LIBRO 1
CAPÍTULO 10: VIRGILIO.
Albus Dumbledore se vio sorprendido a primera hora del día por una inusual carta, llevada por una lechuza del servicio de correos y que provenía de nada más y nada menos que Severus Snape. Lo que en ella le decía su antiguo agente explicaba la misiva que, media hora más tarde, le llegó desde el despacho del Ministro de Magia en persona.
Por lo visto Snape había decidido, finalmente, hacer uso tanto de una de las recompensas ganadas por la muerte de Lord Voldemort, así como del favor que el mismo Dumbledore le había prometido cuando requirió su ayuda hace ya más de nueve años cuando lo había requerido para tratar de ayudar al mismo pequeño que ahora pretendía beneficiar con sus esfuerzos.
Esfuerzos que rozaban lo indebido. Pero todo estaba en regla, y si la sección encargada de la creación, crianza y reproducción de criaturas mágicas había dado su aprobación para ello (y tenía la carta rubricada por la misma secretaria del Ministro para probarlo) a él solo le quedaría resignarse a aceptarlo.
Al menos, pensaba el anciano educador, todo aquello le permitiría observar la conducta de Neville Longbottom y tratar de descubrir si sus sospechas se evidenciaban en él.
El Director hizo llamar, por medio de su propio patronus, a los jefes de las cuatro casas. Debía hacerles partícipes de lo que sucedería esa mañana, algo que era una flagrante violación de las normas establecidas pero que, por cosas del destino, todos se verían obligados a aceptar.
No quería sorpresas cuando esa cosa apareciera en el Colegio.
Recordó que también debía poner sobre aviso al conserje a fin de que no retuviera el envío. Tomando pluma y papel el Director escribió una pequeña nota para el señor Filch, la que con un leve toque de su varita tomó la forma de una grulla de origami, la que salió volando en búsqueda de su destinatario.
"Realmente debes apreciar mucho a ese muchacho, ¿no, Severus?", pensó en voz alta Dumbledore mientras veía los dos cartas colocadas allí, sobre su escritorio. Demasiados hilos movidos para algo que para muchos no valdría la pena. Pero Severus era… diferente.
Siempre lo fue.
El desayuno era el momento en que el correo de los hogares entregado a los estudiantes.
Dos veces por semana Hermione recibía correo de sus padres, quienes en la imposibilidad de contar con la inmediatez de los teléfonos se habían resignado a esa periodicidad. Y la niña, para no preocuparlos, mantenía la misma regularidad en sus respuestas, cuidando de contar las cosas que le sucedían, veía y descubría poco a poco para así nunca quedarse sin algo nuevo que decirles.
Draco recibía encomienda casi a diario, principalmente dulces, pero sus padres (más bien su madre) le escribían cada dos o tres semanas. Hermione pensaba que eso era demasiado poco e instaba a su amigo Malfoy para que les escribiera más seguido, a fin de incitarlos a lo mismo, pero el muchacho se negaba, argumentando que en realidad hablaba poco con sus padres (hasta el punto que, incluso viviendo en la misma casa -en realidad una enorme mansión- y siendo hijo único, comían juntos apenas una o dos veces en la semana). Y Draco lo encontraba de lo más natural.
Neville solo recibía carta los viernes, de su abuela, y respondía religiosamente los domingos. De su padre, nada de nada (como tuvo a bien notar Hermione); de su padrino, solo un par de escuetas notas en el último mes, principalmente para recordarle ciertas cosas sobre el Colegio que Severus Snape consideraba necesario que su ahijado supiera, notas que Neville releía decenas de veces antes de guardarlas entre sus pertenencias ("como si estuviese enamorado de su padrino", le decía Draco a Hermione en su presencia para molestarlo).
De allí que, siendo miércoles, y habiendo recibido nota de su tío-padrino hace menos de una semana, el chico Longbottom se extrañó al notar que una de las tantas lechuzas que sobrevolaban las mesas donde todos desayunaban dejara caer un sobre cerrado encima del plato donde tenía medio sandwich de queso y jamón aún por comer.
Draco, a su derecha, le ganó la mano impulsado por su curiosidad. Extrañamente el sobre le mordió, por lo que tuvo que dejarlo caer. Mientras Hermione, pasando por detrás de Neville, revisaba los dedos enrojecidos de su amigo, el destinatario de la misiva revisó su remitente: era de tío Snape.
El sortilegio de seguridad era raro, demasiado inusual en el poco correo que su tío le enviaba, por lo que Neville fue cuidadoso al abrirlo. Eso no era una nota, sino una carta en regla, larga y repleta de instrucciones.
El chico leyó con tanto interés la extensa carta que sus dos amigos se pararon detrás de él, impulsados por el deseo de saber qué decía allí. Se tomó el tiempo de releer ciertas partes, aparentemente escritas en clave. Una oración le había llamado la atención a Neville, una demasiado estilizada para provenir de su padrino: "Me he asegurado que su olor no resulte desagradable, lo que sumado a sus finas lineas la harán una compañía interesante en cualquier conversación, facilitándola".
Eso no podía referirse a simple estética: tío Snape nunca fue tan superficial.
Hermione, más rápida que su compañero Malfoy, expresó: "Pero se supone que no se puede. La lista es bastante reducida, y se supone que cualquier otro animal está prohibido". Malfoy, habiendo a su vez terminado, añadió: "Pero no es un animal, es… es… ¿qué es?"
Neville, luego de su tercera lectura, dobló la carta y la guardó dentro de su túnica, respondiendo a la duda de su amigo: "Problemas, eso es lo que es. No quiero ni pensar en cuanta gente debe haber convencido para poder hacerlo y no terminar en la cárcel. Solo espero que lo que dice sobre haber arreglado todo sea realmente así, que no deseo que me expulsen, incluso si se trata de un regalo tan genial y único como parece serlo".
Como si la última frase hubiese sido una invocación, del cielo (en realidad del techo del salón comedor, dejado caer por una lechuza café de gran tamaño) cayó un paquete que golpeó con fuerza encima del plato, rompiéndolo y aplastando su ahora incomible medio sandwich. "¡Oye!", gritó Neville con molestia al ave que se alejaba, pero Hermione le tranquilizó: seguramente para esa lechuza no resultó nada grato cargar con el envío de su padrino.
Malfoy se veía decepcionado por la primera impresión de esa encomienda aun cerrada, y su decepción fue plena cuando su amigo abrió la caja de madera que se supone era el genial regalo de su tío: una serpiente, pequeña.
