Caballero del pasado

Lamentamos la tardanza, pero ni una ni el otro hemos tenido tiempo de escribir o revisar lo que el otro escribe. Esperemos que esta vez no sea lo mismo.

Ahora sí, al capítulo.

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Capítulo 4: Entre presente y pasado

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Cuando la niebla se disolvió, Heero miró a su alrededor, eso había sido como cuando se había encontrado con Duo la primera vez. Miró al trenzado un momento y luego se percató de algo, las paredes del castillo y los muebles a su alrededor estaban en mejores condiciones que cuando entraron.

- ¿Qué diantres ha sido eso? – dijo Trowa molesto.

- Parece que hemos hecho otro viaje en el tiempo – le dijo Heero mirando a su alrededor – pero no precisamente a nuestra época – le señaló los estantes y las paredes.

- Es como si el lugar llevase años, pero no siglos, abandonado – dijo Duo y se acercó a la puerta de la bodega secreta – aún está el marco de madera.

- Teneis razón – dijo Heero – pero ¿en qué fecha estamos?

Trowa se asomó fuera de la cocina y miró los cerros. En su tiempo, antes de llegar al futuro, los árboles estaban cargados de flores que comenzaban a perder sus pétalos para convertirse en fruta, eran árboles jóvenes y sanos, pero ahora parecían añosos y a punto de caer.

- Yo creo que han pasado al menos sus 20 o 30 años, los árboles frutales están que se caen de viejos – dijo Trowa.

- Mi pregunta es ¿Por qué terminamos aquí? – dijo Duo preocupado – según los textos ustedes dos están muertos.

Heero lo miró pensativo sin saber qué responderle. Era extraño y poco lógico.

- Hay intrusos del otro lado de la casona – dijo Trowa mirando a la distancia.

Heero se acercó a su hermano y miró por la ventana, no era gente que hubiese trabajado para ellos en algún momento, ya que no los conocía. Retrocedió para que no lo vieran, pero alcanzó a leer un par de palabras.

- Madre está muriendo y quiere el tesoro de los Yuy – les dijo mirando la bodega.

- Pero seguramente ellos no tienen ni la más remota idea de lo que es o dónde está – le replicó Trowa – pero debemos rescatarlo, quién sabe de qué sería capaz de hacer con él.

Heero asintió y caminó hacia Duo pensativo.

- Creo que deberíamos espantarlos – les dijo el trenzado – no podemos dejar que ellos revuelvan todo buscando lo que sea que los mandaron a buscar.

- Tenéis razón – dijo Trowa pensativo – vamos al otro lado de la casa.

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Duo miraba admirado los trajes que estaban en los arcones de la habitación de los rosales, en donde Heero le había dicho que las mujeres de su familia bordaban y cosían, sus labores eran magníficas, aunque él no sabía nada de estas labores, pero se veían hermosas y delicadas todas aquellas flores y avecillas en delicados hilos dorados y plateados.

- Fueron regalados a madre por la madre de mi prometida – le dijo Trowa tomando uno de los vestidos – creo que ellas jamás se hubiesen llevado bien.

- Aquí están los vestidos que mi abuela le regaló a mi madre – dijo Heero levantando la tapa de otro de los arcones, uno que tenía labrado una serie de flores y avecillas a bajo relieve – madre jamás los uso, encontraba que no valían lo suficiente.

Duo movió la tela superior y se quedó sin aliento, podía no saber mucho de telas, pero esas telas eran costosísimas, si mal no recordaba en meses anteriores se había tasado un vestido de esos en varios millones de dólares.

- Tu madre es una bruta – dijo Duo acariciando la sedosa tela – estos vestidos son perfectos.

Trowa le lanzó una mirada torva a Heero y éste se encogió de hombros, Duo lo había elegido a él y, por mucho que su hermano insistiera, estaba bastante seguro que no iba a cambiarlo por nadie.

Escucharon ruidos y se apegaron a las paredes.

- La dueña no nos dijo nada de revisar la casa – decía uno de los hombres.

