpeándolo un par de veces. Al segundo golpe el mueble se mueve, como si algo dentro de él hubiese reaccionado al ruido: "Bien. Sigue aquí; eso nos evitará tener que salir a buscar alguno. ¡Ven para acá, Neville!".

Cuando el muchacho llega junto al profesor, este le explica el motivo de todo eso:

- Escuchame bien, que esto que haremos en muy importante. Quiero que sepas que todo el asunto del boggart tuvo repercusiones para ti, repercusiones demasiado graves.

- ¿Porqué? ¿por tener una manticora en mis recuerdos? ¿o fue por mi guardián?

- Nada de eso. La manticora tiene justificación, y el mismo hecho que puedas hacer un patronus habla a tu favor: nunca, jamás, ningún mago tenebroso ha logrado hacer un patronus.

- ¿Porqué?

- Como sabes ese hechizo requiere el uso de un pensamiento de felicidad plena, cuya emoción potencie la magia del guardián y sirva como distractor para los dementores en caso de usarse contra ellos. Ese tipo de pensamientos no pueden ser utilizados por un mago tenebroso por su propia naturaleza maligna.

- ¿Entonces?

- El boggart busca el miedo y lo refleja. Miedos reales, que superan el control de sus víctimas. Pero tú lograste mantener la serenidad ante esa manticora, en todo momento. Y eso no es normal; fue como si en realidad no temieras a esa bestia y estuvieses manipulando las habilidades del boggart. Es eso lo que resulta peligroso.

Neville no necesitó más para comprender el origen de su predicamento. Es como si lo ocurrido en la clase del profesor Lupin le hubiese dado al profesor Dumbledore la excusa que necesitaba para proceder contra él. El chico había juzgado mal a ese viejo: no es que sospechara de él, si no que parecía ya convencido de que su presencia resultaba peligrosa para Hogwarts y sus estudiantes:

- El Director me quiere expulsar, ¿verdad?

- Tal vez.

- Bien. Y esta es mi defensa… una que tengo que presentar ante otro porque él no es capaz de hacerlo en persona.

- Pienso que en realidad es porque considero que es mejor que quien investigue todo sea alguien dispuesto a concederte el beneficio de la duda, Neville.

- Gracias. Pregunte, por favor.

- ¿Incitaste de alguna manera al boggart?

- No.

- ¿Trataste de usar ese accidente para destacar de alguna manera?

- No.

- ¿Elegiste o influenciaste conscientemente la forma que terminó adoptando el boggart?

- Si.

- ¿Lo hiciste para impresionar a tus compañeros, incluso si eso los ponía en peligro?

El chico aprieta sus dientes, furioso: "… No". Viendo la molestia del niño, Lupin pregunta porqué se siente así, a lo que éste responde: "No acepto que el señor Dumbledore insinúe que yo podría hacer algo para lastimar a mis amigos. Es la segunda vez que lo hace, y sinceramente me está hartando".

Remus, entendiendo los sentimientos del chico, toca su hombro con su mano para calmarlo:

- Lo siento, pero debía preguntar. Creo que el Director pensó que preguntas directas serían lo mejor.

- (respirando más relajado, Neville responde) Entiendo, y no lo culpo, profesor. Es solo que tuve demasiado de ésto con mi padre como para soportarlo de alguien más, aunque sea el director del colegio.

- Dijiste que habías elegido la forma que debía tomar el boggart, ¿cómo lo hiciste?

- Ustedes dijeron que esa cosa veía los miedos. Cuando noté que se dirigía contra mi me preocupé de enfocar mi mente en una idea precisa, un temor preciso; no es mi miedo más grande, pero era lo suficientemente fuerte para que el boggart pudiera utilizarlo. Sé que fue peligroso, pero no sé crear emociones falsas, o al menos no como para engañar a ese tipo de criatura, creo.

- ¿Cómo lo hiciste?

- Mi padrino hacía bastante legeremancia conmigo, y de manera inconsciente descubrí que podía enfocar mis ideas en recuerdos y sentimientos precisos, haciéndolos más notorios para quien quiera explorar mi mente. No es mentir, ya que esos recuerdos y sentimientos son reales, pero me sirven para proteger lo que no quiero que extraños vean.