De color blanco, sin marcas de ningún tipo. Midiendo apenas sesenta centímetros de largo y con un cuerpo delgado y fino, su cabeza no era más grande que un sapo de chocolate. Insípida en toda la extensión de la palabra.
Y seguramente muerta, porque no se movía para nada.
Hermione, que también estaba decepcionada pero que lo disimulaba mejor (para no herir los sentimientos de su amigo) señaló que le recordaba a esas pequeñas serpientes arbóreas que veía en los documentales de la televisión (a lo que Draco intentó preguntar a qué rayos se refería, pero la niña le dijo "después" antes de que terminara de cuestionarla).
Neville, por su parte, decidió que ya era suficiente de ver su regalo -que suponía era lo que le quedó debiendo por superar la prueba del patronus- y había que hacerla reaccionar. Pensó por un instante en usar su varita, pero reflexionó que era grosero simplemente picarla con un palo y decidió acariciar la cabeza de la pequeña culebra con sus dedos.
Fue como si el reptil volviera a la vida. La serpiente albina alzó su cabeza, mirando al chico que la tocaba, sacando su lengua bífida para capturar el aroma de los allí presentes. Sin saber si hacía o no el ridículo por hablarle así, Neville se dirigió a su nueva mascota: "Hola, soy Neville Longbottom, tu nuevo dueño. Estos a mi lado son mis amigos Draco y Hermione y este lugar es el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Bienvenido".
(Tío Snape le había escrito que la serpiente era macho)
Un grito, seguido por varios más, se replicaron alrededor de la mesa y por lo ancho y largo del salón comedor. Varias niñas (y un par de varones) se alejaron temerosas ante la vista del pequeño ofidio. Tres prefectos de diferentes casas saltaron al frente, varitas en mano, exigiéndole a Neville que entregara esa cosa, mientras le recordaban que cualquier animal diferente a un gato, sapo, rata o lechuza estaba prohibido para los estudiantes.
Por toda respuesta el chico Longbottom le ofreció su mano a su nueva mascota, dejando que reptara por su brazo, bajo su ropa, hasta colocarse a la altura de su cintura (lo que provocó una risa nerviosa del muchacho como reacción a la fría y húmeda piel de la culebra).
El problema era que los prefectos hablaban en serio, y en apenas unos instantes las varitas puntando a Neville subieron de tres a ocho. En esas condiciones el chico solo se quedó quieto, esperando, sin mover un músculo, seguro de que algo sucedería que le salvara de recibir todos esos impactos que los mayores parecían decididos a darle.
Era casi como si esperaran que el muchacho les diera otro motivo más para atacar. Neville, por su parte, no podía sentirse más orgulloso de sus amigos: Hermione y Draco, de pie, cada uno a su lado, sin mostrar intensión de dejarle solo en eso (aunque el rubio parecía mucho menos seguro que la chica).
En eso, un grito rompe el tenso suspenso: "¡TODOS, LAS VARITAS ABAJO, DE INMEDIATO!"
Los prefectos, reconociendo la voz de mando de la Directora Adjunta, obedecieron al momento, mientras uno de ellos (un pelirrojo que llevaba la insignia de Gryffindor en su túnica) se acerca a la jefa de su casa para explicarle lo ocurrido.
Todos ven como la estricta maestra McGonagall regaña a Percy Weasley: si surge algún problema de ese tipo deben acudir a los maestros y no pretender hacer justicia por mano propia, no por algo tan insignificante como un animal prohibido. "Pero… es una serpiente", trata de excusarse el reprendido; "si, una serpiente en un lugar donde tenemos plantas asesinas y animales realmente peligrosos, señor Weasley", le señala McGonagall, dejando en claro que han exagerado por nada. Avergonzado, el hermano de Ron se retira sin decir nada, mientras el resto de los prefectos simplemente se dispersan antes de que la profesora recuerde que ellos también están allí.
La anciana de lentes llega junto a Neville: "Muéstremela, señor Longbottom". El aludido se contonea ligeramente, logrando que la pequeña culebra regrese a su mano, con la mitad de su cuerpo todavía oculto bajo la tela de la manga de su túnica.
McGonagall se aproxima al pequeño reptil, acomodando sus lentes para verla mejor: "Tal y como Severus la describió en su carta". Acto seguido, la Directora Adjunta se yergue, sacando de entre sus ropas un papel escrito, el que ofrece al chico.
Neville, recibiendo el escrito, lo revisa rápidamente mientras McGonagall le explica: "Eso es un permiso especial firmado por el Director del Colegio para la permanencia de su mascota mientras usted curse sus estudios, señor Longbottom. Debe llevarlo junto con esa pequeña a que sea revisada por su profesor de Defensa contra las Artes Oscuras y con el de Cuidado de Criaturas Mágicas, Silvanus Kettleburn, a fin de que den su visto bueno, por escrito. Debe comprender que está haciendo uso de un permiso especial y exclusivo, vinculado solo a ese animal en particular y a su persona, no cedible ni transferible a otro ejemplar de similares características. Será su deber procurar cumplir con el régimen alimenticio de su serpiente y evitar que pueda dañar a sus compañeros y sus mascotas, el personal docente o los animales o seres que habitan este castillo y sus dependencias. ¿Le quedó todo perfectamente claro, señor Longbottom".
El niño asiente rápidamente, sonriendo. Curioso, le pregunta a la profesora porqué ha sido ella quien le ha traído ese permiso, a lo que ella responde, mientras se voltea para regresar a informar al Director: "Simple: de los cuatro jefes de las casas soy la más rápida". Draco parece querer reír, mientras se imagina a esos cuatro vejestorios corriendo en el campo, pero Hermione le da un nada sutil codazo, como si fuera capaz de intuir lo que pasa por la cabeza de su amigo.
Neville termina de ver el permiso: al final tiene el espacio necesario para las firmas de autorización de los maestros indicados, mientras se pregunta en voz alta: "¿Donde podremos encontrar al profesor Silvanus?". Un joven, unos metros más atrás del trío, de apariencia de ser de cursos superiores y que lleva el símbolo del cuervo en su túnica, les indica que debe estar en el jardín noroeste, cerca del límite del Bosque Tenebroso, preparando la clase de sexto año. Neville agradece el dato y echa a correr, mientras le grita a sus amigos que le acompañen y que deben apurarse si pretenden tener el permiso firmado antes de su próxima clase.