- Por eso mismo, nos podemos llevar cosas que no parezcan valiosas y que la otra víbora no se llevó – dijo el otro – piensa en que podemos venderlas en el mercado y tener un poco de oro para nuestras casas.

- La vieja se va a enojar si se entera.

- No está en condiciones de hacer algo en contra de nadie – le replicó abriendo la puerta.

Duo suspiró y dejó caer una de las cortinas sobre los hombres, a los que Heero golpeó levemente con la base de una lanza a la altura de las rodillas.

Trowa se movió y golpeó con fuerza las contraventanas haciendo ruido como de un violento viento y escucharon a los hombrees chillar de miedo.

Heero respiró profundo y proyectó la voz usando una caja pequeña.

- Largaos de mi hogar, profanos – y esta sonó como de ultratumba que incluso asustó a Duo – no hay nada aquí que sea vuestro.

Los dos tipos se debatieron bajo la cortina y Heero le entregó el instrumento a Duo, este lo miró e imitó a Heero.

- Largaos si no queréis apagar vuestras penas en el infierno – los amenazó – os haremos arder en los fuegos ardientes del azufre.

Trowa volvió a golpear las contraventanas y los hombres se liberaron de las telas y sin volverse corrieron despavoridos de la casona.

- Parece que lo conseguimos – dijo Duo divertido.

- ¿Las penas del infierno? – dijo Trowa mirando al trenzado – me suena al convento.

- Arderéis en el lago de fuego y azufre – dijo Heero – eso es lo que dice el evangelio.

- Tal vez, pero ellos no lo saben ¿verdad? – dijo el trenzado divertido mientras se asomaba por la ventana – corren como conejos – los señaló riendo.

- Así parece, sir – sonrió Heero poniéndose de pie a su lado – me gustaría veros en alguno de esos vestidos – miró hacia el arcón – si no os ofende.

- ¿Le vais a regalar esos vestidos? Aún no es vuestro esposo – le dijo Trowa molesto.

- En el mundo de Duo aquello no importa ¿verdad? – le dijo al trenzado esperanzado.

- De acuerdo, de acuerdo, pero les advierto que jamás me he puesto un vestido de estos – tomó el que estaba encima – pero no pienso vestirme delante de ustedes.

- Trowa, vamos a buscar aquello a la bodega – lo tomó por el brazo y lo sacó de la habitación.

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Trowa miraba furioso a Heero quien movía con cuidado los restos de los alimentos olvidados. Lo vio golpear una piedra en la pared y sacar una caja de metal.

- La oculté allí cuando madre me ordenó casarme con Lady Relena – le dijo – vamos, dejad esa mala cara de una buena vez.

- No podéis regalarle algo así a una mujer o doncel que no es vuestro esposo – volvió a insistir.

- En la época del sir los regalos han perdido la importancia que le dábamos nosotros – le informó tranquilo – para nosotros es escándalo, pero allí un regalo no es tan comprometedor, vale más el cariño con que es entregado y recibido.

- ¿Cuánto tiempo habéis estado allí?

- A lo sumo, una semana – se encogió de hombros – pero sabéis que siempre he tenido facilidad para leer y comprender a los que me rodean.

- Ibais a ordenaros sacerdote – le recordó.

- Antes de conocerlo – aceptó – si hubiese sido mujer, me habría encerrado en algún convento, pero no podía abrazar la vida religiosa dejando el ducado en manos de madre.

Trowa asintió y golpearon la puerta de Duo quien se apareció frente a ellos con uno de los vestidos de brocato de su abuela.

- ¡Esta cosa pesa una tonelada! – se quejó – Heero ¿pasa algo malo? – lo miró cuando este dejó caer estruendosamente la caja de metal.

- Creo – dijo tratando de hacer pasar la saliva de su boca – creo que debéis conocer el ángel de la capilla – recogió la caja y miró la bolsa en que estaba antes el vestido – recojamos vuestra ropa, no vaya a haber otras personas merodeando y os roben vuestras cosas.

- Bien, pero estos vestidos son pesados – volvió a insistir guardando sus cosas en la bolsa de terciopelo – me encantaría, de todas maneras, llevármelos todos, son muy bonitos – se acercó a Heero y lo besó en la mejilla – gracias.

