LIBRO 1
CAPÍTULO 11: SINCERIDAD FORZADA.
Lunes.
Draco vigilaba los alrededores, ligeramente nervioso. Su amigo no era ningún bromista, por lo que si le había dicho que lo que esperaba recibir podría devenir en una castigo es que hablaba en serio. Neville, por su parte, esperaba de pie, sosteniendo un muffin cubierto con crema blanca y coronado por una cereza azucarada en sus manos.
Ambos niños estaban metidos en el baño del tercer piso (el de varones). Se habían escabullido de la clase de Historia de la Magia, a la que llegarían tarde por esperar esa entrega, pero era el mejor momento: el profesor Binks, como buen fantasma, no les cuestionaría por su tardanza -ni haría nada diferente a su monótona y languidecente lectura que era su lección- ni les impediría sumarse a ella veinte minutos después de iniciada.
Un sonoro crac se escuchó, retumbando en el vacío del amplio salón de blanco y porcelana.
Draco vio a su elfo domestico, todavía con esa camiseta con el sapo estampada en ella, llevando en sus manos un paquete envuelto en papel. Neville, en silencio, tomó lo que traía Dobby y lo revisó sin sacarlo de su envoltorio, entregándole al mensajero el dulce que era su pago por el favor:
- Gracias, joven amo Neville.
- Gracias a ti, Dobby.
- Hay un pequeño detalle, señor.
Neville ocultó el paquete al interior de su túnica, sin mostrar su contenido a Draco.
- Habla, por favor.
- El señor Moody me pide que le recuerde que si llega a suceder cualquier cosa él negará habérsela facilitado. Pero el amo no debe preocuparse por ello, que Dobby puede decir que él la robó para el amo Neville, aunque Dobby después deberá castigarse.
- Entiendo. Si eso llega a pasar tu castigo será comerte dos docenas de esos muffin, ¿está claro, Dobby?
El elfo miró al hijo de su maestro con ojos suplicantes. Malfoy, entendiendo ese gesto miró a su amigo: ese miserable Longbottom estaba imitando la mirada de súplica de su sirviente. Rabioso, le hizo un gesto al pequeño que podía interpretarse como un "cómo sea".
Sonriendo, el elfo se inclina ante ambos niños, desapareciendo en un crac.
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Mientras caminan por el pasillo para tomar la escalera más cercana y bajar al primer piso a fin de llegar a la clase de Historia, Draco no puede evitar preguntar a su amigo: "¿Moody? ¿Alastor Moody? ¿Eso te lo envió el cazador de magos tenebrosos?"; Neville pone su dedo sobre sus labios, indicándole a su amigo que debe hacer silencio:
- Nadie debe saber que tengo esto, Draco.
- ¡Pero si ni siquiera sé de que se trata!
- ¿Acaso no confías en mi?
- No.
- Con mayor razón. Si me descubren quizás termine en mi expulsión, y si lo sabes será también la tuya.
- ¡Vamos, que no se lo diré a nadie!
- Como si fuera tan simple. Si me atrapan al primero que buscarán para interrogar es a ti, y con las ganas que tiene el Director de sacarme de aquí seguramente usarán algo que sea de verdad efectivo, como el veritaserum o legeremancia.
- No hablas en serio.
Neville se detiene, al pie de unas escaleras, mirando fijamente a su amigo. Malfoy comprende: "Es en serio… Está bien, pero lo que sea que vayas a hacer debes hacérmelo saber"; su amigo responde: "Si no puedo hacerlo Hermione te contará todo".
Draco sujeta a su compañero de casa del brazo antes de que parta nuevamente:
- ¿Acaso ella está metida en esto?
- No, pero cuando suceda se enterará de todo, de una forma u otra.
- Tiene que ver con ese estúpido pelirrojo Weasley, ¿cierto?
- Eh… si.
- ¿Estás preparando algo en su contra?
- Si, diría que si. Al menos cuando lo haga lamentará haber sido grosero con nuestra amiga.
- Comprendo… ¿y será feo?.
- No sabría decirte. Solo puedo revelarte que Peeves está involucrado.
- ¿En serio? Creí que te detestaba.
- Si, lo hace. Tal vez me ayuda porque eso logrará hacer que me expulsen, o es por que realmente desea lo que me pidió a cambio.
- ¿Qué cosa?
- Un poco de humillación pública. Si te lo digo es porque si todo resulta como lo planeo y evito cualquier castigo, tendré que cumplir con ese bromista y… cuando eso pase…
- ¿Qué, qué?
- Necesitaré dos favores: no deberás interferir ni tratar de protegerme. Y tienes mi permiso de reírte con ganas de lo que me tocará hacer: eso me ayudará bastante.
- Comienzo a asustarme.
- No es nada peligroso… creo. Al menos no puede serlo con todo mundo viendo. El segundo favor será que deberás detener a Hermione: no quiero que intervenga y Peeves termine pensando que me estoy corriendo. Ese sujeto es demasiado peligroso como para hacerlo enojar más aún.
- Bien. Detesto que me dejes fuera pero confío en que será algo efectivo.
- Si todo sale bien Hermione volverá a ser la de siempre y ese tonto de Ron no será capaz de verme a la cara por todo un mes, por lo menos.
Malfoy suelta a su amigo, caminando detrás de él.
Draco sabe que no será capaz de no ser testigo de lo que sea que haya preparado Neville contra ese imbécil de Gryffindor, por lo que deberá ver la forma de seguirle de cerca. El chico Longbottom, por su lado, sabe perfectamente que no podrá convencer a su amigo de dejarle hacer las cosas por si mismo; al menos el préstamo de tío Moody debería bastar para sacárselo de encima cuando lo requiera.