- Ya veo… Entonces esto lo consiguió tu padrino. Bien, el animal se ve saludable y no hay rastros de maldiciones o embrujos ocultos en él. ¿Dices que no es venenoso? Eso debe comprobarse; tendrías que dejarlo conmigo y venir a retirarlo en una semana. Podemos sacar líquido de sus colmillos y ver si realmente es inerte o si se trata de algún veneno bioquímico o mágico poco potente.
- Conozco una forma más rápida, profesor Lupin.
- ¿No pretenderás que lo hagamos morder algún animal indefenso?
- Claro que no, señor.
Neville mira directamente a su serpiente. El ofidio, que espera sobre el escritorio del profesor licántropo, levanta la cabeza ligeramente, esperando. Sin dudarlo, su dueño le ofrece su mano, la que el pequeño albino muerde antes de que el profesor pueda impedirlo.
La culebra se retira rápidamente.
Remus Lupin ilumina la punta de su varita, la que acerca preocupado a la mano del muchacho. Huele con cuidado la herida, pero solo logra detectar lo que debe ser el aroma del jabón y sudor:
- Veo rastros de líquido transparente ligeramente amarillo, además de tu sangre, Neville.
- Le dije que mordiera con todo. Bueno… más bien lo pensé.
- ¿Puede leer la mente?
- No. Mi padrino me escribió que apenas me reconociera formaría una especie de vínculo emocional, y que si me concentro puedo hacerle pedidos sencillos sin hablar. Como realizar encantamientos sin decir las palabras.
- Te arriesgaste mucho.
- Tío Snape dice en su carta que no es venenoso. Eso me basta.
- Confías mucho en tu padrino.
- Totalmente.
- Bien. Tomaré una pequeña muestra de tu herida y lo dejaré en cultivo, pero si no te ha pasado nada en todo este rato podría concluirse que lo que segrega por sus colmillos debe ser inerte. ¿Duele?
- Un poco, como si me hubiese clavado una espina. O dos.
- Espera.
El profesor revisa uno de los cajones de su escritorio, sacando una botellita llena de un líquido verde, del que deja caer un par de gotas sobre la piel lastimada del chico: "Esencia de dictamo. Lo mejor que existe para tratar heridas físicas. Veo que se está cerrando… eso es bueno, significa que tampoco hay daño mágico por su mordida. Creo que con eso puedo darle el visto bueno a tu mascota, Neville".
Mientras el líquido verde burbujea hasta evaporarse, dejando su piel límpida y sin marcas, el chico Longbottom ve como el profesor Lupin firma su hoja para luego dársela junto con la pluma:
- Debes poner tu nombre y el nombre de tu serpiente.
- Claro.
- Espera, antes debes saber lo siguiente: ese permiso es en realidad un contrato mágico.
- ¿Contrato?
- Nada grave. Básicamente le avisará al Director del Colegio si rompes algunas de las condiciones impuestas. Como medida de seguridad, la otra parte del contrato tiene un pergamino de control que le dirá donde te encuentras dentro del colegio y sus alrededores. No el punto exacto, sino un área de unos diez metros de diámetro. El Director es demasiado correcto para recurrir a medios ilícitos.
- Pero no lo suficiente para hacer las cosas de frente.
- Si quieres verlo así. Recuerda: en cierta manera tú escogiste los términos de su relación.
- Vaya… el señor Dumbledore está usando magia muy avanzada para mantenerme vigilado.
- Ni tanto… Es solo una forma más compleja del hechizo que permite rastrear a los magos menores de edad y su uso de magia sin permiso. Al Ministerio, por una cuestión de resguardo de la privacidad, no se le permite usar nada que permita saber de manera exacta la ubicación física de ningún mago o bruja.
- Ya veo, ¿cómo sabe usted de eso, profesor?
- Por cosas del destino… ciertos sucesos… extraños… mis amigos y yo descubrimos cómo hacer ese tipo de hechizos de rastreo por vinculación y creamos, hace muchos años, una especie de mapa. Ahora está perdido, pero cuando lo teníamos podíamos ver la ubicación de cualquier ser vivo que tuviera un poco de magia y un nombre propio dentro del Colegio; un encantamiento homonculous nos permitió seguirlos sin problemas dentro de un mapa móvil en tiempo real, otro de ocultamiento evitaba que extraños pudieran utilizarlo. Fue nuestro máximo logro, nuestro orgullo: desde el Director para abajo, todos estaban visibles allí. Excepto los elfos… por alguna razón el hechizo de rastreo nunca funcionó con los elfos domésticos: la magia que esos pequeños poseen es muy particular.
- ¿En serio?
- No sé porqué te lo digo, creo que simplemente no quiero que esa historia se pierda, y me caes bien. Mi amigo James creó el sistema de marcado y Peter lo distribuyó en puntos de alto tránsito por todo el colegio, lugares por donde todo mundo debe pasar. La marca es inofensiva, tal y como las que usa el Ministerio de Magia, por lo que nunca nadie ha podido descubrirlas. Pero no teníamos los recursos del Ministerio, por lo que solo detecta los movimientos dentro en el área de Hogwarts, al menos en las que teníamos acceso, incluyendo los pasajes secretos y salones ocultos que logramos descubrir. Ese mapa era… perfecto.
- ¿Y seguirá funcionando?
- Los puntos de marcado… probablemente. Pero sin el pergamino del mapa no hay forma de saberlo.
- ¿Y no ha tratado de replicar ese pergamino?
- ¿Ahora? Neville, debes comprender que hay cosas que como adolescente te pueden resultar genialidades y que luego, al crecer, descubres que son ideas o muy malas o muy peligrosas. Y realmente no sé en qué categoría entraría nuestro "Mapa del Merodeador".
- Entiendo. Bien gracias por todo, profesor.
- De nada. Y ve con cuidado.
Neville, tomando con cuidado a su serpiente, deja que repte hasta sus hombros, en donde se asienta. Antes de partir, decide completar el permiso, dándose unos instantes para pensar en el nombre que le dará a su nuevo compañero.
Una vez decidido, escribe sin titubear, dejando la pluma allí, en el escritorio. Se despide nuevamente de su maestro antes de dirigirse a la salida de su oficina. Una idea ocupa la cabeza de Neville: no pensó que el perfume del "veneno" de su mascota fuese tan efectivo.