Heero se tocó la cara, sorprendido y ruborizado hasta la raíz del cabello, sin atinar a responder nada, en su vida había tenido un gesto de afecto semejante.

- Vamos, muévanse, debemos buscar una forma de regresar a mi época – les dijo comenzando a bajar por las escaleras.

- Vuestro sir está muy loco – le dijo Trowa saliendo del estupor primero que su hermano – pero tiene razón, su época es mejor que la nuestra.

- Pues de haber sabido que un regalo me iba a hacer merecedor de un beso, hace rato que le hubiese dado alguno – suspiró.

Ambos siguieron al trenzado por las escaleras y cruzaron el patio rápidamente rumbo a la capilla. Allí encontraron al trenzado mirando al ángel de vitral con la boca abierta.

- Guau, si soy yo con este vestido – dijo este sorprendido – venga – tomó a Heero y lo acercó al altar a los pies de Cristo – aquí es donde estabas la primera vez que nos vimos ¿verdad?

- Si, me encontraba rezando aquí – se puso en el lugar – vos venías desde allá.

- Si, yo vi momentáneamente este lugar mientras me perseguían los lobos…

- Pero tras ellos venía una niebla dorada como la que nos trajo hasta esta época – terminó Heero.

- ¿Cómo esa? – señaló Trowa poniéndose junto a ellos al escuchar los gruñidos de los lobos.

- "Mis cachorros solo buscan al ángel" – dijo una voz tétrica mientras una sombra se movía entre las bancas – "este lugar dejó hace décadas de ser sagrado, pero no me permite habitarlo".

- No tendréis a Duo – lo amenazó Heero tomando la cruz del altar.

- "Ya no eres monje" – le replicó burlón.

- Tal vez, pero eso no significa que haya dejado de tener la protección del Señor – le replicó viendo que seguía avanzando hacia ellos – Él me cubrió con su sangre y me dio su espíritu para luchar contra entidades malvadas.

- "Ya veremos cuan fuerte eres" – le dijo burlón y se lanzó contra él tratando de poseerlo.

- ¡Heero! – gritó Duo pero una densa niebla trató de atacarlo a él directamente.

- Vendrás conmigo, ángel – le dijo el demonio con la voz de Heero.

- No iré contigo a ninguna parte si no me devuelves a Heero – le dijo cruzándose de brazos.

Trowa miró a su hermano y notó algo extraño, parecía estarse debatiendo desde el interior contra el demonio. Tenía que haber algo que pudiera hacer para ayudarlo, pero sabía que no había agua bendita – si la hubiera el demonio no habría entrado, o eso creía – así como tampoco algo sagrado…

- Oye – le dijo el trenzado – ¿no dijeron que tenían una reliquia cristiana del siglo II?

Trowa asintió y abrió la tapa de la caja de metal con lo que el demonio comenzó a gritar.

- Aún conservo el poder que Cristo me ha dado – dijo Heero tomando con ambas manos la cruz apoyando su frente sobre ella – con su sangre me ha cubierto y me ayuda a expulsar cualquier ser o entidad maligna que quiera tomar posesión de mi hogar, de mi familia, de mi vida – abrió los ojos y gritó – en nombre del Señor te lo ordeno: ¡Largaos!

El demonio lo sacudió violentamente levantándolo del suelo casi medio metro antes de escapar por su boca como una bocanada de humo negro, yéndose con los lobos mientras una densa nube como de polvo dorado los cubría por completo a los tres.

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Duo dejó de toser y corrió a tomar a Heero que aún tenía aferrada la cruz contra su cuerpo, el pobre estaba pálido y transpirado entero, su respiración estaba agitada, como si hubiese estado conteniéndola a la fuerza mucho rato.

- ¿Estás bien? – le dijo tocando su rostro mientras le revisaba la pequeña herida que se había hecho al caer cuando el demonio lo soltó – Heero, por favor, respóndeme.

- Creo que si – murmuró sentándose – me dijo cosas terribles sobre vos.