Quedan unas treinta y seis horas para la operación y todavía debe terminar de coordinar un par de cosas para que todo le salga bien.
- ¿Lo tienen?
- Lo tenemos…
- Gracias. Les debo una grande, chicos.
- No es necesario, muchacho. Si este pequeño favor ayuda a nuestro hermanito a superar su problema con la chica Granger nos damos por bien pagados.
Neville estiró la mano para recibir un pequeño frasco lleno de un líquido color naranja.
Sus proveedores, los gemelos Fred y George Weasley, famosos en todo el colegio por su habilidad para conseguir ciertas… "cosas" difíciles de proveerse por medios lícitos. Su ingenio e inventiva, sumada a una muy extendida red de contactos que llegaba incluso a alumnos de los últimos años de casi todas las casas, les daba acceso a todo tipo de sustancias que el par de pelirrojos requerían para sus preparados especiales, así como cosas para sus potenciales clientes, como el flaco rubio con quien estaban reunidos en ese momento.
Queriendo estar seguro de aquello, el muchacho rubio pregunta:
- ¿Funcionará?
- Viene de las mismas reservas de Slughorn -reconoce Fred-
- Tuvimos que esforzarnos bastante para "conseguirlo" -añadió George-
Satisfecho con esas garantías de parte de los gemelos, Neville guarda su encargo en un bolsillo de su pantalón. Cuando quiere despedirse de sus proveedores, los gemelos le detienen:
- Un par de cosas antes, Neville -le dijo George-
- Tienes que prometernos que no lo usarás en nuestro hermanito -continuó Fred-
- Tienen mi palabra.
- La palabra de un Slytherin… si, servirá.
- También debes recordar no respirar por diez segundos si estás a menos de un metro de la víctima -dijo George-
- O también sufrirás los efectos -recalcó Fred-
- Y no reaccionarás en un par de horas -añadió George-
- No lo usaré si no es necesario.
- Suerte, y recuerda: nunca tuvimos esta conversación -dijeron ambos gemelos al unísono-.
El flaco Neville asintió, esperando luego a que los gemelos desaparecieran rumbo a los invernaderos.
El chico Longbottom se quedó viendo el entrecruce de pasillos donde había sido citado por los célebres bromistas. Allí, entre las rutas a la sala de practicas de encantamientos y el ala de los invernaderos del colegio, estaba una estatua antiquísima: "Segismundo el Patidifuso", vistiendo ropas de como hace tres siglos atrás, mirando al cielo y encogido sobre sí mismo, con sus manos alzadas como si pretendiera protegerse de algo que le cae desde arriba.
Demasiado viejo para ser un estudiante (o quizás en esa época los estudiantes permanecían muchos más años en el Colegio Hogwarts), se supone que había sido tallado en honor a la primera víctima de una broma dentro de aquellas paredes. Un dudoso honor que había sido plasmado para la posteridad en duro granito gris.
Ciertamente un lugar donde Fred y George Weasley, y todos los que eran como ellos, se sentirían cómodos, como si al ver a ese pobre sujeto les inspirara a lograr algo que fuera lo suficientemente grandioso para ser recordados.
Pero Neville no quería pensar en eso. Debía ir a la biblioteca y repasar su plan nuevamente, a fin de estar seguro que las cosas resultarían como esperaba. Además no quería llegar tarde al almuerzo: si todo salía mal ese sería una de las últimas oportunidades de compartir con sus amigos en la comodidad del gran salón.
La sala común de Gryffindor, once y media de la noche.
La pareja de prefectos de quinto año salía para hacer su ronda nocturna. En eso, el varón del par se detiene viendo hacia un muro. Su compañera, extrañada por ello, le pregunta qué le sucede: "Creo que he visto una serpiente moverse, pero… desapareció".
Su compañera mira hacia donde ve su compañero, sin lograr distinguir nada: "Estamos cansados. Esa clase de Transformaciones fue demasiado exigente. La profesora McGonagall nos hará pagar por esas notas tan malas de toda la clase en el último trabajo".
Ambos compañeros de casa se vieron, evidenciando su frustración por lo sucedido esa misma tarde. Pero no valía la pena torturarse por lo sucedido, y ya iban demasiado atrasados a su ronda nocturna como para perder el tiempo tratando de averiguar si lo que el joven había visto era real o no.
Los prefectos apuraron el paso, pasando por el retrato de la Dama Gorda (que reclamaba por como la molestaban siendo tan tarde). A los pies de los estudiantes, una serpiente negra avanza sigilosa, moviéndose para quedar a la sombra de las lamparas que iluminan pobremente el pasillo que conecta el sector Gryffindor con el gran salón.
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El cuerpo frío de su mascota despertó a Neville.
Su culebra se había colado por entre las sábanas de su cama, trepando hasta su cabeza.
El chico vio a la serpiente blanca a los ojos: "¿Pudiste entregar el mensaje, Virgilio?". El ofidio asiente un par de veces, dando a entender que su misión ha sido todo un éxito. Una pequeña caricia por el lomo de la serpiente a modo de gracias provocó que Virgilio abandonara esa posición, moviéndose a los pies de la cama, por dentro, más allá del cuerpo de su amo, en donde se enrolló para dormir.
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Los chillidos de Scabbers Tercero despertaron a Ron Weasley.
La rata mascota tenía en su hocico un pequeño trozo de papel enrollado, como si se tratara de una nota.
Sin ninguna luz cerca el muchacho pelirrojo tuvo que moverse en silencio hacia el salón común (en donde no debería aparecerse más que para ir a sus clases, pero que a esa hora era el único lugar iluminado cercano).
