LIBRO 1
CAPÍTULO 9: AMISTAD.
Los dos amigos de la casa de la serpiente caminaban juntos, uno al lado del otro. Su destino: el patio oeste del castillo que cobijaba a la única escuela de Magia de toda la isla de la Gran Bretaña.
El plan para ese día involucraba una animada tarde de lo que sería la primera de entre diez y treinta lecciones de manejo y control de la escoba voladora. El adminículo, el medio escogido en todo el occidente del mundo como medio de transporte básico para los magos y brujas, formaba parte de lo que se consideraba "conocimiento común" para los humanos con magia.
No importaba si alguna vez usabas o no una escoba, o que te gustara o la vieras como algo incómodo: todos, absolutamente todos, debían saber lo suficiente para montar en una y volar con ella unos kilómetros de ser necesario.
El que la escoba encantada para volar fuera un dispositivo de uso tan común permitía que esas clases de vuelo, que en una época requerían un año académico completo e involucraban a todo el mundo, ahora solo tomaban unos cuatro meses, y eso solo respecto de los individuos más duros en aprender. Los avances tecnológicos (impulsados por la cada vez más abrumadora popularidad del principal deporte de los magos, el quiddich) habían casi industrializado la producción de las escobas de vuelo, facilitando mucho su control y seguridad, lo que había provocado que fuese cada vez más habitual que en los hogares los padres magos iniciaran cada vez más pronto en el manejo de dichas escobas, por lo que respecto de esos niños las lecciones de vuelo de la profesora Rolanda Hooch se limitaban a verificar que sus bases fuesen las correctas y poco más, facilitando mucho su trabajo al respecto de los mismos.
Aunque en realidad madame Hooch era una especie de entrenadora que, fuera de encargarse de esas lecciones básicas, tenía como obligaciones principales la dirección y arbitraje del torneo de quidditch anual inter-casas y del entrenamiento de la selección del colegio para los partidos de confraternidad que se tenían un par de veces al año con equipos de los colegios de magia existentes en otros países y continentes.
Viendo que su amigo Neville caminaba cada vez más lento, Draco le pegó en la espalda, empujándolo hacia adelante, mientras le dice para relajarlo: "Ánimo, que podremos ver a Hermione dar la hora con una escoba. Seguro que será bastante gracioso verla lidiar con algo que no puede aprenderse en un libro". Neville miró como su amigo fingía reírse: era demasiado obvio que ni él se creía que ver a su amiga en común esforzarse por no pasar vergüenza no sería algo que les hiciera gracia.
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El grupo de estudiantes para la primera lección del segundo grupo de práctica de vuelo de ese año estaba finalmente reunido en el área de pruebas, adjunta al precario pero funcional campo de vuelo acondicionado como cancha de quidditch del colegio, el lugar más preciado de casi todos los estudiantes (y algunos profesores apasionados por el deporte).
Eran doce estudiantes: cinco de Slytherin (entre los que estaban Draco y Neville), cuatro de Gryffindor (en que habían quedado tanto Hermione como Harry) y tres de Hufflepuff. Por lo visto, ni la simetría en el número ni la representatividad de cada casa era el parámetro que determinaba quienes formaban parte de cada curso de clases.
Intrigada, Hermione le preguntó a la instructora porqué los habían agrupado así. Ella, mientras terminaba de revisar el equipo que usarían esa tarde, le contestó que era simplemente una estimación: "Todos ustedes estarán aquí, obligatoriamente, por seis lecciones. Luego iremos liberando a los más capaces y fusionando los grupos con los que se muestren más lentos en aprender. Al final, los que aún queden después de quince lecciones permanecerán por otras quince antes de graduarse en vuelo con escoba. Hacer eso es mejor que tener a todos por medio año con más de la mitad de los estudiantes aburriéndose mientras los más atrasados tratan de alcanzarlos".
Allí todo el grupo se miró, los unos a los otros: seguramente ninguno de ellos pretendía ser del grupo de los retrasados. Hermione, por su lado, se fijó que en ese grupo había cuatro que eran nacidos de muggles y que, por lo mismo, seguramente serían de los más lentos en superar aquellas clases.
Viendo que sus alumnos parecían incómodos por esa revelación, la profesora agregó: "Claro, quien desee asistir a las clases extras para mejorar su técnica o tener la oportunidad de ganar experiencia volando con escoba puede hacerlo. No todos lo que siguen con las lecciones lo hacen por que lo necesiten".
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Luego de la rutinaria y aburrida charla sobre la naturaleza de las escobas voladoras, su composición, sus partes y la teoría tras su manejo, con Hermione añadiendo datos esporádicos como comentarios a las explicaciones de madame Hooch (que la niña recordaba de su lectura del clásico y ajado Quidditch a Través de los Tiempos de la biblioteca), y que se extendió por largos veinte minutos, comenzó la parte práctica de la clase.
La parte que (casi) todos los niños allí presentes deseaban, con algunos de ellos esperando esa oportunidad para superar los casi treinta días de abstinencia lejos de una escoba voladora (y por la cual todos reclamaban contra la arcaica prohibición para los alumnos de primero de llevar su propia escoba al colegio).
Ya desde la parte de ordenar a la escoba moverse hacia sí dos alumnos del grupo destacaban: Harry Potter y Draco Malfoy. Del resto, unos mostraban mayor seguridad y avances más notorios que otros (incluso teniendo experiencia previa volando), con Hermione logrando llamar a su propia escoba al quinto intento.
Pero lo sucedido con Neville era sencillamente impresionante… por lo malo que era: o su escoba era sorda o era caprichosa, pero por más que el chico le ordenara levantarse la pobre no se movía. Draco, viendo que eso no progresaba, se aproximó a su amigo, que miraba hacia su rebelde compañera de prácticas.
"¡Arriba! ¡Arriba!".
Nada.
Neville vio como su amigo se colocaba a su lado, mirándolo con decepción:
- Eres patético.
- Lo sé.
- Tienes que hablarle como su fueses su amo, su dueño. No basta con decirle que se levante, debes ordenarselo. Si no nunca se levantará… ¡Vamos, si incluso Hermione, que nunca vio una escoba voladora en su vida, ya pudo hacerlo!
- Lo siento…
- ¡No te disculpes, solo desahogate con esa cosa a tus pies! ¡Te está dejando en ridículo, Neville!
- ¡YA TE OÍ! (a su escoba) ¡ARRIBA, ESTÚPIDA COSA!
La escoba se levantó al momento, con tanta fuerza que levantó la mano de la esperaba para tomarla casi medio metro. Mientras la sostenía en alto, Neville se dirigió a su amigo para agradecerle, pero Draco ya había vuelto a su posición en la hilera, a seis niños de su posición.
La instructora, que en ese momento se encontraba enseñándole a Hermione la forma correcta de montarla (en atención a que la niña nunca había tratado con una de esas) respiró resignada, pensando: "Todos los años. Todos los años hay uno de esos..."