Duo lo miró preocupado, ¿Qué definición de terrible tenía Heero?

- No me importa quienes hayan sido esos tipos, sir, vos de seguro pretendíais ayudarlos y ellos se aprovecharon de vos – le aseguro – quisisteis cumplir con vuestra misión de ángel y ellos no supieron tomar la oportunidad, una que yo no pienso dejar pasar.

- ¡Heero! – dijo abrazándolo con fuerza contra su pecho para luego besarlo profundamente en la boca – yo te amo por eso.

- Ejem – dijo Trowa haciendo ruido para llamar la atención de los tortolitos – parece que la capilla ha cambiado.

Duo ayudó a un avergonzado Heero a levantarse y sonrió para sí, su caballero de brillante armadura no estaba acostumbrado a recibir muestras de afecto, después de todo si iba a ser sacerdote realmente había vivido como monje y de seguro escasamente sabía de las cosas de hombres y mujeres, o donceles para su caso.

Heero mantuvo baja la mirada, se sentía extraño, era como si las caricias de Duo rompiesen una represa en su interior, una que los monjes habían construido a fuerza de estudio y sermones, y ella quería arrastrarlo a un mundo desconocido y delicioso, pero había sido educado para sentir que las cosas de la "carne" eran pecado, y ello lo hacía sentir mal.

- Tranquilo, un beso no es malo – le dijo Duo a su lado – además, todos creen que eres mi compañero, no creo que se escandalicen por unos besos.

- Vosotros dos – insistió Trowa molesto.

Heero miró a su hermano y luego a las ruinas a su alrededor, estaba como cuando salieron de la capilla cuando conoció a Duo, así que había una posibilidad que hubiesen regresado al presente del trenzado…

- Así que aquí están – dijo un joven de aspecto chino entrando en la capilla – creo que deben salir de aquí, los especialistas dicen que hay riesgo de derrumbe por los temblores.

- Wufei – dijo el trenzado sorprendido tratando de mantener la calma, al parecer este no había notado como estaba vestido – creo que tienes razón.

Wufei los miró y luego notó el vestido que llevaba Duo.

- ¿Vas a participar del evento medieval? – le dijo burlón – cualquiera diría que es…

- Es un vestido medieval perfectamente conservado – le dijo este molesto mostrando la tela.

- Si es cierto, esa cosa ha de costar millones – le dijo el chino sin creerle.

- Vamos fuera – dijo Heero molesto tomando de la mano al trenzado – es peligroso quedarse aquí – tomó la bolsa de terciopelo y notó la caja de metal, al parecer había viajado con ellos desde el pasado, miró de reojo al chino que seguía pendiente del vestido de Duo y lo echó a la bolsa – Quatre también está aquí ¿verdad?

- Si, estaba investigando en los restos de la casona, dice que encontró una bodega subterránea oculta en la cocina, pero con los temblores no se puede avanzar demasiado, podrían caerse lo que quedan de las paredes.

- Por cierto, te presentamos a Trowa Barton, el otro descendiente que reclama la posesión de todo esto.

- Wufei Chang – le dijo el chino divertido por la mala cara que había puesto el castaño de ojos verdes – parece que ustedes heredaron mucho de los genes Yuy.

- Bueno, creo que debo cambiarme – le dijo Duo y vio la mirada de Heero – tendré cuidado con el vestido – le sonrió entendiendo que Heero había escondido la reliquia en la bolsa y se ocultó en los restos de la sacristía para cambiarse.

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Quatre parecía un niño en un parque, andaba de un lado para otro revisando todo, dando saltitos emocionado cada vez que encontraban algo nuevo. Sonrió contento cuando vio llegar al patio central a Heero y a Duo, estaba seguro que encontrarían muchos secretos de la familia con alguien que había conocido como era realmente el lugar por haberlo habitado en sus buenos tiempos.

- ¿Qué tienen allí? – dijo con curiosidad.

- Un vestido medieval – le respondió Wufei burlón.

- Pues hemos encontrado varios en bastante buena condición en las bodegas de la cocina – dijo Quatre pensativo – pareciera que alguien los hubiese puesto allí para esconderlos y preservarlos del ataque de los años.