- No es precisamente Oclumancia pero es un buen sistema. ¿Y qué querías ocultar de todos?

- Mi miedo verdadero.

- ¿Voldemort?

- No. Le temo, tanto como a la manticora, pero sé que a ellos puedo confrontarlos porque vi como caían derrotados.

El profesor apunta hacia el librero cerrado: "Aquí hay un boggart. Es uno diferente al del salón, por lo que no debes preocuparte que actúe de forma rara. Quiero que dejes que la criatura vea tu mente real y muestre tu miedo. Solo así decidiré si debes seguir aquí o no".

Lupin, extrañado, ve como el niño solo asiente con la cabeza, como si se forzara a ello: toda su seguridad ha desaparecido de golpe, así como su voz.

El profesor se aparta, a fin de que el muchacho sea quien abra el mueble. El ruido dentro del mismo se silencia de golpe. Neville abre la puerta con mano temblorosa, cerrando los ojos, para luego retroceder un par de pasos.

El chico nota como la respiración del profesor se ha detenido: seguramente él también puede verlo. El niño abre sus ojos con temor, quedándose fijo ante la escena que inmóvil se muestra a sus pies. Sus ojos se humedecen, mientras dos sílabas silenciosas se escabullen entre sus labios.

Lupin reacciona, avanzando: "Riddikulus". El encantamiento muta a la cosa en un globo que se eleva, pero que parece querer deshacer su transformación; temiendo que la escena reaparezca, el mago usa su varita para lanzar al boggart transformado al interior del mueble que es su hogar, cerrándolo de golpe.

Neville reacciona. Aprieta sus parpados, para luego hablar, sin nunca mirar al profesor: "Prométame que nunca le contará a nadie, por favor". El maestro da su palabra, mientras le asegura al niño que se asegurará de que el director desista de su propósito para con él.

El niño se retira en silencio, de regreso a su sala común. Antes de salir por la puerta se voltea a ver a su profesor:

- Por favor, dele un mensaje al señor Dumbledore.

- Dime.

- Dígale que cuando trate de leer las mentes de otros se asegure de bloquear la propia si no quiere exponer sus propias culpas.

- ¿Viste algo cuando te hizo llamar?

- No realmente, pero quiero que se asuste. Creo que se lo merece.

- Se lo diré, lo prometo. Cuídate.

- Nos vemos en clase, profesor.

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Neville corrió, sin mirar a nadie, hasta alcanzar los baños del tercer nivel, los más lejanos de las salas comunes de las casas. Confiaba en que allí no habría nadie.

Una vez solo, en privado, se metió a un cubículo de baño, cerrando la puerta.

Seguro de que nadie podría oírlo se puso a llorar, superado por lo sucedido. Lloró con fuerza, como lo hacía cuando en su hogar se sentía abrumado por su tristeza. Lloró como cuando podía abrazar a Trevor, su sapo mascota, mientras hundía su rostro en la almohada de su cama, a fin de acallar su llanto y no torturar a su abuelita con su debilidad. Cuando deseaba con todas sus fuerzas que nada hubiese ocurrido, deseaba no estar marcado con esa cosa que colgaba en su pecho, deseaba no tener que soportar el odio de su propio padre.

Cuando deseaba que su madre viviera y ellos fueran felices, juntos.

Y repitió una y otra vez las silabas que dejó salir allí, en la oficina del profesor Lupin, ante la vista de su mayor temor: un cuerpo sin vida, inerte, con los ojos apagados y una mueca por toda sonrisa. Un cuerpo de mujer, joven y hermosa. Un miedo fundado en una pesadilla, una memoria inexistente pero que evocaba lo único que nunca podría sobrellevar, por más que fingiera lo contrario ante todos.

Y sacó su varita de entre sus ropas, apretándola con ambas manos, mientras apoyaba su frente en la punta de la misma.