Al menos nadie podría decirle que no se ganaba sus galeones.
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El resto de la clase avanzo sin problemas, con la prueba de sostenerse en posición estática y la de elevarse un poco yendo sin problemas reseñables (aunque la mayor torpeza de Neville Longbottom para seguir el ritmo del resto de sus compañeros era bastante notoria).
Draco, que seguía con detalle los progresos de sus dos amigos, no dejaba de sorprenderse (y molestarse) por lo mal que se veía Neville sobre la escoba, como si tuviese miedo. Su amigo, el mismo que le había plantado cara a una bestia como la que vieron en aquella clase de Artes Oscuras, le temía a una insípida escoba.
Al menos esa torpeza (terminaría colocando al chico Longbottom en un predicamento) y la consiguiente mayor atención de parte de su amigo le evitaría pronto unas consecuencias que pudieron haber sido mucho mayores.
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La clase ya estaba terminando. Como fin de la misma (aburrida para los ya conocedores de la experiencia del vuelo en escoba, maravillosa para quienes no sabían lo que era montar una, tortuosa para Neville) debían practicar elevación: no mucho, solo subir unos cinco metros para luego descender, arriba y abajo y hacia el frente y atrás.
Nada muy complejo ni peligroso, solo lo suficiente para que los novatos se fueran con la idea de que realmente pudieran decir que habían volado en escoba (y no simplemente flotado unos centímetros sobre la tierra).
Solo serían cinco minutos de ir y venir.
Madame Hooch sonrió satisfecha: todo el grupo parecía poder realizar el ejercicio -algunos más rápido y seguros que otros-; incluso el señor Longbottom daba la impresión de poder hacerlo sin problemas.
Así, confiada en que nada más sucedería, la maestra se relajó, caminando por entre sus alumnos y señalando pequeños puntos y consejos sobre como podían mejorar su movimiento en el aire.
Y fue allí, estando Neville a espaldas de ella, que sucedió.
De un momento a otro, sin más, la montura del muchacho rubio opaco se elevó velozmente, como si de una escoba de carreras se tratara. Subió casi cien metros en apenas dos segundos, con una velocidad tal que estando en lo más alto Neville perdió el equilibrio de la misma y cayó, mientras su escoba rebelde seguía su camino hacia los cielos.
Y así, sin nada en que sostenerse, el muchacho se fue al vacío. Hasta que una mano lo sujetó, agarrándolo con fuerza.
No sabía si había sido intuición o simple desconfianza, pero Draco no había apartado la vista de su amigo (no necesitaba sus ojos para algo tan simple como moverse con una escoba en ese tonto ejercicio final) y pudo notar apenas Neville salió disparado a los cielos. Al instante se elevó a la caza de su tonto compañero de casa, interceptándolo cuando comenzó su caída.
Pero no estaban a salvo. La baja calidad de la vieja escoba que montaba, sumado al peso de dos niños (uno con la aceleración de su propia caída antes de ser agarrado) estaba haciendo descender a ambos chicos, apenas frenando gracias a la magra ayuda de esa escoba incapaz de sostenerlos a los dos.
Cuando habían transcurrido tres segundos de caída libre y estaban a menos de veinte metros del suelo Neville se soltó de la mano de su amigo, pegándole con la otra para lograr que lo dejara caer.
El golpe seco del cuerpo de Neville, junto con un grito de miedo de Hermione por la escena, hizo reaccionar a la maestra ante el hecho consumado.
Todo el grupo corrió hacia donde había caído el chico Longbottom, a unos treinta metros de donde estaban practicando. Antes de que llegaran a su lado Draco -quien al separarse de su amigo pudo controlar su propia caída antes de dar contra tierra- aterrizó suavemente junto a él, mientras le gritaba, reclamando a su amigo el porqué rayos le había hecho soltarlo.
Neville, que estaba consciente, solo levantó su mano con esfuerzo mientras respondía al reclamo de su amigo: "Los dos juntos habríamos hecho un agujero muy grande: caer solo desde diez metros de alto es más fácil que hacerlo acompañado, tonto… ay… ay… ay…". Malfoy, ignorando a los que han llegado y les rodean, le responde: "Esos fueron más de diez metros, idiota".
Draco se sienta en el suelo, riendo nervioso, incapaz de creer la locura que ha hecho. Mientras la profesora revisa al caído, Hermione se acerca a su amigo rubio para darle las gracias, pero el chico es incapaz de escucharle, y solo atina a mirar al cielo, tratando de recordar qué tan arriba estaban cuando comenzaron a caer, mientras piensa.
Se supone que él es un Malfoy, y que su primera y única prioridad debería ser él mismo. Que todos aquellos que se encuentre en su camino son entes desechables, descartables en pos de su propio éxito y seguridad, partiendo por aquellos a quienes llame amigos, y que salvo por su familia (sus progenitores, aunque en realidad a su padre lo sacrificaría sin dudarlo para salvarse él y su madre) nadie, absolutamente nadie valía el riesgo. Siempre debe mirar a su propio interés, y seleccionar a sus cercanos en relación a lo útiles que puedan serle: eso fue lo que le llevó a acercarse a Hermione (quien creyó era una de los suyos) y a Neville (cuyas extrañas virtudes eran ideales para sus propios planes dentro de Hogwarts); el tratarlos como basura de tanto en tanto era una actitud necesaria para que quienes buscaban su amistad supieran cual era su posición y lo agradecidos que debían estar por permitirles estar cerca de él, así como para evitar que él olvidara que ninguno de esos supuestos amigos era especial o irreemplazable.
Y él ha seguido ese manual de conducta paso a paso. Debería haber funcionado; funcionó con Crabbe y Goyle, pero ni con Neville (a quien se ha lanzado estúpidamente a salvar sin pensarlo) ni con Hermione ha servido. Eso tenía una sola explicación, una que le hizo sentir como un inepto.
Draco les quería, a ambos, y no pensaba que fueran insignificantes ni descartables. Una convicción que en ese momento solo le causó un terrible amargor en la boca. Una falla de la que era perfectamente consciente.
Y lo peor de todo era que, a pesar de todo lo incómodo que eso le resultara, no deseaba que su relación con sus más recientes amigos pudiera cambiar.
En eso, la voz de la instructora hablando a su amigo le hace reaccionar: "No creo que sea conveniente que se mueva, señor Longbottom. El golpe fue bastante fuerte… Alguien vaya a buscar a la enfermera para que venga a revisarlo aquí".
Draco ve como su amiga le mira, como si esperara que sea él quien vaya; ¿acaso creía que sentía el deseo de ser él quien tuviera que ayudar a ese tonto? ¿cómo si la locura que cometió recién no fuese suficiente?
Al ver que ni Malfoy ni nadie parece querer ir es Hermione quien decide ir a la enfermería, siendo seguida por Harry por alguna razón. Ella, confundida por el innecesario agregado, le pregunta a su compañero de casa porqué le acompaña, pero el joven Potter solo se inclina de hombros, mientras se le adelanta, diciéndole que se apure.