La nota, escrita con letra muy menuda, seguramente era de Neville Longbottom. Decía: "Todo listo. Tienes que asegurarte de mañana salir al final de la clase de Astronomía; yo retendré a Hermione afuera, en el pasillo antes de la escalera de caracol; sal luego de un minuto detrás de ella. Trata de deshacerte de tu amigo Potter; si no lo haces tendré que encargarme yo de él y no te gustará".
Esas palabras finales de Neville preocuparon a Ron, pero ya era demasiado tarde para echarse para atrás. El chico miró el reloj colgado sobre la gran estufa cuyo fuego estaba ahora reducido a cenizas: medianoche.
Todo sucedería en menos de veinticuatro horas.
Resignado, Ron volvió a su cama en silencio, no sin antes picar en trocitos el comprometedor mensaje y tragarlo lo mejor que pudo. Tardó media hora en dormirse, incapaz de no pensar en qué podría hacerle a su amigo Harry ese incómodo aliado.
Martes.
Neville se encontraba revisando el espacio en la torre de Astronomía, calculando la distancia entre la salida del observatorio y el comienzo de la escalera. Contó paso por paso por tercera vez, buscando el mejor lugar para arrinconar a su presa.
Al menos contaba con una facilidad extra para su tarea: parecía ser que el aroma de Virgilio mantenía alejada a la gata del conserje, por lo que podía contar que ni ella ni su amo, que por lo visto se servía del felino para vigilar los pasillos del castillo, se acercarían mientras realizaba su encerrona.
Estaba nervioso. Su padrino lo había preparado lo suficiente respecto de como plantear una estrategia, montarla, prever contingencias y tener salidas alternativas. Neville sabía que se había puesto en cualquier escenario posible: con Draco esperándole para la lección de vuelo en escoba (que todavía tenían en secreto), y con las medidas tomadas para cubrir su rastro, solo tenía dos escenarios que no podría controlar y que podían arruinar la operación o su escape del mismo.
El primero era que o Ron o Hermione, al verse sorprendidos, actuaran de manera diferente a la que esperaba y arruinaran todo. En el caso del pelirrojo Weasley era peor: si todo fallaba o si se veía obligado a actuar de manera demasiado violenta con él o Harry Potter podría terminar vendiéndolo con el Director, y Neville no obligaría a Hermione a mentir por él para salvarse. El fracaso significaba irse de allí dejando un gran mal entendido atrás. No creía que lo que sería tomado como una mala broma le significara tener que renunciar a su varita, pero el perder a sus dos amigos magos era un precio lo suficientemente alto como para tener que reconsiderar todo eso una y otra vez.
(Aunque la única conclusión a la que Neville podía llegar era que el devolverle la sonrisa a su amiga valía la pena incluso ese riesgo)
Lo segundo era casi un acaso. Él sabía que el Director Dumbledore tenía un mecanismo para rastrearlo de ser necesario, pero contaba con que el papel de educador considerado y respetuoso que el célebre mago representaba lo hubiese llevado a no llevar su paranoia con él hasta el punto de vigilar el pergamino que se supone le decía dónde se encontraba a cada rato. O sea, Neville esperaba que ese viejo tuviese mejores cosas que hacer que tener los ojos pegados en ese mapa con su posición.
Y claro, Neville esperaba que su desconfianza no hubiese llegado hasta crear un sistema que le avisara si él estaba en un lugar donde no se debería encontrar en una hora dada. Aunque considerando que todavía no le había dicho nada por sus lecciones de vuelo le permitía al niño creer que o no lo vigilaba tanto como temía o que a menos que se metiera en problemas no pretendía restringirlo, dándole una libertad que quizás solo tenía como propósito el que se volviera confiado y cometiera un error que significando su expulsión sin arrastrar a ningún otro estudiante con él (como lo sería si, por ejemplo, pretendía castigarlos a él y Draco por el hecho de estar volando en escobas en terrenos del colegio siendo alumnos de primero).
Y quedaba Harry Potter. Un sujeto que lo detestaba y que si era de alguna manera testigo de lo que haría lo delataría de inmediato. Un peligro que solo podría ser contrarrestado por sus preparativos y el apoyo de los otros dos involucrados. A menos, claro, que Ron fuese lo suficientemente competente como para lograr librarse de su amigo por unos minutos, razón por la que le había enviado ese mensaje de esa forma.
Pero era Ron Weasley, y el mismo hecho de tener que estar haciendo todo eso era muestra patente de su torpeza, por lo que era absurdo pretender que pudiera hacer esa pequeña cosa.
Resignado, el chico Longbottom tomó su determinación.
Era hora del almuerzo… o su última cena, según como se viera. El niño llamó a su mascota de lengua bífida, la que se hizo visible junto a la escalera de caracol (donde había permanecido vigilando la llegada de algún visitante), reptando hacia su amo y subiendo por su pantalón hasta colocarse alrededor de la cintura de Neville, por debajo de su túnica.
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- ¿Sabes que eres mi amiga, cierto, Hermione?
- Claro, Neville.
- ¿Y que si hago algo extraño no sería para lastimarte?
- Lo sé.
- Necesito decirte… si me ves hacer algo raro, por favor, dame una mano.
Estaban saliendo de la clase practica de pociones de la tarde cuando la niña se vio interrumpida por su amigo. Asustada, trata de que le explique respecto de a qué se refiere con esas preguntas tan extrañas, pero Neville le pone su mejor cara mientras le dice: "Nada malo, solo digamos que quiero devolverte la alegría", para luego salir corriendo gritando que tenía que asegurarse de que Virgilio había digerido correctamente su comida (en lo que lo dejó hace unas cuatro horas, de camino al gran salón para tomar su propio almuerzo).