Duo miró a Heero y este se encogió de hombros, ellos no habían sido, no habían tenido tiempo de mover nada, tampoco es que se le hubiera ocurrido ponerlos allí para rescatarlos en el futuro.

- Tengo hambre – dijo Heero.

- ¿Qué te pasó en la cara? – le dijo Quatre – parece que te hubieses golpeado con algo.

- Me dañé con una cruz – dijo volviendo a encogerse de hombros – fue un accidente a causa del temblor – agregó viendo que Wufei no le creía – aún la tenía cuando vos entrasteis a la capilla.

- Eres muy torpe – le dijo.

- Es una reliquia familiar – le replicó Trowa molesto, él era el único con derecho a fastidiar a su hermano.

- Otro loco que delira con la familia Yuy – dijo el chino molesto.

- Heero es mío – le dijo el trenzado al rubio tomando el brazo de Heero – vamos, en el coche tengo una canasta con esos panes que tanto te gustan, pensé que necesitaríamos un refrigerio antes de volver al pueblo.

- Oye, mi interés en tu pareja no es más que histórico – le dijo Quatre cayendo en cuenta de por qué Duo se ponía así – no pretendo quitártelo.

- Pues lo disimulas muy bien – le respondió el trenzado – si quieres un caballero, búscate el tuyo – señaló a Trowa – él también puede ayudarte.

- ¿En serio? – miró al castaño de ojos verdes y sus ojos brillaron – entonces tú eres Trowa ¿verdad?

- Bueno, ese es mi nombre – dijo preocupado y miró a Heero, quien miró hacia el cielo y lo comprendió, el rubio sabía quién era y le creía – sé algunas cosas acerca de la mansión, si es lo que quieres saber.

- Claro, no hay otro tipo de interés – le replicó divertido acercándose a él – soy Quatre Rabberba Winner – se presentó – quizás nos puedas ayudar a recobrar esos valiosos vestidos de la cocina y descubrir a quién le pertenecieron mientras los tortolitos comen.

- Bueno, yo también tengo hambre… - le dijo divertido también.

- Ahg, en el camión hay comida – gruño el chino molesto – aquí a lo único a lo que se dedican es a coquetear – les reclamó – se supone que estamos trabajando.

- Creo que estás envidioso – le dijo Duo y se llevó a Heero a rastras tras él, pese a que el caballero era más alto y fornido que él.

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Heero estaba sentado en la mesa del comedor del hostal cuando vio a un hombre mayor venir hacia él, la punzada en el cerebro lo hizo recordar bruscamente al tipo, Angus Noventa, quien los libros decían se había casado con su madre.

- Lo estaba buscando, joven Heero – le dijo el hombre y este tuvo que contenerse, tenía la misma voz, una que lo transportó a una época desagradable de su vida.

Lady Yuy caminaba furiosa alrededor de su hijo menor, había regresado del convento para el funeral de su hermano ¡vestido de monje! Y todavía tenía el descaro de señalarle que había iniciado el camino para convertirse en sacerdote. Heero sabía que había estado a punto de golpearlo, pero la presencia de Lord Noventa la había contenido, no le convenía que el único pretendiente que le quedaba supera cuan violenta podía llegar a ser.

- ¡No podéis haceros cura, qué va a ser del ducado, de su gente, de los Yuy!

Heero se mordió la lengua y no le respondió lo que pensaba, si de lo único que a ella le preocupaba era la pérdida de la fortuna y el favor ante el rey – que no debía ser rey, por cierto – que por las tierras o su gente.

- Muchacho, debéis escuchar a vuestra madre, no podéis olvidar vuestras obligaciones – le dijo el hombre amenazadoramente – recordad el legado de vuestro padre.

Heero miró al hombre molesto ¿el legado de su padre? Claro, eso era lo que ellos querían, si moría sin descendencia todas las riquezas de la familia irían al rey, y ella no sabía dónde estaban las joyas de su abuela.