Neville, por su parte, trata de mostrarse más completo de lo que se siente. La profesora le pregunta si le duele algo, a lo que él responde: "Me duele todo, pero solo un poquito..."
Segunda visita a la enfermería en menos de tres semanas.
Al menos madame Pomfrey le bajaba la gravedad al asunto, indicándole que practicamente todos, en algún momento de su estadía en Hogwarts, pasarían por sus manos, y varios de ellos lo harían muchas, incluso hasta decenas de oportunidades.
"No tienes ni idea, pequeño. Los trabajos que me causas no son nada comparado con esos gemelos Weasley. El año pasado estuvieron aquí cuatro veces en una semana, siempre por algo diferente… al final estaba tan frustrada que les eché una maldición y los tuve diez días en cuarentena. Pero al menos entendieron el mensaje y ahora me dan muchos menos problemas. No del todo, pero mucho menos que antes".
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La enfermera se había marchado a su descanso nocturno. Aunque eran apenas las ocho de la noche, el que no hubiese ningún paciente que requiriera supervisión constante le permitía a la mujer el tomar unas horas extras de sueño (lo que le mantenía de buen ánimo para cuando debía desvelarse por cualquier emergencia).
Neville estaba aburrido. La medicina de madame Pomfrey era excelente para quitarle el dolor del golpe, pero luego de su revisión se encontró con una situación extraña: si bien la medicina mágica era excelente para curar heridas abiertas, fracturas y lasceraciones, en el caso de torceduras y desgarros era bastante ineficiente: si no estaba roto las milagrosas capacidades de regeneración de la magia de poco y nada servían; en esos casos lo mejor era el reposo y el movimiento reducido al mínimo necesario.
Y por ello se encontraba en cama, con firmes vendas alrededor de su tobillo y rodilla derecha. El chico había tenido el cuidado de caer sobre sus piernas, asumiendo la posibilidad de una fractura de gravedad, pero la ayuda de Draco había sido mucho más valiosa de lo que suponía, y no podía evitar pensar en que sin su rápida reacción habría salido de todo eso con al menos la cabeza rota.
Mientras le vendaban la profesora Hooch se había acercado a verle en la enfermería. Le contó que la escoba que había usado se encontraba desaparecida y que mientras no fuera hallada no podrían saber si lo sucedido fue por su torpeza o por un mal funcionamiento de la misma (era sabido que los encantamiento que permitían a las escobas mágicas el vuelo se corrompían con el tiempo y el mal estado de las mismas, y las escobas de la escuela eran todo menos nuevas). Como no sabían el motivo de ello, quedaba en manos de Neville el decidir si retomaba las lecciones de vuelo: excepcionalmente había magos y brujas totalmente incapaces de manejar una escoba, y en esos casos se les excluía de las lecciones a fin de evitar accidentes; si ese era el caso con Neville, el permanecer en ellas solo provocaría más incidentes, arriesgando su físico y el de sus compañeros. Pero sin saber si era culpa suya o no lo ocurrido nadie, ni siquiera el Director del Colegio, podía tomar una resolución que implicaba negarle parte de su educación básica como mago.
Por todo eso se había decidido que al final fuera el chico Longbottom quien decidiera si retomaba sus lecciones o no. Tendría hasta la próxima lección, que por deferencia a él sería en una semana más, para decidirlo.
Y esa situación tenía al muchacho complicado: saber volar en escoba… ¿valía el riesgo?
Muchos, un montón de magos y brujas no volvían a tocar una escoba luego de salir del colegio. Sin embargo…
Hermione se decepcionaría de él. Draco todavía más.
Ahí de dio cuenta de algo: su amiga tenía su clase de Astronomía, por lo que era normal que no hubiese pasado a verle si no estaba en peligro mortal, pero Draco había estado junto a él cuando sucedió lo del boggart, pero ahora… pues que no había tenido señas de él en todas las horas que habían pasado desde que lo llevaron allí. Eso era malo.
Neville recordó todo lo sucedido. Pero, por sobre todo, tenía presente el rostro de su amigo cuando pareció percatarse de lo que había hecho al salvarle (si, se había pegado bien duro al final, pero de que Draco lo había salvado nadie podía ponerlo en duda). Parece que Malfoy finalmente había reaccionado, descubriendo lo que para él resultaba evidente: el lento pero progresivo cambio que se había dado en su carácter, uno que lo llevó hasta el punto de arriesgar el pellejo por un amigo.
Ojalá eso no lo asustara y terminara distanciándose de ambos, Hermione y él. Neville también había comprendido lo valioso que resultaba para ellos, pero principalmente para sostener los lazos entre él y Hermione.
Sin Draco era imposible que Hermione Granger fuese su amiga. O al menos mucho más difícil de lo que había sido hasta ese momento.
Ese peligro le hizo permanecer allí. Nadie lo regañaría por preferir dormir en su dormitorio, pero si se aparecía por allá le sería imposible no encontrarse con Draco y terminar agradeciéndole por su ayuda (nadie se tragaría el que se hiciese el leso con aquello, Malfoy menos que nadie). Y darle las gracias a su amigo, en ese preciso momento, podía terminar provocando su rechazo.
Lo mejor sería dejar que se comiera la cabeza en paz, en la tranquilidad de su cama. La almohada sería mucho mejor consejera para Draco que él. Era obvio que en ese momento Malfoy no deseaba verle y, con ello, confrontar ese desliz de bondad y heroísmo que, para su vergüenza, había sido más fuerte que él.
Eran las tres de la madrugada cuando la pareja de prefectos de quinto año de Slytherin, que esa noche realizaban la patrulla nocturna del Colegio, se cruzaron con Neville Longbottom en bata de dormir blanca caminando por la escalera que llevaba a la sala común de la casa de la serpiente.
Iba empapado. Llevaba su uniforme en un ato bajo el brazo, caminando con lentitud y con cuidado al pisar con su pierna mala.
Extrañados los jóvenes se acercaron a su compañero de casa para saber porqué retornaba de la enfermería tan tarde (todos ellos sabían de lo sucedido en la tarde con el célebre alumno de primero) y en ese estado.
El chico, resignado a tener que explicarse (se supone que los prefectos tenían derecho a preguntar, así como a sancionar, y no quería que le castigaran por sospechar de él), les hablo: "Peeves. Me vació una bacinica sobre la cabeza mientras dormía. No me miren así, que ésto es solo solución salina; afortunadamente no encontró nada más a mano. Pero parece que no se sintió satisfecho y se fue quejándose de que debía conseguir algo más apropiado, volando en dirección a los baños. Allí supe que debía huir y regresar al dormitorio".