Deberá ser cuidadoso con quien lo usa: afortunadamente Remus Lupin lo aprecia lo suficiente para convencerse a si mismo que el que le cuente algo tan sensible ha nacido de él, pero en cambio, si lo usara con cualquiera que le tuviera temor o recelo (y que no fuera un idiota) éste se percataría de inmediato que lo que le ha hecho hablar de más debe ser algo… raro.
Como sería lo que exuda Virgilio de sus colmillos. Colmillos que ahora están secos, y que según la carta de tío Snape solo volverán a llenarse en unos cinco días más.
.
.
.
Hermione y Draco, que esperaban afuera de la oficina del profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras a que Neville terminara con su gestión, se quedan viendo el pergamino que el chico les exhibe con orgullo: Ahora Virgilio es una mascota aprobada para permanecer en el Colegio Hogwarts.
Con ambos amigos igual de confundidos por ello.
Malfoy, menos diplomático que su amiga, es quien le hace el alcance al dueño de la serpiente:
- Virgilio… se llama Virgilio. Lo siento, no sé como pudiste llegar a un nombre tan…
- ¿Único? ¿Original?
- Raro.
- "Virgilio", suena como "ofidio"; ya saben, serpiente.
- Tus juegos de palabras son horribles, pero al menos es un nombre decente -dijo Malfoy-.
- ¿Un nombre decente? Entonces creo que acerté.
- (extrañada, la chica preguntó) ¿Porqué es decente?
- (Draco responde) Por que si un mago tiene una serpiente por mascota su nombre debe sonar sombrío, maligno. No le puedes poner "Escamas", o algo por el estilo; no es digno de una cosa que se arrastra, tiene filosos colmillos y porta veneno mortal.
- (Neville interviene) Virgilio no es venenoso.
- Da lo mismo. Quien ve una serpiente piensa en la muerte.
- (Hermione agrega) Y también está el tema de Virgilio, el verdadero.
Ambos chicos ponen cara de no saber de qué habla su amiga. Ella, incapaz de comprender esa extrañeza, se explica: "Ya saben, por el guía de Dante en el infierno. El poeta de la Roma Antigua" -tanto Neville como Draco siguen viéndola como si ella hablara en otro idioma- "Vamos, "La Divina Comedia"; digo, puedo entender que Draco no pueda conocerla por no haber tenido contacto con muggles, pero seguro que tú sabes de lo que hablo, Neville… ¿o no?".
El muchacho Longbottom niega con la cabeza. Draco, más curioso que su compañero, le pregunta porqué es bueno que la serpiente mascota de su amigo tenga el mismo nombre de ese sujeto, sea quien sea, a lo que le sigue una explicación de quince minutos de la chica relativa al libro, su historia y sus personajes, con especial énfasis en las descripciones del infierno y lo que éste se supone que es.
Al concluir, las reacciones al respecto de ambos muchachos son bastante dispares: Neville se ve confuso; Draco, en cambio, está extasiado, mientras no deja de decirles a sus amigos que no puede creer que los muggles puedan inventar historias tan geniales sobre demonios e intrincadas torturas:
- Creo que he ganado un nuevo respeto por los muggles.
- (Hermione trata de corregirle) No, Draco, ese no es el sentido de la historia. Las escenas del infierno son solo para aleccionar, para enseñar que hacer esas cosas es malo y que siempre son castigadas.
- Pero eso no quita que sean geniales. Además no creo que nadie se trague esas patrañas.
- Aunque no lo creas son muchos los que creen en esas cosas, millones. Tal vez no como lo relata Dante, pero la idea del infierno está presente en prácticamente todas las diferentes culturas del mundo muggle.
- Tontos supersticiosos. ¿Sabes? Eres muy buena para recordarme lo patéticos que son los muggles, Hermione.
- Mis padres son muggles.
- Algo que siempre lamentaré, pero si no se le puede hacer nada…
Molesta, Hermione arruga su frente y, sin decir nada, solo bufa antes de levantarse e irse. Draco mira a Neville, preguntándole: "¿Debo disculparme, cierto?". El aludido asiente, mientras le recalca:
-Recuerda que tu error fue menospreciar a los muggles. Dile que estás seguro que sus padres son geniales, que no pretendías ofenderlos y que lo que lamentas es que no sean magos, nada más.
- ¿Incluso si no es verdad?
- Mientes todo el tiempo, Draco, ¿tanto te incomoda mentirle a ella para hacerla feliz?
- No quiero mentirle… si voy a hacerla feliz a una amiga deseo que sea con la verdad.
- Eso es un progreso. Solo presta atención a los detalles; eres bueno en eso. Ah, y deja de creer que tú o tus padres tienen la razón en todo. Ábrete a otros pensamientos, que ya estoy aburrido de inventarte excusas.
- ¿Abrirme?
- Si, abrirte.
Resignado, el chico rubio resopla para luego levantarse y echarse a correr para alcanzar a su ofendida amiga, ignorando como Neville le desea suerte mientras acaricia al pequeño Virgilio, sintiendo la frialdad de la serpiente entre sus dedos.
Las clases normales del día habían mantenido a Neville demasiado ocupado para poder dedicarse a su nueva mascota. Sin embargo, y atendiendo a lo recomendado por la carta de su padrino, había mantenido la culebra encima suyo todo el tiempo (ya que se supone era necesario que el ofidio se impregnara con su aroma y esencia mágica a fin de que lo recordara claramente más adelante).
Los estudiantes solo se percataron de dicha situación cuando, después de la clase de Defensa, el chico había dejado que su reptil paseara delante suyo, saliendo de su pantalón y reptando frente a él, con el trío de amigos vigilando su avance.
En eso Draco pregunta qué se supone que le dará de comer a su nueva mascota. Hermione, aprovechando que un compañero de casa pelirrojo camina un par de metros tras de ellos, le comenta a Neville que ella sabe de una rata que vive en el dormitorio de los chicos de la casa Gryffindor, por si le interesa. Ron, sabiendo que el problema es con él, le grita a todos que si alguien desea darle a esa cosa rastrera a Scabbers que lo intentaran, que su rata era lo suficientemente grande para cenarse a ese bicho cualquier día.
El dueño de la serpiente, viendo como su nueva mascota era agredida impunemente, la coge del suelo, dejando que suba por su brazo izquierdo, por encima de su ropa, hasta colocarse junto a su oído. Con su mascota allí, a lo alto, la acaricia en su mentón mientras se dirige a Ron: "No te preocupes, que en poco tiempo crecerá. Además no pretendo que tu rata sea alimento para Virgilio: la pobre no tiene la culpa del amo que le tocó, y no tengo intensión de desquitarme con ella por lo que tú hagas o dejes de hacer".