La niña quedó allí, sola y confundida. Sin saber qué más hacer agarró a Draco (que salía más tarde luego de un par de explicaciones extras que Slughorn consideró necesario darle después de terminada la clase) y le preguntó si Neville estaba metido en algo raro, a lo que el rubio simplemente negó para excusarse con que debía alcanzar a Goyle para preparar una tarea de herbología juntos.
Así la chica Granger quedó allí sola. Para ella era evidente que Malfoy sabía algo y no había querido decirle: esa sonrisa maliciosa que apenas pudo disimular cuando le preguntó por su amigo en común había sido demasiado evidente para ella.
Lamentablemente no tendría oportunidad para preguntar nada hasta el día siguiente, no con la pesada clase de Astronomía que le tocaba en un par de horas más.
Neville caminaba veloz por entre los pasillos y escaleras que separaban la sala común de Slytherin con la torre de Astronomía.
Siempre con Virgilio encima suyo, había salido de su sala común treinta minutos antes de la hora que estimaba como la salida de los Gryffindor de su clase con la profesora Sinistra. Fuera de su habitual precaución (por nada querría llegar tarde a su objetivo) estaba el hecho de que haría el camino largo, a fin de evitar cualquier accidente. Y es que si bien nadie podía verle no quería cometer la torpeza de verse descubierto por caminar por algún pasillo demasiado estrecho y terminar chocando con alguien.
Además aquello le serviría para despistar a Peeves, de quien el chico Longbottom no era lo suficiente crédulo como para esperar que el célebre bromista no quisiera aprovechar las circunstancias y decidiera que era mejor jugarle alguna mala pasada a esperar y cobrar su recompensa por su ayuda.
Neville aprovecharía lo que le enseñó el profesor Lupin, sirviéndose del pasaje detrás del cuadro nevado por el túnel estrecho hasta la bodega de almacenamiento de desechos de los elfos, lo que lo colocaría justo debajo de la torre, asegurándole la mitad de su camino sin obstáculos.
Por seguridad el chico se quitó su camuflaje cuando llegó a la parte de su camino donde no podía esperar presencia humana: no sabía si esos métodos de ocultamiento servían con los elfos domésticos y lo mejor era que esos pequeños supieran que estaba allí, lo que le evitaría cruzarse con ellos (los mágicos sirvientes evitaban ser vistos a menos de ser llamados por algún amo).
El camino fue rápido, y cuando pudo salir de la trampilla que daba al patio por fuera de la torre de Astronomía le quedaban casi veinte minutos para subir la escalera de caracol. Como esperaba, Peeves vigilaba el pasillo que dirigía a ese punto desde el interior del castillo, seguramente para interceptarle, pero Neville estaba más relajado: sabía que el Director había prohibido al pequeño bromista interrumpir las clases, por lo ese mañoso no haría nada por aproximarse al atrio del observatorio a menos de ser llamado.
Así, una vez Peeves se alejó lo suficiente de la base de la escala, seguramente buscándolo, Neville se cubrió nuevamente y caminó con cuidado suficiente para no ser escuchado, superando la vigilancia del poltergeist y continuando su camino.
Una vez posicionado donde había planificado colocarse, el chico dejó libre a su serpiente, la que reptó para colocarse a un par de metros de la entrada por donde saldrían los alumnos después de la clase.
Nueve minutos después la serpiente se movió, haciendo en el suelo una señal para su dueño: los humanos detrás de esa puerta se movían.
Como siempre sucedía Hermione salía de las últimas (Neville sabía que a su amiga le gustaba quedarse y hacerle preguntas a sus maestros sobre la clase). Aparentemente Ron estaba haciendo su parte: los comentarios de aquellos que salían de la clase hablaban de como el pelirrojo había dejado caer su telescopio al término de la clase, desarmándolo.
Lo bueno es que siendo las nueve y media de la noche nadie quería quedarse a darle una mano. Lo malo era que Harry Potter tampoco había salido. Esperaba que el chico Weasley recordara que no debía salir antes que Hermione o arruinaría todo.
Su amiga salía, finalmente. Sin otra cosa que una libreta en sus manos, la que guardó dentro de su túnica. Caminaba apurada, pero no lo suficiente para no notar como Virgilio se cruzaba en su camino con su forma blanca, frenando.
Neville miró hacia todos lados: nadie más estaba allí.
Mientras la niña preguntaba a la serpiente qué hacía allí, sola, tan tarde y tan lejos de la sala común de la casa de su amigo, Neville se hace visible desde la pared, como si apareciera de la nada:
- ¡Neville!
- Por favor, sin ruido, Hermione.
- ¿Qué haces aquí?
- Algo bueno, te lo prometo.
- Has estado muy raro. Iba a recoger a Virgilio para llevarlo a tu sala común. ¿Acaso se te escapó? ¿Llegaste siguiéndolo?
- No, es solo algo que tengo que hacer. ¿La profesora Sinistra?
- Subió a su dormitorio luego de que terminamos de hablar.
- Bien, bien… ¿Weasley sigue dentro?
- (evidenciando su desagrado) Ese tonto sigue allí, con el otro tonto que lo sigue para todas partes.