Los prefectos se miran: ellos habrían hecho lo mismo, sin importar la hora de la noche. La chica de la pareja le habla a Neville: "El Barón Sanguinario está dando vueltas por la sala común. Si vemos a Peeves le advertiremos que el fantasma de nuestra casa está allí; eso debería mantenerlo alejado por el resto de la noche. Que descanses, Longbottom".
Neville agradece la comprensión de sus mayores para luego retomar su camino. El problema era que la protección del Barón Sanguinario no le cubrirá por siempre, y el travieso poltergeist ya le ha jurado venganza por lo que tuvo que sufrir a manos del Barón como castigo por su "inocente travesura" con el boggart y él sería el blanco de sus mejores bromas por lo que restaba del año.
El chico no creía que Peeves fuese malvado, pero su concepto de broma era pésimo (si no que le preguntaran al chico de Hufflepuff a quien ese duende le lanzó un cuadro en el pasillo de encantamientos, a quien se encontró de salida cuando él entraba en la enfermería).
Draco no lo despertó esa mañana. Es más, ni siquiera le esperó, sino que se levantó más temprano que de costumbre.
Asumiendo lo peor, Neville se había arreglado lo más rápido que pudo para poder alcanzar el desayuno.
Hermione fue todo lo amable y atenta que se podía esperar de ella. Le ayudó a sentarse y a colocar la comida en su plato (a pesar de que en realidad no necesitaba nada de eso). Neville tuvo que detenerla cuando trató de darle de comer en la boca, mientras le explicaba que lo único que tenía era un muy leve dolor en su pierna, que la enfermera le había dicho que se pasaría dentro del día.
No pudo evitar que la niña le hiciera prometer que le acompañaría a sacarse la venda después del almuerzo. Draco, ignorando a sus dos amigos, se encontraba concentrado en su comida, y tan solo esperó a que la chica terminara de parlotear para decir un par de palabras, lo suficientemente bajo para que solo sus amigos le escucharan: "Tonto inútil".
Luego, Draco simplemente se levantó de la mesa, de regreso a las dependencias de su casa, a fin de buscar los materiales para las clases de la mañana. Hermione trata de reclamarle al rubio su grosería, pero Neville se lo impide, explicándole al oído a fin de que nadie más les escuche: "Draco no está molesto, solo incómodo. Nuestro amigo siente vergüenza por lo que hizo ayer y no quiere que nadie le agradezca. Pero no te preocupes, que apenas se le pase le haré pagar por su actitud dándole un abrazo por su ayuda; eso lo pondrá furioso".
La explicación de su amigo dejó a Hermione confundida, como si fuese incapaz de comprender que todo eso fuese siquiera posible. Pero Neville había dicho todo eso tan seguro de si que decidió aceptar sus palabras, retomando su propio desayuno.
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Con su lentitud, Neville llegó a la sala común de Slytherin cuando todo mundo ya había salido para las clases. Resignado a llegar atrasado a su primera clase de ese día, tan solo esperaba un poco de comprensión de parte del profesor Quirrell. Ya todos sabían que no debían esperar encontrar al profesor Lupin: los días inmediatamente anteriores y posteriores a la luna llena eran los más complicados para un licántropo, por lo que Remus Lupin prefería dedicar sus fuerzas esos días a las clases de los cursos superiores y le dejaba a su profesor asistente la responsabilidad de los alumnos de los primeros tres años.
Pero no alcanzo a llegar a su dormitorio: Draco le esperaba con sus cosas al pie de la escalera que llevaba a sus camas. Tenía sus cosas, como si quisiera evitarle el subir a buscarlas.
El rostro serio de Malfoy confundió un poco a Neville, por lo que al tomar sus cosas preguntó:
- ¿Puedo agradecerte por ésto o no?
- Eres un inútil.
- Ya lo dijiste en el comedor.
- No puedo permitirme que uno de mis amigos sea tan torpe.
- Crabbe y Goyle hacen bastante mérito.
- Ni Crabbe no Goyle estuvieron a punto de matarse. Son imbéciles, no suicidas.
- Yo tampoco lo soy, por eso dejaré las clases de vuelo.
- ¿Dejarlas?
- Me dieron la alternativa y la tomaré; no vale la pena el riesgo.
- Me niego. No seré amigo de un tonto incapaz de algo tan básico como montarse en una tonta escoba.
- No es tu decisión.
- Si lo es.
- No lo es.
- Lo es desde el momento en que tuve que arriesgar el pellejo por tu culpa, tonto. Y no volveré a hacerlo porque te niegas a aprender a volar.
- ¿Y me obligarás?
- Si, lo haré.
- ¿Cómo?
- Podría darte una paliza, pero para lastimarte te bastas a ti mismo, y nunca he sido de hacer trabajo de más, por lo que haré algo mejor: yo mismo te enseñaré a volar en escoba.
- ¿Tú, enseñarme?
- Te aseguro que soy mejor que esa incompetente que nos pusieron como profesora.
- No la ofendas.
- No fue capaz de ver que eras tan inútil que acabarías por matarte. Eso para mi es incompetencia.
- Ya veo… ¿y tengo que aceptar tu ayuda?
- Arriesgaré mi permanencia aquí por ti, lo menos que puedes hacer es poner de tu parte.
- No entiendo.
- ¿Cómo creíste que te enseñaría? ¿Con una de las escobas del conserje?
- No irás a robar las escobas del Colegio.
- ¿Esa basura? Tengo mi propia escoba y ya conseguí una para ti, una lo suficientemente buena para estar seguros de que si lo haces mal será solo por tu culpa. Lo haremos de noche, tengo todo preparado. Estuve toda la tarde de ayer planeandolo y sinceramente espero que cooperes por las buenas.
Resignado, Neville baja la cabeza, aceptando y agradeciendo los esfuerzos de su amigo, pero Draco le dice que se calle y que mejor camine para no tardar más y llegar a la clase de Artes Oscuras.
Eran ya las diez de la noche.
Draco y Neville finalmente habían llegado a su destino.
La salida de la sala común había sido relativamente fácil (una de las ventajas de no contar con portero como las otras casas), esquivar a los prefectos de Hufflepuff y a ese entrometido de Filch y su gata había costado un poco más, pero gracias a que Neville estaba con su pierna totalmente restaurada habían podido usar su velocidad y salir del castillo.
Habían usado un pasaje secreto cuyo conocimiento Draco había sacado a Goyle (que lo descubrió por accidente -de algo le servía su innata torpeza-) y que daba a los prados más próximos al Bosque Prohibido.
Allí practicarían esa y todas las noches necesarias hasta lograr que Neville pudiera defenderse sobre una escoba.
La privacidad y oscuridad eran necesarias tanto por causa de Draco (quien no pretendía arruinar su reputación mostrándose ayudando a un inútil como su amigo) como por las normas del colegio: la prohibición de tenencia de escobas voladoras por los alumnos de primero era de las normas más controladas en Hogwarts, y su infracción causal de expulsión inmediata.