Ron molesto, se aproxima (pero solo un poco) en actitud agresiva:
- ¡Repítelo!
- ¿Qué cosa?
- ¡Lo que dijiste!
- ¿Qué dije?
- ¡Lo sabes! ¡Me miras en menos! ¡Solo te estás burlando!
- No, lo que dije fue que ninguna mascota, ni tu Scabbers ni mi Virgilio, tiene la culpa de tenernos como sus dueños, por lo que no deben padecer por los problemas que tengamos entre nosotros. De ti no me burlo, solo te miro en menos.
- ¡Ves, lo sabía!
- ¡Discúlpate con Hermione!
- ¿Cómo?
- Va más de un mes y sigues sin disculparte por como la trataste en el tren. ¡Discúlpate con ella!
- ¡Jamás! ¡Ella me pintó la cara, y tú me dejaste pegado al techo para que todos se rieran! ¡Son ustedes los que deben disculparse!
- Yo ya me disculpé.
- ¡Pues no basta!
- ¡SI BASTA! ¡Y mientras no le pidas perdón a Hermione por burlarte de ella DOS VECES seguiré viéndote y tratándote como lo hago!
- ¡UNA FEA DIENTONA QUE SE JUNTA CON UN PAR DE TONTOS MATONES DEL ENEMIGO NO SE MERECE QUE NADIE SE DISCULPE CON ELLA POR DECIRLE LA VERDAD EN LA CARA!
Fue como si una onda gélida hubiese irrumpido de golpe en aquél pasillo.
Los gritos de furia de Ron Weasley resonaron en todo el lugar y, a diferencia de aquella vez en el tren, no obtuvo ni el apoyo ni la comprensión de nadie, ni siquiera de su mejor amigo. Lo de antes había sido nada más que un chiste tonto hecho en horribles circunstancias a una desconocida; esta vez, en cambio, se trataba de una compañera de casa, estimada y conocida de todos.
Neville se concentró para que Virgilio se metiera dentro de su ropa, a fin de quedar libre para atender a Hermione. La niña estaba en shock, como si no creyera que una discusión entre esos dos hubiese escalado hasta su persona.
Draco estaba entre sorprendido y furioso. Por primera vez sintió que su molestia previa con Harry Potter era algo del pasado: el ataque a su amiga fue demasiado evidente. En otras circunstancias se habría reído de la ofensa dicha a uno de sus amigos en su presencia, pero ahora solo quería romperle la cara a ese pelirrojo imbécil. Solo una cosa lo frenaba: el recuerdo de cuando Neville lo salvó de decirle a su ahora amiga "sangre sucia", un insulto tanto o más miserable que lo dicho por el tipo Weasley, lo que los dejaba en similar posición en cuanto a individuos (idea que le hacía revolver las entrañas).
Hermione hizo un esfuerzo por controlarse. Decidida, comenzó a caminar en dirección a Ron. Neville trató de interponerse, excusándose por llevar las cosas hasta ese nivel y tratando de asumir la culpa de todo: Ron Weasley era demasiado tonto y él debió haber previsto que aquello podía pasar; Hermione lo apartó con su mano, sin fuerza: "Lo sé, y luego será tu turno, pero ahora tengo que arreglar todo con ese tipo". Luego, la chica siguió caminando directo a su agresor.
Ron estaba muerto de miedo. Ahora, después de haberla cagado en grande, estaba listo para humillarse y pedir perdón por todo. Comprendía que en ese suceso él era el principal agresor y quien, en el fondo, tenía la culpa de todo. Había elegido jugar con Hermione, molestándola todo el tiempo con sutileza, creyendo que era lo correcto como pago por la escena del Expreso de Hogwarts, pero en ese momento, como por arte de magia, había entendido que había sido un estúpido, que lo sucedido antes había sido una humorada totalmente justificada de parte de ella, que Hermione Granger era una niña y como tal merecía ser tratada con cierto tacto, el que claramente él no tenía, y que ese era el momento perfecto para pedir perdón y dejar que ella se mostrara como una compañera magnánima y generosa.
Así, cuando su compañera de casa se detuvo a medio metro suyo, Ron abrió su boca para hablar, pero un grito de Hermione lo desarmó por completo, mientras levantaba su mano derecha como si pretendiera estamparla en su pecosa cara:
"¡CÁLLATE!
Yo… yo quiero disculparme… no debí… pero estaba tan molesta, tan… decepcionada. Quería ser su amiga, de todos ustedes, y me acerqué a todos creyendo que… pero tú, y tu amigo… y todos… y ahora con Draco y Neville… ellos no se merecen que tú les digas… por mi culpa… y si debo disculparme para que me dejes en paz, y a ellos, lo haré: disculpame, siento mucho haberte hecho eso en el tren. Ahora quiero que tú nunca más les digas a ellos… por mi… ni quiero que me hables… o menciones mi nombre… Tienes muchos amigos aquí, tienes a tus hermanos, y a ese tonto de lentes que te acompaña a todas partes. Yo solo los tengo a ellos, y no quiero que se alejen de mi por tipos… como… tú".
Todos los allí presentes vieron como Hermione, en el límite de su control, le hablo a Ron. El chico tenía los ojos bien abiertos, mientras esperaba que esa mano que la chica mantenía en alto, como si quisiera darle una cachetada, terminara de impactar.
Ron había decidido que no se defendería. Sabía que se lo había ganado. ¡Diablos!, si para el momento en que Hermione terminó de hablar estaba deseando ese golpe: aquello salvaría siquiera una mínima parte de su dignidad. Pero nada pasó, y cuando entre sollozos que entrecortaban su discurso la niña terminó de hablar ella simplemente cerró su palma, bajándola, para luego girar y caminar rápidamente, como si deseara correr y no se atreviera a hacerlo para no dar un espectáculo aún más patético, el chico comprendió que el que ella no fuese capaz ni siquiera de golpearlo, mereciéndolo, era señal de lo afectada que estaba.
Pero no era solo eso, era algo más: miedo. Ese era el sentimiento que embargaba a la niña.
Hermione creía que el mostrarse así, tan frágil, la condenaría definitivamente al ostracismo. Seguramente ni Neville ni Draco querrían permanecer a su lado si ella los arrastraba a ese tipo de espectáculos.