Un gesto de su serpiente le advirtió a Neville que ese par se acercaba. Rápidamente tomó a su amiga y la arrinconó contra la pared, mostrándole una extraña manta plateada: "Hermione: ésto es una capa de invisibilidad; ¿sabes para qué sirve?"; la niña asiente algo incómoda, con lo que su amigo continúa: "Bien. Necesito que te quedes quieta. Te taparé con ella para que nadie te vea: quiero que te quedes en silencio y veas lo que pasará; te prometo que no será nada peligroso. Por favor, no te la quites hasta que te lo diga, veas lo que vea que haré con esos dos; te juro que no los lastimaré. Si al final de todo consideras que te he traicionado como amigo bastará con que le digas al Director lo que he hecho esta noche y me expulsarán. Me estoy poniendo en tus manos, amiga".
La chica asiente. Con una sonrisa final para tranquilizarla Neville le acomoda a Hermione la capa de invisibilidad que le prestó Moody, asegurándose de que no logra verse nada de ella. Apenas hecho aquello se movió al medio del pasillo, en actitud de confrontación, mientras le ordenaba con su pensamiento a su serpiente que se subiera a su cuello y se mimetizara para no ser vista.
Los últimos alumnos de Gryffindor salieron del observatorio, un pelirrojo con evidente nerviosismo y un cansado chico de lentes, los que se detuvieron al ver quien les esperaba.
Ron miró para todos lados, extrañado por no ver a Hermione. Harry, en cambio, permaneció con su vista fija en la cara de Neville, quien parecía dispuesto a atacarlos. Al notar como el Slytherin tomaba del bolsillo de su pantalón lo que parecía un pequeño frasco de vidrio el de lentes hizo ademán de sacar su varita, lo que Ron trata de evitar a la fuerza.
Extrañado por la actitud de su amigo Harry trata de sacárselo de encima mientras su enemigo se acerca con pasos firmes, destapando el frasco y guardando su tapa, mientras tapa su boquilla con su pulgar. Neville se interpone entre los dos amigos, empujando al pelirrojo hacia atrás mientras le dice con falsa voz maligna: "Te advertí que no debía estar aquí. Que conste que tú tienes la culpa de todo ésto".
Harry, viendo a su amigo atacado, hace ademán de golpear con su puño a Neville, pero éste echa la cabeza para atrás, evitando el tosco puñetazo. De inmediato arroja sobre el de lentes el contenido del frasco en su mano mientras aguanta su respiración.
El líquido anaranjado alcanza el pecho de Potter, quien agitado y molesto da un solo paso antes de que le haga efecto: volatilizada, la poderosa poción es respirada por el niño, provocando que caiga de espaldas, desmayado. Neville, todavía aguantando la respiración, apenas alcanza a agarrar a Harry antes de que se golpee la nuca, dejándolo tirado en el suelo.
Asustado por lo sucedido con su mejor amigo, el pelirrojo parece querer escapar para pedir ayuda, pero Neville se vuelve hacia él y tomándolo del cuello lo empuja contra el muro, a un metro de donde se encuentra Hermione oculta, seguramente asustada y confundida con lo que pasa, pero sin todavía dejarse en evidencia.
Mientras sujeta al pelirrojo contra la pared colocando su brazo derecho bajo el cuello de Ron como si pretendiera romper su garganta, Neville ordena a su serpiente que se haga visible. Allí, a centímetros de su rostro, Ron nota como la víbora de ese loco Slytherin le miraba amenazante, mientras en su cabeza se lamentaba de haber confiado en un tipo tan raro para ayudarle con su compañera Granger, lo que evidentemente Neville nunca pretendió hacer. En vez de aquello el menor de los varones Weasley se quedó allí, sin saber si debía gritar por ayuda o no, consciente de que una petición de auxilio podría terminar provocando el ataque que tanto temía:
- Me prometiste que me ayudarías.
- No, solo prometí ayudar a Hermione.
- ¿Y ese era tu plan? ¿Ayudarla haciendo lo que sea que quieres hacerme?
- ¡Bravo! Veo que comprendes su posición, tonto.
- No te atreverías… no podrás escapar…
- Acabo de atacar a dos estudiantes del colegio: estoy prácticamente fuera de Hogwarts.
- ¿Y no te preocupa? Estás demente.
- ¿No has pensado en que puedo tener alguna carta bajo la manga? Soy ahijado de un mortífago, uno que me enseñó muchas, muchas cosas.
- ¿Magia oscura?
- Quizás este pequeño aquí en mi cuello. Las serpientes son… muy útiles.
- ¡No lo harías! ¡Si esa cosa me ataca la matarán!
Neville, con ojos maliciosos, le habla a su serpiente: "Muerde, Virgilio". Ron abre sus ojos bien grandes, esperando la mordida venenosa, pero la víbora blanca ataca a su amo clavando sus colmillos en su mejilla. El rostro de Longbottom se muestra insensible al dolor de la mordida o al veneno que escurre por su cara:
- ¿T-t-t-t-t-tratas de aus-s-s-susta-a-a-arme-e-e?
- Creo que ya lo estás: espero que no mojes tus pantalones, Ron Weasley.
- Estás… enfermo. Fui un estúpido al pedirte ayuda.
- Demasiado tarde para arrepentimientos.
- ¿Qué me harás? ¿Me… matarás?
- ¿Matarte?
- Todos lo dicen, que en realidad eres un mago tenebroso.
- Ya veo… pero cualquier mago tenebroso sabe que hay peores opciones que la muerte, Ron Weasley.
Mientras Virgilio desciende de su amo hasta llegar al piso, al pie de ambos muchachos. Neville aproxima su rostro al pelirrojo, cubriendo su boca con su mano, mientras le habla al oído, asegurándose que la mejilla que su mascota le ha mordido quede cerca de la nariz del asustado niño, mientras le susurra: ["Tienes una sola oportunidad: Tendrás que convencerme que mereces mi ayuda, Ron Weasley"].