Intrigado por como sortearía ese problema, Neville esperó a ver como su amigo superaría esa dificultad. Sinceramente no entendía como podría solucionarlo.
Draco, una vez seguro que nadie les observaba, le hablo a la nada: "¡Dobby, ven de inmediato!"
Con esa sola frase se produjo el efecto esperado. Un sonoro crac, cuyo sonido fue realzado por el silencio que rodeaba al sombrío bosque. Una criatura, pequeña, orejona y que vestía un sucio trapo a modo de camiseta, se apareció ante los dos niños, evidentemente temerosa.
"Es tu elfo doméstico, del que nos contaste en el tren". Draco le contestó que así era: "Él se encargará del tema de las escobas".
Notando como su sirviente permanecía allí, sin hacer nada, Malfoy le habló molesto:
- ¿Qué te pasa ahora?
- Lo siento, amo Malfoy, pero el lugar al que Dobby ha sido convocado es demasiado tenebroso y Dobby se siente incómodo. Le recuerda al sótano del hogar de Dobby.
- No es tu hogar, es el mío y de mis padres. No lo olvides.
- Dobby no lo olvida, joven amo. Dobby no quiso ofenderlo, solo recordaba el hogar al que Dobby tiene el privilegio de servir.
- Mejor. ¿Lo conseguiste?
- Si, amo. Pero Dobby debió castigarse cuando su padre le vio en su dormitorio. Dobby tuvo que mentirle al señor para cumplir sus órdenes y después tuvo que comer insectos para poder compensar su falta, insectos amargos y escamosos.
- Eso no parece un castigo apropiado, pero no importa. Tráelas.
Dobby se inclina ante su joven amo, para luego chasquear sus dedos, haciendo que dos escobas se aparezcan frente a Draco. El chico reconoce su propia escoba, una Cometa 360 con un par de años de uso; la otra escoba es una Barredora 6, un modelo ya desfasado de una escoba de competición.
Malfoy, luego de revisar la segunda escoba, pregunta a su elfo con evidente desagrado en su voz:
- ¿Es lo mejor que pudiste conseguir?
- Si amo. Lo siento, pero Dobby no es conocedor de escobas y compró lo mejor que pudo con el dinero que el amo tenía en su alcancía.
- ¡Cállate, Dobby!
- Lo siento, amo. Dobby no quiso molestarlo.
- Será mejor que te vayas. Regresa en un par de horas y llévate las escobas a mi casa. No dejes que mis padres descubran la segunda escoba, ¿entiendes eso?
- Si, joven amo.
Notando como su discusión con su elfo parecía incomodar a su amigo, Draco se agachó para tomar a Dobby de sus ropas, acercándolo hacia él para hablarle en voz baja: ["Escúchame bien: no quiero tener que verte o llamarte para ésto. Dejarás las escobas en éste lugar todas las noches, a esta misma hora, y las vigilaras hasta que nos veas llegar; luego las vendrás a buscar a medianoche y te las llevarás. Te aparecerás en medio del bosque: no puedo permitir que el sonido de tu aparición nos delate; también volverás allá para irte. ¿He sido lo suficientemente claro, Dobby?"]
El elfo domestico asiente rápidamente con su cabeza, asustado por la evidente molestia de su joven amo. Cuando Draco lo suelta el pequeño solo hace una pequeña inclinación a ambos magos y se marcha corriendo en dirección al Bosque Prohibido, luchando contra su propio miedo por tener que entrar en tan siniestro paraje.
Mientras el elfo se aleja de ellos, Neville toma con la escoba que su amigo le arroja al cuerpo:
- Gracias, Draco.
- Será mejor que la cuides, porque no te conseguiré otra, y menos aún dejaré que pongas tus torpes manos sobre la mía.
- Veré la forma de pagarte por ella.
- ¿Acaso piensas que es un regalo? Ni siquiera te lo imagines. Usaré esa basura como repuesto, o para hacer que Dooby limpie mi cuarto, o para encender el fuego, pero ni creas que dejaré que la conserves. Podrás usarla hasta que lo yo lo estime conveniente.
- Lo que digas. ¿Sabes? Pienso que no deberías tratar a ese elfo así; fue muy amable en cumplir con tu pedido con tanto secreto.
- Hace lo que debe, y además mal. Y no me digas como tratar a mi sirviente; cuando tengas a tu propio elfo domestico podrás tratarlo como quieras, aunque dudo que eso pase algún día. Ahora será mejor que te concentres, que no tengo la paciencia necesaria para lidiar contigo y tu torpeza.
Resignado, Neville posiciona su escoba para sentarse encima de ella. Por un momento pensó en recordarle a su auto nombrado instructor de vuelo que madame Hooch le había corregido un par de cosas básicas respecto a su estilo de montar la escoba, pero rápidamente descartó la idea: no era conveniente molestar a quien podría necesitar que le salvara durante esas prácticas clandestinas.
A principios de Octubre se realizaron las pruebas para los nuevos integrantes de los equipos de quidditch de las casas. Un evento para la mayoría de las casas, en Slytherin no tenía ese revuelo: dentro de la rígida tradicionalidad de la casa de la serpiente se consideraba que el capitán del equipo debía escoger a sus integrantes a dedo, y éstos conservaban su puesto pasara lo que pasara.
Así, el equipo de quidditch de Slytherin solo cubría vacantes. Y extrañamente el sistema le había funcionado de maravilla: de cada dos copas de quidditch anuales que se disputaban en Hogwarts, una les pertenecía. Incluso más, los últimos dos años habían sido de ellos.
Para los alumnos de primero la selección de los equipos tenía aún menos interés que para el resto: la prohibición de tener escobas les significaba, indirectamente, la imposibilidad de optar a los equipos.
Así, aunque no estaba prohibido expresamente, no había alumnos de primero en los equipos de quidditch.
Pero ese año parece que sería diferente: los Gryffindor, desesperados por tener nuevamente un equipo competitivo (luego de la maravillosa época en que gracias al talento de Charlie Weasley lograron cuatro torneos seguidos, ahora en el pasado), se habían mostrado dispuestos a hacer pruebas abiertas a todos sus integrantes para llenar dos puestos en el equipo: un cazador (los encargados de anotar los puntos en los aros) y, mucho más sensible, el puesto de buscador (quien era el responsable de capturar la snitch dorada y poner fin al partido, junto con un suculento botín en puntos que lo transformaba en el ochenta por ciento de los casos en el jugador más importante del juego).
La profesora McGonagall, harta de la actitud autocomplaciente de Slughorn (que pronosticaba una temporada de triunfos seguidos de su propia casa que haría palidecer la anterior racha de la casa del león) había hecho las labores al respecto. Fue por ella que el capitán de Gryffindor, Oliver Wood, había accedido a considerar sangre nueva, muy nueva, apuntando a un prospecto que se anunciaba insuperable: Harry Potter, hijo de uno de los más afamados buscadores de los últimos cien años.