Un choque y un par de brazos estrechándola la detuvieron. Hermione trató inconscientemente de separarse para seguir con su escape, pero Malfoy solo la retuvo con más fuerza. Neville solo acarició el cabello de su amiga, mientras le decía a Draco que la llevara a los baños del tercer piso. Viendo que ella no quería ir, Neville le dijo a su amiga al oído: ["Ve, ese es el lugar que ocupo cuando quiero llorar"].
Mientras sus dos amigos caminaban y los testigos comenzaban a dispersarse, abrumados por un sentimiento de vergüenza ajena que los hacía irse en silencio, Neville miró a Ron. Éste, que esperaba un ataque del chico, detuvo a Harry que, a pesar de todo, quería interponerse entre ellos para defenderlo de ser necesario.
Viendo que Neville no decía nada, el pelirrojo le habló: "Lo superará, ¿verdad? Yo… en realidad no soy malo… tengo una hermanita pero en realidad no sé como…" El chico Longbottom, sintiendo pena por su abatido enemigo, puso cara de decepción: "Debo ir a verla y recibir mi porción de retos… Dale tiempo: Hermione es una chica genial, muy generosa, y seguramente olvidará todo esto. Tan solo… no la cagues de nuevo".
Harry vio como Neville parecía hablarle a su serpiente, la que había salido de su escondite y observaba a su dueño, para luego bajar de encima del rubio y dirigirse reptando a lo que parecía ser la sala común de Slytherin.
Ron Weasley, por su parte, solo puso la cara que ponía siempre que sabía que había metido la pata en grande (que no eran pocas veces, la mayoría de las ocasiones por motivo de sus hermanos mayores y su ejemplo). Estaba asustado, y el de lentes no sabía qué decirle para tranquilizarlo: en ese punto no se merecía que lo hicieran sentir mejor.
Y Ron no le reclamó nada a su mejor amigo. Él también comprendía que se merecía sufrir un poco.
Luego de tres horas consolando a su amiga allí, en la privacidad de los baños femeninos del tercer piso (con todo lo incómodo que resultaba para sus dos amigos) la llegada de un pequeño grupo de niñas de primer y segundo año de Gryffindor, que habían llegado buscando a Hermione, liberó a ambos chicos de su deber para con la niña.
Extrañamente las recién llegadas no dijeron nada por la presencia de esos dos varones allí, acompañando a su congénere. En vez de eso, un contenido "gracias" de parte de la mayor de ellas, mientras se llevaban a la ofendida de regreso al dormitorio, fue todo lo que salió de la comitiva.
Todos se dirigieron a la sala común de la casa del león.
Neville y Draco, a pasos más atrás de las féminas, escuchaban como todas esas niñas se turnaban para decirle a Hermione, en tono compasivo, lo despreciable y ruin que era Ron y que se merecía lo peor de todo, y que ya estaban haciendo las consultas con alumnas de los cursos superiores para buscar un hechizo lo suficientemente degradante para hacerle a ese gusano y que comprendiera que un pequeño rayado en su rostro era nada al lado de lo que se había atrevido a decir en público.
"La solidaridad femenina es… tenebrosa", pensó Neville. Miró a su amigo Draco de reojo: seguía tan furioso como cuando sucedió todo.
Por lo visto esa noche faltarían a la clase de Astronomía. Bueno, eran Slytherin y sinceramente nadie podía esperar que asistieran a absolutamente todas las clases, ¿verdad?
.
.
.
Ron, recluido en su cama, escuchó apenas como Hemione había regresado finalmente al dormitorio.
Por lo que alcanzaba a oír de lo que todo mundo comentaba estaba mejor que como cuando se separó de ella. Suponía que sus dizque amigos serpientes eran más útiles de lo que suponía. O al menos mejores que él para tratar con una niña.
Incluso Scabbers se había distanciado de él. Su tarde había sido horrible.
George y Fred le habían dicho de todo, arrepentidos de haber elegido mantenerse neutrales ante la actitud de la vergüenza de la familia con su compañera y no obligarlo a arreglar las cosas con esa niña antes de que terminaran estallando, como parecía haber sucedido, castigándole con negarle el trato de hermano hasta que arreglara las cosas con la chica Granger.
Percy, en su pulido y refinado estilo, le aleccionó sobre los modos necesarios para el trato respetuoso entre magos y brujas, sugiriéndole un par de libros sobre conductas adecuadas en sociedad de la biblioteca y sancionándolo con diez puntos menos para Gryffindor por su ofensa pública (aunque morigerando todo con cinco puntos dados a Hermione por autocontrol en el mismo evento). Era impresionante como con modos más cordiales las palabras de Percy le resultaban mucho más incómodas a Ron que las de los gemelos.
Pero lo peor, con todo, había sido la jefa de su Casa.
Una hora, fue una hora completa la que la profesora McGonagall le tuvo en su oficina, de pie. Mientras la anciana maestra revisaba unos ensayos de quinto año (quienes pagarían en sus notas por la suma molestia que la mujer sentía en ese momento, la que se traducía en una nula tolerancia para cualquier tipo de error en sus trabajos) se detenía para retarlo por lo sucedido. Estaba unos cinco minutos desahogándose por la torpeza de uno de sus estudiantes, uno de su propia casa; luego, más tranquila, se detenía, volvía a su labor y al cabo de unos minutos, retomaba. Y la furia que el pelirrojo veía en sus ojos, furia que no disminuyó en toda la sesión de regaños, hacía todo peor.
La cereza del pastel fue la noticia de que informaría a sus padres del suceso. Aunque luego, mientras Ron se dirigía a su dormitorio, en donde quedaría confinado por lo que quedaba de ese día (pero excluido de los espacios comunes de la casa del león por dos semanas), pensó que quizás tendría algo de suerte: si su madre decidía que regresara a casa aquello lo salvaría de lo que seguramente serían semanas, tal vez años de malas caras de todo el mundo.
"No -pensó Ron-, no tengo tanta suerte".
A la mañana siguiente todo el ambiente estaba más calmado.
El escándalo entre Hermione y Ron seguía en boca de todos, pero la misma calma mostrada por la niña durante el desayuno parecía anunciar que el asunto estaba medio superado.
Y el que Hermione se mostrara como una mujer real, imperfecta y frágil, todo lo contrario a la imagen de perfección académica y racionalidad que evidenciaba en su día a día, le había finalmente acercado a sus compañeras de casa. Era como si el ver que la muchacha tenía sus propios defectos y sufría por ellos la hubiesen hecho aceptable para todas ellas: era parte del grupo, y no una cosa rara extraña al género femenino como todas creían.