- Joven Heero – le dijo trayéndolo de regreso al presente – represento a industrias Glass&Easy, quien desea adquirir los vitrales de la capilla de la mansión de Ambrosía.

Heero lo miró extrañado ¿los vitrales?

- Esos vitrales tienen alrededor de mil años – le dijo intentando adivinar a qué se debía la propuesta.

- Por lo mismo son tan valiosos y deseamos preservarlos.

Heero cruzó sus manos frente a él sin decir nada.

- En especial el vitral del ángel que se encuentra en la nave lateral, podemos hacer una muy buena oferta por él – le dijo.

Heero contuvo a duras penas su asombro ¿Cómo diantres sabían del vitral del ángel si ni Quatre, supuesto experto en sus mansiones, sabía de este?

- Si sabéis de él, sabrán que está en proceso de restauración – le dijo calmadamente.

- Oh, no debiera dejar que cualquiera lo restaurase – le dijo nervioso.

- Tengo un grupo de expertos en ello – le dijo seguro – sé perfectamente lo que vale ese vitral en especial – puntualizó – y lo que representó para mis ancestros.

- Si quiere escuchar nuestra oferta, aquí está mi tarjeta – le dijo el hombre y se marchó apresuradamente.

- ¿Quién era ese? – le dijo Duo sentándose a su lado.

- Dice representar a una empresa que quiere comprar los vitrales de Ambrosía – miró a Duo – debemos comunicarnos con Quatre.

- ¿Pasa algo malo? – dijo sacando su celular del bolsillo de su chaqueta.

Y es que Duo finalmente había recobrado sus cosas, cuando Treize y su hija le habían ido a "entregar" la basura que le pertenecía. Claro que había tenido que contener a Heero para que no le diera un buen merecido escarmiento.

- El hombre sabe del vitral del ángel, y esa información no se ha publicado en ningún libro, el mismo Quatre no tenía idea de su existencia ¿cómo saben de este?

- No creo que Trowa le haya dicho al respecto, es tan hermético como tú acerca de los secretos de la familia – dijo pensativo – o hay un espía o hay otro caballero que pasa información.

- Si, aún no sabemos cómo llegaron esos vestidos a la bodega, los dejamos en la alcoba de las rosas antes de bajar y sólo están los que a ti te gustaron, los otros desaparecieron.

Duo miró a su "pareja oficial" y suspiró.

- Se parece a Lord Noventa – le dijo al fin – el que se casó después de mi desaparición con mi madre – le recordó – lo dicen los libros.

- Ya veo, estás comenzando a recobrar tus recuerdos.

- Algunos, pero me causan dolor de cabeza y hambre – se quejó.

- Hombre, tú siempre tienes hambre – le dijo divertido y llamó a un mozo – creo que mi esposo quiere algo de comer, si es posible un sándwich que le dure hasta el almuerzo.

- Su esposo necesitaría uno del porte de la mesa para llenarse – le dijo riendo y se retiró.

- Me habéis dado mala fama en las cocinas, sir – le reclamó divertido.

- Heero, ayer te comiste ocho platos de distintos alimentos en la feria del pueblo, y todos te vieron comer la misma cantidad de postres – le recordó.

- En mi época no había de esas cosas – le dijo – no había probado ni el maní ni el chocolate.

- Te llevaré a mi casa y probarás otros sabores – le prometió poniendo su mano sobre la de Heero con ternura.

- Joven Duo, hay una señorita que dice ser su hermana que lo busca.

- ¿Qué? – dijo el trenzado y se volvió hacia la puerta del comedor – demonios, es Noim, le había prometido llamarla cada dos días y no la llamé nunca.

- Duo Maxwell – le dijo ella amenazadora.

- Mi lady – intervino Heero – soy el compañero de vuestro hermano.

Ella lo miró directamente a la cara y Heero se sintió transportado al pasado…

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Continuará

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Lamentamos la tardanza, ni Wing Zero, autor de este capítulo, ni yo, que lo estoy revisando, nos habíamos sentado a escribir, sólo esperamos tener un tiempito para hacer los siguientes capítulos.

Cariños.

Wing Zero y Shio Zhang.