Y el chico de lentes respondió al renombre que le precedía con creces. Usando su escoba, una Nimbus 1700, había superado a todos los demás postulantes logrando tres capturas de la snitch en menos de cinco minutos. Incluso siendo una prueba controlada, sin la presión del juego alrededor suyo, era simplemente impresionante.
La sonrisa de McGonagall, de Wood y del resto del equipo tenía razón de ser. Ron no estaba tan feliz: su prueba para cazador había sido bastante deficiente, y como buscador ni siquiera había querido intentarlo. Y aunque no quisiera reconocerlo, los celos del pelirrojo al ver a su amigo vestir el uniforme rojo y dorado de la casa del león eran demasiado evidentes.
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Draco apretaba sus dientes, furioso: había asistido a las pruebas del rival para ver a Harry Potter fracasar, pero había resultado todo lo contrario. Neville, a su lado, entendía el porqué de su rabia.
Con el tiempo transcurrido entre ellos Malfoy le había contado al detalle la causa del conflicto entre él y Potter (obviamente Hermione no sabía nada ni lo sabría nunca, ya que no habría forma de hacerle entender siendo una nacida de muggles la importancia que Draco daba al respeto por su linaje), y lo único que lo mantenía medianamente calmado respecto de su enemigo era la certeza que, fuera de los que fuesen sus respectivos padres, él era mejor que ese mestizo.
Neville, que en esas dos semanas de practicas de vuelo secretas había podido ver la habilidad de Draco en vuelo, se había percatado que Harry Potter era mejor que su amigo (quien en la privacidad de la noche había volado de manera destacable para impresionar a su compañero y que éste lo apreciara como maestro de vuelo) sobre la escoba. Y era esa certeza, que nunca reconocería por su propia boca, la que hacía bullir la bilis de su amigo Malfoy.
Y ver a Hermione compartir la alegría de sus compañeros de casa por el hecho de que su equipo de quidditch sería de un alto nivel ese año le era más irritante todavía. Claro, ella no comprendía del todo el gusto obsesivo de los magos por ese deporte, pero la alegría y euforia eran contagiosas y le resultaba imposible sustraerse del jolgorio.
Incapaz de aguantar más la frustración de su amigo, Neville decidió ayudarle:
- Draco, ¿sabes nadar?
- ¿Qué rayos me preguntas ahora?
- Que si sabes nadar.
- Si, lo sé.
- ¿Eres bueno?
- Si, creo. Mejor que Crabbe y Goyle, eso es seguro. Esos dos son un ladrillo: directo al fondo.
- O sea que si compitieras con ellos les ganarías. ¿Y contra una sirena?
- ¿Eres tonto o qué? Nadie le gana a una sirena en el agua.
- O sea que si tuvieses un problema con una sirena no la retarías a una carrera a nado.
- Claro que no. Eso sería… espera, ¿qué pretendes decirme? ¿acaso la diferencia entre Potter y yo es tanta?
- No. Lo que trato de decirte es que si quisieras encargarte de un enemigo, superarlo y humillarlo, lo primero que harías es saber en qué es bueno, ¿verdad?
- Si.
- ¿Y tratarías de superarlo en eso, verdad? ¿Eso es lo que piensas de Potter ahora? ¿Te encantaría vencerlo en quidditch y demostrar que en realidad no es tan maravilloso como todos piensan ahora?
- Claro. Y ten por seguro que lo haré… algún día.
- Pero tu enemigo parece ser excepcional en ello. Como una sirena en el agua. Y el quidditch es un juego en equipo, por lo que escoger ese campo para batallar contra él sería demasiado riesgoso.
- Habla claro.
- Yo no enfrentaría a mi enemigo en lo que es el mejor, lo confrontaría en un campo donde yo sea quien tiene la ventaja. Si tengo a mi enemigo en frente no arriesgaría una derrota ante él, ni tampoco haría trampa para asegurar un triunfo, no cuando de ser descubierto perdería toda la gloria de una eventual victoria.
- Pero sí puedo superarlo, soy muy bueno.
- ¿Y si ser muy bueno no es suficiente? Mejor jugar a la segura, confiando en que tienes la ventaja. Eres especial, Draco, y hay muchas cosas en que eres mejor que Harry Potter. No dejes que tu frustración le de esa ventaja… tu hechizo de desarme es bastante bueno, y eres astuto. No renuncies a tus fortalezas, Draco.
Draco miró a su amigo, incapaz de comprender lo que decía. Y es que, a diferencia de su normal actitud conciliadora, era como si lo estuviese incitando al choque.
Al final Malfoy no aguantó las ganas de preguntarle: "Dime lo que piensas de mi propósito de vengarme de Potter. Lo que realmente piensas".
Su amigo puso cara de concentración, como su ordenara sus ideas. Cuando se sintió listo, hablo: "Estoy de acuerdo contigo. Una parte de mi quisiera convencerte de que no vale la pena, de que no es bueno que alimentes ese resentimiento contra cualquiera por una estupidez, pero eso sería menospreciar tu molestia y humillación, tu amor por tu madre, y yo no sería capaz de eso. Digo que sin importar que tus padres sean más o menos culpables de lo que sea son tus padres, y es natural que no tengas porqué soportar que un aparecido llegue y los ofenda impunemente. Cuando lo cuentas eres incapaz de ocultar lo mal que te sentiste luego de aquél encuentro; trato de colocarme en tu lugar e imaginar que hablaran así de mi abuelita o de mi padrino y solo puedo darte la razón. Pero por sobre todo aquello, está el hecho de que pienso que lo necesitas; creo comprender la frustración de no poder ayudar a quien amas ni tener como defenderle, y entiendo que por tu propia forma de ser necesitas enfrentarte a Harry Potter, no para vencerlo o ser vencido, si no para sacar esa frustración de dentro tuyo. Siendo así, como tu amigo quiero que donde sea que choques con ese tipo le termines ganando, y si debo ayudarte para que lo hagas de buena manera puedes contar conmigo, al cien por ciento".
Draco, que no se esperaba una declaración de apoyo irrestricto de su en apariencia pacífico compañero de casa, sonrió maliciosamente, satisfecho.
Neville ve como su amigo, ya más tranquilo después de sus palabras, se retira del campo de quidditch, caminando de regreso al castillo. Acelera detrás suyo para darle alcance:
- Espérame.
- ¡Camina, tortuga!
- Te veo más animado. Eso es bueno.
- Tienes razón, en todo… ¿eso te lo enseñó tu padrino, verdad?
- Si. Fue cuando logré que me contara sobre cómo había derrotado a Voldemort.
- No te sigo.
- Tío Snape siempre trataba de hacer una lección de todo lo que me contaba, y usó mi interés en ese suceso para que entendiera lo que te dije: solo un tonto renuncia a elegir la hora y el lugar en que enfrentará a su enemigo, si puede hacerlo. Así lo hizo él: cuando supo que debía deshacerse del Señor Tenebroso esperó, pacientemente, a sabiendas que la oportunidad de tener la ventaja se presentaría; es más, él mismo la preparó, y se sirvió del Director y su grupo de magos que luchaban contra Voldemort para tener esa oportunidad.