Draco, por su parte, se sentía incómodo por como las niñas de los alrededores le miraban. Parecía ser que Hermione, al contarle lo sucedido a sus nuevas amigas, había sido particularmente dadivosa con los elogios a su amigo Malfoy, lo que sumado a ese pequeño momento de debilidad que provocó que la abrazará allí, en presencia de todos, en un intento por consolar a su amiga herida, le había dado al rubio platinado una extraña reputación.
Como si todas esas locas le vieran como un ser de luz, amable y sensible. Y Draco no quería eso; Draco no era eso. El era oscuridad, y orgullo, y violencia, y era tosco, y… y…
El chico miró a Neville (quien había dejado a Virgilio durmiendo en su cama) mientras mascullaba por cual era el motivo por el que solo él era señalado por esas niñas tontas y, en cambio, su amigo seguía conservando su halo de misterio y peligro.
"Maldito afortunado", pensó el sufrido Malfoy.
Neville, por su lado, revisaba por enésima vez la carta de instrucciones de su padrino:
- A ver… Se supone que Virgilio es una dasypeltis scabra, modificada con magia. Sus habilidades son comprensión limitada del lenguaje humano, olfato mejorado, visión nocturna de calor capaz de superar ocultamientos mágicos (aunque se supone que los sentidos de cualquier serpiente pueden hacer eso), mimetismo básico y cambio de color.
- (Hermione pregunta) ¿Porqué los colocó como cosas diferentes?
- "Mimetismo" se refiere a que puede adoptar los colores de lo que le rodea para pasar desapercibida. Pero solo mientras permanece quieta.
- Como un camaleón o un pulpo… ¿y lo otro?
- Virgilio tiene dos formas de color: blanco y negro, pero solo puede adoptar una u otra. Eso lo descubrí durante la noche. Pensé que me habían cambiado la culebra, jeje…
- Pero las serpientes comedoras de huevos se supone que tienen escamas ásperas, y Virgilio es perfectamente liso y suave.
- Supongo que mi padrino pensó que era lo mejor si iba a tener que llevarlo encima.
- ¿Y cuánto le falta por crecer?
- No lo dice en ningún lado. Tío Snape solo me indica que "cree" que podría llegar al metro y medio, pero siendo una creación mágica, pues…
- Al menos no parece ser tan peligroso como un basilisco. Uno de esos te marcaría definitivamente como mago tenebroso, Neville.
- ¿Basilisco?
- Se supone que Salazar Slytherin tenía uno de esos, o al menos es lo que dice "Historia de Hogwarts", aunque también dice que podía hablar con las serpientes. Creo que por eso la serpiente es el símbolo de su casa. Pero sigo sin entender cómo autorizaron a tu padrino para crear a Virgilio; el manual de Newt Scamander recalca mucho los peligros de la crianza de especies mágicas nuevas y el porqué fue prohibida.
- No me suena ese sujeto.
- Claro que no te suena. "Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos" es un libro complementario de la asignatura de Cuidado de Criaturas Mágicas, y ese ramo recién lo veremos en tercero. Según supe antes se les daba a los alumnos de primero como libro de consulta, pero como nadie lo leía se quitó de la lista de materiales a instancias del profesor Lupin. El que tengo yo fue un regalo suyo.
- ¿De Lupin?
- No creerás que eres el único que a veces conversa con los maestros, ¿verdad?
- Y tú sabes tanto de lo que dice ese libro porque…
- Es una de mis lecturas para antes de dormir.
Draco, que había permanecido en silencio hasta ese momento, no puede evitar esbozar una pequeña risa contenida que provoca que Hermione le dé un codazo, mientras le pide que no se ría por su gusto por la lectura: "Quizás algún día todo lo que aprendo me salve la vida. O al menos me dará mejores notas que las tuyas, Draco".
Neville, ignorando a sus amigos y sus tontas peleas amistosas, siguió con su revisión:
- Se supone que debo darle un huevo no fecundado por semana, y dejarlo digerir su comida durante medio día. ¿A qué se refiere eso de "sin fecundar"?
- (Hermione le responde) Que no tenga un pollito creciendo dentro. Algo que mi mamá me enseñó cuando era más pequeña y no quería comer huevos porque pensaba que todos eran futuros pollitos.
- (Draco interviene) ¿Y eso era un problema porqué… ?
- Me gustan los pollitos, ¿bien?
- (Neville continúa) Eso será difícil. No existen tiendas por aquí y no creo que sea recomendable recolectarlos en el Bosque Prohibido. ¿La lechucería? No, puedo terminar agarrando un huevo con un "pollito" dentro y Hermione me mataría por tamaño delito… ("¡Oye, no te rías tú también!"), y no puedo pedírselos a algún maestro, no cuando se supone que debo cuidar yo de Virgilio.
- (la chica le habla) Yo podría pedírselos a mis padres. Los huevos duran bastante y con pedirle un par de ellos por semana estaríamos cubiertos. Bien embalados no deberían romperse en el viaje por lechuza.
- (Draco niega con la cabeza) Mejor yo me ocuparé de eso. Dobby puede traernos uno cada vez que lo requiramos.
- Pero debemos compensarlo por el favor.
- ¿Sabes que me estás malcriando a mi sirviente, Neville?
- Déjame, así sentiré que hago algo y que no se lo dejo todo a tu pobre elfo.
- Bien, pero si se pone exigente tú tendrás que ver como solucionarlo.
En eso, un grito feroz se escucha en la mesa de los Gryffindor. Era como si una señora estuviera retando a uno de los estudiantes, con una molestia tal que el pobre muchacho solo atinaba a encogerse en su asiento, hasta el momento en que lo que parecía ser una carta parlante solo reventó, dejando caer sus trozos como confeti sobre el afligido pelirrojo.
Viendo que la chica no comprendía aquello, Draco le explicó de manera escueta: "Un vociferador. Un correo parlante que le envías a alguien con quien estás particularmente enojado o a quien quieres asustar o humillar. Supongo que esa era su madre. Bien, me alegro que alguien en esa familia sepa lo que es hacer lo correcto".
Neville, viendo como su amiga volvía a su comida, le preguntó si es que acaso se había sentido incómoda por todo eso, pero ella solo le respondió: "No, se lo merece". Y siguió comiendo como si nada pasara.
Aquella frialdad no podía ser buena. No en Hermione.