Cinco segundos después, seguro de que el veneno de Virgilio ya debe haber hecho efecto en el muchacho retrocede, destapando su boca pero sin quitar el brazo que le aprisiona:
- Habla.
- No sé qué es lo que quieres, enfermo.
- Quiero saberlo todo, Ron.
- No tengo nada que decirte.
- Al contrario, tienes mucho que decir… Comienza por el principio.
- ¿El principio?
El pelirrojo gira su mirada a su amigo, tirado allí en el suelo.
- Harry…
- Está bien, solo duerme. Y no te preocupes, que a diferencia de lo que guardo para ti tu amigo no sufrirá secuelas. Fue inteligente al no seguir tus pasos con Hermione, aunque no siempre ha sido así.
- ¡No te atrevas a ofenderle!
- ¿Valor, ahora? Si… eres valiente en los momentos más inoportunos. Como cuando atacaste a Hermione, cuando le dijiste… eso. En el tren, estando sola y contigo rodeado de tu familia y amigos; sí, muy valiente.
- No… no fue valiente, eso hasta yo lo sé. Yo… solo quería llamar la atención de mis hermanos.
- ¿Molestando a una niña?
- ¡Sí, sé que fue idiota! No soy el sujeto más listo, y solo aproveché mi oportunidad.
- Contra una niña solitaria, sin nadie que la apoyara.
- Eso no lo sabía, solo vi a una aparecida pretenciosa que creía saber más que todos. Era como si quisiera que alguien las tomara contra ella. Como ese pomposo de Malfoy.
- Y te reíste de ella.
- No creí que sería tan grave. Mis hermanos me lo enseñaron: elige a tus blancos entre los más engreídos y orgullosos, porque soportan mejor las bromas y su actitud les hace más duros ante la vergüenza. Eso hice con ella, darle una probada de humildad, que supiera que no era tan impresionante como creía.
- La humillaste. La hiciste sentir mal.
- No lo sabía… se fue tan rápido que no podría haberme percatado. Por la cara que puso solo parecía molesta.
- Y después, cuando la viste junto a mi y a Malfoy…
- ¡Se me salió! Ni siquiera me sabía su nombre y dije lo primero que se me vino a la cabeza. Lamento no haber sido más cuidadoso, pero si estaba junto a ese odioso de Draco era obvio que debía ser de su mismo tipo, de tu tipo.
- Pero no lo es.
- ¡Lo sé! ¡Claro que lo sé! Ahora veo que era demasiado evidente.
- Pudiste hace las pases con ella cuando se volvió tu compañera de casa.
- Todos pensaban que era una antipática y nadie creía que valía la pena. Todos nos percatamos que era amiga de ustedes, de unos Slytherin; eso la marcó como una rechazada dentro de la casa. Ninguno de nosotros quería ser su amigo.
- ¿Y ahora?
- Cuando la llegamos a conocer… esa opinión cambió, pero era como si ninguno de nosotros pudiera romper nuestra primera actitud con ella. Ya no la detestábamos, pero era como si no nos importara acercarnos a ella, y ella no parecía interesada en acercarse a nosotros, no con ustedes dos apoyándola.
- No me interesa lo que pensaban todos de Hermione, sino tú opinión.
- Yo creo… creo…
El pelirrojo baja su mirada, avergonzado. Neville decide quitar su brazo, confiando en que Ron no tratará de escapar. Cansado, el chico Weasley se sienta en el suelo, con su espalda apoyada en la pared, mientras encoge las rodillas y apoya sus brazos sobre ellas, acomodando su cabeza para descansarla:
- Mira, no quería decirle lo que le dije allí el otro día.
- Es obvio, no con todos los problemas que te causó.
- No me importan los problemas: toda mi vida me he metido en problemas con todo el mundo. Pero dije algo que no pensaba, que no se merecía. Solo dejé que mi rabia hablara.
- ¿Rabia?
- No he logrado nada. Soy un estudiante mediocre; todos mis hermanos son grandes celebridades y yo soy un cero a su lado. Incluso mi amigo es mucho mejor que yo en todo y resulto ser invisible al lado del grandioso y talentoso Harry Potter.
- Eso no explica lo que hiciste.
- Estaba… harto. Y que Hermione se burlara de mi me hizo recordar lo que me hizo en el tren.
- Lo merecías.
- ¡LO SÉ! Pero… que una rechazada de todos en Gryffindor se riera de mi me hizo sentir que no era nadie, que cualquiera podía reírse de mi, que no valía nada. Y estallé, y dije esas horribles cosas porque no quería sentirme así conmigo mismo… pero fue todo peor.
- ¿Peor?
- Antes era un cero, un tipo insignificante. Ahora soy una babosa asquerosa: no soy ciego y puedo ver lo que le provoqué. Hermione sonreía siempre, incluso cuando nadie le prestaba atención, como si quisiera que la aceptaran… ahora todos le hablan pero ella ya no actúa igual.
- Sabes bastante de ella para ser tu enemiga.
- Yo… desde el momento en que llegué al colegio y pude pensar en lo sucedido quise arreglar todo. No pude, y dejé que todo eso creciera hasta que no tuvo remedio. Ahora me odia, realmente lo hace, y cuando la veo solo puedo pensar en como pude arruinar tanto algo tan simple… no valgo la pena.
- Una última cosa, Ron.
- ¿Y luego me matarás?
- Algo así. Podrías tratar de salvarte.
- Ahora no tengo ganas de nada.
- No te deprimas, no todavía. Dime: si las cosas hubieran sido diferentes, y con todo lo que sabes de ella, ¿qué piensas de Hermione realmente?
- Que es muy lista, y que me gustaba mucho como era antes de que metiera la pata.