Y así, sentado en la soledad del rincón blanco, una misma silaba que se repetía una y otra vez, entrecortando un llanto que no deseaba acallar más, aunque doliera:

"Ma… ma… ma… ma… ma… ma… ma… ma… ma… ma…"


Los resultados de la investigación del profesor de Defensa Contra Las Artes Oscuras, entregada a sus colegas y sus superiores en una reunión realizada esa misma noche, causó tal impresión que seis de los siete votaron por la permanencia de Neville Longbottom en el Colegio.

La unanimidad no se logró por la abstención del Director, quien manifestó que siendo él el promotor de la moción no sería apropiado aparecer cambiando de parecer. Aunque Lupin comprendió que era más el orgullo de Albus el que le hacía persistir en su actitud, un orgullo que disfrazaba de imparcialidad.

Ahora.

Motivado por ello el profesor licántropo decidió entregar el mensaje que el niño le había enviado: si ni el Director buscaría un acercamiento amistoso ni Neville trataría de ganárselo, tal vez lo mejor era sincerar las relaciones entre ambos. Eso le aseguraría al chico Longbottom, al menos, que Dumbledore mantuviera la distancia a fin de no dejarse en evidencia.

Al final el niño había tenido razón con el viejo educador. Eso hizo que Lupin se sintiera extrañamente orgulloso: el mismo pequeño que veía con desconfianza a alguien tan célebre y grandioso como Albus Dumbledore le había dicho, viéndolo a los ojos, que confiaba en él. En él, un hombre lobo.

Por cosas como esa valía la pena ser profesor.

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Fue Lupin, quien contaba con las simpatías de los alumnos de los cursos superiores, quien se encargó de disipar los temores del alumnado respecto del rumorado nuevo postulante a mago tenebroso de primer año.

Así, gracias a la ayuda de sus estudiantes más talentosos de cada año, comenzó a circular en cada casa la verdad sobre lo que significaba esa serpiente plateada invocada y el cómo el que Neville Longbottom pudiera hacer un patronus era señal de su buen corazón.

Y Hermione y Draco, por su lado, difundieron el evento del encuentro de su amigo con la manticora cuando era un niño pequeño, con la chica llevando su libro de "Grandes Eventos Mágicos de los Últimos Cien Años", donde se relataba el hecho, para darle mayor credibilidad a su discurso (y con Malfoy tergiversando todo al punto de volver a Neville un cazador de criatura mágicas).

Así, para el almuerzo del domingo, todo mundo rodeaba al chico Longbotton esperando un relato personalizado de su hazaña. Aunque molesto al principio por ese nivel de atención, Neville decidió que ese era una buena oportunidad para hacer justicia, y se preocupó de contar cinco veces seguidas (a diferentes grupos de estudiantes de todos los años, incluso de séptimo) la verdad de los hechos, dejando a su padrino como el ser más poderoso y grandioso del mundo.

Neville pensó que eso, junto con hacerle justicia a Severus Snape, distraería la atención de su propia persona. Se equivocó: al final de todo resultó que ahora era Neville, el ahijado de Asesino de Bestias y Magos Tenebrosos, quien había aprendido todo de su padrino.

Hermione solo reía nerviosa por todo eso.

Draco aullaba de la emoción; seguramente el nombre de todos ellos estaría en boca de todo el colegio.

Neville miró al suelo, frustrado: mientras más grande fuera su fama más dolorosa sería su caída cuando todo mundo descubriera que él, de grandioso, no tenía nada.

Y su caída tenía fecha fijada: martes veinticuatro de septiembre de mil novecientos noventa y uno. El día de su primera clase de vuelo.


Notas del Autor:

Como para avanzar un poco un pequeño capítulo más (que no se note el año de abandono).

Como no hay preguntas que responder desde el último capítulo, agradezco a MoonNellielJr10 y a los usuarios no registrados Hannah (y si, esta mala obra ha resurgido del sepulcro cual inferi) y Nell (¡Vamos, si Neville tiene toda la pinta de Slytherin! -seguro-) por sus review previos, que se me había pasado. Bienvenidos a los nuevos lectores.

Nos leemos pronto.