El viernes, a la salida de la clase doble de Defensa Contra las Artes Oscuras, mientras Neville caminaba solo en dirección a la biblioteca (Hermione se había desviado al jardín con unas amigas y Draco había ido a la sala común con sus compinches Crabbe y Goyle a jugar a un extraño juego con naipes parlantes) Ron Weasley, aprovechando que su amigo Harry se había marchado a una práctica con el equipo de quidditch de Gryffindor, se le acercó, tomándolo del brazo y arrastrándolo a un estrecho cuarto donde el conserje almacenaba una reserva de escobas y baldes para limpiar ese piso.
Allí, en privado, Neville esperó que el pelirrojo hablara, pero era como si la decisión que había tenido el chico le hubiese durado hasta ese momento. Aburrido, luego de dos minutos de esperar, el rubio decidió dar el primer paso:
- Habla de una vez. No te facilitaré las cosas.
- Ella… ¿cómo se encuentra?
- Mal. No es del tipo de guardarse la rabia contra alguien y permanecer así como si nada. No es ni como Draco ni como yo.
- Ya veo. Yo quiero… hacer las pases, pero no sé como.
- Solo dile que lo sientes.
- ¡No puedo! Esas locas de sus "nuevas amigas" la cuidan todo el tiempo, y yo tengo prohibido estar en la sala común. El único momento en que parece accesible es cuando está con ustedes dos.
- Podrías enviarle un recado.
- ¿Con quién, ah? Todos piensan que soy un miserable y saben que ella me tiene hecha la ley del hielo. Nadie se prestará para ayudarme con Hemione.
- Yo también pienso que eres un miserable, Ron Weasley.
- Lo sé, pero si eres capaz de tolerar a un sujeto como Draco y ser su amigo significa que tengo una oportunidad de lograr tu ayuda, incluso si tienes el peor concepto de mi.
- Primero Hermione, luego Draco. Veo que disfrutas ofendiendo a mis amigos; muy listo no eres, ¿verdad?
- No, no lo soy y lo acepto. Pero no soy ningún monstruo y no quiero que ella… me odie. No por una estupidez.
- Te ayudaré. No por ti, sino por ella: Hermione es demasiado valiosa para dejar que un sentimiento tan negro crezca en su corazón. Pero tendrás que esperar.
- ¿Cuánto?
- Déjame ver… Virgilio llegó el miércoles… los cinco días se cumplen el lunes… Ustedes tiene Astronomía el martes en la noche, ¿verdad?
- Si.
- Creo que puedo preparar algo para esa noche. Presta atención: voy a correr el riesgo de que ella se enoje conmigo. No quiero que nadie sepa que haré algo para hacer las paces entre ustedes. Tu amigo Harry no debe saber nada de mi participación ni de lo que ocurrirá esa noche.
- Vamos juntos a todos lados, sobre todo ahora que todo mundo me mira feo. Si trato de que se marche sospechará.
- Bien, puedes llevarlo; veré como hacerme cargo de él. Pero no le avises de nada.
- ¿Y qué harás?
- No puedo decírtelo, debes parecer sorprendido. Lo siento, pero eres demasiado torpe para poder advertírtelo sin que te delates solo. Tendrás que confiar en mi.
- ¿Confiar en ti? ¿En serio?
- Tú me pediste ayuda.
- Para que hablaras por mi con Hermione, no para entregarme a lo que sea que pretendes hacerme.
- Quiero ayudarla a ella, tú no me interesas.
- ¿No irás a humillarme todavía más, verdad?
- Hummmm… no, solo lo necesario. Pero te prometo que todo será para mejor, para ambos.
- Y tengo que confiar en tu palabra.
- No te queda de otra. Es eso o dejar que ella te odie por el resto de tu vida.
Esa última idea le molestó sobremanera al pelirrojo. Resignado, Ron simplemente asintió, agradeciendo malamente la ayuda y yéndose de allí, temeroso y arrepentido de intentar aquello. Pero si eso al menos le terminaba devolviendo su paz mental valdría la pena.
Aunque ella no lo perdonara le quedaría al menos la certeza de haberlo intentado.
Neville se quedó unos momentos allí, solo, en medio de las escobas y los baldes. Tenía cuatro días para preparar los detalles para su misión, una para la que no podría contar con Draco.
Tan solo esperaba estar haciendo lo correcto: si fallaba, ni Hermione ni Malfoy le perdonarían por esa traición.
Notas del Autor:
Antes que nada: sé que "Virgilio" no es el nombre más genial del mundo, y que ni se acerca a "Nagini", pero se trata de Neville, el mismo que tenía un sapo mascota de nombre "Trevor" (como para que se hagan una idea de lo limitado que es en cuanto a bautizar mascotas).
La serpiente mascota se le ocurrió a Snape cuando vio el guardián del chico. Técnicamente no es una serpiente, sino una criatura mágica manipulada por el padrino de Neville creada a partir de una serpiente y que gracias a eso demostrará un par de habilidades únicas que no se dan en otras similares. Pero no se esperen grandes cosas, que no pienso servirme de él para usarlo de recurso de emergencia (tipo "deus ex machina con patas", o abdomen, en su caso).
Hice un par de cambios al tema del Mapa del Merodeador: lo siento, pero soy incapaz de ver algo tan complejo y poderoso como una creación con la simpleza que lo hace ver lo que parece ser la explicación oficial.
Tengo perfecta consciencia de la imagen que Ron, como alivio cómico, tiene en el canon (y que según he oído empeora aún más en el último "libro" -que no he leído ni pienso leer, a menos que alguien señale que es necesario tenerlo como material de consulta para hacer una historia que trata de mantenerse apegada a lo oficial), pero aquí su papel es ligeramente más serio (y secundario), y pretendo dejar en claro que mucha de la patente odiosidad que muestra en el primer libro de la saga con Hermione (y que Harry, aunque sufrió en carne propia bulling constante durante su infancia, imita y secunda) también está aquí, y razones que para él son válidas: esa traidora merece que la hagan sufrir. Pero en el fondo es un buen sujeto, y tiene el mínimo de inteligencia necesario para percatarse de que ha metido la pata.
Y por si alguien no entiende, el problema no fue la ofensa en sí (los niños son crueles, y en el primer libro canon los varones del trío de amigos son bastante crueles con Hermione antes de volverse amigos) sino el escándalo público, el gritarlo a viva voz para que todos lo oigan, multiplicando así la humillación, y todo lo que significaba tanto para la ofendida como para los testigos y quienes tuvieron conocimiento de ello.
Nos leemos pronto.