- ¿Habrías sido su amigo?
- Sí, seguro. Aunque nadie se merece un amigo como yo.
Ron se queda en silencio, sentado en el suelo, sin siquiera levantar la vista, como si solo esperara su castigo. Neville se aproxima hasta quedar frente a él, doblando sus rodillas para acercarse al chico, llamando su atención y pidiendo que le mire a la cara, hablando fuerte para que él y ella (todavía oculta) le entiendan claramente: "Debo disculparme con ustedes. Esto de aquí, en mi cara, es el veneno de los colmillos de mi mascota. Su aroma actúa como una especie de "pócima de la verdad", incitando a quienes lo huelen a contar lo que normalmente no dirían por vergüenza o por ser algo privado o íntimo. He hecho algo que no hubiese hecho en otras circunstancias, pero pienso que ambos merecían que tú dijeras la verdad, lo que realmente sentías de todo esto. Ahora necesito que me ayuden; claro, si ambos creen que he hecho lo correcto".
Ron mira a Neville como si no comprendiera del todo sus palabras. El Slytherin, viendo que su víctima no parece entender a qué se refiere, habla hacia la pared: "Ya ha sido suficiente, Hermione. Entiendo que no quieras confrontarlo, pero éste es el momento de hacerlo".
El pelirrojo se cayó de espaldas al notar como de lo que parecía el muro, a poca distancia de ambos chicos, se aparecía su compañera de casa. Se veía emocionada y miraba a Neville con algo que parecía ser gratitud, la que quedó más clara cuando arrojó lo que parecía ser una capa de invisibilidad y salvaba la distancia entre ambos, abrazándolo apenas éste se levantó:
- ¡Gracias, gracias!
- Pensé que me pegarías, Hermi.
- Solo aceptaré que me digas así por esta única vez. Te la ganaste, tonto.
- Agradecele a Virgilio.
- Claro.
Mientras la niña se aproxima a la serpiente de su amigo, ofreciéndole su mano para subirla y poder besar su pequeña cabeza húmeda, Neville ayuda a Ron a levantarse. Éste, evidentemente incómodo, trata de evitar el rostro de ese miserable que le ha tendido aquella trampa:
- Me dijiste que me lastimarías. Me mentiste.
- No exactamente: la humillación es mejor que el daño físico.
- No sonrías cuando lo dices.
- ¿Molesto? Deberías agradecerme: trabajé mucho por ésto.
- Me obligaste a decir todo eso…
- Nada de obligar, solo te guié para decir lo que no sabías decir. Además, el veneno de Virgilio no dura tanto.
- ¿No?
- Seguramente para cuando te sentaste en el suelo su efecto ya había pasado.
- No es posible.
- Como dije antes: no te obligué a nada. Solo me aseguré de romper tus defensas: sin Potter apoyándote y creyendo que era tu final te abriste, confesando todo.
- Ya veo… ¿y qué pasará ahora?
Neville se volteo a ver a su amiga: "Dime, Hermione: ¿crees que este torpe tenga alguna posibilidad?"; la niña, dejando a Virgilio en el suelo, mira directamente al pelirrojo mientras asiente en silencio, para luego decir: "Podemos intentar ser amigos, si realmente quieres hacerlo, Ron Weasley". El Gryffindor no puede evitar sonreír vistosamente, sintiendo como ha sido liberado de un gran peso.
Mientras el trío revisa al chico de lentes, que duerme profundamente, Hermione le consulta a Neville:
- Sabías que perdonaría a Ron si decía todo eso, ¿verdad?
- Claro, eres demasiado buena y amable para rechazar a un posible amigo.
- Ya veo… ¿y qué haremos con Potter?
- (Ron interviene) Harry te detesta, Longbottom. Incluso con mi ayuda no te prometo que no quiera delatarte.
- Por eso dependo de ustedes, Ron, Hermione. Y de otro más.
Neville deja a los otros dos niños levantando al caído, corriendo al principio de la escalera y llamando: "¡Ya es hora de que subas, Peeves!".
El espíritu bromista llega casi de inmediato:
- Ahora no te me escaparás, mocoso maloso… ¿qué travesura será necesaria para que pueda cobrar lo prometido?
- Nada, solo necesito que tomes ésto.
Al momento Neville le lanza al espectro el frasco y la tapa que tenía la sustancia que tumbó a Potter. Pevees los agarra al vuelo; luego, viendo que no hay nada allí, las lanza molesto hacia Neville, quien apenas logra esquivar los proyectiles, para luego sacar un pañuelo limpio de su bolsillo y agarrar ambas cosas, que no se han roto luego de chocar contra la pared, dándoselas a Hermione: "Necesito que lo lleves con cuidado y se lo des a la enfermera, indicándole que aquí estaba lo que aturdió a Potter".
Mientras Hermione guarda el encargo de su amigo en un bolsillo interior de su túnica, donde acomodó su libreta de notas, deja que Neville tome a Harry Potter del hombro, con Ron sujetando del otro lado. Viendo todo listo, Neville le habla a Peeves: "Tienes que salir de aquí: finge que me estás buscando. Si alguien pregunta, debes decir que te debo una y que casi me atrapas aquí arriba, y que Potter se llevó el golpe. Hazlo y tendrás tu recompensa".
Pevees mira a Neville confundido, como si no entendiera qué gana con ello, por lo que el niño le insiste: "Cuando vean a Potter llegar a la enfermería todos buscarán al culpable de la broma. ¿No quieres aparecer como el responsable de tan buena chanza? Mañana todos hablarán de lo sucedido, y podría ser tu nombre el que esté en boca de todos".