- Y la usó. Tu padrino es bastante listo.
- Algunos dirían que solo se aprovechó de las circunstancias, del trabajo de otros, pero eso también es tener cerebro.
- Eso puedo comprenderlo: dejar que otros suden por ti es prácticamente la filosofía de mi familia.
- ¿Crees lo mismo?
- Si, aunque ahora lo diría de manera diferente: deja que tus amigos te ayuden en tus peleas.
- ¿Lo dices por mi?
- Claro, tonto. Dices que aproveche mis ventajas, y tú, a pesar de lo malo que eres sobre la escoba, eres una muy buena pieza. No al nivel de Hermione, pero a ella no la lanzaría al frente con tanta facilidad como contigo.
- Gracias…
- Me lo debes: te salvé la vida.
- ¿Ahora me sales con eso, Draco? Al menos me ha servido bastante tenerte de amigo. Y lo digo por las clases gratuitas de vuelo.
- Nada de gratuitas. Algún día, y puede que ese día nunca llegue, vendré a ti y te pediré un pequeño servicio. Espero que ese día recuerdes este favor que me debes.
- Eso me suena, pero no sé de donde.
- Hermione me dijo que lo sacó de una "película". Dice que es de algo que tienen los muggles, parecido a nuestras fotografías, pero que les permite ver historias muy largas con muchos paisajes y personas diferentes. Dice que es como ver un libro en imágenes.
- Si, las películas. Esa la conozco… en realidad no. Recuerdo haberla visto hace un par de años, cuando hacía tareas con un compañero muggle. Lo dice un viejo, pero no me acuerdo por qué.
- Son cosas que diría un padrino según ella; como el tuyo, Neville.
- Draco, ¿tú tienes padrino?
- Si, pero no lo recuerdo.
- ¿Acaso falleció?
- Peor, está en Azkaban, la prisión de los magos. Un pariente de mi madre… creo que se llama Rabastan.
- ¿Qué se supone que hace encarcelado?
- Mortífago, lo mismo que todos mis parientes. Es como la carrera familiar.
- Si… al menos mi mortífago es cazador de magos tenebrosos y aun permanece en libertad. Aunque siempre he pensado que se merece… no sé, una Orden de Merlín por lo menos.
- Mi mortífago padre tiene una… por filántropo… jajaja.
La risa de Draco se hace evidente, incapaz de procesar la imagen de su padre como una buena persona. Neville, que comprende perfectamente lo que debe sentir cruza su brazo por encima de los hombros de su amigo, compartiendo su risa. Así, con ambos niños juntos, lado a lado, continúan su camino incapaces de ponerse serios, como si el pasado criminal de sus parientes fuese la cosa más chistosa del mundo.
Las lecciones privadas de vuelo para Neville, de parte de su amigo y compinche, avanzaron sin problemas durante septiembre y principios de octubre. Ciertamente no entraría en ningún equipo de quidditch, pero al menos el chico Longbottom ya sabía lo suficiente para no arriesgar la vida apenas sus pies dejaban el suelo.
Las clases del dueto eran diarias, por un par de horas cada noche. Extrañamente nadie les ponía peros por la hora que salía y la que volvían: el nulo interés del resto de los Slytherin, cada uno preocupado en lo suyo, les permitía no tener que preocuparse porque los delataran.
Los únicos días en que no tuvieron su escapada nocturna fue durante una inusual y fuerte tormenta de otoño. Esos fueron cuatro días de lluvias sostenidas, de un nivel tal que incluso provocó daños en uno de los invernaderos del colegio.
Durante esos días lluviosos algo inquietaba a Neville, algo que lo hizo salir a eso de las once de la noche del tercer día de tormenta. Draco creyó que su amigo iba al baño, por lo que ni siquiera le preguntó si tardaría. Quince minutos después los pocos Slytherin que estaban en pie, preparando sus tareas a entregar al siguiente día, vieron regresar a la estrella (más bien el estrellado) de primer año, todo empapado y acompañado de un pequeño elfo domestico de aspecto harapiento, que temblaba y estornudaba a ratos.
Draco Malfoy echó a todo mundo de la sala común para poder hablar en privado con su sirviente ("No, tú no te vayas, Neville"). Allí, con su amigo como testigo, el rubio le preguntó a su elfo qué pretendía apareciendo allí y en esas fachas. Neville, viendo que Dobby estaba tan temeroso que no atinaba a decir palabra en defensa suya, respondió por el pequeño:
- Lo encontré donde tú ya sabes, cuidando lo que tú ya sabes.
- ¿En serio? -se extrañó Draco, para luego preguntar a su sirviente- ¿Creíste que iría allá afuera con esta lluvia? ¿Acaso eres retardado?
- Dobby no creyó nada, amo. Dobby solo estaba haciendo lo que se le ordenó, lo que el amo Draco dispuso que Dobby hiciera. Le juro que Dobby no quería dejar su puesto, pero el amigo del amo lo trajo a la fuerza, con engaños, diciendo que el amo quería verlo y que debía seguirlo.
- Si quisiera verte te llamaría directamente y no enviaría a otros por ti, esclavo tonto.
- Dobby lo pensó, joven amo, pero Dobby no se atrevió a contradecir a uno de los amigos del amo.
- Ya, ya. ¿Y ese estado? ¿Acaso tú eres el responsable de que mi amigo se haya mojado? Será mejor que me des una muy buena escusa, tonto elfo.
- Yo no… Dobby no tiene palabras para disculparse con el amo, aunque Dobby no comprende cómo esto puede ser su culpa.
Y así, sin más, el elfo doméstico busca con su mirada en la sala común que le sirva. Logra la barra metálica que se usa para avivar el fuego de la enorme chimenea, ahora encendida. Temblando de frío se dirige a tomarla, temeroso de hacer enojar más a su joven amo. Luego con ella en su mano, mira al rostro a Draco, esperando alguna señal de desagrado por su proceder, pero Draco no reacciona, como si esperara que el pequeño ser cumpla con su deber.
Dobby solo alcanza a darse un único golpe en su cabeza. Para cuando va a pegarse el segundo la mano de Neville lo detiene, quitándole el fierro y lanzándolo lejos, dentro de la lumbre a fin de que no lo llegue a tomar de nuevo. Dobby, ligeramente aturdido por el golpe que logró darse, una vez soltado por el amigo del amo se dirige a la chimenea, decidido a tomar el instrumento de castigo de entre las llamas.