Esa idea, la de que su nombre sonara como el responsable de dejar inconsciente a un tonto mocoso de primero es algo que le agrada al pequeño, así como la fama que le dará entre los mocosos que lo ven sin el respeto debido.
Neville respira aliviado cuando ve como el espectro sale flotando de allí, gritando su nombre como si pretendiera atraparlo. Viendo como su amiga y Ron le observan sin entender aquello, el chico les explica: "Necesitaré la ayuda de ambos. Ustedes deberán decirle a la enfermera y a quien pregunte que me pillaron aquí, escapando de Peeves; que él trató de tirarme lo que había en ese frasco gritando que era un regalito de Slughorn para que me pegara una siesta y que le dio a Harry en vez de a mí. Si ambos apoyan esa historia, sobre todo tú, Ron, no importará lo que Harry diga que sucedió, estaré a salvo. Ahora vamos a llevar al bello durmiente a la enfermería".
Ambos varones caminan con cuidado llevando al desmayado en hombros. Hermione, un paso detrás de los chicos, le habla a Ron: "Si quieres tener una oportunidad de que seamos amigos deberás ayudarme a salvar al mío, Ron Weasley". El pelirrojo asiente, mientras le contesta: "Fue mi culpa: Neville me advirtió que debería llegar solo, y a decir verdad no ha hecho nada por lo que deba ser castigado. Le debo una, y no lo olvidaré: yo me encargaré de que Harry entienda que su sacrificio fue necesario".
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En la última parada de descanso antes de entrar en la enfermería Neville le pide a Hermione que le reemplace llevando a Harry en el tramo final, mientras saca la capa de invisibilidad y la sujeta en su mano: "Bien chicos. Confío en que recordarán los detalles de la historia. Ahora voy a irme, haré un poco de escándalo para que los prefectos me vean huyendo de Peeves por si el Director decide investigar lo sucedido. Cuídense".
Ron agradece nuevamente a Neville su ayuda, comprometiéndose a hacer las cosas bien de ahora en adelante. Hermione le da un beso en la mejilla, provocando que el chico se sonroje antes de salir corriendo de allí, confiando que Harry Potter está a salvo.
Draco ve como su amigo corre por el campo abierto hacia el lugar donde ambos practicarán vuelo de escobas. Ese torpe llega diez minutos tarde, y Malfoy solo desea encararlo por su tardanza: "¡Donde rayos estabas! ¡Saliste hace más de media hora de la sala común! ¡Es que te perdiste, tonto!"
Pero Neville no responde nada, y solo pregunta si Dobby sigue allí. Draco, viendo que su amigo está todo agitado, señala con su mano a donde su elfo doméstico espera junto a las escobas: "Le dije que esperara por si no llegabas para que se llevara las escobas". Neville agradece a su amigo para luego sacar de dentro de su túnica una especie de paño plateado mal doblado, el que deja en manos del pequeño sirviente: "Necesito que lleves eso de regreso con Alastor Moody. Dale las gracias de mi parte; dile que me sirvió mucho y que le debo un favor. Más tarde arreglaremos las cosas entre nosotros, Dobby".
Sin saber qué hacer el elfo mira a su amo Draco, quien viendo el estado alterado de su amigo le hace una seña para que cumpla su pedido. Una inclinación del sirviente a ambos magos es su despedida antes de partir en un sonoro crac.
Una vez solos, y viendo que Neville va a tomar su escoba de prácticas, Malfoy usa su voz más seria para interrogarlo:
- ¿Qué fue eso?
- Eh… coartada.
- ¿Coartada?
- Si, ya sabes, coartada.
- ¿Qué hiciste?
- Lo que dije que haría.
- ¡El asunto de Weasley! ¡Y sin mi!
- Te dije que no te metería en eso.
- ¡Vamos, soy tu amigo!
- Por eso.
- ¿Y Hermione?
- Lo vio todo. Pero no creas que le pregunté o la hice cómplice: todo fue plan mio.
- ¿Lo lastimaste?
- Hubo heridos, pero Ron solo fue humillado.
- ¿Mucho?
- Mucho.
- Bien, si así tiene que ser…
- ¿No preguntarás si resultó?
- Es obvio que resultó, si no no estarías aquí. Espero que Hermione me cuente más durante la mañana.
- Gracias por la confianza.
- De nada, tonto. ¿Volamos?
- Claro, necesito que me encuentren aquí si se les ocurre buscarme por lo sucedido.
- Diré que has estado conmigo toda la tarde.
- No es necesario, ya me encargué de eso. Solo debes decir la verdad.
- Está bien. ¿Y crees que te expulsen?
- Espero que no. Sé demasiado de Ron y no querrá que hable. Entre eso y Hermione cuento con que me proteja de su amigo.
- ¿Su amigo? ¿Potter? ¿Estuvo metido en eso?
- Metido… no, pero podría testificar en mi contra.
- Si lo hace le romperé la cara.
- Espero que no tengamos que llegar a eso.
Neville Longbottom miró en dirección al castillo antes de sujetar su escoba y elevarse. Draco le siguió, a fin de indicarle lo que debía hacer esa noche.
Aunque no pretendía aquello, el ahijado de Snape no podía dejar de sentirse temeroso por lo que sucedería cuando Harry Potter despertara. Por si acaso aprovecharía lo más posible ese momento junto con su amigo Malfoy, de tal manera que si resultaba ser su último momento en el Colegio Hogwarts fuese un recuerdo agradable.
Notas del Autor:
Otro más para la cuenta.
Para Camila: alguien a quien le agradó Virgilio. Me gusta que te guste.
Gracias a los que leen y eso, nos leemos pronto.