Una mano lo sujeta de sus ropas, por la espalda, levantándolo. Neville, que apenas logra alzarlo con su limitada fuerza, le pide a Draco que le ordene detenerse, pero su amigo parece sordo. Ante la insistencia del chico, todavía ocupado en retener al sirviente, el rubio habla: "Déjalo. Ese inútil sabe que debe castigarse por humillarme con su aspecto, y si considera apropiado darse con esa cosa yo no lo detendré".
Neville, viendo que su amigo no quiere mostrarse débil con su sirviente, le advierte: "Si no lo detienes le contaré a Hermione cómo lo tratas en realidad, Draco".
Asustado, Malfoy pone rostro molesto, ordenando a Dobby que deje de golpearse y espere sentado. Neville libera al elfo, que solo se deja caer en el suelo, en donde hace esfuerzos por no dormirse a la espera de lo que su joven amo tenga para mandarle.
Draco confronta a Neville:
- Ya está. Espero que seas consciente de que ese tipo de trato benévolo lo volverá rebelde e indisciplinado. Si eso pasa mi padre sabrá que lo estoy usando y estaré en problemas.
- Nada de rebelde e indisciplinado. Pillé a Dobby en el límite del Bosque Prohibido, bajo la lluvia. Me dijo que había estado allí todas las noches, esperando nuestra llegada.
- Es posible. Si hizo bien su trabajo era de suponerse que actuaría así. Al menos me da gusto saber que es diligente con sus deberes.
- ¿Te da gusto? ¿Acaso consideraste que pudiera estar allí afuera, y no hiciste nada por evitarlo?
- Llamarlo es demasiado peligroso, como ya te dije. No correré el riesgo para simplemente evitar que se moje un poco.
- Entiendo… Mira, te lo diré con la mejor intención del mundo, y espero que te lo tomes de buena manera: Eres un idiota y deberías tratar con más humanidad a tu elfo, y lo digo en serio.
- ¿Humanidad, a esa cosa?
- Lo veo. Veo su miedo, su incomodidad. Veo el temor que tiene de desagradarte y no es bueno.
- Solo porque eres mi amigo te permito hablarme así, pero debes entender que esa no es la manera correcta de tratarlos.
- ¿Porqué?
- Los elfos son… raros. Su magia es muy fuerte, y si les dejamos pensar que merecen más de lo que tienen pueden llegar a revelarse. Tal vez no lo sepas, pero los magos han tenido guerras terribles en el pasado con otros seres con magia incluso menos poderosa que la de los elfos domésticos. Esa forma de tratarlos que tanto te incomoda es el medio por el cual nos aseguramos el vivir en paz.
- No te estoy pidiendo que lo liberes, ni siquiera que lo trates con generosidad, pero por favor, hazlo mejor que esto: tú no eres tu padre. Si no quieres hacerlo por que es lo correcto, hazlo por conveniencia: si algo te debe haber probado lo sucedido ese día cuando me salvaste es que consigues mucho más con bondad que con miedo.
- ¿Qué quieres decir?
- Que si me siguieras por miedo, o yo lo hiciera contigo solo porque me resultas útil, me habrías dejado morir ese día. Pero me quieres, como tu amigo, como yo lo hago, y eso te impulsó a salvarme. ¿Crees que esos dos tontos que te siguen, a los que insistes en no dejar cerca mío, harían lo mismo por ti? Has la prueba: gánate la gratitud de Dobby y te prometo que será el sirviente más fiel y confiable que mago alguno pueda tener.
Las palabras de su amigo eran un reto para Draco, una invitación a probarse y ser mejor que su padre, que cualquiera de los suyos. Pero no podía aparecer cediendo sin más, no con su sirviente allí, escuchando todo (aunque Dobby estaba tan aturdido que no había entendido nada de lo que los jóvenes amos decían). Entendiendo que si extendía su resistencia solo lograría que Neville fuese aún más molesto con ese asunto, le respondió: "Lo pensaré".
Mientras su amigo iba corriendo a su dormitorio, Draco se aproximó a su elfo. Algo brusco, hizo a su sirviente reaccionar a fin de que oyera sus próximas instrucciones: "Quiero que regreses a casa con las escobas. Si llueve o el clima está malo de cualquier manera te deberás marchar hasta que el clima mejore. Y si la noche es buena nos esperarás por quince minutos, ¿me escuchas bien?, quince minutos desde nuestra hora habitual de llegada, nada más. Si no aparecemos regresaras a la mansión y te quedarás allá, a menos que te llame, ¿está claro?"
El elfo asintió, levantándose con esfuerzo para despedirse apropiadamente y partir a cumplir sus nuevas órdenes. En eso, un presuroso Neville llega, gritando para que el elfo no se vaya aún, por lo que Draco le ordena esperar a su amigo.
El muchacho llega con una toalla y una camiseta azul que tiene un sapo dibujado en ella. Seca con cuidado a Dobby, para luego, sin preguntarle, quitarle el trapo que tiene encima y plantarle su camiseta, que le queda al elfo tan grande como si fuese un vestido. Antes de que Dobby reaccione, Neville le explica: "esta cosa la encontré tirada, por lo que no le pertenece a nadie y puedes tomarla sin que se considere que se te ha dado la prenda".
La prenda es el acto por el cual un elfo es deshonrado y expulsado de un hogar de magos al que sirve, y se verificaba por la entrega de una prenda de vestir de parte de cualquiera de sus amos. Neville no es su amo formalmente, y cualquier cosa que le dé no debería calificar como "prenda", pero prefiere no arriesgarse y convencerlo con esa pequeña mentira.
Dobby mira a Draco, esperando su parecer. Éste le responde: "Si es algo de la basura puedes conservarlo. Además, tu trapo anterior era ofensivo a la vista". Dobby agradece a Neville por pensar en él y ayudarle a mejorar su aspecto para el amo, luego de lo cual se retira en un sonoro "crac".
Draco, viendo que ese tonto por fin se ha ido, le habla a su amigo:
- ¿Feliz?
- No, pero es un comienzo.
- Esa era tu camiseta favorita.
- Lo sé.
- Podías haberle dado cualquier otra.
- Lo sé.
- ¿Porqué le diste entonces esa cosa fea?
- Por eso, por que tú sabias lo mucho que me gustaba. Por que quiero que entiendas lo importante que resulta para mi, desde ahora, lo que pase con Dobby. Quizás así consideres mejor mis palabras.
Draco, evidenciando su incomodidad por lo sucedido, se retiró en silencio a su cama, esperando que su amigo no siguiera con sus brillantes ideas sobre como deberían ser las cosas.
No quería tener que replantearse su amistad con Neville Longbottom. No cuando había trabajado tanto en ella.
Notas del Autor.
Buenas a todos.
No habiendo review ni dudas que contestar aprovecho este espacio que hay un par de cambios menores en los dos capítulos anterior: una palabra en el L1C7 (corrección luego de revisar el calendario) y un par de frases en el 1C8 (en que después de la lectura número 20 me di cuenta de que el proceso mental de Neville podría no quedar claro para un lector promedio).
Saludos, nos leemos pronto.
